Cuba y el boom de libros escritos por mujeres
El caso de Cuba parece dar cuenta de un fenómeno que atraviesa a la literatura del mundo: el éxito editorial de los libros de autoras femeninas. En la isla, las escritoras crecieron en número y en cantidad de premios logrados. Sus narraciones cuestionan los relatos donde las mujeres aparecían relegadas a atender enfermos o servir en campamentos, aunque habían participado de los combates. El auge existe pero ¿es una moda o una verdadera apuesta de género? Las autoras lo responden.
El éxito editorial acompaña en la actualidad a las narradoras y los libros de autoría femenina se reafirman en las editoriales del munedo. Este boom también se ha hecho sentir en Cuba y los nombres de las escritoras de esta isla no solamente han crecido, sino que han colmado los espacios destinados a premios de valía.
Sin embargo, cuando se habla de la historia literaria cubana, de autores y obras paradigmáticas, encontramos que la voz masculina ha marcado el canon en la narrativa de este país.
Para la ensayista Zaida Capote Cruz, doctora en Ciencias Filológicas, las causas pueden haber sido muchas. La especialista en Estudios de la Mujer por el Colegio de México sostiene que se trata de motivos históricos, "porque el lugar de la mujer en la sociedad cubana siempre ha estado por detrás de los hombres".
Y añade: "Cuando se escribe la historia de nuestras guerras de independencia, el lugar de ellas siempre está en el cuidado de los enfermos, en el campamento, aunque hayan participado en combates. Siempre se mencionan como la madre o la mujer de alguien, y entonces se dejan de lado".
Capote explica que con la historia literaria ha sucedido lo mismo. "Salvo algunas que se han destacado muchísimo, como Gertrudis Gómez de Avellaneda, y después Dora Alonso, así como en pequeños hitos, el resto de las mujeres eran parte de un fenómeno que estaba al margen de lo que se consideraba buena literatura".
Gómez de Avellaneda fue una escritora del siglo XIX, autora de poesías, ensayos, novelas y obras de teatro. En tanto, Dora Alonso cultivó varios géneros en época reciente, en especial dentro de la literatura infantil, y mereció el premio Casa de las Américas, en 1961, con la novela Tierra Inerme.
Por supuesto que esta realidad ha estado determinada también por quién impone los modos de lectura de las obras literarias, por "cómo se educa a los lectores, cómo se crea el gusto literario y, casi siempre, los textos de mujeres no son modélicos, no se ajustan al modo dominante de escribir, entonces van quedando fuera también por esa razón", precisa la ensayista.
La década del sesenta... ¿marginación?
Zaida, quien obtuviera recientemente el premio de ensayo Alejo Carpentier con su libro Contra el silencio, que aborda la obra de la escritora cubana Dulce María Loynaz, premio Cervantes de Literatura, ha estudiado el fenómeno de la cuentística femenina cubana en la década del sesenta.
Las narradoras de esa generación no tenían un compromiso evidente. Es una época privilegiada por los llamados "años duros" o "años del nacionalismo épico", dominados por la escritura masculina. Entonces ellas optaron por una literatura más desasida de la realidad.
"Normalmente, las mujeres han tenido más contacto al escribir con los relatos fantásticos; creo que tiene que ver con que ese espacio no estaba tan dominado por los hombres y es secundario a la hora de valorar los grandes relatos históricos nacionales", explica a SEMlac.
Al privilegiarse en esos años la literatura realista, ellas quedaron al margen. "Fue una coincidencia que se dio en los sesenta, que tuvo consecuencias históricas muy serias para las escritoras, porque fueron olvidadas, echadas a un lado y algunas pagaron incluso con años de silencio. Muchas de ellas se callaron y nunca volvieron a escribir o publicar. Se retiraron del mundo público y volvieron luego, muchos años después", insiste Capote.
Autoras como María Elena Llana, con su libro La Reja (1965) o Esther Díaz Llanillo con El Castigo (1966) son ejemplos de las que se mantuvieron alejadas del mundo editorial. En la presentación del libro Cuentos antes y después del sueño, Díaz Llanillo confesaba que había dejado de escribir "porque el tipo de escritura que hacía entonces no se avenía a los modelos por los que la crítica, salvo contadas excepciones, mostraba interés".
Las décadas de los 80 y 90... las causas
Críticos y especialistas reconocen que, desde finales de los ochenta y principios de los noventa, ha habido un florecimiento en la narrativa femenina cubana.
La académica cubana Luisa Campuzano, autora del libro de ensayos Las muchachas de La Habana no tienen temor de Dios... Escritoras cubanas (XVIII - XXI) ha escrito sobre la década del noventa: "mientras el país experimentaba una drástica contracción económica que repercutía en todas las esferas de la vida, se ha producido una eclosión de libros de cuentos y novelas de mujeres que es una de las marcas de la literatura cubana de hoy".
Zaida Capote piensa, por su parte, que hay condiciones reales de la situación de la mujer que han cambiado y ejercen una influencia. "Las que vivimos hoy en la sociedad cubana probablemente seamos más conscientes de nuestros derechos. Además, el tema de las luchas sociales por los derechos civiles y el feminismo de los años setenta también ayudaron a cambiar el panorama histórico mundial".
Sin embargo, aclara que en Cuba, el feminismo es como un terreno medio pantanoso, en el que nadie quiere meter un pie, y las escritoras niegan ser feministas. "Es muy difícil que encuentres a una escritora cubana contemporánea que se diga feminista, a pesar de que puedes leer un texto suyo y decir: aquí encuentro una idea que puede servir a un ideario feminista. En estos momentos, no recuerdo a nadie que se declare feminista", comenta la ensayista.
Pero, el fenómeno de la literatura hecha por mujeres también pareciera estar de moda. "Pienso que se trata de una cuestión comercial en el mundo. No sé en Cuba, pero quizás las editoriales les estén prestando más atención a los libros de mujeres porque se venden muy bien. Hay que reconocer que la literatura escrita por ellas tiene bastante público, sobre todo porque creció muchísimo el público lector femenino".
Los temas, las autoras...
En la narrativa de los noventa en Cuba hay mucha diversidad entre todos los autores, mujeres y hombres. Es muy difícil hablar de una escuela, un estilo o de un grupo, pues cada cual tiene una personalidad muy bien definida, sin mucho contacto con el resto.
"Podríamos reunir narraciones de mujeres por el hecho de que lo sean y de que escriban en esta época, pero no tienen mucho en común", explica la ensayista. "Por ejemplo, Mirta Yáñez y Marilyn Bobes, que provienen de la década del ochenta: la primera sigue escribiendo sus cuentos humorísticos con cierta carga de lo cotidiano y la segunda lo hace mucho más sobre temas cotidianos también y que afectan a las mujeres".
Otro caso es el de Laidi Fernández de Juan, ganadora del premio Casa de las Américas, quien aborda asuntos concernientes a la cotidianeidad y que tienen mucho que ver con ser mujer en un contexto doméstico, pero también en el ámbito social. En tanto, Mylene Fernández, premio Italo Calvino por su novela Otras Plegarias Atendidas (2002), "posee una ironía devastadora y emplea elementos del crecimiento de la mujer para cuestionar temas sociales más amplios", comenta Capote.
Una de las más galardonadas en concursos nacionales e internacionales es Ena Lucía Portela. Entre otros reconocimientos, posee el premio Juan Rulfo de cuento de Radio Francia Internacional, por El viejo, El asesino y yo (1999), además del premio Jaén de novela (2002) con La sombra del caminante. "Sus personajes son muy críticos de la realidad y, al mismo tiempo, su identidad sexual es muy indefinida en algunos casos", precisa Zaida.
Por ejemplo, en El pájaro: pincel y tinta china, otro de sus libros, hay modelos diferentes de mujer. También en Cien botellas en una pared aparece la escritora, la intelectual que quiere tener un futuro, la sumisa que sólo está esperando la señal de un hombre para vivir", explica.
La marca textual femenina...
Para muchos teóricos, existe la convicción de que la escritura tiene sexo. Sin embargo, la propia Ena Lucía Portela ha declarado que el hecho de ser mujer no significa nada para ella con respecto a lo que escribe.
Sobre el tema, Zaida tiene sus propias consideraciones: "Pienso que no existe una marca femenina y me gusta leer los textos de mujeres como obras de mujeres, en su contexto histórico sobre todo".
Para esta especialista, hay preguntas necesarias que replantean el análisis de la llamada literatura femenina: "¿Qué significa ser mujer en ese momento?, ¿qué elementos usa esa mujer para adentrarse y contestar al canon?, ¿cuáles son sus estrategias? Pero, al hablar de una huella textual, siempre tengo mis dudas, a menos que aclares que estás hablando de literatura femenina como escritura de mujeres y hagas esa delimitación por razones metodológicas."
Y más adelante reflexiona, desde su posición de ensayista-mujer: "No se puede inventar desde la crítica algo que no existe. No se pueden pedir peras al olmo. Hay que tratar con la producción que está hecha. Se supone que, al señalar coincidencias o divergencias entre autoras, esto pueda acicatear una u otra dirección de su obra posterior, pero eso queda a la elección de cada cual".
La narrativa femenina ha evidenciado, en la última década, un viraje incuestionable. Amén del sentido de pertenencia o no de las escritoras, se han producido cambios ideotemáticos que reconocen a la mujer en la palabra escrita. De la historia y la épica colectiva se pasa al mundo de lo privado, de lo personal, y en esa relación entre lo privado y lo público se resuelven muchas de las historias contadas con el espíritu de las mujeres.
Danae C. Diéguez.
Publicado en Artemisa Noticias

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Hola, me encanta la literatura cubana, estoy a punto de iniciar mi doctorado en letras, ojalá podamos escribirnos.
andrea balanzario gutiérrez | 13-03-2009 - 13:47:31 GMT 0 #