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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

10/03/2008 GMT 0

El feminismo, para tres cubanas

negracubana @ 12:38
Un amigo, el pasado 8 de marzo, dejó esto en mi buzón:

Esperemos
Aurelia Castillo de González, La Habana, 1895
“Las leyes tiraron una línea entre el hombre y la mujer, y sobre esa línea alzaron las costumbres elevadísima e infranqueable muralla.

La mujer hubo de acatar leyes en cuya confección no tomaba parte. Sus destinos se decidieron sin consultarla para nada y decretada quedó su eterna minoría, su posición perpetua protegida; posición humillante que deja ánimo campo a todos los abusos, y cuyo resultado final e ineluctable es la postración de la voluntad, si no la perdida completa de la dignidad, ahogada entre los ruines defectos de los que vive sojuzgado.”


¡Masculinismo, no! ¡Feminismo!

Mariblanca Sabas Aloma, La Habana, 1920.

¿Qué queremos masculinizarnos?

¡No! Queremos simplemente hacernos dignas del hombre; y al decir el hombre, nos referimos al hombre que piensa, que crea, que trabaja, que aspira, que progresa; al hombre que se desvela por remediar los males de la humanidad, que labora incesante por nuestro perfeccionamiento; ellos, los hombres de talento y de alteza de miras, no se asombran, como los hermanos espirituales de Don Juan, cuando oyen decir de una mujer que es feminista, sino que, por el contrario, la apoyan y la admiran.

Creen los hombres inferiores que nosotras queremos usurparles sus derechos, que queremos descender a la prosa de la vida, a endurecer nuestros sentimientos en ella, creen que las teorías que sustentamos las tenemos que defender con pantalones, cuello y corbatas, alzando los puños y endureciendo el gesto; que queremos el voto para hacer de él lo que hacen los hombres vulgares: un motivo para guaperías y egoísmo; todo eso, y mucho más opinan de nosotros. Los ilustres hermanos de D. Juan.

 
Feminismo
Camila Henríquez Ureña, La Habana, 1939.

“Cuando la mujer haya logrado su emancipación económica verdadera; cuando haya desaparecido por completo la situación que la obliga a prostituirse en el matrimonio de interés o en la venta pública de sus favores; cuando los prejuicios que pesan sobre su conducta sexual hayan sido destruidos por la decisión de cada mujer de manejar su vida; cuando las mujeres se hayan acostumbrado al ejercicio de la libertad y los varones hayan mejorado su detestable educación sexual; cuando se viva días de nueva libertad y de paz, y al través de muchos tanteos se halle manera de fijar las nuevas bases de unión entre el hombre y la mujer, entonces se dirán palabras decisivas sobre esta compleja cuestión. Pero nosotros no oiremos esas palabras. La época que nos toca vivir es la de derribar barreras, de franquear obstáculos, de demoler para que se construya luego, en todos los aspectos, la vida de relación entre los seres humanos.”

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