Los otros hablan desde el espejo

Abel Sierra Madero, laureado en ensayo histórico-social, a sus 29 años de edad, fue el más joven ganador de la pasada edición de los premios Casa de las Américas 2006. Su texto Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana realiza, según el jurado del prestigioso galardón iberoamericano, un "análisis minucioso del ambiente homoerótico cubano que no le impide examinar diversas políticas de género sobre lo masculino y lo femenino normalizado, e introducir reflexiones que puedan iluminar otro tipo de políticas de identidad."
Con ese gancho de lo deseado-reprimido, su obra seduce por la atrevida y profunda puesta en desnudo de espacios que históricamente han sido mutilados o mal articulados en Cuba, y que emiten su alegato desde este espejo en el que su autor nos invita a mirar y encontrarnos todos.
Para el Licenciado en Historia en la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, miembro de la UNEAC e investigador de la Fundación Fernando Ortiz; el Premio Casa, entre otras cosas, "es un estímulo no solo para mí, sino para Cuba, para mi generación que está imbuida en la desidia, en cruzar orillas, desanimada. Para los jóvenes decididos, pese a todas las carencias y dificultades, a hacer historia en esta Isla."
Antes, en el 2001, había recibido el premio Pinos Nuevos de Ciencias Sociales con el ensayo La nación sexuada. Relaciones de género y sexo en Cuba en la primera mitad del siglo XIX, y en la misma categoría, en el 2003, el Razón de Ser que otorga la Fundación Alejo Carpentier por Las relaciones de género y sexo durante las guerras de independencia en Cuba; entre otros estudios (La policía del sexo. La homofobia en Cuba en el siglo XIX; Sexualidades disidentes en el siglo XIX), que marcan una época de exploración continua y resultados novedosos sobre la diversidad sexual en la Isla.
Abel, ¿por qué has encaminado gran parte de tu labor investigativa al estudio de la diversidad sexual como fenómeno social?
―Desde mis primeros acercamientos a la Historia pude percibir, dentro de la vastísima producción historiográfica cubana, la presencia de círculos temáticos que habían tenido en el tiempo una determinada coherencia u organicidad en torno a fenómenos como los procesos de formación de la nacionalidad cubana, la plantación esclavista, el azúcar, las Guerras de Independencia, los movimientos sociales, el post-coloniaje estadounidense, entre otros; pero me percaté de que existían, digamos, algunas zonas de silencio.
Uno de esos vacíos era y sigue siendo el tema de la sexualidad, al que he dedicado los últimos años. Las fuentes históricas y la metódica que utilizo en la escritura de mis ensayos, no las inventé yo, por supuesto. Son las mismas sobre las que ha trabajado la historiografía cubana, sólo que las he leído desde otra perspectiva.
La sistematización de esas fuentes, la consulta de documentos de archivo, me hizo dialogar con muchos personajes que me enseñaron a pensar la nacionalidad cubana desde otro enfoque. Me revelaron que esa abstracción imaginaria y a la vez tangible que llamamos "nación", se ha articulado y sustentado en contraste, desconocimiento, negación o diferencia respecto de otros ―ya no foráneos y colonizadores, sino autóctonos―, los otros sexuales; lo que trato conscientemente de subvertir. En ese sentido he tenido no sólo un compromiso con la Historia, sino con la realidad social contemporánea.
Del otro lado del espejo… viene a saldar deudas teóricas de trabajo y con documentos que se quedaron fuera de mi anterior libro La nación sexuada. Es una especie de superposición entre pasado y presente, para analizar cómo se confabulan ambos en el tiempo. Está escrito en códigos simples, pensado para diferentes tipos de lectores, sin distinciones de oficios, cultura o generación.
¿Cómo está construido el libro?
―El texto tiene dos partes: "Los silencios de la Historia" y "El presente histórico". Está concebido en dos dimensiones espacio-temporales, dentro de la inmediatez histórica que se ha llamado Historia Inmediata. Tiene una primera parte donde se analizan procesos de larga duración; y va desde finales del siglo XVIII hasta la contemporaneidad.
Trata de hacer una reconstrucción de los discursos que han ido conformando la nación y sus otros sexuales. Cómo esa nación se ha reafirmado y articulado mediante la exclusión y discriminación de esa otredad para crear un heterosexismo, una heterosexualidad nacional con todos sus mitos, sus estructuras jurídicas, laborales, domésticas, sociales y culturales.
¿Por qué Del otro lado del espejo?
―Es invitando al lector a la reflexión, a ubicarse en la piel del otro, a atravesar ese azogue cultural para observar y pensar la realidad social desde otra perspectiva, con una mirada más desenfadada, menos prejuiciada, no tolerante, sino de verdadera aceptación de la diversidad sexual.
Entre otras cosas, ¿qué propones con este libro?
―Ir contra el silencio, contra nuestra auto-negación. Está realizado con la ilusión de que nuestros hijos crezcan imaginando un mundo con géneros diversos, no previsibles, sin etiquetas, como el color de la piel o las preferencias sexuales.
¿Qué experiencias tuviste en la conformación de lo que sería Del otro lado del espejo?
―A mí el proceso de investigación me resulta más interesante que la propia obra acabada. La gente que conocí fue determinante en la factura de este texto, los que me regalaron trozos de sus vidas y permitieron que me insertara en sus dinámicas, en su intimidad y cotidianidad, en sus redes de relación, me enseñaron muchísimas cosas, una de ellas, la más importante, a luchar contra mis propios prejuicios.
El epílogo tiene algo así como una oda a los personajes que me han ayudado en su conformación, que en realidad no es mío. Yo soy un exorcista.
A partir de los análisis epocales que realizas en tu texto, ¿cuáles etapas consideras fueron las que mayormente marcaron la diferencia? ¿Cómo es su estado actual y que tal se asoma el futuro?
―Evidentemente en todas las épocas históricas los procesos de regulación socio-sexual no han sido iguales respecto de la construcción de esos otros sexuales.
El siglo XIX, por lo que me cuentan los personajes que descifro en legajos de archivos y artículos de prensa, tiene que haber sido muy difícil en ese sentido. Las historias son muy conmovedoras. Este marcó el inicio de los discursos de la medicina, que se estableció como un nuevo ministerio; asimismo la psiquiatría, las ciencias penales, entre otras disciplinas que construyeron esa otredad sexual atravesada por el estigma de la enfermedad, la locura y la delincuencia.
Ahora, ¿cambios...? No los percibo tangiblemente. Ha sido un problema histórico-cíclico el tema de la otredad sexual no sólo en Cuba, sino en Occidente. ¿Cómo veo el futuro? No me animo a ser categórico sobre esa cuestión. Hay gente en Cuba que está haciendo cosas para que haya una apertura, una especie de descongelación de determinados tópicos; eso es muy importante. Sin embargo, el debate y las negociaciones culturales todavía están permeadas de esa carga médico-patológica que sigue acentuando la condición enfermiza y devaluada de estas personas.
Hablemos de la "homofobia" o discriminación hacia los otros sexuales como concepto.
―En el campo cultural, existe un orden genérico-sexual en el que se han construido en el tiempo criterios acerca de la "normalidad" y la "anormalidad". Al mismo tiempo se crea una maquinaria de saber-poder que opera como representación hegemónica, delimitando y organizando la existencia sexual de los sujetos. La forma más obvia o más visible de su ejercicio es la censura, la vigilancia y la sanción normalizadora. Este proceso se sedimenta en la ideología heterosexista, que promueve la superioridad de la heterosexualidad y su derecho a ser impuesta, mediante relaciones de poder. Esto se conoce ciertamente como homofobia.
Muchos teóricos de la sexualidad la han conceptualizado como aquellas acciones culturales que buscan nominar y suprimir a los sujetos que se escapan del modelo heterosexual, a la supresión de esa diferencia y al esclarecimiento de roles de género-sexo, también como una especie de miedo.
Ese es realmente un término muy difundido. Sin embargo, la noción de heteronormatividad esbozada por Michael Warner, me parece mucho más abarcadora que el concepto de homofobia. La heteronormatividad da cuenta de cómo se construye institucionalmente la "normalidad" analogada a la heterosexualidad en una relación constitutiva. Así, más que el temor a lo homosexual, a lo raro, a lo ambiguo, lo que predomina es la obsesión social de contener tales expresiones, distanciarlas y confinarlas a la otredad.
¿Qué impacto crees tendrá tu libro en nuestra sociedad? Lo que llamaríamos el reflejo del espejo.
―No me animo a especular o a vaticinar nada al respecto. Prefiero continuar expectante hasta que él recorra el camino que la misma vida le trace.
Sí tengo la ilusión de que influya en las Ciencias Sociales en Cuba, muchas veces de espaldas a la realidad que nos circunda; saturadas de abstracciones, eufemismos, términos y conceptos, cómplices del poder y las etiquetas. Si puede contribuir a que la academia se responsabilice más con las realidades y los temas que estudia, entonces habrá valido la pena.
Adonis Sánchez Cervera

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Julia | 11-11-2006 - 22:34:00 GMT 0 #
hace ya algún tiempo intento localizar a Abel Sierra. Estoy preparando un volumen monográfico que versa sobre la homosexualidad y su representación en la cultura cubana.
agradecería me facilitan un modo de contacto.
saludos,
andres isaac santana
artnexus73@yahoo.es
Andrés Isaac Santana | 22-05-2007 - 09:05:00 GMT 0 #