Quince mujeres auténticas
Mientras presentaban la antología Cuentos infieles, publicada por la editorial Unión, me invadía cierta curiosidad por leer aquellas historias. Allí, frente al grupo, estaba Marilyn Bobes, quien hizo la compilación y el prólogo y, a ambos lados, Susana Haug y María Elena Llana, dos de las narradoras antologadas. Estas, además de hablar sobre el hecho creativo de sus textos, ofrecieron una panorámica de los cuentos agrupados en la antología.
Me acomodé al lado de una de las altas columnas para escuchar las anécdotas y ser partícipe de ellas. Imaginaba en sus historias mucha morbosidad, mucha ternura, mucho sentimentalismo y, quizás, mucho odio.
Busqué entre el grupo de personas que llenaba el patio interior del palacio y reconocí, hacia un costado, a tres más de las autoras: Diana Fernández, Laidi Fernández de Juan y Basilia Papastamatíu, quienes también tuvieron oportunidad de enfrentar, de manera desprejuiciada, el tema de la infidelidad.
El libro palpitaba entre mis manos, y las mujeres desnudas en la cubierta -un detalle de la obra de Ileana Mulet: Estado de languidez- me inquietaron.
Lo abrí en la página del índice y encontré los títulos de los cuentos y los nombres de las autoras: “Las musas inquietantes”, de Gina Picart; “Versión original”, de Mirta Yánez; “Interiores”, de Basilia Papastamatíu; “Mimusa”, de Ana Lidia Vega; “Tiempo de rosas”, de Adelaida Fernández de Juan; “Como si ya supiera”, de Esther Díaz Llanillo; “Cierta rutina”, de Enid Vian; “Ángeles”, de Olga Marta Pérez; “Cuerpo de mujer en el tiempo”, de Diana Fernández; “Vivace ma non troppo”, de Mabel Rodríguez; “La mujer del espejo de la columna”, de Aimara Aymerich; “Infiel”, de Mylene Fernández; “La paja en el ojo ajeno”, de Nancy Alonso; “Ronda en el malecón”, de María Elena Llana, y, por último, “La maestra y Margarito” de Susana Haug.
Según nos dice Marilyn Bobes, en el prólogo, la mayoría de estas narraciones muestran un espectro de la Cuba de hoy, pero sin dejar de ser universales. Los cuentos “La paja en el ojo ajeno” y “Ronda en el malecón” , están más centrados en los resortes sociales que en los mecanismos sicológicos. Las mujeres de “Tiempo de rosas”, “Ángeles” y “La maestra y Margarito” deciden el límite de sus aventuras. Por su parte, en “Como si ya supiera”, “Cierta rutina” e “Infiel” tratan de reivindicar su derecho a la búsqueda de la felicidad u otras experiencias fuera de la disfuncionalidad del matrimonio. En “Interiores”, “Vivace ma non troppo”, “Cuerpos de mujer en el tiempo” y “La mujer del espejo de la columna”, buscan en el subconsciente respuestas menos racionales pero válidas. “Las musas inquietantes” y “Versión original” son alegorías donde la recreación histórica de un tiempo pretérito nos lleva a una interpretación inédita de lo narrado; mientras que en “Mimusa” es la mujer la que queda, paradójicamente, peor parada.
Los lectores ansiosos, cuando finalizó la presentación, saltaron de sus sillas e invadieron las mesas de venta. Yo, apreté el libro con cuidado, y me alejé.
RAFF
Tomado de Cubaliteraria

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