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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

16/06/2008 GMT 0

Testimonio de una joven abogada

negracubana @ 15:15
Gente buena,

Este es un post inusual, sin embargo me servirá para iniciar la Sección TESTIMONIOS. Me interesa acá abordar diversas aristas de la vida de las mujeres a partir de sus propias vivencias, de su propia pluma.

Es por eso que les compartiré el testimonio de una joven que pudo haber sido mi alumna de pregrado. Soy profesora de Psicopatología en la Carrera de Psicología dentro de la Universalizacion de Educación Superior, proyecto nacido dentro de la Batalla de Ideas, que le ha dado la posibilidad a miles de jóvenes cubanos/as de continuar estudios universitarios. El proyecto tiene indudables buenas intenciones, pero como suele suceder la práctica es mucho rica y soprendente que los deseos de obrar con justicia social. Las palabras que abajo leerán son de una recien graduada que siente temor de ejercer aquello que estudió, entre otras cuestiones, porque se siente atomerizada cuando le preguntan: ¿tú donde estudiaste?

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Empezaré diciendo que soy graduada de Licenciatura en Derecho de la Sede Municipal, creo que es primera vez que lo digo así con todas sus letras pues la verdad es que me siento bastante avergonzada de haberme graduado de esta forma. A veces me pregunto si no hubiera sido mejor esforzarme un poco más y haberla hecho en el diurno aunque fuera un tiempo después, pero es que nos acomodamos y luego nos arrepentimos por las consecuencias que de nuestros actos se derivan.

Para que entiendan mejor mi problemática les contaré que estudié en el Pre Universitario Raúl Cepero Bonilla antiguo Pre de la Habana. En esta escuela solo podían estudiar jóvenes con alguna enfermedad que le impidiera ir a la Escuela al Campo y tuvieran un buen promedio académico, por suerte pude cumplir ambos requisitos y pude culminar allí mis estudios pre-universitarios.

La preparación en esa escuela era bastante buena, pero la competencia a la hora de alcanzar carrera estuvo bastante reñida, y aunque tenía un buen promedio y a pesar de que incluso me preparé con profesores/as particulares, quedé fuera, en ese año bajaron muy pocas plazas para Cuidad de La Habana.

Cuando esto me pasó pensé que el mundo se me venía a bajo, mi máxima aspiración era ser universitaria y la carrera que me gustaba era Derecho, mi padre y madre son licenciados y yo siempre había tenido buenos resultados en la escuela, no concebía que no pudiesen realizarse mis sueños.

Al poco tiempo, me llega la oferta del curso emergente de trabajadores sociales, creo que esto me da aún más pena decirlo, por la mala imagen que se ha ganado últimamente, y la acepté, era una vía rápida y fácil para el ingreso a la universidad pues no tenía que hacer pruebas de ingreso, no lo pensé mucho la verdad, y acepté.

En este mismo caso se encontraron varias compañeras mías del pre que entraron en el curso de Trabajo Social por la oferta de la carrera. La realidad a la que nos enfrentamos no fue fácil, pues a pesar de permitírsenos cursar estudios superiores, el interés de la institución era el trabajo no los estudios y se nos obstaculizó de muchas maneras, entre ellas la violencia psicológica que ejercían quienes nos dirigían, muchas veces amenazándonos con quitarnos la carrera, esta es una de las medidas ante las indisciplinas que se le imponen a los/as trabajadores sociales cuando anteponen los estudios al trabajo, es paradójico y contradictorio.

Amén de todas estas dificultades tuvimos que enfrentarnos con el rechazo y la discriminación tanto de los estudiantes del diurno como de los profesores/as de la Universidad de la Habana, pues nuestro programa provocó muchas contradicciones.

En la SUM (Sede Universitaria Municipal) los profesores vieron amenazado el nombre de La Universidad de la Habana y temieron por el destino de la futura sociedad en manos de licenciados menos preparados y que ostentaban un título que les llegó muy fácil y que no merecían. A los estudiantes del diurno les provocaba una mezcla de envidia por los privilegios que se nos otorgaron (libros, guías, pruebas con menos rigor, etc).

Otro factor que nos hacía sentir mal era el saber que recibíamos las clases en una facultad cerca de la casa en muchos casos y no en la propia Colina Universitaria.

Por otra parte, el que obtuviéramos el mismo título, que a estudiantes del diurno tanto trabajo les había costado conseguir, también provocó malestares. No se pusieron ni por un momento en nuestro lugar, que teníamos que trabajar muchas veces en las condiciones desfavorables y a la vez estudiar en horarios nocturnos.

Pienso que se debería reflexionar en este sentido pues creo que quienes que nos graduamos de la SUM también hemos pasado trabajo y nos hemos sacrificado bastante para que se nos trate de esta manera y en todo momento se dude de nuestras capacidades, todo el tiempo tenemos que estar demostrando lo que valemos y creo que eso no es justo porque muchos de nosotros, y es mi caso, no hemos tenido el valor ni de ejercer nuestras carreras por miedo a no cubrir las expectativas o a no estar suficientemente preparados/as.

 

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