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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Libros y Literatura

08/11/2008 GMT 0

Yo, mi propio enemigo?

negracubana @ 15:35
Libro

01/11/2008 GMT 0

La Habana, candidata a Capital Mundial del Libro en 2011

negracubana @ 13:26

 

Noche de los Libros

 

La Habana (PL).– Cabecera de festivales y campañas a favor de la lectura y centro del pujante movimiento editorial cubano, la urbe habanera aspira a ser Capital Mundial del Libro en 2011, dijo el poeta Fernando León Jacomino.

En declaraciones exclusivas a Prensa Latina, el vicepresidente del Instituto Cubano del Libro (ICL) subrayó que la candidatura responde a una convocatoria de la UNESCO, que otorga el título en reconocimiento a la calidad de programas para difundir el libro y la literatura.

Con más de 120 sellos, la industria editorial en la isla produce unos mil títulos nuevos cada año gracias al respaldo financiero del Estado, que valora el libro entre los productos de primera necesidad.

A partir de una experiencia venezolana, la reciente creación del Observatorio Cubano del Libro posibilitará un mayor rigor del trabajo estadístico en esa esfera y estudios precisos sobre demandas y preferencias de los lectores.

Las acciones para acercar el libro a los lectores y ubicarlo como parte de la vida cotidiana tienen en la Feria Internacional del Libro de La Habana (FILH) un espacio que atrae a numerosos escritores, diseñadores, bibliotecarios, libreros, especialistas y trabajadores poligráficos.

Como muestra, en la más reciente edición de FILH, extendida a 40 ciudades, se vendieron más de cuatro millones de ejemplares, con un promedio de 150 mil diarios a precios que apuestan a democratizar los niveles de acceso en la población.

Según Jacomino, la cantidad de ejemplares que se imprimen anualmente en el país se ha mantenido desde hace más de un lustro, con independencia de los precios del papel y la cartulina, vinculados siempre con los del petróleo.

Actualmente, precisó, todos los insumos utilizados para hacer un libro valen el doble de lo que costaban hace tres o cuatro años, pero cuentan con la protección del Estado por la importancia que concede a la lectura como uso cultural del tiempo libre.

Cuba no está insertada en las transnacionales del libro y ello es resultado indirecto del bloqueo económico que Estados Unidos mantiene contra la isla, puntualizó.

Al panorama editorial cubano se suman diversas revistas culturales –de ellas una en cada provincia- que reflejan el acontecer artístico y literario local.

También existe una amplia red de concursos y eventos de alcance nacional e iberoamericano que constituyen un escalón de legitimación para noveles autores.

Desde julio de 2007, el ICL ha organizado diversos festivales de lectura y en marzo del presente año convocó al primer Festival del Libro en la Montaña, realizado en nueve provincias que poseen macizos montañosos.

Entre las más recientes acciones se incluye la campaña Leyendo espero, con pequeños módulos de libros en sitios donde la población aguarda algún servicio (peluquerías y barberías, policlínicos y hospitales). Asimismo incrementan los clubes de Amigos del Libro en centros de enseñanza media superior.

La designación de la UNESCO de una ciudad como Capital Mundial del Libro se establece desde el 23 de abril de cada año hasta el 22 de abril del siguient, como parte de las celebraciones por el Día Internacional del Libro.

Creado en 1996, ese reconocimiento comenzó a otorgarse en 2001 y hasta la fecha lo han merecido Madrid (España), Alejandría (Egipto), Nueva Delhi (India), Amberes (Bélgica), Montreal (Canadá), Turín (Italia), y Bogotá (Colombia), en ese orden.

En 2008 el título correspondió a la ciudad de Ámsterdam, Holanda, mientras que en 2009 será proclamada Beirut, en el Líbano.

Tomado de Prensa Latina

24/10/2008 GMT 0

Rogelio Martínez Furé en La Espiral

negracubana @ 17:13


La tertulia La Espiral, que conduce Ernesto Cuní, tendrá como invitado al reconocido intelectual Rogelio Martínez Furé, el próximo viernes 31 de octubre a las 5:00 p.m., en saludo al Día de la Cultura Nacional. La cita será en el Centro Cultural Leonor Pérez, ubicado en San Isidro esq. a Damas, La Habana Vieja.

No se pierda la portunidad de disfrutar del Maestro Furé y de sus "descargas".

18/10/2008 GMT 0

Programa general de la celebración Cuatro Siglos de Literatura Cubana (1608-2008)

negracubana @ 16:51

20 de octubre

Acto por el Día de la Cultura Nacional
Bayamo

21 de octubre
10:30 am. Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, develará tarja conmemorativa de los 400 años del Espejo de paciencia. Museo Numismático, Centro Histórico de La Habana
4:00 pm. Lecturas de teatro cubano: La escuela de los parientes, de Joaquín Lorenzo Luaces, por Teatro D’Dos, bajo la dirección de Julio César Ramírez. Galería Raúl Oliva del Centro Cultural Bertolt Brecht

23 de octubre
Gran Feria del Libro Universitario
Universidad de La Habana

28 de octubre
4:00 pm. Lecturas de teatro cubano: Los negros catedráticos, de Francisco Fernández Vilaros, por un elenco dirigido por Alberto Sarraín. Galería Raúl Oliva del Centro Cultural Bertolt Brecht

30 de octubre
2:00 pm. Cancelación de serie postal conmemorativa. Instituto de Literatura y Lingüística

3 al 7 de noviembre
Coloquio internacional Cuatro siglos de literatura cubana. Instituto de Literatura y Lingüística
Ciclo «La literatura cubana en el cine»
Cine Riviera

4 de noviembre
6:00 pm. La virgencita de bronce, de Norge Espinosa, por Teatro de las Estaciones
Sala Adolfo Llauradó

5 de noviembre
4:00 pm. Lecturas de teatro cubano: Electra Garrigó, de Virgilio Piñera, a cargo de Teatro de las Estaciones, bajo la dirección de Rubén Darío Salazar. Galería Raúl Oliva del Centro Cultural Bertolt Brecht

6 de noviembre
4:00 pm. Premiación del concurso de ensayo «Puentes cordiales», de la revista Vivarium. Seminario de San Carlos y San Ambrosio

8 de noviembre
11:00 am. Sábado del Libro.
Presentación y venta de la edición conmemorativa de un volumen con tres obras cubanas: Espejo de paciencia, Testamento de Joseph Pita y El príncipe jardinero o fingido Cloridano, así como del número especial de la revista Extramuros por los Cuatro siglos de literatura cubana.

11 de noviembre
4:00 pm. Lecturas de teatro cubano: El peine y el espejo y Yo fumo Marlboro, de Abelardo Estorino, por un elenco dirigido por Carlos Pérez Peña. Galería Raúl Oliva del Centro Cultural Bertolt Brecht

12 de noviembre
2:00 pm. Presentación de la colección de entrevistas Palabra Viva, del Centro Pablo de la Torriente Brau. Instituto de Literatura y Lingüística

14 de noviembre
5:00 pm. Continuidad de los parques. Lecturas de poemas clásicos y contemporáneos
Parques de todas las provincias

19 de noviembre
6:00 pm. Presentación de discos y concierto Del verso a la canción. Centro Pablo de la Torriente Brau

20 de noviembre
4:00 pm. Proyección de versiones fílmicas para TV de tres cuentos cubanos. Conversatorio con sus autores y realizadores.
Se exhibirán «Escuchando a Little Richard», de Francisco López Sacha; «Disparos en el aula», de Alberto Guerra Naranjo y «Mimusa», de Ana Lidia Vega Serova. Sala Caracol, UNEAC.

01/10/2008 GMT 0

Siete décadas de cinematografía nacional en 239 páginas

negracubana @ 14:51
Por: Maya Quiroga

Cubierta del Catálogo de Cine Cubano La aparición del Catálogo del Cine Cubano 1897-1960 se convirtió en todo un acontecimiento para los cinéfilos del patio. Patrocinado por la Cinemateca de Cuba y bajo el sello Ediciones ICAIC, el volumen tiene entre sus aciertos la edición de Rosario Esteva y el diseño de cubierta de Andrés Mir, quien llevó una serie de fotogramas al tambor de imágenes que ilustran la portada.

La presentación del libro coincidió con el cumpleaños 80 de su autora, María Eulalia Douglas, Mayuya (Las Villas, 1928), quien se desempeña como especialista principal de cine cubano de la Cinemateca de Cuba. Con una labor investigativa de más de 30 años a Mayuya se debe una publicación imprescindible: La Tienda Negra, Premio Nacional de Investigación Cultural Juan Marinello en 1997.

Catálogo... cuenta con un índice de directores y otro de filmes, lo cual facilita el trabajo de investigación. Al decir del destacado ensayista y crítico Ambrosio Fornet en este volumen está todo "salvo la magra cuota que correspondería al cine de animación”.

Cada una de las 547 fichas técnicas del libro ofrecen información sobre productores, directores, artistas y técnicos, el tema, y si se conservan o no copias de las obras en cuestión. Por otra parte, está dividido en dos etapas: cine silente (unos 130 filmes) y sonoro (alrededor de 400 piezas), con sus correspondientes obras documentales y de ficción.

Entre los 70 documentales silentes que se reseñan sobresalen Simulacro de incendio (1897), primera filmación realizada en Cuba por el señor Gabriel Veyre, representante de la Casa Lumière de París, y Caída del MachadatoUn duelo a orillas del Almendares (1907), primer filme con actores hecho por el realizador cubano Chas Prada, hasta La Virgen de la Caridad (1930), del director Ramón Peón, considerada por algunos como la obra más importante del período silente en Cuba.

El catálogo reúne casi 300 documentales sonoros, como el corto publicitario Un rollo Movietone (1932) y P.M. (1960), de Sabá Cabrera Infante. De aquel período descuellan unos 115 filmes de ficción, entre ellos Maracas y bongó (1932), de Max Tosquilla, y Mares de pasión (1960), dirigida por Manuel de la Pedrosa. El Catálogo del Cine Cubano se une a los ocho nuevos títulos que aparecerán en el contexto del 30 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. (1933).

Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana

negracubana @ 14:09
Palabras de presentación del libro Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana, del investigador cubano Abel Sierra, este 27 de septiembre en el espacio del Sábado del Libro, en el Palacio del Segundo Cabo.

por Rufo Caballero


María Regla es un negrón de seis pies de estatura. Médico de profesión. Cada mañana, María Regla se viste con su bata blanca, parte a su consultorio, y lo mismo diagnostica una peritonitis que un embarazo utópico. Pero como el dinero que le pagan como clínico no le alcanza para vivir, en las tardes toma un bicitaxi y, en otro municipio, para que sus pacientes no la reconozcan, emprende varias carreras que le permiten vivir. En la noche, María Regla se traviste: se pone una peluca rubia, su blusita de tiranticos, y se pasea por la Calzada del Cerro como la primera.

María Regla es un mujerón que cada noche recorre, travestida, tres municipios: comienza por La muralla, o sea, en Habana vieja, continúa en El Cerro, y termina en 10 de octubre. Yo le pregunto: “María Regla, de dónde sacas toda esa energía para ser hombre y mujer, médico y taxista”, a lo que ella responde: “Recuerda siempre, Rufo, una canción de Marta Valdés que se llama En la imaginación”.

Como tiene un nivel cultural considerable, María Regla está en condiciones de entender que es la imaginación lo que le permite ser todo, todo a un tiempo. No conozco a Sisi, una de las testimoniantes de Abel Sierra en su libro Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana, pero veo que, con ella, el autor arriba a conclusiones similares. Cuando Abel le da la voz a Sisi, esta nos confiesa como “quisiera que me operaran y que me hicieran una mujerona, para casarme cuando ya sea una mujer”. [1]

Pero cuando el autor toma la voz se, nos pregunta: “¿Qué garantía tenemos de que Sisi no era una mujer antes de poder llegar a serlo? ¿El género es una esencia, un sello cultural estático?” (173, 174).

Del otro lado del espejo… es un libro que pretende comprender, y compartir con el lector, el montaje cultural que se halla en las mentes, en los imaginarios, de Sisi y de María Regla. Esto es: un texto que aspira a entender el comportamiento íntimo y social del sujeto contemporáneo. La interpretación del sujeto que interesa a Sierra abandona cualquier linealidad, para abrazar el pensamiento complejo, a tono con lo multiforme de seres que no responden ya, en absoluto, a las identidades cerradas o definitivas. Allí donde hubo simulación de identidad sellada se encuentra hoy labilidad, ruptura de todos los lindes, imaginario complejo.

Lo presumía incluso Fernando Ortiz, quien, a pesar de toda su carga moral, positivista y en alguna medida higienista, llegaba a comentar en La santería y la brujería de los blancos: “Vida sin pecados era vida sin deseos. O lo que es igual, vida inhumana”. [2] Valdría hacerle al sabio apenas una acotación: No es que resulte inhumana la vida sin pecados, sino que resulta inhumana la vida sin placer. ¿A qué sustituir placer por pecado, cuando sabemos ya hoy que el objeto de deseo es multiforme, que dista de ser uno solo o de expresarse en forma homológica?

No hay vida sin la asunción multiforme del placer, parece decirnos Abel. Unos despliegan esa multiforma sólo en su imaginación, y la sobriedad monogámica con que se ubican en sociedad merece respeto, como respeto merecen aquellos que tienen el coraje de desplegar públicamente, sin inhibición, todas las facetas de su imaginario.

Uno de los grandes valores de este libro reside en la asunción del concepto moderno de identidad desde una óptica relacional. La identidad no puede rozarse siquiera si no se pretende en relación trabada con la alteridad, con la otredad, con su variación misma en otro ser u otro comportamiento. Comenta Sierra que “la identidad nunca es idéntica a sí misma, sino que hay que concebirla como una relación, o como un conjunto de identidades relacionales” (221).

La identidad contemporánea se manifiesta como un atentado perenne a la definición. Por eso Abel se permite una sospecha medular: “Donde hay género, debe haber también travestismo” (164). Desde luego, diría yo. Y comprendería, sin el menor problema, el testimonio de Alejandra: “Al final todas somos maquillaje” (252). Todas, todos, somos maquillaje, juego de espejos y de máscaras, puro teatro, histrionismo, gesto, performatividad.

Celine, por ejemplo, se niega a reprimir su multiforma, su esencia cambiante, su posibilidad de ser otro y otra continuamente. Celine se enamora de una lesbiana, y sus colegas llegan a comentar, entre la sorpresa y la sorna: “Una lesbiana era su marido” (247). Celine, que se comporta como un hombre trocado en mujer, se enamora de una mujer que tal vez quisiera trocarse en hombre. Eso resulta fantástico: apoteosis de la mutación. Se diría que es alta literatura; pero no, es la vida. Celine es feliz con su lesbiana, y se la montan de maravilla. Entiende Abel que “esta variante del deseo de Celine sugiere que lo que llamamos orientación sexual no es tan estable como a veces se supone; la sexualidad es más volátil de lo que este concepto o cualquier otro pudiera explicar” (247).

La sexualidad ha dejado de ser un campo o un recinto acabado; somos cuerpos sexuados, todo lo más, que funcionamos según las circunstancias, las oportunidades, la vocación del deseo y la estética del histrionismo.

En Del otro lado del espejo…, Abel Sierra consuma un acucioso rastreo del funcionamiento del Estado cubano, durante casi tres siglos, sobre la base de la exclusión del diferente sexual, del que quiere vivir o pensar de manera diferente. Ya sabemos que el concepto mismo de diferencia, como el de tolerancia o el de aceptación, constituye una engañifa: ¿Por qué el homosexual ha de ser el diferente y no el hetero? ¿Por qué la marca de normatividad tiene que establecerse desde el hetero? Incluso antes: ¿hasta cuándo vamos a operar con marcas de normatividad? ¿Qué diablo es “lo normal” en un mundo donde Sisi y María Regla son felices, sin pliegues, sin dobleces? Con todo, esa perspectiva favorece un buceo impresionante, desde otro posicionamiento, acerca del proceso de forja y consolidación de la nación y la cultura cubanas.

A lo largo de ese trayecto analítico, Sierra posee, como investigador y ensayista, dos virtudes fundamentales: una, la organicidad con que combina el rigor del dato histórico (sin fetichismo pero con puntualidad) y el alcance interpretativo de sus especulaciones y juicios personales, en total compromiso de la opinión y la postura de vida. Dos: el alcance epistemológico que le confiere a sus detenimientos analíticos, donde mezcla estamentos muy diferentes del saber, de la sociología a la psicología, de la antropología a la semiótica, del psicoanálisis a la crítica cultural. En tiempos fragmentarios, de continuos desdoblamientos, Abel no le teme al juicio totalizante. Obsérvese la integridad de la siguiente inmersión en el tránsito de la escena colonial a la republicana:

Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, la institución matrimonial se privilegió como un espacio de reproducción, de economía doméstica y de transmisión patrimonial, y no como un espacio de placer sexual. En esos tiempos el placer femenino constituía un tema velado; incluso la sexualidad masculina se describía en términos de erección y de eyaculación, pero no de orgasmo, que en el caso de las mujeres se asociaba al histerismo, una enfermedad considerada como exclusivamente femenina, cuyas causas se atribuían o a frigidez o a desinterés respecto del coito heterosexual relacionado con desviaciones sexuales y tendencias al lesbianismo (109).

Se disfruta enormemente la lectura del libro porque, entre otras cosas, todo el tiempo se lo pasa uno localizando imágenes mentales que pueden graficar a la perfección las abstracciones de Abel. Digamos, el análisis anterior es cabalmente aplicable a la novela La esfinge, de Miguel de Carrión, del mismo modo que a su variación fílmica, la notable película Amada, de Humberto Solás.

Pero otro elemento que sin duda vuelve gozoso el libro es la sabrosura, mima, tremenda expresividad, con que Abel descaracteriza un recorrido de visiones excluyentes, soberbias e ignorantes a patear. Con determinados autores republicanos, Abelito hace zafra, se descubre a su aire.

Por ejemplo, el periodista Sergio Carbó, quien llegó a escribir que “tirando trompetillas se hace patria” (84). Eso parece cómico pero es patético. Ni trompetillas ni huevos; así no se hace patria. Aquel cretino no entendió nunca que no hay patria que pueda sobrevivir de la trompetilla al que no se ajusta al manual o a la carta de regimiento. No hay patria que viva de la mofa de sus hijos reacios a la represión o el fingimiento. En algún otro soplo, se refiere el vergonzantemente célebre Carbó a “los pepillitos, esos impúdicos mamarrachos que están robando a la patria toda su tradición de enérgica virilidad” (85). Desconoce Carbó que así como vive la patria del mito y el emprendimiento de la virilidad, vive también de la humedad. No hay patria sin humedad, sin flexibilidad de la vida social, sin espacio para el transformismo y la mutación.

Ahora, del mismo modo que la emprende Sierra contra todos estos periodistas empíricos que trataron y tratan de hacerse los graciosos sobre la base de demonizar al Otro (cuando sabemos que si sangran es porque hay herida), en otros casos, todavía más sabrosos, Abel pone de vuelta y media a ciertos teorizantes que, la verdad, dejan boquiabierto al lector.

Por ejemplo, ese autor que pudo escribir como “la homosexualidad es propia del capitalismo posmoderno” (201). Tamaña vulgarización del engarce entre la sexualidad y los vectores de la época resulta tan simpática que mueve a imaginar locuras como la que sigue: la modernidad era el espacio del machito vigoroso y cabalgante, de los “bugas”, en lo que la posmodernidad es el tiempo de las muchachitas, las loquitas de carrozas, el espíritu queer, en fin. Hay segmentos del libro donde el autor carnavaliza su relación con las fuentes, pero créanle: no es para menos.

La valentía de Abel toca fondo; no vayan a creer ustedes que se contenta con el juicio descolocador de los excesos republicanos. Llega a nuestros días, como tocaba, e impugna el hecho de que determinadas leyes del código penal se refieran, de modo dudoso, a “vicios socialmente reprobables” (191).

Denuncia Abel la realidad de que “las prácticas travestis son interpretadas con frecuencia como antisociales, categorías equiparadas a las de los ladrones, vagos y delincuentes” (191). Al leer a Sierra, sigue recordando el lector. Hace apenas unos meses un artista plástico hizo circular por e-mail una foto sobre una manifestación callejera en los días del éxodo por el Mariel, y en el cartel se leía: “Que se vayan: el lumpen, el homosexual, la escoria”. Las prácticas de poder y sus resonancias en el imaginario social han contribuido a que el homosexual sea visto al par que la escoria, como estorbo de la Historia, que habría que barrer con una escoba profiláctica, higienista.

Por eso el autor estima como tan importante la legitimidad jurídica del homosexual, el travesti, el transgénero y el transexual en el contexto sociopolítico de la Cuba de hoy. Sierra se pregunta:

Si las mujeres en Cuba cuentan con una institución, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), que además de representarlas políticamente, sirve de soporte para el desarrollo de estrategias de enfrentamiento a la violencia y a la discriminación contra ellas, ¿por qué no puede existir una(s) institución(es) genuinamente homosexual(es) que pueda(n) canalizar sus expectativas y brinde(n) posibilidades dialógicas no sólo con las instituciones estatales, sino con la sociedad civil en general para promover cambios en las estructuras jurídicas contemporáneas? (194).

Abel piensa que la comprensión no puede quedarse en el nivel melodramático de la compasión o la asimilación de quienes “integran” como si perdonaran la vida de los Otros. Resulta imprescindible la generación de mecanismos jurídicos, legales, que protejan la expresión del Otro, porque no puede seguir ocurriendo que la labor altruista de Mariela Castro y demás especialistas del CENESEX suban a los transformistas a un escenario oficial, y horas después no pocas redadas policiales suban a los homosexuales a las patrullas y los conduzcan al calabozo, con lo cual desautorizan la labor democrática del CENESEX y sumergen al país en un doble discurso: legitimación por un lado y palo por el otro. Cuántos de esos policías conocerán que la homofobia no es más que el temor a ser descubierto.

La mayoría de los travestis de Quinta avenida refieren que los padres de familia que noche tras noche detienen sus carros para montarlos, lo primero que hacen es tirárseles desesperadamente al pene. Esos padres de familia son travestis también, travestis mentales, travestis de armario. Ellos van a buscar a quienes tienen el valor de asumir socialmente su condición. Ellos van a buscar la emancipación de su propia conciencia. Pero si, al día siguiente, encuestamos a esos padres de familia, las respuestas serán sin duda homofóbicas: ellos desprecian lo que son a escondidas. Entonces, no es sólo lo que ves.

Tenemos otro caso: en este instante, no pocos jóvenes cubanos adoran a un reguetonero cuya vida homosexual es fama. Hay que ver las filas de hombres y mujeres —que lo tienen por igual como todo un símbolo sexual; un nuevo, híbrido y descomplicado símbolo— para rozarle la ropa o que les firme un autógrafo. Hombres y mujeres que adoran, y desean, al andrógino, sin el menor problema. Entonces, ¿se han movido los paradigmas, o no se han movido?

En medio de este juego de espejos, Abel, que no Caín, termina su libro —y lo titula— con una frase, con una idea semiológicamente peligrosa. Él confiesa que “los verdaderos protagonistas de este libro (…) me invitan siempre a que me sitúe del otro lado del espejo” (276). Parece una metáfora fácil, cuando no lo es. ¿Qué quiere decir situarse del otro lado del espejo? Como diría un amigo, ahora sí que sí.

Hacia el final de su texto, Abelito convierte su propia fe en una sospecha abierta a los poderes de la metáfora, pero como yo temo caer aquí en un psicoanálisis de cupé, o de cuplé, me limitaré a señalar que, en mi modesto criterio, Del otro lado del espejo… representa un aporte inestimable a la historia de la nación y de la cultura cubanas.

Septiembre de 2008.

Tomado de La Ventana

20/09/2008 GMT 0

“La memoria no es lo que pasó, son sus huellas”

negracubana @ 11:41
A propósito de Oblivion, de la uruguaya Edda Fabbri, Premio Casa de las Américas 2007 en Literatura Testimonial.


por
Daisy Rubiera Castillo

A casi cuatro décadas de que el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros de Uruguay nos mantuvo expectantes ante los sucesos que se desarrollaron en aquel país, Edda Fabbri nos sorprende con Oblivion, testimonio que con extraordinarias dotes narrativas y un lenguaje poético reconstruye el mundo interior de la vida de un grupo de presas políticas en una cárcel de mujeres de Punta de Rieles. Por su fuerza, humanidad y originalidad esa obra fue premiada, por el jurado correspondiente, en el Concurso Literario Casa de Las Américas 2007.

En Oblivion se vinculan recuerdos importantes de un pasado como causa determinante de su existencia en un presente. Narración que alude a las brechas entre las clases sociales, la marginalidad, la discriminación en complicidad o silencio de la Historia. Relato en el que está presente todo lo trágico y dramático que hay en la experiencia humana. Se distingue por la participación directa de la testimoniante en los hechos narrados y hasta, en sus aspectos menos generalizables, se revela como una síntesis de una historia social.

La esencia de Oblivion se organiza en temas para darle significado histórico y a la vez literario a la memoria, sin perder los códigos gestuales, rítmicos y melódicos que promueva una lectura comunicativa, para lograr que esa memoria reivindique su poder en el ámbito de los microdiscursos al hacer confluir historia y opciones subjetivas que faciliten a lectoras y lectores el conocimiento de esa alteridad.

En las propias percepciones de Edda Fabbri se perciben las dolorosas huellas que le dejó el tortuoso proceso vivido en el presidio; como plantea en una de las partes del libro: “La memoria no es lo que pasó, son sus huellas. Y me digo: ¿Quién puede interpelar a su memoria? ¿Quién va a preguntarles a su piel y a sus huesos lo que saben?” Pero no por ello el relato de la Fabbri es vago, lánguido o dulzón, por el contrario, es un discurso que, en ocasiones, constituye una denuncia a lo que consideraba injusto.

Oblivion gana una batalla al silencio. Hace pública una voz que no es una sola, son muchas voces que llevan varias décadas silenciada y que al atraparlas, a través de la suya, el sujeto hablante pone de manifiesto el poder que reside en lo cotidiano al interior de la prisión de mujeres durante la dictadura militar. Batalla no exenta de los conflictos y contradicciones propias de la subjetividad de la testimoniante ubicada a sí misma y a su propia experiencia en el centro del relato, cuya legitimación no radica, de hecho, solo en el contenido, sino en la forma del relato mismo.

En un momento de la narración Edda Fabrri plantea: “Sería fácil decir que escribo contra el olvido, pero yo no lo creo. Hay derecho al olvido, también. Hay un derecho a desconfiar de los recuerdos. No sé si uno escribe para olvidar o para recordar.” En tal sentido Oblivion se nutre de los recuerdos, de la forma en que su autora recuerda y también en la que olvida el período a que hace referencia, ubicando el tiempo en sus recuerdos y sus recuerdos en el tiempo, dotándolo además, de agudeza y vitalidad, de belleza y de poesía.

Para narrar esta historia hacía falta una persona que conociera la prisión por dentro y que fuera revolucionaria de convicción, entonces, todo lo que hubo de transformación y de resistencia al cambio se convirtió en un canto épico. Historia que la autora cuenta y en la que se ve envuelta en un momento histórico que la arrastra inexorablemente a situaciones que transformarán su vida. Cambio radical e irreversible en el entorno especial, específico y complejo de su encarcelamiento. La autora piensa, recuerda, lleva al papel anécdotas que tanto ella como las otras mujeres que menciona y que, por los mismos motivos, comparten el destino de haber sido, mujeres combatientes, mujeres revolucionarias.

En ese testimonio la mirada femenina, su olfato, sus sentimientos, se enfrentan y analizan el pasado, el presente, en un acto de recuperación de la memoria que no podía esperar más. La autora sintió el latido de su corazón y el de sus compañeras de encarcelamiento; hurgó en la sangre detenida por los abusos y las angustias, para hacerla fluir como un relato lleno de realidad, de ahí que en cada capitulillo haya dedicación y entrega, pero también, frustraciones, miedo, audacia, terquedad y esperanza.

En Oblivion no se oculta ni se justifica nada, a cada una de las mujeres a que se hace referencia se le concede el papel que le correspondió, el derecho a ser, estar, a vivir, sorprendiéndonos con rasgos muy poéticos que no nos impiden la reflexión profunda dada a la humanidad y conocimientos de la autora.

Divido en dos partes: la primera, es una reflexión, a partir del momento en que es encarcelada en 1971. En tal sentido los diferentes capitulillos que la conforman están relacionados con los actos cotidianos y extremos de su vida y la de sus compañeras de presidio, entre los que hay que destacar el titulado "El río".

En 1971, debido a la necesidad del MNL de rescatar de las cárceles la experiencia acumulada en los y las militantes que se encontraban en prisión, a través de un túnel realizado desde fuera, en la noche del 29 y 30 de julio de 1971 Edda, junto a 37 mujeres más se fugaron. De esa fuga, de la nueva etapa de encarcelación en 1972, la salida debido a la amnistía promulgada en 1985, la inserción de nuevo a la sociedad se conforman los capitulillos de la segunda parte que concluye con la misma frase con que la Fabbri comenzó su relato. La lectura de este libro nos da la impresión de encontrarnos ante una pintura mural de lo que puede ser la prisión para personas del temple y la convicción revolucionaria de mujeres como la autora de esta obra.

Para terminar, un dato curioso: Edda Fabbri es una de las tres mujeres ganadoras del Premio Casa de las Américas en Testimonio desde que ese género fue incluido en el Concurso en 1970 hasta el 2007.

Tomado de La Jiribilla

La poesía es una fe

negracubana @ 11:36
Libro a la carta


La mesa de este jueves estuvo muy bien servida. Virgilio López Lemus decidió ofrecer a quienes asistimos algunas de sus mejores creaciones, a partir de la invitación que le hiciera el anfitrión regular del encuentro Libro a la Carta, el crítico Fernando Rodríguez Sosa.

Por supuesto, no se trató de acto ordinario de comer, sino de aquel que hace bien al espíritu: escuchar poesía y otros textos, así como dialogar con uno de los investigadores literarios más importantes del país.

López Lemus, quien declara haber comenzado a escribir a los siete años para cumplimentar una actividad escolar, se confiesa también amante de la lectura desde muy pequeño, por eso valora sobremanera la literatura para la infancia, y la magia que debe tener implícita esta para que alimente la imaginación de los niños y niñas, aunque luego descubran que la princesa y el príncipe no eran tales.

Un dato importante: el primer libro de poesía que tuvo en sus manos fue El arquero divino, de Amado Nervo, texto que tal vez iniciaría su motivación por la poesía y quizás también su insistencia por mutar al cuerpo de otros poetas como Tagore o Whitman.

Pero sigamos con el menú, luego de explicarnos cómo fue que llegó a escribir poesía, Virgilio nos leyó un texto poético sabiamente recogiVirgilio López Lemusdo en Un golpe de aldaba, del cual reconoce como único mérito el hecho de que fuese leído por Lezama. Más adelante nos compartiría parte de su poesía elegíaca, en claro diálogo con la muerte y el sentimiento de pérdida. Dos de los textos recogidos en un pequeño cuaderno editado en España nos dejaron, a pesar de la soledad y la expiración, un buen sabor: poesía bella y refinada.

Casi al final, el traductor, ensayista, editor y crítico, daría su concepción sobre la poesía y el ser poeta, para lo cual hizo mención de algo que le dijera Dulce María Loynaz en una ocasión, sobre la viveza del texto poético como entidad que puede ser sentida por muchos pero trasmitida solamente por pocas personas: las elegidas.

También hubo un momento para hablar del Virgilio investigador maduro y consciente (a pesar de que sus preguntas todavía coinciden con las que se hacía cuando tenía siete años), aunque, como él mismo precisase, no le gusta separar la poesía que escribe de la investigación literaria, dado que su objeto de estudio es la poesía misma; de lo cual sus dieciseis ensayos, veinte compilaciones y ocho antologías dan cuenta de ello.

Entre estas y otras cuestiones nos pasó la tarde de Libro a la Carta de este jueves 18 de septiembre. Un placer haber degustado tan excelente menú.

Lea Quincena virtual, la columna de Virgilio López Lemus en Cubaliteraria

En ocasión del aniversario ochenta de la publicación de Así habló el Tío, de Jean Price Mars (Haití, 1876-1969)

negracubana @ 11:32
Jean Price MarsCon el interés de difundir esta obra y de propiciar su lectura entre jóvenes estudiantes universitarios de pre-grado y de post-grado, en Cuba y en otros países, el Aula de Estudios haitianos de la Cátedra de Estudios del Caribe de la Universidad de la Habana y el Centro de Estudios del Caribe de la Casa de las Américas convocan al concurso “La palabra del Tío”, que se interesará por el valor de la oralidad, el folklore, el rescate de mitos y tradiciones locales.

El concurso se regirá por las siguientes Bases:

1. Podrán participar todos l@s universitari@s de origen caribeño que realicen estudios de pre-grado o de post-grado en cualquier universidad del mundo.

2. Cada concursante podrá enviar un solo texto, inspirado en las tradiciones populares orales, el folklore y/o los mitos y leyendas locales. El texto debe ser original e inédito, con una extensión máxima de 5 cuartillas, mecanografiado, a espacio y medio, en letra Arial 12.

3. Los textos deberán estar escritos en español, francés o creole.

4. El plazo de recepción de los trabajos será hasta el 10 de noviembre 2008.

5. Los trabajos deberán ser enviados por vía postal o por correo electrónico a la siguiente dirección: carmita@rect.uh.cu.

6. Si la vía utilizada es el correo electrónico, los trabajos deberán ser enviados con dos adjuntos (attachements): uno que se denomine datos, donde se identifique el autor y sus datos (nombre y apellidos, dirección postal y electrónica, institución, etc.) y otro con la denominación de texto

Si la vía es postal, deberá ser enviado un sobre al siguiente remitente: cuyo contenido sea el texto a concursar.

    Profesora Carmen Castillo Herrera,
    Vicerrectoría de Relaciones Internacionales,
    Edificio del Rectorado,
    San Lázaro y L, Vedado,
    CP 10400.

Ese sobre debe contener dos sobres:

    a) un sobre cerrado que se denomine TEXTO y contener el trabajo a concursar

    b) un sobre cerrado que se denomine DATOS y que posea los datos del autor

7. El jurado estará integrado por prestigiosos especialistas en la temática caribeña. Contará también con una representación estudiantil.

8. Los resultados del concurso serán dados a conocer en el marco de la Conferencia Internacional 50 años de Revolución cubana y su impacto en el Caribe, convocada por la Cátedra de estudios del Caribe de la Universidad de la Habana del 3 al 6 de diciembre 2008.

9. Se entregará un premio y dos menciones.

10. Los premios consistirán en la publicación de los trabajos ganadores en la revista Anales del Caribe y en la entrega de publicaciones sobre temáticas caribeñas.

13/09/2008 GMT 0

La Isla en peso. Virgilio Piñera

negracubana @ 13:28
En estos días de tanta agua y viento, cuando he deseado mucho poder echarme mi Isla al hombro, les comparto algo que pudo haber sido escrito ayer.


La maldita circunstancia del agua por todas partes

me obliga a sentarme en la mesa del café.
Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer
hubiera podido dormir a pierna suelta.
Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar
doce personas morían en un cuarto por compresión.
Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua
en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones,
me acostumbro al hedor del puerto,
me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,
noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces.
Una taza de café no puede alejar mi idea fija,
en otro tiempo yo vivía adánicamente.
¿Qué trajo la metamorfosis?

La eterna miseria que es el acto de recordar.
Si tú pudieras formar de nuevo aquellas combinaciones,
devolviéndome el país sin el agua,
me la bebería toda para escupir al cielo.
Pero he visto la música detenida en las caderas,
he visto a las negras bailando con vasos de ron en sus cabezas.
Hay que saltar del lecho con la firme convicción
de que tus dientes han crecido,
de que tu corazón te saldrá por la boca.
Aún flota en los arrecifes el uniforme del marinero ahogado.
Hay que saltar del lecho y buscar la vena mayor del mar para desangrarlo.
Me he puesto a pescar esponjas frenéticamente,
esos seres milagrosos que pueden desalojar hasta la última gota de agua
y vivir secamente.
Esta noche he llorado al conocer a una anciana
que ha vivido ciento ocho años rodeada de agua por todas partes.
Hay que morder, hay que gritar, hay que arañar.
He dado las últimas instrucciones.
El perfume de la piña puede detener a un pájaro.
Los once mulatos se disputaban el fruto,
los once mulatos fálicos murieron en la orilla de la playa.
He dado las últimas instrucciones.
Todos nos hemos desnudado.

Llegué cuando daban un vaso de aguardiente a la virgen bárbara,

cuando regaban ron por el suelo y los pies parecían lanzas,
justamente cuando un cuerpo en el lecho podría parecer impúdico,
justamente en el momento en que nadie cree en Dios.
Los primeros acordes y la antigüedad de este mundo:
hieráticamente una negra y una blanca y el líquido al saltar.
Para ponerme triste me huelo debajo de los brazos.
Es en este país donde no hay animales salvajes.
Pienso en los caballos de los conquistadores cubriendo a las yeguas,
pienso en el desconocido son del areíto
desaparecido para toda la eternidad,
ciertamente debo esforzarme a fin de poner en claro
el primer contacto carnal en este país, y el primer muerto.
Todos se ponen serios cuando el timbal abre la danza.
Solamente el europeo leía las meditaciones cartesianas.
El baile y la isla rodeada de agua por todas partes:
plumas de flamencos, espinas de pargo, ramos de albahaca, semillas de aguacate.

La nueva solemnidad de esta isla.

¡País mío, tan joven, no sabes definir!

¿Quien puede reír sobre esta roca fúnebre de los sacrificios de gallos?
Los dulces ñáñigos bajan sus puñales acompasadamente.
Como una guanábana un corazón puede ser traspasado sin cometer crimen,
sin embargo el bello aire se aleja de los palmares.
Una mano en el tres puede traer todo el siniestro color de los caimitos
más lustrosos que un espejo en el relente,
sin embargo el bello aire se aleja de los palmares.
Si hundieras los dedos en su pulpa creerías en la música.
Mi madre fue picada por un alacrán cuando estaba embarazada.
¿Quién puede reír sobre esta roca de los sacrificios de gallos?
¿Quién se tiene a sí mismo cuando las claves chocan?
¿Quién desdeña ahogarse en la indefinible llamarada del flamboyán?
La sangre adolescente bebemos en las pulidas jícaras.
Ahora no pasa un tigre sino su descripción.

Las blancas dentaduras perforando la noche,

y también los famélicos dientes de los chinos esperando el desayuno
después de la doctrina cristiana.
Todavía puede esta gente salvarse del cielo,
pues al compás de los himnos las doncellas agitan diestramente
los falos de los hombres.
La impetuosa ola invade el extenso salón de las genuflexiones.
Nadie piensa en implorar, en dar gracias, en agradecer, en testimoniar.
La santidad se desinfla en una carcajada.
Sean los caóticos símbolos del amor los primeros objetos que palpe,
afortunadamente desconocemos la voluptuosidad y la caricia francesa,
desconocemos el perfecto gozador y la mujer pulpo,
desconocemos los espejos estratégicos,
no sabemos llevar la sífilis con la reposada elegancia de un cisne,
desconocemos que muy pronto vamos a practicar estas mortales elegancias.
Los cuerpos en la misteriosa llovizna tropical,
en la llovizna diurna, en la llovizna nocturna, siempre en la llovizna,
los cuerpos abriendo sus millones de ojos,
los cuerpos, dominados por la luz, se repliegan
ante el asesinato de la piel,
los cuerpos, devorando oleadas de luz, revientan como girasoles de fuego
encima de las aguas estáticas,
los cuerpos, en las aguas, como carbones apagados derivan hacia el mar.

Es la confusión, es el terror, es la abundancia,

es la virginidad que comienza a perderse.
Los mangos podridos en el lecho del río ofuscan mi razón,
y escalo el árbol más alto para caer como un fruto.
Nada podría detener este cuerpo destinado a los cascos de los caballos,
turbadoramente cogido entre la poesía y el sol.

Escolto bravamente el corazón traspasado,

clavo el estilete más agudo en la nuca de los durmientes.
El trópico salta y su chorro invade mi cabeza
pegada duramente contra la costra de la noche.
La piedad original de las auríferas arenas
ahoga sonoramente las yeguas españolas,
la tromba desordena las crines más oblicuas.

No puedo mirar con estos ojos dilatados.

Nadie sabe mirar, contemplar, desnudar un cuerpo.
Es la espantosa confusión de una mano en lo verde,
los estranguladores viajando en la franjas del iris.
No sabría poblar de miradas el solitario curso del amor.

Me detengo en ciertas palabras tradicionales:

el aguacero, la siesta, el cañaveral, el tabaco,
con simple ademán, apenas si onomatopéyicamente,
titánicamente paso por encima de su música,
y digo: el agua, el mediodía, el azúcar, el humo.

Yo combino:

el aguacero pega en el lomo de los caballos,
la siesta atada a la cola de un caballo,
el cañaveral devorando a los caballos,
los caballos perdiéndose sigilosamente
en la tenebrosa emanación del tabaco,
el último gesto de los siboneyes mientras el humo pasa por la horquilla
como la carreta de la muerte,
el último ademán de los siboneyes,
y cavo esta tierra para encontrar los ídolos y hacerme una historia.

Los pueblos y sus historias en boca de todo el pueblo.


De pronto, el galeón cargado de oro se mete en la boca

de uno de los narradores,
y Cadmo, desdentado, se pone a tocar el bongó.
La vieja tristeza de Cadmo y su perdido prestigio:
en una isla tropical los últimos glóbulos rojos de un dragón
tiñen con imperial dignidad el manto de una decadencia.

Las historias eternas frente a la historia de una vez del sol,

las eternas historias de estas tierras paridoras de bufones y cotorras,
las eternas historias de los negros que fueron,
y de los blancos que no fueron,
o al revés o como os parezca mejor,
las eternas historias blancas, negras, amarillas, rojas, azules
-toda la gama cromática reventando encima de mi cabeza en llamas-,
la eterna historia de la cínica sonrisa del europeo
llegado para apretar las tetas de mi madre.

El horroroso paseo circular,

el tenebroso juego de los pies sobre la arena circular,
el envenado movimiento del talón que rehúye el abanico del erizo,
los siniestros manglares, como un cinturón canceroso,
dan la vuelta a la isla,
los manglares y la fétida arena
aprietan los riñones de los moradores de la isla.

Sólo se eleva un flamenco absolutamente.

¡Nadie puede salir, nadie puede salir!
La vida del embudo y encima la nata de la rabia.

Nadie puede salir:

el tiburón más diminuto rehusaría transportar un cuerpo intacto.
Nadie puede salir:
una uva caleta en la frente de la criolla
que se abanica lánguida en una mecedora,
y "nadie puede salir" termina espantosamente en el choque de las claves.

Cada hombre comiendo fragmentos de la isla,

cada hombre devorando los frutos, las piedras y el excremento nutridor,
cada hombre mordiendo el sitio dejado por su sombra,
cada hombre lanzando dentelladas en el vacío donde el sol se acostumbra,
cada hombre, abriendo su boca como una cisterna, embalsa el agua del mar,
pero como el caballo del barón de Munchausen
la arroja patéticamente por su cuarto trasero,
cada hombre en el rencoroso trabajo de recortar
los bordes de la isla más bella del mundo,
cada hombre tratando de echar a andar a la bestia cruzada de cocuyos.

Pero la bestia es perezosa como un bello macho

y terca como una hembra primitiva.
Verdad es que la bestia atraviesa diariamente los cuatro momentos caóticos,
los cuatro momentos en que se la puede contemplar
-con la cabeza metida entre sus patas- escrutando el horizonte con ojo atroz,
los cuatro momentos en que se abre el cáncer:
madrugada, mediodía, crepúsculo y noche.

Las primeras gotas de una lluvia áspera golpean su espalda

hasta que la piel toma la resonancia de dos maracas pulsadas diestramente.
En este momento, como una sábana o como un pabellón de tregua,
podría desplegarse un agradable misterio,
pero la avalancha de verdes lujuriosos ahoga los mojados sones,
y la monotonía invade el envolvente túnel de las hojas.

El rastro luminoso de un sueño mal parido,

un carnaval que empieza con el canto del gallo,
la neblina cubriendo con su helado disfraz el escándalo de la sabana,
cada palma derramándose insolente en un verde juego de aguas,
perforan, con un triángulo incandescente, el pecho de los primeros aguadores,
y la columna de agua lanza sus vapores a la cara del sol cosida por un gallo.
Es la hora terrible.
Los devoradores de neblina se evaporan
hacia la parte más baja de la ciénaga,
y un caimán los pasa dulcemente a ojo.
Es la hora terrible.
La última salida de la luz de Yara
empuja los caballos contra el fango.
Es la hora terrible.
Como un bólido la espantosa gallina cae,
y todo el mundo toma su café.

¿Pero qué puede el sol en un pueblo tan triste?

Las faenas del día se enroscan al cuello de los hombres
mientras la leche cae desesperadamente.
¿Qué puede el sol en un pueblo tan triste?
Con un lujo mortal los macheteros abren grandes claros en el monte,
la tristísima iguana salta barrocamente en un caño de sangre,
los macheteros, introduciendo cargas de claridad, se van ensombreciendo
hasta adquirir el tinte de un subterráneo egipcio.
¿Quién puede esperar clemencia en esta hora?

Confusamente un pueblo escapa de su propia piel

adormeciéndose con la claridad,
la fulminante droga que puede iniciar un sueño mortal
en los bellos ojos de hombres y mujeres,
en los inmensos y tenebrosos ojos de estas gentes
por los cuales la piel entra a no sé qué extraños ritos.

La piel, en esta hora, se extiende como un arrecife

y muerde su propia limitación,
la piel se pone a gritar como una loca, como una puerca cebada,
la piel trata de tapar su claridad con pencas de palma,
con yaguas traídas distraídamente por el viento,
la piel se tapa furiosamente con cotorras y pitahayas,
absurdamente se tapa con sombrías hojas de tabaco
y con restos de leyendas tenebrosas,
y cuando la piel no es sino una bola oscura,
la espantosa gallina pone un huevo blanquísimo.

¡Hay que tapar! ¡Hay que tapar!

Pero la claridad avanzada, invade
perversamente, oblicuamente, perpendicularmente,
la claridad es una enorme ventosa que chupa la sombra,
y las manos van lentamente hacia los ojos.

Los secretos más inconfesables son dichos:

la claridad mueve las lenguas,
la claridad mueve los brazos,
la claridad se precipita sobre un frutero de guayabas,
la claridad se precipita sobre los negros y los blancos,
la claridad se golpea a sí misma,
va de uno a otro lado convulsivamente,
empieza a estallar, a reventar, a rajarse,
la claridad empieza el alumbramiento más horroroso,
la claridad empieza a parir claridad.
Son las doce del día.

Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste.

Al mediodía el monte se puebla de hamacas invisibles,
y, echados, los hombres semejan hojas a la deriva sobre aguas metálicas.
En esta hora nadie sabría pronunciar el nombre más querido,
ni levantar una mano para acariciar un seno;
en esta hora del cáncer un extranjero llegado de playas remotas
preguntaría inútilmente qué proyectos tenemos
o cuántos hombres mueren de enfermedades tropicales en esta isla.
Nadie lo escucharía: las palmas de las manos vueltas hacia arriba,
los oídos obturados por el tapón de la somnolencia,
los poros tapiados con la cera de un fastidio elegante
y de la mortal deglución de las glorias pasadas.

¿Dónde encontrar en este cielo sin nubes el trueno

cuyo estampido raje, de arriba a abajo, el tímpano de los durmientes?
¿Qué concha paleolítica reventaría con su bronco cuerno
el tímpano de los durmientes?
Los hombres-conchas, los hombres-macaos, los hombres-túneles.
¡Pueblo mío, tan joven, no sabes ordenar!
¡Pueblo mío, divinamente retórico, no sabes relatar!
Como la luz o la infancia aún no tienes un rostro.

De pronto el mediodía se pone en marcha,
se pone en marcha dentro de sí mismo,
el mediodía estático se mueve, se balancea,
el mediodía empieza a elevarse flatulentamente,
sus costuras amenazan reventar,
el mediodía sin cultura, sin gravedad, sin tragedia,
el mediodía orinando hacia arriba,
orinando en sentido inverso a la gran orinada
de Gargantúa en las torres de Notre Dame,
y todas esas historias, leídas por un isleño que no sabe
lo que es un cosmos resuelto.

Pero el mediodía se resuelve en crepúsculo y el mundo se perfila.

A la luz del crepúsculo una hoja de yagruma ordena su terciopelo,
su color plateado del envés es el primer espejo.
La bestia lo mira con su ojo atroz.

En este trance la pupila se dilata, se extiende

hasta aprehender la hoja.
Entonces la bestia recorre con su ojo las formas sembradas en su lomo
y los hombres tirados contra su pecho.
Es la hora única para mirar la realidad en esta tierra.

No una mujer y un hombre frente a frente,

sino el contorno de una mujer y un hombre frente a frente,
entran ingrávidos en el amor,
de tal modo que Newton huye avergonzado.

Una guinea chilla para indicar el angelus:

abrus precatorious, anona myristica, anona palustris.

Una letanía vegetal sin trasmundo se eleva

frente a los arcos floridos del amor:
Eugenia aromática, eugenia fragrans, eugenia plicatula.
El paraíso y el infierno estallan y sólo queda la tierra:
Ficus religiosa, ficus nitida, ficus suffocans.

La tierra produciendo por los siglos de los siglos:

Panicum colonum, panicum sanguinale, panicum maximum.
El recuerdo de una poesía natural, no codificada, me viene a los labios:
Arbol de poeta, árbol del amor, árbol del seso.

Una poesía exclusivamente de la boca como la saliva:

Flor de calentura, flor de cera, flor de la Y.

Una poesía microscópica:

Lágrimas de Job, lágrimas de Júpiter, lágrimas de amor.

Pero la noche se cierra sobre la poesía y las formas se esfuman.

En esta isla lo primero que la noche hace es despertar el olfato:
Todas las aletas de todas las narices azotan el aire
buscando una flor invisible;
la noche se pone a moler millares de pétalos,
la noche se cruza de paralelos y meridianos de olor,
los cuerpos se encuentran en el olor,
se reconocen en este olor único que nuestra noche sabe provocar;
el olor lleva la batuta de las cosas que pasan por la noche,
el olor entra en el baile, se aprieta contra el güiro,
el olor sale por la boca de los instrumentos musicales,
se posa en el pie de los bailadores,
el corro de los presentes devora cantidades de olor,
abre la puerta y las parejas se suman a la noche.

La noche es un mango, es una piña, es un jazmín,

la noche es un árbol frente a otro árbol sin mover sus ramas,
la noche es un insulto perfumado en la mejilla de la bestia;
una noche esterilizada, una noche sin almas en pena,
sin memoria, sin historia, una noche antillana;
una noche interrumpida por el europeo,
el inevitable personaje de paso que deja su cagada ilustre,
a lo sumo, quinientos años, un suspiro en el rodar de la noche antillana,
una excrecencia vencida por el olor de la noche antillana.

No importa que sea una procesión, una conga,
una comparsa, un desfile.
La noche invade con su olor y todos quieren copular.
El olor sabe arrancar las máscaras de la civilización,
sabe que el hombre y la mujer se encontrarán sin falta en el platanal.
¡Musa paradisíaca, ampara a los amantes!
No hay que ganar el cielo para gozarlo,
dos cuerpos en el platanal valen tanto como la primera pareja,
la odiosa pareja que sirvió para marcar la separación.
¡Musa paradisíaca, ampara a los amantes!
No queremos potencias celestiales sino presencias terrestres,
que la tierra nos ampare, que nos ampare el deseo,
felizmente no llevamos el cielo en la masa de la sangre,
sólo sentimos su realidad física
por la comunicación de la lluvia al golpear nuestras cabezas.
Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,
un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:
un velorio, un guateque, una mano, un crimen,
revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua,
haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones,
un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,
sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

(1943)

Agua de la bahía
La primera de las imágenes es una cortesía de Rafito y Gerda

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