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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Negras con pespuntes de erudicción

12/11/2009 GMT 0

FORO: Cuestiones raciales en Cuba

negracubana @ 23:13

El Grupo de Reflexión y Solidaridad "oscar a. Romero" le invita a su espacio del "foro permanente" que esta vez trataré el tema "Cuestiones raciales en Cuba"

Ponentes: Gisela Arandia (Centro Juan Marinello), María Iileana Faguaga (CEHILA-Cuba) y Luis Carlos Marrero (OAR)

Fecha: 18 de noviembre 2009
Lugar: Catedral Episcopal de la Santísima Trinidad
6 entre 11 y 13. Vedado
Hora: 4:00 pm

28/07/2009 GMT 0

SUELI CARNEIRO: Ennegrecer al feminismo

negracubana @ 14:04
Un texto antológico para las Negras con pespuntes de erudicción...

Por Sueli Carneiro

Sueli Carneiro

Son suficientemente conocidas las condiciones históricas en las Américas que contribuyeron a la cosificación de los negros en general y de las mujeres negras en particular. Sabemos también que en toda situación de conquista y dominación, la apropiación sexual de las mujeres del grupo derrotado es un momento emblemático de afirmación de superioridad del vencedor.

En Brasil y en América Latina la violación colonial perpetrada por los señores blancos a mujeres negras e indígenas y la mezcla resultante es el origen de todas las construcciones de nuestra identidad nacional, estructurando el decantado mito de la democracia racial latinoamericana que en Brasil llegó hasta sus últimas consecuencias. Esa violencia sexual colonial es también el cimiento de todas las jerarquías de género y raza presentes en nuestras sociedades configurando aquello que Angela Gilliam define como “la gran teoría del esperma en la formación nacional” a través de la cual, y siguiendo a Gilliam:

1. “el papel de la mujer negra es rechazado en la formación de la cultura nacional;

2. la desigualdad entre hombre y mujer es erotizada;

3. y la violencia sexual contra las mujeres negras ha sido convertida en un romance”.

Lo que podría ser considerado historias o reminiscencias del período colonial permanecen, sin embargo, vivas en el imaginario social y adquieren nuevos ropajes y funciones en un orden social, supuestamente democrático, que mantiene intactas las relaciones de género, según el color o “raza” instituidos en el periodo esclavista. Las mujeres negras tuvieron una experiencia histórica diferenciada, que el discurso clásico sobre la opresión de la mujer no ha recogido. Así como tampoco ha dado cuenta de la diferencia cualitativa que el efecto de la opresión sufrida tuvo y todavía tiene en la identidad femenina de las mujeres negras.

Cuando hablamos del mito de la fragilidad femenina, que justificó históricamente la protección paternalista de los hombres sobre las mujeres, ¿de qué mujeres se está hablando? Nosotras —las mujeres negras— formamos parte de un contingente de mujeres, probablemente mayoritario, que nunca se reconoció en este mito, porque nunca fuimos tratadas como frágiles. Somos parte de un contingente de mujeres que trabajó durante siglos como esclavo, labrando la tierra o en las calles vendiendo o prostituyéndose. ¡Mujeres que no entendían nada cuando las feministas decían que las mujeres debían ganar las calles y trabajar! Somos parte de un contingente con identidad de objeto. Ayer, al servicio de frágiles señoritas y de nobles señores tarados. Hoy, empleadas domésticas de las mujeres liberadas. Cuando hablamos de romper con el mito de la reina del hogar, de la musa idolatrada por los poetas, ¿en qué mujeres estamos pensando? Las mujeres negras son parte de un contingente de mujeres que no son reinas de nada, que son retratadas como las anti-musas de la sociedad brasilera porque el modelo estético femenino es la mujer blanca. Somos parte de un contingente para las cuales los anuncios de empleo destinan la siguiente frase: “Se exige buena presencia” y cuyo subtexto es: Negras no se presenten. Por lo tanto, para nosotras se impone una perspectiva feminista en la cuál el género es una variable teórica más y —tal como afirman Alcoff y Potter—, “no puede ser separada de otros ejes de opresión” y “no es posible un único análisis. Si el feminismo debe liberar a las mujeres, debe enfrentar virtualmente todas las formas de opresión”. Desde este punto de vista se podría decir que un feminismo negro, construido en el contexto de sociedades multirraciales, pluriculturales y racistas —como son las sociedades latinoamericanas— tiene como principal eje articulador al racismo y su impacto sobre las relaciones de género dado que él determina la propia jerarquía de género de nuestras sociedades.

En general, la unidad de la lucha de las mujeres en nuestras sociedades no sólo depende de nuestra capacidad de superar las desigualdades generadas por la histórica hegemonía masculina, sino que también exige la superación de ideologías complementarias como es el caso del racismo. El racismo establece la inferioridad social de los segmentos negros de la población en general, y de las mujeres negras en particular; operando además como factor divisionista en la lucha de las féminas por los privilegios que se instituyen para las mujeres blancas. Desde esta perspectiva, la oposición de las mujeres negras contra la opresión de género y raza viene diseñando nuevos contornos para la acción política feminista y antirracista, enriqueciendo tanto la discusión racial, como la de género. Este nuevo enfoque feminista y antirracista se integra tanto a la tradición de lucha de los movimientos negros, como a la del movimiento de mujeres, y afirma esta nueva identidad política que resulta de la condición específica de ser mujer y negra. El actual movimiento de mujeres negras, al traer a la escena política las contradicciones resultantes de las variables raza, clase y género, está promoviendo una síntesis de las banderas de lucha que históricamente han sido levantadas por los movimientos negros y de mujeres del país, ennegreciendo de un lado las reivindicaciones feministas para hacerlas más representativas del conjunto de las mujeres brasileras, y por el otro, promoviendo la feminización de las propuestas y reivindicaciones del movimiento negro.

El peso de la raza

Ennegrecer al movimiento feminista brasilero ha significado, concretamente, demarcar e instituir en la agenda del movimiento de mujeres el peso que la cuestión racial tiene en la configuración de las políticas demográficas; en la caracterización de la agresión contra la mujer introduciendo el concepto de violencia racial como un aspecto determinante de las formas de violencia sufridas por la mitad de la población femenina del país que es no blanca; en la incorporación de las enfermedades étnico-raciales o las de mayor incidencia sobre la población negra, fundamentales para la formulación de políticas públicas en el área de salud; o introducir en la crítica a los procesos de selección del mercado de trabajo, el criterio de la buena presencia como un mecanismo que mantiene las desigualdades y los privilegios entre las mujeres blancas y negras.

Se debe estudiar y actuar políticamente sobre los aspectos éticos y eugenésicos que la investigación en el área de la biotecnología y, en particular, de la ingeniería genética pone hoy en el debate. Un ejemplo concreto lo tenemos en la cuestión de Salud y Población. Si históricamente las prácticas genocidas, tales como la violencia policial, el exterminio de niños, la ausencia de políticas sociales que garanticen el ejercicio de los derechos básicos de ciudadanía han sido prioritarias en la acción política de los movimientos negros, los problemas evidenciados hoy en Salud y Población nos sitúan frente a un cuadro más alarmante aún relacionado con el riesgo de genocidio del pueblo negro en Brasil.

En el nuevo contexto, a la reducción poblacional a través de la esterilización masiva, a la progresión del SIDA y al uso de drogas entre nuestra población, se suman las amenazas de las nuevas biotecnologías, en particular, de la ingeniería genética, y sus posibilidades para que las prácticas eugenésicas se constituyan en nuevos y alarmantes aspectos del genocidio, sobre los cuales el movimiento negro precisa actuar. La importancia de estas cuestiones para las poblaciones consideradas descartables, como la negra y el creciente interés de los organismos internacionales por el control del crecimiento de estas, ha llevado al movimiento de mujeres negras a desarrollar una perspectiva internacionalista de lucha, la cual está promoviendo la diversificación de las temáticas, desarrollando nuevos acuerdos y asociaciones y ampliando la cooperación interétnica. Crece entre las mujeres negras la conciencia de que los procesos de globalización determinados por el orden neoliberal que, entre otras cosas, agudiza la feminización de la pobreza, vuelven necesaria la articulación y la intervención de la sociedad civil a nivel mundial. Esta nueva conciencia nos ha llevado a desarrollar acciones regionales en América Latina, el Caribe y con mujeres negras de los países del primer mundo, para fortalecer nuestra participación en los foros internacionales, donde gobiernos y sociedad civil se enfrentan y definen la inserción de los pueblos tercer mundistas en el tercer milenio.

Esta intervención internacional, particularmente, en las conferencias mundiales convocadas por las Naciones Unidas a partir de la década del 90, nos ha permitido ampliar el debate sobre la cuestión racial a nivel nacional e internacional y sensibilizar a los movimientos, gobiernos y a las Naciones Unidas para la inclusión de la perspectiva antirracista y el respeto a la diversidad, en todos sus temas. Con esta óptica actuamos en la Conferencia de El Cairo sobre Población, en la cual las mujeres negras operaron a partir de la idea de que “en tiempos de difusión del concepto de poblaciones superfluas, la libertad reproductiva es esencial para las etnias discriminadas y para impedir políticas controladoras y racistas”. Así estuvimos en Viena, en la Conferencia de Derechos Humanos, de la cual salió el compromiso —sugerido por el gobierno brasilero— de realizar una Conferencia Mundial sobre Racismo y otra sobre Migración antes del año 2000. Así trabajamos en el proceso de preparación de la Conferencia de Beijing, y realizamos en Mar del Plata un seminario con mujeres negras de dieciséis países de América Latina y el Caribe, donde resultó un documento consensuado pro Beijing que fue adoptado también por mujeres negras organizadas del primer mundo.

Estas conferencias mundiales se volvieron espacios importantes en el proceso de reorganización del mundo luego de la caída del muro de Berlín y constituyen hoy foros de recomendación de políticas públicas para el mundo. El Movimiento Feminista Internacional ha operado en estos foros con el lobby más eficiente entre los segmentos discriminados del mundo. Ello explica los avances de la Conferencia de Derechos Humanos en Viena en relación a la mujer, de la Conferencia de El Cairo sobre Población y de la Eco 92.

En los esfuerzos realizados por las mujeres hacia Beijing, uno de los resultados fue que Brasil, por primera vez en la historia de la diplomacia internacional, obstruyó la reunión del G-77, grupo de los países en desarrollo del cual forma parte, para discrepar con el retiro del término étnico-racial del artículo 32 de la Declaración de Beijing, cuestión innegociable para las mujeres negras de Brasil y los países del Norte. La firmeza de la posición brasilera aseguró que la redacción final del artículo 32 expresara la necesidad de “intensificar los esfuerzos para garantizar el disfrute en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de todas las mujeres y niñas que enfrentan múltiples barreras para su desarrollo y su avance debido a factores como raza, edad, origen étnico, cultura, religión...” La lucha ahora es asegurar que esta conquista se concrete en la vida real. El próximo paso es mentación de estos acuerdos por parte de nuestros gobiernos.

El origen blanco y occidental del feminismo estableció su hegemonía en la ecuación de las diferencias de género y ha determinado que las mujeres no blancas y pobres, de todas partes del mundo, luchen por integrar en su ideario las especificidades raciales, étnicas, culturales, religiosas y de clase social.


¿Qué lugar existe para el feminismo negro?

¿Hasta dónde las mujeres no blancas avanzarán en estas cuestiones? Las alternativas de izquierda, de derecha o de centro se construyen a partir de estos paradigmas instituidos por el feminismo que, según Lélia Gonzalez, padece de dos dificultades para las mujeres negras: por un lado el sesgo eurocentrista del feminismo brasilero se constituye en un eje articulador más allá de la democracia racial y del ideal de blanqueamiento, al omitir la centralidad de la cuestión de raza en las jerarquías de género y universalizar los valores de una cultura particular (la occidental) al conjunto de las mujeres, sin mediarlos con los procesos de dominación, violencia y explotación que están en la base de la interacción entre blancos y no-blancos. Por otro lado, también revela un distanciamiento de la realidad vivida por la mujer negra al negar “toda una historia de resistencias y de luchas, en las que esa mujer ha sido protagonista gracias a la dinámica de una memoria cultural ancestral (que nada tiene que ver con el eurocentrismo de ese tipo de feminismo)”. En ese contexto, ¿cuáles serían los nuevos contenidos que las mujeres negras podrían aportar en la escena política más allá del “toque de color” en las propuestas de género?

La feminista negra norteamericana, Patricia Collins, argumenta que el pensamiento feminista negro sería “un conjunto de experiencias e ideas compartidas por mujeres afroamericanas que ofrece un ángulo particular de la visión del yo, de la comunidad y de la sociedad..., que involucra interpretaciones teóricas de la realidad de mujeres negras por aquellas que la viven...” A partir de esta visión, Collins elige algunos “temas fundamentales que caracterizarían el punto de vista feminista negro”. Entre ellos se destacan:

1. el legado de una historia de lucha.

2. la naturaleza interconectada de raza, género y clase.

3. el combate a los estereotipos o “imágenes de autoridad”.

Acompañando al pensamiento de Patricia Collins, Luiza Bairros usa como paradigma la imagen de la empleada doméstica como elemento para analizar la condición de marginación de la mujer negra, y a partir de ella, busca encontrar especificidades capaces de rearticular los puntos colocados por Patricia Collins, concluyendo que “esa marginalidad peculiar es la que estimula un punto de vista especial de la mujer negra (permitiendo) una visión distinta de las contradicciones en las acciones e ideología del grupo dominante”. “La gran tarea es potenciarla afirmativamente, a través de la reflexión y la acción política”.

El poeta negro Aimé Cesaire dice que “las dos maneras de perderse son: por segregación, siendo encuadrado en la particularidad, o por dilución, en el universal”. La utopía que hoy perseguimos consiste en buscar un atajo entre una negritud reductora de la dimensión humana y la universalidad occidental hegemónica que anula a la diversidad. Ser negro sin ser solamente negro, ser mujer sin ser solamente mujer, ser mujer negra sin ser solamente mujer negra. Lograr la igualdad de derechos es convertirse en un ser humano pleno y lleno de posibilidades y oportunidades más allá de su condición de raza y de género. Ese es el sentido final de esta lucha.

21/07/2009 GMT 0

HIP HOP: Alicia pateando el espejo: mujeres en la cultura hip hop

negracubana @ 12:36

Por Felix Mauricio Saez Rodríguez

INTRO:
Alicia pateando el espejo: mujeres en la cultura hip-hop

Para quien intente el trazado exacto y objetivo de un mapa que facilite el entendimiento de ese universo cultural y rico en matices, contradicciones y búsquedas que es el hip-hop.

Fueron los años sesentas el marco histórico en que el viejo paradigma de hombre blanco, heterosexual y burgués surgido al calor de la revolución francesa fue puesto en cuestión. El sexo libre, las drogas, el rock & roll, la revolución cubana, el Young Party del visionario Avy Hofman , las flores y las bombas de pintura lanzadas contra la policía y los ejércitos en París y Praga, la guerra de Vietnam, el asesinato de J.F. Kennedy, la firma de la ley de los derechos civiles --performance político protagonizado por el presidente Lindon Johnson y el reverendo Martín Luther King jr--, la imagen mítica del boxeador Mohamed Ali alzando el puño cerrado en señal de lucha y victoria de los miles de negros y negras del mundo encarnados en su persona ante las cámaras de televisión, Malcolm X, el orgullo negro y el nacimiento del partido de las Panteras Negras entre otros fenómenos, hicieron de esa década uno de los momentos mas revolucionarios, violentos y hermosos de la historia humana. Su impronta --la impronta de esos años duros-- (re)definió la idea que hasta entonces se tenia del mundo y la gente. Los marginados. Los condenados de la tierra --como les llamara Frank Fannon-- desde el África hasta Asia, pasando por esos terceros, cuartos y quintos mundos que habitan al interior de los países centrales, tomaron conciencia de sus conflictos y salieron a las calles, las plazas y las montañas para conquistar sus derechos y construir el futuro.

En ese contexto, las mujeres, todas las mujeres, encontraron el escenario propicio para expresar sus demandas. En el caso específico de la mujer negra, doblemente marginada, la lucha fue agónica. Si las mujeres blancas de las burguesías ilustradas de los países desarrollados abogaban por el derecho a un trato igual y justo en el tema de los salarios --por solo citar un ejemplo--, las mujeres negras y mestizas de esas mismas sociedades abogarían entonces por el derecho al empleo. Si las primeras ponían en el centro del debate la libertad de ejercer su sexualidad fuera del entorno opresivo del matrimonio, las segundas se manifestarían por el reconocimiento de una dignidad sexual pisoteada luego de casi quinientos años de violaciones y abusos. En los EE.UU. --escenario privilegiado de aquella batalla dados sus niveles de desarrollo económico y asimetrías extremas-- estas contradicciones tomaron dimensiones bíblicas y tensaron la cuerda hasta dar forma cultural a la lucha de las mujeres negras por su libertad y emancipación. La música, la moda, el cine, las artes plásticas, la literatura, el teatro… las mujeres negras salieron de las iglesias para marchar unidas hacia las universidades, las escuelas técnicas y los liceos.

Alicia pateando el espejo: mujeres en la cultura hip-hopLos cantos, la herencia africana, la espiritualidad nacida al calor de la solidaridad que imponía el barracón, la relación histórica entre maternidad y naturaleza, los mitos y leyendas transmitidos de generación en generación, la ritualidad de la poesía y el baile, los peinados ancestrales de cabellos trenzados adornados con elementos naturales, los colores y diseños en los textiles, el arte culinario… Toda la experiencia negra femenina penetró de tal manera y con tal fuerza en la corriente cultural dominante que para finales de la década hasta las grandes casas de moda tenían en su staff al menos una top-model de raza negra. Actrices, cantantes, intelectuales, amas de casa y por supuesto revolucionarias. Las mujeres negras habían conseguido en diez años lo que en cinco siglos había sido negado a todas las generaciones que les habían antecedido a este lado del mundo. Habían conquistado por sobre todas las cosas el respeto de sus diferentes y el derecho sagrado a ser además, distintas. 

EL CASO CUBANO:

La revolución triunfante de mil novecientos cincuenta y nueve entregó por decreto y de un plumazo a todas las mujeres --junto al resto de la sociedad-- los derechos por los cuales millones de féminas en el mundo entero arriesgaban sus vidas en las ciudades y las selvas. La historia asociada a estas conquistas es bien conocida. Derecho al aborto, educación sexual, maternidad protegida, igualdad en los salarios y las oportunidades, cobertura universal de salud, educación garantizada para la prole y leyes especiales de protección social que permitieron que en pocos años las mujeres se convirtieran en la fuerza laboral, científica e intelectual más dinámica del país. Todo marchaba sobre ruedas y nuestras mujeres más que reclamar y abogar por nuevos derechos --¿recuerdan un film como La soledad de la jefa de despacho?-- se sentían de alguna manera desbordadas por ellos. El mundo era ok. La vida giraba como giran los platos en la mesa de mezclas y las mujeres cubanas sentían por vez primera que el sueño de conquistar las estrellas era el sueño de lo posible. Ni la raza ni el origen eran impedimento para subir a la nave del futuro.

PERIODO ESPECIAL O MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS:

Alicia pateando el espejo: mujeres en la cultura hip-hopLa crisis de los noventas significó para Cuba y su gente un retroceso de casi doscientos años, impulsado y conducido por la pérdida total de nuestro tejido económico. Las mujeres dentro de ese contexto fueron/son las mas afectadas. La relación marxista entre los estómagos llenos y las mentes pensantes adquirió toda la vigencia que durante siglos el pensamiento reaccionario le había intentado negar. La sociedad cubana se fue convirtiendo en una sociedad rural y el monetarismo --como un virus oportunista-- se instaló de vuelta con su carga de corrupción y fiebre en nuestro cuerpo social. Asomando con timidez, primero sus cabezas, luego sus extremidades y sus cuerpos todos, volvieron a la escena los signos olvidados de la discriminación racial, la pobreza, la violencia doméstica que esa misma pobreza incuba, la prostitución, la deserción escolar, la falsa moral utilitaria de haz lo que digo pero no lo que hago y las mil y una caras del engaño y los camuflajes. Una vez mas las masas populares --esas mismas masas que habían conquistado para si toda la justicia-- se vieron lanzadas al ojo del ciclón. Entonces los jóvenes que desde los años ochenta habían acogido el breack dance y las músicas negras norteamericanas como suyas descubrieron el rap y la cultura hip-hop como medio de expresar sus vivencias, sus anhelos y sus frustraciones.

¿PA´ QUE TU RAPEA?
Existen kilómetros y kilómetros de cuartillas que narran el nacimiento y ascensión de la cultura hip-hop y el arte de rapear en la escena cubana de entre siglos. Por ello este texto tomará otro camino, dando prioridad en forma de interrogante a otro asunto no menos importante y escasamente tratado por nuestra crítica de arte y nuestra musicología al uso. ¿Es el raprap en Cuba es una contestación desde los márgenes a los derroteros por que avanza nuestra sociedad. Entonces se rapea para responder. Se rapea para ser. El rap cubano habla del acoso policial sobre los hombres y mujeres de raza negra a los que una vez más la autoridad policial percibe como amenaza y portadores del (des)orden y la anarquía. El rap cubano cuenta las historias de los barrios periféricos y las zonas periféricas de los barrios centrales donde la gente proletaria intenta articular sus vidas en medio de las dificultades económicas, el alcoholismo y la violencia. Narra la experiencia de los jóvenes que cegados por el resplandor de las vidrieras iluminadas y navideñas hacen lo que sea por participar de la experiencia del consumo. El rap cubano cuenta el cuento que nadie cuenta. El cuento triste que nadie quiere escuchar. El rap cubano es el espejo al otro lado del espejo. Una imagen que se filtra por los agujeros que el azogue ya deteriorado por el tiempo y el uso abre en la luna de esa realidad ideal y casi fantástica de los medios y lo políticamente correcto. El rap cubano es mancha. Macula en el paisaje soñado por las instituciones y la alta cultura. El rap cubano es negro. 

YO NO SOY UN BÚCARO… CABRÓN:
Angela DavisSi analizamos el movimiento feminista o femenino de manera objetiva tenemos que dar la misma importancia a los anticonceptivos, la máquina para lavar y los alimentos enlatados. El movimiento o los movimientos más o menos organizados, más o menos radicales, más o menos elitistas e intelectuales desde y en los que las mujeres han lanzado sus plataformas para el cambio y orquestado la Revolución son la respuesta espiritual al desarrollo económico y tecnológico del siglo veinte. Cuba, sin ser un país desarrollado en lo económico, consiguió imprimir una dinámica --ya desde los años sesentas-- de aliento posmoderno a sus relaciones de género y hacerlo paradójicamente --aunque no solo-- desde el plano de la ideología. Con la desarticulación del catolicismo como religión oficial desaparecieron la culpa y el pecado original. La mujer dejaba así de ser el chivo expiatorio. La carne predilecta de la pira inquisitorial. La independencia económica le concedió a aquella mujer nueva la posibilidad de controlar su maternidad y su destino. El estado garantizaba el cuidado, instrucción y alimentación de los hijos en guarderías e internados y la tendencia de la sociedad a diluir la frontera entre géneros, junto a los alimentos precocinados le liberaban --al menos en cierto grado-- de la esclavitud de la cocina y la doble jornada. Nuestras madres dispusieron entonces del más preciado de los bienes. El tiempo. Sus hijas, esas muchachas que ahora han salido a los escenarios para rapear, narrar, tocar su música, pintar muros y paredes y expresar su furia, sienten/saben que ese mundo distendido y amable ya no existe y es cosa del pasado. La mayoría de las mujeres en Cuba han visto como junto a los cambios económicos, sus libertades, su derecho a la abstracción y sus espacios para contemplar la vida y meditar se han contraído. Ahora la lucha ha salido del ámbito legal para instalarse en el de la realidad cotidiana. En derredor, la conspiración de los medios cincela conductas y estilos intentando quitar sustancia y fondo a los reclamos de las féminas, pretendiendo construir una pan-mujer, estándar y descafeinada con pechos como balones y una creciente adición a los gimnasios y las dietas de diseño.

SIN CONDIMENTO… KRUDAS:

Las MCs y hiphopers de hoy son el resultado de una realidad desarticulada. Buscan sus paradigmas en la historia nacional y se llaman a sí mismas mambisas. Mambisas de una manigua urbana donde las mujeres son tratadas como objetos desde la publicidad impresa en las barras de dentríficos, hasta su imagen en esa vitrina de vanidades que es --salvo escasísimas excepciones-- nuestro video clip. Su música es ante todo el testimonio de una resistencia. De la resistencia a ser codificadas. De los años sesentas reciclan los paradigmas de belleza. Sus pelos africanos se alzan hirsutos e irredentos hasta casi tocar el cielo y las palabras en sus bocas/bembas son saeta y trinchera a una vez. Algunas airean su sexualidad diferente ante la masa enajenada. Otras cuestionan el mundo masculino, reprimido y represor con el humor, la autoridad y la fuerza que les confiere ser las depositarias de la vida. Las responsables de hacerla crecer y perpetuarse. Todas sin excepción se revelan contra el status quo. La entrada de estas mujeres en el universo machista y cerrado del hip-hop

Sara GómezAngela Davis y la cineasta Sara Gómez ocupan el mismo lugar en un panteón presidido por Mariana Grajales. A la nueva imagen que estas mujeres promueven y revindican día a día mediante el arte se unen el conocimiento, los estudios universitarios, el afán de experimentar y la voluntad de no detenerse ante nada.

Partes de un todo más grande y abarcador que incluye sociólogas, psicólogas, historiadoras, abogadas, escritoras, estas intelectuales negras y mestizas son la garantía de la permanencia y ejercicio cotidiano de ese conjunto de ideales y paradigmas de los que hoy adolece nuestra sociedad. Su resistencia ante el tsunami de absurdos y estupidez que nos amenaza y cerca es la más hermosa lección de entereza e integridad. Creando desde las márgenes y la invisibilidad, su luz irradia poco a poco hacia el centro impregnándolo de savia nueva y energía vital. Con las mujeres en el rap y la cultura hip-hop, el feminismo, el debate de género y la mujer como tema han salido del closet de la academia para tomar la calle y el solar. Con las mujeres en el rap y la cultura hip-hop los debates sobre racialidad y etnicidad en nuestro país han dado un salto en la forma y contenidos de su discusión. Con las mujeres en el rap y la cultura hip-hop ya nada será igual. Con las mujeres en el rap y la cultura hip-hop todo será --ya lo es-- mucho mejor. 

CIEN YEGUAS DE FUERZA:

La narrativa femenina en el hip-hop cubano es tierna y violenta a un mismo tempo. Chamacas del barrio, madres del barrio, hermanas del barrio… el fresco trazado por una lírica desprejuiciada y libre de ataduras es íntimo y abarcador. Las MCs saben exactamente de que hablan cuando tocan temas difíciles. Su voz es auto-biográfica. La cuerda que une este doble discurso que cruza indistintamente de lo cotidiano a lo contestatario es la verdadera y profunda cualidad artística del rap femenino en Cuba. Es esa --digámoslo con José Lezama Lima-- su cantidad hechizada. Su imán. Ese convertir el naufragio cotidiano --violaciones, abuso, enajenación-- en arte, es su pasaporte ya visado hacia la trascendencia.

Cuando se escucha rap hecho por mujeres todas nuestras ideas, todos nuestros conceptos sobre arte y vida son cuestionados y puestos de cabeza con una tranquilidad y una seguridad que pasma. Hasta el mismo hip-hop --cultura y sistema de signos-- es tratado en femenino dejando en claro con este cambio en el punto de vista que ellas no están tomando el lenguaje del rap prestado para expresar un par de ideas pudorosas y acomplejadas...

Iconoclastas y subversivas. Femeninas y feministas. Africanas y caribeñas. Occidentales y urbanistas. Dulcemente revolucionarias y revolucionariamente combativas las mujeres cubanas han hecho del rap y la cultura hip-hop un derecho.

Tomado de Esquife

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14/07/2009 GMT 0

CUBA: narrativa, raza y mujer

negracubana @ 19:56
Por Alberto Abreu

(Algunas interrogantes y otras reflexiones a partir de Sobre las olas y otros cuentos[1], de Inés María Martiatu).

La reciente aparición de Sobre las olas y otros cuentos, de Inés María Martiatu, por Swan Isle Press Chicago, viene a constituir un suceso peculiar dentro del discurso editorial cubano y el entorno ideotemático en que se mueve nuestra producción literaria cubana en ésta primera década del siglo XXI.

Comenzaré por la primera de estas instancias: la del discurso editorial cubano. Por cuanto la edición de este libro no se realiza desde ninguna de las editoriales de Isla, sino que nos llega desde lo que en el argot de la ciudad letrada cubana se conoce por la Academia Norteamericana. La segunda de las razones que hacen de la aparición de Sobre las olas… un evento peculiar están en los asuntos y conflictos que este libro, desde su textualidad fascinante recrea; y las nuevas inflexiones que introduce en el espectro de indagaciones temáticas y estéticas de la narrativa que están escribiendo actualmente las mujeres en Cuba.

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02/07/2009 GMT 0

Son las mujeres de cine?

negracubana @ 18:00
Andando por la blogsfera me encontré este link interesante. Se trata de Femiteca, donde es posible hallar cuanto documento, guia, artículo etc. relacionado con el feminismo. Este post es pa que las Mujeres (Negras y no) con pespuntes de erudicción gocen. Para que lean sobre cine.

El Instituto Asturiano de la Mujer te ofrece esta unidad didáctica que revisa la manera de construir la ficción cinematográfica y que analiza los modelos sociales que ésta nos ofrece...Leer más

31/03/2009 GMT 0

Mujer cubana ¿blanca? ante el espejo

negracubana @ 18:47


Por Mavis Dora Álvarez. Marzo 14-09

No recuerdo haberme preguntado a mí misma, alguna vez, a qué raza pertenezco. Nací con ventaja en una sociedad que discriminaba a los no blancos.
Entonces, ¿yo, soy blanca?
La respuesta no es tan sencilla. En mi documento de identidad consta que mi piel es de color blanco. Entonces, ¿yo soy blanca? Voy a buscarme en mi árbol genealógico, voy por esa ruta porque lo de las razas no me sirve.
La ciencia contemporánea penetró en la sustancia del genoma humano y resulta que la teoría de las diferencias raciales se ha ido al piso porque sólo hay una raza, la raza humana y a ella pertenecemos personas de cualquier color.

Dejo el genoma y sigo con la genealogía.
Lo que conozco de mi familia.
Primer tronco: una hija de africanos, traída –ya sabemos cómo- a esta tierra caribeña, va a parar con otros como ella a una dotación de esclavos en los campos cañeros del oriente de la isla.

Esta mujer negra tiene sexo con otro negro –no sabemos cuál- y pare una niña cubana que cuando crece se cruza, ¡nada menos que con un chino! –también traído con engaño desde Yucatán- y también semiesclavo en la plantación cañera.

Hay un paréntesis histórico: los negros, los blancos, los chinos, los moros, se van a la guerra para que los colonizadores españoles se vayan a sus casas.
Y después de treinta años peleando, ganaron la guerra y llegó la libertad, no tan libre como se quería pero bueno…de eso no voy a hablar ahora.

Vuelvo a mi tatarabuela, porque esa negra que casó con chino es la madre de mi bisabuela, que sí la conocí. Se llamaba Alfonsa y le decían Focha, mi bisabuela, mulata china de piel cruzada de negro y amarillo, que murió a los 108 años, ciega y fuerte, que pedía café en las mañanas sin levantarse de la cama porque “tenía la cabeza fría”. Y también conocí a mi bisabuelo que pasaba por blanco pero que no lo era, porque descendía de isleños de Canarias. Y ya sabemos que los blancos europeos de la península ibérica estuvieron ocho siglos bajo el dominio árabe y algo debieron cruzarse, unos y otras, otros y unas, en tan larga estadía juntos y revueltos.

Pero no se queda ahí el asunto. La bisabuela Focha joven, era linda y fogosa, de manera que ella y su marido casi blanco y tan fogoso como ella, tuvieron once hijos, entre ellos un varón, nombrado Augusto cuya piel salió blanca, blanca, pero su pelo corto, duro y rizado recordaba a la africana que trajeron a la fuerza.
Ese Augusto fue mi abuelo. Era “jabao”, como le decimos en Cuba a quienes tienen esa mezcla de piel y pelo.

Olvidé apuntar que hasta ahí toda la familia vivía y trabajaba en el campo.
Mi abuelo Augusto fue el primero que buscó mujer en la ciudad.
No conozco los detalles de ese encuentro ni cómo ocurrieron los hechos, el caso es que mi abuela Micaela piel blanca y pelo lacio se enamoró del jabao Augusto, se fue con él al monte y le parió dos hijas, una de las cuales resultó ser mi madre, Petronila, más conocida por Nila.

Nila blanqueó más a la familia. Era jabá, su piel más clara que la de mi abuelo, pero la dureza del cabello la traicionaba. Pasaba por blanca pero se planchaba el pelo para estirarlo. Era linda mi madre, en verdad, pero era pobre y campesina, y sólo llegó al tercer grado de la escuela. Apareció en su vida mi padre, Constantino, emigrante español con algunos medios económicos y veinte años más que mi madrecasiniña. Oportunista el hombre… ¡Cómo se repite la historia!

Tres hembras parió mi madre. Todas pieles blancas, pelo fino.
Nacimos con ventaja en una sociedad republicana, pero racista.

En 1962 yo, y millones más de cubanos, declaramos el fin del racismo en Cuba.
Años después nos percatamos que eliminar el racismo institucional no garantiza eliminar el racismo en la sociedad, ni en la conciencia de cada individuo. Y ahí andamos, descubriendo el resurgir del racismo en este país, creo que no debo decir resurgir, más bien descubrir que seguía ahí, agazapado y en lista de espera. Porque el racismo es un embrión muy fuerte, viene de un óvulo fecundado en el coloniaje, se multiplica y crece fuerte en árbol frondoso y maligno si el medio le es favorable. Se oculta, se solapa y mimetiza si las condiciones le son adversas.
Es paciente y espera, espera y rebrota, de mil otras maneras más sutiles pero igual de perversas, cuando reaparecen condiciones propicias.

En todo esto pensé ayer, al regreso de un diálogo entre colegas en un salón repleto de gente diversa, en la asociación de escritores de la cual soy miembro.
Hablamos de Cuba y sus problemas raciales.
Y los que me leen se preguntarán, pero…¿hay problemas raciales en Cuba?
Claro que los hay, ¿por qué no, con la historia que tenemos detrás?

Y me miro al espejo, piel blanca, ojos achinados, pelo rizado, labios gruesos y nariz nada recta, más bien achatada. No está mal, me gusto como soy…pero, ¿qué soy?
¿Yo?, soy cubana, hija de Petronila, nieta de Micaela, bisnieta de Focha y tataranieta de una negra africana sin nombre conocido.
Cubana, hija de español asturiano, nieta de jabao, bisnieta de isleño canario, tataranieta de chino y más atrás, de negro africano sin nombre conocido.

Toda esa gente me empuja. Toda esa gente soy yo.
Soy cubana, soy antirracista. Y sí, tenemos problemas raciales.
Sobre ese tema seguiremos conversando.

09/02/2009 GMT 0

ENCUESTA A MUJERES NEGRAS SOBRE RACISMO Y DISCRIMINACION RACIAL

negracubana @ 13:45

Mi colega y amiga Mayra Scott está realizando la siguiente encuesta y me ha pedido que la coloque acá en Negracubana. Si decides participar, por favor remite tu respuesta a mscottvega@yahoo.es

ENCUESTA A MUJERES NEGRAS SOBRE RACISMO Y DISCRIMINACIóN RACIAL

Si Ud. es una mujer negra o afrodescendiente, sírvase responder las siguientes preguntas:

Edad:
Pais:

1. ¿Consideras que hay discriminación racial en tu país? Ponga tres ejemplos.
2. ¿Haz sido victima de la discriminación racial? Ponga los ejemplos que considere suficiente.
3. ¿Qué impacto ha tenido el racismo y la discriminación racial en su vida?
4. ¿Qué haz hecho para enfrentarlo?
5.  Si Ud. participa de un movimientos de mujeres negras: ¿Qué hace el movimiento para erradicar la discriminación racial?

16/01/2009 GMT 0

Contra el argumento racista

negracubana @ 12:47


Por Victor Fowler Calzada

Las coincidencias, cuando suceden en la esfera social, suelen ser signo de malestar, línea de fuerza latente que pugna por emerger o, aunque sea, dirigen la atención a zonas que previamente es complejo distinguir por lo disperso de sus elementos. Los meses recientes, donde se ubican la aparición del volumen Cuba, personalidades en el debate racial (del investigador Tomás Fernández Robaina, por la Editorial Letras Cubanas), el largo ensayo La nación, el racismo y la discriminación racial en la historia de Cuba y en la contemporaneidad. ¿Otra batalla ideológica-cultural? (de Orlando Cruz Capote, en tres partes, dentro del sitio web de la publicación digital La Polilla) y el estreno del documental Raza (de Eric Corvalán, en el Festival Internacional de Cine de la Habana) marcan uno de estos momentos de nacimiento o reformulación de un campo. Basta conectarlos con acontecimientos anteriores como la creación de una comisión (presidida y orientada por la Secretaría Ideológica del PCC, a través de su Departamento de Cultura, en el año 2007)...

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10/01/2009 GMT 0

Donan a Cuba importante exposición sobre huella africana

negracubana @ 14:40
La exposición didáctica África, la tercera raíz, fue donada a Cuba este jueves, por una de sus coordinadoras, la doctora Luz María Martínez Montiel y quedó expuesta al público en el convento de San Francisco de Asís, ubicado en la capital cubana.

La muestra, que incluye infografías, esculturas, pinturas, instrumentos, tallas y fotografías, está inspirada en el proyecto La ruta del Esclavo, creado por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) que intenta reevaluar el aporte africano a Latinoamérica y el Caribe.

Martínez Montiel informó que la exposición permanecerá en la Fundación Fernando Ortiz, y que entre sus principales objetivos está denunciar el mayor holocausto que sufrió la Humanidad durante casi cuatro siglos, el de la esclavitud y que en su opinión debe ser incluido en las lecciones de historia que se imparten en las escuelas de la región.

El doctor José del Val, director del proyecto México, nación multicultural, de la Universidad Nacional Autónoma de México, destacó el aporte de instituciones de varias naciones para organizar esa exposición y especialmente el empeño y talento de su compatriota, la doctora Martínez Montiel.

Miguel Barnet, presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la fundación Fernando Ortiz, calificó de extraordinaria esa muestra sobre un tema muy significativo para los latinoamericanos y caribeños: África en Cuba, más que una tercera raíz, significa una de las fuentes esenciales de su cultura, a la par que la europea y la asiática, puesto que la marcó con un sello indeleble y le aportó ese componente de resistencia que tanto la define.

Se estima que entre los siglos XVI al XVIII entraron a Cuba, legal o ilegalmente, alrededor de 300 mil negros esclavos traídos de África, fundamentalmente de la zona subsahariana, de las etnias lucumí, congo, carabalí, ganga, mina, bibí o viví, entre otras. Su principal destino fue la economía de plantaciones y allí dejaron profundas huellas en la sociedad de la época, aquí quedaron el idioma, sus creencias religiosas, sus costumbres alimentarias, su música, su temperamento… y se transculturaron junto a otras influencias de la época hasta construir la amalgama que es Cuba hoy.

Tomado de Cubavisión

07/01/2009 GMT 0

Acerca de la presencia de la mujer negra como protagonista de la historia nacional

negracubana @ 14:41
Por Daysi Rubiera Castillo


Nada me pareció mejor para comenzar estas reflexiones que un fragmento de la poetisa África Céspedes: “¿Nos invitáis a luchar? ¡Pues lucharemos! (…) Reflexionemos, pues, sin hacer separación alguna de razas, sobre el juicio que de la mujer tiene formado la mayoría de los hombres y hasta algunos meritotes de baja esfera, al mismo tiempo que a nosotras, las que de la raza negra, se nos considera en las últimas capas de este infame juicio”[1].

Y realmente hemos reflexionado en la experiencia histórica de las mujeres negras que el discurso clásico sobre la opresión de la mujer no ha recogido en su totalidad. Así como tampoco se ha dado cuenta del efecto cualitativo que esa opresión sufrida tuvo y tiene en su identidad femenina, tomando en cuenta de que su  historia está vinculada  a uno de los mayores flagelos de la humanidad ya vivido y cómo impactó profundamente, desde un inicio y de diferentes maneras, la vida de las mujeres negras. Desconocerlo, invisibiliza toda una historia de resistencia y de lucha en la que ellas fueron protagonistas en su afán de convertirse en seres humanas plenas, con posibilidades y oportunidades independientemente de su condición  de clase, raza y sexo.

No es querer ser reiterativa al insistir en la necesidad de que nuestros textos de historia –fundamentalmente blancos-  expresen  el papel desempeñado por las mujeres negras y mulatas  en cada momento histórico de nuestro país; en cuestionar su sistemática ausencia que en el discurso oficial nos ofrece, y el deliberado o no olvido  académico -salvo alguna excepción [2]-  no solo de las que se desenvolvieron durante los siglos XVI al XVIII, sino  de quienes vivieron en la sociedad cubana durante el siglo XIX y el XX y que formaron parte tanto de las capas  pobres, como la  clases media y alta.

Recuperar el lugar que estas mujeres ocuparon y ocupan en la historia nacional nos permitirá comprender alguno de los rasgos que, en cada contexto histórico, adquirieron sus pensamientos y así reconocer, además, la influencia que ellas ejercieron en el proceso de consolidación de la identidad nacional, independientemente, de que “en los momentos en que se fijaron los estereotipos femeninos que se avenían con el pensamiento liberal y con  el proyecto de construcción de la identidad nacional y la nación (…) quedaron excluidas de dicho modelo”[3]. Esos procesos de invisibilización social de las mujeres negras cubanas representan la significativa, y evidente, ausencia cultural que históricamente las ha caracterizado.

En la sociedad cubana de todos los tiempos su imagen ha sido construida a partir de estereotipos negativos. En el período colonial “la negra lujuriosa” y “la mulata seductora” fueron utilizados como una vía de justificación y de liberación de la culpabilidad por la violación u opresión sexual que sufrían por parte de los hombres blancos quienes eran transformados en víctimas de aquellas mujeres [4]. De igual manera, “la negra bruja”, estereotipo racial y cultural que conjuntamente con  “el negro ñañigo” y otros factores relacionados con la religiosidad, convirtió a aquellas mujeres en una amenaza, lo cual animó la represión de la práctica de las creencias religiosas africanas y su ulterior racialización, independientemente de que fueran practicadas por personas de cualquier color de piel. Intención que después de abolida la esclavitud y en los primeros años de la república fueron planteadas como una “desafricanización” de la cultura cubana.

Muchos de aquellas imágenes negativas y racistas que aparentan ser consideradas reminiscencias del periodo colonial subsisten hoy día en el habla popular cubana,  manteniendose la construcción de un cuerpo conceptual referencial racista, comúnmente usado en letras de canciones, refranes, chistes, telenovelas, seriales, donde sobresalen terminos como “pasa”, “pelo malo”, “bemba”, “ñata”; en lugar de pelo, labios y nariz. En, etc.
Es harto reconocido el protagónico papel de los medios de difusión, en especial la televisión, en la transmisión de  valores relacionados con la cultura hegemónica que sigue considerando al ideal femenino como: blanca. citadina, heterosexual… En este sentido, las imágenes que nos proyectan muchos de los programas televisivos cubanos podemos re-descubrir un lenguaje excluyente, por ejemplo Tomasa, personaje del la telenovela El eco de las piedras y Bombón en Si me pudieras querer, sin contar que la familia negra o mestiza cubana, apenas aparece en la televisión.

Desafortunadamente para nuestro proyecto social, el que ha logrado romper con múltiples de estereotipos, aún no se ha podido de-construir aquellos que persisten y estan ligados a la mujer negra o mulata; los cuales han sido muy reforzados por la televisión y la radio “al proponer constantemente un modelo exclusivo de relaciones en las que el protagonismo del negro [y de la negra] queda reservado solo para significar su desventaja social en una etapa histórica anterior; o en el caso de propuestas que aborden la contemporaneidad, para roles que reafirmen el estereotipo negativo”.[5]

Esa constante agresión de la cual ha sido receptora la mujer negra, acompañada de su lucha por el reconocimiento y aceptación de sus valores, mantiene una  permanencia y adquiere, en medio de una sociedad socialista,  nuevos ropajes y funciones en  momentos que, debido a la crisis económica que se está viviendo, ”los prejuicios raciales, la discriminación y el racismo, tienden nuevamente a recomponerse como parte de la realidad social cubana actual y amenaza con reinstalarse en la macro conciencia social”[6].

Todo lo anterior contribuye a que negras [os] y mestizas [os] no puedan    desarrollar una coherente identidad racial; pues  “sin  conciencia de “raza”, no existe como individuo, porque no tiene conciencia de sí mismo, de quien es, de donde procede; por lo que su conciencia de nación, su identidad individual, de ese modo, deviene en un absurdo, sin asidero físico, moral o cultural.[7]

En su logro, no basta con la sola mención de mujeres como Mariana Grajales y María Cabrales y Dominga Moncada, quienes siempre aparecen en referencia a los otros (masculinos) como madre y esposa del General Antonio Maceo, las dos primeras; y como madre del general Guillermón Moncada, la última. De ellas se desconoce la labor exacta que desempeñaron en la sociedad que les tocó vivir a partir del hecho de ser mujeres, de sus subjetividades, sus acciones individuales como mujeres negras que eran.

En aras de reconocer la labor social realizadas por las mujeres negras durante la colonia, es importante apuntar que desde el siglo XVIII mujeres como María Josefa Aguirre, María del Rosario Sánchez, Juana M. Bastos y Asunción Ramírez entre otras, dieron todos sus esfuerzos por sacar del analfabetismo a parte de la población infantil negra en las llamadas “escuelas de amigas”.

También en los Cabildos van a desarrollar importantes roles. En el artículo “Los cabildos afrocubanos” se lee: “Cuando en el siglo XVIII se concedió el derecho de asociación a los esclavos, jugaron en las cofradías que aquellos formaron un papel muy interesante las mujeres”[8]  Labor que continuarán en las sociedades de instrucción, recreo y de ayuda mutua[9], llegando a crear instituciones de ese tipo con directivas integradas exclusivamente por mujeres, “aunque hubo algunas como La Caridad de Cienfuegos en 1879, donde el Gobierno colonial les vetó el Reglamento, porque no estaba de acuerdo se le diera a la presidenta el título de señora”.[10]

La Ley de Imprenta contribuyó a la circulación  de una serie de periódicos y revistas, entre las que queremos destacar a Minerva, revista quincenal dedicada a las mujeres negras y mestizas y “era redactada por un grupo de mujeres que, aunque solo aparecían como colaboradoras [11], eran realmente las encargadas de confeccionar las diferentes secciones” [12]. De este modo fueron muchas las mujeres negras y mestizas que se destacaron en sus colaboraciones tanto en la primera etapa de Minerva, en la década de los 80 del siglo XIX, como en segunda, en la primera década del XX.

Debemos mencionar además que durante la etapa de la república mediatizada  las mujeres negras estuvieron presentes en todos los movimientos sociales que se desarrollaron, independientemente de que su forma de participación, en aquellos momentos, se circunscribiera o no, a acciones complementarias y de apoyo al protagonismo de los hombres. Desde los clubes,  asociaciones,  gremios, sindicatos,  partidos políticos, prensa plana, congresos nacionales e internacionales, el movimiento feminista hasta la lucha clandestina y armada.
Comencé con un fragmento escrito por una de las colaboradoras de la revista Minerva, y quisiera terminar con otro, “Gratitud”, escrito a finales del siglo XIX por Ursula Coimbra de Valverde, la Cecilia, de aquella revista:  “Me siento orgullosa de pertenecer a una raza que por sí sola y a costa de sacrificios, procura elevarse a la altura de las demás y lucha, trabaja y estudia para vencer (…) bastante tiempo hemos tenido el dogal y la mordaza, tanto tiempo hemos callado, así pues el espíritu del siglo reclama que  nuestra voz se levante”.


Notas

[1] Carmen Montejo: Sociedades negras en Cuba 1878-1960. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cuba Juan Marinello, La Habana, 2004. P.77.
[2] Ver: María del Carmen Barcia: “Mujeres en torno a Minerva”, en  Revista La Rábida, no. 17, 1998.. Huelva, España..
[3] Susana Montero: La cara oculta de la identidad nacional. Editorial Oriente. Santiago de Cuba, 2003, p. 62
[4] Ver Aline Helg: Lo que nos corresponde. Ediciones Imagen Contemporánea. La Habana, 2000, p.24.
[5] María del Carmen Caño:”Relaciones raciales, proceso de ajuste y política social”, en Revista Temas, no. 7, julio-septiembre, 1996.
[6] Esteban Morales: Desafíos de la problemática racial en Cuba. Fundación  Fernando Ortiz. La Habana, 2007, p. 219.
[7] Ibidem, p. 294.
[8] Fernando Ortiz: “Los cabildos afrocubanos”, en Etnia y Sociedad. Editorial Ciencias Sociales, La Habana,1993. p. 56.
[9] De acuerdo con la Constitución de 1876 el pueblo cubano obtuvo un relativo régimen de libertades. Momentos en que se requiere que la población negra convierta sus cabildos y cofradías en asociaciones de instrucción,  y recreo.
[10] Carmen Montejo: Ob cit, p. 76.
[11] En aquella etapa las mujeres no tenían entidad jurídica para ocupar cargos.
[12] María del Carmen Barcia: Ob cit, p.6.
[13] María del Carmen Barcia:0b cit p.7.

Tomado de Cubaliteraria

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