Desafíos de la problemática racial en Cuba
La aparición del libro Desafíos de la problemática racial en Cuba (Fundación Fernando Ortiz, 2007), del economista y politólogo, Esteban Morales Domínguez, constituye de por sí un hecho trascendente dentro del campo de las Ciencias Sociales cubanas de hoy. El retraso de un estudio que, además de la perspectiva histórica, incluyera un análisis de la cuestión de la raza en la Cuba revolucionaria, ha postergado un debate que se ha realizado mayormente fuera de la Isla o hacia el interior de nuestra sociedad civil. Esta aproximación científica contribuye a legitimar la importancia de asumir el tema racial dentro de las agendas investigativas institucionales y dentro del diseño y puesta en práctica de las políticas sociales y culturales en el país.
Vista como discriminación racial o racismo, la Revolución patentó desde el discurso legislativo la igualdad de oportunidades entre sus ciudadanas y ciudadanos sin importar el color de la piel. Sin embargo, la reducción al plano discursivo ha invisibilizado una problemática que atraviesa la conformación de la Nación, la identidad y la cultura cubanas.
Hablar de la raza es hablar de relaciones de poder. De ahí que a pesar de que nuevas posiciones nieguen la validez de la categoría raza desde una perspectiva biológica y la evidencien como una construcción cultural, siga teniendo una gran carga política que no se expresa desde el término color de la piel. Procesos de marginación/marginalidad, inequidad y desigualdad social, se develan dentro del estudio del tema racial.
El propio autor ha señalado en la introducción a su obra la ausencia de Estudios Raciales en Cuba. No obstante, pensar el tema racial en Cuba ha significado pensar en negros y mestizos, y se ha desestimado, sobre todo, el estudio de la blanquitud. Experiencias loables como el Proyecto “Color Cubano”, han estado centradas en el reconocimiento de las personas negras y su empoderamiento en la sociedad.
Uno de los principales desafíos del estudio de la problemática racial en nuestro país es, sin duda, la ordenación del instrumental metodológico que contribuya a su análisis científico, así como la profundización y crítica a una teoría que ha sido mayormente establecida por centros de poder blanco y que ha valorado al negro a partir de su condición negativa de “no-blanco”.
Por Sandra Casals
Tomado de La Jiribilla

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