Es hembra, parece un macho y está feliz porque la llaman "morena"
Lo confieso, a veces siento un poco de desgano, sobre todo cuando ante colegas, profesionales de la psicología, mi discurso feminista es ininteligible.
Sucedió así: durante el último Congreso de la Sociedad Interamericana de Psicología, realizado en la Habana, sesiono un simposio sobre Psicología y Deporte. Desde que tuve en mis manos el programa, señale con asteriscos las páginas exactas. Varias razones: amo el deporte, la gente de Cuba es eminentemente deportista, amé a un atleta, y hasta trabaje en una escuela internacional de educación física. Cuando al tema de la práctica de alto rendimiento unimos el de género, llegamos a tener en nuestras manos una mezcla requete-hiper-mega-supra explosiva…
Primero está toda la cuestión biológica, las diferencias fenotípicas entre hombres y mujeres, que los especialistas en esta materia conocen de sobra y esgrimen segundo a segundo. En mi opinión en ese intento se transcurre el camino inverso, toda vez que se pretende argumentar que diferencias entre hombres y mujeres son diferencias entre machos y hembras; desconociéndose las asignaciones culturales harto mencionadas desde hace ya varias décadas y desde múltiples disciplinas.
Lo otro: el tema puede resultar peliagudo por lo que la práctica del ejercicio físico puede hacer con el cuerpo de las mujeres, la llamada masculinización o tan simple como: “parece un macho”. En tanto las mujeres se muestran fuertes, rápidas, con músculos bien definidos, nada más alejado de lo que en esta isla esperan todos (y casi todas) de los cuerpos femeninos o más bien de mujeres. De aquí de que el cartelito de lesbiana no se lo quita nadie a una mujer que practique softball o football por ejemplo. De ahí que los profes o entrenadores, como dijo una colega en la mesa redonda, “les enfatizan sobre la sensibilidad femenina, la necesidad de maquillaje y lucir como lo que eran: mujeres.”
Una anécdota: mi hija adolescente, hace mas o menos un año, decidió irse a practicar softball con un grupo de amiguitas del colegio, a un centro deportivo para lo cual tenían un profesor de esos cuya labor es hacer masiva la practica deportiva. Pues este señor les dijo que era obligatorio que fueran con las uñas pintadas porque de lo contrario no podían seguir practicando el deporte. El pobre trataba de encontrar el remedio para su ansiedad homofóbica, ni que el amor y el erotismo tuviese que ver con el color del esmalte de uñas.
Pues bien, retomando mis vivencias. Todo se torno aun menos claro cuando les hice mención a mis colegas a como la comentarista deportiva (la única en la televisión nacional) les hizo un reportaje a los jóvenes peloteros que participarían en una competencia mundial, lo hizo al modo masculino, haciendo énfasis de manera similar, de lo bellos, hermoso, fuertes y galantes que estaban los chicos y por tanto de la atracción que supuestamente causaban ellos para las chicas. Lo siento nenas, pero aunque creo (y ejecuto) en el papel activo de nosotras en el enamoramiento, el cortejo amoroso y en conductas tan cotidianas como el decir piropos, destacar la bellaza en unas u otros, de ahí va un tramo a consumir el 25% del tiempo dedicado al reportaje a remarcar la valía de la belleza masculina, además solo para mujeres y por tanto heterosexuales. Al final creo que ni me entendieron lo que pretendía decir. Mal por mí.
Para finalizar, cuando hube de meterme en la cuestión racial, de que como los periodistas deportivos utilizaban epítetos racistas, tal cual “las morenas del caribe”, puesto que nadie se le ocurriría llamar a uno de nuestros mejores trebejistas “el blanco (quito) de Guines, ahí si que enmudecí cuando psicólogas como yo dijeron: “lo orgullosas que se sienten nuestras voleibolistas de ser llamadas así, a ella les encanta”. En ese instante recordé a los esclavos que posterior a la abolición de su condición social se pusieron los apellidos de sus amos.
Ese día cuando salí de la sala de exposición, y al demandarme mi amiga Norma que tal había estado el simposio de Psicología y Deporte, solo pude decirle: “están perdidas o yo lo estoy aun más”.

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Sabés? En Cuba siempre me impresionó el terrible machismo imperante, con todo y lo de la \"Revolución\".
Porque en Costa Rica, yo siempre he sentido menos machismo, no es que no hay, pero hay menos.
Yo siempre he sido una mujer digamos de gustos \"femenimos\", lazos, vuelos, encajes, vestidos...nunca me sentí \"marimacha\", pero en Cuba, varias personas me preguntaron con suspicacia...( tenía yo apenas 18 o 19 años) ¿ y por qué una señorita tan bonita no se pinta las uñas?
De repente me sentí masculina, con todo y me falda de vuelos y mis aretitos y sandalias blancas con adornos de flores...
Hay mucho estereotipo por allá...
Julia | 29-11-2006 - 20:37:00 GMT 0 #
Pues fijate tu, tu comentario me esta haciendo pensar en escribir algo sobre ello.
negracubana | 01-12-2006 - 10:03:00 GMT 0 #
que a mi esto del machismo me da naúsea!
abrazos femeninos y con espalda ancha desde mi cheqa...
cheqa | 03-12-2006 - 16:41:00 GMT 0 #
negracubana | 08-12-2006 - 09:28:00 GMT 0 #
candela | 12-12-2006 - 04:44:00 GMT 0 #
cancio | 12-12-2006 - 04:55:00 GMT 0 #
negracubana | 12-12-2006 - 09:42:00 GMT 0 #