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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Le Cinéma

22/07/2008 GMT 0

Cine Club "Diferente"

negracubana @ 14:45
El Cine Club "Diferente"vuelve el próximo 24 de julio a las 8:30 p.m. en el cine Riviera (Calle 23 y Ave. de los Presidentes) con la co-producción anglo-norteamericana Botas Kinky (Kinky Boots - 2005)

Director: Julian Jarrold

Sinopsis: Una travesti rescata a un hombre que, tras heredar la fábrica de zapatos de su padre, necesita diversificar la variedad de su producción si quiere mantener su negocio a flote...


... y recuerden que, después de la película, tenemos debate sobre el tema del filme!


P
rosigue su andadura el Cine Club Diferente en La Habana con "Kinky boots"

La próxima oferta del Cine Club “Diferente” será este jueves 24 de julio y abordará el complejo mundo del travestismo mediante el filme anglonorteamericano “Botas Kinky” (Kinky boots), de Julian Jarrold, en la misma sala, hasta tanto se terminen las labores de remodelación del Cine 23 y 12, sede habitual del encuentro, que busca presentar cintas, cuya temática esté relacionada con el mundo de la diversidad sexual.

Cien minutos, cien años de cine. Así podría llamarse de forma alternativa el documental "El celuloide oculto" que, el mes pasado, nos presentó en su ya habitual Cine Club “Diferente” el crítico y escritor cubano Frank Padrón Nodarse. No hay dudas, que Hollywood, a lo largo de esta centuria y algo más, ha tenido oportunidades de acumular glorias y sinsabores. Difícil entonces, ante una producción tan prolífera, que algún tema de esta vida variada y llena de vericuetos, escapara de sus tentáculos y no pasara por su filtro, ya fuera para bien o para mal.

Así pues, "El celuloide oculto" (The Celluloid Closet), coproducción franco-alemana-británico-estadounidense, de 1995 devela, con la maestría del gran arte fílmico, cómo la industria del entretenimiento norteamericano, luego de una relativa y sorprendente ‘liberalidad' en sus primeros años, trató de depauperar la imagen y la autoestima del homosexual, así cómo aquellos realizadores conscientes y necesitados, se montaron en las alas de la metáfora y la sutileza para, al menos discretamente, reflejar en la pantalla grande, la vida de aquellos que escogieron amar de forma diferente.

A través de fragmentos, muchos de ellos censurados en su momento y perfectamente integrados al discurso, Robert Epstein y Jeffrey Friedman repasan con vocación de relojero, los mil y un ejemplos, en que Hollywood ejerció sus ‘buenos oficios' en el tratamiento de este lado de la vida, hasta hace poco silenciado por el main-stream del entretenimiento popular.

No faltan nombres de peso del showbizz, para reafirmar que no siempre la gran industria jugó limpió cuando el asunto era retratar a los homosexuales en pantalla. Entre ellos este ‘talking-heads' nos brinda los testimonios de astros como Tony Curtis, Whoopi Goldberg, Tom Hanks, Shirley MacLaine, Susan Sarandon, Gore Vidal y otros muchos que, al ser asumidamente gay, no podían ver con buenos ojos el mal manejo que de su experiencia vital se hacía.

Tampoco faltan ejemplos de filmes, aparentemente, inocentes que, de forma velada, presentaban situaciones de claras implicaciones homosexuales. Verbigracia Rebeca o Ben Hur, por sólo mencionar dos casos. También abundaron muestras de caricaturas, exacerbaciones, denigración y fatalismo. La lista sería interminable.

Claro quedó para el público, que llenó la espaciosa sala del cine Riviera de la Habana, que tal tratamiento no siempre fue casual, de hecho casi nunca y parecía encerrar unos lineamientos hasta ahora poco claros, pero no por ello menos destructivos.

El debate – parte implícita y fundamental del proyecto de Padrón Nodarse – se trabó a partir de las opiniones del auditorio y de importantes personalidades de la cultura nacional, que además de aquilatar las calidades del producto cinematográfico sometido a su consideración, aprovecharon el momento para la sana catarsis y la reflexión productiva, en torno del fenómeno que allí los había reunido.

Una vez más, Mariela Castro Espín, jefa del Cenesex, concedió la gentileza de su presencia y aprovechando el momento también hilvanó ideas sobre la necesidad de la presencia del gay en los medios, pero siempre a partir de posturas de dignidad.

© Antón Vélez Bichkov-NOTICINE.com

30/06/2008 GMT 0

Cierra Festival de cine holguinero “Por primera vez”

negracubana @ 14:42

Por Leandro Estupiñán

En una escueta gala de apertura donde se proyectó el corto merecedor del Gran premio, se dieron a conocer anoche l@s ganadores/as de la VIII edición del Festival de Óperas Primas “Por primera vez”.


El Gran premio recayó en el corto Trovador, de Sebastián Cordero, mientras que los lauros correspondientes a los restantes acápites que distingue el encuentro fueron para Ciudad gris (dibujos animados) del grupo holguinero ANIMA; La bestia (corto de ficción) de Hilda Elena Vega y Zona de silencio un documental de Karel Ducasse.


El jurado, integrado por José Rojas Bez, Jacqueline Benet, Gustavo Arcos y José Luis Estrada Betancourt dejó desierta la categoría de Vídeo arte.


El encuentro estuvo dedicado en esta ocasión al documental y realizó un homenaje al cineasta Octavio Cortázar, fallecido este año.


En la noche del viernes, el Comité Organizador entregó a los actores Jorge Perugorría y Luis Alberto García la réplica del Angelote, escultura situada en el Parque Carlos Manuel de Céspedes o San José que entrega el sectorial de cultura.


En el encuentro se realizaron jornadas teóricas mientras en dos de los cines de la ciudad se exhibieron los materiales en concurso, además de la muestras paralela proyectada en el Café Tres Lucías.

"Por primera vez" se inició el 25 con el estreno del filme cubano El viajero Inmóvil, de Tomás Piard, basado en la novela Paradiso de José Lezama Lima.

Tomado de Ahora


 

23/06/2008 GMT 0

El celuloide sale del clóset

negracubana @ 14:06

Cine Club “Diferente”, jueves 26 de junio

Esta vez en el cine “Riviera” )

El celuloide sale del clóset

Para la nueva jornada del cine club Diferente (CENESEX-ICAIC) los jueves finales de cada mes, esta vez en la restaurada sala “Riviera” (23 entre G y H) por reparaciones de su sede habitual (“23 y 12”), y a las 8:30 p.m, el correspondiente a junio ofrecerá la presentación y debate del documental franco-alemán-anglo-norteamericano The Celluloid Closet (El celuloide oculto), de 1995, con dirección y producción de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, el cual, partiendo del exitoso libro escrito por Vito Russo, realiza un exhaustivo y pormenorizado recorrido por el cine (básicamente de Hollywood, aunque mucho más allá) sobre cómo ha leído éste la diversidad sexual desde sus inicios, con el testimonio y criterio de prestigiosos cineastas, guionistas y actores de la industria acerca de ese curioso fenómeno, culpable en buena medida de los estereotipos cimentados durante décadas por tan poderoso e influyente imaginario.
Narrado por la comediante Lily Tomlin, personalidades como Tom Hanks, Shirley Maclaine, Tony Curtis, Susan Sarandon, Whoopi Goldberg o Gore Vidal están presentes junto con otros quizá no tan conocidos pero no menos importantes a los efectos del tema (Harvey Fierstein, Jan Oxenberg, Susie Bright, Armistead Maupin, Barry Sandler, Mart Crowley, Antonio Fargas, Ron Nyswaner, Daniel Melmick, Harry Hamlin , John Schlesinger…) lo significativo es que todos opinan, declaran, analizan al margen de su orientación sexual personal (o por ella misma) acerca del asunto pues , de un modo u otro, han estado vinculados a él , y por tanto tienen mucho de interesante y motivador que declarar ante la cámara, como podrá apreciar el espectador que se enfrente a este valioso filme.

Otro mérito del mismo es su cuidadosa edición, de modo que transcurren 102 minutos sin que apenas nos percatemos: las imágenes (una reserva impresionable de casi todo el cine estadounidense, como decíamos) alternan y/o calzan las intervenciones de los entrevistados de manera no sólo correcta o funcional, sino creadora, por lo cual la carga informativa, didáctica del documental se recibe de manera placentera, entretenida, de modo que no riñe la espesura conceptual (indiscutible) con el buen rato que pasamos, aún cuando con no poca frecuencia inquiete y moleste lo que vemos.
Cómo el cine ha “fabricado” la homosexualidad masculina y femenina a lo largo de su primer centenario, cómo decidió que recibieran el hecho no sólo los espectadores heterosexuales (mayoría a la cual siempre va dirigido en primerísimo término) sino incluso los propios implicados, cómo han evolucionado el pensamiento, la apreciación social, la medicina y la ciencia en torno al tema, y cuáles han sido entonces las mutaciones en el reflejo estético que la pantalla grande ha ido experimentando, son útiles lecciones de este notabilísimo filme que propone algo más que la visibilización: en realidad, una comprensión cabal y vanguardista de ese “amor que (un día, al decir de Oscar Wilde) temió “decir su nombre” y hoy, gracias en buena medida a obras artísticas como ésta, logra incluso gritarlo.

Frank Padrón

Mi tesis de maestría y la historia del burro

negracubana @ 12:16


Amig@s

Como algun@s saben, la semana pasada discutí el trabajo que me hizo merecer el título de maestra en estudios de género. Fue una presentación bella, dedicada a un amigo, Tomás Gonzalez quien recien falleció, y que sobre todo me permitió traer de vuelta a Sara Gómez, esta vez releída desde la teoría feminista. Allá estuvieron algun@s de mis amig@s mas cercan@s y mi hija y expareja también, sin embargo mi ponencia también recordó a todas aquellas personas que me ayudaron en esta empresa y que ya han recibido mis agradecimientos por diversas vías.

Por otra parte, como acabo de llegar lo primero que hago es revisar mi buzón de correo y allá encontré un pequeño escrito que me hizo llegar Dana, una de esas amigas; dicho texto, que adjuntaré más abajo, me hizo reflexionar un poco sobre lo que significa para mi haber terminado satisfactoriamente la maestría.

Cuando recien comenzaba la presencial sufrí un accidente que me cambiaría la vida para siempre, pero que también me permitió imprimirle más seriedad a mi proyecto de formación. No solo tuve que luchar con cuatro cirugías, varios meses sin caminar y tareas pendientes, también con una sobreexigencia que sobre mí se impuso, esta vez desde la propia coordinación de la maestría que, aún no logró saber el por qué, en ocasiones me llevó a rivalizar pero sobre todo me hizo volver a sentir que cualquier cosa que me proponga me costará el doble (como me advirtió mi madre desde chica), menos mal que soy una mujer luchadora (parafraseando a Isa) porque si no hubiese muerto en intento. Al final, agradezco esa sobreexigencia porque me esmeré, estudié mucho y ahorita siento que no fue en vano. Al final se reconoció que pesar de haberme hecho el proceso de la maestría un poco "pesado" mi trabajo final era muy bueno.

Les dejo entonces el texto en cuestión:

LA HISTORIA DEL BURRO

El burro de un campesino se cayó en un pozo. El animal lloró fuertemente por horas, mientras el campesino trataba de buscar algo que hacer. Finalmente, decidió que el burro ya estaba viejo y el pozo ya estaba seco y necesitaba ser tapado de todas formas; que realmente no valía la pena sacar al burro del pozo.

Invitó a todos sus vecinos para que vinieran a ayudarle. Cada uno agarró una pala y empezaron a echarle tierra al pozo. El burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y lloró horriblemente. Luego, para sorpresa de todos, se aquietó después de unas cuantas paladas de tierra.

El campesino finalmente miró al fondo del pozo y se sorprendió de lo que vio... con cada palada de tierra, el burro estaba haciendo algo increíble: se sacudía la tierra y daba un paso encima de la tierra. Muy pronto todo el mundo vio sorprendido cómo el burro llegó hasta la boca del pozo, pasó por encima del borde y salió trotando...

La vida va a echarte tierra, todo tipo de tierra... El truco para salir del pozo es sacudírsela y usarla para dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Podemos salir de los más profundos huecos si no nos damos por vencidos... Usa la tierra que te echan para salir adelante.

02/04/2008 GMT 0

Ciclo de cine sobre diversidad sexual

negracubana @ 13:18

Crítica, películas  y documentales
Jueves 3, 10 y 17 de abril, 4:00 p.m.
Centro Hispanoamericano de Cultura, Malecón esq. Prado

Ciclo dedicado al tema de la diversidad sexual

3 de abril:
Drama Juego de lágrimas/Dir. y guión: Neil Jordan/Irlanda/Año 1992/Int.: Tony Slattery, Sthepen Rea, Miranda Richardson/Jim Broadbent, Jaye Davidson, Forest Whitaker, Birdie Sweeney, Adrian Dunbar. Premio Oscar al mejor guión original.

La organización terrorista IRA secuestra a un soldado británico. Durante el confinamiento, el prisionero entabla  amistad con Fergus, uno de los terroristas, y le pide que si finalmente lo matan vaya a ver a su novia. Más tarde, Fergus, huyendo de sus compañeros, acude al pub donde trabaja  Dil, la novia del soldado británico.

10 de abril: Comedia dramática Transamérica/ Dir y guión: Duncan Tucker/Int.: Felicity Huffman, Kevin Zegers, Graham Greene y Burt Young.

Un transexual hombre, a pocas semanas de su programada operación de cambio de sexo, cambia su vida al recibir una noticia sobre el hijo que tuvo antes.  El muchacho está en un reformatorio  por prostitución de taxiboy en New York, y su padre decide buscarlo para llevarlo a California.

17 de abril: Drama Mi vida en rosa/Dir.y guión: Alain Berliner  y Chris van der Stappen/ Francia-Bélgica-Reino Unido/1997/Int.: Michèle Laroque (Hanna), Jean-Philippe Écoffey (Pierre), Hélène Vincent (Élisabeth), Georges Du Fresne (Ludovic) y   Daniel Hanssens (Albert)

Ludovic es un niño de siete años que está convencido de ser una niña. El desconcierto de  sus padres se unirá al rechazo por parte del vecindario y del colegio donde asiste a clase. El convencimiento de Ludovic provocará que se vaya aceptando  su diferencia.

11/03/2008 GMT 0

Las mujeres detrás del lente

negracubana @ 17:18
Danae C. Diéguez

Cuando hablamos de dirección de fotografía en el cine y en el audiovisual, nos encontramos que históricamente ha sido un espacio de privilegio y regodeo artístico de los hombres. Con el pretexto de las cámaras pesadas e incómodas, las mujeres apenas pudieron acceder a esta especialidad, pues aunque lo intentaran, la palabra que detiene o el gesto que evita eran suficientes para demostrar que la equidad de género no había llegado al mundo cinematográfico.

El video se convirtió en una de las tecnologías del género: hacia él emigraron la mayoría de las mujeres que no pudieron desde las grandes industrias realizar sus filmes. Así surgieron las primeras videastas y por supuesto la cámara en las manos de ellas para expresarse y autorreconocerse.

El mundo cinematográfico en la isla no ha estado al margen. En la búsqueda de la igualdad de las mujeres, las leyes —que en Cuba existen que apoyan y son conquistas incuestionables— en la creación cinematográfica han tenido verdaderas limitaciones, visibles, entre otras, en la escasez de mujeres en la dirección y/o fotografía. Pudieran argumentarse muchas razones y quedarnos en el plano de lo anecdótico, contar historias innumerables de cómo hasta hace pocos años el acceso a la especialidad de fotografía era un raro privilegio en las realizadoras.

La democratización de la tecnología en el video y el formato digital, así como, la creación de escuelas de cine, a saber, la EICTV y la Facultad de los medios del ISA, han permitido, no sin dificultades mediante, la formación de un grupo de realizadoras, y en el caso que nos ocupa de directoras de fotografía que han ido cambiando el panorama presentado al inicio.

No me estoy deteniendo en si por ser mujeres definen o no una mirada estética en la que se reconozca un ideario que hable de lo femenino como espacio a distinguir, o sencillamente verifiquemos en ellas la producción de imágenes resistentes a una cultura patriarcal a la que pertenecemos y de la que nuestros discursos muchas veces hegemónicos, son deudores. Me refiero ahora, solamente a la posibilidad, al acceso a la especialidad escogida y a poder concretarla. Eso como primer paso, como camino coherente dentro de una cultura que aspira a la verdadera equidad.

La 7ma Muestra tiene la ocasión de mostrar una pléyade de realizadoras y directoras de fotografía, en muchas ocasiones coincidentes, con propuestas muy interesantes que relatan sobre el mundo de lo femenino y otros temas, en los se enfrentan desde configuraciones discursivas que intentan resistir a la ideología patriarcal. Ideología que está, la mayoría de las veces, en el imaginario cultural del que las fotógrafas también son deudoras. Si en el análisis encontramos, como decía, esas resistencias y ellas son agentes que subvierten, entonces el paso va más allá, y es tema para un ensayo.

Baste significar que el número de directoras de fotografía ha crecido y que dentro de ese corpus encontramos un trabajo que habla de variedad de temas y de miradas que evidencian sutilezas, modos de representar la realidad que se anclan en una calidad notable.

Filmes que van desde El patio de mi casa, de Patricia Ramos que tiene en la fotografía a Lily Suárez, propuesta que posee un tratamiento fotográfico atendible, pues es Lily una de nuestras fotógrafas más experimentadas; hasta obras de recién egresadas en la especialidad o estudiantes aún, sin mencionar el número de mujeres que sin pertenecer a escuela de cine alguna, sencillamente toman la cámara en la mano y deciden expresarse y explorar a través de la imagen.

Quedaría para este primer paso, que es sencillamente visibilizar, que los decisores de políticas culturales transversalicen en ellas la equidad de género, y que en nuestras instituciones, donde el concepto “hacer cine” sea la esencia, se asuma conscientemente una realidad que existe y se ha impuesto desde el cine independiente y en donde las mujeres fotógrafas —por no mencionar a las realizadoras— han tenido el espacio para llevar a cabo sus propuestas. La Muestra ha servido también para hacer visible lo invisible.

03/03/2008 GMT 0

Segunda Muestra Itinerante de Cine del Caribe.

negracubana @ 18:15

Es en las edades tempranas de la niñez y la adolescencia que el imaginario de un país, su identidad y su cultura comienzan a definirse, como parte esencial del ser de una nación.

El Caribe, con su cultura diversa y única, tiene en su infancia y juventud adolescente, su más esperanzador soporte para el futuro de cada una de las naciones de la región.

Reconocerse en una historia, cultura e identidad propias, es fundamental para la educación de nuestros niños, niñas y jóvenes, y propiciarlo ha de ser responsabilidad y compromiso de toda la sociedad; en especial de las instituciones educacionales, pero también de los medios de comunicación, particularmente, el cine y la televisión, los que pueden contribuir de manera decisiva a su adecuada formación o extravío.

Que el cine sea para nuestros niños y adolescentes algo más que un banal entretenimiento, constituye, asimismo, no sólo una necesidad formativa, sino un sustancial aporte a la espiritualidad de los futuros hombres y mujeres de la región caribeña.

La presencia globalizada de patrones de violencia e historias enajenantes que nada tienen en común con las realidades y contextos culturales, en los que han de reconocerse nuestros niños y jóvenes, es un desafío a la preservación y defensa de los mejores valores éticos y culturales de nuestras naciones.

En tal sentido, la recién concluida Primera Muestra Itinerante de Cine del Caribe, evento regional del que participaron 23 países, constituyó un importante precedente por su contribución efectiva al conocimiento mutuo, y a la colaboración e integración cultural dentro del espectro de naciones del Caribe.

Esta iniciativa surgida del intercambio entre cineastas cubanos y jamaicanos contó con el auspicio del ICAIC, y las Oficinas Regionales de UNESCO en el Caribe (La Habana, Kingston y Puerto Príncipe), así como de las Comisiones Nacionales de UNESCO en los países de la región, CARICOM y TELESUR. El evento concitó la atención y el apoyo de los cineastas y profesionales del audiovisual en el Caribe, y de las autoridades de gobierno vinculadas al trabajo cultural en esos países.

Fue esta la ocasión en que, por primera vez, las audiencias del Caribe tuvieron la oportunidad de ver una selección de 28 filmes de realizadores caribeños, representativos de 15 países, subtitulados en los idiomas de la región: inglés, español, francés y, significativamente, en creole haitiano.

La Primera Muestra Itinerante de Cine del Caribe, corroboró igualmente la necesidad de adoptar acciones que contribuyan de manera urgente y efectiva a la defensa y promoción de nuestro cine nacional como expresión de nuestras identidades.

A partir de las premisas antes mencionadas, e inspirados en los estimulantes resultados de la Primera Muestra Itinerante de Cine del Caribe, convocamos a realizadores y productores del cine y audiovisual caribeño a participar en la Segunda Muestra Itinerante de Cine del Caribe que en el 2008 estará dedicada a los Niños, las Niñas y Adolescentes del Caribe.

Esta será una fiesta de la fantasía, la fabulación, la gracia y la belleza, en la que no faltarán aleccionadoras historias que en su trama, comporten un mensaje educativo y revelador para nuestros niños, niñas y adolescentes.

La Muestra aspira a ser una ronda de la imagen en la que cuentos, cantos, fábulas y personajes animados serán compartidos por primera vez en idiomas diversos, por el público infantil y adolescente de la región.

La Segunda Muestra Itinerante de Cine del Caribe dedicada a Niños, Niñas y Adolescentes del Caribe, es un esfuerzo conjunto del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos(ICAIC), las Oficinas Regionales de UNESCO en el Caribe (La Habana, Kingston y Puerto Príncipe),y la representación de UNICEF en Cuba, y aspira a contar con la colaboración de los cineastas y profesionales del audiovisual en el Caribe, los Ministerios de Educación y Cultura, Instituciones Culturales y Académicas e intelectuales y artistas de los países de la región.

Esta iniciativa cumple con los objetivos de la Convención de la UNESCO sobre la protección y promoción de la diversidad de las expresiones culturales (2005). Reconoce también los derechos de la niñez y la adolescencia, expresados en la Convención Internacional aprobada en 1989, por UNICEF. Además, se propone favorecer la producción de contenidos diversos y su distribución a través de los medios de comunicación, para promover el intercambio, el entendimiento mutuo y el respeto recíproco entre los pueblos.

El Programa de la Muestra lo constituirá una selección de títulos en cine y video; en los géneros de ficción, documental y dibujos animados, realizada por creadores caribeños, residentes o no en sus países de origen, que tengan como sus destinatarios principales al público infantil y adolescente. También se incluirían filmes realizados por niños, niñas o jóvenes adolescentes del Caribe.

Se constituirá un Comité Internacional de Selección conformado por reconocidos cineastas y especialistas, del que también formarán parte representantes de UNICEF y UNESCO.

La Oficina de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe, con sede en el edificio ICAIC en La Habana, en coordinación con su Comité Organizador Internacional, es la encargada de los trabajos de organización de este importante evento, que ha de tener sus presentaciones en el venidero 2008 en los países caribeños.

En cada uno de los países que acogerá la Muestra se establecerá un Grupo de Coordinación y Contacto que trabajará para garantizar el buen curso del evento; cada uno de estos grupos, integrado por cineastas e instituciones educacionales y culturales, así como representantes de UNICEF y UNESCO de los diferentes países, enviará sus propuestas de títulos de autores nacionales a la Oficina de la Muestra.

Con el propósito de facilitar la difusión y racionalizar costos de transportación y reproducción, las proyecciones de los filmes que integren la Segunda Muestra Itinerante de Cine del Caribe dedicada a Niños, Niñas y Adolescentes del Caribe se realizarán en formato DVD, con subtitulaje en uno de los tres idiomas oficiales del evento: inglés, francés y español.

Los filmes seleccionados para integrar el programa de esta Muestra serán traducidos y subtitulados en los cuatro idiomas oficiales por la Oficina de la Muestra itinerante de Cine del Caribe en coordinación con el Departamento de Subtitulaje del ICAIC.

El cronograma y mapa itinerante de la Muestra se realizará a partir de las sugerencias de las instituciones y los grupos de contacto y coordinación de cada país, atendiendo a las fechas de mejor conveniencia para desarrollar el evento en sus países.

Las obras que sean propuestas y/o seleccionadas para integrar el programa de la Muestra pasarán a formar parte de los fondos de la Videoteca del Caribe. Los propósitos que animan la Muestra Itinerante de Cine del Caribe prohíben el uso o explotación comercial de las obras que lo integran.

La Oficina de la Muestra recaba la colaboración de las instituciones educacionales y culturales y de gobierno en los países a los que concurrirá, para que éstos sufraguen los gastos de publicidad, así como faciliten la logística técnica requerida (cine o sala de exhibición, equipo y técnico de proyección); la convocatoria a las personalidades de la cultura, académicos y profesionales de los medios, quienes destaquen con su asistencia a las proyecciones de los filmes, la importancia de este acercamiento al quehacer del cine y el audiovisual en la región, estimulando así la asistencia general del público a las salas que exhiban la Muestra.

REGLAMENTO

1- La Segunda Muestra Itinerante de Cine del Caribe dedicada a Niños, Niñas y Adolescentes del Caribe estará integrada por filmes de ficción, documentales y de animación realizados en cine o video, cuyo destinatario principal sean los niños, las niñas y adolescentes. Los autores de las obras serán nacionales de los países del Caribe, aunque tengan residencia en otro país.

2- Las obras propuestas a la selección de la Muestra serán presentadas en formato DVD o DV CAM, junto a su lista de diálogos.

3- El Comité de selección de cada país (grupo de coordinación y contacto) podrá enviar las obras en cualquiera de las categorías mencionadas, a la Oficina de la Muestra de Cine Itinerante del Caribe, en la sede del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC). Calle 23 Núm. 1155 entre 10 y 12, El Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba. CP. 10400.

4- Los realizadores y productores interesados en hacer llegar sus obras a la selección de la Muestra, podrán también hacerlo directamente a la Oficina de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe.

5- Las obras propuestas deberán recibirse en la Oficina de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe antes del 30 de marzo de 2008.

6- Un Comité de Selección, conformará el programa de la Muestra; el mismo estará protegido por documento legal que establece el compromiso de los Comité Coordinadores de cada país y los autores para impedir el uso o explotación comercial de las obras.

7- El calendario, itinerario y demás precisiones de la Muestra se darán a conocer previa coordinación y consulta con las instituciones oficiales, grupos de contacto y coordinación de los países implicados y los diferentes actores de la misma.

8- Los costos del envío de las copias, desde el lugar de expedición a la Oficina de la Muestra, estarán a cargo del remitente del filme en cada país. La copia propuesta a la selección contendrá exclusivamente la obra en cuestión grabada en DVD o DV CAM. Adicionalmente, se solicita el envío de la ficha técnica del filme, su lista de diálogos y cualquier otro material informativo adicional tales como: fotos, press kitts, carteles y trailer (DVD, DVCAM).

9- Como parte del programa de la Muestra y complemento de la misma, resulta provechoso que un realizador o miembro del Comité Organizador Internacional pueda acompañar sus presentaciones, de modo que se propicie el necesario intercambio con los medios de prensa y con las audiencias mismas. Los gastos de transportación y alojamiento en cada caso serían asumidos por el país anfitrión.

10- Las presentaciones de la Segunda Muestra Itinerante de Cine para Niños, Niñas y Adolescentes del Caribe se realizará en las salas de exhibición destinados a tal efecto. De igual modo, se contempla la posibilidad de realizar exhibiciones especiales en escuelas y otros espacios de socialización de los niños y jóvenes adolescentes.

11-La Oficina de la Muestra asumirá el costo del envío a los países, del paquete de films que integren el programa de la misma.

12- La presentación de obras a la selección de la Muestra supone la aceptación de este Reglamento. Las obras seleccionadas contarán con la autorización de sus autores para la presentación de las mismas exclusivamente en el cumplimiento de los propósitos de esta Segunda Muestra Itinerante de Cine del Caribe.

Para mayor información o consulta dirigirse a: muestracaribe@icaic.cu

Toda correspondencia relacionada con la Muestra deberá dirigirse a:

MUESTRA ITINERANTE DE CINE DEL CARIBE.

Dirección postal: Calle 23 Núm. 1155, entre 10 y 12, El Vedado, Ciudad de la Habana, Cuba. CP 10400.

Teléfonos: (537) 55 28 59

(537) 55 28 66.

Fax: (537) 55 11 88

E-mail: muestracaribe@icaic.cu

Rigoberto López José Juan Herman Van Hooff

Presidente Representante Director

Oficina de la Muestra de UNICEF Oficina Regional de

Itinerante de Cine en Cuba Cultura para América Latina

del Caribe y el Caribe de la UNESCO

Omar González Jiménez

Présidente de ICAIC

Comité International d'Organisation :

1. Luis Alberto Notario Barrera- Coordinador-Cuba
2. Arnold Antonin- Haití
3. Norman de Palm- Curaçao
4. Alwin Bully Dominica
5. Frantz Voltaire Haití
6. Bruce Paddington Trinidad y Tobago
7. Angela Patterson Jamaica

8. Montserrat Martell UNESCO

13/11/2007 GMT 0

De lo público a lo privado: temas del discurso femenino desde el terreno artístico y audiovisual

negracubana @ 09:52

Recuento histórico

El discurso artístico femenino se enfrenta con un presupuesto emancipatorio que se ha mezclado con la forma de banalización que tiene la creación contemporánea al despojarse de todo sentido trascendente para optar por la inclusividad y la relatividad de los esquemas de representación. Todo el humanismo del que hablara Gloria Steinem pierde mucho de su carga trascendental, a la vez que es reciclado en la moda que lo vacía de toda sombra subversiva y lo mezcla, en las revoluciones “inocentes” de la estética.

Las artistas mujeres en Cuba han rehusado en muchas ocasiones toda militancia con respecto a determinadas problemáticas de género. Esta postura anula de antemano la validez de estos presupuestos y se suma al temor de una acusación o relegación sectaria que en su opinión iría en detrimento de la condición de artistas más allá de su sexo.

Los referentes en nuestro país acumulan intentos tempranos y aislados de mujeres que desde el campo literario o periodístico lograron tener voz y espacio en la vida cultural cubana. Pero en todos los ejemplos existentes no vemos una cohesión como grupo que demuestre una participación activa de la mujer en la lucha por sus derechos: los espacios de reivindicación se desarrollan en un ámbito muy elitista, para mujeres cultas, participantes de la vida literaria, en la que se rebelaban contra las injusticias sociales a través de la imagen de heroínas románticas. El espacio de referencias y relativo poder dentro del drama se desarrolla siempre en los confines de la casa y el matrimonio, y las temáticas se circunscribían a las amorosas y a problemas de la pareja. De esta manera ya se fueron sentando las reglas o normas de escritura femenina que se contraponían a preocupaciones filosóficas, sociales y políticas.

Los cambios históricos en nuestro país que suponían algún tipo de mejoras verdaderas para la mujer, casi siempre estaban vinculados a transformaciones generales y a una apertura en la mentalidad y en las costumbres de la época que sucedían de forma colectiva. Las primeras décadas del siglo XX en Cuba son usualmente mencionadas como momento de cambios y reivindicación del papel de la mujer, traídas por una mayor influencia de patrones internacionales —mayormente norteamericanos— y un intento de acceso a la modernidad y vanguardia internacional. Sin embargo, algunos investigadores explican que “no se reconoce el hecho de que en esta redefinición intervienen decisivamente las mujeres; y que esa mujer que la prensa codifica en las portadas de revistas[1], no pasa de ser un icono tan decorativo e intrascendente como la antigua reina del hogar.”[2]

Según esta afirmación la liberación de la mujer sería como un estar a tono con el mundo, que se preocupa por su inclusión en la misma sociedad que empieza a liberarse de los prejuicios en temas como la moda, el desnudo, las costumbres o que se interesa por la introducción de los avances tecnológicos y los asomos de modernidad. Aunque hay mujeres que sí realizaron una interesante labor periodística, política y literaria en estos años, vinculándose a organizaciones de gran avanzada social como el célebre Movimiento Minorista, y que muchas veces quedan relegadas a un segundo plano y sus nombres olvidados. Solo ahora es que algunos estudios empiezan a rescatarlas en su papel de activistas por los derechos de la mujer y su importancia dentro de un movimiento feminista bastante activo.[3] La posibilidad de independencia económica se trataba de un asunto ampliamente mencionado por ellas, porque significaba el respaldo de la mujer en la vida pública, así como su participación en organizaciones que le garantizaran una voz dentro del campo de fuerzas políticas existente.

Sobre esta actividad de principios de siglo nos encontramos con un Primer Congreso Nacional de Mujeres en 1923 que presentaba demandas enfocadas en su mayoría hacia el derecho al voto, las leyes de matrimonio, las concernientes a propiedad y divorcio, la protección para hijos concebidos fuera del matrimonio y la legislación laboral. Sin embargo, luego de que las mujeres obtuvieron el sufragio en 1934 y se incorporaron la mayoría de los reclamos femeninos a la Constitución del 40, el movimiento feminista parece diluirse, con la excepción de un Congreso de mujeres que se celebró en 1954 y que se centró en los problemas económicos de la familia cubana.

Mujer y Revolución

Con el triunfo de la Revolución comenzó otra historia donde es interesante contraponer el todo social al terreno de lo individual y privado. Con la movilidad de todas las estructuras sociales que se plantea la Revolución, se abrieron nuevas perspectivas para las nociones de género, para las divisiones existentes entre vida doméstica y laboral y para la institución de una serie de mecanismos que posibilitaban mejoras de los estándares de vida. Si antes los paradigmas sociales encerraban a la mujer en el marco limitado del matrimonio y de todas las represiones sexuales que existían, en el año 1959 se tomaron al momento una serie de medidas que suponían su emancipación. Las reformas para liberar a la mujer de “los rezagos del pasado” se traducían también en la eliminación de la prostitución, y todo vestigio de objetualizar el sexo como mercancía, lo que se aviene a la adopción de una moralidad y eticidad reformadora, interesada en eliminar los eslabones de la cadena de comercio capitalistas. A la par, se produjo la creación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) como organización para representar los derechos de la mujer y la amplia tarea educativa de la Revolución se apreció a través de las campañas de los medios de difusión que imponían nuevos patrones sociales e incluían a las mujeres teniendo en cuenta su incorporación al estudio, al mercado laboral, a las distintas tareas y programas sociales y al propagar el modelo de mujer militante y “activa” políticamente, que tanto difería del ama de casa pasiva y apolítica que predominaba en nuestras sociedades latinoamericanas de esquema paternalista.

Resulta de gran interés cómo las metas de esta organización creada por la revolución experimentan una evolución desde un inicio a menudo en contraposición con el discurso femenino del mundo occidental [4] y de una idea de una lucha de mujeres separada, hacia posiciones más radicales que incorporan perspectivas del feminismo internacional. El proyecto de emancipación de la mujer en Cuba se encontraba dentro de un proyecto mayor de construcción de la nación. Y esta es una idea clave al entender un feminismo reinventado y reorientado hacia realidades específicas cubanas que creaban su propio cuerpo de valores, donde la idea de la liberación de la mujer era imposible de separar de otros problemas sociales. Entre las reformas se trató de darle igualdad de condiciones a la mujer en el estudio y en el trabajo, dándose la posibilidad a muchas mujeres de tener una vida fuera del hogar. Sin embargo, en el Congreso de 1974, Fidel expresaría sucintamente que “la igualdad de la mujer aún no existe.” A mediados de la década del 70, según estudios realizados por el Partido Comunista de Cuba muy pocas mujeres habían sido elegidas como delegadas al Poder Popular Local, puesto que eran relegadas a las tareas de cuidar la casa, a los niños y al esposo.

Medios de difusión

Por otra parte tenemos que los medios de comunicación en esta época, se plantearon una manera de incentivar la incorporación de la mujer al ámbito laboral, retratar su presencia en la vida pública y su participación en disímiles tareas. En la industria fílmica se estimuló la aparición de nuevos modelos de mujer que rompían con el clásico perfil repetido por el cine anterior a la Revolución. El crítico José Alberto Lezcano menciona a los tradicionales roles de la mujer fatal, la heroína romántica, la burguesa en conflicto y la madre sufrida. Con la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, se intentó cambiar este enfoque e incentivar nuevas visiones, a partir de lo cual se desarrolló toda una extensa filmografía que recurría a mujeres de todos los estratos sociales y épocas históricas como protagonistas. En estas también se reflexionó sobre problemas que impedían la igualdad de la mujer, a la vez que denunciaban los obstáculos impuestos por una larga tradición de sociedad paternalista.

Sin embargo, en muchas telenovelas, el retrato de la mujer tendía a idealizarse, como si estas no bregaran con obstáculos prácticos (que no solo se limitaban al cuidado de los niños) y que restringían su vida pública. Ya las feministas cubanas de principios del siglo 20, habían reflexionado sobre la necesidad de lograr una independencia económica como base para el logro de una verdadera igualdad. Y la liberación de la mujer cubana siempre se vio ligada a la posibilidad real de contar con una infraestructura que le permitiera su desarrollo laboral. Estas demandas se trataban de satisfacer a través de las mejoras en el acceso a los bienes que significaran ventajas en su vida privada, o las expectativas reales de tener ascensos en el trabajo y todo lo que esto implicara.

Por lo general las limitaciones de todos estos materiales audiovisuales es posible resumirlos en dos elementos: O bien se abordaban los problemas tradicionales de la mujer, la doble carga de trabajo en la calle y trabajo en la casa, la atención de los niños, la discriminación laboral, pero muchas veces con tonos educativos que llegaban a ser panfletarios. O el retrato era de mujeres que contaban con un mundo de bienestar económico irreal o poco representativo en el que sobraba el tiempo para dedicarle al trabajo, a los niños y a la casa.

Por otro lado tenemos un ejemplo que interpreta acertadamente desde el terreno del arte, muchos conflictos sociales de la década del 70, y es el filme titulado De cierta manera, de la realizadora Sara Gómez, primera película hecha por una mujer en Cuba. En ella se contraponen los paradigmas de una sociedad que condena las desigualdades de sexo y clase y el desenvolvimiento de la esfera individual y privada, creando lo que se daría en llamar las contradicciones sociales aun existentes como remanentes del antiguo régimen. Uno de los mayores valores del filme reside en su capacidad de diseccionar procesos correlativos a la discriminación de la mujer y que se dan a través de un enfoque que incluye criterios de raza y grupo social. Por una parte la película expone lo que la oficialidad opinaba de la marginalidad y por otro lado como se desenvuelven los que realmente la padecían; se contraponen las conversaciones en reuniones y consejos y lo que la gente hablaba íntimamente en los ambientes donde el Estado no podía intervenir.[5]

No solo en este filme, sino en gran parte de la producción fílmica cubana, aparece el rostro del machismo encarnado en la “fidelidad o cofradía” que le otorga una gran importancia a la relación afectiva masculina para rebasar las contradicciones que se presentan entre sus aspiraciones individuales y las sociales.[6] No nos sorprende entonces que en muchos productos culturales la realidad se pinte como eminentemente masculina y que los problemas femeninos sean discutidos a través de una interpretación hecha por hombres.

Ante los problemas planteados por la crisis económica de los 90, en el llamado Período Especial, ocurre la pérdida considerable de espacios y posibilidades para la lucha por la emancipación. El aumento de la prostitución o de las mujeres que organizaron sus relaciones de pareja sobre la base al interés económico son retratadas por letras de canciones populares o algunos audiovisuales como es el caso de Sucedió en La Habana, del artista Henry Eric. Pero rara vez aparece como problema mencionado en los medios masivos de comunicación, y cuando se hace alguna mención a esto son enfrentados como elecciones personales más que como necesidades. La importancia de una escalada en el reflejo de estas situaciones se fue haciendo más evidente, y esto dio lugar a que comenzaran a mencionarse tímidamente en espacios públicos, pero que no siempre lograron salirse de determinada carga moralizante.

Mientras tanto, en la vida “real”, empezó a hacerse más explícita aun la separación entre lo público y lo privado que ya había anunciado premonitoriamente Sara Gómez en su filmografía. Como conviven en la vida diaria diferentes prototipos de verbalidad, la oficial, la ilustrada y el “chisme”, el “chanchullo”; diferentes tipos de procederes; el que se desenvuelve “normalmente” a través de canales institucionales y el de los mecanismos aleatorios que se presentan a través de los negocios, los contactos, los arreglos, las relaciones informales. En el período especial se observa un reinado de la búsqueda de soluciones alternativas para la vida cotidiana, la necesidad de supervivencia y de “flexibilizar” ciertos paradigmas que obligan a tentar los límites, a bajar ciertos standards morales y a convivir con toda una serie de individuos estigmatizados, desclasados y heréticos. Surge un nuevo hombre acostumbrado a vivir en los márgenes y que está más tentado a reproducir las actitudes de machismo o racismo: un sujeto que ha perdido cierta dignidad, que ha perdido una parte de su humanidad en el proceso.

En todo este paisaje de aspiraciones individuales y colectivas, continuar con una reflexión que active problemáticas culturales centradas en este campo del discurso de género ha sido una tarea compleja. Buena parte de los medios masivos experimentan una popularización del audiovisual encaminado a la promoción turística o al video clip que va en consonancia con la producción musical popular de la Isla. En el terreno de las artes visuales ha habido otros obstáculos. En la actualidad muchas artistas siguen manteniendo una mirada muy conservadora hacia el tema que o bien desdeña cualquier intento de hacer un discurso femenino o reproduce un esquema conservador de lirismo, represión o sufrimiento contenido. En estas reflexiones también se pretende indagar sobre auténticos espacios de reivindicación, de manera que se activen importantes reflexiones culturales no solo sobre la sociedad cubana sino también sobre otros países del Tercer Mundo.

[1] Revistas como Social y Carteles

[2]Campuzano, Luisa. Quedaron casi fuera de la foto: vanguardia y mujeres en Cuba. Revolución y Cultura.

[3] Dos ejemplos los tenemos en la labor de las escritoras y periodistas Mariblanca Sabas Aloma y Ofelia Rodríguez Acosta

[4] Sheril L. Lutjens Reading between the lines, women, the state and rectification in Cuba. Latin American Perspectives. Vol.22 No.2. Women in Latin America, Spring 1995.

[5] Julia Lesage, De cierta manera, de Sarah Gómez: película dialéctica, revolucionaria y feminista, en Discurso femenino actual. Colección Mujeres de palabra, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1995.

[6] Ibídem.

Autora: Mabel Llevat

Ponencia presentada en el Coloquio Sara Gómez: Imagen Múltiple

Sobre el placer de mirar con ojos de mujer

negracubana @ 09:38

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Hace aproximadamente seis meses, durante el curso de historia del cine latinoamericano dictado en la Escuela Internacional de Cine y TV de Cuba (EICTV), Joel del Río situaba en debate la participación de las mujeres en el cine latinoamericano y mundial. Los estudiantes (que en su mayoría eran hombres), se acercaron al tema desde diversas alternativas, algunos opinaban que era necesario que el género se reflejara en la película, otros consideraban que no es algo que importara, pues el filme puede tener tanto una sensibilidad femenina o masculina, más allá de que los realizadores pertenezcan a uno u otro género. Se reflexionó sobre la menor participación de las directoras en relación con los directores en el panorama cinematográfico. Fue expuesta la idea de que la dirección de una película depende de diversidades, como la etnia, la clase político-social, el género, la identidad sexual, entre otras. Lo cierto es que en general la historia cinematográfica a nivel mundial ha sido escrita en su mayoría por “ellos”. La presencia de la mujer no ha sido lo bastante ampulosa o compleja como la experiencia artística para el género masculino, por tanto la pantalla grande se ha expandido mostrando una visión del mundo desde un discurso mayoritariamente masculino. Empero y a pesar de hacer notar esta diferencia, la presencia de las mujeres en el cine ha sido lo bastante trascendente como para determinar varias perspectivas de estudio. Entre estos acercamientos se encuentra la crítica feminista con una aproximación psicoanalítica, semiótica o simbólica, posestructuralista y recientemente desde los estudios de género.

Ante este panorama y luego de más de un siglo desde la creación del cine como expresión mediática y artística, persiste la necesidad de preguntarnos o cuestionarnos, si es necesario o no, visibilizar la presencia de la mujer en el campo cinematográfico. Quizá podríamos regresar a una de las opiniones de los alumnos de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), específicamente la que considera que la dirección de una película no siempre refleja el género del autor. Podríamos indicar que al ver una película nuestras sensibilidades y subjetividades están sujetas de encontrar una masculinidad o feminidad en la estructura del filme o en el tratamiento del tema. Pero no siempre hay una correspondencia directa entre lo encontrado o percibido y el género del autor. En otras palabras, puede incluso existir una mutación del género y; he aquí lo interesante de experimentar y disfrutar una película, considerando al género como un eje transversal y flexible que nos permite mostrar el lado femenino de un director, o el equivalente masculino de una directora. Sin embargo, y a pesar de generar esta premisa, proponiendo quizá una mirada transgenérica en el proceso de lectura o de expectación de una película, aún sigue siendo de vital importancia el proceso de revisión sobre la presencia y participación de la mujer en el cine.

El cine clásico y el placer de la mirada

Las primeras voces que se escuchan como referentes de una mirada crítica hacia el cine clásico corresponden necesariamente a las feministas. Las luchas políticas por los derechos de la mujer y su revolución sexual en la década de los 70s, es el marco referente que da cabida a una crítica cinematográfica frente a la representación típicamente estereotipada y machista (la madre, la puta, la virgen, la esposa fiel, etc.) que contribuye a la reproducción de un sistema eminentemente paternalista y patriarcal. Es claro que luego de la expansión de Hollywood en las décadas del 40 y 50 estas representaciones son parte de un aparato ideológico y comercial que hace exitosas películas como las de Alfred Hitchock o Josef von Sternberg que, entre otros directores, elevan a su máxima expresión la mirada encasillada de la mujer respecto a sus distintos roles en la sociedad.

Una de las primeras mujeres que alza su voz desde Inglaterra, es Laura Mulvey; teórica del cine y feminista, quien en su artículo “El placer visual y el cine narrativo” escrito en 1973 y publicado en 1975 en la revista Screem; siembra las bases para la crítica feminista del cine clásico de Hollywood, su mirada psicoanalítica y lacaniana, forma parte de un intento por hacer un análisis de las películas Vértigo, La ventana indiscreta y Manie la ladrona. Todas del director A. Hitchcock, y algunas referencias de Jv. Sternberg.

“En Vértigo especialmente pero también en Marnie la ladrona y en La ventana indiscreta, la mirada ocupa el punto central del argumento, ya se incline hacia la fascinación fetichista. Como en una vuelta de tuerca más, en una manipulación ulterior del proceso normal de visión. Hitchcock utiliza el proceso de identificación, normalmente asociado con la correlación ideológica y el reconocimiento de la moral establecida para mostrar su lado perverso. Hitchcock nunca trato de ocultar su interés por el voyeurismo, tanto cinematográfico como no cinematográfico… Mientras Hitchcock se mueve en el lado del voyeurismo, von Sternberg produce el fetiche último llegando al punto en que la poderosa mirada del varón protagonista (característica del cine narrativo tradicional) se quiebra a favor de la imagen que está en compenetración directa con el espectador.”[1]

Tanto la mirada voyeurista como la fetichista sobre la mujer es el centro de la crítica que realiza Mulvey, nos hace referencias a conceptos psicoanalíticos como la escapofilia, término referido tanto al placer de ser observado, como a la mirada narcisista del ser humano en sus primeros años, concepto freudiano que se pone de manifiesto el placer implícito existente en la práctica de mirar o ver cine.

“Existen circunstancias en las que el mismo acto de mirar constituye una fuente de placer igual que, a la inversa, puede producir placer ser observado. Originalmente, Freud en su teoría sexual, aísla la escopofilia como uno de los componentes instintivos de la sexualidad, que existe como pulsión con independencia de las zonas erógenas, en esta etapa asociada a la escopofilia con la consideración de los demás como objetos sometiéndolos a una mirada estructuradora y curiosa. Sus ejemplos giran en torno a las actividades voyeuristas de los niños, a sus deseos de ver, de conocer lo privado y lo prohibido (la curiosidad ante los genitales y las funciones corporales de los demás, ante la presencia o ausencia del pene y, retrospectivamente, ante la escena primaria)… Freud desarrollará su teoría de la escopofilia; si bien aparece inicialmente adherida al autoerotismo pregenital, más adelante el placer de mirar se transfiere a otros por analogía.”[2]

L. Mulvey, nos hace notar que el cine clásico hollywoodense, se encargó de generar una maquinaria de reproducción del placer visual que tiene como punto de enfoque a la mujer fetichizada como sería el caso de iconos cinematográficos como por ejemplo: Greta Garbo, Marlene Dietrich o Kim Novac que exaltaron las pantallas en blanco y negro y que hasta nuestros días continúan siendo objeto de la mirada masculina cosificante.

Sin embargo, es necesario reflexionar sobre cuál es la mirada “placentera” de la mujer que observa la fetichización de su propio género, ¿acaso son solo los hombres los que miran placenteramente a la mujer?, es obvio que también existe la mirada femenina que consume la representación de la mujer en el cine clásico, es claro que la intención de las imágenes en la pantalla grande del cine de Hollywood están destinadas a formar o generar en el inconsciente de las propias mujeres un molde o un canon de belleza, de comportamiento, de “feminidad” obviamente impuesta por un discurso patriarcal; Mulvey se apoya en el análisis lacaniano sobre la mirada narcisista que el cine promueve en los espectadores.

“La curiosidad y el deseo de mirar se mezclan con la fascinación ante la semejanza y el reconocimiento: el rostro humano, el cuerpo humano, la relación entre la forma humana y su entorno, la presencia visible de la persona en el mundo. Jaques Lacan subrayó el carácter crucial para la construcción del ego del momento en que el niño reconoce su propia imagen en el espejo… La fase del espejo tiene lugar en un momento en que las ambiciones físicas del niño desbordan su capacidad motriz, por lo que este reconocimiento de sí mismo resulta gozoso para él en tanto que imagina su imagen en el espejo como más completa, más perfecta que la experiencia de su propio cuerpo.”[3]

La representación de un molde o “modelo” de mujer que posee la belleza “perfecta” es aquel espejo o reflejo que niega la realidad común y corriente de la espectadora y que en su lugar oferta y vende un cuerpo esbelto, un solo color de piel, de ojos o de cabello (Marilyn Monroe, ¿los hombres las prefieren rubias?), esta especie de reflejos idílicos sobre la mujer, son los que caracterizan las películas producidas por una industria cinematográfica especializada en vender las fantasías tanto de hombres como de mujeres con el fin de generar múltiples ganancias extendidas no solo en el territorio estadounidense, sino en el mercado global.

“Al margen de la curiosas similitudes de la pantalla y el espejo, el cine posee estructuras de fascinación suficientemente fuertes como para permitir pérdidas temporales del ego y simultáneamente reforzarlo. La sensación de olvido del mundo tal y como el ego ha llegado a percibirlo (olvidé quién era y dónde me encontraba) es una reminiscencia nostálgica de aquel momento presubjetivo de reconocimiento de la imagen.”

Esta fascinación que tenemos con el gran espejo, encierra el placer de ver y observar lo que no somos o lo que desearíamos ser según la mirada establecida jerárquicamente por un discurso masculino; son ellos y no ellas los poseedores del ángulo de la cámara, por tanto, las fantasías sobre la figura femenina corresponden a una perspectiva falocéntrica. El cine clásico conserva una estructura narrativa que tiene muchas analogías con el trayecto edípico y el mito de la castración para las mujeres. Los planteamientos feministas esbozan una crítica y una teoría basándose en estos postulados freudianos.

El deseo de la narración

Cuando Teresa de Lauretis comienza a desarrollar su reflexión sobre el deseo en la narración cinematográfica, se hace la siguiente pregunta: “¿Tenemos que inferir que el sadismo es el agente causal, la estructura profunda, la fuerza generadora de la narración? ¿O que, al menos, es equiparable a ella?”

Esta interrogante hace referencia a la primera crítica establecida por la postura de L. Mulvey y el placer visual en el cine, pero al mismo tiempo nos anima a preguntarnos cuáles son realmente los sentimientos y deseos profundos no enunciados que se encuentran presentes tanto en la estructura misma de la narración cinematográfica y si es el espectador(a) quien asume esta posición frente a una película, ¿Es solo el sadismo, o la mirada voyeurista y fetichista, los sentimientos profundos que se encuentran en juego? ¿O es que se trata de escudriñar lo que el sistema nos hace mirar y sentir?

T. Lauretis cita a Barthes para considerar que, en efecto, el deseo y posteriormente el sadismo son localizables en la estructura misma de la narrativa. Es decir, este contenido temático no se encuentra explícitamente en un determinado mensaje, pues es el mismo Barthes quien, a partir de la retórica de la imagen, nos explica que existe un mensaje oculto, es decir, un discurso más allá del evidente en una misma representación. Lauretis tomará de Barthes la noción del placer del texto, que es a su vez erótico y epistemológico, puesto que se sitúa en el mito griego de Edipo: “El Placer y el significado se mueven por el triple sendero que él fue el primero en señalar, y el trayecto parte del punto de vista de Edipo, es decir, su andadura es la del deseo masculino.

“El placer del texto es un placer edípico (desnudar, saber, conocer el origen y el fin) si es verdad que toda narración (todo desvelamiento de la verdad) es una puesta en escena del padre (ausente, escondido o hipostasiado) lo explicaría la solidaridad de las formas narrativas, de las estructuras familiares y de las prohibiciones de desnudez.” [4]

Arribamos entonces a una explicación del discurso del deseo de la narración a partir de una epistemología que se ubica en la explicación edificada de la tradición edípica.

Analogías del placer y la estructura narrativa

Es importante también la similitud de la estructura narrativa con el acto sexual. Esta también sería una visión masculina respecto a la forma de la narración. Lauretis cita a Robert Scholes:

“El arquetipo de toda ficción es el acto sexual. Con esto no quiero simplemente hacer recordar al lector la conexión entre todo arte y el erotismo humano, ni pretendo simplemente sugerir una analogía entre ficción y sexo. Pues lo que liga la ficción al sexo es el ritmo orgásmico fundamental de tumescencia y de tensión y resolución, de intensificación del punto de clímax y consumación. En las formas sofisticadas de la ficción, en la práctica sofisticada del sexo, gran parte del arte consiste en retrasar el clímax dentro del marco del deseo para prolongar el propio acto placentero. Cuando contemplamos la ficción en lo que atañe únicamente a su forma, vemos un esquema de acontecimientos diseñado para avanzar hacia el clímax y su resolución, contrarrestando por un contraesquema de acontecimientos diseñado para retrasar ese mismo clímax y su resolución.”[5]

El análisis de Scholes en relación con la forma narrativa nos anima a realizar una lectura desde la similitud del arte del sexo y su finalidad, que es la búsqueda o la consumación de un orgasmo. En relación con esta finalidad, T. de Lauretis concluye:

“Aquellos de nosotros que no sabemos el arte de rastrear el clímax o, al leer, no sentimos ninguna excitación incipiente, quedaremos excluidos del placer de este “acto de ficción pleno”, y tampoco nos beneficiaremos del método rítmico con el cual se alcanza. Pero sabiendo, como sabemos, lo raro que es un matrimonio de almas fieles y lo raro que es que dure más allá de los primeros capítulos; y sabiendo, además, cómo marcha la historia, podríamos preguntarnos ¿no tendrá razón Mulvey, después de todo, al ver una conexión entre el sadismo y la narración?”[6]

Lo que no es el hombre

Cuando T. de Lauretis afirma en la introducción de su libro Alicia ya no, de 1984: “La mujer, lo – que – no – es – el – hombre (naturaleza y madre, sede del intercambio social masculino)”, evidentemente plantea esta inferencia para llevarnos a la reflexión sobre la construcción de la mujer en relación con el hombre, es decir, la mujer el molde en negativo del hombre (crítica feminista).

El fundamento de esta crítica reside en las observaciones hacia el discurso psicoanalítico de Freud sobre la feminidad, que se inicia con la voz de Lucia Irigaray cuando reescribe el ensayo freudiano como refiere De Lauretis. Para hacer una interpretación sobre lo que no es el hombre, es decir, la mujer.

“La historia de la feminidad de Freud, como es sabido, es la historia del viaje que emprende la niña por el peligroso terreno del complejo de Edipo. Al dejar el hogar, entra en la fase fálica, donde se encuentra de cara con la castración, se lanza en desigual batalla contra la envidia del pene y queda para siempre marcada por la cicatriz de la herida narcisista, siempre sangrante. Pero si continúa su camino, lo peor está por llegar. Cuando ya no es un “hombrecito” privada del arma o del presente mágico, la niña entra en el estadio liminal en el que tendrá lugar su transformación en mujer; pero solamente si negocia con éxito la travesía, perseguida por la Escila y la Caribdis del cambio de objeto y del cambio de la zona erotogénica, hacia la pasividad. Si sobrevive, su recompensa es la maternidad.”[7]

Aquí se detiene la construcción de la feminidad para Freud; es decir, que la construcción de la mujer se inicia por el reconocimiento de su cuerpo en relación a la castración, es decir, una envidia fálica y que posteriormente su desarrollo girará a partir de la pasividad y se consumará en la satisfacción de ser madre por el encuentro con el sistema fálico, que le otorgará la satisfacción de la maternidad y la realización personal si engendra a un varón, pues aunque no sea en su propio cuerpo, habrá obtenido la recompensa fálica. Esta es la construcción de la mujer a partir de una mirada falocéntrica que es establecida en la forma y contenido de la estructura narrativa del cine clásico. Jacqueline Rosse, una de las pioneras de la crítica feminista en cuanto a teoría cinematográfica semiológica y psicoanalítica se refiere, apunta que “los teóricos del texto han asimilado precipitadamente la estructura del cine clásico a una descripción psicoanalítica ortodoxa de la negociación por parte del varón del complejo edípico, en otras palabras, de su integración dentro de lo simbólico a través de la trayectoria edípica exitosa.”[8]

Con relación a esta última cita, De Lauretis afirmará en relación con el trayecto edípico de la mujer:

“El final de la chica, si tiene éxito, la llevará a un lugar donde el chico la pueda encontrar, como la Bella Durmiente, esperándole a él, su Príncipe Azul. Pues al chico le han prometido, en el contrato social suscrito en su fase edípica, que encontrará a la mujer esperándole al final de su camino (el de él). De esta forma, el itinerario del viaje de la mujer, que recorre desde el principio mismo el territorio de su propio cuerpo (la primera “tarea”), está guiado por una brújula que señala no la reproducción como cumplimiento de su destino biológico (el de ella), sino más exactamente al cumplimiento de la promesa hecha al “hombrecito”, de su contrato social, de su destino biológico y afectivo (el de él) y la satisfacción de su deseo.”[9]

Entonces, llegamos a la construcción narrativa a partir del camino del héroe, personificado en la figura masculina, y el condicionamiento del mismo camino establecido para la mujer. De esta forma la concluirá De Lauretis: “La historia de la feminidad, la pregunta de Freud, y el acertijo de la Esfinge, tienen todos una única respuesta, uno y el mismo significado es un término de referencia y un destinatario: el hombre, Edipo, la persona humana masculina. Y por eso, la historia de la mujer, como cualquier otra historia, es un problema que plantea el deseo del hombre; como lo es la teleología que Freud achaca a la Naturaleza, ese obstáculo primordial del hombre civilizado”.

Descifrar este enigma, planteado en la narrativa, nos lleva a concluir que toda la parafernalia de significación establecida alrededor de la industria cinematográfica lleva consigo la búsqueda del deseo y la satisfacción de vernos (desde la mirada masculina) reflejados en el trayecto edípico de la narración. Sin embargo, ¿es posible una búsqueda del placer a partir de la mirada femenina, que escape de la argumentación psicoanalítica del cine narrativo? De Lauretis planteará este cuestionamiento:

“Si las espectadoras sacan su entrada y compran palomitas, podríamos pensar que funcionamiento del cine, a diferencia del “objetivo de la biología”, necesita el consentimiento de las mujeres; y bien podemos sospechar que el cine narrativo en particular debe tener como meta, al igual que el deseo, la seducción de la mujer para la feminidad. ¿Qué tipo de seducción funciona en el cine para conseguir ese consentimiento, para alcanzar la identificación del sujeto femenino en la progresión de la narración, y cumplir así el contrato cinematográfico? ¿Qué tipo de seducción funciona en las espectadoras en un deseo cuyos términos son edípicos?”[10]

Valdría la pena intentar responder las dos últimas preguntas que hace Teresa de Lauretis, con el concepto planteado por Moniq Wittig al entrever la existencia de contratos sociales invisibles que asumimos como irrefutables per se, su sola existencia es irrefutable en un sistema hegemónico y dominante.

“Según Rousseau, el vínculo social es una suma de convenciones fundamentales que, aunque nunca fueron enunciadas, están no obstante implicadas en el hecho de vivir en sociedad. Y todos conocemos estas reglas: la palabra heterosexualidad las resume. Cada cual las conoce y las aplica como por arte de magia. Todo el mundo está de acuerdo en decir que hay cierto número de cosas que se deben hacer. Todo el mundo, los científicos y el público en general. Ser un hombre, ser una mujer, casarse, en ese caso tener hijos, criarlos ─sobre todo las mujeres. Estas reglas y estas convenciones hacen la vida posible lo mismo que hay que respirar para vivir. De hecho, las convenciones sociales y el lenguaje hacen aparecer con una línea de puntos el cuerpo del contrato social designando así la heterosexualidad. Para mí los dos términos de contrato social y de heterosexualidad son superponibles, son dos nociones que coinciden. Y vivir en sociedad es vivir en heterosexualidad.”[11]

Por tanto, si las mujeres asumimos una pasividad frente a la representación que hace el cine clásico de la feminidad es porque asumimos que en términos del ordenamiento social nuestra convivencia en el mundo masculino responde a su heteronormatividad, tanto mujeres y hombres aceptamos las reglas de juego de un contrato social establecido como la norma de lo que está bien, lo que debe ser y en ese sentido el cine clásico es el fiel reproductor y fabricante de representaciones que prolongan una sola forma de convivencia social.

Una respuesta a la estructura falocéntrica

Mientras que por un lado existe una crítica a la estructura narrativa del cine clásico, que pone de manifiesto características como el uso del montaje por corte o el uso del plano contra plano a fin de que la normatividad sea eficazmente rápida y dúctil a un punto de vista masculino, por otro lado surgen nuevas formas de expresión cinematográfica que corresponden a un cine más personal que escapa a los esquemas tradicionales de hacer cine.

Este cine contracultural, reaccionario, responde a los grupos excluidos de las grandes industrias cinematográficas, dentro de este resaltan, por ejemplo, el cine queer que surge en los 70 para visibilizar a los grupos de lesbianas y gays que comienzan sus luchas políticas en pro del reconocimiento de sus derechos sexuales, podemos citar a Kennet Anger director independiente norteamericano que inicia su obra con la película Fireworks (1947) y se extiende hasta los 70 y 80, paralelamente a este grupo que visibiliza de forma transgresora una autorrepresentación en la pantalla cinematográfica intentando así reescribir el cine mediante el uso de técnicas narrativas más personales. Se encuentra también el cine de mujeres que hace uso de ciertos recursos narrativos para expresar un discurso eminentemente pro feminista o femenino, como las realizadoras Chantal Akerman, Vera Chitilova y Marguerite Duras, entre otras. Descartando la estructura falocéntrica que las ubica como incompletas y castradas (referencia a las críticas feministas desde la postura psicoanalítica).

Para ejemplificar las diferencias entre el cine clásico (que obedecen a la lógica del deseo falocéntrico) y las nuevas propuestas experimentales Constance Penley en su artículo “Un cierto rechazo de la diferencia: Feminismo y teoría cinematográfica”, cita el análisis de Jannet Bergston sobre las películas de Chantal Akerman:

“Las películas de Chantal Akerman proporcionan un destacado ejemplo. En News from home (1976) o en Jeane Dielman. 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975) la ausencia de los contraplanos combinada con el empleo de secuencias extremadamente largas sirve para dar un énfasis extraordinariamente fuerte a las oposiciones del espectador y del narrador. Aquí por ejemplo el espectador, sea hombre o mujer, no queda “incorporado” a la película a través de la adopción y transmisión por parte de un personaje de la mirada de él o de ella. Tanto al espectador como al narrador (implícito en Janne Dielman, una voz en off de mujer en News from Home) se le asigna un lugar “fuera” de la escena que le permita contemplarla con una mirada fascinada y controlada, una mirada que no está atrapada en, ni radicalmente constreñida por una mirada masculina o por una lógica del deseo.”[12]

Como sugiere J. Bergston, existe una diferencia entre la forma y la estructura narrativa del cine clásico, realizado por una lógica masculina, frente a la mirada o visión de las directoras en los 70 que proponen como contrapartida una organización narrativa orgánica e incluyente, la representación pasiva y cosificada de la mujer no es el objetivo de la cámara, en tanto que existe la participación de la voz femenina como actuante o participante de la construcción del mensaje o el argumento de la película.

Otro referente, que pone de manifiesto la narración desde una perspectiva femenina, es el trabajo desarrollado por Marguerite Duras, como refiere Constance Penley:

“Pero quizá sea India song (1974), de Marguerite Duras, la que asume la tarea más “imposible” de todas, al intentar realizar lo que las mujeres “en teoría” y desde la perspectiva del cine clásico no pueden hacer: crear una representación de la carencia, la condición previa de toda acción simbólica, el pacto con el lenguaje y la cultura. El psicoanálisis, que junto con la semiótica constituyen las teorías fundamentales del análisis textual del cine clásico, da entender que las mujeres no son capaces de representar la carencia porque nunca han poseído y, por tanto, nunca han sentido la amenaza de la pérdida de aquello que permite representar simbólicamente la carencia —el pene. El cine clásico sitúa a su vez a los personajes femeninos (e implícitamente, a las mujeres espectadoras) como si fueran la imagen, no como si la poseyeran o no la poseyeran… Al presentar una fantasía de pérdida y distancia es —necesariamente— una fantasía de deseo, en particular de un deseo que no puede ser satisfecho y, finalmente un deseo de un deseo insatisfecho. India song, deja abierta la cuestión del deseo y de una posición femenina en relación con este, renunciando, en marcado contraste con el cine clásico, a “contestarla” con una definición de la naturaleza tanto del deseo como del femenino, o del deseo mismo.”[13]

Como podemos advertir, el análisis textual de las propuestas cinematográficas de las mujeres directoras, citadas tanto por C. Penly y J. Bergston, son un ejemplo claro de una contrapartida a la estructura falocéntrista del cine clásico. Esta nueva forma de hacer cine desde la posición de pérdida, desde la alteridad o la otredad frente a la masculinidad, es el inicio de la representación de la mujer por la mujer a partir del uso de un referente simbólico en el que la mujer es siempre desposeída, la que no ha creado el paradigma o el sistema pero que a pesar de su invisibilidad, es capaz de construir una resignificación que la defina desde su propia mirada. Annette Kuhn refiriéndose a las mismas propuestas cinematográficas refiere:

“Estas películas ofrecen la posibilidad de una escritura femenina que crea nuevas formas de placer en el cine. Los campos en los cuales habla la “voz femenina” en estas películas incluyen relaciones de la mirada, narratividad, discurso narrativo, subjetividad y autobiografía, ficción en oposición a no ficción y apertura de oposición y clausura.”[14]

De lo invisible a lo visible

Las posturas tanto de Julia Kristeva y Lucia Irigaray en relación con la representación de lo femenino en el mundo simbólico masculino, sugieren que la representación de lo femenino se encuentra ligada a la noción de la otredad, a lo desconocido e incluso inexistente, es decir aquello que no es parte del sistema.

“Irigaray y Kristeva coinciden con Lacan en la idea de que lo femenino no puede ser “hablado”, es decir, estructurado como lenguaje. El lenguaje es masculino, opera de acuerdo con una economía de las representaciones.”[15]

Esta invisibilidad e inexistencia obliga precisamente a la reelaboración de representaciones desconocidas frente al status quo del cine clásico. En ese sentido es imprescindible recapitular todo el debate de la crítica feminista del cine, pues ella advierte el panorama en el que las mujeres elaboramos o construimos la significación de nuestra mirada y de nuestros propios deseos. Más allá de nuestros distintos matices, india, negra, blanca, lesbiana o heterosexual, madre o hija, proscrita o paria, fea o bella, las mujeres somos más invisibles que visibles, puesto que todos nuestros matices aún no han sido representados en la pantalla grande con la misma ampulosidad que el mundo masculino. En este sentido Annette Kuhn propone dar un salto del lenguaje feminista al femenino.

“Aunque es evidente que el problema de la mujer y el lenguaje no habría salido a la luz de la forma en que lo ha hecho sin el empuje del feminismo, la naturaleza y el origen del lenguaje sigue siendo un asunto bastante problemático. Plantear la cuestión del lenguaje de la mujer puede ser un acto feminista, pero ¿de qué hablamos, de un lenguaje feminista o femenino? Si nos referimos a un lenguaje femenino ¿de dónde procede ese lenguaje?”[16]

El planteamiento de lo femenino, no sería “visible” en el cine contemporáneo si no fuera por las posturas feministas que lograron establecer las fronteras dentro de un espacio cinematográfico hegemónico y dominante. Y dentro del cual el lenguaje femenino se ubica como una otredad de la cual aún es necesario escribir y representar.

“Los argumentos sobre la escritura femenina suponen, primero, que ciertos textos favorecen relaciones de subjetividad radicalmente “ajenas” al carácter estático de las relaciones subjetivas promovidas por las formas de significación dominantes, y segundo que la “otredad” de tales textos esta relacionada con el hecho de que articulen relaciones feministas de subjetividad, o que deriva de tal hecho.”[17]

Como preámbulo a las distintas sensibilidades de las mujeres directoras latinoamericanas y del Caribe, podríamos citar la obra de Sara Gómez considerada por A. Kuhn, dentro de la expresión del cine deconstructivo.

Entendemos como cinematografía deconstructiva a la que precisamente deconstruye o desarticula la estructura narrativa clásica, intercalando, por ejemplo, la ficción y el documental o visibilizando ciertos temas inexistentes en el cine clásico hollywoodense como la política, la pobreza y el desempleo, al estilo de un realismo socialista muy en boga en Latinoamérica y el Caribe de los años 60 y 70.

“El cine deconstructivo siempre está mirando de reojo, por así decir, al cine clásico. El término “anticine” —que a menudo se considera sinónimo de deconstrucción—transmite muy bien ese sentido de oposición consciente.”[18]

Este anticine, visible en su único largo de ficción De cierta manera Sara Gómez (ICAIC 1974), es precursor de estilos narrativos como los utilizados por las directoras mencionadas anteriormente y no necesariamente comprometidas con una realidad política.

De cierta manera se encuentra ubicado en el contexto de la Cuba posrrevolucionaria y a pesar de la existencia de un realismo socialista evidente en su progresión narrativa, Sara Gómez visibiliza lo invisible: la pobreza, la marginalidad, la negritud, la feminidad, es esta puesta en escena la que se escapa del contexto político generando así un valiente intento de evidenciar la otredad, aquel mundo desconocido, enunciado por una voz femenina.

Finalmente, recapitulando un poco la introducción del presente trabajo y luego de hacer una revisión de la crítica feminista del cine, podemos deducir que el género es por supuesto un gran hilo conductor de la narrativa cinematográfica y específicamente para las mujeres es un aliado para “hacer visible lo invisible”.[19] La realidad nos indica que “los otros” aún no han visto plasmada en la pantalla grande toda la diversidad existente en espacio de lo femenino, hace falta escribir o narrarnos a nosotras mismas, no exclusivamente desde nuestra feminidad sino también desde lo que es para nosotras nuestra masculinidad, el género que es el espacio de una batalla dialéctica en la que la feminidad se construye y deconstruye a sí misma, no existen formas exclusivas de ser mujer, por consiguiente, toca evidenciar y mostrar todos los matices existentes desde el mundo femenino, lugar inadvertido, desconocido e incluso excluido del gran sistema todavía paternalista y patriarcal.

[1]L Mulvey: “El Placer Visual” en Arte después de la Modernidad - Nuevos Planteamientos en torno a la Representación, pág. 367 Ed. Akal S.A. 2001.
[2] L, Mulvey: El Placer Visual. Publicado en Screen, 16.3 (otoño 1975) pp. 6-18.- Este artículo es la reelaboración de una ponencia presentada en el departamento de francés de la Universidad de Wisconsin, Madison, en la primavera de 1973.
[3] L Mulvey: “El Placer Visual” en Arte después de la Modernidad - Nuevos Planteamientos en torno a la Representación, pág. 369 Ed. Akal S.A. 2001.
[4] Roland Barthes, The pleasure of Text, trad Richard Millar. Nueva York: Hill and Wang, 1975, pág. 10. (Nota de la autora: T. de Lauretis).
[5] Robert Acholes, Fabulation and Metafiction. Urbana: University of Illinois Press, 1979 pp. 26 -27. (Nota de la autora: T. de Lauretis).
[6] Teresa de Lauretis, Alicia ya no. Ed. Cátedra, 1984, pág. 173.
[7] Teresa de Lauretis, Alicia ya no. Ed. Cátedra , 1984, pag. 177.
[8] Siles, Jacqueline Rose Paranoia and Film System, Screen 17,4 invierno 1976-77 pág. 85 de: Constante Penley, “Un cierto rechazo de la diferencia feminismo y teoría cinematográfica”, en Arte después de la Modernidad. Ed, akal 2001, pág :382
[9] Teresa de Lauretis, Alicia ya no. Ed. Cátedra, 1984.
[10] Teresa de Lauretis, Alicia ya no. Ed. Cátedra, 1984.
[11] Monique Wittig, “A Propósito del Contrato Social”, 1987
[12] Janet Bergston “Janne Dielman, 23 Quai du Commerce, 1080 Bruxelles” , Camera Oscura2 (1977) pág. 114-121; Janet Bergston “The Avant – Garde: Hitories and Theories” (Parte1) Screen 19,3 (1978); en Arte después de la Modernidad. Ed, akal 2001 pág. 391
[13] C. Penley: “Un cierto rechazo de la diferencia: Feminismo y teoría cinematográfica” en Arte después de la Modernidad - Nuevos planteamientos en torno a la representación, pág. 391 - 393 Ed. Akal S.A. 2001.
[14] A. Kuhn “Cine de Mujeres”, pág. 181 Ed. Cátedra S. A. 1991
[15] Márgara Millan: “Derivas de un cine femenino” pág. 28 Ed. Universidad autónoma de México, estudios de Género, Facultad de Cs. Políticas y Sociales, 1999.
[16] A. Kuhn “Cine de Mujeres”, pág. 181 – 183 Ed. Cátedra S. A. 1991
[17] A. Kuhn “Cine de Mujeres”, pág. 181 – 183 Ed. Cátedra S. A. 1991
[18] A. Kuhn “Cine de Mujeres”, pág. 173 – 183 Ed. Cátedra S. A. 1991
[19] Tomo esta frase de la propuesta que Annete Kuhn realiza para hablar de las voces femeninas en su libro “Cine de Mujeres” Ed. Cátedra S. A. 1991

Autora: Milagro Farfán

Ponencia presentada al Coloquio Sara Gómez: Imagen múltiple

06/11/2007 GMT 0

De cierta manera feminista de filmar

negracubana @ 08:38

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Por muchas razones, De cierta manera (1974) es una de los largometrajes más citados dentro del cine cubano: fue el primero hecho por Sara Gómez, marcando su tránsito del cine documental al cine de ficción (algo así como la mayoría de edad); fue el primero realizado en Cuba por una mujer luego de la fundación del ICAIC —Sara era la única directora de cine con que constaba tal institución en aquel entonces—; porque fue el primero en tratar el tema de la marginalidad[1], pues luego de diversas medidas tomadas por el gobierno revolucionario, aún quedaban determinados comportamientos en la población cubana que requerían ser cuestionados.

Co-escrita junto a Tomas González, quien también le asistiría en el guión de algunos de los documentales, y asesorada en la parte documental por Alberto Pedro Díaz, De cierta manera “es un filme cuyo derrotero nadie ha ido mas allá, ni ha logrado una visión tan popular y desacralizadora y humana de una porción de nuestro contexto muy fundamental y poco escudriñado, sin prejuicios y con profundidad”[2].

José Antonio García Borrero, destacado crítico e investigador reconoce la alteridad del discurso de Sara Gómez:

“Y en efecto, las películas de Sarita […] siguen siendo una excepción en el plano estilístico, pero también conceptual; yo diría que ha sido, […] la cineasta que más se esforzó en poner en crisis [sin pretender suprimirla] la dictadura del canon aristotélico dentro del cine nacional. De modo premeditado desoyó los preceptos más usuales e hizo de lo documental una ficción y viceversa; de allí que hasta De cierta manera (1976) (sic), considerada su debut en el terreno de la ficción, igual admita una lectura no fictiva.”[3]

Dentro de la Teoría feminista de cine, De cierta manera ha sido reconocido como un filme que ejemplifica el anticine de la deconstrucción dado que rompe con los paradigmas del cine clásico, destruye los modos tradicionales de narrar, tanto temática como formalmente. [4]

“El cine deconstructivo, al adoptar y descomponer formas y temas predominantes, funciona preferentemente como desafío al cine clásico. […] podemos considerar la deconstrucción como un paso importante —y quizá necesario— hacia formas de ruptura más radicales.”[5]

Es además un filme que por su contenido, el diseño de los personajes, y la forma en que expresa los contenidos esenciales, puede ser catalogada como tal. “Por su preocupación por mostrar la relación entre lo personal, lo familiar y otras estructuras sociales, De cierta manera, puede ser considerada como una película que da prioridad a los temas feministas y a las perspectiva política […]”[6]

Por su parte, Michael Chanan, en oposición a quienes consideran tal deconstrucción de impertinente[7], vincula este carácter deconstructivo con la consistencia interna de la historia que se enmarca en el proceso revolucionario cubano que también tiene sus particularidades. Además plantea: “el filme, de hecho, es enormemente agradable, y se desliza con suavidad (…) derrochando ligereza y buen humor, aunque es agitador. Pero contrario de lo que pudiera pensarse, la agitación que ofrece es agradable.”

No obstante, a la crítica de cine cubana le ha costado percatarse del sentido feminista que tiene la obra cinematográfica de Sara Gómez, en particular De cierta manera, no solo por lo que nos cuenta, sino también por los recursos que usa para narrar y el modo de hacerlo. Deseamos mostrar, entonces, varias citas que evidencian lo anterior. En “¿Quién eres tú, Sara Gómez?”, artículo del dramaturgo Gerardo Fulleda León, que apareciera en Cine Cubano No. 127, él declararía: “debemos dejar claro algo más, ella no era una feminista a ultranza[8]. Por su parte, José A. Lezcano en la misma revista plantearía: “Se colocó detrás —o por encima— de los males del machismo, como uno más entre los tumores sociales, pero sin dejarse arrastrar por la tentación de un cine simple [o toscamente] ‘feminista’”[9]. Por su parte, Isabel Azucena Plasencia en un artículo publicado en la revista Bohemia al cumplirse 15 años de la muerte de Sara diría: “Asumía con desenfado libre de prejuicios feministas los problemas referentes a la igualdad de mas mujeres”[10]. Para concluir, Rigoberto López, quien la asistiría en el largometraje, expresó durante una entrevista: “Qué significativo es que la primera operación de envergadura del cine cubano contra el machismo como institución tradicional de la sociedad lo haya hecho una mujer. Se lo planteó no superficialmente, no feminísticamente, sino en su entorno social”[11].

Todas estas frases resultan ser provocaciones para el debate, la toma de posiciones teóricas, hasta para el análisis del discurso y bien valen sendas entrevistas a sus autores, pues, posiblemente, pudiésemos conciliar respuestas comprensibles; sin embargo, ellas invocan a pensar en cierto desconocimiento de lo que es ser feminista, feminista a ultranza —que yo sustituiría por radical—, o simplemente, feminista. Las segunda y cuarta citas, de un carácter más valorativo, ponen en entredicho el cine feminista en sí mismo, al parecer ignorando los modos de narrar y hacer el cine conscientemente feminista. Ambas pueden ser interpretadas como que establecen una determinada proximidad entre lo sencillo y aquello que puede ser tildado de feminista; y para el caso de la cuarta, como si el feminismo no tuviese nada que ver con nuestro entorno social, con la vida de las mujeres y los hombres cubanos. [12]

En el caso de la tercera, es una afirmación que reconoce en el feminismo prejuicios, o sea unas creencias con valores negativos, en tanto expone que Sara aborda la igualdad de las mujeres, pero al parecer sin un basamento feminista. Nos preguntamos si se puede hablar a favor de las mujeres y que no sea este un planteamiento feminista, sin advertir que precisamente este elemento es uno de los que une las diferentes corrientes, variantes, aproximaciones ideológicas que están dentro del la lucha feminista. No obstante, tal frase es de difícil comprensión para nosotros, pues nos cuesta entender la concomitancia de los términos “prejuicios” y “feministas”. Lo que sí podemos afirmar es que muestra al igual que las anteriores cierto desconocimiento, en este caso, de la intención del movimiento feminista.

Es simple, Sara quería una película que abordara un tema tan escabroso como la relación amorosa entre un hombre y una mujer de extracciones sociales diferentes, donde se expusieran conflictos raciales, sociales y genéricos y le salió este ensayo feminista deconstruyente de las estrategias narrativas clásicas. Es preciso ver a Sara Gómez como una mujer que tomó partido por otras —y por ella misma— en el seno de una revolución socialista, para así poder valorar con el rigor que ella merece, lo que nos ha dejado como sus principales contribuciones a la historia de este país y en particular a la historias de las mujeres dentro de la cultura.

Sería Mayra Vilasís quien reconocería explícitamente los valores feministas de este filme a partir de los análisis realizados por reconocidas teóricas como Julia Lesage, E. Ann Kaplan y Zuzana Pick. Vilasís hace notar como, amén las diferencias de abordaje de cada una de ellas, todas coinciden en que el género, la relación hombre-mujer, es el tema central de este filme.[13]

Otras de las cuestiones largamente debatidas es el marcado carácter didáctico del filme, que en ocasiones llega a molestar a algunas personas. Elder Santiesteban expresaría lo siguiente:

“Más que una historia aislada de ficción, se integra un análisis exhaustivo del problema del marginalismo que acude tanto al punto de vista sociológico como histórico. La finalidad didáctica claramente marcada, no se reduce en mucho la capacidad de penetración en el material abordado, y sí contribuye a una mayor eficacia en la percepción de su mensaje.”[14]

Por suerte, la vida le daría la oportunidad a la propia Sara, cuatro años antes de filmar De cierta manera, de explicar por qué su intención cinematográfica es esencialmente didáctica. En una encuesta realizada por la revista Pensamiento Crítico, ella declararía:

“No puedo plantearme el cine didáctico como una especialidad, sino como una necesidad. Para muchos de nosotros la vocación de cineastas nos nació y ambos oficios han llegado a constituirse como inseparables. Si sentimos la necesidad de un cine didáctico en tanto que revolucionario, este siempre será útil, interesante y cinematográficamente válido en tanto que cineastas. El cineasta cubano se expresa siempre en términos de revolución; el cine, para nosotros será inevitablemente parcial, estará determinado por una toma de conciencia, será el resultado de una definida actitud frente a la necesidad de descolonizarnos política e ideológicamente y romper con los valores tradicionales, ya sean económicos, éticos o estéticos.”[15]

De cierta manera además de feminista es también una película imperfecta[16], hecha desde el total compromiso de su realizadora con la sociedad cubana de aquel entonces. Escrita y filmada intencionalmente, es muestra de un “cine consciente y resueltamente interesado, es decir un cine imperfecto”[17], propio de un cine desarrollado en el marco de una revolución social. No es para nada edulcorada ni paternalista, es grosera, estremecedora, reveladora, aguda y no intenta ser conciliadora.

“El cine, como medio de comunicación de masas, es de tal agresividad que muy a menudo siento mi profesión como un reto y un privilegio. Cuando pensamos que millones de espectadores con diferentes niveles y extracciones van a recibir nuestras imágenes sonoras, y que estas le agredirán en la pasividad de una sala cinematográfica garantizando toda la atención de aquellos, nos sentimos obligados a un rigor ideológico y formal sin límites. Por ellos y para ellos [los cubanos] habrá que hacer un cine sin concesiones, que toque la raíz de sus intereses, un cine capaz de expresarlos en sus contradicciones […]”[18]

Por otra parte, De cierta manera no es técnicamente perfecta. Ella quiso filmarla en 16 mm. para que cuando se llevase 35 mm. tuviese ese granulado que nos hace aún más dramática y real la puesta.[19] Por último, no tiene un final feliz, más bien no tiene un final en términos narrativos, es una historia circular, como si Sara Gómez previese que conflictos como este se nutrirían una y otra vez de ellos mismo, como si no hubiesen plausibles y bellas soluciones: la realidad es mucho más severa de lo que imaginamos. A propósito de lo anterior, resaltaría Carlos Galiano:

“La solución de los conflictos que plantea De cierta manera […] no se logra de inmediato ni con medidas drásticas. Será producto del desarrollo del propio proceso de transformación que desata tales conflictos, de su progresiva incidencia en la mentalidad de sus protagonistas y como tal, entraña un camino largo y accidentado de avances y retrocesos. Es por eso que la película tiene un final abierto, ‘inconcluso’, que aparentemente no brinda resultados, pero que en realidad los contiene en esa discusión que sigue sosteniendo la joven pareja, cuyas figuras avanzan en la esfera final, como un signo de confianza en el futuro, hacia un paisaje en el que se yerguen los nuevos edificios construidos por la Revolución.”[20]

Los personajes principales mantienen los nombres de los actores que los interpretan: Mario/Mario Balmaseda, Yolanda/Yolanda Cuellar, quizá para mejor insertar a estos dentro de las tramas reales de las personas verídicas que aparecen en el filme. Este sería un aspecto valorado por el importante crítico de cine Carlos Galiano: “[…] en el caso de los personajes que interpretan su propio papel de la vida real, la personalidad de Sara fue determinante en la creación de una atmósfera de confianza y espontaneidad durante la filmación gracias a la cual estas intervenciones alcanzan un alto grado de autenticidad […][21]

De hecho, en un inicio, durante el primer segmento documental de la obra, Yolanda aparece como si fuese un personaje real que testimonia su participación en el cambio social, luego aparece como personaje ficticio. Estas son muestras del singular diálogo que se estable entre ficción y documental, que en ocasiones pierde sus propios límites, de hecho en más de una oportunidad personajes de ficción y reales se entremezclan, aumentando la verisimilitud de la narración. Sobre esto Mayra Vilasís dijera:

“La estrategia lingüística radica en la yuxtaposición, en un mismo nivel conceptual, del estilo documental y el de ficción, como dos expresiones diferentes dentro de un único discurso fílmico. Esta es la magia de la película y puede ser una de las claves que nos ayude a entender el interés que suscita como objeto de análisis critico. […] La yuxtaposición de estilos […] hace que el espectador tome conciencia del lenguaje cinematográfico. […] los espacios ‘documentados’ adquieren un carácter metafórico en función del tema principal: los cambios en las relaciones entre los sexos y el comportamiento personal en los vínculos hombre-mujer, pueden ser tan difíciles de lograr como lo son aquellos necesarios para destruir viejas ciudadelas y construir nuevos edificios.”[22]

La música es otro aspecto relevante en De cierta manera. Si recordamos que Sara estudió piano, podemos entender el valor que ella le otorgaba a la misma, convirtiéndola no solo en simple apoyatura sino en motivo en sí mismo, la música por sí misma nos evoca sus mensajes particulares que en este caso están en consonancia con los discutidos en el filme, brindándole mucho mas realismo y autenticidad, la credibilidad de la imagen.[23]

El tema de presentación, escrito por Sergio Vitier y con voz por Sara González,[24] resulta ser una verdadera introducción a la problemática que descubriremos más ta