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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Investigaciones

24/08/2007 GMT 0

Lilith en la dramaturgia de José Milián

negracubana @ 16:47
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Con Lilith en la dramaturgia de José Milián, Yasmín S. Portales Machado propone una lectura diferente. El enfoque feminista que rige este estudio es toda una rareza no solo en las aulas del ISA sino también en la teatrología cubana. Ahí radica uno de sus primeros méritos. Si a esto sumamos el hecho de que el trabajo ha sido elaborado con rigor y prolijidad, que la búsqueda bibliográfica ha sido acuciosa e intensa, que la novedad del tema es incuestionable, pero que además el mismo ha sido abordado con profundidad y detenimiento, tendremos varias de las principales razones por las cuales esta tesis de grado puede ser calificada como audaz e, incluso, revolucionadora. Osvaldo Cano

Yasmín S. Portales Machado (La Habana, Cuba, 1980). Graduada del quinto Curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso” (2003) y Licenciada en Arte Teatral, especialidad de Teatrología, en la Facultad de Artes Escénicas del Instituto Superior de Arte de La Habana (2007). Ha publicado crónicas, reseñas de libros, críticas teatrales y ensayos breves en revistas cubanas. Un cuento suyo apareció en la antología Cuentos Homoeróticos vol. I (Colección Homoerótica, 2007)

25/04/2007 GMT 0

La ciudad del futuro o el futuro de la ciudad

negracubana @ 10:20

Les dejo un artículo que me dejó boquiabierta, no suelo manejarmelas con este tipo de infos pero ya veo que es crucial...

Preguntas, preguntas

Imaginar el futuro de las ciudades es un pasatiempo divertido pero inseguro. Los cambios económicos y tecnológicos que ya comenzaron, aunque a ritmos diferentes —y los sociales y culturales que los acompañan— tienen un impacto grande sobre el modelo actual de ciudad, pero por su propia cercanía resulta difícil discernirlos. Varias incógnitas aparecen siempre: ¿Cómo conservar la diversidad que asegure la vitalidad y autenticidad, dentro de una tendencia mundial inexorable a la homogeneidad? Con el incremento de la violencia interna engendrada por las crecientes desigualdades sociales, unido a la amenaza ubicua del terrorismo, ¿no llegará a perderse el atractivo de la concentración de actividades y personas, la apertura de opciones y el intercambio social consustanciales con la vida en las grandes ciudades? ¿Cómo preservar la identidad sin detener el desarrollo, exacerbar el aislamiento y fomentar el chovinismo y la xenofobia, y también evitar un folclorismo vacuo que termine en una oferta turística desnaturalizada? La informatización de la sociedad y la globalización de la economía y las comunicaciones, ¿reforzarán o debilitarán el papel de las grandes ciudades? Si las ciudades de veinte o más millones llegan a generalizarse, ¿implicará eso una nueva forma de nación? La ciudad virtual, esa imagen que parece de ciencia-ficción, ¿será que ya está aquí, y todavía no la vemos? La ilusión de realidad, como sucedáneo de la realidad misma, puede venir del hiperdesarrollo, pero también de la involución primitivista donde la lucha diaria por la supervivencia produce alucinaciones tragicómicas.

Por otra parte, se perfila la desaparición de tipos urbanos diferenciados; mientras que las redes mundiales de ciudades cada vez borran más las fronteras entre países y con ello el concepto mismo de nación. Sin embargo, muchas ciudades presentan cada vez más aspectos opuestos coexistiendo en bolsones o capas superpuestas. Esos problemas aparecen por igual en las zonas centrales y en los bordes, siempre cambiantes; y en las nuevas centralidades. Se está produciendo una creciente convergencia, que dos generaciones atrás parecía imposible: las grandes ciudades del mundo desarrollado se tercermundizan con una inmigración indetenible, mientras la élite en los países del Sur vive cada vez más en una burbuja artificial, copiando los patrones de vida del Norte blanco. Y un continente completo, África, está amenazado de extinción por esa nueva plaga bíblica, el SIDA.

Hay necesidades que seguirán preocupando a los citadinos en este nuevo siglo: empleo atractivo, razonablemente productivo y extendido a la mayoría de la población en edad laboral; comida saludable, agua potable, una disposición racional de los residuos sólidos y líquidos, acceso masivo a una buena educación, atención médica, cultura, deporte y recreación; el ahorro y reciclaje de recursos no renovables, y el desarrollo de fuentes alternativas de energía para cubrir desde la escala macro hasta el combustible doméstico; un transporte colectivo suficientemente eficaz como para disuadir el uso del vehículo privado, vivienda accesible y con una calidad aceptable. Se trata, en definitiva, de lograr un territorio urbano racionalmente planeado y administrado, identificable y querido por sus habitantes; y un territorio rural capaz de alimentar a toda la población y producir exportaciones rentables, pero también lo suficientemente atractivo como para disuadir la migración hacia los centros urbanos. Las ciudades deben ser capaces de pagarse a sí mismas, poniendo en valor la gigantesca inversión en tiempo, energía, materiales de construcción, habilidades y hasta expectativas acumuladas durante docenas de generaciones pasadas. La plusvalía así obtenida deberá revertirse de manera directa y ostensible sobre el territorio y su población.

Paradójicamente, los intentos para aliviar la pobreza urbana pueden estimular más migración desde las zonas rurales. La necesidad de un acercamiento profesional a la gestión urbana choca con los intereses de autoridades preocupadas por la próxima elección, o por enriquecerse antes de cesar en sus puestos. Promover una participación popular más fuerte puede contribuir a un balance más apropiado entre la gente que sufre las necesidades, la que piensa y la que decide; pero eso demanda una mayor información a los ciudadanos, para que puedan decidir la alternativa que más les convenga; y de paso evaluar a sus gobernantes, generalmente acostumbrados a pensar en nombre de los demás.

Los políticos, expertos y burócratas supuestamente existen para resolver problemas; pero también necesitan mantenerlos para conservar sus puestos. La razón recomienda evitar los problemas antes de que aparezcan, aunque generalmente las prioridades se dirigen hacia los que ya son críticos, cuya solución es más urgente pero también más espectacular y gratificante. Teóricamente, cada problema contiene su propia solución: ello demanda una concepción sensible, con intervenciones mínimas que preserven la diversidad y respeten a los demás seres y cosas existentes; pero también puede llevar a una posición determinista y pasiva que justifique la inacción.

La globalización es una realidad que no se escoge: cuando más, se puede intentar conducirla. Por un lado, favorece el contacto entre pueblos alejados; pero impone patrones económicos, tecnológicos y culturales cada vez más similares; lo que borra valores decantados en el tiempo, favorece el desarraigo y refuerza la dependencia de los países de la periferia hacia los del centro. Este proceso va acompañado por el debilitamiento relativo del poder económico de las naciones, mientras aumenta el poder de agrupaciones regionales de países, y el de las grandes ciudades y su esfera de influencia. Sin embargo, el poder político y sobre todo el militar se mantiene centralizado; y los gobiernos nacionales no parecen dispuestos a cederlo fácilmente, con el pretexto de cuidar las fronteras.

Las ciudades-Estado que florecieron en la antigua Grecia y el Renacimiento italiano produjeron maravillosas obras del espíritu humano, pero también constantes guerras, intrigas y persecuciones. ¿Serán las ciudades-estados del siglo XXI tan poderosas militarmente como para disuadir el ataque de vecinos ambiciosos? Pero aún si las megaciudades encontrasen la forma de sobrevivir, pudieran terminar como enormes maquetas vacías en un desierto radioactivo poblado por escorpiones y arañas.

Principios del equilibrio ecológico como la diversidad y la variedad, la interdependencia, la multiplicidad de funciones a cumplir por un elemento de un ecosistema —y, recíprocamente, de elementos diferentes que cumplan la misma función; o la identificación de la capacidad real de carga del organismo urbano, determinada por su potencial regenerativo, deben extenderse hasta la interacción del medio construido y social con el medio natural. Esa conciliación es incompatible con el intento fariseo de trasladar por entero a la población la responsabilidad de un bienestar que ni el Estado en unos casos ni los mecanismos de mercado en otros han podido asegurar a los gobernados.

El papel que debe asumir el espacio público en la articulación del tejido urbano, la orientación de los desplazamientos, el sentido del lugar y la cultura cívica no ha sido todavía suficientemente reconocido por políticos y especuladores que buscan crear monumentos que atestigüen su poder o incrementen su fortuna. Tampoco se comprende el valor del espacio público como lugar que facilita la interacción niveladora de estratos sociales desiguales.

En definitiva, el desarrollo acelerado de las comunicaciones y la informática no elimina la necesidad vital de encontrarse cara a cara con gente de verdad. La larga historia de los asentamientos humanos enseña ejemplos tristes de ciudades florecientes que desaparecieron o vinieron a menos, pero también muchas otras que han sabido adaptarse con ingenio y gracia al cambio, siguiendo a las pocas iluminadas que lo previeron y encabezaron la marcha hacia delante.

 

Campeando la Ciudad

Borrar las diferencias entre la ciudad y el campo fue desde comienzos del siglo XIX una idea recurrente en los intelectuales progresistas que rechazaban las miserias de la Revolución Industrial. Pero ese objetivo noble fue en realidad ambivalente. El camino abierto por los socialistas utópicos fue escapar de la ciudad. Eso creó una dependencia al transporte, exacerbada en el siglo XX por el automóvil privado. Pero los suburbios no bastaron y los ciudadanos se convirtieron en commuters habitando en ese limbo que es la Exurbia, a expensas del suelo agrícola. La respuesta a la aberración de pasar cada vez más tiempo encerrados en una caja de metal con ruedas yendo de un lado a otro fue hacer las cajas cada vez más cómodas y agradables, y también más caras.

A partir de los años 60, en Cuba se trató de llevar a las zonas rurales la animación y el abanico de oportunidades que ofrecen las ciudades. Ese intento estaba destinado a fallar por la imposibilidad de lograr la necesaria concentración económica, superposición de funciones, animación cultural, y diversidad de opciones y grupos sociales que son condiciones indispensables para la vida urbana. La experiencia de los más de 600 nuevos pueblos rurales construidos en Cuba a partir de 1959, para asentar de manera estable a los trabajadores agrícolas, ilustra ese espejismo.

En su etapa inicial se hicieron pequeños poblados con casas aisladas uniplantas. Se buscó la economía quitando peso a los elementos constructivos con paneles y losas de hormigón, tan delgados que resultaban muy calientes en verano y fríos en invierno. Eran proyectos tecnicistas hechos por jóvenes arquitectos citadinos formados en la rigidez del Movimiento Moderno, sin previa investigación de antecedentes o contexto, ni contacto con los futuros usuarios. Para horror de los arquitectos, los campesinos recurrieron en algunos casos a echar guano encima del techo, buscando aislarse del calor… Más adelante las viviendas rurales se construyeron en bloques semiprefabricados de cinco pisos, varados en medio del campo; hasta que los campesinos comprendieron que habían ganado los inconvenientes de vivir en un medio urbano, sin ninguno de sus beneficios; y terminaron por emigrar a la ciudad más cercana.

 

Desarraigo, precariedad y marginalidad

En Cuba, los patrones de la vivienda rural aislada espontánea se trasladaron al anillo exterior y áreas residuales de las ciudades, en una versión empobrecida por el desarraigo. El bohío había surgido por decantación a lo largo de siglos, y por lo tanto estaba completamente adaptado al clima y los medios constructivos disponibles; y a la base económica, organización social, forma de vida y expectativas de sus habitantes. El traslado a otro contexto produjo una ruptura integral, expresada en los persistentes barrios insalubres autoconstruidos en la periferia. El antecedente más lejano de esos asentamientos data probablemente de la Reconcentración forzosa de campesinos dictada por Valeriano Weyler en 1896, para privar de apoyo a los tropas mambisas. La moda reciente de los ranchones de guano en centros turísticos e incluso dentro de la trama habanera responde al mismo folclorismo servil conque se vende a la mulata y el ron para un visitante de Sol, Playa y Sexo.

Esa tendencia, junto al uso de colores y música estridentes, es parte de la cultura del aguaje —un cubanismo indefinible que tiene varios componentes. Las crecientes distorsiones de la forma y los patrones de conducta urbanos no solo pueden atribuirse a la inmigración rural, que en parte llenó el espacio dejado por el éxodo masivo de la anterior clase dominante, blanca y urbana. Aparece también con mucho peso una marginalidad urbana preexistente, antes reprimida y limitada a enclaves bien definidos, que amparada en el populismo y el laissez-faire se expresa en la forma de hablar y vestir, los modales, los medios masivos de comunicación, cierta música más dirigida a enervar que a estimular el sentimiento o el pensamiento; y hasta en los nombres impronunciables que plagan la nómina de los equipos deportivos.

Nuestro paisaje urbano en los años 90 y principios de este nuevo siglo ha sido marcado por un debilitamiento suicida del control sobre las intervenciones en la ciudad. El resultado es una especie de ajiaco, esa sopa campesina que ahora de llama caldosa por efectos de la inmigración desde las provincias orientales. Pero este ajiaco o caldosa ya no es lo que fue, se ha chatarrizado al mismo ritmo en que aparecen kioscos y cafeterías de comida rápida que imitan patéticamente a los McDonald’s y Kentucky Fried Chicken. La situación se hace más compleja con el aporte kitsch de una persistente cultura de pequeña burguesía provinciana, triangulada en un viaje de ida y vuelta hacia y desde Hialeah en Miami, y ayuntada con lo que Héctor Zumbado llamó el pequeño proletario. Plátanos, gallinas, cerdos, tanques de petróleo usados como depósitos de agua, cercas de alambre y carporches de chapa, forman parte de un nuevo paisaje urbano oxidado y carcomido donde la tierra apisonada sustituyó lo que un día fueron jardines elegantes. Junto a ese proceso de primitivización aparecen los patéticos símbolos de los pobres-nuevos-ricos, con sus altas tapias de piedra y portadas coronadas por tejas criollas, influidos quizás por telenovelas sudamericanas, portones de cedro barnizado, ventanas de PVC con vidrio teñido, que sin embargo deja pasar al interior el calor del sol, jardines cementados y cubiertos por carporches que reflejan el calor y tiran hacia la calle la lluvia que antes absorbían. Sea de una o de otra manera, el paisaje de la calle ha ido perdiendo amplitud y transparencia, y las fachadas originales, que en un tiempo eran cuidadas hasta en las edificaciones más modestas, ahora quedan ocultas por esa arquitectura-chatarra que se le viene encima al transeúnte.

Se observa una falta de cultura ciudadana, de normas de convivencia y pautas de conducta que se traduzcan en un uso respetuoso del espacio público. La urbanidad ha sido relegada junto a otros valores tradicionales que no pueden ser acusados de elitistas, clasistas o racistas. El problema es muy simple: hay que darle valor a los valores —o dicho de otra forma, los ciudadanos que los incorporen y practiquen deben recibir algún beneficio por ello, aunque sea moral. Como siempre sucede, lo importante es quién manda, y a qué intereses responde.

 

El futuro del pasado

Cuba se enfrentó a una situación crítica tras la desaparición de la URSS, a lo que se unían serios problemas estructurales en la economía, y la hostilidad sostenida de nueve administraciones estadounidenses. Esa crisis facilitó a principios de los años 90 la toma de conciencia sobre el valor de soluciones apropiadas, ecológicamente sustentables y económicamente viables, como la bicicleta, la agricultura orgánica y la agricultura urbana, el uso de técnicas constructivas blandas, materiales locales alternativos, fuentes de energía renovable, un poco más de descentralización en la gestión administrativa, una mayor participación de la población, el empleo por cuenta propia y el traspaso de grandes extensiones de tierra agrícola a cooperativas campesinas. Esas aperturas fueron más profundas en áreas rurales y en razón directa a su distancia a los centros de decisiones. Pero desde fines del siglo comenzó a observarse una tendencia involucionista para volver a las fórmulas convencionales, cuya rigidez y vulnerabilidad ya habían sido más que comprobadas.

Han aparecido nuevos escenarios, nuevos actores, nuevos estratos sociales, nuevos patrones de vida, nuevos temas arquitectónicos, nuevas tecnologías y nuevos gustos y costumbres. La existencia de dos monedas y —al menos— dos economías trajo como consecuencia el crecimiento de las desigualdades y su expresión territorial en una ciudad costera, por donde se mueven los visitantes, y una ciudad del Sur, La Habana Profunda. También han crecido las conductas antisociales, el individualismo, y las agresiones al entorno, tanto el natural y el construido como el social.

El patrimonio construido, sea culto, popular o hasta marginal —incluyendo barbacoas, ciudadelas, casuchas en azoteas, barrios insalubres— puede aportar lecciones útiles para urbanistas y arquitectos. Pero la solución no es copiar las formas heredadas, ni siquiera aquellas que todavía pueden funcionar, pues eso llevaría a falsificaciones nostálgicas, escapistas o simplemente comercializadas. Se necesita penetrar en las esencias todavía válidas de ese patrimonio y comprender los procesos y condicionamientos que conformaron ese modelo, sobre todo las formas de promoción, financiamiento, regulaciones urbanas, y el papel que cumplían los diferentes actores en ese proceso, así como la creación de la infraestructura para urbanizar el suelo antes de construir las edificaciones.

El reto está en capturar el espíritu que produjo soluciones exitosas y apreciadas por la población, pero también su forma básica: trazado vial, lotificación, tipologías morfológicas y constructivas, volumetría, perfil, elementos proyectantes hacia la vía pública como portales, balcones y aleros; tratamiento de las plantas bajas y de la silueta de las edificaciones, la alternancia rítmica de vanos y macizos; las proporciones, texturas, uso del color y el detalle, escala y carácter. En los años 50 y 60, los arquitectos cubanos más destacados absorbieron la esencia de las mejores tradiciones locales, tanto cultas como populares, incluso intuitivamente, y sin caer en el pastiche complaciente. Al mismo tiempo, hicieron una arquitectura decididamente contemporánea y de valor universal, dejando además en muchos casos la huella personal del creador. Fue una arquitectura auténtica, de su momento, cubana y universal. Si ahora se habla no solo de preservar el patrimonio construido sino también de aprovechar las lecciones que ofrece, es justo acercarse al problema de aquella misma manera.

 

Del día a día a la futurología

El intento más fantástico de imaginar algo que no ha sucedido está siempre lastrado por lo que ahora conocemos. Como los peinados en las viejas películas de época, revelan más sobre el momento en que fueron hechos que sobre ese futuro nebuloso que pretenden fabular. Por otra parte, el horizonte temporal de esa proyección es determinante. Imaginar La Habana dentro de un año o dos difiere mucho de ese mismo ejercicio a diez o quince años vista, y más todavía cuando la mirada se extiende hasta mediados de este siglo que ha comenzado con augurios tan preocupantes. Se están produciendo aceleradamente grandes cambios ambientales, culturales, económicos, tecnológicos y políticos a escala del planeta. Muchos de esos cambios parecen ir para mal, después que el precario balance mundial se ha perdido bajo el signo de la globalización, el derrumbe de un socialismo que se decía real y duró lo mismo que la vida de una persona, y el dominio absoluto de la más grande y agresiva potencia mundial de todos los tiempos.

¿Cómo será La Habana del futuro? Esa pregunta obliga a caracterizar a La Habana actual –una ciudad preservada por omisión, baja, densa, compacta y a la vez dispersa, con una intensa animación humana que no se corresponde con su precaria y confusa base económica; y donde se aprecian ya elementos de cambio en la forma urbana derivados de la circulación de dos monedas y la búsqueda desesperada de la subsistencia a expensas muchas veces de valores éticos tradicionales.

La pregunta también obliga a especular sobre el futuro del pasado: ¿cómo sería hoy La Habana de no haber triunfado la Revolución de 1959? Quizás no muy diferente a cómo la proyectaba el plan maestro de Sert y Wiener en 1956-58: una gran capital de cuatro millones de habitantes, definitivamente distanciada de las otras ciudades cubanas; dominada por el auto privado, con un Malecón bloqueado por una pared casi continua de edificios altos y una isla artificial al frente, y un centro terciarizado y seguramente elitizado, donde el patrimonio histórico hubiera quedado reducido a unos cuantos edificios antiguos singulares.

Esa ciudad sería todavía más norteamericana que en los años 50: por un lado torres anónimas de oficinas, grandes corporaciones y cadenas comerciales transnacionales. Los condominios de lujo en las mejores ubicaciones, y los repartos elegantes cada vez más alejados, segregados y dispersos se habrían extendido enormemente a lo largo del litoral, aumentando la diferencia con la ciudad del Sur. La mala salud congénita de ese tipo de ciudad dual quedaría probablemente oculta bajo una cara esplendorosa: anuncios lumínicos, teatros, restaurantes, casinos y hoteles de lujo. La Habana estaría inundada por turistas estadounidenses; con un cinturón indefinido de barrios insalubres adonde irían a parar los excluidos de antes y de siempre, y los desplazados de los barrios centrales. En resumen, sería menos auténtica y se parecería más a cualquier otra gran ciudad.

 

¿Apocalipsis ahora?

Pero en cualquier caso, el futuro de La Habana en esta primera mitad del siglo XXI depende de que pueda encontrar un nicho propio en el contexto mundial sin depender de ayudas externas coyunturales, es decir, garantizar la sustentabilidad y viabilidad del proyecto social. Pero eso pasa también por la naturaleza y forma de sus relaciones con los Estados Unidos. En esencia, ello depende de que se pueda encontrar una convivencia mutuamente provechosa o al menos aceptable, con ramificaciones sobre el viejo tema de si es posible sostener una revolución en un solo país, para no hablar de otra gran interrogante; ¿cuanto dura una revolución? Obviamente, esos pronósticos obligan a pensar también cuál será la base económica de La Habana y de Cuba, es decir, cual podrá ser el sustento firme para conservar y revitalizar ese muy valioso patrimonio construido y humano que se levantó sobre el azúcar y una mano de obra barata, y ahora se deslava bajo nuestros pies.

Asumiendo que en un corto plazo no haya cambios importantes en el contexto económico y político nacional y mundial, la situación actual seguiría probablemente agravándose al mismo ritmo: la ciudad central se densificaría aún más y aumentaría la tugurización, con más hacinamiento y distorsiones —añadidos espontáneos, entresuelos improvisados, casetas en azoteas, locales comerciales precariamente adaptados a vivienda…— y también más vacíos producidos por derrumbes y demoliciones, que en su mayoría serán rellenados descontroladamente por vecinos e inmigrantes ilegales, incluyendo la resaca de aquellos traídos para cubrir los puestos de trabajo que los habaneros no quieren asumir. El Decreto 217 que en 1997 intentó regular la migración interna hacia la capital no parece haberla detenido, con el peligro de que al hacerla ilegal se produzca un descreme, y los peores sean los que sigan viniendo.

Se haría más conspicua la presencia puntual de riqueza personal relativa, que después (permutas por medio) se irían agrupando y convirtiendo en enclaves de los pobres-nuevos-ricos cubanos. Estos serán gradualmente cada vez menos pobres, pero manteniendo por inercia sus patrones culturales, hábitos, gustos, modelos de éxito y forma de vida formados en generaciones de pobreza e incluso marginalidad. Esa masa estaría compuesta por una mezcla de personas que reciben remesas de sus familiares en el extranjero, trabajadores por cuenta propia, agiotistas, empleados en firmas extranjeras; y en general aquellos con acceso —legal o no— a la moneda dura.

La lógica aparente de la zonificación produciría más enclaves de gentrificación, con hoteles y edificios de viviendas de alto estándar para extranjeros, o en un futuro para quien pueda pagarlo; así como oficinas de corporaciones y tiendas en moneda dura, generalmente aisladas de las zonas donde existan problemas sociales. Esos islotes de riqueza estarían cada vez más alejados y por lo tanto más dependientes del auto privado. Dentro de este cuadro de segregación, también se producirían híbridos: cubanos que trabajan en firmas extranjeras o mixtas, o establecen lazos personales más o menos duraderos con extranjeros y van asumiendo su estilo de vida en un proceso de prueba y error que depende mucho de cuáles serán los modelos de éxito a imitar, millonarios o pacotilleros.

A pesar de los esfuerzos del gobierno —dirigidos principalmente a combatir los efectos y no las causas— aumentaría la discriminación laboral y la segregación física del hábitat debido al color de la piel; así como la marginalidad. Crecería el proceso de enjaulamiento de la ciudad para protegerse de los delincuentes, aunque quizás coexistiendo con fórmulas viejas como los serenos privados que ya vienen funcionando en algunas zonas macetizadas. La altura y materiales de las cercas, rejas y tapias se convertirá en un símbolo visible de prestigio social, con las personas más acomodadas debatiéndose entre mostrar su patética riqueza y ocultarla, para evitar investigaciones sobre su origen.

Durante un tiempo —hasta que un incipiente mercado del suelo lo interrumpa— continuaría el proceso de ruralización de la capital, con la sustitución del arbolado urbano y los jardines por siembras productivas y crías de animales, no organizadas dentro del programa de agricultura urbana. La imagen urbana seguirá siendo agredida por ranchones de guano, carretones de tiro animal y tractores circulando por las calles, y sopones cocinados con leña en los parterres; complementados por la progresiva desaparición del pavimento en las vías urbanas, en un viaje de regreso a la tierra. Pero esa ruralización coexistiría y se mezclaría con patrones tomados de los marginales urbanos.

Seguirían creciendo y apareciendo enclaves suburbanos en moneda dura a la manera del Monte Barreto, y quizás a alguien se le ocurra la idea de cercarlos y controlar la entrada, para evitar el contagio y facilitar la protección. El acceso libre a la costa se bloquearía aún más. Los altos precios del suelo podrían empujar finalmente a un desarrollo limitado hacia el Este, con edificaciones más bajas para una clientela distinta a la de las grandes colmenas inmobiliarias que se hicieron durante los años 90. Ese panorama se puede compensar en parte por la aparición de un sector de mercado con gustos algo más refinados que traiga el mejoramiento del diseño arquitectónico y la importación de algún que otro arquitecto de la vanguardia internacional, al que se le permitiría hacer lo que se le niega a los nativos. Quizás finalmente se llegue a repensar la forma de ejercicio de la profesión del arquitecto, acercándola a la del artista plástico; y abriendo la competencia para que triunfen los mejores a través de concursos accesibles a todos.

De continuar el modelo de desarrollo suburbano segregado sin una adecuada respuesta del transporte público masivo, crecerá desmedidamente el uso del auto privado. Ello traerá más contaminación, demoras y problemas de tránsito; y aumentará las diferencias sociales entre el que se mueve en cuatro ruedas y el que anda. La ciudad tendrá que resistir una fuerte presión para no malgastar terrenos valiosos en parqueos, y eventualmente en la construcción de monstruosas vías expresas para facilitar el movimiento de autos, con lo que el número de éstos seguirá aumentando mientras la continuidad del tejido urbano queda interrumpida.

Se continuarían construyendo shopping malls de lata y vidrio espejo que rompen con la estructura y la imagen urbanas, que consumen energía excesiva e introducen gustos y patrones de vida ajenos. Esas inversiones seguirían aumentando por carambola el deterioro y la calidad de la oferta en la red comercial tradicional a lo largo de las calzadas de la ciudad central, que es La Habana que todos identifican. Igual sucedería con el sistema de pequeños comercios de esquina, ya muy debilitado desde los años 80 con la voluntarista supermercadización, que la vida convirtió en caricaturas de supermercados mientras arruinó el elemento más importante de la trama urbana tradicional, la esquina.

 

Pasando del Negro al Gris

Aun sin producirse avances significativos en la estructura productiva nacional y las relaciones de intercambio internacional, este cuadro oscuro podría suavizarse con una mayor participación popular en los procesos de decisión, dando más poder y autonomía económica a los gobiernos locales, ampliando las atribuciones de entidades corporativas estatales autofinanciadas, a la manera de la Oficina del Historiador de La Habana; o aceptando la creación de cooperativas urbanas, igual que las rurales que ya existen.

Llegará el momento en que ya no podrá aplazarse más la necesidad de actuar firmemente contra las violaciones de las normativas y regulaciones urbanísticas, tanto por particulares como por organismos estatales. Eso implica atajar la proliferación de distorsiones que no solo afean la ciudad sino que afectan al ambiente al aumentar la temperatura, bloquear vistas y brisas, aumentar los escurrimientos y con ello las inundaciones. Esas acciones también dañan físicamente a las edificaciones y rebajan su valor y el de los barrios donde proliferan, pero también han creado una peligrosa sensación de impunidad que es una muestra más, por indirecta más representativa, de un deterioro social que afecta al más importante capital del país, el humano. Irónicamente, la filosofía del dejar hacer pudiera extenderse peligrosamente a la política.

Los trabajos de reanimación urbanística que mejoraron la imagen de la ciudad en los años 60 y 70 podrían reaparecer, para revitalizar visual y funcionalmente los espacios públicos en zonas centrales. Esos espacios servirían para elevar el rasero de calidad en el diseño y los servicios, además de cumplir su papel tradicional para estructurar al tejido urbano, mejorar el medioambiente, añadir valor a los terrenos circundantes, y favorecer el intercambio social entre sectores que cada vez se están diferenciando más.

La reanimación pudiera irradiar a partir de esos focos a lo largo de los ejes principales que los conectan, y llegar más adelante a internarse en los sectores grises delimitados por esas vías. Sobre esa misma base de autogestión local, comenzaría a utilizarse el convoyado a las grandes inversiones, obligándolas a realizar obras de beneficio directo y evidente para la comunidad, no limitadas al egoísta embellecimiento epidérmico del entorno inmediato a la nueva edificación.

El mejoramiento de la imagen urbana y una mayor sensación de estabilidad podrían estimular la llegada de inversionistas iluminados con una clientela que exija calidad, y con interlocutores cubanos de misma condición. Aparecerían algunos proyectos de nuevas edificaciones que marquen hitos y ayuden a impulsar la revitalización de La Habana y la recuperación de los valores culturales en la arquitectura cubana. La oferta de vivienda a extranjeros residentes en La Habana, ahora limitada a apartamentos para alquilar en edificios nuevos, casi siempre con una arquitectura banal globalizada, podrá ampliarse entregando mansiones en peligro de derrumbe para ser rehabilitadas por iniciativa privada. Eso puede producir más ingresos y ayudaría a preservar el valioso patrimonio arquitectónico del siglo XX en la capital.

A su vez, el gobierno comprendería la importancia de promover proyectos de calidad que sirvan como dinamizadores de la recuperación urbana, o participar en otros con los inversionistas extranjeros. Finalmente se conseguiría atraer a desarrolladores que no se limiten a explotar un terreno aislado disponible. Ello permitirá incorporar áreas subutilizadas o desvalorizadas de La Habana Profunda que han estado fuera de los circuitos de prestigio. Especialmente importante sería atraer inversionistas extranjeros dispuestos a invertir en la reconstrucción, modernización y ampliación de las redes de energía, comunicaciones, abasto de agua, tratamiento de residuales, transporte y viales. Eso significa un cambio importante en la política miope, regida por la inmediatez, de construir sin resolver antes la infraestructura, que en la ciudad central está ya colapsada. Es importante recordar que el enorme crecimiento de La Habana casi inmediatamente después de la Independencia se apoyó en una gran inversión previa, literalmente enterrada, en calles, acueducto, alcantarillado, electricidad, teléfono y tranvías.

 

Amenazas evitables

Hacer funcionar a la ciudad y mantener el control sobre ella requiere adelantarse al cambio antes de que éste se imponga por sí mismo. Imaginar el futuro es siempre un ejercicio que puede pasar de lo divertido a lo aterrador. Los cambios rápidos y profundos podrán ser malos, y aún más, irreversibles; pero mantenerse estático puede ser igual o peor. Por eso algunos parecen no querer pensar y miran a otra parte, o esperan dejar la solución del problema a los que vienen detrás. La solución no está en la parálisis, y mucho menos en la retórica desgastada o la inmolación suicida, pero tampoco en la entrega claudicante o la salida escapista. Desde este medio siglo de afanes, ilusiones y riesgos compartidos, espero ver desde adentro lo que va a pasar, y tratar de que salga lo mejor posible.

Mario Coyula Cowley

(La Habana, 1935). Arquitecto, diseñador urbano y crítico. Profesor de Mérito en la Facultad de Arquitectura, CUJAE, y asesor del Grupo para el Desarrollo Integral de la Capital, La Habana. Profesor Visitante en la Universidad de Harvard (2002) y Profesor Invitado en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena, 2006. Premio Nacional de Arquitectura 2001, Distinción Nacional de Habitat 2004.

14/11/2006 GMT 0

Mujer y violencia en la Cuba decimonónica: el caso de María Pérez

negracubana @ 14:43

La violencia doméstica constituye un vasto y reciente campo de investigación para los historiadores en Cuba. El análisis de múltiples pleitos encontrados en el Archivo Nacional, entablados ante los tribunales civiles durante la primera mitad de la centuria decimonónica, por mujeres cuyos maridos diariamente les propinaban golpes, insultos, amenazas y humillaciones, permite afirmar que estas agresiones físicas y psicológicas estaban íntimamente asociadas con una valoración ideológica asimétrica de los sexos.

Considerada la mujer más débil en cuerpo, mente y carácter que el hombre, se le asignaba en la relación conyugal un rol de sumisión y dependencia. Obligada a residir con el esposo, estaba sometida a su autoridad en todos los aspectos de su vida, puesto que no tenía soberanía sobre la mayoría de sus acciones legales, sus propiedades y sus ganancias. Incluso, si era madre no tenía derecho a ejercer la patria potestad sobre sus hijos.

Esta concepción falocrática de la familia monogámica, formada bajo la égida católica, investía al descendiente de Adán del “noble deber” de vigilar y corregir la conducta de su pareja. El maltrato formaba parte, de esta manera, de un patrón de actuación que abarcaba a todos los estamentos de la sociedad. Sólo, cuando la sevicia alcanzaba un ribete dramático, que amenazaba seriamente de muerte a la esposa, ésta podía denunciarla en los tribunales civiles, o en los eclesiásticos si pretendía obtener el divorcio1. Valdría la pena destacar, que dichas acusaciones podían ser realizadas por mujeres de todos los niveles educativos y sociales.

María Pérez, campesina mestiza y analfabeta, fue una de esas mujeres que denunció a las autoridades la violencia de que era víctima. El 18 de agosto de 1819 acudió ante el escribano Ramón Martínez, para que a su nombre remitiera una carta al Juez del Partido de Lagunillas2 , Alejandro Hernández, en la que le comunicaba:

"Aviso a usted como Juez de este Partido, como mi marido nombrado Tadeo Rodríguez me ha dado un castigo exorbitante que me ha hecho varias heridas pues me llevó tres cuartos de legua castigándome a pie por los montes (…), le aviso a usted para que tome las providencias que le corren de obligación porque mi vida está en peligro."3

Diez días después, Hernández se personó en la vivienda de María para tomarle declaración oficialmente. Ella enfatizaba en su alegato, que los porrazos descargados por su cónyuge no eran leves ni ocasionales, sino al contrario, se habían convertido en una práctica habitual.

"Que antes de sacarla de la casa le pegó un tizón de candela que le hizo varias quemaduras habiéndole apagado un tizón en el cuerpo, volvió por otro y también dice que le dio algunas quemaduras con él. (…). Dice además que le ha dado en varias ocasiones y que en una de ellas le dio un bocabajo. De edad de 25 años y estado casada"4

Para confirmar la ocurrencia de los acontecimientos antes descritos, fueron citados para testificar varias personas que trabajaban junto a Tadeo Rodríguez en el ingenio de Domingo Mora. Invariablemente, para que los Magistrados aceptaran la idea de que la estabilidad de la familia se hallaba resquebrajada se necesitaban evidencias muy categóricas.

Resulta importante recordar aquí, que tanto para la Iglesia como para el Estado, la familia constituía un espacio vital de control social, un lugar de aprendizaje de los comportamientos “virtuosos” que garantizaban la paz social. Por esa razón, Rodríguez intentó “persuadir” a algunos de los testigos para que negaran su mal proceder. Entre ellos, se hallaba el esclavo Arencibia, quien a pesar de recibir varias amenazas por parte de Rodríguez, se negó a mentir sobre los hechos que había presenciado:

"En veintiocho de agosto de mil ochocientos diecinueve, habiendo pedido el permiso a su amo compareció ante mí, Don Alejandro Hernández, y los de asistencia Don Miguel Alvarado y Don Leonardo Izquierdo, el moreno José de Jesús Arencibia, criollo.5 Dice el que declara que estaba la mujer bañada en sangre cuando él la vio. Y que le dijo Rodríguez que como algún Juez lo prendiera por haber golpeado a la mujer lo pasaría mal."6

La lectura de esta documentación refleja, cómo María además de soportar ser lastimada en la cabeza, los senos y el vientre por instrumentos contundentes, recibía serias agresiones psíquicas y profundas heridas en su dignidad.

"Preguntado Don Miguel Valcárcel, de estado casado y oficio alfarero y vecino de este Partido, sobre si conoce a Tadeo Rodríguez y a María Pérez su mujer, y si sabe del trato bueno o malo que le da Rodríguez a su consorte. Y responde que hace más de un año que los conoce y (…) que un día, que fue el 26 de julio de este presente año, se puso Rodríguez a castigar a la mujer y gritaba ella a su esposo que la matara de un golpe para sentir menos sus penas y que Rodríguez le contestó que se callara y que él la mataría pero poco a poco."7
Dichos abusos no fueron negados por Tadeo en el interrogatorio que le fuera realizado por el Juez Miguel García, después de ser arrestado y remitido a la Real Cárcel de la Habana, el 4 de noviembre de 1819. Más bien, él buscó mostrar que su esposa era poco “honesta” y que por ese motivo había sido “merecedora” del castigo.

"Hallándose en la sala de visitas el Dr. D. Gregorio Quintana, asociado de mí el Excelentísimo, se hizo comparecer a Tadeo Rodríguez de 28 años de edad, condición libre, estado casado y oficio aserrador. Indagado sobre por qué había tratado a su esposa con tanta sevicia dijo que por haberla encontrado infiel en su matrimonio, en términos de haberla encontrado con Don Nicolás Hernández conocido por el Gomero."8

Las anteriores palabras de Rodríguez estaban en consonancia con las del discurso que postulaba que la violencia era éticamente poco reprobable cuando se ejercía en mujeres de menor calidad u honorabilidad. Por eso en estos casos, los hombres siempre se defendieron desacreditando la honra de sus “medias naranjas”, con el fin de disminuir la legitimidad de las acusaciones. Esta estrategia seguida por Tadeo, para intentar ser exonerado del delito que se le atribuía, prueba que esos elementos jurídicos patriarcales, habían permeado la sociedad hasta el punto de que una persona ignorante como él, iletrado por demás, podía escudarse tras ellos.

"Reconvenido como es que dice fue el motivo que le impulsó haber tratado a su mujer en los términos expresados, la infidelidad que en ella advirtió, cuando hay constancia en el sumario de que en otra ocasión castigó igualmente el confesante a su citada consorte, sin que hubiese precedido motivo para ello, contestó que, aunque es verdad castigó otra vez a su mujer fue por igual causa a la expresada, que es cierto se violentó; pero que todo fue efecto del dolor que le causó el lance amoroso referido. (…). Preguntado, además sobre si sabía que la violencia y el castigo cuando puede resultar peligrosa para la vida las leyes tienen establecidas severas penas contra semejantes delincuentes dijo: que todo lo sabe, pero como él no ha incurrido en las apuntadas delincuencias, no puede estar comprendido ni en las leyes ni en sus penas."9

La imputación de adulterio hecha a María, aún cuando públicamente era notoria su rectitud y fidelidad, bastó para que el Tribunal dictaminara la inocencia de Tadeo en esta causa criminal. Es que, en la práctica, la defensa de la unión conyugal era mucho más importante para la sociedad que la aplicación literal de las leyes y las autoridades estaban dispuestas a aceptar una “dosis” de maltrato, legitimada en la autoridad del marido, quien en cierta forma tutelaba a la mujer.

"Habana y noviembre 6 de 1819.
Vistos: Por justas consideraciones se sobresee en este expediente: póngase en libertad a Tadeo Rodríguez, apercibido para que en lo sucesivo trate con más moderación a su consorte María Pérez, librándose orden al Capitán del Partido de Lagunillas, para que se le notifique.
Juez Miguel García. "10

Las represalias que tras su salida de prisión tomaría Rodríguez con María, causante de su encierro, resultan una incógnita. Pero lo que su caso trasluce nítidamente son: las características de la violencia que muchas mujeres vivían cotidianamente en la Cuba decimonónica, ante la que algunas se rebelaron y a la que muy pocas lograron ponerle fin; la manera en que los conocimientos de los procedimientos legales estaban a todos los niveles sociales y cómo, a pesar de la honestidad de los testigos, sus declaraciones fueron marginadas y se adoptó una conducta que favorecía las prácticas patriarcales más extremas, como las de la sevicia.

1 Dado que el matrimonio aceptado en la Isla entonces era el canónico, los jueces eclesiásticos eran los únicos que podían pronunciar una sentencia de divorcio. Aunque este dictamen no implicaba la ruptura del vínculo matrimonial, que para la Iglesia católica posee carácter sacramental, sí autorizaba la separación de lecho, mesa y habitación de la pareja. En dependencia de la causa por la que se solicitase el divorcio de separación de cuerpos (sevicia, adulterio, delincuencia, herejía o enfermedades incurables, que a juicio de los médicos, pudieran ser transmitidas por la cohabitación de los cónyuges), el tribunal eclesiástico dictaminaba que la separación fuese perpetua o temporal.

2 Lagunillas era un poblado de la actual provincia de Matanzas.

3 Contra Tadeo Rodríguez por sevicia a su consorte María Pérez. Archivo Nacional de Cuba. Miscelánea de Expedientes, legajo 347, no. AC, folios 3-3v.

4 Ibídem, folio 4v.

5 Aunque aquí se resalta la loable actitud adoptada por el esclavo Arencibia, hay que tener en cuenta, que su denuncia de la golpiza propinada por Rodríguez a María, no le acarreaba represalias por parte de su amo. De cierta forma implicaba su apoyo, ya que a un esclavo se le prohibía declarar ante las autoridades, a no ser que se dirigiera al Síndico por causa de un grave problema personal, sin la autorización del dueño.

6 Contra Tadeo Rodríguez…ob. cit., folio 7.

7 Ibídem, folios 7v-8.

8 Ibídem, folios 11v-12.

9 Ibídem, folio 14.

10 Ibídem, folio 14v.

La Lic. Leonor Arlen Hernández Fox, autora de este artículo, es profesora del Departamento de Historia de Cuba. Facultad de Filosofía e Historia. Universidad de La Habana.

Tomado de Cubaliteraria

Yo soy marxista y tú? (II)

negracubana @ 14:11

Parte III: Amas de casa desesperadas

 

Decíamos que la familia es la institución de esta sociedad de clases que determinó y mantiene la opresión de las mujeres. Sin embargo, la familia no cumple esta función del mismo modo entre las clases dominantes que entre las clases subalternas.

 

Para la pequeñoburguesía (los pequeños comerciantes, propietarios de pequeñas parcelas de tierra, etc.), la familia es una unidad productiva en la que todos sus miembros cooperan. Para los explotadores, la familia es, fundamentalmente, aquella institución a través de la cual transmiten hereditariamente su riqueza de una generación a otra.

Pero los capitalistas obtienen otros beneficios de la familia... ¡de los trabajadores!: la familia del obrero es el mecanismo básico por el cual, el empresario, se exime de garantizar la reproducción social de aquellos cuya fuerza de trabajo explota. ¡Es un mecanismo muy barato para la burguesía! Por eso, los capitalistas nos siguen inculcando la idea de que cada familia debe hacerse responsable por la vida de sus integrantes. La familia es responsable del cuidado de todos aquellos que no están en condiciones de ser explotados y “ganarse el pan con el sudor de su frente”: niños, ancianos y enfermos.

Además, a través de la familia, se garantiza la reproducción de la fuerza de trabajo con las tareas domésticas gratuitas que permiten a los trabajadores volver a la fábrica, al día siguiente, para seguir vendiendo su fuerza de trabajo al capitalista. Si los trabajadores tuvieran que comprar su comida hecha o tuvieran que comer siempre en restaurantes, si tuvieran que recurrir todos los días del año a los lavaderos automáticos y las tintorerías, si tuvieran que pagar modistas, niñeras y personal de limpieza para el aseo de la casa... ¡tendrían que cobrar salarios mucho más altos que los que cobran! Por eso el capitalismo, aunque no “inventó” la opresión de las mujeres, se aprovecha de ella en gran escala, fomentando los prejuicios de que las mujeres tienen que estar en la casa fregando, mientras los varones trabajan para “traer el sustento”.

¡Pero, al mismo tiempo, el capitalismo empujó a las mujeres a la producción social! Incorpora su fuerza de trabajo a fábricas, talleres y empresas; pero no las exime de las tareas domésticas. Por eso, los marxistas hablamos de la doble jornada laboral de las mujeres trabajadoras: por un lado, vende su fuerza de trabajo al patrón –como el resto de los obreros–; pero, además, usa el tiempo libre restante en las tareas domésticas que no son consideradas “horas de trabajo” por la patronal, aunque le resulten altamente beneficiosas.

El resultado para las mujeres está claro: stress, abatimiento, embrutecimiento y múltiples enfermedades y accidentes producidos por la excesiva fatiga. Es lógico que el amor familiar, entonces, se vea trastocado por la discordia, el malhumor, el desgano y la irritabilidad.

Los reaccionarios de toda laya dicen que los marxistas –cuando denunciamos esto– queremos destruir a la familia. ¡Pero es el mismo sistema capitalista el que, al mismo tiempo que glorifica la unidad familiar, hunde en esta situación a las familias proletarias!

 

Parte IV: Las superpoderosas

 

A pesar de lo que venimos sosteniendo, la familia es defendida por la mayoría de los trabajadores y trabajadoras, porque es el único lugar en el que se intentan satisfacer algunas necesidades humanas, como el amor, la compañía, etc. ¡Quien desintegra a la familia, trayendo sufrimiento y soledad, no es el marxismo sino el propio sistema capitalista!

 

El sistema capitalista ha moldeado enormes contradicciones: nos dice que las mujeres debemos quedarnos en el hogar al cuidado de los niños, pero nos obliga a trabajar fuera de la casa, porque con un salario no alcanza para sostener a la familia; nos dice que los varones tienen que proveer el sustento, pero después azota a los trabajadores con el látigo de la desocupación, provocando depresión y angustia junto con la miseria. En el capitalismo, nos dicen que debemos criar a nuestros niños, pero ni el Estado ni los capitalistas nos proveen de guarderías gratuitas en nuestros trabajos, para estar cerca de ellos, que quedan en manos de otras trabajadoras –si podemos pagar este servicio- o al resguardo de sus hermanas mayores, de las abuelas u otros familiares. ¡Incluso nos despiden cuando quedamos embarazadas!

A los jóvenes se les dice que deben ser libres, independizarse de sus padres y progresar, pero después se encuentran con el trabajo precario, la flexibilización, los sueldos de miseria y la inestabilidad de los contratos temporales... ¡Así que tienen que quedarse a vivir con los padres hasta muy grandes! Nos dicen que debemos soñar con el amor romántico, pero después nos imponen los turnos americanos, los horarios rotativos, el trabajo nocturno... ¿Y cuándo nos vemos con nuestra pareja?

También nos dicen que las mujeres somos débiles, pero cada vez son más los hogares mantenidos por mujeres solas. Pero además, cuando el capitalismo descarga sus grandes crisis sobre las familias obreras, ¡las mujeres están en la primera fila de la lucha y son de temer para los patrones, para los jueces, para las fuerzas represivas y para los políticos del régimen! Trotsky decía que “la crisis social, con su cortejo de calamidades, gravita con el mayor peso sobre las mujeres trabajadoras. Ellas están doblemente oprimidas: por la clase poseedora y por su propia familia.” Pero agrega: “Toda crisis revolucionaria se caracteriza por el despertar de las mejores cualidades de la mujer de las clases trabajadoras: la pasión, el heroísmo, la devoción.” Así lo mostraron las mujeres pobres de París, en 1789, cuando se movilizaron contra los precios del pan y dieron inicio a la gran Revolución Francesa. Así lo mostraron, también, las obreras textiles de San Petersburgo, en 1917, cuando se movilizaron reclamando “pan, paz y libertad” y dieron el puntapié inicial de la primera revolución proletaria triunfante, la Revolución Rusa. Pero también así lo mostraron, más recientemente, las obreras de Brukman y las mujeres de los movimientos de desocupados, enfrentando la crisis del 2001. Y en estos últimos meses vimos cómo las jóvenes de la Comisión de Mujeres de Jabón Federal estuvieron al frente de la lucha por la reincorporación de los despedidos, imprimiéndole su fuerza, como apoyo moral de sus compañeros. Ellas dijeron que no eran las “chicas superpoderosas”. Sin embargo, su compañía y su fortaleza fueron indispensables para que la patronal no quebrara el ánimo de los trabajadores.

Las mujeres, durante la dictadura militar, fueron las que encabezaron las denuncias contra el terrorismo de Estado. Y también son mujeres las que siempre están adelante en las movilizaciones contra el gatillo fácil, convirtiendo su dolor en una lucha contra las fuerzas represivas, la corrupción y la impunidad.

Por eso, creemos que un análisis materialista del origen histórico y del rol que cumple la familia en la sociedad capitalista y una visión marxista de la opresión de la mujer en la sociedad de clases son esenciales para desarrollar un programa revolucionario que se plantee desplegar esta enorme energía de las mujeres trabajadoras y de los sectores populares en la lucha por la revolución social y la emancipación de todos los oprimidos.

 

Parte V: Libres e iguales

 

Decíamos que un análisis materialista del origen histórico y del rol de la familia en la sociedad capitalista y una visión marxista de la opresión de la mujer en la sociedad de clases son esenciales para desarrollar un programa revolucionario, que se plantee desplegar esta enorme energía de las mujeres trabajadoras y de los sectores populares en la lucha por la revolución social y la emancipación de todos los oprimidos. ¿Qué debería plantearse ese programa?

 

A los marxistas muchas veces nos acusan de estar en contra de la familia. A decir verdad, es el propio capitalismo el que destruye a las familias proletarias con la superexplotación, la desocupación, la marginación, el hambre, la miseria y todas las consecuencias de la descomposición social. Lo que planteamos es que debe abolirse la familia como estructura económica privada, sobre la que descansan las tareas relativas al abastecimiento de alimentos, abrigo, comida y cuidados necesarios para la reproducción de la fuerza de trabajo; para dar paso a relaciones establecidas libremente, sin coerción económica ni de ningún tipo, y basadas en el amor. Pero sabemos que esto no puede acontecer “por decreto”.

Para ello es necesario plantearse, en primer lugar, la industrialización y socialización de las tareas necesarias para la reproducción. Esto liberaría a las mujeres de lo que Lenin denominó la “esclavitud doméstica” y permitiría que se incorporen a la producción socializada en las mismas condiciones que los varones, sin cargar con las dobles cadenas que impone la doble jornada laboral.

Esta enorme tarea es inseparable del derrocamiento de la propiedad privada de los medios de producción. Sólo sobre la base de un estado obrero, basado en los organismos de democracia directa de la clase trabajadora que planifiquen la economía, se podrán dar estos primeros pasos para erradicar, definitivamente, la opresión que pesa sobre las mujeres.

Pero con esa perspectiva, sabiendo que esta emancipación sólo puede conseguirse sobre las bases de una revolución socialista que acabe con el dominio de una clase sobre otra, llamamos a la más amplia movilización de las mujeres para luchar con un programa que permita desplegar la energía revolucionaria de la clase trabajadora en alianza con el pueblo pobre y otros sectores oprimidos. Exigimos un salario destinado al trabajo doméstico necesario, en una familia, para su propia reproducción; denunciando que ese trabajo “invisible” y no remunerado –que recae mayoritariamente en las mujeres de la familia- es vital para el Estado y los capitalistas ya que, en nuestro país, equivale a más del 33% del Producto Bruto Interno. Exigimos la inclusión de guarderías pagadas por la patronal y el Estado en las fábricas, empresas y demás lugares de trabajo.

Con la incorporación de las mujeres a la producción social, exigimos igual salario por igual trabajo, igualdad de oportunidades en el empleo, contra la discriminación de las mujeres en cualquier rama de la actividad económica y derechos especiales para las mujeres embarazadas y que están amamantando.

Junto a esto, el derecho de las mujeres a decidir y tomar control de su propio cuerpo, su sexualidad y sus funciones reproductivas. Por eso luchamos por el derecho al aborto libre y gratuito, pero también por la educación sexual y la distribución gratuita de anticonceptivos, al mismo tiempo que defendemos el derecho a la maternidad elegida libremente.

Consideramos que sólo la más amplia autonomía –desde la independencia económica hasta el control del propio cuerpo- permitirá que las personas se relacionen con libertad, amor y respeto mutuo, basándose exclusivamente en sus deseos y no presionados por las necesidades acuciantes de la supervivencia cotidiana.

Para esto es necesario, también, enfrentar los prejuicios que la clase dominante recrea entre las filas de los explotados. Sabemos que, tampoco con decretos o “buenos deseos” se puede acabar con el machismo y la opresión. El feminismo plantea la necesidad de desarrollar nuevas “culturas” y “estilos de vida” que enfrenten las actitudes patriarcales de los varones. Para los marxistas, por el contrario, la salida no es individual. Y no culpamos a los varones de la opresión sexual, sino a la sociedad de clases y sus instituciones. Es ésta la que reproduce y legitima estos comportamientos machistas entre los sectores oprimidos, fortaleciendo el dominio de los explotadores.

Sin embargo, que no se trate de un problema de “educación” o “estilo de vida”, no significa que los marxistas, los obreros concientes y las mujeres que toman su destino en sus propias manos no debamos enfrentar estas presiones y que, en ocasiones, nos conducen a reproducir las peores miserias humanas que luchamos por desterrar. Parafraseando a Marx, podemos decir que no puede liberarse quien oprime a otros. Por eso, ¡desterremos el sexismo de nuestras filas! ¡Por la unidad de la clase trabajadora en lucha contra la explotación y la opresión! ¡Paso a la mujer trabajadora!

Publicado en entregas semanales en el periódico La Verdad Obrera , del Partido de Trabajadores Socialistas www.pts.org.ar

Tomado de Rebelión

10/11/2006 GMT 0

Coeducación Espacio para Educar en Igualdad (sitio)

negracubana @ 12:40

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Querid@s no se que pasa con Blogia, o con mi conexión, que hoy no logro poner hipervínculos, así que les paso la dirección del sitio Coeducación Espacio para Educar en Igualdad, la cual es http://web.educastur.princast.es/proyectos/coeduca/, vaya como en los viejos tiempos....

Les dejo otra de las imágenes interesantes que se encuentran en el sitio.

Al final, lo logré. Igual, se las dejo afuerita por si las moscas...

Los otros hablan desde el espejo

negracubana @ 12:19

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Abel Sierra Madero, laureado en ensayo histórico-social, a sus 29 años de edad, fue el más joven ganador de la pasada edición de los premios Casa de las Américas 2006. Su texto Del otro lado del espejo. La sexualidad en la construcción de la nación cubana realiza, según el jurado del prestigioso galardón iberoamericano, un "análisis minucioso del ambiente homoerótico cubano que no le impide examinar diversas políticas de género sobre lo masculino y lo femenino normalizado, e introducir reflexiones que puedan iluminar otro tipo de políticas de identidad."

Con ese gancho de lo deseado-reprimido, su obra seduce por la atrevida y profunda puesta en desnudo de espacios que históricamente han sido mutilados o mal articulados en Cuba, y que emiten su alegato desde este espejo en el que su autor nos invita a mirar y encontrarnos todos.

Para el Licenciado en Historia en la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, miembro de la UNEAC e investigador de la Fundación Fernando Ortiz; el Premio Casa, entre otras cosas, "es un estímulo no solo para mí, sino para Cuba, para mi generación que está imbuida en la desidia, en cruzar orillas, desanimada. Para los jóvenes decididos, pese a todas las carencias y dificultades, a hacer historia en esta Isla."

Antes, en el 2001, había recibido el premio Pinos Nuevos de Ciencias Sociales con el ensayo La nación sexuada. Relaciones de género y sexo en Cuba en la primera mitad del siglo XIX, y en la misma categoría, en el 2003, el Razón de Ser que otorga la Fundación Alejo Carpentier por Las relaciones de género y sexo durante las guerras de independencia en Cuba; entre otros estudios (La policía del sexo. La homofobia en Cuba en el siglo XIX; Sexualidades disidentes en el siglo XIX), que marcan una época de exploración continua y resultados novedosos sobre la diversidad sexual en la Isla.

Abel, ¿por qué has encaminado gran parte de tu labor investigativa al estudio de la diversidad sexual como fenómeno social?

―Desde mis primeros acercamientos a la Historia pude percibir, dentro de la vastísima producción historiográfica cubana, la presencia de círculos temáticos que habían tenido en el tiempo una determinada coherencia u organicidad en torno a fenómenos como los procesos de formación de la nacionalidad cubana, la plantación esclavista, el azúcar, las Guerras de Independencia, los movimientos sociales, el post-coloniaje estadounidense, entre otros; pero me percaté de que existían, digamos, algunas zonas de silencio.

Uno de esos vacíos era y sigue siendo el tema de la sexualidad, al que he dedicado los últimos años. Las fuentes históricas y la metódica que utilizo en la escritura de mis ensayos, no las inventé yo, por supuesto. Son las mismas sobre las que ha trabajado la historiografía cubana, sólo que las he leído desde otra perspectiva.

La sistematización de esas fuentes, la consulta de documentos de archivo, me hizo dialogar con muchos personajes que me enseñaron a pensar la nacionalidad cubana desde otro enfoque. Me revelaron que esa abstracción imaginaria y a la vez tangible que llamamos "nación", se ha articulado y sustentado en contraste, desconocimiento, negación o diferencia respecto de otros ―ya no foráneos y colonizadores, sino autóctonos―, los otros sexuales; lo que trato conscientemente de subvertir. En ese sentido he tenido no sólo un compromiso con la Historia, sino con la realidad social contemporánea.

Del otro lado del espejo… viene a saldar deudas teóricas de trabajo y con documentos que se quedaron fuera de mi anterior libro La nación sexuada. Es una especie de superposición entre pasado y presente, para analizar cómo se confabulan ambos en el tiempo. Está escrito en códigos simples, pensado para diferentes tipos de lectores, sin distinciones de oficios, cultura o generación.

¿Cómo está construido el libro?

―El texto tiene dos partes: "Los silencios de la Historia" y "El presente histórico". Está concebido en dos dimensiones espacio-temporales, dentro de la inmediatez histórica que se ha llamado Historia Inmediata. Tiene una primera parte donde se analizan procesos de larga duración; y va desde finales del siglo XVIII hasta la contemporaneidad.

Trata de hacer una reconstrucción de los discursos que han ido conformando la nación y sus otros sexuales. Cómo esa nación se ha reafirmado y articulado mediante la exclusión y discriminación de esa otredad para crear un heterosexismo, una heterosexualidad nacional con todos sus mitos, sus estructuras jurídicas, laborales, domésticas, sociales y culturales.

¿Por qué Del otro lado del espejo?

―Es invitando al lector a la reflexión, a ubicarse en la piel del otro, a atravesar ese azogue cultural para observar y pensar la realidad social desde otra perspectiva, con una mirada más desenfadada, menos prejuiciada, no tolerante, sino de verdadera aceptación de la diversidad sexual.

Entre otras cosas, ¿qué propones con este libro?

―Ir contra el silencio, contra nuestra auto-negación. Está realizado con la ilusión de que nuestros hijos crezcan imaginando un mundo con géneros diversos, no previsibles, sin etiquetas, como el color de la piel o las preferencias sexuales.

¿Qué experiencias tuviste en la conformación de lo que sería Del otro lado del espejo?

―A mí el proceso de investigación me resulta más interesante que la propia obra acabada. La gente que conocí fue determinante en la factura de este texto, los que me regalaron trozos de sus vidas y permitieron que me insertara en sus dinámicas, en su intimidad y cotidianidad, en sus redes de relación, me enseñaron muchísimas cosas, una de ellas, la más importante, a luchar contra mis propios prejuicios.

El epílogo tiene algo así como una oda a los personajes que me han ayudado en su conformación, que en realidad no es mío. Yo soy un exorcista.

A partir de los análisis epocales que realizas en tu texto, ¿cuáles etapas consideras fueron las que mayormente marcaron la diferencia? ¿Cómo es su estado actual y que tal se asoma el futuro?

―Evidentemente en todas las épocas históricas los procesos de regulación socio-sexual no han sido iguales respecto de la construcción de esos otros sexuales.

El siglo XIX, por lo que me cuentan los personajes que descifro en legajos de archivos y artículos de prensa, tiene que haber sido muy difícil en ese sentido. Las historias son muy conmovedoras. Este marcó el inicio de los discursos de la medicina, que se estableció como un nuevo ministerio; asimismo la psiquiatría, las ciencias penales, entre otras disciplinas que construyeron esa otredad sexual atravesada por el estigma de la enfermedad, la locura y la delincuencia.

Ahora, ¿cambios...? No los percibo tangiblemente. Ha sido un problema histórico-cíclico el tema de la otredad sexual no sólo en Cuba, sino en Occidente. ¿Cómo veo el futuro? No me animo a ser categórico sobre esa cuestión. Hay gente en Cuba que está haciendo cosas para que haya una apertura, una especie de descongelación de determinados tópicos; eso es muy importante. Sin embargo, el debate y las negociaciones culturales todavía están permeadas de esa carga médico-patológica que sigue acentuando la condición enfermiza y devaluada de estas personas.

Hablemos de la "homofobia" o discriminación hacia los otros sexuales como concepto.

―En el campo cultural, existe un orden genérico-sexual en el que se han construido en el tiempo criterios acerca de la "normalidad" y la "anormalidad". Al mismo tiempo se crea una maquinaria de saber-poder que opera como representación hegemónica, delimitando y organizando la existencia sexual de los sujetos. La forma más obvia o más visible de su ejercicio es la censura, la vigilancia y la sanción normalizadora. Este proceso se sedimenta en la ideología heterosexista, que promueve la superioridad de la heterosexualidad y su derecho a ser impuesta, mediante relaciones de poder. Esto se conoce ciertamente como homofobia.

Muchos teóricos de la sexualidad la han conceptualizado como aquellas acciones culturales que buscan nominar y suprimir a los sujetos que se escapan del modelo heterosexual, a la supresión de esa diferencia y al esclarecimiento de roles de género-sexo, también como una especie de miedo.

Ese es realmente un término muy difundido. Sin embargo, la noción de heteronormatividad esbozada por Michael Warner, me parece mucho más abarcadora que el concepto de homofobia. La heteronormatividad da cuenta de cómo se construye institucionalmente la "normalidad" analogada a la heterosexualidad en una relación constitutiva. Así, más que el temor a lo homosexual, a lo raro, a lo ambiguo, lo que predomina es la obsesión social de contener tales expresiones, distanciarlas y confinarlas a la otredad.

¿Qué impacto crees tendrá tu libro en nuestra sociedad? Lo que llamaríamos el reflejo del espejo.

―No me animo a especular o a vaticinar nada al respecto. Prefiero continuar expectante hasta que él recorra el camino que la misma vida le trace.

Sí tengo la ilusión de que influya en las Ciencias Sociales en Cuba, muchas veces de espaldas a la realidad que nos circunda; saturadas de abstracciones, eufemismos, términos y conceptos, cómplices del poder y las etiquetas. Si puede contribuir a que la academia se responsabilice más con las realidades y los temas que estudia, entonces habrá valido la pena.

Adonis Sánchez Cervera

Tomado de Esquife

01/11/2006 GMT 0

El sexismo en el sistema educativo (II)

negracubana @ 12:21
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Esta es la segunda parte del estudio que realizamos y que decidí compartir con Uds. para que vean que las diferencias no son muchas a pesar de que nuestro modelo es socialista, es que sexismo está en la médula y 47 años no son aun suficientes.


ANALISIS DE LOS RESULTADOS

Programas de estudio
Son muchas las informaciones que nos brinda el análisis de los programas de estudio; en primera instancia es posible notar en el gráfico siguiente la utilización de manera absoluta del masculino como genérico: niño, adulto, hombre, autor y la atribución por defecto del femenino a actividades o funciones como auxiliares pedagógicas, maestra, y educadora.

Categoría Sustantivos
Actividad atribuida por defecto el femenino Maestra, educadora, auxiliares pedagógicas
Femenino Madre, madres, hermanas
Doble género Hembras/ varones
Masculino como genérico + diversidad Niños, pequeños, adultos, héroes, abuelos, coetáneos, compañeros, padres, hijos, los preescolares, vecinos, ganadores, los integrantes, revolucionarios cubanos, trabajadores, los miembros, todos, padres
Masculino como genérico Adulto, niño, autor, papá



Para realizar un análisis más detallado decidimos discriminar la utilización del masculino como genérico en singular y plural, pues consideramos que el plural puede estar haciendo alusión a la diversidad de seres humanos, mientras que el uso del singular solo hace mención a un patrón único, restringiéndose toda la humanidad a un sustantivo.

Realizamos tal distinción alentadas sobre todo por las valoraciones de la Teoría Feminista que en un inicio sólo habló de “mujer” y posteriormente a pedido de las mujeres negras concibió entonces el término “mujeres”, en este sentido va nuestro análisis. En otras ocasiones, mayoritarias, se utiliza el masculino como genérico plural lo cual pudiésemos interpretar como que tratamiento a la diversidad cada día es mayor.

Con relación al uso de sustantivos en femeninos o la simple utilización de los términos hembras o madres sólo se realiza vinculado a la naturaleza y al mundo social, lo cual pudiese ser casual, sin embargo las que tenemos formación feminista podríamos reconocer acá una información relevante en tanto a las mujeres se les ha vinculado siempre, dentro de la cultura patriarcal, a los elementos más naturales, de ahí que se nos considere más sensible, emocionales, irracionales y exitosas en las relaciones interpersonales.

Materiales didácticos, cuentos e ilustraciones.

· Cuadernos:
Recordemos que en grado preescolar los cuadernos están conformados a partir de imágenes, en el análisis de las mismas pudimos notar que de manera general se utilizan iconos sin implicaciones sexistas, se muestran plantas, animales, objetos de uso cotidiano, instrumentos de trabajo, etc., ambos, niñas y niños, deben trabajar con los mismos, coloreando, ordenando o realizando las actividades pertinentes. En los casos en los que se presenta la figura humana se logra representar a hembras y varones por igual incluyendo las diferentes razas.

Ahora bien, en los cuadernos existe sólo una imagen que contiene un contenido sexista puesto que se asocia la realización de las tareas doméstica a la mujer, a pesar de ser una sola es definitoria, pues es una de las dos presentes en los cuadernos que plantea este tema, pero lo realiza utilizando el estereotipo que alrededor del mismo se ha construido, las tareas del hogar son femeninas.
Dos de los tres cuadernos constan de una introducción dirigida a los/profesores los que fueron analizados puesto que se da un fenómenos interesante por una parte se utiliza el masculino como genérico para dirigirse al profesorado, y al alumnado sin embargo las firmantes si asumen su género: se dirigen al educador pero firman como las autoras.

· Programa televisivo “Mi TV”
Relativo a la cantidad de personajes que participan en tal programa cabe destacar que prevalecen los personajes femeninos, ocho en total, constituidos por la protagonista (maestra, mujer blanca), un personaje secundario y seis niñas. Los varones son cuatro, un co-protagonista, personaje que permanece más tiempo en pantalla, y tres niños.

El personaje co-protagónico es un hombre, de nombre Pancho Majagua, campesino claro está, carácter que es reforzado con el nombre y que hace una historia, de la cual se pudieron extraer los siguientes parlamentos:

ü “… el hombre al igual que los animales nace del vientre de su madre.”
ü “…cosas que logra el hombre con su trabajo.”
ü “…hombre que fue a cazar un venado que vivía en el campo con su esposa.”
ü “…todos los vecinos de Felo Pérez…”
ü “…la mujer de Felo Pérez hacia los dulces para los vecinos y para ellos mismos…”
ü “…a la señora se le perdió la escoba.”

Si nos detenemos en ellos, podemos denotar como el personaje masculino de la historia es quien tiene un rol activo, posee propiedades y hasta una esposa, llamando la atención la pasividad con la que es construido el personaje femenino, y cuando no era así es porque estaba haciendo labores domésticas, además es propietaria quizás el artículo menos importante de aquella casa: la escoba. Igualmente, es posible advertir el uso del masculino como genérico, sencillamente los otros guajiros ni siquiera tenían esposas porque los vecinos son todos varones.

Relativo al tema racial. de los doce personajes, nueve son blancos, sólo hay dos niñas mestizas y otra negra, ninguno de los adultos/as es negro/a incluyendo los/las protagonistas.

· Tarjetas para construir historias.
En este caso analizamos tres secuencias de tarjetas, una relativa al proceso productivo de la agricultura, otra que representa jugar con una pelota, y la última relacionada con un hábitat campestre, en todas se representan hembras y varones.

En la primera historia el personaje femenino participa en todo el proceso de producción de las frutos, de la siembra, la cosecha, la venta, de la ingesta, sin embargo no colabora en cargar las cajas que las contienen lo cual pudiese estar señalando la creencia de que las mujeres no podemos cargar peso pues somos frágiles y débiles. En la segunda secuencia la niña asume los roles pasivos: recibir la pelota, comerse un chupete, mientras que el varón lanza la pelota y le da su chupete a la nena. La restante secuencia muestra un contenido y un tratamiento no sexista.

· Personajes motivadores:
Los payasos, Picaflor, Payasín y Pirulí son utilizados cada día como motivadores e incitadores de las actividades docentes y/o de actitudes, valores y conductas. Los tres son varones, amén de que uno de ellos tiene un nombre unisexo y se decora la cabeza con flores.

 

Los murales, los rótulos, las señales y los carteles.

· Mural general de la escuela
Este mural se encuentra en el lobby central de la escuela justo delante del aula de preescolar, allí se dan informaciones generales, sobre la escuela, el profesorado, las organizaciones y se decora con bastantes imágenes así como llamados a determinadas actividades o comportamientos y citas textuales.

De manera general todos los llamados utilizan el masculino como genérico. Sin embargo las hembras están representadas en imágenes no así en palabras como ya dijimos. Los héroes sólo son hombres: Che, Mella, Paquito Rosales, no existiendo ninguna referencia a una mujer ni iconográfica ni verbal escrita. Las representaciones en las paredes son de dos tipos: celebres, que constituyen l rincón martiano, o lúdicas formado por personajes que adornan el aula: la sirenita, el osito, etc. Entre unas y otras ambos sexos están representados, sin embargo lo más llamativo resulta el cuerpo sexualizado que presentan las figuras femeninas lúdicas, y que responde al estereotipo cubano de belleza femenina.

Interiorización de estereotipos de género en el alumnado.

· ¿Qué es lo que más te gusta de ser?
Las respuestas de los niños a estas preguntas se encuentran fundamentalmente alrededor del disfrute de la infancia (4 de 5 argumentos), mientras que un solo argumento alude al rol sexual y genero de ser padre. En el caso de las niñas estas ven como provechoso la posibilidad de usar atributos determinados, la asunción del rol materno y de las actividades domesticas. El análisis revela que las hembras sienten más placer por lo que todavía no son, mostrándose una exagerada preocupación por funciones que aun no le corresponden, y estando su realización en un futuro muy lejano para cuando se tienen cinco años, igualmente la presencia de los roles maternos y domésticos, nos hablaría de cómo las nenas desde muy pequeñas se les entrena para ser excelentes madres y domésticas. Por su parte los chicos, como que disfrutan mas la edad que tienen y las posesiones con las cuales juegas, sin embargo el argumento de ser papa podría interpretarse de manera similar al de las hembras pero sin la misma profundidad.

·
Conceptos de niña/macho.
Ambos sexos construyen el concepto de hembra/macho a partir de las referencias externas, fundamentalmente las del médico que es quien diagnóstica el embarazo y con ayuda el ultrasonido, el sexo de la criatura antes del nacimiento. Esta exploración resultó muy interesante porque permitió corroborar como a los cinco años de edad los conceptos en ocasiones están conformados por atributos no definitorios para la categoría y el papel activo de la persona adulta en la formación de dicho concepto. Además de que revela la pertinencia de una intervención eficaz de tipo no sexista en este tema.

Varones:¿Por qué ellas son hembras? Hembras:¿Por qué ellos son machos?
Porque nacen de su mamá. Porque tomaron leche de su cuerpo, de su teta. Porque cuando eran chiquitas, que eran una bolita, se fueron formando creciendo, hasta que nacieron. Nacieron de su mamá, cuando nacieron se vio que eran hembras. Porque nacieron de la barriga de su mamá. Porque nacieron de la barriga de su mamá, se vieron en una computadora y el médico les dijo a su mamá que si era hembra o varón. Porque el médico le hizo una placa a su mamá y le dijo que era varón. Por que su mamá fue al médico, y él le hizo (se toca la panza y mueve la mano en círculo) y le dijo que era varón.

§ Roles durante la hora de juego.

Durante la observación de la hora del juego pudimos constatar que niñas y niños asumen
roles activos, solo que en temáticas diferentes. En la semana durante la cual realizamos el trabajo de campo en la escuela la consigna de juego estaba relacionada con las funciones y actividades dentro de un agro mercado. Por lo general los varones fueron quienes lideraban estas actividades, vendían, almacenaban y las hembras fundamentalmente compraban. Paralelamente, en el área existían juguetes propios de las tareas domesticas, los cuales eran manipulados mas por las niñas que por los varones. Ellas dormían a los/las bebes, le daban la comida, iban a la peluquería, etc. 5.

Manifestaciones de violencia y afectividad.

Violencia Las agresiones tanto física como verbal de los niños y niñas de esta aula de grado preescolar es bastante frecuente y se comportó de la manera siguiente:

  • agresión física de varón a varón:5
  • agresión física de hembra a hembra: 3
  • agresión física de varón a hembra: 1

 

  • agresión verbal de varón a hembra: 2
  • agresión verbal comparación con animales de hembra a varón: 1
  • agresión verbal de hembra a varón: 1
  • agresión verbal de hembra a hembra: 2

Lo cual nos dice que prevalece en esta edad la violencia física sobre la verbal. Los varones son más emisores de violencia física y por consiguiente más receptores de esta misma violencia por parte de otros varones y de violencia verbal de parte de las niñas, estas últimas son más receptoras de violencia física por parte de sus congéneres de que de los varones y en general son mas emisoras de violencia verbal. Esto puede estar asociado al hecho de que a las niñas se les entrena para que hablen y a los varones para que peleen entre ellos pero a las niñas no se les pega, al final todos son estereotipos sexistas.

Afectividad.

De manera general las chicas son más afectivas, entre ellas, para con la maestra y para con los varones del aula. Los varones son receptores de esa afectividad por parte de las niñas, pero son menos afectuosos.

IV. CONCLUSIONES

1) La metodología de investigación acción participativa demostró ser apropiada para lograr el objetivo general del proyecto.

2) Es evidente en todos los ámbitos analizados que en el grado preescolar de la escuela primaria donde se hizo el estudio se manifiesta la existencia de sexismo en las conductas, lenguaje y actitudes del profesorado y del alumnado.

3) Considerando que esta escuela es un centro de referencia y que su programa es común a todas las demás del sistema pudiera concluirse que aún en el currículo oculto de la escuela cubana persiste el enfoque y las conductas sexistas, lo cual hace que se conserve y trasmitan estereotipos sexistas legitimándose la inequidad de género.

4) Las manifestaciones más reiterativas de sexismo se reflejan en las diferentes valoraciones con que se asumen y distribuyen los roles: los pasivos para las hembras, los activos para los varones.

5) En la composición de los medios de enseñanza se observa desigualdad en la proporción racial, lo cual podría dejar sin referente a los niños y niñas negros/as y mestizos/as.

6)