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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Mujeres frente al espejo

20/01/2009 GMT 0

Otra vez Nara

negracubana @ 16:00

He recibido el siguiente comentario sobre Nara Araujo, vale la pena publicarlo como un post porque es estremecedor. Muchas gracias Maria Dolores, por dejarnos algo tan bello.

Conocí a Nara Araujo en Tempe, Arizona (of all places) lo digo por ser el punto más lejano al Caribe que pueda existir. No plantas, cero humedad, paisaje yermo (aunque lo diga sólo en comparación con la isla de la exuberancia). Al cabo de nuestras jornadas, que fueron de orden académico, salimos a cenar en un restaurante cubano. Ay, qué delicia en el corazón de mi desierto natal (que ese no conoce las fronteras políticas), esos fabulosos plátanos y moros tan bien preparados. Fue ahí que me enteré de cuánto Nara amaba a México, y de él, aquella la ciudad capital donde todavía mis recuerdos de infancia nos permitieron compartir detalles, críticas y muchos afectivos sitios y... claro... restaurantes o debiera decir, sabores, recuerdos, sensaciones...

Y, nada, que nuestra amistad siguió gracias a Internet, cuando pudimos urdir mi participación en Mujeres Latinoamericanas, Historia y Cultura, cuyos volúmenes, finalmente, llegaron a mí gracias a Nara. Y es que las mujeres formamos una red, un complicado mapa de raíces que, aunque sin nombre propio, nos lleva de la una a la otra sin pedir permiso. Y ahora me entero que murió, qué digo, que se elevó a otro estadio, más allá de nuestras tribulaciones mundanas. ¡Mira nomás! No será ya el rencuentro que postergamos, año con año, para volver a estar en aquel apartamento acogedor donde comimos, con Sandra Lorenzano, en la ciudad de México. Ni serán más las comunicaciones siempre cariñosas que, a través de los años, solo fueron haciéndose menos por mi culpa, pues me fui de periodista a Zacatecas y dejé de pagar el Internet en casa y luego tomé rumbo en otra vida dentro de esa vida en la que "coincidimos". Hasta siempre, Nara, que volveremos a bebernos un buen tinto discutiendo los sabores y las sutilezas que, siendo tan cálidamente próximos, nos hacen cubanos o mexicanos o hasta francomexicanos y anglomexicanos o francoanglomexicanos y francoanglocubanos, etceterilla, etceterón...

02/08/2008 GMT 0

Amparo no es la madre de sus hij@s

negracubana @ 12:48
Amparo era una joven mujer provinciana. Casada una primera vez, de cuya unión naciera Armando, no sabemos porque decidió dejar aquel matrimonio, -sería el primero pero no último- que marcaría parte de los acontecimientos de la vida de esta mujer, en especial los relacionados con la maternidad.

Mulata de pura cepa, padre chico-cubano y madre criolla, Amparo era de las muchachas más llamativas de San Juan. De piel color canela, y cabello largo (de un crespo dócil que le daba para hacerse peinados rebuscados) tan negro como sus ojos, achinados también. Nariz ancha y boca carnosa que le daban cierta singularidad a su figura esbelta y torneada.

Su mestizaje, procedía de varias generaciones anteriores. Su progenitor, Eustacio (quien, por cierto, participó en la Guerra del 95 bajo el mando del General Antonio Maceo), era hijo de Ramón y Ramona, chino él, africana ella, quienes al pertenecer a un mismo esclavista tomaron, luego de la obtención de su libertad, el nombre y el apellido de su amo (Forteza), suceso implicaría la pérdida infinita de los apellidos originarios de la familia.

Cristina, su madre, era tan mestiza como sus hijas (Amparo, Lucía y Celeste). Su padre, dueño de plantaciones tabacaleras en el oeste del país, se casaría por segundas nupcias con una esclava, una negra africana que, además de parirle, le ayudó a criar a sus hijos (blancos) productos de su primer matrimonio. Dada la próspera situación económica de la familia, la niña Cristina se crió y estudió en el convento de la ciudad cabecera.

Retornando a Amparo, además de Armando tendría otros cuatro hijos. El mayor de ellos, Juan José, fue fruto del paso por la ciudad de Juan Álvarez, un negro habanero que luego de varios meses la abandonaría para siempre sin siquiera reconocer la paternidad del hijo. Juan José, el niño, viviría soñando hasta la edad de 17 años el encuentro con el padre, lo cual se convertiría en su principal razón, junto a querer ver el mar, para viajar a una Habana que solo le prometía incertidumbre.

Papaíto, hombre aparentemente blanco –porque también tenía de carabalí-, se enamoró de la joven Amparo a pesar de los dos hijos y del estado civil casada que sobre ella pesaba. Vivina, Delfín, y Juan Antonio fueron productos de un amor que no se deshizo con la muerte de Mamaíta primero y de Papaíto después. Él se encargaría de criar l@s hij@s de las uniones anteriores de su mujer y los suyos propios, todos en la misma condición, sin distinguir razas, sexos o padre biológico, de hecho Papaíto murió con el deseo de reconocer legalmente a Juan José como hijo suyo, al que, como descendiente abandonado que era, no le fue dado el apellido de su padre; sin embargo el chico supo esperar pacientemente hasta arribar a la mayoría de edad para adjudicarse el Álvarez que legitimaría su identidad personal. Sin embargo, este obstáculo no fue el último que tuvieron que sortear Papaíto y Mamaíta, posteriormente emergería uno que comprometió de por vida el reconocimiento legal de la maternidad de Amparo.

Con dos hijos ya, y al tener a sus tres últimos, la joven se vio impedida de reconocerles pues permanecía casada con el padre del mayor. No sabemos con exactitud si las leyes de la época contemplaban una variante para que pudiese registrar a sus hijos e hija, quizás fue la moral provinciana la que los llevó a decidir que Papaíto les inscribiría con sus dos apellidos –Izquierdo Gener- para, entre otras cosas, no tener que dar explicaciones de porque los chicos y la chica no llevarían el apellido legalmente esperado, una forma de protegerles también de la ilegitimidad que sobre ellos ya pesaba. Consecuentemente, Mamaíta renunció al reconocimiento de sus descendientes, lo cual se traduce en que a pesar de haberle tenido nueve meses en su vientre, de haberle criado, amado y padecido, hoy ella no aparece registrada como su madre en los documentos pertinentes, Juan Antonio, Delfín y Vivina tienen en sus carnet de identidad una rayita en el espacio destinado al nombre y apellidos de la madre.


Especular quizás no sea conveniente, pero como su nieta tengo el derecho de pensar que el “altruismo” de mi Mamaíta, la (nos) traicionaría de por vida, porque es difícilmente comprensible que una mujer haya sido expropiada de la única evidencia certera de su existencia, sus hijos e hijas. Bien lo sabe mi tío Juan Antonio quien de chico, aun cuando sabía lo que decía su documento de identidad, al preguntársele su nombre no dudaba en decir a viva voz Juan Antonio Izquierdo Forteza. A mí que soy su sobrina-hija (mis hermanas, mi hermano y yo le debemos nuestra vida) me queda el dolor de que él, Delfín y Vivina, no son reconocidos legalmente como mis tíos y tía paterna; de manera de que si no me encargo de trasmitir esta historia oralmente –y ahora en mi bloga- mis hijas y las hijas de mis hijas no podrán conocer, a pesar del examen de los documentos de la época, los familiares que les antecedieron.

A ellas, las hijas de mis hijas les dejo acá parte de nuestra propia historia.

16/06/2008 GMT 0

Testimonio de una joven abogada

negracubana @ 15:15
Gente buena,

Este es un post inusual, sin embargo me servirá para iniciar la Sección TESTIMONIOS. Me interesa acá abordar diversas aristas de la vida de las mujeres a partir de sus propias vivencias, de su propia pluma.

Es por eso que les compartiré el testimonio de una joven que pudo haber sido mi alumna de pregrado. Soy profesora de Psicopatología en la Carrera de Psicología dentro de la Universalizacion de Educación Superior, proyecto nacido dentro de la Batalla de Ideas, que le ha dado la posibilidad a miles de jóvenes cubanos/as de continuar estudios universitarios. El proyecto tiene indudables buenas intenciones, pero como suele suceder la práctica es mucho rica y soprendente que los deseos de obrar con justicia social. Las palabras que abajo leerán son de una recien graduada que siente temor de ejercer aquello que estudió, entre otras cuestiones, porque se siente atomerizada cuando le preguntan: ¿tú donde estudiaste?

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Empezaré diciendo que soy graduada de Licenciatura en Derecho de la Sede Municipal, creo que es primera vez que lo digo así con todas sus letras pues la verdad es que me siento bastante avergonzada de haberme graduado de esta forma. A veces me pregunto si no hubiera sido mejor esforzarme un poco más y haberla hecho en el diurno aunque fuera un tiempo después, pero es que nos acomodamos y luego nos arrepentimos por las consecuencias que de nuestros actos se derivan.

Para que entiendan mejor mi problemática les contaré que estudié en el Pre Universitario Raúl Cepero Bonilla antiguo Pre de la Habana. En esta escuela solo podían estudiar jóvenes con alguna enfermedad que le impidiera ir a la Escuela al Campo y tuvieran un buen promedio académico, por suerte pude cumplir ambos requisitos y pude culminar allí mis estudios pre-universitarios.

La preparación en esa escuela era bastante buena, pero la competencia a la hora de alcanzar carrera estuvo bastante reñida, y aunque tenía un buen promedio y a pesar de que incluso me preparé con profesores/as particulares, quedé fuera, en ese año bajaron muy pocas plazas para Cuidad de La Habana.

Cuando esto me pasó pensé que el mundo se me venía a bajo, mi máxima aspiración era ser universitaria y la carrera que me gustaba era Derecho, mi padre y madre son licenciados y yo siempre había tenido buenos resultados en la escuela, no concebía que no pudiesen realizarse mis sueños.

Al poco tiempo, me llega la oferta del curso emergente de trabajadores sociales, creo que esto me da aún más pena decirlo, por la mala imagen que se ha ganado últimamente, y la acepté, era una vía rápida y fácil para el ingreso a la universidad pues no tenía que hacer pruebas de ingreso, no lo pensé mucho la verdad, y acepté.

En este mismo caso se encontraron varias compañeras mías del pre que entraron en el curso de Trabajo Social por la oferta de la carrera. La realidad a la que nos enfrentamos no fue fácil, pues a pesar de permitírsenos cursar estudios superiores, el interés de la institución era el trabajo no los estudios y se nos obstaculizó de muchas maneras, entre ellas la violencia psicológica que ejercían quienes nos dirigían, muchas veces amenazándonos con quitarnos la carrera, esta es una de las medidas ante las indisciplinas que se le imponen a los/as trabajadores sociales cuando anteponen los estudios al trabajo, es paradójico y contradictorio.

Amén de todas estas dificultades tuvimos que enfrentarnos con el rechazo y la discriminación tanto de los estudiantes del diurno como de los profesores/as de la Universidad de la Habana, pues nuestro programa provocó muchas contradicciones.

En la SUM (Sede Universitaria Municipal) los profesores vieron amenazado el nombre de La Universidad de la Habana y temieron por el destino de la futura sociedad en manos de licenciados menos preparados y que ostentaban un título que les llegó muy fácil y que no merecían. A los estudiantes del diurno les provocaba una mezcla de envidia por los privilegios que se nos otorgaron (libros, guías, pruebas con menos rigor, etc).

Otro factor que nos hacía sentir mal era el saber que recibíamos las clases en una facultad cerca de la casa en muchos casos y no en la propia Colina Universitaria.

Por otra parte, el que obtuviéramos el mismo título, que a estudiantes del diurno tanto trabajo les había costado conseguir, también provocó malestares. No se pusieron ni por un momento en nuestro lugar, que teníamos que trabajar muchas veces en las condiciones desfavorables y a la vez estudiar en horarios nocturnos.

Pienso que se debería reflexionar en este sentido pues creo que quienes que nos graduamos de la SUM también hemos pasado trabajo y nos hemos sacrificado bastante para que se nos trate de esta manera y en todo momento se dude de nuestras capacidades, todo el tiempo tenemos que estar demostrando lo que valemos y creo que eso no es justo porque muchos de nosotros, y es mi caso, no hemos tenido el valor ni de ejercer nuestras carreras por miedo a no cubrir las expectativas o a no estar suficientemente preparados/as.

 

26/12/2007 GMT 0

La Tumba Francesa la “Caridad de Oriente” a través del testimonio de Gaudiosa Venet Danger

negracubana @ 16:32
"NO QUIERO MORIR Y PENSAR QUE NO EXISTA LA TUMBA FRANCESA"

(Entrevista realizada por la investigadora santiaguera Laura Cruz Ríos y publicada en la revista Del Caribe No. 27 / 1997, pp- 108-111).

Esta es la última entrevista que ofreciera Gaudiosa Venet Danger. Pocos días después de haberla concedido, la cultura popular cubana perdería uno de sus pilares más sólidos. A ella se dedica, pues, este homenaje.

Laura Cruz Ríos

Me llamo Gaudiosa Venet Danger y me dicen Yoya. Mis apellidos son los de mi madre, Consuelo Venet Danger, conocida como Tecla. Soy bisnieta de esclavo francés. Mi bisabuela fue esclava domestica. Nací el 28 de octubre de 1917 donde mis bisabuelos y abuelos maternos trabajaron la tierra, que antes fue la hacienda del señor Venet, francés, por la vuelta de Limoncito, en el Caney, de Villalón para arriba. Hoy es una granja estatal.
A mis bisabuelos, los esclavos, los conocí. Ellos no fueron haitianos. Los trajeron de África, del Congo, muy pequeños. Por eso decían que también eran cubanos, porque aquí crecieron.
Yo me crié con mis abuelos maternos: Nemesia Danger y José Rufino Venet; me contaban cómo los padres de mi abuela tuvieron que trabajar para comprarles la libertad antes de nacer.
El francés Salvador Danger llegó a Cuba desde Francia y compró las tierras de la hacienda San Nicolás, en el Caney, muy cerca de los Venet; era el dueño de mi bisabuela, Agustina Danger, mamá de abuela Nemesia. Agustina se casó con un esclavo llamado Salvador Danger, igual que el dueño y con él tuvo dos hijos: mi abuela y Fermín. Pero el señor Danger se enamoro de mi bisabuela y después de vender a mi bisabuelo Salvador, tuvo con ella una hija que llamó Perfecta. Así que en mi familia corre también sangre francesa. El la reconoció como su esposa y la ayudó a criar a sus tres hijos.
Mis abuelos decían que estos señores franceses fueron muy buenas personas, tratables, familiares y humanos con todo el mundo, tanto, que mis bisabue­los preferían ser castigados antes que ser vendidos a amos españoles, en general así lo preferían los esclavos franceses.
Cuando un esclavo francés quería que su hijo na­ciera libre, el amo le ayudaba, aunque el esclavo pagara la libertad del hijo. Mi abuela no nació en el barracón; el señor Salvador Danger no dejo que naciera allí. La alimentación que le daban a los esclavos no era mala; les gustaba mucho la carne salada, el tasajo, la harina de maíz, viandas, frijoles, pescado o bacalao. Los amos les permitían corner en abundancia, había raciones especiales para los más viejos, niños y mujeres embarazadas o paridas, cosa que no era igual entre los esclavos de españoles.
Los castigos para los esclavos de amos franceses eran diferentes y el cepo era lo último que se les hacía; pero cuando la mujer estaba embarazada, por lo general, no iba al cepo, y si la llevaban la acostaban sobre una pieza de madera que en el centro tenía forma de herradura para colocarle la barriga y no dañar a la criatura.
Yo soy bisnieta de africanos y no de africanos con franceses, como también era común encontrar; negros hijos de franceses con esclavas o negras libres; los amos franceses les daban sus apellidos y derechos a esos hijos, cosa que no era común entre los amos españoles.
Mamá bailó mucha tumba francesa con sus abuelos y sus padres; desde muy pequeña se inicio en esto de la tumba. Ella decía "aún yo no sabia ni bien hablar y ya imitaba a los demás bailar". Mi madre también tocó el cata, ese instrumento básico, guía de la tumba, que junto al bulá mantiene el ritmo acompañante del baile. Se hizo famosa con el cata, lo hacía hablar
Nosotros éramos aún campesinos, mis abuelos, mis hermanos, mamá y yo, y nos reuníamos aquí en la ciudad, ahí por la Plaza de Marte, con otros descendientes de franceses que gustaban de bailar tumba francesa y pertenecían a esta sociedad, La Caridad de Oriente.
Yo, chiquita, ya sabía que esto de la tumba francesa había llegado a Cuba desde Haití, allá por los años 1800 y algo. Mis abuelos me explicaban que sus padres y otros esclavos franceses lo bailaban cuando se reunían en las haciendas para conmemorar algo o por cualquier otra razón que los llamara a unirse. Un día de fiesta le dijeron a sus amos: “Queremos que vean el baile de ustedes con las tumbas africanas de nosotros". Los amos sorprendidos dijeron que no podía ser porque su baile respondía a instrumentos de viento. Y los señores vieron bailar el minuet africano heredado del francés, el masón, el yubá. Sé también que los tambores de tumba francesa tocaron la noche antes de que Carlos Manuel de Céspedes les diera la libertad a sus esclavos, el 10 de octubre de 1868.
Se dice que la tumba francesa surge como una imitación de los esclavos a los bailes que sus amos franceses acostumbraban hacer en los salones, al principio en forma de burla; luego los amos franceses, curiosos y admirados por ver a sus negros imitarlos, bailando al ritmo de los tambores africanos con la misma cadencia y elegancia de los bailes fran­ceses, fueron compenetrándose y acercándose más a este modo de bailar de sus esclavos. Comenzaron a ayudarlos, les dieron trajes elegantes, chales finos de señoras, pañuelos de seda, batones de hilo y encajes en diferentes colores, hechos por las mejores modistas de Francia, collares, aretes. Así los esclavos lucían más bonitos. Yo conserve el chal de seda, traído de Francia, con que mi bisabuela bailaba y también su collar de piedras de roca, que me los dejó mi madre al morir.
Los señores Venet y Danger no solo se divertían con los bailes de los negros, sino que también lo bailaban. Los impresionó tanto que se hizo común que los señores les entregaran atuendos típicos a sus esclavos bailadores ya fueran jóvenes, señeritos, señoritas, niños, niñas, viejos. Con ese gesto contribuyeron a que la gente viniera elegante a bailar. Y esa costumbre ha sido tan fuerte que hasta nuestros días tratamos de mantenerla. La tela que se usaba era una conocida como burato, que imitaba la seda y por lo general teníacolor beige, y otra llamada madrá, que más bien se asemejaba al tejido de hilo.
La tumba francesa se distingue de los demás bailes africanos por la forma de vestirse, además de los chales y los batones de las mujeres, nuestros hombres conservan el cuello de la camisa bien almidonado y un aparato que se le dice alfiler y permite verles más distinguidos. Llevamos a la cabeza los pañuelos que llamamos duván, cubriendo todo el pelo, amarrados al frente o detrás; utilizamos las enaguas de encajes y vuelos para resaltar más la bata decorada con encajes y cintas de colores. Los hombros los cubrimos con el chal.
Como calzado se usó mucho el de tipo pantuflas o alpargatas; las pantuflas eran de tela doble como una Iona y las de las mujeres eran floreadas y con tacón; hoy en día usamos zapatos de piel. Salimos a bailar con muchos collares finos y argollas en las orejas, a veces llevamos una penca que imita el abanico de los señores amos, todo eso ha sido he redado de los antiguos amos franceses.
Abuelo me decía que los músicos de la tumba francesa casi siempre eran los esclavos domésticos de la hacienda. Siempre oí decir que los amos franceses permitían hasta una semana de fiestas a sus esclavos después de la cosecha. Los amos franceses se identificaban tanto con ellos que les permitían festejar cuantas razones tuvieran; al esclavo español le esperaba más el castigo y el boca abajo que tanto dolía.
Así surgieron las tumbas francesas aquí en Cuba, primero en el campo y luego en las ciudades. Esta se creo en 1862, el 24 de febrero y se llamó Sociedad de Tumba Francesa Lafayet, en honor al general Lafayet. En 1905 se dividió y quedo esta, que es La Caridad de Oriente.
Las sociedades de tumba francesa son una espe­cie de cabildo, siempre entre sus miembros ha existido una jerarquía, un presidente y una presidenta, a los cuales todos respetan; así se les llama a los máximos representantes de la sociedad después de que les ganamos la guerra a los españoles, porque antes se les decía rey y reina, y había una corte.
Tecla, mi madre, heredó la presidencia de esta sociedad y la tuvo por más de 30 años, hasta su muerte a los 94. Trabajaba en la cantina de la sociedad y cuando había fiesta vendía mucha comida y bebida, y no daba abasto porque también bailaba y tocaba cata; así yo me inicie en estos asuntos, luego vieron que yo tenía aptitud para ser cantadora y bailadora y me estimularon a serlo. En 1944, cuando Rufo Salazar era el presidente, me hice socia oficial.
Al principio muchos me decían que por que a mí me gustaba estar entre tanta gente vieja, que esos eran bailes de viejos, de nuestros abuelos; yo les respondía están equivocados, esto hay que sentirlo y yo lo llevo en la sangre. A cualquier muchacho que lo sienta se le da el ritmo y sin saber bailar se pega fácil, porque es contagioso. Así me inicie, bailando y cantando, hasta que empecé a improvisar, a componer mis propios cantos y me reconocieron como composé de tumba francesa.
Con mis abuelos aprendí la lengua francesa y hablar patúa, que lo hablaban perfectamente. Canto en patúa o en español y con fantasía creo interpretaciones que permiten bailar hasta el amanecer. Muchas de las palabras que utilizamos en la sociedad se dicen en patúa, por ejemplo pitin mue (muchacho cógeme), cachimba mue (tráeme), piti muchue (pañuelo chiquito), gro muchuela (pañuelo grande).
En la Caridad de Oriente bailaron y cantaron también mambíes, los generales Quintín Bandera, Guillermón Moncada y Antonio Maceo fueron miembro de la sociedad. A Maceo mi abuelo lo conoció cuando tenía diez años de edad. El me contaba que un día por Guantánamo paso Maceo con sus hombres a. caballo; mi abuelo se bañaba en el río y trató de esconderse asustado por ver a tantos hombres, pero que no le dio tiempo porque el práctico de la columna le dijo a Maceo: "Ahí se escondió un niño" y Maceo respondió: "Cógemelo y móntalo en el caballo que este va ser el que va a cortar la hierba". Desde entonces mi abuelo se unió a Maceo, desde los 10 años se fue a la guerra de independencia.
Esta sociedad de tumba francesa cooperó en la guerra de independencia y también en la lucha clandestina de Santiago. Después del triunfo de la revolución nosotros dejamos que a esta tumba francesa la llamaran Los Maceo Bandera Moncada, en honor a estos miembros, pero el nombre verdadero es La Caridad de Oriente, por la Virgen de la Caridad del Cobre, nuestra patrona y por todas las obras, acciones de caridad, que podamos hacer por los demás.
Antes había muchas sociedades, ahora dicen que sólo quedamos tres, la de Sagua de Tánamo, la Pompidou de Guantánamo y esta de Santiago de Cuba.
La calle del Gallo era la de los grandes comercios franceses. En el Tivolí tuvieron el famoso café concert. Allí existió una sociedad con ese mismo nombre, Tivolí; en las calles se hacían muchas verbenas, los carnavales y era simpático ver cómo los jóvenes enamorados se buscaban cantando y bailando con los tambores de la tumba, y se respondían las peticiones con cantos de doble sentido, en forma de controversia; había que prestar mucha atención para uno darse cuenta de lo que se decían. Era muy bonito. También en la sociedad hacíamos cosas similares, son cos as de jóvenes vivarachos, picantes.
Yo fui muy parrandera, lo reconozco, ahora ya no puedo bailar. Me falta una pierna. Pero todavía puedo cantar y componer. Como dicen los santiagueros, los Venet Danger han conservado y conservan vivo el espíritu del tambor, es parte de nuestra razón de ser, lo llevamos en el corazón. A veces erróneamente se nos llama la tumba Venet Danger, y no, señor, es La Caridad de Oriente que agrupa a todo el que quiera. Ahora contamos con 14 bailadores y 8 músicos, con distintos apellidos: Duvergel, Vicet, Duvalón, Campanioni, Gastón, Lafargue, Ivonet, Martín y otros no franceses como Quiala, Martín, Soler, Salazar, Moncada, y muchos más que ahora no me vienen a la mente. Nos reunimos los 24 de febrero, el 8 de septiembre, el 10 de octubre y el 1 de enero y cada martes y jueves para ensayar y analizar las cuestiones de la sociedad.
Conservamos los estatutos y patrones de las antiguas tumbas, principalmente la nuestra, que en las tumbas se reunían para festejar sus santos patrones, fechas simbólicas. Mantenemos el espíritu africano, nuestros tambores ya tienen más de un siglo, fueron hechos por manos africanas. Seguimos bailando masón con sus cuadros, tahona para arrollar por las calles, sobre todo en los carnavales, el yubá o frenté donde el bailarín principal responde con energía al toque del premier, o tambor principal, para discutir a su mujer, a su pareja; este baile tiene mu­cho parecido con la rumba cubana por el ataque del bailarín y es a su vez el que más tiene de raíz africa­na entre todos los bailes de tumba francesa, el más agresivo, rebelde, todo lo contrario del masón, que es suave y coreográfico. Había otro llamado gallo tapao que se presenta­ba por algún bailarín imprevisto. Con la tahona es con lo que se arrolla; cuando la conga saco el cocoyé, tuvo que salir la tumba francesa con la tahona. Pililí hizo un enlace entre la conga y el masón, que se baila en cuadro, para arrollar como una típica comparsa.
Se le llama tahona porque en las haciendas cafetaleras se lIamaba así al molino para despulpar y triturar el café. Un toque de baile de salón que sale a la calle, a diferencia del de la conga que es un típico ritmo callejero. La conga es un toque fuerte, el de la tumba no deja de ser un toque negro, africano, pero es menos fuerte. En la tumba francesa se mue­ve mucho la pelvis, pero no con gestos groseros. La mujer y el hombre se mueven con mucha facilidad, suave, parece que están dormidos, y no se levantan los pies del piso, el movimiento es muy discreto, elegante, como todo baile refinado. La manera que tenemos las mujeres de suspender los vuelos o prents de nuestras batas la heredamos de los señores franceses.
En la tumba hay tres grandes tambores, el principal es el premier o mamier, así también se le dice a su tocador, un tambor de sonido grave; el bulá o arcend es más pequeño y de sonido agudo, al tocador se le dice bulayer; y el second, que es el complementario de la orquesta, y a su músico se le llama secondier. Todos son de madera recia y piel de chivo curtida. El catá es de sonido penetrante, lo llaman instrumento xilofónico, es un tronco ahuecado en el centro, se toca con un par de palitos más o menos gruesos y a su tocador se le llama catayer. Para darle sonoridad a la música cantamos con el chachá, que es una maruga de lata terminada en forma de cono, en cuyos mangos colocamos cintas de colores; lo toca una mujer y va a secundar al coro.
Guardamos con mucho celo nuestros documentos históricos; es un honor que el ilustre señor Emilio Bacardí aparezca como miembro honorífico de la sociedad. Me siento contenta de mis 80 años, de que mi música y cantos sean reconocidos por las demás sociedades de tumba francesa; me siento orgullosa del legado que me dejó mi madre. Le doy gracias a la vida y a Fidel por permitirme vivir con decoro y como dice mi canto... Mapuejele Fidel, Fidel mapuele.
Soy cubana con sangre africana, hija del Caribe, y digo como mi madre que no quiero morir y pensar que no exista la tumba francesa, porque creo que muerta me dolería que ella tampoco exista.

08/12/2006 GMT 0

Testimonio de una mujer negra latinoamericana

negracubana @ 11:39

Mi viernes ha sido muy distinto. Emotivo y cómplice. Leerle ha sido lo mejor que ha podido suceder. Es ella, mujer negra como yo, que desde algun lugar de la Latinoamérica nuestra nos comparte sus vivencias. Leámosle y agradezcámole entonces.

Negra cubana... tenía que ser comienza a ser la voz de otras mujeres, no solo de cubanas.

De Mayra para Mayra. Pensando en voz alta

Ya empiezo a entender, toda mi vida he luchado contra ello, siempre he luchado, sigo luchando y es que solo cuando se vive se puede comprender la dimensión de lo que significa ser discriminada. La violencia pues, si también la he vivido, también la he sentido, también sé las consecuencias que va dejando en la vida, pero mucho mas allá de la violencia, la discriminación…sí, este ha sido el monstruo con el que toda la vida he peleado, desde pequeña lo mamé, recuerdo a mi hermana llamándome negra y no como un piropo, sino como el peor de los insultos, llegando a sentir que el color con el que había nacido era lo más malo y feo en el mundo, y junto a ello, los comentarios de mi madre, “hay que adelantar la raza hija, nada de casarse con un negro… porque hay que adelantar la raza, no querrás que tus hijas/os tenga el pelo cucu, duro, como un esprin”.., no lo entendía, no entendía a mi madre si ella era negra, por qué no “quería a los negros”, sin embargo, más adelante me di cuenta que lo que no quería mi madre era que pasáramos por lo que ella paso, no quería que “sufriéramos” al igual que ella, la discriminación, no quería que la sociedad nos excluyera, ya que consideraba, bonito, inteligente, limpio, buena, solo lo que tenia color, olor a blanco.

En esa búsqueda de querer sentirme parte de…en la adolescencia lo primero que hice al cumplir los quince años fue alisarme el pelo, para que por lo menos con el pelo mostrara un poquito de lo blanco y de lo buena y lo bonita que era, siempre en función de demostrar lo que soy, lo importante que soy, yo creía que era importante, pero también creía que era necesario que otros lo creyeran, lo vieran y me lo dijeran, de esa forma luchaba contra la discriminación, buscaba y reclamaba mi espacio, en la casa, la escuela, la iglesia, la calle, siempre quería demostrar lo que yo era para así sentirme aceptada y no un “animal raro”…como otros nos hacían sentir; y lo peor no eran solamente los blancos, las blancas, los que nos hacían sentir así, sino que también los mismos negros, las negras que vivían y sentían en su cuerpo, en su mente, en su ser la discriminación.

Recuerdo que en la escuela las veces que la maestra nos hacia sentir inferiores frente a otras niñas, niños, era increíble, en el alumnado habíamos de todos los colores pero los/as más blanquitos/as eran los/as que sobresalían y sobre todo los niños más blanquitos, a las niñas negras se nos anulaba el habla, se nos invisibilizaba, en cada intervención no se nos prestaba la atención debida, lo que decíamos no era interesante porque los negros, las negras no son inteligentes, la inteligencia es de los blancos, las blancas….de esos ejemplos tengo muchos en mi vida, con todo eso crecí me fui colando en el “mundo de los/as blancos/as” y yo en contra del sistema, pero haciendo lo que creía que debía de hacer para ser aceptada en ese mundo, defendiéndome a capa y espada de todo aquello que me anulaba, revelándome y demostrando lo contrario. Siempre he dicho no nací para ser esclava, pero he vivido siendo esclava para demostrar que no lo soy, qué irónico.

Cuando entre al convento fue lo peor, en un espacio que se suponía que era lo mas celestial, la cumbre del cristianismo, donde todas éramos “hermanas en cristo”, que risa…también me había colado en un espacio solo para blancas y en donde la rebeldía no se permitía y mucho menos a las negras, bulleras, no teníamos derecho a invadir la paz, la cuna del patriarcado. Todavía cuando algunas personas se enteran de que fui monja me dicen: no aguantaste, porque se supone que las negras tenemos y somos buenas para aguantar y mientras más sea la carga, es mayor la valoración porque nuestra identidad es de ser esclava y buenas putas…aunque lo de puta me sale sobrando, en el fondo es la desvalorización no sólo por ser mujer se me discrimina, sino por ser mujer negra…Hoy me sentí totalmente movida durante la reflexión que tuvimos con Ana sobre la antropología del cuerpo y sobre todo el tema del patriarcado, es esto precisamente lo que me hizo volver a pensar en el monstruo con el que estoy combatiendo personalmente desde hace muchos años, por eso siempre he pensado que estar en las dignas no es casual, aunque no quiere decir que las feministas no sean racistas, claro que hay algunas pero es mejor pensar que es culpa del patriarcado para no herir susceptibilidades.

En fin, estoy viviendo un proceso arduo, doloroso en mi vida, algunas saben cosas al respecto de esto, sin embargo, lo que no saben ni yo misma lograba entender porque lo había escondido en mi subconsciente, es por qué duele tanto y es que vivir la discriminación con gente que no te conoce, casi ni te importa o no te duele tanto, pero duele infinitamente duele más cuando se supone que la vives de quien te dice querer y a quien crees que quieres.

Cuando enamore, pensé, no es negro, pero es buena gente, recuerdo que cuando empecé mi relación con él me dijo un día: “Te llevo a mi casa para que te conozca mi familia solo porque tu me lo pides, porque tu quieres conocerles, pero quiero que sepas que a mi no me importa lo que ellos piensen yo soy el que te acepto”, en ese momento me dije a mi misma, esto es por ser negra y evidentemente así era, ya me imagino que su familia pensó, cómo una negra en la familia, eso fue una bomba, tanto así que se tuvo que amenazar a la famili para que fueran a la boda, porque solo a él se le ocurría casarse con una negra, hoy empiezo a comprender que lo que me duele no es tanto la separación y la ruptura de aquello a donde he invertido parte de mi vida y lo mejor de mi, sino, que lo que duele es tener la sensación que aunque te portes bien es decir como “blanca” para no ser rechazada, igualmente sigues siendo negra, de allí que la hipótesis de mi madre no se cumple, aunque adelantes la raza, siempre seguirás siendo negra y como negra te verán y te harán sentir por muy cristian@s, progresistas, feministas, ateas, conservadores que sean los/as que estén a tu alrededor.

Esta es mi nueva hipótesis y en la que empiezo a creer que todo este dolor lleva el nombre de discriminación. Muchas dirán, en todo esto tiene que ver también la relación de poder, el control del cuerpo, la sexualidad, el patriarcado, pues si, pero creo profundamente que sobre todo esto esta el hecho de hacerte sentir y no solo sentir sino creer que eres un animal, sin ningún valor, ni derecho a opinar a sentir, bueno, ni siquiera un animal porque hasta los animales tienen a veces mejores consideraciones…

De plano que esto no se logra entender con la razón, es muy difícil porque hasta a la razón ofende, sin embargo, es mi vida, es lo que he vivido, siento y sigo viviendo junto a tantas mujeres negras, indígenas, amarillas y también blancas; no es solo el hecho de que te valoren que te den una palmadita y te digan tu vales, eres inteligente, sigue pa lante, es mucho más que eso y por ello sigo luchando, sigo peleando por ese espacio que no sólo por ser mujer se me arrebata, sino por ser sobre todo mujer negra, ya no se diga pobre. En fin esto es lo que se me movió, sigo convencida de que vale la pena luchar por una realidad diferente porque la discriminación te hace sangrar y que esa sangre tiene olor, sabor a negra, quiero volver a reír, a disfrutar de lo que soy, disfrutar de mi ser negro, a gustarme, tener los ojos abiertos para no dejarme arrebatar lo grandioso de ser negra, de ser mujer, aunque se hace muy difícil vivirlo en este paisito, hoy aprendí y quiero seguir aprendiendo que no tengo que demostrar nada, que soy una diosa hermosa, inteligente y sabia y que mi mismo ser de negra me empuja a gritar a lo panameño, PA LANTE MAYRA, PA, LANTE.

Quizás nadie lea esto y mucho menos logre entenderse, pero no me importa, no me importa como cada quien lo interprete, lo que importa es que yo lo entiendo y entiendo que al igual que la violencia no es nada fácil salir de esto, pero aún así quiero intentarlo…

Con mucho cariño para mi hija Mayra Alejandra y Camilo Ernesto que aunque crezca en un mundo patriarcal, pondré todo lo que este de mi para que vivan, sientan, se vean, se amen como negra y negro.

Les ama su madre, Mayra, solo Mayra

18/10/2006 GMT 0

Entre marido y mujer nadie se debe meter

negracubana @ 15:05

Julia es inspectora popular del transporte en un sitio de la Habana, trabaja sobre todo en las tardes intentando que los carros estatales ayuden en la crítica situación del transporte que tenemos en la isla. Ella tiene tres hijas, una adolescente y dos niñas más cercanas en edad.

Pero también tiene un esposo, Gabriel, quien por casualidad o por una tendencia demográfica no es el padre de las nenas. Él es estibador del puerto, oficio otrora de gente simple y digna. Julia y Gabriel viven con la madre de él en su casa. Ella se quiere separar de su esposo, pero planea hacerlo progresivamente por temor a verse dentro de la misma situación que tuvo hace poco. No es solo que le de "pena" con Gabriel, quien después de lo sucedido, ha bajado mucho de peso y hasta le ha pedido perdón jurándole al mismo tiempo que no pasará más, sino que cada tarde pasa por donde él, para ver como está, momento en el cual la madre de su esposo le dice que ella no cree como su hijo haya podido hacer algo como eso. Según Julia, el paso mayor hacia la separación ya lo dió, cuando dejó de vivir con él y regresó a su casa, a 100 metros de distancia, el mismo día en que ocurrieron los hechos.

Sucede que dos meses atrás, luego de haberse enterado por boca de ella de su decisión de separarse, él le amarró manos y pies a la cama, o sea lo tenía todo pensa'o. Él no escuchó ni una sola de las súplicas de Julia, ni su llanto, ni sus peticiones, sólo le decía que no la iba a soltar. Después de 10 horas de permanecer atada, teniéndo como colofón un coito impuesto, doloroso, desgarrante y denigrante, Gabriel la soltó. En un momento de entretenimiento de él, ella -demasiado extenuada, adolorida y ultrajada- salió corriendo de la casa 100 metros más arriba hacia donde estaban sus hijas y madre.

Al otro dia, Julia fue a denunciarle a la estación de policía, pero como "entre marido y mujer nadie se debe meter" tuvieron a Gabriel detenido por 48 horas allí y le dijeron a ella que le iban a dar cierto "seguimiento" al caso. Ni Julia, ni el policía saben que no hay Ley de Violencia que castigue a Gabriel por lo que hizo. Solo ella sabe que lleva "la procesión por dentro".

Y no es cuento, es un caso real. Sólo hemos cambiado los nombres de las personas implicadas en bien de la confidencialidad.

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