A partir de lo anterior, podemos notar el lenguaje elíptico y metafórico propio del cine negro, perceptible en Havana desde el mismo comienzo de la cinta.
El diálogo que allí se establece, entre las cartas que caen (o son lanzadas) y las imágenes de la ciudad y del país (calles habaneras, un cañaveral, la represión policial contra jóvenes), nos da cuenta de ello. Lo meramente verbal también se impone cuando una voz en off resalta que aún es posible vivir la vida en el Prado habanero (amen, digo yo, del contexto sociopolítico), como si su sola existencia fuese una condición suficiente para ello.
La utilización del juego de cartas puede ser enmarcado también dentro del “fetichismo objetual” que destaca Rufo Caballero , como marca del azar, de un futuro incierto que de antemano nos contextualiza la historia, nos vislumbra los futuros caminos que recorra la narración más tardíamente.
Fijémonos en una cosa más, el juego, ahora no como objeto sino como acontecimiento o espectáculo, es el móvil que hace al protagonista Jack Weil, hombre extranjero en busca de fortuna, arribar a la Habana una y otra vez, como él mismo sugiere. El póker también marcará lo que sucederá próximamente en la historia y dialogará todo el tiempo con su historia personal, marcando también el tempo de esta última. Para colmo, su meta de tener en La Habana una importante partida es pospuesta (y más que eso irrealizada, él no llega a tiempo a la mesa) en virtud de la resolución del conflicto que en el área personal se le presenta, y que llega a los confines políticos.
La propuesta que nos hace Havana sobre la relación entre el juego y la política, es sagazmente planteada en el primer encuentro entre los dos personajes masculinos, un gringo jugador, y un médico militante, dos maneras diferentes de ser hombres pero que convergen en la tenencia a priori del poder, ya que tanto el juego como la lucha política son espacios de poder para los hombres. El hecho de querer dominar, en cualquiera de los dos terrenos, es un contenido perteneciente a la masculinidad hegemónica que es compartido por ambos personajes. Sin embargo, el rol de jugador difiere un toque del hombre político, en tanto el primero está preparado para perder pequeñas batallas y así arribar a la victoria final (estrategia medio-fin le llamamos en psicología), sin embargo el político quiere vencer a toda costa sin hacer concesiones.
Ahora bien, recordemos que la relación amorosa que se estableciera entre Weil y Mimi, se convierte en el obstáculo para que el primero obtenga lo que vino a buscar a la Habana, a tal punto que termina enrolado en otros acontecimientos, que al decir de él, nada tienen que ver con su vida, ni con ella tampoco, porque los dos son “extranjeros”, o para decirlo de mejor modo ‘no son cubanos”. Ella lo perturba, lo molesta, le hace perder el móvil de su presencia en La Habana. Aquel encuentro que se produjo en el barco, (propiciado por ella, lo que incrementa la culpabilidad femenina) reorientaría su destino habanero, no sería suficiente entonces su motivación primigenia de querer venir a jugar, otro juego le quedaría planteado.
Además, ella es una mujer que aunque es un estorbo (papel dedicado a las mujeres de manera frecuente en la cinematografía universal) es el personaje más “conveniente” en tanto su condición de extranjera-casada-con-un-cubano le permite, a pesar de ser cuestionada su cubanidad, participar activamente en la realidad político-social de los años anteriores a la Revolución, lo cual muestra su carácter transgresor: “en el "cine negro", las mujeres ocupan una posición central en el desarrollo de la historia, donde son representadas más allá de su rol familiar.” No obstante, es culpabilizada y consecuentemente torturada, no solo en el texto sino también simbólicamente.
Recordemos además que el “campo de batalla” de los dos personajes masculinos es una mujer, su cuerpo, el amor de ella, particular terreno de disputa entre los hombres. Al final el jugador cede (tal lo esperado para su rol) para que la chica continué su relación de pareja con el esposo. El primero no solo se hace a un lado, sino que en su condición de héroe, arriesga su vida y su meta con tal de que la protagonista retorne a su vida anterior. El hecho de que él reviva, cada vez que va a Cayo Hueso, el deseo que tenerla supone, nos podría hablar de la eventualidad de la pérdida, lo que define su papel de jugador en si mismo, quién sabe si al final alcanzará la victoria.
La idea expresada en la película de que “la guerra estimula las apuestas”, podría estar mostrando la relación múltiple que se establece entre la situación social (la lucha) y la particular (el juego). Primero, muestra cierto irrespeto por el contexto político-social, adjudicándole un grado de futilidad y volubilidad; quizás haciendo referencia a las condiciones sociales de aquel entonces que propiciaban el desorden, la ilegalidad, el resquebrajamiento de las normas.
Diversas referencias a la violencia, que como conocemos que es una de los principales estamentos del cine negro, emanan como consecuencia del enfrentamiento entre el pueblo y el gobierno, lo cual es posible advertir desde la misma presentación de la película. Otras escenas, como las torturas a las que es sometida la protagonista; la que podemos inferir por la presencia de la joven que yace muerta sobre una camilla, y que podemos reconocer como anterior victima de martirio, son elementos importantes a considerar en Havana como una película que muestra, recrea, y nos da pauta para imaginar la violencia. Del mismo modo, podemos constatar en el final del filme que con la victoria del pueblo, y la anterior terminación de la guerra, se da paso a la violencia extrema, en El Lido la gente entra de manera desaforada, sin contención ninguna, destruyendo todo lo que se encuentra a su paso.
Por otro lado, la criminalidad en Havana, podría ser identificada por las actividades clandestinas que realizan Mimi, Roberto su esposo y unos cuantos jóvenes más. La referencia original viene dada por la petición de colaboración que ella le realizase a Weil (a pesar de que se exprese en términos de negociación comercial) para entrar “algo” a la isla, que resulta ser un radiotransmisor, que luego veremos que es utilizado por los “rebeldes”. No obstante, existe otro contenido que me llama la atención y que podría funcionar también como un elemento “criminalizante” de la historia y es el pacto que establecen el dueño del casino y el protagonista, aquel 10% que los hace cómplice, y que obliga al primero a planificar aquella partida que, como sabemos, es el motivo fundamental de la presencia del gringo en la Habana.
La intertextualidad con Our man in Habana (Carol Reed, 1959) se muestra en la categorías de seres humanos, los comprables y los que no, que esta vez Jack Weil pone en su voz. Del mismo modo, la corrupción, otro elemento recurrente en le film noir, es representado en los agentes de la SIM. Ellos son corrompibles, la vía por la que Jack logra sacar a la joven de la cárcel es muestra de ello. De cualquier manera, las primeras referencias aparecen muy tempranamente en el filme, conformadas por el evento que sucede en el barco, a raíz de la importación de un arma, y lo acaecido en la bahía cuando quien tiene que revisar el auto se aprovecha de la situación para hacerse de determinados “regalos”. Las anteriores afirmaciones podrían ser entendidas como expresiones variadas de una idea recurrente a lo largo del filme: “Cuba y l@s cuban@s son comprables”.
Por otra parte, la narración concibe a una Habana como ciudad inventada por los americanos, que puede ser cerrada (tal cual un casino), como diría uno de los personajes de la película. Ella es un ensayo, y si no puede ser controla por el gobierno imperante deberá ser mudada a cualquier otra ciudad del Caribe a pesar de ser “La perla de las Antillas”. La Habana es mujer y como tal está disponible a las decisiones de los hombres, si uno de ellos no tiene la virilidad necesaria para someterla (el gobierno), en su lugar el otro puede hacerlo (los gringos que dirigen el divertimento).
Para culminar una breve nota sobre la música utilizada en el filme, que recorre varias expresiones como la guaracha, el son y la rumba, esta última se escucha justo en las escenas eróticas y en las actividades de los rebeldes, ¿puede ser esto entendido como una alusión a la correspondencia de ambas acciones?
La Habana, 22 de mayo 2008.