VIH y Sida: Maternidad y paternidad
Vivía —pudo vivir— con una palabra paretada entre los labios
Murió con una palabra apretada en los labios.
Echaron tierra sobre la palabra
Se deshicieron los labios bajo la iterra
¡Y todavía quedó la palabra pretada no sé dónde!
Poema VI, Poemas sin nombre, Dulce María Loynaz
Cuando la conocí, sabía que había una probabilidad muy alta de que un hijo o hija de madre y padre seropositivos naciera sano, o sea no portador del virus, más o menos un 70%. Eso me lo enseñaron cuando me hice promotora consejera. También que era necesario tomar algunas medidas, parto por cesárea, nutrición artificial y tratamiento antirretroviral para la madre y el bebé por determinado tiempo. También conocía que para otras enfermedades, como la diabetes o algunas neurodegenerativas, cuya probabilidad de desarrollar la sintomatología es mucho mayor, a nadie se le ocurre cuestionar la tenencia de descendencia.
Pero en aquel entonces para mí solo era una cuestión matemática, de probabilidades. Ellos, Amare y Humberto sabían esto tan bien como yo, porque ambos llevaban más de 10 años de infectados. Pero para la pareja era una cuestión modular, no de estadísticas ni cifras, habían decidido tener descendencia a pesar de la condición médica que les afectaba. Se les iría la vida en eso, muy bien que lo sabían.
Con ella y él aprendí que los seres humanos somos mucho más que cuerpos biológicos sanos o enfermos, o seres racionales que, en ocasiones, analizamos los hechos con pasmosa frialdad. Con Amare y Humberto comprendí que los deseos humanos van más allá —a veces contrariamente— de la vida y la propia existencia. Ella sabía que su deficiencia inmunológica podía privarla de ver crecer a su hija. Sin embargo, su intención, muy anterior a su infección, había sido siempre procrear a la beba de sus sueños. Ahora podría lograrlo, ahora que consideraba que Humberto era el hombre que quería como padre de su hija y no aquel en quien confío pero que la infectaría a pesar de la relación “estable” y el juramento de amor.
A Amare y Humberto, donde quiera que estén, les agradezco la visión que tengo ahorita de este asunto.

Meneame
del.icio.us

