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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

04/05/2007 GMT 0

Construcción de la ciudadanía femenina cubana a inicios del Siglo XX. Influencias del Sufragismo y el Feminismo (1898-1925)

negracubana @ 08:57

Los estudios sobre Historia de las Mujeres en Cuba han aumentado en la década de los años noventa, pero, aún persiste el enfoque androcéntrico donde el feminismo es estigmatizado como un símil del machismo.

En este trabajo me propongo abordar dicho movimiento en unas de sus etapas de mayor esplendor, la de 1898 -1925, teniendo como tema central el sufragio femenino cuestión prácticamente no investigada por la historiografía cubana contemporánea.

Arquetipos femeninos en el inicio de la República, las mujeres incapacitadas para votar

El fin de la guerra, en 1898, provocó reacciones y ajustes para la nación; se abría una nueva era, en la que Cuba se estrenaba ante las nuevas fronteras imperiales como el país que debía seguir la modernidad y olvidar su pasado colonial. La población cubana se preparó para la construcción jurídica de su ciudadanía, sobre la base de los principios de libertad y democracia, estamento fundamental en la cimentación de la naciente república.

La trasgresión que suponían una intervención foránea -la primera estadounidense (1898-1902)- y su supuesta misión "civilizadora", favoreció la estructuración y asimilación de un discurso feminista de mayor solidez, como reflejo de la actividad desarrollada por las norteñas, consideradas entonces de la avanzada mundial en estas ideas. El General Leonardo Wood encabezó la cruzada yanqui en los últimos momentos de la intervención, y fomento medidas que favorecían a las mujeres cubanas; por este motivo se ganó el elogio de ser el "Primer Feminista" del país (Peñarredonda, 1913:1). Esta expresión forma parte de un artículo titulado "El Feminismo en Cuba" de la patriota pinareña Magdalena Peñarredonda, quien hacia alusión aquí a algunas de las medidas tomadas por Wood' como la prohibición de la entrada de mujeres a Cuba para ejercer la prostitución (Pichardo, 1971: 200).

Una de las acciones más significativas, desde el punto de vista político, en esta primera intervención estadounidense, lo serían los debates de la Convención Constituyente, que tuvo su sesión inaugural el lunes 5 de noviembre de 1900. La controversia sobre el llamado "sufragio universal" traería, nuevamente, encolerizados encuentros entre los constituyentes, que no se pondrían de acuerdo en tan puntual asunto. En la sesión nocturna del 29 de enero de 1901, donde se discutieron las enmiendas relativas al sufragio, el delegado por La Habana, Miguel Gener, sorprendería con el reclamo del sufragio para las mujeres:

"La enmienda que se ha propuesto, es una enmienda que aunque parece amplísima, es restrictiva, y es restrictiva en una Constitución que con dificultad puede reformarse. Verdad es que en la enmienda se pide el sufragio universal, pero es el sufragio universal falso, no es el verdadero sufragio universal. Hasta ahora tenemos por sufragio universal el sufragio de que gozamos los hombres, pero no se cuenta para nada con las mujeres." (BUH, 1901: 283)

Gener continuó su intervención fundamentando que, en algunas regiones de los Estados Unidos, ya se había considerado el voto para las mujeres, y advirtió las consecuencias que tendría para Cuba, cuando este derecho se exigiera, que no se pudiera hacer por una ley, sino por una reforma a la Constitución, lo que haría el proceso muy complicado.

Esta propuesta fue rebatida por el constituyente Manuel Sanguily quien adujo una serie de razones conceptuales sobre el sufragio universal y las nefastas consecuencias de no limitarlo. En una parte de su intervención señaló:

"...el voto femenino no existe en todas partes, nace de las costumbres, de las circunstancias especiales de determinadas localidades, pero ya ha empezado a considerarse y aceptarse, lo que representa el primer paso que se da en una evolución que luego culminará, pero que no está maduro el pueblo cubano aún para aceptar esa forma de sufragio, este no es oportuno, no es momentáneo, no urge, no interesa en estos momentos. Mañana que haya un movimiento feminista, primero entrará la idea en las costumbres y así vendrá á las leyes, y más adelante a la Constitución" (BUH, 1901: 284).

La opinión de Sanguily tenía más seguidores que la de Gener, y el propio Secretario de la Convención fue quien hizo la propuesta del sufragio universal que excluía a las cubanas, el texto aclaraba que el "... derecho electoral se concederá á todos los cubanos varones y mayores de 21 años, exceptuándose los asilados, los individuos pertenecientes a las fuerzas de mar y tierra, en activo servicio, y los inhabilitados judicialmente por causa de delito e incapacidad mental" (BUH, 1901: 286).

La adición de una base a la sección correspondiente al sufragio fue firmada por Miguel Gener, Salvador Cisneros y José Lacret Morlot. El texto sugería:"Las mujeres como los hombres, tienen derecho a votar según el Sufragio Universal y las Leyes Electorales que se establezcan".

La moción de "sufragio femenino" fue desaprobada por 9 votos a favor y 17 en contra. La votación en contra de esta reivindicación para las mujeres fue realizada en la sesión nocturna del 9 de febrero de 1901(BUH, 1901: 426).

Con esta acción se dio paso a otros debates que se extendieron hasta el 21 de febrero de 1901, cuando se firmó la Carta Fundamental rectora de la anhelada República. El texto de la Constitución quedó dividida en dos partes fundamentales: una dogmática con los derechos individuales, y otra orgánica, referida a la estructura de poderes.

En la primera parte, título IV, sección segunda, bajo la denominación de "Derecho de Sufragio", las mujeres quedaron finalmente excluidas de forma legal del ejercicio del voto. Así, el artículo 38, quedaría redactado de la forma siguiente:

"Todos los cubanos, varones, mayores de 21 años tienen derecho al sufragio, con excepción de los siguientes:

Primero: Los asilados

Segundo: Los incapacitados mentalmente, previa declaración judicial de su incapacidad.

Tercero: Los inhabilitados judicialmente por causa de delito.

Cuarto: Los individuos pertenecientes a las fuerzas de mar y tierra, que estuvieren en servicio activo" (BUH, 1901: 426).

Este texto constitucional pretendió transformar las ideas políticas heredadas del régimen colonial español del siglo XIX y, sin proponérselo, marcó el falocentrismo de los legisladores cubanos, el cual transgredía sus ideales democráticos, donde la estigmatizada "cubana" no tenía capacidad jurídica para decidir el futuro del país. Ironías del destino; ellas, cuando fueron necesarias en las guerras de independencia se incorporaron y demostrando igual capacidad de decisión que los hombres.

Las Constituciones Independentistas de Guáimaro, Jimaguayú y La Yaya, las Bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC) y el Manifiesto de Montecristi, fueron alabanzas de libertad, fraternidad y democracia que no tenían en cuenta reivindicaciones para la mujer, las cuales fueron dejadas para cuando se lograra el futuro independiente. Sin embargo, de forma arbitraria, fueron excluidas de su derecho a ser ciudadanas con derechos políticos.

El 20 de mayo de 1902 se constituiría oficialmente la República de Cuba, en momentos en los que el país se encontraba en una situación precaria en lo económico y social. Esta se reflejaba más agudamente en sectores desprotegidos, como el de las mujeres, los niños y los ancianos. Su primer mandatario, Tomás Estrada Palma, había tenido vínculos muy directos con miles de emigradas que habían pertenecido a los clubes afiliados al disuelto PRC, organización en la cual ocupo el cargo principal, el de delegado, tras la muerte de su fundador José Martí.

Las mujeres, haciendo valer estos lazos estrechos con el nuevo presidente, le hicieron pedidos en cientos de misivas donde le sugirieron diversas inquietudes. La patriota Clemencia del Castillo de Mola le diría en una de estás cartas:"Suplico a V. se sirva si tengo derecho a representar mis intereses pues tengo bienes y no los puedo administrar, y sobre todo adquirir poderes para mi defensa"(ANC, 1903) También le recordó su pasado patriótico para ayudar a alguna compañera de su antiguo Club"...se encuentra tres años en nuestra patria redimida, sin que su esposo haya encontrado adonde ganar el sustento" (ANC, 1903)

Sin embargo, el esfuerzo fundamental realizado por el primer mandato republicano estaría centrado en la formación de ciudadanos por medio del magisterio. Los cimientos de este proyecto de instrucción pública habían sido fomentados durante la primera intervención estadounidense, cuando, de forma gratuita, se enviaron 1256 maestros a la Universidad de Harvard a pasar un curso de verano. De este grupo, 601 eran mujeres, que tuvieron en su programa contactos con los Women Clubs de Boston, con el objetivo de conocer sus estatutos para que "...sean establecidos allí para mejorar la cultura si cabe entre las familias cubanas"(BUH, 1900: 57-58).

El entusiasmo mostrado por las maestras en su visita fue reflejado por la prensa de Boston en especial por El Herald el cual dio a conocer la admiración que despertó en las cubanas la forma de vida de las estadounidense:"...la mujer sola se basta para guardarse, preparémosla y hagámosla hacer, vivir y desarrollarse en ese benéfico ambiente y logremos lo que tiene la mujer en los Estados Unidos: la independencia absoluta de la mujer, con iguales derechos e idénticos deberes que el hombre. Tal debe ser y tal es la realidad del mundo" (BUH, 1900:60).

Un estudio posterior sobre la evolución civil cubana, de Francisco Figueras, contrastaría la importancia que tuvieron para las mujeres estos contactos con la cultura norteña:

En estos últimos [tiempos], la guerra primero y después las excursiones veraniegas han conducido a los vecinos Estados Unidos a un buen golpe de cubanas las cuales por poco observadoras que hayan sido no habrán dejado de notar la preponderante influencia que en ellos ejerce la mujer, no sólo en el recinto doméstico y dentro de la familia, sino también en orden más elevado y dentro de la sociedad"(1906: 31-38).

Estos viajes serían decisivos para la divulgación de las ideas del feminismo en el país, donde se comenzarían a editarse publicaciones sobre cómo debían insertarse en la sociedad cubana. Uno de los conceptos más generalizados lo definió como el:

Movimiento político-social contemporáneo, que tiene por fin elevar la mujer a ciudadana conquistando, a su vez, la igualdad pedagógica civil y económica social con el hombre, pero afanándose en mantener las desigualdades de sexo que creó la naturaleza, y las actividades peculiares que debe cumplir la mujer en el hogar, por hecho natural de ser mujer" (Caraballo Sotolongo, 1918: 15).

Una definición así sustentaría el escaso interés que tenían los hombres por la participación de la mujer en la política y sus dos perspectivas diferenciadas, aunque complementarias: mujer-ciudadana de elevado nivel cultural y mujer-ama de casa, formadora de hombres para el poder.

Este nuevo discurso de "reivindicación para la mujer" elaborado por hombres, defendía una política parlamentaria que estaba estructurada de modo tal que hacía difícil o casi imposible la participación de éstas en la política, aunque no dejaba de reconocer la necesidad de que fueran ciudadanas.

Una de las derivaciones más importantes del Feminismo ante la segregación política, fue la creación del Sufragismo, que intentaba la igualdad legal entre hombres y mujeres, y el derecho al sufragio, como una forma de incorporar a las mujeres en actividades de las cuales habían estado ausentes.

La fuerza ganada por las sufragistas en los Estados Unidos y Europa asustaría a los políticos de la época, quienes sugirieron que la incorporación podría significar cooptación, con la asimilación de formas negativas del comportamiento masculino y la pérdida de los valores femeninos.

En Inglaterra se desarrollaron dos corrientes feministas que lucharon por el sufragio: una moderada liderada por Millicent Garret Fawcet (1847-1929), y otra radical encabezada por Emmeline Pankhurst (1858-1928). Esta ultima promovía acciones como la ocurrida en Londres el 21 de junio de 1908 cuando unas 400.000 sufragistas encabezaron una marcha que derivó en destrucciones de correos, cristales de comercios e incendios de iglesias. En los lugares preponderantemente masculinos, como los campos de golf, llegaron a aparecer frases como "voto para las mujeres", escritas en ácido sobre el césped donde jugaban los aristócratas ingleses (Rowbotham, 1980: 108, 116-118).

En Cuba esta nueva corriente del Feminismo no fue recibida con mucho beneplácito. Uno de los pocos libros escritos a favor del sufragismo femenino Mujeres !A las Urnas y al Hogar! del abogado F. Caraballo y Sotolongo, confirmaría esta idea:"No olvidemos que la sufragista exaltada no es la feminista; como el terror no es la Revolución Francesa. La sufragista debe ser condenada a no reaparecer en el escenario del Feminismo" (1918: 50).Caraballo se refiere a las sufragistas inglesas que actuaron con violencia

En este mismo estudio se exponía cómo contrarrestar el anti-feminismo de las sufragistas, quienes no podrían "destruir la delicadeza de la mujer, el lirio de su alma, ni el perfume de su idealidad" (1918: 41).

Esta fuerte estigmatización del sufragismo en Cuba, durante la primera década de este siglo, no contribuiría a difundir su ideología reivindicadora.

Feminismo y Sufragismo: El inicio de la utopía democrática

El eminente estallido de la Primera Guerra Mundial en Europa condujo a que muchos de los paradigmas que existían acerca de la mujer variarán al producirse una ruptura con su tradicional papel doméstico y tener ella que desempeñar roles no acostumbrados.

De igual forma los grupos de mujeres organizados alrededor de las ideas feministas y sufragistas que habían tenido conflictos con sus gobiernos, matizarían estos rencores con una actitud de solidaridad hacia los afectados por la guerra. Las combativas sufragistas inglesas serían una de ellas, organizando más de 800 hospitales con un total de 300.000 camas, sin costo para su Estado. Esto le ganaría popularidad en su país, además de crear una nueva imagen de la sufragista que se divulgaría junto a los acontecimientos de la contienda bélica (Caraballo Sotolongo, 1918: 15).Desde antes de la guerra, en Cuba estas ideas comenzaron a ganar difusión entre las mujeres, quienes utilizarían la prensa escrita para cuestionar el círculo hegemónico masculino del poder. Una de las más combativas en este inicio lo fue la conocida independentista Magdalena Peñarredonda, quien, en un artículo titulado "El Feminismo en Cuba" comentaría:

"¿Por qué no han de ser las mujeres electoras y elegidas? ¿No son abogados, médicos, farmacéuticos, etc., etc.? Y después de todo, para hacer lo que aquí han hecho los hombres, no se necesita ser ningún Pico de la Mirandola. Para votar créditos, pedir pensiones, votar por negocios como el de Dragado, el Arsenal y recibir una nota conminatoria a cada paso, no hace falta ni grandes energías viriles ni gran inteligencia" (Peñarredonda, 1913:1).

El Sufragismo se hacía inevitable en Cuba. En tiempos del periodo presidencial del general José Miguel Gómez, del Partido Liberal (1909-1913), se crearon las primeras asociaciones legalmente registrada, la primera de ellas, fue el Partido Popular Feminista, que se constituyó en La Habana en noviembre de 1912, con Emilia Pérez de Viñas en la presidencia. Un mes después se crearían otras dos: el Partido de Sufragistas Cubanas, que presidida Digna Collazo, y la que fue la más importante de las tres, el Partido Nacional Feminista (ANC, 1922: 662).

Este última asociación quedó constituida "(...) en la ciudad de La Habana, barrio del Vedado 12 de diciembre de 1912, en la casa de Amalia E. Mallén de Ostolaza (...) para hacer propaganda en pró de la igualdad civil y política y social de ambos sexos y proponer leyes y medidas a favor de mujeres y niños" (ANC, 1912: 400).Esta agrupación fue la protagonista en los primeros años del sufragismo cubano, y no sólo estuvo pidiendo el anhelado voto femenino, sino que otras reivindicaciones para las trabajadoras, las cuales quedaron reflejadas en tres puntos de su programa:

1.-Reforma de la Ley del Servicio Civil, estableciendo que un tanto por ciento de los destinos públicos sean desempeñados por mujeres, en el estado, provincia o municipio, todas las profesoras de enseñanza primaria en las escuelas.
2.-El libre acceso a todos los comercios, industrias y oficios e igualdad en los salarios.
(...)
4.-Los cargos de telegrafistas, mecanógrafas, tenedoras de libros y dependientes de establecimientos que expendan única o principalmente artículos para señoras y niños, venta de billetes de Lotería Nacional y de localidades en taquilla de los lugares que se celebren espectáculos públicos (ANC, 1912: 400).

El énfasis del punto 1 del programa, sobre el empleo de profesoras de enseñanza primaria, es el resultado del alto índice de ellas en esta agrupación, que contaba entre sus integrantes, aunque con un porcentaje menor, a dependientas de comercios.

La problemática social y política también tenía espacio en el reclamo de la asociación sufragista, que en otros puntos del documento constitutivo señaló la necesidad del libre acceso de la mujer a todos los establecimientos docentes y la aprobación de leyes y medidas de toda índole que tendieran a la igualdad civil absoluta.

El punto final de esta importante formulación, en cierta medida, será contradictorio al limitar el sufragio femenino a las alfabetas de buena conducta moral (ANC, 1912: 400).La inclusión de 40 bases hicieron de este el más ambicioso y amplio programa presentado por las mujeres cubanas en su historia. Estas, sin embargo, no limitaron la entrada de hombres a esta organización que contó con una representación de la agrupación en todas las provincias.

En la primera Junta Directiva se seleccionó la Presidencia de esta asociación, integrada de la forma siguiente:

"Presidenta: Amalia E. Mallén de Ostolaza
Vice Presidenta: Sara Aguirre y Santiuste
Tesorera: Pilar Somoano de Toro
Vice Tesorera: Consuelo Álvarez
Secretario: Antonio C. Taybo
Vice Secretario: Emilio Moa" (ANC, 1912: 400).

Esta organización pionera del sufragismo no estuvo exenta del "personalismo", uno de los males más criticados de la política nacional. La división surgida en el liderazgo del sufragismo cubano entre Amalia Mallén y Digna Collazo, trajo duras críticas de sus congéneres:

"Pero vamos a permitirnos dar un consejo a las leaders de este Movimiento, y es que si quieren tener éxito en su empresa, no imiten los procedimientos que aquí, en sus luchas políticas, han empleado los hombres, dividiéndose y fraccionándose, no teniendo -con raras excepciones- más objetivo que un fin puramente personal.

Difícil es que los mismos elementos étnicos, con la misma historia y el mismo ambiente, los individuos no tengan un fondo común semejante.

Las Feministas han comenzado por seccionarse y dividirse cuando el primer factor de los débiles es siempre la unión si quiere vencer" (Peñarredonda, 1913:1).

El 31 de marzo de 1913 se trató de dar un paso de avance en la superación del divisionismo entre las tres organizaciones de sufragistas existentes en el país, al acordar, primero, la fusión del Partido Nacional Feminista y el Partido Popular Feminista, fusión a la que se integraría, el 23 de noviembre de 1914, el de Sufragistas Cubanas.

En los primeros tiempos del primer periodo presidencial del general Mario García Menocal, del Partido Conservador (1913-1917), estas tres asociaciones femeninas, ahora unidas, integrarían el Partido Nacional Sufragista (PNS), que tendría en la presidencia a Mallén de Ostolaza, con una vice presidencia compartida por Digna Collazo, Emilia Pérez de Viñas, Sara Aguirre, Concepción Barroso, Luz Rubio y Herminia Morales Gómez (ANC, 1913: 400). Las Bases de este nuevo partido se ampliaron a 15, e incluyeron el pedido de puestos fijos más altos en el Estado, provincias y municipios, además de reformas a los aranceles de aduana, que perjudicaban a artículos de primera necesidad; el divorcio, como complemento para el matrimonio civil, y la abolición de la pena de muerte (ANC, 1913: 400).

Con la ampliación de la organización feminista en el Partido Nacional Sufragista, también se lograría un mayor prestigio e intercambio con personalidades e instituciones extranjeras, como, por ejemplo, la destacada escritora feminista española Aurora Areis y Rico, quien recibió una misiva en diciembre de 1915 de la periodista-sufragista Maria Collado, en la que señalaba:

"Dice usted entre otras cosas, que por fortuna las cubanas somos entusiastas defensoras de nuestra causa o sea del feminismo. Pues... si tiene razón, la cubana de hoy es feminista aun sin saberlo, y digo sin saberlo porque, aunque somos un grupo muy reducido, dada la gran población femenina que hay aquí, las que nos atrevemos a decir en alta voz, "soy feminista"; basta ver como ha invadido la mujer en Cuba, la industria, el comercio, las oficinas y todas aquellas empresas que dan vida al país para comprender que son feministas, basta ver como acuden a los colegios, a los institutos, a la Universidad, para comprender que son feministas" ( 1915: 662)

La cantidad de afiliadas al PNS no parece haber sobrepasado la cifra de 200, en su gran mayoría pertenecientes a la clase media urbana, con un número muy reducido de negras y sin filiación aparente a los dos partidos que se disputaban la presidencia de la República: el conservador y el liberal. No obstante, existían nexos matrimoniales entre algunas de las integrantes, incluidas la presidenta Mallén de Ostolaza, con simpatizantes del Partido Liberal, las cuales participaban en algunas de sus actividades políticas (ANC, 1915: 400).

La influencia ganada por esta asociación le permitiría ser la protagonista entre 1914 y 1917, de la difusión de la necesidad del sufragio femenino y el intento de celebrar una asamblea preparatoria para un "congreso sufragista", cuestión que, al perder protagonismo, no se podría materializar, y sería asumido por otras asociaciones feministas.

Mujeres y política. El Club Femenino de Cuba y los dos congresos

En medio de la Primera Guerra Mundial, el presidente de Cuba, general Mario García Menocal, seria reelecto para un segundo periodo (1917-1921).

En los años de 1917 a 1918, junto al progresivo crecimiento económico y la modernización acelerada del país, producto, en buena medida, de los altos precios del azúcar, se diversificaron y ampliaron las ideas culturales, políticas y sociales. Este auge favoreció la aprobación de leyes que habían suscitado innumerables polémicas: la Ley de la Patria Potestad (18 de julio de 1917) y la Ley del Divorcio (30 de julio de 1918) (Pichardo, 1971: 411-416).

La primera de estas leyes, la de la patria potestad, permitió a las mujeres liberarse de la insoportable tutela de padres y esposos para administrar sus bienes parafernales o dotales según expresaba el artículo segundo "En ningún caso será necesaria la licencia del marido". (1971: 411).

De igual modo la Ley del Divorcio atacaba a una institución, el matrimonio, totalmente dominada por los hombres. Estos habían mostrado reminiscencias ante la "funesta y desquiciada" medida (1971: 413).

Estas dos leyes convertirían a Cuba en el primer país latinoamericano en aprobarlas, lo cual resulto un triunfo de las asociaciones sufragistas que habían insistido en este reclamo.

Otro acontecimiento trascendental para las mujeres sucedería el 21 de marzo de 1918, cuando un grupo de ellas se nucleó para formar la organización más importante del feminismo nacional: El Club Femenino de Cuba, que se dio a conocer, oficialmente, el 3 de julio de 1918, en una sesión publica en la Academia de Ciencias, que tuvo como oradora principal a Dulce Maria Borrero (Borrero, 1938: 10).

¿Quienes integraron esta agrupación? La procedencia social, cultural y política hizo de este grupo el más heterogéneo conformado hasta entonces. Compuesto por intelectuales de las letras, periodistas, pedagogas, abogadas y pintoras, esta asociación animó un debate feminista superior, igualado al que se realizó en otros lugares del mundo.

El liderazgo del grupo, aunque tenía una presidencia formal, sería llevado por Pilar Jorge de Tella, Enma López Seña, Hortensia Lamar, Rosario Guillaume y Dulce María Borrero, asistidas por reconocidas personalidades femeninas como Maria Luisa Dolz, Lola Borrero y Dulce María Sainz de la Peña.

La integración tan diversa del grupo complicaría sus relaciones con el resto de las agrupaciones feministas del país, de quienes recibieron críticas ante cualquier desliz. Uno de los primeros cuestionamientos fue el de no pronunciarse a favor del voto femenino y su negación a mezclarse en la política. Un poema aparecido, el 23 de septiembre de 1918, poco después de su conformación, en El Fígaro, le daría crédito a sus opositoras:

"¿Política? No señor
ella nos causa temor
por los frutos que nos da
gusta más al corazón
prodigar ilustración
fe, esperanza y caridad.
"
(1918: 11-36)

Estas declaraciones iniciales nunca dejaron de ser señaladas, a manera de crítica, aún años después:"(...) y entonces, ante la evidencia de un posible triunfo, el Club Femenino de Cuba olvidó sus escrúpulos pasados y se declaró también partidario del voto femenino que a toda costa quería ser él quien lo conquistara". (ANC, 1925: 662)

Pero salvo en los primeros meses de su existencia, en que el Club tuvo reticencias ante el sufragio, los artículos posteriores de sus integrantes demostraron lo contrario. Veamos lo que expuso quien, desde muy joven, se desempeñó como una periodista que, con su obra, contribuyó a defender los derechos de las mujeres cubanas, Mariblanca Sabas Aloma:

"Creen los hombres inferiores que nosotras queremos usurparles sus derechos, que queremos descender a la prosa de la vida, a endurecer nuestros sentimientos en ella, creen que las teorías que sustentamos las tenemos que defender con pantalones, cuello y corbatas, alzando los puños y endureciendo el gesto; que queremos el voto para hacer de él lo que hacen los hombres vulgares: un motivo para guaperías y egoísmo; todo eso, y mucho más opinan de nosotros. Los ilustres hermanos de D. Juan". (CDFMC, 1918: 5-9)

Otra declaración, de una de las integrantes más jóvenes de esta asociación feminista, Loló de la Torriente, abundaría sobre méritos reconocidos ya que "(.) el Club Femenino se había nutrido. Ofrecía clases y daba conferencias, conciertos y actos culturales empleando sus mejores cuadros en la campaña pro-sufragio femenino."(1985: 122)

El Club Femenino de Cuba significó un paso superior en el feminismo nacional al transgredir el discurso tradicional en relación con las mujeres, y desarrollar intensas campañas más allá del sufragio femenino. Fundó escuelas nocturnas para obreras y otras para la enseñanza del comercio; además, creó la primera institución de niñeras que funcionó en el país. También le pidió al gobierno importantes leyes, como la de la silla, que le permitiría a las empleadas que trabajaban más de 6 horas disponer de estas para cuando no fuera necesario permanecer de pie; la ley del 50% de empleadas donde se vendían artículos femeninos, y otras de carácter social, como la lucha contra la mendicidad infantil, las drogas y la prostitución (CDFMC, 1925: 15-23)

Una de las obras sociales más importantes de la asociación fue la creación de la cárcel de mujeres de Guanabacoa, donde se reeducaban reclusas, a las que se les ofrecían cursos de instrucción primaria, y de corte y costura, además de garantizarles camas, ropas y alimentos. Esta relación entre mujeres intelectuales y reclusas fue bastante sui-géneris en un momento de profundas divisiones sociales entre "las Honradas" y "las Impuras", títulos de dos célebres novelas de Miguel de Carrión, quien asistía a las reuniones literarias del Club Femenino de Cuba. La participación de personalidades masculinas de la cultura en las veladas del Club fue una constante. Frecuentaban estas reuniones Enrique José Varona, Carlos Loveira, Miguel de Carrión, Gustavo Sánchez Galarraga y Arturo Montori, entre otros. (de la Torriente, 1985:121-122)

En 1921 inauguraba el doctor Alfredo Zayas y Alfonso, del Partido Popular, su periodo de cuatro años como presidente de Cuba, y tuvo iniciativas para que el Congreso de la Republica aprobara el sufragio femenino pero fueron fallidas.

En ese mismo año, por iniciativa del Club Femenino, se creó la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba, que estuvo compuesta inicialmente por cinco asociaciones: Club Femenino de Cuba , Congreso Nacional de Madres, Asociación de Católicas Cubanas , Asociación Nacional de Enfermeras y Comité de la Creche Habana Nueva. Estas agrupaciones representaban a 8 000 mujeres. (Memoria, 1924: 36) La Federación Nacional de Asociaciones Femeninas de Cuba convocaría, el 11 de octubre de 1922, a la celebración del Primer Congreso Nacional de Mujeres, que tendría la particularidad de ser el primero celebrado en América Latina. Sin embargo, valga decir que, En 1916 en Yucatán, el gobernador Carrillo Puerto, de Mérida, promovió la celebración de un Congreso de mujeres ante la necesidad de alcanzar "(...) ciertas reivindicaciones para la población femenina". No obstante su importancia y primacía en el Continente, el foro solo tuvo una dimensión regional - no nacional- y su temario no rebasó los marcos de las peticiones de carácter educacional. (Silva Herzog, 1969: 79)

La participación en el Primer Congreso fue abierta a todas las organizaciones femeninas del país a partir de cuatro bases que debían ser cumplidas y en las que se exhortaba a no emitir criterios desfavorables contra el feminismo o el sufragismo y a no hacer proselitismo religioso o político.

El Comité Ejecutivo del Congreso estuvo presidido por Pilar Morlón de Menéndez quien fue secundada por un multifacético grupo de mujeres de las diferentes organizaciones y regiones del país. (Memoria, 1924: 7-21)

El Primer Congreso Nacional de Mujeres se reunió en la Academia de Ciencias de La Habana, del 1 al 7 de abril de 1923, con un temario dividido en 36 puntos, que resultaban muy polémicos, y fueron debatidos por las mujeres en acalorados encuentros.

En el acto inaugural celebrado el domingo 1 de abril, a las nueve de la noche, en el Teatro Nacional, y ante una concurrencia que lo abarrotó, Pilar Morlón pronunció un discurso donde ella misma se sorprendía de que el Congreso fuera ideado y financiado por las propias mujeres:

" Una revolución, si, efectivamente es, revolución pacífica o evolución, no importa el nombre, pero algo nuevo, algo desconocido entre nosotros, donde hasta hoy la mujer tuvo sus actividades limitadas a un papel humildemente pasivo, algo cambiado inexorablemente en la marcha habitual de nuestras cosas (...) Es ésta nuestra Revolución" ( Memoria, 1924: 29)

Las palabras de Morlón no estuvieron lejos de lo que pasó, se habló de temas ecológicos, nacionalistas, sociales, políticos, económico y de legislación obrera.

Las ponencias oficiales al Congreso fueron distribuidas en seis grupos; el voto para las mujeres aparecía en el primero, y fue debatido en la noche del 6 de abril. La primera de las ponencias titulada "Sufragio Femenino", fue expuesta por Pilar Jorge de Tella, en un emocionado discurso, y era tan alto el tono de su voz que se oía en la calle. En ella puntualizó que:"(...) nadie ignora que el sufragio es la garantía reafirmadora de la personalidad del individuo". (Memoria, 1924: 347) La unión entre voto e individuo era una de las formas más defendidas para explicar que mientras esto no sucediera las mujeres en el país no participarían plenamente en la conformación de una esfera pública cosmopolita que las incluyera como ciudadanas políticas.

Otras tres intervenciones se defenderían con igual nivel de pasión llegando a calificar la exclusión de la población femenina como una "inmoralidad social" (Memoria, 1924: 354) La más orgánica de las ponencias presentadas fue la de Hortensia Lamar, aplaudida delirantemente con gritos de "!Voto para la mujer!". Ella afirmaría que el sufragismo no era la desviación del feminismo, sino una modalidad que permitiría "la igualdad política en la ciudadanía". (Memoria, 1924: 365)

Ninguna de las interpretaciones calificó la forma en que se debía conceder el voto: de forma restringida o como el universal masculino; esto permitiría que no se restringiera a condicionantes sociales, educacionales o raciales.

El sufragio femenino fue un punto de unidad de las mujeres en este Primer Congreso. De las conclusiones aprobadas aquí, la primera fue "(.) que se emprenda por todas las mujeres de la República una campaña intensa para obtener el voto, como primera medida de profilaxis social". (Memoria, 1924: 474) Y la última: "Trabajar intensa y eficazmente, con todos los medios lícitos a nuestro alcance y sin contraer compromisos con ningún partido para obtener el derecho al sufragio". (Memoria, 1924: 474)

El Primer Congreso Femenino llamó la atención de la prensa en general y permitió que un importante grupo de mujeres empezara a realizar un nuevo tipo de periodismo, alejado de los "recetarios de cocina y atenciones domésticas"; (de la Torriente, 1985: 157) ayudaba así en la formación de una esfera pública en la que estas mujeres en el periodismo opinaban y cambiaban el estereotipo banal que se les otorgaba. Entre ellas destacó quien asistió como delegada a este Primer Congreso: la periodista Mariblanca Sabas Aloma.

También las constantes críticas a la Republica y al sistema eleccionario se hicieron presentes en el debate cubano del primer cuarto de siglo. (Funes, 1999: 33) A pesar de la fraudulenta elección del general Gerardo Machado como mandatario del país, para el periodo 1925-1929, creo expectativas- en un buen numero de personas, y entre ellas las sufragistas-para un cambio que favorecía la regeneración de la democracia.

El Segundo Congreso Nacional de Mujeres, celebrado del 12 al 18 de abril de 1925, en los mismos escenarios en que se realizo el anterior, contó con la presencia del presidente electo, lo que auguró un nuevo impulso para el sufragio femenino, el cual era la demanda fundamental de este Segundo Congreso. En la sesión solemne de apertura, en un breve discurso, afirmaba Machado "(...) que la mujer tiene derecho a ejercitar las funciones cívicas, ya que ese derecho aparte de la razón humana y universal que lo abona, surge también legítimamente, de los esfuerzos que la mujer cubana realizó en la lucha larga y terrible por la conquista de la República Cubana." (Memoria, 1925: 61)

La escena quedaría lista para otras jornadas de discusión acerca del sufragio.

El tema en cuestión fue presentado de dos formas: Una, con pasión, por parte de las líderes sufragistas Amalia Mallén, Maria Collado y Ana Batallé; y otra, reflexivamente, por las abogadas Graziella Barinaga y Ángela Zaldívar, pero en ambos casos las ponencias fueron aplaudidas con delirio, lo que avizoraba un futuro triunfo. Maria Collado sería de las más aclamadas con su declaración:

"El voto es, señoras congresistas, un arma poderosísima en las manos de quien sabe ejercitarlo, él es también como un lazo de unión entre el ciudadano y la patria. Por mediación del voto demuestra el elector su civismo, su amor al suelo en que nació y su preparación para la vida pública, pues según el sepa elegir, demostrará que sabe sentir, que sabe pensar y que sabrá mantener, por sobre toda consideración el amor a su bandera." (Memoria, 1925: 550)

Las ponencias de Barinaga y Zaldívar tenían una interrogante en su título: "¿Es la cubana súbdita o ciudadana?", en el que se cuestionaban la ciudadanía política de las mujeres "! Súbditas de un Estado soberano, ciudadanas de un Estado independiente, el pueblo de Cuba no se opone a concedernos el derecho del sufragio, solo nos falta la capacidad política!". (Memoria, 1925: 550) La opinión de Barinaga era sustentada por su definición de "feminista convencida" que solo quería "el voto para hacer más eficiente su misión social". (Memoria, 1925: 559-561)

La intervención final del viernes 17 de abril, en su sesión nocturna, fue para Ángela Zaldívar, quien con un discurso agresivo cuestionó que la mujer hubiera sido alguna vez ciudadana en Cuba "Yo entiendo que no lo es (...) la mujer no pertenece a la clase de ciudadanos".(Memoria, 1925: 559-561) Estos criterios fueron muy osados para un foro en el que participaban 76 hombres denominados "congresistas adictos" y entre los cuales habían políticos ortodoxos e intelectuales simpatizantes como Fernando Ortiz, Juan Marinello, Enrique Loynaz del Castillo, Ramiro Guerra y Antonio González Gurquejo. (Memoria, 1925: 26-28) Las palabras finales de Zaldívar fueron para pedir que siguieran "serenas y tranquilas" ante la ignorancia de los hombres que las excluían " (..) no podemos a los seres que hagan gala de aquello que les falta (...) el dique no detiene la corriente que puede derribarlo o que lo salta". (Memoria, 1925: 576)

La euforia sufragista no pudo ir más allá por las rivalidades entre la líder feminista, Pilar Morlón y la sufragista Maria Collado, quienes llegarían a las burlas y ataques personales.

Las asambleas públicas fueron tan turbulentas que provocaron grandes trifulcas, desmayos y escándalos (de la Torriente, 1985: 124) La Junta de Gobierno de la Academia de Ciencias decidió no ceder más sus salones de actos "(...) para evitar ataques histeriformes de damas, como ocurrió cuando el último Congreso de Mujeres, aquí celebrado etc., etc. Era necesario suprimir de una vez y para siempre esas escenas." (CEMCYT, 1923-1925: 127) Este elemento utilizado en contra del Segundo Congreso, como muestra de inmadurez política, queda argumentado por la investigadora española Judith Astelarra, como "la consideración de la conducta masculina como parámetro de la "normalidad política"; (Astelarra, 1990: 6) pero bastaría recordar que tan o más inmaduro resultaba cualquiera de los duelos masculinos que amenizaban la vida de la Cámara de Representantes y el Senado.

El Club Femenino y las delegadas de tres provincias se retiraron del Segundo Congreso ante la presencia de organizaciones religiosas que fueron presentadas como oficiales, para contrarrestar los temas más polémicos, como lo era el reconocimiento de los hijos ilegítimos (Domínguez, 1971: 73-79)

No obstante, este Segundo Congreso permitió la presencia de la mujer negra trabajadora representada por Inocencia Valdés, veterana luchadora del Gremio de Despalilladoras, y la presentación de temas candentes como la condena contra el aumento de la pornografía en anuncios, libros, periódicos y espectáculos.

Para la Presidenta del evento Pilar Morlón, nada de lo sucedido era síntoma de un debilitamiento:

"Indudablemente todas no pensáis de igual modo, pero eso no es un mal. No dais vuestra adhesión a los mismos sistemas, pero tampoco eso es un mal. No es un mal otorgar su preferencia a unos métodos sobre otros. Tanta variedad en el pensamiento es signo de vitalidad y no solo no es malo, es bueno, es útil" (Memoria, 1925: 576)

La vitalidad señalada por Morlón fue la que permitió al sufragio femenino ganar auge en Cuba. Las mujeres representadas en el Congreso, que eran alrededor de doce mil, conocieron, por medio de sus delegadas, de los esfuerzos que realizaban las propias mujeres en aras de una ciudadanía política que les permitiera participar en la esfera pública.

A partir de 1925 durante la etapa machadista, que se extendió hasta 1933, el tema del sufragio femenino dividió sustancialmente a las simpatizantes y opositoras del dictador Machado. El sufragio para las mujeres en Cuba fue aprobado en enero de 1934 (González Pages, 2003).

Bibliografía

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GONZALEZ PAGES, Julio Cesar En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba. Ciudad de la Habana: Editorial Ciencias Sociales, 2003.

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Memoria del Primer Congreso Nacional de Mujeres organizado por la Federación Nacional de Asociaciones Femeninas. La Habana: Imprenta La Universal, 1924.

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RIVERO MUñIZ, José. "La Primera Huelga General Obrera en Cu­ba Republicana" en Islas. Villa Clara: Universidad de Las Villas, 1961, Vol.III., No.3.

ROWBOTHAM, Sheila. La Mujer Ignorada por la Historia. Madrid-Bogotá: Tribuna Feminista, Pluma/ Debate, 1980.

SABAS AlOMA, Mariblanca. "¡Masculinismo! No !Feminismo!".La Habana: Fondo Club Femenino del Centro de Documentación de la Federación de Mujeres de Cuba (CDFMC).

SILVA HERZOG, Jesús. Breve Historia de la Revolución Mexicana. La Habana: Editora Ciencias Sociales, 1969.

Julio César González Pagés

Tomado de Cubaliteraria

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