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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

02/09/2008 GMT 0

Me gusta dejar constancia de las cosas que veo

negracubana @ 19:16
Por: Maykel Paneque

Nadie podría predecir que la poeta y dramaturga Georgina Herrera  Cárdenas (Jovellanos, 1936), estaba realmente asustada al compartir  el pasado viernes con poetas y amantes de la literatura su experiencia de vida y oficio en la tertulia “La Espiral” en su sede del Centro Literario Leonor Pérez.

Al preguntársele cómo había llegado a la poesía, la autora de Grande es el tiempo afirmó ser una pregunta que debía contestarla con un halago. “Si existe la parasicología parece que me tocó la gracia divina porque en mi casa no había ni asomo de esa experiencia”, comentó. “Oigo a mis amistades de todo lo que leían, de los libros que había en sus casas, de las amistades que recibían, y yo vivía en un estado de pobreza que decía que mi padre tenía embullo por ser más pobre que nadie”.

Refirió que muy pequeña, cuando “la corneta era de la palo”, escribía ‘versitos’ a los que les ponía nombre y tenía mucho cuidado en esconderlos porque “para mí era como un delito”, confesó. A los 14 años, mientras cursaba la Superior, escribió un poema en conmemoración al asesinato de los Estudiantes de Medicina. “Recuerdo a la directora de la escuela, esas señoras especiales, muy severas, que todo el mundo respetaba mucho, me llamó y se encerró conmigo en su oficina y me dijo: ‘Mira, no te va a pasar nada, pero dime a quién plagias’. Y yo me quedé mirándola sin saber de qué me estaba hablando”.

Georgina evocó emocionada «Verde rama», el primer poema que publicara en el periódico Excelsior con 16 años. “Lo envié manuscrito, y la que se armó en el pueblo fue tremendo. ‘Mira, un poema de la hija de Lolo’, decían”.

Cuando decidió venir a vivir para La Habana, intentaron disuadirla parte de su familia, “pero yo no quería comerme a La Habana, quería compartir con ella, que me protegiera”, declaró.

Al comenzar el recital explicó que cualquier poema leído era como si estuviera desnuda, “cuanto he escrito es mi vida, no sé escribir poesía ni para hacerme la graciosa ni por encargo”.

“Un poema que me gusta mucho porque soy negra es «Primera vez ante el espejo». Era lógico que tuviera que escribir sobre la cuestión racial porque estoy muy feliz de ser lo que soy”, admitió Herrera y recordó el origen del poema en casa de Rogelio Martínez Furé mientras revisaban unas fotos de esculturas excavadas en Nigeria hacía más de mil años.

“Puedo memorizar como si fuera hoy. Decíamos: esta se parece a fulana, esta a mengana, y de pronto le dije a Rogelio, esta se parece a mí. Me miró intrigado y me preguntó: estás segura, y yo le dije: sí. Nada, me vi retratada ahí, eran los rasgos nuestros, era como verme por primera vez en un espejo”.

La Dama de Nigeria

Georgina rememoró los años 50 cuando el Caballero de París era un indigente y sacó a relucir que había también una mujer negra indigente que le decían La Marquesa, “pero el Caballero trascendió y de La Marquesa no se acuerda nadie”, asegura Herrera.

“Como al Caballero le pusieron de París, yo la nombré a ella La Dama de Nigeria y el poema tiene una dedicatoria que dice: «A La Marquesa, esa personita oscura que al parecer, de no recordarla, nadie sabe que existió, porque oscuro fue también su tiempo en esta ciudad en la que puso un toque de su encanto y su magia”.

Constancia al ver

“Una vez vi a un muchachito, casi un adolescente, con un puñadito de tierra en las manos que se lo iba a lanzar a un zunzún que estaba posado en una mata de esas que le dicen «zapaticos». Lo primero que hice fue llenarme de ira, pero luego me dije: no vas a resolver nada con ella, tienes que buscar la manera de que este niño abandone el puñadito de tierra porque va a matar al zunzún. Y entonces él se puso a hacer otra cosa, no sé si fue la fuerza del pensamiento, y dejó al zunzún tranquilo y entonces escribí el poema «Mata al zunzún»

Negritud y herencia

Durante el diálogo que sostuvo con el público la autora del poemario Gritos, integrado por textos sobre la racialidad en sus diferentes vertientes, aceptó que al principio pensaba que “era algo mío, conmigo, pero según fui tratando a otras personas comprendí que no”.

“Creo en la memoria genética”, continuó Georgina, “yo soy una negra legítima, todo lo que sea injusticia me duele, lo que tenga que ver con la mujer, con la gente pobre, todo lo que sea injusto. Pero si hay algo injusto, porque no fue buscado sino impuesto, es la esclavitud, el traernos para acá”, advirtió.

“Por eso insisto en que la memoria genética existe, por ahí me viene en la sangre esa rebeldía, esas ganas de decir cómo en realidad fueron las cosas, porque a veces se edulcora, se le da un tono rosa y un poco de miel, y en verdad fue muy duro”, insistió. “Yo me crié entre negros y negras, y escuché muchas historias de todo lo que pasó esa nuestra raza traída a la fuerza, y me fui llenando de todo ese caudal, fue penetrando en mí, sensibilizándome cada vez más”.

“Y llegó el momento en que alguien tenía que contar en mi familia, en mi pueblo, lo que era de todos”, señaló. “Tanto es así que cuando fui invitada a Nueva York a compartir historias de mujeres negras, escuché muchas  historias fabulosas lo mismo para el teatro, que para el cuento, que picaresca, de toda esa famosa literatura oral”.

“Entonces cuando me tocó a mí, en aquel salón inmenso, donde había negras del mundo entero, yo estaba allí asustadísima, no medio asustada, y me preguntaron, estaban ávidas de saber sobre lo que directamente les estaba contando, y entonces todo esto que hacia con muchas ganas lo convertí en mi guerra santa como cimarrona”.

“Me he buscado problemas tremendos, es verdad”, convino Georgina, “pero en definitiva tengo en la vida mucho más de lo que pudieran quitarme, así que me siento una mujer feliz y realizada. No soy ambiciosa y por eso no tengo miedo a plantear las cosas. A veces me dan la razón, a veces me dicen tienes que esperar, a veces me dicen No porque el enemigo no se puede enterar y respondo: pero el enemigo es quien provoca eso, el enemigo a veces está adentro, es una lucha diaria, y hay gentes que en este momento todavía está descubriendo que existe esa herencia”.

Georgina Herrera, quien ha publicado además GH, Granos de sol y luna, Gustadas sensaciones, Gentes y cosas y el testimonio Golpeando la memoria, en coautoría con la historiadora e investigadora Daisy Rubiera Castillo, adelantó que la editorial Unión publicará un nuevo poemario Gatos y liebres, precedido por un prólogo suyo.

También trabaja en la obra de teatro Saturno en la casa siete. “Es la vida de una mujer mayor sola, que espera el amor que no llega. Me gusta mucho porque es parte de mi vida. Una vez me leyeron la carta astral y me dijeron que Saturno no se iría de mi vida hasta que yo no tuviera  70 años”, especificó la dramaturga.

Tomado de Cubaliteraria

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