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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Libros y Literatura

12/12/2006 GMT 0

11º Concurso literario de narrativa para mujeres

negracubana @ 11:20

La Concejalía de Promoción de la Mujer del Ayuntamiento de Terrassa, convoca este 11º Concurso Literario de Narrativa para Mujeres. El objetivo es fomentar y promover la escritura y la literatura en general entre el colectivo de las mujeres.

Este 11º Concurso literario de narrativa para mujeres se regirá por las siguientes bases:

Este concurso está dirigido únicamente a mujeres.

Se puede utilizar la lengua catalana o castellana.

El concurso es de narrativa (tipo novela, cuento o relato corto). No se aceptará, por lo tanto, poesía, ensayo, ni ningún trabajo que no se adapte a estas bases.

Se presentará, únicamente, 1 trabajo por autora.

Se entregarán 5 copias de la obra, mecanografiadas a doble espacio y en una sola cara, en papel DIN A-4, cuerpo de letra 12 y con una extensión mínima de 4 hojas y máximo de 20 hojas, y correctamente encuadernadas.

Se hará constar claramente el nombre y los apellidos, la dirección, el teléfono y el NIF de la autora. Si se desea presentar la obra con seudónimo, se hará constar los datos personales en una plica cerrada, en el exterior de la cual se indicará claramente el seudónimo utilizado y el título de la obra.

Los originales se presentarán en el Servei de Promoció de la Dona -calle Nou de Sant Pere, 36, 08221 Terrassa-

El plazo de admisión de los originales será el 3 de enero del 2007 a las 19:00 horas.

Todas las obras presentadas tendrán que ser inéditas y no entrarán en la fase de concurso las obras premiadas en otros certámenes. Así mismo, la presentación de una obra implica que la autora no tiene comprometidos los derechos de edición y que la obra no se ha presentado a otro premio o certamen pendiente de adjudicación.

El jurado de este premio está presidido por la Regidora de Promoció de la Dona del Ajuntament de Terrassa, Fabiola Gil y formado por Montserrat Beltran, Carmen Borja, Josefa Contijoch, Júlia Galán y Àngels Puigbó. Sus decisiones serán inapelables y se reservará el derecho de interpretar estas bases en caso de duda.

La dotación de los premios de este concurso es la siguiente:

1er premio: 1.000 euros
2º premio: 700 euros
3er premio: 550 euros

El jurado puede decidir declarar desierto alguno de estos premios.

Los trabajos premiados serán publicados posteriormente por la Regidoria de Promoción de la Mujer.

El acto de proclamación de las ganadoras de los premios de este concurso se celebrará el próximo mes de marzo del 2006, en el lugar, día y hora que se anunciará oportunamente, dentro del programa de actos de la celebración del 8 de marzo, "DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA".

La organización se compromete a mantener en el anonimato las obras no ganadoras, las cuales se podrán retirar en la Casa Galèria -calle Nou de Sant Pere, 36, 08221 Terrassa- en el plazo de dos meses desde la entrega de premios. Pasados estos dos meses, los originales serán destruidos y
convertidos en papel para reciclar.

La presentación de los originales presupone la aceptación íntegra de estas bases y de las condiciones generales, así como de los derechos y obligaciones que de ellas se derivan.

Cualquier aspecto no previsto será resuelto por la organización.

28/11/2006 GMT 0

Una semana con Pedro Lemebel

negracubana @ 10:14

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Concluye el paso de Pedro Lemebel por la Casa de las Américas

La presentación de la novela Tengo miedo torero, un homenaje de Pedro Lemebel a la líder de la izquierda chilena Gladys Marín y nuevos acercamientos teóricos a la obra del escritor y artista visual chileno, pusieron punto final a la Semana de Autor que la Casa de las Américas dedicó este año al creador de varios libros de crónicas que lo han convertido en una de las voces más vitales y polémicas en el panorama literario de su país y del continente.

Al presentar Tengo miedo torero —que marca el encuentro de los lectores cubanos con su obra—, Lemebel contó que esta, su primera y única novela hasta ahora, resultó de unas veinte páginas escritas en los ‘80 y guardadas por varios años, que recuperó y continuó como un ejercicio de creación y reafirmación del oficio de escribir, para demostrar al mundo literario que podía ir más allá de la crónica. Abundando sobre la versión para el teatro y las intenciones de una cinematográfica, confesó que la escribió pensando que podría ser llevada al cine.

“La novela es como un paréntesis en mi escritura”, dijo, agregando que simplemente salió y no sabe si pueda suceder otra vez, aunque está tratando de retomar el género. A la vez, insistió en su apuesta por la crónica al señalar que Tengo miedo torero puede ser vista, también, como una crónica extensa.

Lemebel, que dijo sentirse en Cuba como en familia y destacó la coincidencia de esta Semana de Autor con su cumpleaños, leyó un fragmento de la novela —el cumpleaños de Carlos—, teniendo como fondo la música original para la obra de teatro. En otro momento, rindió tributo a Gladys Marín, fallecida en marzo de 2005 y con quien mantuvo una estrecha relación que le llevó a apoyarla decididamente en su candidatura presidencial por la izquierda chilena a fines de la pasada década.

El homenaje incluyó también la proyección de fotos en que aparecía junto a la luchadora en distintas ocasiones, en calles, manifestaciones o actos públicos. A propósito, siguiendo la tradición de estos días de la Semana de Autor durante los cuales leyó sus crónicas al final de cada jornada, ofreció en esta ocasión el texto en que recuerda su visita al Teatro Municipal de Santiago junto a Gladys Marín para asistir a La Traviata, invitados por el sindicato de artistas.

Minutos antes, en un panel que reunió a Roberto Zurbano, director del Fondo Editorial de la Casa de las Américas, y a Luis Cárcamo Huechante, profesor de la Universidad de Harvard, se señaló la significación de la escritura de Lemebel como parte de la irrupción con fuerza de nuevos sujetos históricos y temas en el terreno político, teniendo en el centro de sus elaboraciones estéticas, políticas y sociales el desgarro de su condición homosexual.

“Lemebel no es el primero en América Latina que ha levantado su voz y ha problematizado en su obra la condición homosexual, pero sí es de los pioneros en convertir su cuerpo y su historia en sustancia de su trabajo”, indicó Zurbano, que subrayó la evidente marca política en sus proyecciones publicas, artísticas y literarias, su apego a la cultura popular y a la oralidad y su preocupación profunda por el grupo social que intenta reivindicar, el cual se extiende más allá de las categorías de diferencia sexual apuntando a otras formas de exclusión y discriminación.
Con sus crónicas, este “optimista crítico, revolucionario escéptico y otras veces maldito” es parte de los periodistas que en América Latina han aportado nueva sustancia al oficio, afirmó el director del Fondo Editorial Casa. Su obra, además, denuncia la homofobia, la re-marginalización y los modos de criminalización de la homosexualidad, sobre todo a partir de la epidemia del SIDA y con el crecimiento de un mercado sexual homo erótico que más bien apunta a otros fenómenos sociales en el seno de nuestras sociedades.

En la jornada anterior, el panel conformado por el crítico y escritor cubano Norge Espinosa, Jorge Ruffinelli (Universidad de Stanford) y Fernando Blanco (Universidad de Ohio), abordó temas claves de cara a la obra de Lemebel como la situación de los homosexuales en Chile durante las últimas décadas, sus expresiones en el terreno del arte y sus acciones para defender sus derechos; la dimensión subversiva y literaria de su escritura, y su importancia en el panorama chileno actual, así como su continuidad y puntos de contacto dentro de una tradición que incluye textos como El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, y El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz.

Ruffinelli, tras ofrecer una panorámica del contexto nacional en que surgió y se desarrolló el colectivo artístico Yeguas del Apocalipsis, afirmó que sus acciones transgresoras dieron sentido de existencia al dúo formado por Lemebel y Francisco Casas, el cual, agregó, es hoy un hito histórico en un país aún en transición, cuyo esquema económico sigue siendo el producido en la dictadura y donde emerge una nueva ciudadanía.

Más adelante, el académico se refirió al significado de Lemebel tanto en el universo de las letras como en su más inmediata connotación crítica dentro de la sociedad chilena actual. “Lemebel ha sido vital en la variación de nuestra visión de Chile; es un performance que se expresa en su cuerpo, su voz y su escritura. Sus crónicas no sólo valen por su contenido, su actitud social, sexual y política, sino por su ritmo, su cadencia, el dominio del idioma que hay en ellas”.

“Si queremos conocer a Lemebel no es preciso acercarnos a la persona, basta leer sus crónicas”, consideró. “En todo lo que escribe, Lemebel es Lemebel. Escribe con sus tripas, su corazón, su cabeza, con todo. No es un mero ‘opinólogo’, y hay en él muchas voces. Por eso es una trampa leerlo sólo desde la perspectiva de los estudios sexuales o de los estudios gay, pues sería colocar su literatura en lo que él mismo llama el ghetto gay. Es necesario leerlo también desde la perspectiva de la literatura en sí misma, algo que no abunda hoy”, dijo Ruffinelli.

Tengo miedo torero, publicada en 2001, es ya un texto cardinal en la literatura chilena de los últimos años. Polifónica, de discursos múltiples y con punto de partida en la historia real del país, no queda en novela política y deviene historia de amor. Entre sus lecturas, resalta aquella de que el heroísmo no es exclusivo de la heterosexualidad, y que es posible la congruencia entre el mundo de la diferencia sexual y el de la revolución.

Al abordar la temática de la novela, Norge Espinosa la colocó junto a El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, y El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz, como textos protagonizados por hombres de diferentes voluntades eróticas que se encuentran y desencuentran, centrando historias intensamente afincadas en las realidades nacionales que les rodean: la Argentina de la dictadura, la Cuba de los años ’70 y el Chile bajo el régimen de Pinochet. “Molina, Diego y la Loca del Frente son en sí mismos personajes en revolución”, comentó.

Entre otras aristas, Fernando Blanco destacó la importancia del discurso de Lemebel para desentrañar las contradicciones del neoliberalismo implantado en Chile, la voz que ganan en su escritura los discriminados y excluidos, la importancia que concede el escritor a la cultural oral y la documentación histórica que implica su ejercicio al construir nuevas subjetividades con una mirada crítica de su entorno.

La Semana de Autor cumplió nuevamente su principal objetivo: acercar al público cubano escritores que sobresalen en el concierto literario continental. Durante estas jornadas, un numeroso auditorio tuvo la oportunidad de conocer y contextualizar la obra de Lemebel, apreciar su originalidad y su relación con el campo político y social chileno, acercarse a su creación desde las perspectivas de los estudios sexuales o literarios…

Esta vez, desde su literatura de los márgenes, con su extensa y diversa galería de personajes, su escritura y su ser irreverentes e insobornables; carismático y excéntrico, polémico y excesivo, pero sobre todo veraz y comprometido con su vida y con su arte, Pedro Lemebel dejó el buen sabor de sus verdades y sus crónicas, que seguramente desde ahora serán más buscadas por los cubanos tanto como serán bien recibidos otros de sus libros en la Isla.

Tomado de La Ventana

17/11/2006 GMT 0

Entrevista al escritor chileno Pedro Lemebel, invitado por la Casa de las Américas a la Semana de Autor, este mes

negracubana @ 13:13

20061117181334-lemebelfuma.jpgUsted puede estar o no de acuerdo con Pedro Lemebel pero nunca quedará indiferente ante su persona y su escritura. Transparente, como esas crónicas suyas que muestran las venas y el corazón bombeando, atrevido cuando de decir su verdad se trata, aparece en esta entrevista respondida con la parquedad que imponen los correos electrónicos pero con toda la altura que es capaz de alcanzar en su vehemente verbo.

Se impone que nos hable de sus orígenes como escritor. ¿Cómo llegó a la literatura?

—En realidad, lo de la literatura vino relacionado con el activismo gay. Durante la dictadura, en un acto de la izquierda, leí el manifiesto Hablo por mi diferencia. Parece que gustó y me lo pidieron para publicarlo en un semanario, me pagaron y me pidieron otra colaboración. Allí, cuando tuve el dinero en la mano, se activó mi amor por las letras. Tengo una relación de sobrevivencia con la literatura, más que de trascendencia ontológica.

Usted ha recibido importantes elogios de escritores y críticos, quienes opinan que es “un icono de la narrativa latinoamericana actual”. ¿Cómo se ve a sí mismo como creador? ¿En qué punto de la literatura chilena actual se encuentra?

—No son tantos los halagos, a veces es solo por exotismo. Desconfío de las palmadas en el hombro, me desarman la silicona. Eso de escritor de culto, es una güevada. Yo ando por las calles, viajo en colectivo, me confundo con los olores y sabores de mi pueblo. El resto, son detalles. En el álbum macho, familiar y tradicional del canon literario chileno quizás soy la tía solterona cronista. No lo he averiguado. No me interesa esa parentela vinagre.

Ha expresado alguna vez su rechazo a la ficción y su apego, demostrado en su obra, a la realidad. ¿Por qué? ¿Qué le llevó del cuento a la crónica, de la ficción a la realidad? ¿Cuánto tiene Tengo miedo torero de ambas?

—Antes escribía unos cuentos en un taller literario de señoras, me aburrí de ese tecito letrado. Me solté el pelo, me subí las faldas y apareció la cronista contingente (que venga el burro y te lo cuente). Lo de Tengo miedo... fue real en un setenta por ciento, por suerte, gracias a la Virgen de las locas, si no, no estaría mandando estas plumas venéreas vía Habana.

Usted habla de lo necesario de la soledad para un escritor pero la referencia a la búsqueda e importancia vital del amor es un punto clave en su obra. ¿No hay contradicción?

—No recuerdo haber hablado de la soledad del escritor como edén literario. Yo escribo con el ruido social, con la pachanga colectiva que llega y veo desde mi balcón, me asquea ese éxtasis inspirado frente al mar a lo Hemingway. Con respecto a la contradicción, es sano contradecirse, a veces te permite repensar. Uno se aburre de encontrar la misma vieja todas las mañanas en el espejo del baño.

Hace veinte años escribió Manifiesto (hablo por mi diferencia), evidente declaración de principios. ¿Mantiene los mismos de entonces?

—Absolutamente, o tal vez, casi, siempre hay ajustes, revisiones. Han pasado ríos y años en el ínter tanto. Negarlo sería mesiánico. Aunque la música sigue siendo el plañidero éxtasis de la Internacional.

Ante el creciente éxito editorial y mediático ¿cómo burlar el sesgo mercantil con el que quizá le quieran encubrir, convirtiéndolo más en un personaje y difuminando la voz, lo que dice el Lemebel “políticamente incorrecto”?

—¡Qué pregunta más cabrona, siempre me la hacen como si viniera de Miami! El tema es cómo seguir siendo alterador en un sistema tan cooptador. Bueno, tengo tretas, artimañas y mañas para entrar a palacio por la puerta de servicio, dejar los alacranes venenosos y salir como si nada.

Carlos Monsiváis ha escrito que la suya es una literatura "de la ira reinvidicatoria", y usted mismo ha dicho que en su escritura dominaba la rabia, que quería temperar mejor esas furias para construir un corpus con otro tipo de ofensiva. ¿Ha sentido alguna transformación en ese sentido? ¿Temperar esa rabia no sería menguar la fuerza que define su obra, la eficacia política de su escritura?

—Quizás decir temperar, es hacer un alto, un respiro en el batallante caracolear de mis escritos. La edad pesa, pero culo y corazón nunca le van a faltar a esta vieja.

Nueve años han pasado desde su primer y único viaje a La Habana. Entonces estuvo como artista plástico junto a Francisco Salas, su compañero de Las Yeguas del Apocalipsis; ahora regresa con su primera novela y es, a la vez, el primer encuentro del público cubano con su obra. ¿Cómo espera sea recibida Tengo miedo torero en Cuba?

—Tan bien como se recibe un texto amigo, sangrado en los avatares de la lucha contra la dictadura de Pinochet. Ojalá guste, emocione o disguste, que también es una forma de aprecio. Espero encontrarme con el mismo afecto que recibí en mi viaje anterior. Me emociona el reencuentro como si fuera un viejo amor, un primer novio, un paisaje humano que amé antes de conocerlo.

Deny Extremera y Mavy Padrón

Tomado de La Ventana

Libro a la Carta, con Nancy Morejón

negracubana @ 10:12

20061117151216-galeria.gifLa poetiza, ensayista y traductora Nancy Morejón, será la invitada de mañana, 16 de noviembre, al espacio Libro a la Carta, que se realiza cada mes en el Palacio del Segundo Cabo.

Nancy Morejón recibió en el 2001, el Premio Nacional de Literatura. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: Mutismos (Ed. El Puente, 1962); Amor, ciudad atribuida (Ed. El Puente, 1964); Octubre imprescindible (Ed. Unión, 1982); Piedra pulida (Ed. Letras Cubanas, 1986) y Premio de la Crítica 1986; Elogio y paisaje (Ed. Unión, 1997) y Premio de la Crítica 1997; La quinta de los molinos (Ed. Letras Cubanas, 2000) y Premio de la Crítica 2000; Black Woman and Other Poems (Bilingual edition) (Ed. Mango Publishing, London, 2001); entre otros.

Libro a la Carta estará conducido por el licenciado Fernando Rodríguez Sosa.

Tomado de Cubaliteraria

14/11/2006 GMT 0

SIDA: Confesiones a (de) un médico

negracubana @ 11:38

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A pesar de que su nombre, en la portada del libro, está en minúsculas, Jorge Pérez quizas sea el doctor más re-conocido en torno a la problemática del VIH/SIDA en Cuba.

La presentación de SIDA: Confesiones a un médico nos reunió el pasado viernes en los jardines del Museo de Artes Decorativas. Cómo se detectó el primer caso de sida en Cuba?, cuántas niños y niñas han nacido de madres y/o padres seropositivos? entre otras preguntas, son respondidas desde la vivencia por "Jorgito" quien fue director del primer sanatario para personas infectadas con el virus.

La reunión también fue aprovechada para realizar el lanzamiento de la Editorial Lazo Adentro, cuya primera publicación es Confesiones a un médico... , la cual se encargará de difundir la labor realizada por el personal médico, el voluntariado y los especialistas en la campaña cubana de lucha contra el VIH/SIDA.

10/11/2006 GMT 0

Los otros hablan desde el espejo

negracubana @ 12:19

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Abel Sierra Madero, laureado en ensayo histórico-social, a sus 29 años de edad, fue el más joven ganador de la pasada edición de los premios Casa de las Américas 2006. Su texto Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana realiza, según el jurado del prestigioso galardón iberoamericano, un "análisis minucioso del ambiente homoerótico cubano que no le impide examinar diversas políticas de género sobre lo masculino y lo femenino normalizado, e introducir reflexiones que puedan iluminar otro tipo de políticas de identidad."

Con ese gancho de lo deseado-reprimido, su obra seduce por la atrevida y profunda puesta en desnudo de espacios que históricamente han sido mutilados o mal articulados en Cuba, y que emiten su alegato desde este espejo en el que su autor nos invita a mirar y encontrarnos todos.

Para el Licenciado en Historia en la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, miembro de la UNEAC e investigador de la Fundación Fernando Ortiz; el Premio Casa, entre otras cosas, "es un estímulo no solo para mí, sino para Cuba, para mi generación que está imbuida en la desidia, en cruzar orillas, desanimada. Para los jóvenes decididos, pese a todas las carencias y dificultades, a hacer historia en esta Isla."

Antes, en el 2001, había recibido el premio Pinos Nuevos de Ciencias Sociales con el ensayo La nación sexuada. Relaciones de género y sexo en Cuba en la primera mitad del siglo XIX, y en la misma categoría, en el 2003, el Razón de Ser que otorga la Fundación Alejo Carpentier por Las relaciones de género y sexo durante las guerras de independencia en Cuba; entre otros estudios (La policía del sexo. La homofobia en Cuba en el siglo XIX; Sexualidades disidentes en el siglo XIX), que marcan una época de exploración continua y resultados novedosos sobre la diversidad sexual en la Isla.

Abel, ¿por qué has encaminado gran parte de tu labor investigativa al estudio de la diversidad sexual como fenómeno social?

―Desde mis primeros acercamientos a la Historia pude percibir, dentro de la vastísima producción historiográfica cubana, la presencia de círculos temáticos que habían tenido en el tiempo una determinada coherencia u organicidad en torno a fenómenos como los procesos de formación de la nacionalidad cubana, la plantación esclavista, el azúcar, las Guerras de Independencia, los movimientos sociales, el post-coloniaje estadounidense, entre otros; pero me percaté de que existían, digamos, algunas zonas de silencio.

Uno de esos vacíos era y sigue siendo el tema de la sexualidad, al que he dedicado los últimos años. Las fuentes históricas y la metódica que utilizo en la escritura de mis ensayos, no las inventé yo, por supuesto. Son las mismas sobre las que ha trabajado la historiografía cubana, sólo que las he leído desde otra perspectiva.

La sistematización de esas fuentes, la consulta de documentos de archivo, me hizo dialogar con muchos personajes que me enseñaron a pensar la nacionalidad cubana desde otro enfoque. Me revelaron que esa abstracción imaginaria y a la vez tangible que llamamos "nación", se ha articulado y sustentado en contraste, desconocimiento, negación o diferencia respecto de otros ―ya no foráneos y colonizadores, sino autóctonos―, los otros sexuales; lo que trato conscientemente de subvertir. En ese sentido he tenido no sólo un compromiso con la Historia, sino con la realidad social contemporánea.

Del otro lado del espejo… viene a saldar deudas teóricas de trabajo y con documentos que se quedaron fuera de mi anterior libro La nación sexuada. Es una especie de superposición entre pasado y presente, para analizar cómo se confabulan ambos en el tiempo. Está escrito en códigos simples, pensado para diferentes tipos de lectores, sin distinciones de oficios, cultura o generación.

¿Cómo está construido el libro?

―El texto tiene dos partes: "Los silencios de la Historia" y "El presente histórico". Está concebido en dos dimensiones espacio-temporales, dentro de la inmediatez histórica que se ha llamado Historia Inmediata. Tiene una primera parte donde se analizan procesos de larga duración; y va desde finales del siglo XVIII hasta la contemporaneidad.

Trata de hacer una reconstrucción de los discursos que han ido conformando la nación y sus otros sexuales. Cómo esa nación se ha reafirmado y articulado mediante la exclusión y discriminación de esa otredad para crear un heterosexismo, una heterosexualidad nacional con todos sus mitos, sus estructuras jurídicas, laborales, domésticas, sociales y culturales.

¿Por qué Del otro lado del espejo?

―Es invitando al lector a la reflexión, a ubicarse en la piel del otro, a atravesar ese azogue cultural para observar y pensar la realidad social desde otra perspectiva, con una mirada más desenfadada, menos prejuiciada, no tolerante, sino de verdadera aceptación de la diversidad sexual.

Entre otras cosas, ¿qué propones con este libro?

―Ir contra el silencio, contra nuestra auto-negación. Está realizado con la ilusión de que nuestros hijos crezcan imaginando un mundo con géneros diversos, no previsibles, sin etiquetas, como el color de la piel o las preferencias sexuales.

¿Qué experiencias tuviste en la conformación de lo que sería Del otro lado del espejo?

―A mí el proceso de investigación me resulta más interesante que la propia obra acabada. La gente que conocí fue determinante en la factura de este texto, los que me regalaron trozos de sus vidas y permitieron que me insertara en sus dinámicas, en su intimidad y cotidianidad, en sus redes de relación, me enseñaron muchísimas cosas, una de ellas, la más importante, a luchar contra mis propios prejuicios.

El epílogo tiene algo así como una oda a los personajes que me han ayudado en su conformación, que en realidad no es mío. Yo soy un exorcista.

A partir de los análisis epocales que realizas en tu texto, ¿cuáles etapas consideras fueron las que mayormente marcaron la diferencia? ¿Cómo es su estado actual y que tal se asoma el futuro?

―Evidentemente en todas las épocas históricas los procesos de regulación socio-sexual no han sido iguales respecto de la construcción de esos otros sexuales.

El siglo XIX, por lo que me cuentan los personajes que descifro en legajos de archivos y artículos de prensa, tiene que haber sido muy difícil en ese sentido. Las historias son muy conmovedoras. Este marcó el inicio de los discursos de la medicina, que se estableció como un nuevo ministerio; asimismo la psiquiatría, las ciencias penales, entre otras disciplinas que construyeron esa otredad sexual atravesada por el estigma de la enfermedad, la locura y la delincuencia.

Ahora, ¿cambios...? No los percibo tangiblemente. Ha sido un problema histórico-cíclico el tema de la otredad sexual no sólo en Cuba, sino en Occidente. ¿Cómo veo el futuro? No me animo a ser categórico sobre esa cuestión. Hay gente en Cuba que está haciendo cosas para que haya una apertura, una especie de descongelación de determinados tópicos; eso es muy importante. Sin embargo, el debate y las negociaciones culturales todavía están permeadas de esa carga médico-patológica que sigue acentuando la condición enfermiza y devaluada de estas personas.

Hablemos de la "homofobia" o discriminación hacia los otros sexuales como concepto.

―En el campo cultural, existe un orden genérico-sexual en el que se han construido en el tiempo criterios acerca de la "normalidad" y la "anormalidad". Al mismo tiempo se crea una maquinaria de saber-poder que opera como representación hegemónica, delimitando y organizando la existencia sexual de los sujetos. La forma más obvia o más visible de su ejercicio es la censura, la vigilancia y la sanción normalizadora. Este proceso se sedimenta en la ideología heterosexista, que promueve la superioridad de la heterosexualidad y su derecho a ser impuesta, mediante relaciones de poder. Esto se conoce ciertamente como homofobia.

Muchos teóricos de la sexualidad la han conceptualizado como aquellas acciones culturales que buscan nominar y suprimir a los sujetos que se escapan del modelo heterosexual, a la supresión de esa diferencia y al esclarecimiento de roles de género-sexo, también como una especie de miedo.

Ese es realmente un término muy difundido. Sin embargo, la noción de heteronormatividad esbozada por Michael Warner, me parece mucho más abarcadora que el concepto de homofobia. La heteronormatividad da cuenta de cómo se construye institucionalmente la "normalidad" analogada a la heterosexualidad en una relación constitutiva. Así, más que el temor a lo homosexual, a lo raro, a lo ambiguo, lo que predomina es la obsesión social de contener tales expresiones, distanciarlas y confinarlas a la otredad.

¿Qué impacto crees tendrá tu libro en nuestra sociedad? Lo que llamaríamos el reflejo del espejo.

―No me animo a especular o a vaticinar nada al respecto. Prefiero continuar expectante hasta que él recorra el camino que la misma vida le trace.

Sí tengo la ilusión de que influya en las Ciencias Sociales en Cuba, muchas veces de espaldas a la realidad que nos circunda; saturadas de abstracciones, eufemismos, términos y conceptos, cómplices del poder y las etiquetas. Si puede contribuir a que la academia se responsabilice más con las realidades y los temas que estudia, entonces habrá valido la pena.

Adonis Sánchez Cervera

Tomado de Esquife

08/11/2006 GMT 0

Peripecias y ansiedades del color cubano

negracubana @ 11:35
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A 75 años de la publicación de Sóngoro cosongo, los versos de ese poemario y el prólogo que el propio autor escribió para presentarlos, se revelan como un manifiesto de esencias portador de inusitada vigencia. Esta cualidad no es un deseo, sino una fértil realidad que se hizo evidente durante las dos jornadas de trabajo que la Fundación Nicolás Guillén dedicó en la UNEAC para reflexionar no solo en torno al alcance de ese libro seminal sino también acerca de la problemática racial allí enunciada y sus resonancias contemporáneas.

A los análisis del alcance lírico de la obra de Nicolás Guillén, aportados en la sesión inicial por Guillermo Rodríguez Rivera y Virgilio López Lemus y valorados por Nicolás Hernández Guillén, presidente de la Fundación, se sumaron perspectivas conceptuales desde diversas disciplinas humanísticas en la segunda jornada.

La profesora Ana Cairo vinculó la efemérides con otra que no debe pasar inadvertida: la creación hace 70 años en La Habana de la Sociedad de Estudios Afrocubanos por Fernando Ortiz, en la cual Guillén desempeñó un activismo fundamental en aras de promover las contribuciones de la población negra y mestiza a la forja de la identidad nacional, cuestión que en esa época levantaba rechazos y suspicacias por parte de quienes detentaban la hegemonía en la república mediatizada.

En torno a la percepción de la discriminación y los prejuicios raciales en el tejido social de nuestros días disertaron, sobre la base de rigurosas investigaciones de campo, los sociólogos Pablo Rodríguez y Rodrigo Espina, del Centro de Antropología del Ministerio de Ciencias, Tecnología y Medio Ambiente.

Ello dio pie para que el doctor Esteban Morales, de la Universidad de La Habana, y la socióloga Mayra Espina, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, abordaran las relaciones entre racialidad, cultura y desigualdad, a partir de la necesidad de asumir con recursos propios una agenda ineludiblemente vinculada a la estrategia de defensa y profundización de las conquistas sociales revolucionarias, y de la preservación y consolidación de la unidad de los diversos factores que integran la sociedad cubana ante las amenazas imperiales.

En todo momento el debate derivó hacia la toma de conciencia de los requerimientos de acciones científicas, educativas, y promocionales que se articulen con la elaboración y aplicación de políticas sociales, como las que se llevan a cabo inspiradas en los nuevos programas de la Revolución.

Mayra Espina recordó oportunamente cómo estas reflexiones debían conducir a la impostergable indagación acerca del extraordinario valor de las palabras escritas por Guillén en el prólogo de Sóngoro cosongo: “Por lo pronto, el espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. Algún día se dirá: color cubano”.

Pedro de la Hoz

Tomado de Granma

Foto tomada de Cubaliteraria

 

Dan a conocer ganadora del concurso literario, Terminemos el cuento

negracubana @ 10:04

La estudiante cubana de teatro María Carla González, fue la elegida por el jurado en la edición 2006 del concurso, consistente en terminar el relato "La Pantera", del escritor mexicano Sergio Pitol.

La edición del concurso correspondiente al 2006 invitaba a los jóvenes a redactar el final del relato "La Pantera", del escritor mexicano Sergio Pitol, Premio Cervantes 2005.

Un jurado constituido por los ministerios de Educación y Cultura, la Unión Latina y nuestro diario evaluó los trabajos enviados y eligió ganador el relato de María Carla González Pérez, de 17 años, quien estudia 3er. año de Teatro en la Escuela de Instructores de Arte Eduardo García Delgado, en Ciudad de La Habana.

A todos los participantes en el concurso, nuestras felicitaciones por el formidable esfuerzo realizado.

LA PANTERA

Para Elena Poniatowska

Ninguna de las magias que atravesaron mi niñez puede equipararse con su aparición. Nada de lo hasta entonces concebido logró confundir tan soberbiamente refinamiento y fiereza. En las noches siguientes imploré, divertido, al final impaciente, casi con lágrimas, su presencia. Mi madre repetía que de tanto jugar a los bandidos acabaría por soñarlos. En efecto, al término de unas vacaciones la persecución y la infamia, el coraje y la sangre frecuentaron mis noches. En esa época ir al cine se reducía a disfrutar una sola película con ligeras variantes de función en función: el tema invariable lo proporcionaba la ofensiva aliada contra las huestes del Eje. Una tarde de programa triple (en que con indecible deleite vimos llover obuses sobre un fantasmagórico Berlín donde edificios, vehículos, templos, rostros y palacios se diluían en una inmensa vertiente de fuego; épicos juramentos de amor, penumbra de refugios antiaéreos en un Londres de obeliscos rotos y grandes inmuebles sin fachada, y el mechón de Veronica Lake resistiendo impasible la metralla nipona mientras un grupo de soldados heridos era evacuado de un rocoso islote del Pacífico) consiguió que por la noche el fragor de las balas se internara en mi cuarto y que una multitud de cuerpos despedazados y cráneos de enfermeras me lanzaran sobresaltado a buscar amparo en la habitación de mis hermanos mayores.

Con plena conciencia de sus riesgos inventé juegos artificiosos que a nadie divertían. Remplacé el consuetudinario antagonismo entre policías y ladrones o el nuevo, y consagrado por el uso y la moda, entre aliados y alemanes por el de otros fieros y extravagantes protagonistas. Juegos donde las panteras sorpresivamente atacaban una aldea, cacerías frenéticas donde las panteras aullaban de dolor y furia al ser atrapadas por cazadores implacables, combates encarnizados entre panteras y caníbales. Pero ni ellos, ni la frecuencia con que leía libros de aventuras en la selva hicieron posible que la visión se repitiera.

Su imagen persistió durante una temporada que no debió ser muy larga. Con indiferencia fui comprobando que la figura se volvía cada vez más endeble, que mansamente se difuminaban sus rasgos. El flujo atropellado de olvidos y recuerdos que es el tiempo anula la voluntad de fijar para siempre una sensación en la memoria. A veces me apremiaba la urgencia de escuchar el mensaje que mi torpeza le había impedido transmitir la noche de su aparición. Aquel bello, enorme animal, cuya negrura brillante desafiaba la noche, trazó un enorme rodeo en torno a la alcoba, caminó hacia mí, abrió las fauces, y, al observar el terror que tal movimiento me inspiraba, las volvió a cerrar agraviado.

Salió de la misma nebulosa manera en que había aparecido. Durante días no cesé de echarme en cara mi falta de valor. Me reprochaba el haber podido imaginar que aquella hermosa bestia tuviese intenciones de devorarme. Su mirada era amable, suplicante, su hocico parecía dispuesto más que para el regusto de la sangre para la caricia y el juego. Nuevas horas se ocuparon de sustituir a aquellas. Otros sueños eliminaron al que por tantos días había sido mi constante pasión. No solo llegaron a parecerme tontos los juegos de panteras, sino también incomprensibles al no recordar con precisión la causa que los originaba. Pude volver a preparar mis lecciones, a esmerarme en el cultivo de la letra y en el apasionante manejo de colores y líneas.* aquí comienza el ejercicio de «terminemos el cuento»

FINAL DEL CUENTO

El dibujo me deleitaba especialmente y, en la misma habitación donde antes me habían aterrado sueños febriles de banderas rojas y humeantes de sangre, ahora mi mano creaba figuras fantásticas, conjugadas en un derroche de matices y formas. A veces trazaba inconscientemente formas oscuras y difusas que me eran vagamente familiares al contemplarlas de pronto, pero que luego perdían todo sentido.

Transcurrieron así los meses, algunos años, hasta que una noche cualquiera regresó. Desde mi ventana la vi surgir de entre la niebla con el mismo paso imponente y magnífico. Inmóvil, extasiado, dejé que la visión penetrara, me invadiera hasta romper la barrera del olvido que el tiempo había levantado. Todas las emociones que había despertado su primera aparición me inundaron como un torrente inacabable. Anhelante, dudé en acercarme, temiendo que, orgullosa, la bestia no me permitiera acariciarla después de la injuria que mi temor le había ocasionado tanto tiempo atrás. Sin embargo, inclinó dócilmente la cabeza, como si también hubiera estado deseando el saludo piel a piel. Corrí hacia ella y extendí las manos para palpar al fin su pelaje aterciopelado; entonces vi que estaba herida, que la espesa negrura de su piel estaba rota, maculada de rojo. Posó la cabeza sobre mi rodilla como pidiendo perdón por haber demorado tanto el encuentro. Clavó en mí sus ojazos apagados para no permitir que el tiempo me volviera a arrebatar su presencia. Supe que iba a presenciar una muerte diferente, no como aquellas fílmicas de espectrales, crueles, terribles imágenes, sino el suave adiós de un amigo.

Permaneció así por largos segundos, o minutos o siglos. Luego se incorporó y, con una última mirada, se volvió para internarse nuevamente entre los arbustos y la maleza, dejándome solo, con la garganta atorada de palabras no dichas.

Con pasos aturdidos regresé a mi cuarto, y por largas horas dejé que mi vista se extraviara en el impreciso punto donde había desaparecido la pantera. Así permanecí unos días, mientras continuamente visiones y recuerdos acudían a mí y luego me abandonaban. Aterrado, comprendí que nunca olvidaría la sensación que su regreso había generado, pero que otros sucesos volverían a tragarse nuevamente sus ojos, su magnífica figura. Decidí entonces no permitir que esa imagen se desvaneciera inútilmente y, con el auxilio de pinceles, colores y líneas, la atrapé para siempre en una pared de mi habitación.

*Extraído del libro: Los mejores cuentos, de Sergio Pitol.

Tomado de Juventud Rebelde

03/11/2006 GMT 0

"Dulce María tenía muchas cosas que decir"

negracubana @ 15:41

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Con el libro de ensayo Contra el silencio, la escritora e investigadora cubana Zaida Capote se encuentra entre las ganadoras del Premio de la Crítica (2005), codiciado galardón que se entrega cada año a las mejores obras publicadas por las casas editoriales de la Isla. Contra el silencio retoma la obra de la poetisa Dulce María Loynaz, a partir de una visión novedosa, que inserta a la autora de Jardín en un determinado contexto literario.

Joven y sapiente, feminista convencida, Zaida Capote tiene mucho que decir de Dulce María y de la literatura cubana contemporánea.



Se dice que Contra el silencio, sin llegar a ser iconoclasta, rompe el mito que siempre acompaña a la autora de Jardín. ¿Qué opina?

Una de las ideas que tenía yo cuando escribí Contra el silencio fue precisamente romper con esa envoltura un poco mística que tenía Dulce María, ese afán de leer siempre a esta autora como algo distinto, como algo separado de la tradición cubana y latinoamericana.

En el caso de su libro de viajes (Un verano en Tenerife), yo lo analizo como una autobiografía o como un texto autobiográfico de memorias, lo vinculo más con otras memorias de escritoras cubanas. Pero en el caso de la poesía, y de la novela sobre todo, sí trato de establecer vínculos con la tradición latinoamericana y creo que funciona, que hacen ver, descubrir en esos textos una mirada nueva de la literatura de Dulce María.

¿Por qué se ha visto a Dulce María como una autora apartada de las corrientes literarias?

Yo lo digo más o menos en el libro. Creo que ella influyó mucho, desde su posición de autora. Cuando alguien le sugería que veía en su poesía alguna influencia, algún contacto con otros, ella decía que no, que se había hecho sola, que había empezado a escribir desde mucho antes de conocer a sus contemporáneos, y que no tenía influencias ni tenía puntos de contacto con esas otras mujeres. Sin embargo, ella misma rescata en su obra a Delmira Agustini, Alfonsina Storni, e incluso a Gertrudis Gómez de Avellaneda. O sea, está armando una genealogía a la que ella pertenece, a su pesar incluso.

En Contra el silencio vinculo la Bárbara de Jardín con la Bárbara de Rómulo Gallegos, aunque muy levemente. Sin embargo, Dulce María decía que ella no había leído Doña Bárbara, y eso es increíble. Doña Bárbara la leyó todo el mundo, y mucho más ella. Además, María Félix llevó al cine la novela y supuestamente hubo una posibilidad de que esta actriz hiciera también la Bárbara de Jardín, o sea, que son demasiadas las coincidencias…

¿Es su libro contra el silencio o contra lo que se ha dicho siempre de Dulce María Loynaz?

Se llama Contra el silencio porque a Dulce María siempre se le vinculaba con la tradición del intimismo, se veía en su obra una poesía desasida de la realidad, una poesía donde se destacaban mucho más los espacios de silencio, porque ella misma usaba mucho los puntos suspensivos, hablaba sobre la poesía del silencio, lo tematizaba todo el tiempo. A ella se le nombra así, “La poetisa del silencio”. La tesis de mi obra es que Dulce María tenía muchas cosas que decir, aunque a veces ella repitiera que no estaba diciendo nada. Es por eso que le puse Contra el silencio a este trabajo.

A su juicio, ¿qué debemos salvar a toda costa de Dulce María Loynaz? ¿Cuál sería su particular legado a las nuevas generaciones de cubanos y cubanas?

En cuanto a sus libros, prefiero Poemas sin nombre, aunque me gustan mucho dos poemas largos, La novia de Lázaro, y Canto a la mujer estéril. La novela Jardín me parece interesantísima, excelente, y me parece que es tristísimo que nadie la conozca o que la conozcan poco los lectores cubanos, porque es una novela muy rica, pero que, como toda buena novela, exige un esfuerzo de lectura que no todo el mundo está dispuesto a hacer. Deberíamos intentar educarnos para tratar de leerla y hacer de esa lectura algo productivo.

Por otra parte, Un verano en Tenerife es un libro de memorias excelente, con un lenguaje maravillosamente escrito. Entonces yo creo que el legado de ella es muy amplio, a pesar de que escribió poco, porque la obra completa de Dulce María cabe en un tomo mediano.

¿Y de la Dulce María mujer?

Siempre recuerdo, y esto lo he contado en otras ocasiones, su fortaleza de espíritu. Yo la conocí siendo ya una viejecita. En el Instituto de Literatura y Lingüística, donde yo trabajo, le hicieron una vez un homenaje a la familia Loynaz. Dulce María llegó en una silla de ruedas. El homenaje comenzó con una grabación del Himno Invasor, que escribió su padre, y Dulce María se puso de pie y estuvo de pie todo el tiempo que duró el himno, que es bastante largo. Esa es la imagen que tengo de ella, la de una mujer que se impuso sobre sus limitaciones, incluso físicas, y por otro lado que, como ella misma dice en Jardín, es una mujer que podía haber estado perdiendo el tiempo en un casino dominguero y, sin embargo, se dedicó a escribir, se dedicó a pensar. Yo creo que esa es una ganancia que cualquier mujer debería heredar, aceptar como propia.

En una entrevista usted decía que hay preguntas necesarias que replantean el análisis de la literatura femenina. Entre ellas, es necesario saber qué elementos usan las autoras para adentrarse y contestar a lo establecido. Extrapolando lo anterior al ensayo, ¿cuáles fueron las estrategias discursivas de Contra el silencio?

En realidad el hecho mismo de considerar a Dulce María como una poetisa intimista, como una poetisa del postmodernismo, ya la elimina prácticamente del canon, o la deja en un lugar menor. Leerla así, ver la evolución que tuvo su obra, tratar de ubicarla en diálogo con otros autores de su época, como Ballagas, hasta Lorca incluso, es importante para incorporarla en otro lugar lejos del canon. Con la narrativa pasa lo mismo. Cuando lees Jardín como una novela extraña, cosa que suele hacerse, como una novela que es un rara avis en la tradición cubana, la estás relegando a un espacio oscuro y marginal. Si, por el contrario, la lees como parte de la narrativa feminista de vanguardia que se dio en todo el continente y de la que Jardín es una muestra más, la estás incorporando a una tradición, y la estás haciendo subir unos cuantos escalones en el canon cubano si los lectores aceptan esa tesis. Mi empeño era ese, aunque no sé si el libro cambie algo. Espero que sí. Al menos lo intenté.

Ya se habla de un boom feminista en la prosa cubana. ¿Qué opina?

Realmente hay una explosión. Hay mucha gente escribiendo, muchas mujeres. Ahora mismo yo estoy preparando para La Gaceta un dossier sobre novela y hay más de diez mujeres escribiendo en ese género. Por otra parte, ha crecido mucho el número de publicaciones femeninas, sobre todo en narrativa.

Las causas son diversas, hay un ambiente propicio para la creación. Por un lado, porque la situación de la mujer ha cambiado. Yo estaba revisando los datos del censo y ahí se dice que más del 41% de los hogares tienen una jefa de hogar mujer, lo cual quiere decir que la situación es complicada para nuestro sexo, pero al mismo tiempo te indica que tenemos un alto nivel de responsabilidad social.

Más del 65% de los profesionales y técnicos son mujeres. O sea, las mujeres tienen un nivel de inserción social mucho mayor que en cualquier otra época de la historia de Cuba. Por otra parte, creo que con este tipo de trabajos críticos y teóricos sobre el feminismo, sobre la tradición de escritura de las mujeres, las féminas han ido ganando espacio aun cuando ellas mismas no crean o no sientan que este tipo de trabajo les aporta como profesionales femeninas de hoy en día.

¿Un espacio? Yo creo que es un rescate, y no estoy hablando de mí personalmente, sino de un movimiento que se ha dado desde la academia, de la crítica, sobre todo, que tiene nombres como Susana Montero, Luisa Campuzano, Nara Araújo, Mirta Yáñez, la lista es inmensa.

En 1996 se publicó Estatuas de sal, una antología de cuentos de mujeres. En fin, ha habido un cierto punto de giro en el desarrollo de una concepción de la literatura de mujeres como una literatura válida. El hecho de ser mujer influye mucho a la hora de evaluar la narrativa. Dulce María es un ejemplo de eso. Cuando se lee la obra Jardín como una novela extraña, distinta, es porque Dulce María es una mujer. Si esa obra la hubiera escrito un hombre, ¿la leerías de la misma manera? Hay muchos ejemplos en la historia de la literatura de que un texto, cuando se sabe que fue escrito por una mujer, se califica de sensitivo, edulcorado, y cuando es un hombre, entonces se habla de inteligente, de elaborado desde el punto de vista técnico. Existe esa discriminación, muchas veces involuntaria, y tiene que ver con la formación cultural que hemos tenido.

¿Qué representa para usted el Premio de la Crítica?

Para mí es una alegría. El Premio de la Crítica es un premio bastante codiciado por todos los escritores en Cuba. La verdad que no lo esperaba porque este año había muchos ensayos muy buenos, y el ensayo no es un género que suela premiarse con frecuencia. Este año se hizo un acto de justicia, y agradezco mucho al jurado que haya tomado en cuenta los libros de ensayo, que no suelen leerse en el mismo nivel que los libros de narrativa o poesía.

Tomado de La Ventana

01/11/2006 GMT 0

Narciso y Eco en nuestra América

negracubana @ 11:27

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«Luisa Campuzano ha hecho extraordinarios aportes a la literatura en su especialidad. No es una taxidermista de los textos que trabaja; por el contrario, les infunde nueva vida»

La Editorial argentina La Bohemia acaba de inaugurar su Colección Micromegas, dedicada a los Estudios Literarios, con la publicación del libro Narciso y Eco: tradición clásica y literatura latinoamericana, de Luisa Campuzano, reconocida profesora e investigadora y directora del Programa de Estudios de la Mujer de la Casa de las Américas.

Tomando como impulso alegórico las asimetrías de la relación simbólica propuesta por el mito que le sirve de título, se devanan, en las tres secciones que integran este volumen de cerca de doscientas páginas, prologado por Susana Cella, los hilos que conforman las tramas contemporáneas de la literatura latinoamericana donde encuentran nuevos perfiles las viejas imágenes, las prácticas culturales y los iconos de otros, muy lejanos tiempos.

El primero de los seis textos agrupados en la sección inicial bosqueja un panorama general de la apropiación por autoras latinoamericanas de la cultura antigua; los cinco siguientes se dedican en particular a su tratamiento de dos temas: las versiones fielmente infieles de tres tragedias ―Medea, Hécuba, y Electra― y su relación con dos motivos muy frecuentados por la tradición clásica: las heroínas romanas, y las mujeres abandonadas ―Dido y Ariadna.

La segunda sección desarrolla un solo tema que va de una literatura escrita, hace más de dos milenios, como simulacro de la cena y del consumo, a la escritura de la cocina como ejercicio de liberación y de producción estética y erótica de las mujeres, mediante el aprovechamiento de todo el arsenal simbólico de un saber y unos ritos instaurados desde siempre y permanentemente desvalorizados.

La tercera sección reúne dos trabajos que abordan los códigos y mitos clásicos en varias novelas de Alejo Carpentier. Como apéndice, se reproduce una entrevista realizada a la autora por María Grant, en la que se insiste en su tránsito de la enseñanza de letras clásicas al estudio de la escritura de mujeres latinoamericanas.

En la contratapa del volumen, que reproduce en su cubierta con marcada intención un cuadro de Rocío García titulado “Venus y Apolo destruido”, se leen las siguientes opiniones de muy conocidos escritores:

“Luisa Campuzano ha hecho extraordinarios aportes a la literatura en el campo de su especialidad. No es una taxidermista de los textos que trabaja; muy por el contrario, les infunde nueva vida que los reactualiza suscitando la admiración y el agradecimiento del lector creativo.” (Leónidas Lamborghini)

“Luisa Campuzano es una mujer a la que admiro desde mucho antes de haber tenido la suerte de conocerla personalmente: por su lucidez y la legítima originalidad de sus opiniones críticas, por su conocimiento, realmente iluminador, de la literatura latinoamericana, por la transparencia de su prosa, por la pasión con la que, a través de su trabajo en Casa de las Américas y su actividad docente, ha hecho siempre de su saber una militancia.” (Liliana Heker)

“Para subvertir el universo estratificado de Eco y Narciso, de la enamorada del enamorado de sí mismo que sólo puede repetir las palabras del amado, Luisa Campuzano hubo de convertirse en una moderna Pandora a la inversa. A lo largo de años de cátedra, con toda dedicación y con enorme sabiduría, esta brillante filóloga, crítica y ensayista cubana fue detectando en las páginas de la literatura hispanoamericana escrita por mujeres las piezas que una vez juntas y analizadas en profundidad conmueven los más clásicos cimientos.” (Luisa Valenzuela)

“El cruce cultural entre América y Europa grecolatina es un marco teórico que Luisa Campuzano ha convertido en un destino. Siguiendo el hilo de personajes femeninos de la tragedia, el mito y la tradición clásicas, sus ensayos tienden un puente de interpretación, donde versiones y diversiones del Amor, el heroísmo y la relación entre cuerpo de mujer y política, se hacen carne en una infrecuente escritura.” (Liliana Lukin)

Tomado de La Ventana

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