La Tumba Francesa la “Caridad de Oriente” a través del testimonio de Gaudiosa Venet Danger
"NO QUIERO MORIR Y PENSAR QUE NO EXISTA LA TUMBA FRANCESA"
(Entrevista realizada por la investigadora santiaguera Laura Cruz Ríos y publicada en la revista Del Caribe No. 27 / 1997, pp- 108-111).
Esta es la última entrevista que ofreciera Gaudiosa Venet Danger. Pocos días después de haberla concedido, la cultura popular cubana perdería uno de sus pilares más sólidos. A ella se dedica, pues, este homenaje.
Laura Cruz Ríos
Me llamo Gaudiosa Venet Danger y me dicen Yoya. Mis apellidos son los de mi madre, Consuelo Venet Danger, conocida como Tecla. Soy bisnieta de esclavo francés. Mi bisabuela fue esclava domestica. Nací el 28 de octubre de 1917 donde mis bisabuelos y abuelos maternos trabajaron la tierra, que antes fue la hacienda del señor Venet, francés, por la vuelta de Limoncito, en el Caney, de Villalón para arriba. Hoy es una granja estatal.
A mis bisabuelos, los esclavos, los conocí. Ellos no fueron haitianos. Los trajeron de África, del Congo, muy pequeños. Por eso decían que también eran cubanos, porque aquí crecieron.
Yo me crié con mis abuelos maternos: Nemesia Danger y José Rufino Venet; me contaban cómo los padres de mi abuela tuvieron que trabajar para comprarles la libertad antes de nacer.
El francés Salvador Danger llegó a Cuba desde Francia y compró las tierras de la hacienda San Nicolás, en el Caney, muy cerca de los Venet; era el dueño de mi bisabuela, Agustina Danger, mamá de abuela Nemesia. Agustina se casó con un esclavo llamado Salvador Danger, igual que el dueño y con él tuvo dos hijos: mi abuela y Fermín. Pero el señor Danger se enamoro de mi bisabuela y después de vender a mi bisabuelo Salvador, tuvo con ella una hija que llamó Perfecta. Así que en mi familia corre también sangre francesa. El la reconoció como su esposa y la ayudó a criar a sus tres hijos.
Mis abuelos decían que estos señores franceses fueron muy buenas personas, tratables, familiares y humanos con todo el mundo, tanto, que mis bisabuelos preferían ser castigados antes que ser vendidos a amos españoles, en general así lo preferían los esclavos franceses.
Cuando un esclavo francés quería que su hijo naciera libre, el amo le ayudaba, aunque el esclavo pagara la libertad del hijo. Mi abuela no nació en el barracón; el señor Salvador Danger no dejo que naciera allí. La alimentación que le daban a los esclavos no era mala; les gustaba mucho la carne salada, el tasajo, la harina de maíz, viandas, frijoles, pescado o bacalao. Los amos les permitían corner en abundancia, había raciones especiales para los más viejos, niños y mujeres embarazadas o paridas, cosa que no era igual entre los esclavos de españoles.
Los castigos para los esclavos de amos franceses eran diferentes y el cepo era lo último que se les hacía; pero cuando la mujer estaba embarazada, por lo general, no iba al cepo, y si la llevaban la acostaban sobre una pieza de madera que en el centro tenía forma de herradura para colocarle la barriga y no dañar a la criatura.
Yo soy bisnieta de africanos y no de africanos con franceses, como también era común encontrar; negros hijos de franceses con esclavas o negras libres; los amos franceses les daban sus apellidos y derechos a esos hijos, cosa que no era común entre los amos españoles.
Mamá bailó mucha tumba francesa con sus abuelos y sus padres; desde muy pequeña se inicio en esto de la tumba. Ella decía "aún yo no sabia ni bien hablar y ya imitaba a los demás bailar". Mi madre también tocó el cata, ese instrumento básico, guía de la tumba, que junto al bulá mantiene el ritmo acompañante del baile. Se hizo famosa con el cata, lo hacía hablar
Nosotros éramos aún campesinos, mis abuelos, mis hermanos, mamá y yo, y nos reuníamos aquí en la ciudad, ahí por la Plaza de Marte, con otros descendientes de franceses que gustaban de bailar tumba francesa y pertenecían a esta sociedad, La Caridad de Oriente.
Yo, chiquita, ya sabía que esto de la tumba francesa había llegado a Cuba desde Haití, allá por los años 1800 y algo. Mis abuelos me explicaban que sus padres y otros esclavos franceses lo bailaban cuando se reunían en las haciendas para conmemorar algo o por cualquier otra razón que los llamara a unirse. Un día de fiesta le dijeron a sus amos: “Queremos que vean el baile de ustedes con las tumbas africanas de nosotros". Los amos sorprendidos dijeron que no podía ser porque su baile respondía a instrumentos de viento. Y los señores vieron bailar el minuet africano heredado del francés, el masón, el yubá. Sé también que los tambores de tumba francesa tocaron la noche antes de que Carlos Manuel de Céspedes les diera la libertad a sus esclavos, el 10 de octubre de 1868.
Se dice que la tumba francesa surge como una imitación de los esclavos a los bailes que sus amos franceses acostumbraban hacer en los salones, al principio en forma de burla; luego los amos franceses, curiosos y admirados por ver a sus negros imitarlos, bailando al ritmo de los tambores africanos con la misma cadencia y elegancia de los bailes franceses, fueron compenetrándose y acercándose más a este modo de bailar de sus esclavos. Comenzaron a ayudarlos, les dieron trajes elegantes, chales finos de señoras, pañuelos de seda, batones de hilo y encajes en diferentes colores, hechos por las mejores modistas de Francia, collares, aretes. Así los esclavos lucían más bonitos. Yo conserve el chal de seda, traído de Francia, con que mi bisabuela bailaba y también su collar de piedras de roca, que me los dejó mi madre al morir.
Los señores Venet y Danger no solo se divertían con los bailes de los negros, sino que también lo bailaban. Los impresionó tanto que se hizo común que los señores les entregaran atuendos típicos a sus esclavos bailadores ya fueran jóvenes, señeritos, señoritas, niños, niñas, viejos. Con ese gesto contribuyeron a que la gente viniera elegante a bailar. Y esa costumbre ha sido tan fuerte que hasta nuestros días tratamos de mantenerla. La tela que se usaba era una conocida como burato, que imitaba la seda y por lo general teníacolor beige, y otra llamada madrá, que más bien se asemejaba al tejido de hilo.
La tumba francesa se distingue de los demás bailes africanos por la forma de vestirse, además de los chales y los batones de las mujeres, nuestros hombres conservan el cuello de la camisa bien almidonado y un aparato que se le dice alfiler y permite verles más distinguidos. Llevamos a la cabeza los pañuelos que llamamos duván, cubriendo todo el pelo, amarrados al frente o detrás; utilizamos las enaguas de encajes y vuelos para resaltar más la bata decorada con encajes y cintas de colores. Los hombros los cubrimos con el chal.
Como calzado se usó mucho el de tipo pantuflas o alpargatas; las pantuflas eran de tela doble como una Iona y las de las mujeres eran floreadas y con tacón; hoy en día usamos zapatos de piel. Salimos a bailar con muchos collares finos y argollas en las orejas, a veces llevamos una penca que imita el abanico de los señores amos, todo eso ha sido he redado de los antiguos amos franceses.
Abuelo me decía que los músicos de la tumba francesa casi siempre eran los esclavos domésticos de la hacienda. Siempre oí decir que los amos franceses permitían hasta una semana de fiestas a sus esclavos después de la cosecha. Los amos franceses se identificaban tanto con ellos que les permitían festejar cuantas razones tuvieran; al esclavo español le esperaba más el castigo y el boca abajo que tanto dolía.
Así surgieron las tumbas francesas aquí en Cuba, primero en el campo y luego en las ciudades. Esta se creo en 1862, el 24 de febrero y se llamó Sociedad de Tumba Francesa Lafayet, en honor al general Lafayet. En 1905 se dividió y quedo esta, que es La Caridad de Oriente.
Las sociedades de tumba francesa son una especie de cabildo, siempre entre sus miembros ha existido una jerarquía, un presidente y una presidenta, a los cuales todos respetan; así se les llama a los máximos representantes de la sociedad después de que les ganamos la guerra a los españoles, porque antes se les decía rey y reina, y había una corte.
Tecla, mi madre, heredó la presidencia de esta sociedad y la tuvo por más de 30 años, hasta su muerte a los 94. Trabajaba en la cantina de la sociedad y cuando había fiesta vendía mucha comida y bebida, y no daba abasto porque también bailaba y tocaba cata; así yo me inicie en estos asuntos, luego vieron que yo tenía aptitud para ser cantadora y bailadora y me estimularon a serlo. En 1944, cuando Rufo Salazar era el presidente, me hice socia oficial.
Al principio muchos me decían que por que a mí me gustaba estar entre tanta gente vieja, que esos eran bailes de viejos, de nuestros abuelos; yo les respondía están equivocados, esto hay que sentirlo y yo lo llevo en la sangre. A cualquier muchacho que lo sienta se le da el ritmo y sin saber bailar se pega fácil, porque es contagioso. Así me inicie, bailando y cantando, hasta que empecé a improvisar, a componer mis propios cantos y me reconocieron como composé de tumba francesa.
Con mis abuelos aprendí la lengua francesa y hablar patúa, que lo hablaban perfectamente. Canto en patúa o en español y con fantasía creo interpretaciones que permiten bailar hasta el amanecer. Muchas de las palabras que utilizamos en la sociedad se dicen en patúa, por ejemplo pitin mue (muchacho cógeme), cachimba mue (tráeme), piti muchue (pañuelo chiquito), gro muchuela (pañuelo grande).
En la Caridad de Oriente bailaron y cantaron también mambíes, los generales Quintín Bandera, Guillermón Moncada y Antonio Maceo fueron miembro de la sociedad. A Maceo mi abuelo lo conoció cuando tenía diez años de edad. El me contaba que un día por Guantánamo paso Maceo con sus hombres a. caballo; mi abuelo se bañaba en el río y trató de esconderse asustado por ver a tantos hombres, pero que no le dio tiempo porque el práctico de la columna le dijo a Maceo: "Ahí se escondió un niño" y Maceo respondió: "Cógemelo y móntalo en el caballo que este va ser el que va a cortar la hierba". Desde entonces mi abuelo se unió a Maceo, desde los 10 años se fue a la guerra de independencia.
Esta sociedad de tumba francesa cooperó en la guerra de independencia y también en la lucha clandestina de Santiago. Después del triunfo de la revolución nosotros dejamos que a esta tumba francesa la llamaran Los Maceo Bandera Moncada, en honor a estos miembros, pero el nombre verdadero es La Caridad de Oriente, por la Virgen de la Caridad del Cobre, nuestra patrona y por todas las obras, acciones de caridad, que podamos hacer por los demás.
Antes había muchas sociedades, ahora dicen que sólo quedamos tres, la de Sagua de Tánamo, la Pompidou de Guantánamo y esta de Santiago de Cuba.
La calle del Gallo era la de los grandes comercios franceses. En el Tivolí tuvieron el famoso café concert. Allí existió una sociedad con ese mismo nombre, Tivolí; en las calles se hacían muchas verbenas, los carnavales y era simpático ver cómo los jóvenes enamorados se buscaban cantando y bailando con los tambores de la tumba, y se respondían las peticiones con cantos de doble sentido, en forma de controversia; había que prestar mucha atención para uno darse cuenta de lo que se decían. Era muy bonito. También en la sociedad hacíamos cosas similares, son cos as de jóvenes vivarachos, picantes.
Yo fui muy parrandera, lo reconozco, ahora ya no puedo bailar. Me falta una pierna. Pero todavía puedo cantar y componer. Como dicen los santiagueros, los Venet Danger han conservado y conservan vivo el espíritu del tambor, es parte de nuestra razón de ser, lo llevamos en el corazón. A veces erróneamente se nos llama la tumba Venet Danger, y no, señor, es La Caridad de Oriente que agrupa a todo el que quiera. Ahora contamos con 14 bailadores y 8 músicos, con distintos apellidos: Duvergel, Vicet, Duvalón, Campanioni, Gastón, Lafargue, Ivonet, Martín y otros no franceses como Quiala, Martín, Soler, Salazar, Moncada, y muchos más que ahora no me vienen a la mente. Nos reunimos los 24 de febrero, el 8 de septiembre, el 10 de octubre y el 1 de enero y cada martes y jueves para ensayar y analizar las cuestiones de la sociedad.
Conservamos los estatutos y patrones de las antiguas tumbas, principalmente la nuestra, que en las tumbas se reunían para festejar sus santos patrones, fechas simbólicas. Mantenemos el espíritu africano, nuestros tambores ya tienen más de un siglo, fueron hechos por manos africanas. Seguimos bailando masón con sus cuadros, tahona para arrollar por las calles, sobre todo en los carnavales, el yubá o frenté donde el bailarín principal responde con energía al toque del premier, o tambor principal, para discutir a su mujer, a su pareja; este baile tiene mucho parecido con la rumba cubana por el ataque del bailarín y es a su vez el que más tiene de raíz africana entre todos los bailes de tumba francesa, el más agresivo, rebelde, todo lo contrario del masón, que es suave y coreográfico. Había otro llamado gallo tapao que se presentaba por algún bailarín imprevisto. Con la tahona es con lo que se arrolla; cuando la conga saco el cocoyé, tuvo que salir la tumba francesa con la tahona. Pililí hizo un enlace entre la conga y el masón, que se baila en cuadro, para arrollar como una típica comparsa.
Se le llama tahona porque en las haciendas cafetaleras se lIamaba así al molino para despulpar y triturar el café. Un toque de baile de salón que sale a la calle, a diferencia del de la conga que es un típico ritmo callejero. La conga es un toque fuerte, el de la tumba no deja de ser un toque negro, africano, pero es menos fuerte. En la tumba francesa se mueve mucho la pelvis, pero no con gestos groseros. La mujer y el hombre se mueven con mucha facilidad, suave, parece que están dormidos, y no se levantan los pies del piso, el movimiento es muy discreto, elegante, como todo baile refinado. La manera que tenemos las mujeres de suspender los vuelos o prents de nuestras batas la heredamos de los señores franceses.
En la tumba hay tres grandes tambores, el principal es el premier o mamier, así también se le dice a su tocador, un tambor de sonido grave; el bulá o arcend es más pequeño y de sonido agudo, al tocador se le dice bulayer; y el second, que es el complementario de la orquesta, y a su músico se le llama secondier. Todos son de madera recia y piel de chivo curtida. El catá es de sonido penetrante, lo llaman instrumento xilofónico, es un tronco ahuecado en el centro, se toca con un par de palitos más o menos gruesos y a su tocador se le llama catayer. Para darle sonoridad a la música cantamos con el chachá, que es una maruga de lata terminada en forma de cono, en cuyos mangos colocamos cintas de colores; lo toca una mujer y va a secundar al coro.
Guardamos con mucho celo nuestros documentos históricos; es un honor que el ilustre señor Emilio Bacardí aparezca como miembro honorífico de la sociedad. Me siento contenta de mis 80 años, de que mi música y cantos sean reconocidos por las demás sociedades de tumba francesa; me siento orgullosa del legado que me dejó mi madre. Le doy gracias a la vida y a Fidel por permitirme vivir con decoro y como dice mi canto... Mapuejele Fidel, Fidel mapuele.
Soy cubana con sangre africana, hija del Caribe, y digo como mi madre que no quiero morir y pensar que no exista la tumba francesa, porque creo que muerta me dolería que ella tampoco exista.
A mis bisabuelos, los esclavos, los conocí. Ellos no fueron haitianos. Los trajeron de África, del Congo, muy pequeños. Por eso decían que también eran cubanos, porque aquí crecieron.
Yo me crié con mis abuelos maternos: Nemesia Danger y José Rufino Venet; me contaban cómo los padres de mi abuela tuvieron que trabajar para comprarles la libertad antes de nacer.
El francés Salvador Danger llegó a Cuba desde Francia y compró las tierras de la hacienda San Nicolás, en el Caney, muy cerca de los Venet; era el dueño de mi bisabuela, Agustina Danger, mamá de abuela Nemesia. Agustina se casó con un esclavo llamado Salvador Danger, igual que el dueño y con él tuvo dos hijos: mi abuela y Fermín. Pero el señor Danger se enamoro de mi bisabuela y después de vender a mi bisabuelo Salvador, tuvo con ella una hija que llamó Perfecta. Así que en mi familia corre también sangre francesa. El la reconoció como su esposa y la ayudó a criar a sus tres hijos.
Mis abuelos decían que estos señores franceses fueron muy buenas personas, tratables, familiares y humanos con todo el mundo, tanto, que mis bisabuelos preferían ser castigados antes que ser vendidos a amos españoles, en general así lo preferían los esclavos franceses.
Cuando un esclavo francés quería que su hijo naciera libre, el amo le ayudaba, aunque el esclavo pagara la libertad del hijo. Mi abuela no nació en el barracón; el señor Salvador Danger no dejo que naciera allí. La alimentación que le daban a los esclavos no era mala; les gustaba mucho la carne salada, el tasajo, la harina de maíz, viandas, frijoles, pescado o bacalao. Los amos les permitían corner en abundancia, había raciones especiales para los más viejos, niños y mujeres embarazadas o paridas, cosa que no era igual entre los esclavos de españoles.
Los castigos para los esclavos de amos franceses eran diferentes y el cepo era lo último que se les hacía; pero cuando la mujer estaba embarazada, por lo general, no iba al cepo, y si la llevaban la acostaban sobre una pieza de madera que en el centro tenía forma de herradura para colocarle la barriga y no dañar a la criatura.
Yo soy bisnieta de africanos y no de africanos con franceses, como también era común encontrar; negros hijos de franceses con esclavas o negras libres; los amos franceses les daban sus apellidos y derechos a esos hijos, cosa que no era común entre los amos españoles.
Mamá bailó mucha tumba francesa con sus abuelos y sus padres; desde muy pequeña se inicio en esto de la tumba. Ella decía "aún yo no sabia ni bien hablar y ya imitaba a los demás bailar". Mi madre también tocó el cata, ese instrumento básico, guía de la tumba, que junto al bulá mantiene el ritmo acompañante del baile. Se hizo famosa con el cata, lo hacía hablar
Nosotros éramos aún campesinos, mis abuelos, mis hermanos, mamá y yo, y nos reuníamos aquí en la ciudad, ahí por la Plaza de Marte, con otros descendientes de franceses que gustaban de bailar tumba francesa y pertenecían a esta sociedad, La Caridad de Oriente.
Yo, chiquita, ya sabía que esto de la tumba francesa había llegado a Cuba desde Haití, allá por los años 1800 y algo. Mis abuelos me explicaban que sus padres y otros esclavos franceses lo bailaban cuando se reunían en las haciendas para conmemorar algo o por cualquier otra razón que los llamara a unirse. Un día de fiesta le dijeron a sus amos: “Queremos que vean el baile de ustedes con las tumbas africanas de nosotros". Los amos sorprendidos dijeron que no podía ser porque su baile respondía a instrumentos de viento. Y los señores vieron bailar el minuet africano heredado del francés, el masón, el yubá. Sé también que los tambores de tumba francesa tocaron la noche antes de que Carlos Manuel de Céspedes les diera la libertad a sus esclavos, el 10 de octubre de 1868.
Se dice que la tumba francesa surge como una imitación de los esclavos a los bailes que sus amos franceses acostumbraban hacer en los salones, al principio en forma de burla; luego los amos franceses, curiosos y admirados por ver a sus negros imitarlos, bailando al ritmo de los tambores africanos con la misma cadencia y elegancia de los bailes franceses, fueron compenetrándose y acercándose más a este modo de bailar de sus esclavos. Comenzaron a ayudarlos, les dieron trajes elegantes, chales finos de señoras, pañuelos de seda, batones de hilo y encajes en diferentes colores, hechos por las mejores modistas de Francia, collares, aretes. Así los esclavos lucían más bonitos. Yo conserve el chal de seda, traído de Francia, con que mi bisabuela bailaba y también su collar de piedras de roca, que me los dejó mi madre al morir.
Los señores Venet y Danger no solo se divertían con los bailes de los negros, sino que también lo bailaban. Los impresionó tanto que se hizo común que los señores les entregaran atuendos típicos a sus esclavos bailadores ya fueran jóvenes, señeritos, señoritas, niños, niñas, viejos. Con ese gesto contribuyeron a que la gente viniera elegante a bailar. Y esa costumbre ha sido tan fuerte que hasta nuestros días tratamos de mantenerla. La tela que se usaba era una conocida como burato, que imitaba la seda y por lo general teníacolor beige, y otra llamada madrá, que más bien se asemejaba al tejido de hilo.
La tumba francesa se distingue de los demás bailes africanos por la forma de vestirse, además de los chales y los batones de las mujeres, nuestros hombres conservan el cuello de la camisa bien almidonado y un aparato que se le dice alfiler y permite verles más distinguidos. Llevamos a la cabeza los pañuelos que llamamos duván, cubriendo todo el pelo, amarrados al frente o detrás; utilizamos las enaguas de encajes y vuelos para resaltar más la bata decorada con encajes y cintas de colores. Los hombros los cubrimos con el chal.
Como calzado se usó mucho el de tipo pantuflas o alpargatas; las pantuflas eran de tela doble como una Iona y las de las mujeres eran floreadas y con tacón; hoy en día usamos zapatos de piel. Salimos a bailar con muchos collares finos y argollas en las orejas, a veces llevamos una penca que imita el abanico de los señores amos, todo eso ha sido he redado de los antiguos amos franceses.
Abuelo me decía que los músicos de la tumba francesa casi siempre eran los esclavos domésticos de la hacienda. Siempre oí decir que los amos franceses permitían hasta una semana de fiestas a sus esclavos después de la cosecha. Los amos franceses se identificaban tanto con ellos que les permitían festejar cuantas razones tuvieran; al esclavo español le esperaba más el castigo y el boca abajo que tanto dolía.
Así surgieron las tumbas francesas aquí en Cuba, primero en el campo y luego en las ciudades. Esta se creo en 1862, el 24 de febrero y se llamó Sociedad de Tumba Francesa Lafayet, en honor al general Lafayet. En 1905 se dividió y quedo esta, que es La Caridad de Oriente.
Las sociedades de tumba francesa son una especie de cabildo, siempre entre sus miembros ha existido una jerarquía, un presidente y una presidenta, a los cuales todos respetan; así se les llama a los máximos representantes de la sociedad después de que les ganamos la guerra a los españoles, porque antes se les decía rey y reina, y había una corte.
Tecla, mi madre, heredó la presidencia de esta sociedad y la tuvo por más de 30 años, hasta su muerte a los 94. Trabajaba en la cantina de la sociedad y cuando había fiesta vendía mucha comida y bebida, y no daba abasto porque también bailaba y tocaba cata; así yo me inicie en estos asuntos, luego vieron que yo tenía aptitud para ser cantadora y bailadora y me estimularon a serlo. En 1944, cuando Rufo Salazar era el presidente, me hice socia oficial.
Al principio muchos me decían que por que a mí me gustaba estar entre tanta gente vieja, que esos eran bailes de viejos, de nuestros abuelos; yo les respondía están equivocados, esto hay que sentirlo y yo lo llevo en la sangre. A cualquier muchacho que lo sienta se le da el ritmo y sin saber bailar se pega fácil, porque es contagioso. Así me inicie, bailando y cantando, hasta que empecé a improvisar, a componer mis propios cantos y me reconocieron como composé de tumba francesa.
Con mis abuelos aprendí la lengua francesa y hablar patúa, que lo hablaban perfectamente. Canto en patúa o en español y con fantasía creo interpretaciones que permiten bailar hasta el amanecer. Muchas de las palabras que utilizamos en la sociedad se dicen en patúa, por ejemplo pitin mue (muchacho cógeme), cachimba mue (tráeme), piti muchue (pañuelo chiquito), gro muchuela (pañuelo grande).
En la Caridad de Oriente bailaron y cantaron también mambíes, los generales Quintín Bandera, Guillermón Moncada y Antonio Maceo fueron miembro de la sociedad. A Maceo mi abuelo lo conoció cuando tenía diez años de edad. El me contaba que un día por Guantánamo paso Maceo con sus hombres a. caballo; mi abuelo se bañaba en el río y trató de esconderse asustado por ver a tantos hombres, pero que no le dio tiempo porque el práctico de la columna le dijo a Maceo: "Ahí se escondió un niño" y Maceo respondió: "Cógemelo y móntalo en el caballo que este va ser el que va a cortar la hierba". Desde entonces mi abuelo se unió a Maceo, desde los 10 años se fue a la guerra de independencia.
Esta sociedad de tumba francesa cooperó en la guerra de independencia y también en la lucha clandestina de Santiago. Después del triunfo de la revolución nosotros dejamos que a esta tumba francesa la llamaran Los Maceo Bandera Moncada, en honor a estos miembros, pero el nombre verdadero es La Caridad de Oriente, por la Virgen de la Caridad del Cobre, nuestra patrona y por todas las obras, acciones de caridad, que podamos hacer por los demás.
Antes había muchas sociedades, ahora dicen que sólo quedamos tres, la de Sagua de Tánamo, la Pompidou de Guantánamo y esta de Santiago de Cuba.
La calle del Gallo era la de los grandes comercios franceses. En el Tivolí tuvieron el famoso café concert. Allí existió una sociedad con ese mismo nombre, Tivolí; en las calles se hacían muchas verbenas, los carnavales y era simpático ver cómo los jóvenes enamorados se buscaban cantando y bailando con los tambores de la tumba, y se respondían las peticiones con cantos de doble sentido, en forma de controversia; había que prestar mucha atención para uno darse cuenta de lo que se decían. Era muy bonito. También en la sociedad hacíamos cosas similares, son cos as de jóvenes vivarachos, picantes.
Yo fui muy parrandera, lo reconozco, ahora ya no puedo bailar. Me falta una pierna. Pero todavía puedo cantar y componer. Como dicen los santiagueros, los Venet Danger han conservado y conservan vivo el espíritu del tambor, es parte de nuestra razón de ser, lo llevamos en el corazón. A veces erróneamente se nos llama la tumba Venet Danger, y no, señor, es La Caridad de Oriente que agrupa a todo el que quiera. Ahora contamos con 14 bailadores y 8 músicos, con distintos apellidos: Duvergel, Vicet, Duvalón, Campanioni, Gastón, Lafargue, Ivonet, Martín y otros no franceses como Quiala, Martín, Soler, Salazar, Moncada, y muchos más que ahora no me vienen a la mente. Nos reunimos los 24 de febrero, el 8 de septiembre, el 10 de octubre y el 1 de enero y cada martes y jueves para ensayar y analizar las cuestiones de la sociedad.
Conservamos los estatutos y patrones de las antiguas tumbas, principalmente la nuestra, que en las tumbas se reunían para festejar sus santos patrones, fechas simbólicas. Mantenemos el espíritu africano, nuestros tambores ya tienen más de un siglo, fueron hechos por manos africanas. Seguimos bailando masón con sus cuadros, tahona para arrollar por las calles, sobre todo en los carnavales, el yubá o frenté donde el bailarín principal responde con energía al toque del premier, o tambor principal, para discutir a su mujer, a su pareja; este baile tiene mucho parecido con la rumba cubana por el ataque del bailarín y es a su vez el que más tiene de raíz africana entre todos los bailes de tumba francesa, el más agresivo, rebelde, todo lo contrario del masón, que es suave y coreográfico. Había otro llamado gallo tapao que se presentaba por algún bailarín imprevisto. Con la tahona es con lo que se arrolla; cuando la conga saco el cocoyé, tuvo que salir la tumba francesa con la tahona. Pililí hizo un enlace entre la conga y el masón, que se baila en cuadro, para arrollar como una típica comparsa.
Se le llama tahona porque en las haciendas cafetaleras se lIamaba así al molino para despulpar y triturar el café. Un toque de baile de salón que sale a la calle, a diferencia del de la conga que es un típico ritmo callejero. La conga es un toque fuerte, el de la tumba no deja de ser un toque negro, africano, pero es menos fuerte. En la tumba francesa se mueve mucho la pelvis, pero no con gestos groseros. La mujer y el hombre se mueven con mucha facilidad, suave, parece que están dormidos, y no se levantan los pies del piso, el movimiento es muy discreto, elegante, como todo baile refinado. La manera que tenemos las mujeres de suspender los vuelos o prents de nuestras batas la heredamos de los señores franceses.
En la tumba hay tres grandes tambores, el principal es el premier o mamier, así también se le dice a su tocador, un tambor de sonido grave; el bulá o arcend es más pequeño y de sonido agudo, al tocador se le dice bulayer; y el second, que es el complementario de la orquesta, y a su músico se le llama secondier. Todos son de madera recia y piel de chivo curtida. El catá es de sonido penetrante, lo llaman instrumento xilofónico, es un tronco ahuecado en el centro, se toca con un par de palitos más o menos gruesos y a su tocador se le llama catayer. Para darle sonoridad a la música cantamos con el chachá, que es una maruga de lata terminada en forma de cono, en cuyos mangos colocamos cintas de colores; lo toca una mujer y va a secundar al coro.
Guardamos con mucho celo nuestros documentos históricos; es un honor que el ilustre señor Emilio Bacardí aparezca como miembro honorífico de la sociedad. Me siento contenta de mis 80 años, de que mi música y cantos sean reconocidos por las demás sociedades de tumba francesa; me siento orgullosa del legado que me dejó mi madre. Le doy gracias a la vida y a Fidel por permitirme vivir con decoro y como dice mi canto... Mapuejele Fidel, Fidel mapuele.
Soy cubana con sangre africana, hija del Caribe, y digo como mi madre que no quiero morir y pensar que no exista la tumba francesa, porque creo que muerta me dolería que ella tampoco exista.

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