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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Libros y Literatura

08/11/2006 GMT 0

Peripecias y ansiedades del color cubano

negracubana @ 11:35
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A 75 años de la publicación de Sóngoro cosongo, los versos de ese poemario y el prólogo que el propio autor escribió para presentarlos, se revelan como un manifiesto de esencias portador de inusitada vigencia. Esta cualidad no es un deseo, sino una fértil realidad que se hizo evidente durante las dos jornadas de trabajo que la Fundación Nicolás Guillén dedicó en la UNEAC para reflexionar no solo en torno al alcance de ese libro seminal sino también acerca de la problemática racial allí enunciada y sus resonancias contemporáneas.

A los análisis del alcance lírico de la obra de Nicolás Guillén, aportados en la sesión inicial por Guillermo Rodríguez Rivera y Virgilio López Lemus y valorados por Nicolás Hernández Guillén, presidente de la Fundación, se sumaron perspectivas conceptuales desde diversas disciplinas humanísticas en la segunda jornada.

La profesora Ana Cairo vinculó la efemérides con otra que no debe pasar inadvertida: la creación hace 70 años en La Habana de la Sociedad de Estudios Afrocubanos por Fernando Ortiz, en la cual Guillén desempeñó un activismo fundamental en aras de promover las contribuciones de la población negra y mestiza a la forja de la identidad nacional, cuestión que en esa época levantaba rechazos y suspicacias por parte de quienes detentaban la hegemonía en la república mediatizada.

En torno a la percepción de la discriminación y los prejuicios raciales en el tejido social de nuestros días disertaron, sobre la base de rigurosas investigaciones de campo, los sociólogos Pablo Rodríguez y Rodrigo Espina, del Centro de Antropología del Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente.

Ello dio pie para que el doctor Esteban Morales, de la Universidad de La Habana, y la socióloga Mayra Espina, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, abordaran las relaciones entre racialidad, cultura y desigualdad, a partir de la necesidad de asumir con recursos propios una agenda ineludiblemente vinculada a la estrategia de defensa y profundización de las conquistas sociales revolucionarias, y de la preservación y consolidación de la unidad de los diversos factores que integran la sociedad cubana ante las amenazas imperiales.

En todo momento el debate derivó hacia la toma de conciencia de los requerimientos de acciones científicas, educativas, y promocionales que se articulen con la elaboración y aplicación de políticas sociales, como las que se llevan a cabo inspiradas en los nuevos programas de la Revolución.

Mayra Espina recordó oportunamente cómo estas reflexiones debían conducir a la impostergable indagación acerca del extraordinario valor de las palabras escritas por Guillén en el prólogo de Sóngoro cosongo: “Por lo pronto, el espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. Algún día se dirá: color cubano”.

Pedro de la Hoz

Tomado de Granma

Foto tomada de Cubaliteraria

 

Dan a conocer ganadora del concurso literario, Terminemos el cuento

negracubana @ 10:04

La estudiante cubana de teatro María Carla González, fue la elegida por el jurado en la edición 2006 del concurso, consistente en terminar el relato "La Pantera", del escritor mexicano Sergio Pitol.

La edición del concurso correspondiente al 2006 invitaba a los jóvenes a redactar el final del relato "La Pantera", del escritor mexicano Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005.

Un jurado constituido por los ministerios de Educación y Cultura, la Unión Latina y nuestro diario evaluó los trabajos enviados y eligió ganador el relato de María Carla González Pérez, de 17 años, quien estudia 3er. año de Teatro en la Escuela de Instructores de Arte Eduardo García Delgado, en Ciudad de La Habana.

A todos los participantes en el concurso, nuestras felicitaciones por el formidable esfuerzo realizado.

LA PANTERA

Para Elena Poniatowska

Ninguna de las magias que atravesaron mi niñez puede equipararse con su aparición. Nada de lo hasta entonces concebido logró confundir tan soberbiamente refinamiento y fiereza. En las noches siguientes imploré, divertido, al final impaciente, casi con lágrimas, su presencia. Mi madre repetía que de tanto jugar a los bandidos acabaría por soñarlos. En efecto, al término de unas vacaciones la persecución y la infamia, el coraje y la sangre frecuentaron mis noches. En esa época ir al cine se reducía a disfrutar una sola película con ligeras variantes de función en función: el tema invariable lo proporcionaba la ofensiva aliada contra las huestes del Eje. Una tarde de programa triple (en que con indecible deleite vimos llover obuses sobre un fantasmagórico Berlín donde edificios, vehículos, templos, rostros y palacios se diluían en una inmensa vertiente de fuego; épicos juramentos de amor, penumbra de refugios antiaéreos en un Londres de obeliscos rotos y grandes inmuebles sin fachada, y el mechón de Veronica Lake resistiendo impasible la metralla nipona mientras un grupo de soldados heridos era evacuado de un rocoso islote del Pacífico) consiguió que por la noche el fragor de las balas se internara en mi cuarto y que una multitud de cuerpos despedazados y cráneos de enfermeras me lanzaran sobresaltado a buscar amparo en la habitación de mis hermanos mayores.

Con plena conciencia de sus riesgos inventé juegos artificiosos que a nadie divertían. Remplacé el consuetudinario antagonismo entre policías y ladrones o el nuevo, y consagrado por el uso y la moda, entre aliados y alemanes por el de otros fieros y extravagantes protagonistas. Juegos donde las panteras sorpresivamente atacaban una aldea, cacerías frenéticas donde las panteras aullaban de dolor y furia al ser atrapadas por cazadores implacables, combates encarnizados entre panteras y caníbales. Pero ni ellos, ni la frecuencia con que leía libros de aventuras en la selva hicieron posible que la visión se repitiera.

Su imagen persistió durante una temporada que no debió ser muy larga. Con indiferencia fui comprobando que la figura se volvía cada vez más endeble, que mansamente se difuminaban sus rasgos. El flujo atropellado de olvidos y recuerdos que es el tiempo anula la voluntad de fijar para siempre una sensación en la memoria. A veces me apremiaba la urgencia de escuchar el mensaje que mi torpeza le había impedido transmitir la noche de su aparición. Aquel bello, enorme animal, cuya negrura brillante desafiaba la noche, trazó un enorme rodeo en torno a la alcoba, caminó hacia mí, abrió las fauces, y, al observar el terror que tal movimiento me inspiraba, las volvió a cerrar agraviado.

Salió de la misma nebulosa manera en que había aparecido. Durante días no cesé de echarme en cara mi falta de valor. Me reprochaba el haber podido imaginar que aquella hermosa bestia tuviese intenciones de devorarme. Su mirada era amable, suplicante, su hocico parecía dispuesto más que para el regusto de la sangre para la caricia y el juego. Nuevas horas se ocuparon de sustituir a aquellas. Otros sueños eliminaron al que por tantos días había sido mi constante pasión. No solo llegaron a parecerme tontos los juegos de panteras, sino también incomprensibles al no recordar con precisión la causa que los originaba. Pude volver a preparar mis lecciones, a esmerarme en el cultivo de la letra y en el apasionante manejo de colores y líneas.* aquí comienza el ejercicio de «terminemos el cuento»

FINAL DEL CUENTO

El dibujo me deleitaba especialmente y, en la misma habitación donde antes me habían aterrado sueños febriles de banderas rojas y humeantes de sangre, ahora mi mano creaba figuras fantásticas, conjugadas en un derroche de matices y formas. A veces trazaba inconscientemente formas oscuras y difusas que me eran vagamente familiares al contemplarlas de pronto, pero que luego perdían todo sentido.

Transcurrieron así los meses, algunos años, hasta que una noche cualquiera regresó. Desde mi ventana la vi surgir de entre la niebla con el mismo paso imponente y magnífico. Inmóvil, extasiado, dejé que la visión penetrara, me invadiera hasta romper la barrera del olvido que el tiempo había levantado. Todas las emociones que había despertado su primera aparición me inundaron como un torrente inacabable. Anhelante, dudé en acercarme, temiendo que, orgullosa, la bestia no me permitiera acariciarla después de la injuria que mi temor le había ocasionado tanto tiempo atrás. Sin embargo, inclinó dócilmente la cabeza, como si también hubiera estado deseando el saludo piel a piel. Corrí hacia ella y extendí las manos para palpar al fin su pelaje aterciopelado; entonces vi que estaba herida, que la espesa negrura de su piel estaba rota, maculada de rojo. Posó la cabeza sobre mi rodilla como pidiendo perdón por haber demorado tanto el encuentro. Clavó en mí sus ojazos apagados para no permitir que el tiempo me volviera a arrebatar su presencia. Supe que iba a presenciar una muerte diferente, no como aquellas fílmicas de espectrales, crueles, terribles imágenes, sino el suave adiós de un amigo.

Permaneció así por largos segundos, o minutos o siglos. Luego se incorporó y, con una última mirada, se volvió para internarse nuevamente entre los arbustos y la maleza, dejándome solo, con la garganta atorada de palabras no dichas.

Con pasos aturdidos regresé a mi cuarto, y por largas horas dejé que mi vista se extraviara en el impreciso punto donde había desaparecido la pantera. Así permanecí unos días, mientras continuamente visiones y recuerdos acudían a mí y luego me abandonaban. Aterrado, comprendí que nunca olvidaría la sensación que su regreso había generado, pero que otros sucesos volverían a tragarse nuevamente sus ojos, su magnífica figura. Decidí entonces no permitir que esa imagen se desvaneciera inútilmente y, con el auxilio de pinceles, colores y líneas, la atrapé para siempre en una pared de mi habitación.

*Extraído del libro: Los mejores cuentos, de Sergio Pitol.

Tomado de Juventud Rebelde

03/11/2006 GMT 0

"Dulce María tenía muchas cosas que decir"

negracubana @ 15:41

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Con el libro de ensayo Contra el silencio, la escritora e investigadora cubana Zaida Capote se encuentra entre las ganadoras del Premio de la Crítica (2005), codiciado galardón que se entrega cada año a las mejores obras publicadas por las casas editoriales de la Isla. Contra el silencio retoma la obra de la poetisa Dulce María Loynaz, a partir de una visión novedosa, que inserta a la autora de Jardín en un determinado contexto literario.

Joven y sapiente, feminista convencida, Zaida Capote tiene mucho que decir de Dulce María y de la literatura cubana contemporánea.



Se dice que Contra el silencio, sin llegar a ser iconoclasta, rompe el mito que siempre acompaña a la autora de Jardín. ¿Qué opina?

Una de las ideas que tenía yo cuando escribí Contra el silencio fue precisamente romper con esa envoltura un poco mística que tenía Dulce María, ese afán de leer siempre a esta autora como algo distinto, como algo separado de la tradición cubana y latinoamericana.

En el caso de su libro de viajes (Un verano en Tenerife), yo lo analizo como una autobiografía o como un texto autobiográfico de memorias, lo vinculo más con otras memorias de escritoras cubanas. Pero en el caso de la poesía, y de la novela sobre todo, sí trato de establecer vínculos con la tradición latinoamericana y creo que funciona, que hacen ver, descubrir en esos textos una mirada nueva de la literatura de Dulce María.

¿Por qué se ha visto a Dulce María como una autora apartada de las corrientes literarias?

Yo lo digo más o menos en el libro. Creo que ella influyó mucho, desde su posición de autora. Cuando alguien le sugería que veía en su poesía alguna influencia, algún contacto con otros, ella decía que no, que se había hecho sola, que había empezado a escribir desde mucho antes de conocer a sus contemporáneos, y que no tenía influencias ni tenía puntos de contacto con esas otras mujeres. Sin embargo, ella misma rescata en su obra a Delmira Agustini, Alfonsina Storni, e incluso a Gertrudis Gómez de Avellaneda. O sea, está armando una genealogía a la que ella pertenece, a su pesar incluso.

En Contra el silencio vinculo la Bárbara de Jardín con la Bárbara de Rómulo Gallegos, aunque muy levemente. Sin embargo, Dulce María decía que ella no había leído Doña Bárbara, y eso es increíble. Doña Bárbara la leyó todo el mundo, y mucho más ella. Además, María Félix llevó al cine la novela y supuestamente hubo una posibilidad de que esta actriz hiciera también la Bárbara de Jardín, o sea, que son demasiadas las coincidencias…

¿Es su libro contra el silencio o contra lo que se ha dicho siempre de Dulce María Loynaz?

Se llama Contra el silencio porque a Dulce María siempre se le vinculaba con la tradición del intimismo, se veía en su obra una poesía desasida de la realidad, una poesía donde se destacaban mucho más los espacios de silencio, porque ella misma usaba mucho los puntos suspensivos, hablaba sobre la poesía del silencio, lo tematizaba todo el tiempo. A ella se le nombra así, “La poetisa del silencio”. La tesis de mi obra es que Dulce María tenía muchas cosas que decir, aunque a veces ella repitiera que no estaba diciendo nada. Es por eso que le puse Contra el silencio a este trabajo.

A su juicio, ¿qué debemos salvar a toda costa de Dulce María Loynaz? ¿Cuál sería su particular legado a las nuevas generaciones de cubanos y cubanas?

En cuanto a sus libros, prefiero Poemas sin nombre, aunque me gustan mucho dos poemas largos, La novia de Lázaro, y Canto a la mujer estéril. La novela Jardín me parece interesantísima, excelente, y me parece que es tristísimo que nadie la conozca o que la conozcan poco los lectores cubanos, porque es una novela muy rica, pero que, como toda buena novela, exige un esfuerzo de lectura que no todo el mundo está dispuesto a hacer. Deberíamos intentar educarnos para tratar de leerla y hacer de esa lectura algo productivo.

Por otra parte, Un verano en Tenerife es un libro de memorias excelente, con un lenguaje maravillosamente escrito. Entonces yo creo que el legado de ella es muy amplio, a pesar de que escribió poco, porque la obra completa de Dulce María cabe en un tomo mediano.

¿Y de la Dulce María mujer?

Siempre recuerdo, y esto lo he contado en otras ocasiones, su fortaleza de espíritu. Yo la conocí siendo ya una viejecita. En el Instituto de Literatura y Lingüística, donde yo trabajo, le hicieron una vez un homenaje a la familia Loynaz. Dulce María llegó en una silla de ruedas. El homenaje comenzó con una grabación del Himno Invasor, que escribió su padre, y Dulce María se puso de pie y estuvo de pie todo el tiempo que duró el himno, que es bastante largo. Esa es la imagen que tengo de ella, la de una mujer que se impuso sobre sus limitaciones, incluso físicas, y por otro lado que, como ella misma dice en Jardín, es una mujer que podía haber estado perdiendo el tiempo en un casino dominguero y, sin embargo, se dedicó a escribir, se dedicó a pensar. Yo creo que esa es una ganancia que cualquier mujer debería heredar, aceptar como propia.

En una entrevista usted decía que hay preguntas necesarias que replantean el análisis de la literatura femenina. Entre ellas, es necesario saber qué elementos usan las autoras para adentrarse y contestar a lo establecido. Extrapolando lo anterior al ensayo, ¿cuáles fueron las estrategias discursivas de Contra el silencio?

En realidad el hecho mismo de considerar a Dulce María como una poetisa intimista, como una poetisa del postmodernismo, ya la elimina prácticamente del canon, o la deja en un lugar menor. Leerla así, ver la evolución que tuvo su obra, tratar de ubicarla en diálogo con otros autores de su época, como Ballagas, hasta Lorca incluso, es importante para incorporarla en otro lugar lejos del canon. Con la narrativa pasa lo mismo. Cuando lees Jardín como una novela extraña, cosa que suele hacerse, como una novela que es un rara avis en la tradición cubana, la estás relegando a un espacio oscuro y marginal. Si, por el contrario, la lees como parte de la narrativa feminista de vanguardia que se dio en todo el continente y de la que Jardín es una muestra más, la estás incorporando a una tradición, y la estás haciendo subir unos cuantos escalones en el canon cubano si los lectores aceptan esa tesis. Mi empeño era ese, aunque no sé si el libro cambie algo. Espero que sí. Al menos lo intenté.

Ya se habla de un boom feminista en la prosa cubana. ¿Qué opina?

Realmente hay una explosión. Hay mucha gente escribiendo, muchas mujeres. Ahora mismo yo estoy preparando para La Gaceta un dossier sobre novela y hay más de diez mujeres escribiendo en ese género. Por otra parte, ha crecido mucho el número de publicaciones femeninas, sobre todo en narrativa.

Las causas son diversas, hay un ambiente propicio para la creación. Por un lado, porque la situación de la mujer ha cambiado. Yo estaba revisando los datos del censo y ahí se dice que más del 41% de los hogares tienen una jefa de hogar mujer, lo cual quiere decir que la situación es complicada para nuestro sexo, pero al mismo tiempo te indica que tenemos un alto nivel de responsabilidad social.

Más del 65% de los profesionales y técnicos son mujeres. O sea, las mujeres tienen un nivel de inserción social mucho mayor que en cualquier otra época de la historia de Cuba. Por otra parte, creo que con este tipo de trabajos críticos y teóricos sobre el feminismo, sobre la tradición de escritura de las mujeres, las féminas han ido ganando espacio aun cuando ellas mismas no crean o no sientan que este tipo de trabajo les aporta como profesionales femeninas de hoy en día.

¿Un espacio? Yo creo que es un rescate, y no estoy hablando de mí personalmente, sino de un movimiento que se ha dado desde la academia, de la crítica, sobre todo, que tiene nombres como Susana Montero, Luisa Campuzano, Nara Araújo, Mirta Yáñez, la lista es inmensa.

En 1996 se publicó Estatuas de sal, una antología de cuentos de mujeres. En fin, ha habido un cierto punto de giro en el desarrollo de una concepción de la literatura de mujeres como una literatura válida. El hecho de ser mujer influye mucho a la hora de evaluar la narrativa. Dulce María es un ejemplo de eso. Cuando se lee la obra Jardín como una novela extraña, distinta, es porque Dulce María es una mujer. Si esa obra la hubiera escrito un hombre, ¿la leerías de la misma manera? Hay muchos ejemplos en la historia de la literatura de que un texto, cuando se sabe que fue escrito por una mujer, se califica de sensitivo, edulcorado, y cuando es un hombre, entonces se habla de inteligente, de elaborado desde el punto de vista técnico. Existe esa discriminación, muchas veces involuntaria, y tiene que ver con la formación cultural que hemos tenido.

¿Qué representa para usted el Premio de la Crítica?

Para mí es una alegría. El Premio de la Crítica es un premio bastante codiciado por todos los escritores en Cuba. La verdad que no lo esperaba porque este año había muchos ensayos muy buenos, y el ensayo no es un género que suela premiarse con frecuencia. Este año se hizo un acto de justicia, y agradezco mucho al jurado que haya tomado en cuenta los libros de ensayo, que no suelen leerse en el mismo nivel que los libros de narrativa o poesía.

Tomado de La Ventana

01/11/2006 GMT 0

Narciso y Eco en nuestra América

negracubana @ 11:27

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«Luisa Campuzano ha hecho extraordinarios aportes a la literatura en su especialidad. No es una taxidermista de los textos que trabaja; por el contrario, les infunde nueva vida»

La Editorial argentina La Bohemia acaba de inaugurar su Colección Micromegas, dedicada a los Estudios Literarios, con la publicación del libro Narciso y Eco: tradición clásica y literatura latinoamericana, de Luisa Campuzano, reconocida profesora e investigadora y directora del Programa de Estudios de la Mujer de la Casa de las Américas.

Tomando como impulso alegórico las asimetrías de la relación simbólica propuesta por el mito que le sirve de título, se devanan, en las tres secciones que integran este volumen de cerca de doscientas páginas, prologado por Susana Cella, los hilos que conforman las tramas contemporáneas de la literatura latinoamericana donde encuentran nuevos perfiles las viejas imágenes, las prácticas culturales y los iconos de otros, muy lejanos tiempos.

El primero de los seis textos agrupados en la sección inicial bosqueja un panorama general de la apropiación por autoras latinoamericanas de la cultura antigua; los cinco siguientes se dedican en particular a su tratamiento de dos temas: las versiones fielmente infieles de tres tragedias ―Medea, Hécuba, y Electra― y su relación con dos motivos muy frecuentados por la tradición clásica: las heroínas romanas, y las mujeres abandonadas ―Dido y Ariadna.

La segunda sección desarrolla un solo tema que va de una literatura escrita, hace más de dos milenios, como simulacro de la cena y del consumo, a la escritura de la cocina como ejercicio de liberación y de producción estética y erótica de las mujeres, mediante el aprovechamiento de todo el arsenal simbólico de un saber y unos ritos instaurados desde siempre y permanentemente desvalorizados.

La tercera sección reúne dos trabajos que abordan los códigos y mitos clásicos en varias novelas de Alejo Carpentier. Como apéndice, se reproduce una entrevista realizada a la autora por María Grant, en la que se insiste en su tránsito de la enseñanza de letras clásicas al estudio de la escritura de mujeres latinoamericanas.

En la contratapa del volumen, que reproduce en su cubierta con marcada intención un cuadro de Rocío García titulado “Venus y Apolo destruido”, se leen las siguientes opiniones de muy conocidos escritores:

“Luisa Campuzano ha hecho extraordinarios aportes a la literatura en el campo de su especialidad. No es una taxidermista de los textos que trabaja; muy por el contrario, les infunde nueva vida que los reactualiza suscitando la admiración y el agradecimiento del lector creativo.” (Leónidas Lamborghini)

“Luisa Campuzano es una mujer a la que admiro desde mucho antes de haber tenido la suerte de conocerla personalmente: por su lucidez y la legítima originalidad de sus opiniones críticas, por su conocimiento, realmente iluminador, de la literatura latinoamericana, por la transparencia de su prosa, por la pasión con la que, a través de su trabajo en Casa de las Américas y su actividad docente, ha hecho siempre de su saber una militancia.” (Liliana Heker)

“Para subvertir el universo estratificado de Eco y Narciso, de la enamorada del enamorado de sí mismo que sólo puede repetir las palabras del amado, Luisa Campuzano hubo de convertirse en una moderna Pandora a la inversa. A lo largo de años de cátedra, con toda dedicación y con enorme sabiduría, esta brillante filóloga, crítica y ensayista cubana fue detectando en las páginas de la literatura hispanoamericana escrita por mujeres las piezas que una vez juntas y analizadas en profundidad conmueven los más clásicos cimientos.” (Luisa Valenzuela)

“El cruce cultural entre América y Europa grecolatina es un marco teórico que Luisa Campuzano ha convertido en un destino. Siguiendo el hilo de personajes femeninos de la tragedia, el mito y la tradición clásicas, sus ensayos tienden un puente de interpretación, donde versiones y diversiones del Amor, el heroísmo y la relación entre cuerpo de mujer y política, se hacen carne en una infrecuente escritura.” (Liliana Lukin)

Tomado de La Ventana

17/10/2006 GMT 0

Bembé para Cimarrones

negracubana @ 14:04
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Tuve el placer de tenerla frente a mí, era la profesora Ana Cairo, en una de esas exposiciones brillantes que tod@s sus estudiantes aman. Esta vez presentando su libro, lo cual ocurre justo cuando estamos celebrando los 120 años de la abolición definitiva de la esclavitud en Cuba. El énfasis en la palabra definitiva no es mío, es de la profe, quien recordó que la lucha comenzo con la guerra de 1868, fue en el marco de la misma que el abolicionismo tuvo su esplendor.

Fue durante la presentación de Bembé para Cimarrones, que tuvimos la oportunidad de escucharla nuevamente. Dicho libro tomó prestado como portada la escultura existente en el poblado del Cobre, Santiago de Cuba, y que en pleno período especial se decidió realizar en honor a l@s cimarrones/as, rindiéndole así merecido tributo.

Les remito al sitio Cubaliteraria para que vean los detalles de tal publicación, por ahora le llevo en mi cartera, iniciando la lectura de este documento que se que me ayudara a encontrarme a mí misma.

15/09/2006 GMT 0

Contra el silencio, libro de Zaida Capote

negracubana @ 12:20

20060915170711-images.jpgTuve la suerte que el módulo de Género y Literatura de la maestría que estoy cursando me lo impartiera la joven y talentosa ensayista Zaida Capote. Esta chica peculiar de pequeña estatura me condujo por muchos senderos (o senderas), algunos de ellos: Luce Irigaray, bell hooks, Spivak, Kristeva. Ella gustosamente es la culpable de que en ahorita mismo mi cerebro esté hecho aguas...

Le agradezco infinitamente, y como premio le dejo este artículo que escribió una colega sobre la última contribución de Zaidita a las letras cubanas, un ensayo en el cual re-construye verdades relativas sobre la obra de Dulce María Loynaz.

El silencio se rompe, como el espejo

Me llama la atención, y lo he escrito en otra ocasión, que dentro de la convocatoria de los premios Alejo Carpentier, en el género del ensayo, se esté manifestando con fuerza, sensibilidad y talento la mujer, y que sean algunos de esos libros los mejores títulos laureados en las últimas ediciones.

Maggie Mateo con su acercamiento a Lezama Lima, después la excelente exploración de Mayerín Bello sobre Eliseo Diego y ahora, otra filóloga de las nuevas promociones, pero de igual rigor que las antes mencionadas, Zaida Capote nos presenta su investigación sobre Dulce María Loynaz.

Cada una de ellas ha revisitado a los autores estudiados y a sus obras rompiendo no sólo el silencio, sino el espejo que ha deformado, y también “canonizado” en demasía cualquier posible aventura intelectual sobre esos clásicos de las letras cubanas del siglo XX.

Contra el silencio es el título del cuaderno de Zaida Capote Cruz, quien sostiene como tesis central de su discurso el sentido y presencia de la paradoja, como sustancia de la obra de Dulce María Loynaz, y rompe también algunas concepciones, afirmaciones y criterios que hablan como dogmas y desde el sentido del “magíster dixit”, cuando de la autora de Jardín se habla y polemiza.

Contextualizar a la persona y a la escritora, y con ella desde esas relaciones, deudas, fuentes, polémicas incluidas, abre una nueva perspectiva sobre la producción loynaciana, como lo avala este ensayo que afirmará también el carácter feminista y transgresor de la poeta.

Ante las lecturas superficiales, ante los esquemas que suelen imponerse como camisa de fuerza sobre un autor o autora, como sucede con la Loynaz, Capote nos introduce en un proceso de construcción identitario, donde sobresale no sólo la amplia cultura de la escritora, sino su diálogo vivo con su época, a pesar de los criterios que suelen afirmarse desde su ostracismo.

La poesía, como el mundo narrativo que cuenta con una novela a la que todavía no creo que se le haya hecho justicia –y que a pesa de presentar la atmósfera como su gran personaje, del espíritu visual de sus imágenes subjetivas, ni siquiera cuando se pensó en traducirla al cine, se logró ir más allá de los esquemas que suelen buscar, para la narrativa cinematográfica, argumentos factuales, tal como lo reclamó, en su día, la actriz que iba a asumir el personaje de Bárbara, nada menos que María Félix.

Fina García Marruz, con su proverbial sensibilidad y agudeza será uno de los apoyos para Zaida Capote, al reflexionar sobre esa obra tan singular, de la que no dudo en compartir su proximidad a lo que luego conoceríamos como “boom”, tal y como lo apunta la ensayista en su libro, quien además subraya los elementos no sólo intertextuales del discurso loynaciano, sino la presencia de lo autotextual en su novela.

El proceso de crecimiento de la poeta que fue, en esencias, Dulce María hasta que llegó a la síntesis de su lírica, en la prosa de sus Poemas sin nombre, tan próximos también a la poética martiana, los diversos elementos estéticos de su contemporaneidad, asumidos desde la singular apropiación de una creadora como lo fue aquella habanera voluntariosa e irónica, son algunas de las aproximaciones que ganamos con la lectura de este estudio que contribuye a despiezar la imagen, y a quebrar fórmulas preceptivas que han caducado, en sustancia, por su propia condición reduccionista.

Mercedes Santos Moray

Publicado en Cubaliteraria

Cuba y el boom de libros escritos por mujeres

negracubana @ 11:22

El caso de Cuba parece dar cuenta de un fenómeno que atraviesa a la literatura del mundo: el éxito editorial de los libros de autoras femeninas. En la isla, las escritoras crecieron en número y en cantidad de premios logrados. Sus narraciones cuestionan los relatos donde las mujeres aparecían relegadas a atender enfermos o servir en campamentos, aunque habían participado de los combates. El auge existe pero ¿es una moda o una verdadera apuesta de género? Las autoras lo responden.

El éxito editorial acompaña en la actualidad a las narradoras y los libros de autoría femenina se reafirman en las editoriales del munedo. Este boom también se ha hecho sentir en Cuba y los nombres de las escritoras de esta isla no solamente han crecido, sino que han colmado los espacios destinados a premios de valía.20060915173509-libros.jpg

Sin embargo, cuando se habla de la historia literaria cubana, de autores y obras paradigmáticas, encontramos que la voz masculina ha marcado el canon en la narrativa de este país.

Para la ensayista Zaida Capote Cruz, doctora en Ciencias Filológicas, las causas pueden haber sido muchas. La especialista en Estudios de la Mujer por el Colegio de México sostiene que se trata de motivos históricos, "porque el lugar de la mujer en la sociedad cubana siempre ha estado por detrás de los hombres".

Y añade: "Cuando se escribe la historia de nuestras guerras de independencia, el lugar de ellas siempre está en el cuidado de los enfermos, en el campamento, aunque hayan participado en combates. Siempre se mencionan como la madre o la mujer de alguien, y entonces se dejan de lado".

Capote explica que con la historia literaria ha sucedido lo mismo. "Salvo algunas que se han destacado muchísimo, como Gertrudis Gómez de Avellaneda, y después Dora Alonso, así como en pequeños hitos, el resto de las mujeres eran parte de un fenómeno que estaba al margen de lo que se consideraba buena literatura".

Gómez de Avellaneda fue una escritora del siglo XIX, autora de poesías, ensayos, novelas y obras de teatro. En tanto, Dora Alonso cultivó varios géneros en época reciente, en especial dentro de la literatura infantil, y mereció el premio Casa de las Américas, en 1961, con la novela Tierra Inerme.

Por supuesto que esta realidad ha estado determinada también por quién impone los modos de lectura de las obras literarias, por "cómo se educa a los lectores, cómo se crea el gusto literario y, casi siempre, los textos de mujeres no son modélicos, no se ajustan al modo dominante de escribir, entonces van quedando fuera también por esa razón", precisa la ensayista.

La década del sesenta... ¿marginación?

Zaida, quien obtuviera recientemente el premio de ensayo Alejo Carpentier con su libro Contra el silencio, que aborda la obra de la escritora cubana Dulce María Loynaz, premio Cervantes de Literatura, ha estudiado el fenómeno de la cuentística femenina cubana en la década del sesenta.

Las narradoras de esa generación no tenían un compromiso evidente. Es una época privilegiada por los llamados "años duros" o "años del nacionalismo épico", dominados por la escritura masculina. Entonces ellas optaron por una literatura más desasida de la realidad.

"Normalmente, las mujeres han tenido más contacto al escribir con los relatos fantásticos; creo que tiene que ver con que ese espacio no estaba tan dominado por los hombres y es secundario a la hora de valorar los grandes relatos históricos nacionales", explica a SEMlac.

Al privilegiarse en esos años la literatura realista, ellas quedaron al margen. "Fue una coincidencia que se dio en los sesenta, que tuvo consecuencias históricas muy serias para las escritoras, porque fueron olvidadas, echadas a un lado y algunas pagaron incluso con años de silencio. Muchas de ellas se callaron y nunca volvieron a escribir o publicar. Se retiraron del mundo público y volvieron luego, muchos años después", insiste Capote.

Autoras como María Elena Llana, con su libro La Reja (1965) o Esther Díaz Llanillo con El Castigo (1966) son ejemplos de las que se mantuvieron alejadas del mundo editorial. En la presentación del libro Cuentos antes y después del sueño, Díaz Llanillo confesaba que había dejado de escribir "porque el tipo de escritura que hacía entonces no se avenía a los modelos por los que la crítica, salvo contadas excepciones, mostraba interés".

Las décadas de los 80 y 90... las causas

Críticos y especialistas reconocen que, desde finales de los ochenta y principios de los noventa, ha habido un florecimiento en la narrativa femenina cubana.

La académica cubana Luisa Campuzano, autora del libro de ensayos Las muchachas de La Habana no tienen temor de Dios... Escritoras cubanas (XVIII - XXI) ha escrito sobre la década del noventa: "mientras el país experimentaba una drástica contracción económica que repercutía en todas las esferas de la vida, se ha producido una eclosión de libros de cuentos y novelas de mujeres que es una de las marcas de la literatura cubana de hoy".

Zaida Capote piensa, por su parte, que hay condiciones reales de la situación de la mujer que han cambiado y ejercen una influencia. "Las que vivimos hoy en la sociedad cubana probablemente seamos más conscientes de nuestros derechos. Además, el tema de las luchas sociales por los derechos civiles y el feminismo de los años setenta también ayudaron a cambiar el panorama histórico mundial".

Sin embargo, aclara que en Cuba, el feminismo es como un terreno medio pantanoso, en el que nadie quiere meter un pie, y las escritoras niegan ser feministas. "Es muy difícil que encuentres a una escritora cubana contemporánea que se diga feminista, a pesar de que puedes leer un texto suyo y decir: aquí encuentro una idea que puede servir a un ideario feminista. En estos momentos, no recuerdo a nadie que se declare feminista", comenta la ensayista.

Pero, el fenómeno de la literatura hecha por mujeres también pareciera estar de moda. "Pienso que se trata de una cuestión comercial en el mundo. No sé en Cuba, pero quizás las editoriales les estén prestando más atención a los libros de mujeres porque se venden muy bien. Hay que reconocer que la literatura escrita por ellas tiene bastante público, sobre todo porque creció muchísimo el público lector femenino".

Los temas, las autoras...

En la narrativa de los noventa en Cuba hay mucha diversidad entre todos los autores, mujeres y hombres. Es muy difícil hablar de una escuela, un estilo o de un grupo, pues cada cual tiene una personalidad muy bien definida, sin mucho contacto con el resto.

"Podríamos reunir narraciones de mujeres por el hecho de que lo sean y de que escriban en esta época, pero no tienen mucho en común", explica la ensayista. "Por ejemplo, Mirta Yáñez y Marilyn Bobes, que provienen de la década del ochenta: la primera sigue escribiendo sus cuentos humorísticos con cierta carga de lo cotidiano y la segunda lo hace mucho más sobre temas cotidianos también y que afectan a las mujeres".

Otro caso es el de Laidi Fernández de Juan, ganadora del premio Casa de las Américas, quien aborda asuntos concernientes a la cotidianeidad y que tienen mucho que ver con ser mujer en un contexto doméstico, pero también en el ámbito social. En tanto, Mylene Fernández, premio Italo Calvino por su novela Otras Plegarias Atendidas (2002), "posee una ironía devastadora y emplea elementos del crecimiento de la mujer para cuestionar temas sociales más amplios", comenta Capote.

Una de las más galardonadas en concursos nacionales e internacionales es Ena Lucía Portela. Entre otros reconocimientos, posee el premio Juan Rulfo de cuento de Radio Francia Internacional, por El viejo, El asesino y yo (1999), además del premio Jaén de novela (2002) con La sombra del caminante. "Sus personajes son muy críticos de la realidad y, al mismo tiempo, su identidad sexual es muy indefinida en algunos casos", precisa Zaida.

Por ejemplo, en El pájaro: pincel y tinta china, otro de sus libros, hay modelos diferentes de mujer. También en Cien botellas en una pared aparece la escritora, la intelectual que quiere tener un futuro, la sumisa que sólo está esperando la señal de un hombre para vivir", explica.

La marca textual femenina...

Para muchos teóricos, existe la convicción de que la escritura tiene sexo. Sin embargo, la propia Ena Lucía Portela ha declarado que el hecho de ser mujer no significa nada para ella con respecto a lo que escribe.

Sobre el tema, Zaida tiene sus propias consideraciones: "Pienso que no existe una marca femenina y me gusta leer los textos de mujeres como obras de mujeres, en su contexto histórico sobre todo".

Para esta especialista, hay preguntas necesarias que replantean el análisis de la llamada literatura femenina: "¿Qué significa ser mujer en ese momento?, ¿qué elementos usa esa mujer para adentrarse y contestar al canon?, ¿cuáles son sus estrategias? Pero, al hablar de una huella textual, siempre tengo mis dudas, a menos que aclares que estás hablando de literatura femenina como escritura de mujeres y hagas esa delimitación por razones metodológicas."

Y más adelante reflexiona, desde su posición de ensayista-mujer: "No se puede inventar desde la crítica algo que no existe. No se pueden pedir peras al olmo. Hay que tratar con la producción que está hecha. Se supone que, al señalar coincidencias o divergencias entre autoras, esto pueda acicatear una u otra dirección de su obra posterior, pero eso queda a la elección de cada cual".

La narrativa femenina ha evidenciado, en la última década, un viraje incuestionable. Amén del sentido de pertenencia o no de las escritoras, se han producido cambios ideotemáticos que reconocen a la mujer en la palabra escrita. De la historia y la épica colectiva se pasa al mundo de lo privado, de lo personal, y en esa relación entre lo privado y lo público se resuelven muchas de las historias contadas con el espíritu de las mujeres.

Danae C. Diéguez.

Publicado en Artemisa Noticias

17/07/2006 GMT 0

Mujeres con su historia

negracubana @ 14:11
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El Prof. Fernando Carr, con su usual manera de convocarnos a escuchar, presentó el pasado miércoles, una nueva edición de “EN BUSCA DE UN ESPACIO: HISTORIA DE MUJERES EN CUBA.” libro del joven historiador Julio Cesar Gonzáles Pagés.

Durante dicha presentación, que tuvo lugar en el Salón La Sevillana del Hotel Inglaterra, fueron homenajeadas nuestras queridas Rosita Mier y Naty Revueltas, inspiradoras y colaboradoras del minucioso trabajo que dio como fruto este título.

Este libro, que en parte es el resultado del trabajo de investigación desarrollado por el autor para la obtención del grado de Doctor en Ciencias Históricas, fue editado con anterioridad por Pinos Nuevos; en esta ocasión colaboraron el CENESEX y la Editorial Ciencias Sociales, trabajo conjunto que nos permite constar en estos momentos con tan oportuno ejemplar.

Dicho texto se inscribe en la tradición feminista de contar lo que hemos hecho y hacemos las mujeres, resultando uno de los pocos libros cubanos que abordan nuestra historia, y nuestras contribuciones a lo que hoy somos en términos identitarios, en este caso dedicado a las mujeres que desde finales del siglo XIX hasta 1958 fundaron y formaron las numerosas organizaciones feministas con que constaba nuestro país.

13/07/2006 GMT 0

"Habana Babilonia ó Prostitutas en Cuba"

negracubana @ 15:37

"Sade nuestro que estás en los cielos ó Prostitutas en Cuba" y "Habana Babilonia ó Prostitutas en Cuba" son dos títulos para un mismo libro, el del escritor Amir Valle. Se trata de un libro que, a mí en lo particular, me quitó el sueño por un sólo día, pues su lectura me atrapó por más de 16 horas ininterrumpidamente.

Resulta que este joven escritor cubano, que vive en la Isla, con un ingenioso ejercicio de periodismo de investigación, y asumiendo el testimonio como la fuente inequívoca para la aprehensión de la realidad, aborda con profundidad la prostitución en Cuba durante los años 90, momento en el cual el desarrollo del país dependía teóricamente de la llamada "industria del ocio".

Su Habana Babilonia (título más o menos definitivo) llega a paralizarnos, o al menos nos deja el lamento por no haberlo leído antes, o el deseo de que ojalá hubiese sido escrito con anterioridad a los propios sucesos que describe, el más desolador de los cuales es que Susimil o Loretta "el culo más espectacular de la Habana", murió de SIDA en una lejana ciudad europea.

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