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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

28/11/2006 GMT 0

Una semana con Pedro Lemebel

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Concluye el paso de Pedro Lemebel por la Casa de las Américas

La presentación de la novela Tengo miedo torero, un homenaje de Pedro Lemebel a la líder de la izquierda chilena Gladys Marín y nuevos acercamientos teóricos a la obra del escritor y artista visual chileno, pusieron punto final a la Semana de Autor que la Casa de las Américas dedicó este año al creador de varios libros de crónicas que lo han convertido en una de las voces más vitales y polémicas en el panorama literario de su país y del continente.

Al presentar Tengo miedo torero —que marca el encuentro de los lectores cubanos con su obra—, Lemebel contó que esta, su primera y única novela hasta ahora, resultó de unas veinte páginas escritas en los ‘80 y guardadas por varios años, que recuperó y continuó como un ejercicio de creación y reafirmación del oficio de escribir, para demostrar al mundo literario que podía ir más allá de la crónica. Abundando sobre la versión para el teatro y las intenciones de una cinematográfica, confesó que la escribió pensando que podría ser llevada al cine.

“La novela es como un paréntesis en mi escritura”, dijo, agregando que simplemente salió y no sabe si pueda suceder otra vez, aunque está tratando de retomar el género. A la vez, insistió en su apuesta por la crónica al señalar que Tengo miedo torero puede ser vista, también, como una crónica extensa.

Lemebel, que dijo sentirse en Cuba como en familia y destacó la coincidencia de esta Semana de Autor con su cumpleaños, leyó un fragmento de la novela —el cumpleaños de Carlos—, teniendo como fondo la música original para la obra de teatro. En otro momento, rindió tributo a Gladys Marín, fallecida en marzo de 2005 y con quien mantuvo una estrecha relación que le llevó a apoyarla decididamente en su candidatura presidencial por la izquierda chilena a fines de la pasada década.

El homenaje incluyó también la proyección de fotos en que aparecía junto a la luchadora en distintas ocasiones, en calles, manifestaciones o actos públicos. A propósito, siguiendo la tradición de estos días de la Semana de Autor durante los cuales leyó sus crónicas al final de cada jornada, ofreció en esta ocasión el texto en que recuerda su visita al Teatro Municipal de Santiago junto a Gladys Marín para asistir a La Traviata, invitados por el sindicato de artistas.

Minutos antes, en un panel que reunió a Roberto Zurbano, director del Fondo Editorial de la Casa de las Américas, y a Luis Cárcamo Huechante, profesor de la Universidad de Harvard, se señaló la significación de la escritura de Lemebel como parte de la irrupción con fuerza de nuevos sujetos históricos y temas en el terreno político, teniendo en el centro de sus elaboraciones estéticas, políticas y sociales el desgarro de su condición homosexual.

“Lemebel no es el primero en América Latina que ha levantado su voz y ha problematizado en su obra la condición homosexual, pero sí es de los pioneros en convertir su cuerpo y su historia en sustancia de su trabajo”, indicó Zurbano, que subrayó la evidente marca política en sus proyecciones publicas, artísticas y literarias, su apego a la cultura popular y a la oralidad y su preocupación profunda por el grupo social que intenta reivindicar, el cual se extiende más allá de las categorías de diferencia sexual apuntando a otras formas de exclusión y discriminación.
Con sus crónicas, este “optimista crítico, revolucionario escéptico y otras veces maldito” es parte de los periodistas que en América Latina han aportado nueva sustancia al oficio, afirmó el director del Fondo Editorial Casa. Su obra, además, denuncia la homofobia, la re-marginalización y los modos de criminalización de la homosexualidad, sobre todo a partir de la epidemia del SIDA y con el crecimiento de un mercado sexual homo erótico que más bien apunta a otros fenómenos sociales en el seno de nuestras sociedades.

En la jornada anterior, el panel conformado por el crítico y escritor cubano Norge Espinosa, Jorge Ruffinelli (Universidad de Stanford) y Fernando Blanco (Universidad de Ohio), abordó temas claves de cara a la obra de Lemebel como la situación de los homosexuales en Chile durante las últimas décadas, sus expresiones en el terreno del arte y sus acciones para defender sus derechos; la dimensión subversiva y literaria de su escritura, y su importancia en el panorama chileno actual, así como su continuidad y puntos de contacto dentro de una tradición que incluye textos como El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, y El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz.

Ruffinelli, tras ofrecer una panorámica del contexto nacional en que surgió y se desarrolló el colectivo artístico Yeguas del Apocalipsis, afirmó que sus acciones transgresoras dieron sentido de existencia al dúo formado por Lemebel y Francisco Casas, el cual, agregó, es hoy un hito histórico en un país aún en transición, cuyo esquema económico sigue siendo el producido en la dictadura y donde emerge una nueva ciudadanía.

Más adelante, el académico se refirió al significado de Lemebel tanto en el universo de las letras como en su más inmediata connotación crítica dentro de la sociedad chilena actual. “Lemebel ha sido vital en la variación de nuestra visión de Chile; es un performance que se expresa en su cuerpo, su voz y su escritura. Sus crónicas no sólo valen por su contenido, su actitud social, sexual y política, sino por su ritmo, su cadencia, el dominio del idioma que hay en ellas”.

“Si queremos conocer a Lemebel no es preciso acercarnos a la persona, basta leer sus crónicas”, consideró. “En todo lo que escribe, Lemebel es Lemebel. Escribe con sus tripas, su corazón, su cabeza, con todo. No es un mero ‘opinólogo’, y hay en él muchas voces. Por eso es una trampa leerlo sólo desde la perspectiva de los estudios sexuales o de los estudios gay, pues sería colocar su literatura en lo que él mismo llama el ghetto gay. Es necesario leerlo también desde la perspectiva de la literatura en sí misma, algo que no abunda hoy”, dijo Ruffinelli.

Tengo miedo torero, publicada en 2001, es ya un texto cardinal en la literatura chilena de los últimos años. Polifónica, de discursos múltiples y con punto de partida en la historia real del país, no queda en novela política y deviene historia de amor. Entre sus lecturas, resalta aquella de que el heroísmo no es exclusivo de la heterosexualidad, y que es posible la congruencia entre el mundo de la diferencia sexual y el de la revolución.

Al abordar la temática de la novela, Norge Espinosa la colocó junto a El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, y El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz, como textos protagonizados por hombres de diferentes voluntades eróticas que se encuentran y desencuentran, centrando historias intensamente afincadas en las realidades nacionales que les rodean: la Argentina de la dictadura, la Cuba de los años ’70 y el Chile bajo el régimen de Pinochet. “Molina, Diego y la Loca del Frente son en sí mismos personajes en revolución”, comentó.

Entre otras aristas, Fernando Blanco destacó la importancia del discurso de Lemebel para desentrañar las contradicciones del neoliberalismo implantado en Chile, la voz que ganan en su escritura los discriminados y excluidos, la importancia que concede el escritor a la cultural oral y la documentación histórica que implica su ejercicio al construir nuevas subjetividades con una mirada crítica de su entorno.

La Semana de Autor cumplió nuevamente su principal objetivo: acercar al público cubano escritores que sobresalen en el concierto literario continental. Durante estas jornadas, un numeroso auditorio tuvo la oportunidad de conocer y contextualizar la obra de Lemebel, apreciar su originalidad y su relación con el campo político y social chileno, acercarse a su creación desde las perspectivas de los estudios sexuales o literarios…

Esta vez, desde su literatura de los márgenes, con su extensa y diversa galería de personajes, su escritura y su ser irreverentes e insobornables; carismático y excéntrico, polémico y excesivo, pero sobre todo veraz y comprometido con su vida y con su arte, Pedro Lemebel dejó el buen sabor de sus verdades y sus crónicas, que seguramente desde ahora serán más buscadas por los cubanos tanto como serán bien recibidos otros de sus libros en la Isla.

Tomado de La Ventana

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