Marimachas, afeminados, mujeres y familia

Aunque en un inicio estuve un poco perdida, quizás porque mi ponencia se encontraba en una sesión que no tenía que ver con ella, casi al final, en una especie de taller con vista al futuro, fue que entendí cuál era la dinámica y sobre todo los motivos que nos reunieron a hombres (los menos) y mujeres (las más) en aquel evento.
Soy franca cuando reconozco que iba con unas ganas inmensas de hablar de las NTICs y sobre todo de ciencia y metodología feminista, a propósito del trabajo que redacte para el modulo de la maestría que curso y que más se apegaba a este tema. Pues se acabó el evento y no pude reflexionar en alta voz ni tampoco escuchar a mis colegas sobre estos temas.
Por otra parte, me tocó dar una respuesta coherente ante la incomprensión de dos de las ponencias presentadas por mis colegas de Cuba. Una donde se aseveró que aunque el niño “afeminado” y la niña “marimacha” podrían a llegar a resolver su problema (“que no es un trastorno”, dijo la especialista) si a partir de la terapia con la familia podemos lograr que sus identidades de género se acerquen a su rol de género. Personas sexodiversas presentes en el evento me hicieron llegar sus malestares en tanto el discurso anterior continua patologizando la diversidad sexual, lo cual, haciendo un análisis poco profundo, nos podría estar hablando a que en el plano cognitivo asumimos discursos que luego se contradicen o con nuestras visiones personales o con nuestros propios intereses. ¿De lo contrario que necesidad habría de proponer un tratamiento para algo que no es un trastorno? ¿O es que no estamos convencid@s y mas allá de lo que dicen las úlitmas revisiones de la CIE seguimos sintiendo y, más grave aun, pensando como en los años sesenta?. Para colmo, se vinculó este no-trastorno-pero-si-problema con el funcionamiento familiar; no se muy bien a que se estaba haciendo referencia, pero solo recuerdo que mi madre era feliz porque yo era una nena que podía hacer fuerza y siempre estaba dispuesta para subirme en una escalera; ella ya iba por el sexto de sus hijas e hijos y le parecía muy cooperador el hecho de que yo no necesitase de un varón para ayudarle en muchas cosas.
De manera similar, nuevamente la diversidad sexual y específicamente las mujeres nos sentimos “tocadas” desde el desconocimiento o cuando un especialista (hombre) dio como un hecho, intentando explicar qué sucede para las mujeres que prefieren a otras mujeres, que nuestra sexualidad no es genital. Aquí si me quedé en “belén con los pastores” y, en un intento por comprender mejor, interpele al colega preguntándole qué evidencia tenía de ello, si era a partir de su consulta de terapia sexual (porque es un psiquiatra que a ello se dedica) o si era a partir de la bibliografía o algo así. En aquel momento lo más me preocupó es como solemos hablar de lo que desconocemos. Antes habíamos tenido que oír su ponencia en la que, a modo de ver, culpabilizó a las mujeres de la impotencia de los hombres, en tanto por mas de 10 minutos expuso los mitos, creencias y prejuicios que en su opinión portan las mujeres y que, de alguna manera, fuerzan y compulsan a los hombres a tener un buen desempeño sexual.
Ambos incidentes me hicieron pensar en la heteronormatividad que invisibiliza la diversidad sexual, de género y humana; y sobre todo el mal hábito que tenemos de considerar lo normal (entendido por mi como un criterio estadístico, ser normal es estar debajo de la campana) como lo legitimo y como nos empoderarnos desde allí para dejar pasar por alto que dentro del público que nos oye puede estar la persona en cuestión; y sobre todo como la ciencia ha transitado, en varias ocasiones, por los desagradables caminos de la injusticia y la discriminación, legitimando conductas de superioridad entre unos y otros seres humanos.

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Ana+V.+ | 18-03-2008 - 14:36:31 GMT 0 #