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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría:

24/07/2008 GMT 0

Elizabeth, habla sobre su boda con Mónica

negracubana @ 11:45

A Elizabeth y Mónica las conocí en plena faena para terminar una publicación escrita por chicas lesbianas y dirigida a la sociedad cubana en general. Les colaboré con la edición del material y aportándoles unas cuantas más. Ellas, son muchachas que tienen muchas ganas de hacer y que han sorteado diversos obstáculos para poder estar juntas y vivir su amor. Les comparto las palabras de Elizabeth el 17 de mayo del presente año en la celebración por en Día Mundial VS Homofobia

Mitos y lesbofobia

Por Elizabeth Cabrera, estudiante de sociología de la Universidad de La Habana

Mónica y yo hicimos un trabajo investigativo sobre el nivel de machismo presente en parejas de lesbianas. Nos acercamos al CENESEX en busca de algún estudio previo sobre el tema y nos encontramos con la falta de bibliografía que existe. Pero, nos enteramos de un espacio en el centro donde se reunían mujeres lesbianas.

El primer día que asistimos estaba Mariela Castro junto a otras personas comentando sobre una estrategia educativa que se quería lanzar a través de los medios de comunicación para visualizar el tema de la diversidad sexual.

Por supuesto, inmediatamente nos sentimos interesadas y con ganas de colaborar en lo que pudiéramos. Y hoy estamos aquí en este lugar, haciendo realidad este anhelo de tantas personas y construyendo un camino hacia la búsqueda de la igualdad de derechos para todos y todas.

En Oremi encontré una forma de luchar contra las discriminaciones. Siento que estoy haciendo, que contribuyo y que se puede lograr nuestro objetivo.

La boda

Todo comenzó por una idea de una fiestecita entre amigos donde yo y Mónica nos juraríamos amor eterno y se convirtió en la primera boda de lesbianas, apoyada por una institución cubana. El CENESEX nos brindo su patio interior.

Esa fue la muestra de amor, de compresión, de apoyo más grande que Mónica y yo pudiéramos tener. Ese día en el CENESEX se respiraba amor.

Mitos
Existen muchos mitos alrededor de la mujer lesbiana, incluso más de los que existen para los hombres. Nosotras somos más juzgadas por estar la sociedad sujeta a leyes y costumbres patriarcales. Por ejemplo, una de las cosas que se piensa es que a las mujeres lesbianas no les interesa la maternidad, sin embargo, el derecho a la reproducción asistida, es causa de lucha en muchos países.

Hemos idealizado tanto el papel de la madre que cuando las personas homofóbicas piensan en una mujer lesbiana, no pueden ver a una mujer que ama a su hijo o hija, tanto como lo hace una mujer heterosexual.

La crianza no esta determinada por la orientación sexual de los padres, no es una atracción sexual hacia el esposo del vecino o hacia el novio de la amiga, simplemente son dos personas que se aman que quieren ser parte de la sociedad, que quieren contribuir con ella y que quieren formar a su hijo o hija.

La ley no cuestiona a una mujer heterosexual con problemas de alcoholismo y droga, con malas condiciones de vida, que tiene un hijo y lo que más se escucha de la gente es: “¿Esa está loca, como va a mantener a ese niño?” y siguen conviviendo con el fenómeno en su cuadra.

Otro de los mitos es que una pareja homosexual solo va a criar un hijo con tendencia homosexual y yo me pregunto: ¿cuántos de los homosexuales que estamos aquí somos hijos de homosexuales?

La homosexualidad no es algo que se enseña, no se aprende, no se contagia, es solo una preferencia sexual. Y al aceptarla, lejos de pensar que se pone en peligro la heterosexualidad, vamos a pensar que se van a evitar muchos crímenes, suicidios, fases de aceptación y conflicto entre los hijos y los padres, se van a abrir canales de comunicación que van a crear un acercamiento en las relaciones paterno-filiales.

Acabar con la homofobia es acabar con miedos, distanciamientos entre padres e hijos, discriminación, conflictos laborales, darle la oportunidad a todos y todas a luchar por un futuro de igualdad de derechos y oportunidades para todos, es darnos cuenta que existen otros tipos de discriminación contra las que también debemos luchar. Porque ¿La diversidad es la norma?

Lesbofobia

Hay veces que nos encontramos con personas que toleran a los hombres homosexuales, pero que no aceptan a la mujer lesbiana y eso es reflejo del discurso androcéntrico que sufrimos cada día, que hace ver a los hombres superiores a las mujeres. Por eso es que se afirma que la mujer lesbiana es triplemente discriminada.
A veces vamos por la calle y los hombres se meten con nosotras y nos dicen que si no queremos que nos haga compañía, que lo que nosotras necesitamos es a un hombre, y eso es un tipo de violencia que sentimos a diario y es una de las cosas con las que tenemos que luchar para hacerles ver que somos una pareja y que no necesitamos de terceras personas.

Otra de las cosas que se comenta es que la mujer lesbiana es una mujer masculinizada, y que cosa es estar masculinizada o feminizada, eso es simplemente una construcción que nos crean y una educación, cuando tu vas a la escuela y en la familia te enseñan que las niñas se sientan con las piernas cruzadas y que los varones no y realmente cuando la mujer asume su orientación, o sea como se dice, sale del closet, quizás ya no este intentando ese coqueteo hacia el hombre y eso provoca que ya no sea esa mujer tan femenina como “se quiera que sea” o como quiera la sociedad que sea y creo que eso es uno de los mitos que más nos afectan.
Ese hecho de que nos vean como un hombre o que nos pregunten quién es el hombre y quién, la mujer… No existe un hombre y una mujer, solo son dos personas que se aman y que comparten una vida.

22/07/2008 GMT 0

Cine Club "Diferente"

negracubana @ 14:45
El Cine Club "Diferente"vuelve el próximo 24 de julio a las 8:30 p.m. en el cine Riviera (Calle 23 y Ave. de los Presidentes) con la co-producción anglo-norteamericana Botas Kinky (Kinky Boots - 2005)

Director: Julian Jarrold

Sinopsis: Una travesti rescata a un hombre que, tras heredar la fábrica de zapatos de su padre, necesita diversificar la variedad de su producción si quiere mantener su negocio a flote...


... y recuerden que, después de la película, tenemos debate sobre el tema del filme!


P
rosigue su andadura el Cine Club Diferente en La Habana con "Kinky boots"

La próxima oferta del Cine Club “Diferente” será este jueves 24 de julio y abordará el complejo mundo del travestismo mediante el filme anglonorteamericano “Botas Kinky” (Kinky boots), de Julian Jarrold, en la misma sala, hasta tanto se terminen las labores de remodelación del Cine 23 y 12, sede habitual del encuentro, que busca presentar cintas, cuya temática esté relacionada con el mundo de la diversidad sexual.

Cien minutos, cien años de cine. Así podría llamarse de forma alternativa el documental "El celuloide oculto" que, el mes pasado, nos presentó en su ya habitual Cine Club “Diferente” el crítico y escritor cubano Frank Padrón Nodarse. No hay dudas, que Hollywood, a lo largo de esta centuria y algo más, ha tenido oportunidades de acumular glorias y sinsabores. Difícil entonces, ante una producción tan prolífera, que algún tema de esta vida variada y llena de vericuetos, escapara de sus tentáculos y no pasara por su filtro, ya fuera para bien o para mal.

Así pues, "El celuloide oculto" (The Celluloid Closet), coproducción franco-alemana-británico-estadounidense, de 1995 devela, con la maestría del gran arte fílmico, cómo la industria del entretenimiento norteamericano, luego de una relativa y sorprendente ‘liberalidad' en sus primeros años, trató de depauperar la imagen y la autoestima del homosexual, así cómo aquellos realizadores conscientes y necesitados, se montaron en las alas de la metáfora y la sutileza para, al menos discretamente, reflejar en la pantalla grande, la vida de aquellos que escogieron amar de forma diferente.

A través de fragmentos, muchos de ellos censurados en su momento y perfectamente integrados al discurso, Robert Epstein y Jeffrey Friedman repasan con vocación de relojero, los mil y un ejemplos, en que Hollywood ejerció sus ‘buenos oficios' en el tratamiento de este lado de la vida, hasta hace poco silenciado por el main-stream del entretenimiento popular.

No faltan nombres de peso del showbizz, para reafirmar que no siempre la gran industria jugó limpió cuando el asunto era retratar a los homosexuales en pantalla. Entre ellos este ‘talking-heads' nos brinda los testimonios de astros como Tony Curtis, Whoopi Goldberg, Tom Hanks, Shirley MacLaine, Susan Sarandon, Gore Vidal y otros muchos que, al ser asumidamente gay, no podían ver con buenos ojos el mal manejo que de su experiencia vital se hacía.

Tampoco faltan ejemplos de filmes, aparentemente, inocentes que, de forma velada, presentaban situaciones de claras implicaciones homosexuales. Verbigracia Rebeca o Ben Hur, por sólo mencionar dos casos. También abundaron muestras de caricaturas, exacerbaciones, denigración y fatalismo. La lista sería interminable.

Claro quedó para el público, que llenó la espaciosa sala del cine Riviera de la Habana, que tal tratamiento no siempre fue casual, de hecho casi nunca y parecía encerrar unos lineamientos hasta ahora poco claros, pero no por ello menos destructivos.

El debate – parte implícita y fundamental del proyecto de Padrón Nodarse – se trabó a partir de las opiniones del auditorio y de importantes personalidades de la cultura nacional, que además de aquilatar las calidades del producto cinematográfico sometido a su consideración, aprovecharon el momento para la sana catarsis y la reflexión productiva, en torno del fenómeno que allí los había reunido.

Una vez más, Mariela Castro Espín, jefa del Cenesex, concedió la gentileza de su presencia y aprovechando el momento también hilvanó ideas sobre la necesidad de la presencia del gay en los medios, pero siempre a partir de posturas de dignidad.

© Antón Vélez Bichkov-NOTICINE.com

21/07/2008 GMT 0

Las Ciencias Sociales: En Cuerpo de Mujer y con Voz de Hombre. Neoliberalismo epistémico patriarcal

negracubana @ 18:12
Violencia epistémica de género desde el canon de las ciencias sociales • "A nuestro equipo de trabajo le inquietó que una formación en ciencias sociales fuese condición de imposibilidad para pensar el género, es decir que la epistemología y las metodologías de las ciencias sociales colonizaran y neutralizaran las potencialidades subversoras del campo de género"

por Miguel Gil

Las Ciencias Sociales: En Cuerpo de Mujer y con Voz de Hombre

Hoy es difícil negar que los movimientos de mujeres y los feminismos, hayan influenciado el constante crecimiento del acceso de las mujeres a la Universidad y a los mundos de las ciencias sociales en particular. Pero resulta muy polémica la idea de que la participación de más mujeres en la educación superior y en la producción científica haya producido cambios en los modos en que se ejercen las prácticas académicas y de producción de conocimiento o en redefiniciones de los contenidos del conocimiento científico.

Tampoco es evidente que más mujeres estudiando o haciendo ciencia, signifiquen la reorientación de la investigación hacia temas que tomen en cuenta problemas formulados a partir de una experiencia marcada por la diferencia sexual.

Desde hace 5 años vengo desarrollando un trabajo académico y político con perspectiva de género en una Facultad de Ciencias Sociales. He acompañado a las estudiantes durante un ciclo completo de su formación, es decir, desde que ingresaron al primer semestre de sus programas de educación superior, hasta ahora, que están terminando sus trabajos de grado. Varios de ellos fueron elaborados con perspectiva de género.

Durante este lapso de tiempo hubo una situación particular que llamó mi atención: gran parte de las estudiantes encontraban dificultad para conciliar los modos aprendidos de hacer ciencias sociales, con los modos de pensar desde género. Aquellas estudiantes que formulaban un problema de investigación a partir de la problematización de sus experiencias de género, al trabajarlo con las herramientas conceptuales y metodológicas que les da su formación profesional, terminaron perdiendo la perspectiva, extraviándose en los vericuetos de la búsqueda de la verdad científica occidental.

Ello no debería resultar extraño, dado que los conceptos que conforman a las ciencias sociales al parecer no constituyen un lenguaje capaz de nombrar aquellas experiencias que las estudiantes consideran de relevancia para el género. Si bien durante los cinco años de mi ejercicio de la docencia en ciencias sociales, he sido testigo del constante y progresivo aumento del número de mujeres que ingresan a la educación superior, junto a ello, he presenciado el progresivo silenciamiento de las voces autorreflexivas que habíamos logrado en el trabajo con las estudiantes.

Durante los semestres que duró la elaboración de sus trabajos de grado, las estudiantes parecían ser capturadas por unos modos de pensar los problemas, por unas metodologías de investigación y por algunos procedimientos institucionales, que de alguna forma vaciaban el potencial político que movilizaban sus trabajos.

Dichos proyectos, que al comienzo del proceso habían comprometido vitalmente a las estudiantes con sus relaciones de género, redujeron progresivamente el horizonte de observación al mismo tiempo que avanzaban en su formación epistemológica en ciencias sociales. Podría afirmarse que las formas de percibir, significar y representar las realidades de género eran colonizadas en sus imaginarios (concepto que ya ha sido usado en las ponencias durante este evento*).

Fue así como en nuestro equipo de trabajo emergió la inquietud de si podría estar ocurriendo que una formación en ciencias sociales fuese condición de imposibilidad para pensar el género, es decir que la epistemología y las metodologías de las ciencias sociales colonizaran y neutralizaran las potencialidades subversoras del campo de género.

Un recurso alegórico para entender esta problemática lo encontramos en un relato mitológico, el de Piral, quien tiene cuerpo de mujer y voz de hombre. Debido a su ambigüedad corporal es condenada al destierro y enviada hacia una ciudad cuyos habitantes eran ciegos. Allí logra destacarse durante años en la vida pública, debido a su habilidad como oradora, llegando a desempeñarse como respetada consejera. Años después, los habitantes del pueblo recuperan la visión, y al enterarse de que aquella voz que daba consejos coincidía con el cuerpo de una mujer, entran en cólera y la someten a juicio, condenándola a quedar sin voz, despojada de su lengua y su boca. Así mismo establecieron que los consejos e ideas, tantos años aceptados y reconocidos eran un engaño y formaban parte de un plan para destruir su cultura.

La presente ponencia pretende hacer un ejercicio autorreflexivo desde las ciencias sociales y propone algunos puntos para el análisis y el debate de las situaciones antes señaladas. Además promueve algunas perspectivas frente a un problema en el que creemos se juega la integración o la separación radical entre hacer y conocer.

Tendencias Epistémicas Neoliberales

Desde hace más de diez años, en América Latina, el campo de las ciencias sociales ha sido escenario del despliegue de tendencias epistémicas neoliberales. Tales tendencias se identifican con la mirada de un hombre/blanco, masculino/heterosexual, capitalista/patriarcal militar.

Si bien es cierto que tales condiciones de producción del conocimiento social fueron asumidas e institucionalizadas por las Universidades desde hace varios siglos y que ya habían entrado en crisis por las críticas provenientes desde los feminismos y desde los paradigmas de los estudios literarios y culturales de tendencia posestructuralista, no podemos dejar de advertir el hecho de que desde la década de los 90 del siglo XX, en las facultades de ciencias sociales en Latinoamérica se reactualizan y fortalecen ciertas condiciones de pensamiento fundadas en la división binaria de la realidad. Tal reactualización es entendida aquí como parte del despliegue de cierta globalización extendida a los campos de la universidad y de las ciencias sociales.

Dichas epistemes han logrado reposicionarse como hegemónicas mediante la repetición de un doble ejercicio de poder. El primer movimiento al suplir el lugar de enunciación, ocultándose así la localización corpo/política del sujeto y por ende sus marcas de raza lengua, clase, edad, sexo/género etc. Simultáneamente autoproclamándose como única racionalidad capaz de ordenar el mundo y con autoridad para juzgar a cualquier otra.

De esta forma, el canon del pensamiento binario reposicionó en las universidades latinoamericanas esa mirada del mundo, colonizada por las reglas dualistas que sostienen al patriarcado epistémico. Este naturaliza dicho modo de ver, conformándose como dispositivo principal de pensamiento social y a partir del cual se establecen criterios para financiar la investigación y cuyos resultados son la base para dar forma a la política pública.

Actualmente tal regreso latinoamericano a los paradigmas científicos del siglo 19, se legitima a través de la implementación de sistemas nacionales de ciencia y tecnología. Estas entidades se encargan de medir los currículos de los investigadores y de ubicarlos en una escala que privilegia a aquellos que producen conocimientos útiles para ser circulados según la lógica del mercado académico y editorial. De esta forma, se desplaza a la investigación en campos como el del género, que moviliza intereses distintos a los de las meta-narrativas empleadas como “ciencia para el progreso, ciencia para el desarrollo, ciencia para la paz y hasta ciencia para la igualdad de género”.

Así mismo, tales instituciones ordenan e implementan las políticas de investigación en ciencias de nuestros países. (No creo que en Cuba, pero…) En síntesis, desde instituciones articuladas a intereses económicos globales se da forma a los criterios que determinan qué, para qué y quiénes investigan en ciencias.

No deja de ser sospechoso que en algunas regiones de América Latina, como Colombia, el correlato político de dichas tendencias epistémicas se expresa hoy a través de la omnipresencia de su figura presidencial, encarnada en un líder que habla el código de un hombre/blanco, masculino/heterosexual, capitalista/patriarcal militar, cuyo discurso político recicla los temas del siglo 19 latinoamericano como son la paz, la patria, el orden, la obediencia a la autoridad, el cumplimiento del deber, la familia patriarcal como núcleo social y revive para la mujer los valores del “ángel del hogar”, imagen que reactivó en mi país las prácticas más reaccionarias en términos de género.

Paradójicamente, en Colombia no dejamos de sorprendernos cuando se conoció que fueron las mujeres quienes determinaron la reelección del actual gobierno y quienes con más vehemencia idealizan la figura presidencial, cuyo gobierno instaló un régimen social paramilitar, expandido regionalmente a través de las prácticas más machistas que yo haya conocido en el continente y quizás en el mundo. En efecto, justo en el momento en que Colombia pareciera entrar en la línea de lo políticamente correcto en términos de género y justo cuando las mujeres parecieran estar ocupando espacios sociales antes vedados, es cuando se fortalecen cultural y epistémicamente las tendencias patriarcales mas arraigadas.

Dispositivo epistémico colonial y producción de violencia epistémica de genero

La violencia epistémica de género se produce desde un dispositivo cuya lógica determina la alteración, la negación, y en casos extremos, la extinción de los significados de la vida simbólica de un grupo social. Por ejemplo la prohibición de una lengua materna en una nación ocupada, constituye una de las formas extremas de la violencia epistémica.

En su dimensión de género, tal violencia se relaciona con la enmienda, con la revisión y el borrón o la suplantación de los sistemas de simbolización, representación y subjetivación que las mujeres tienen de sí mismas, por ejemplo sus formas de registro y memoria de la experiencia.

Es importante subrayar que estos procesos de violencia simbólica están entrelazados con procedimientos que median, traducen y diluyen esa voz otra. Son procedimientos sutiles que han impuesto el sentido de la traducción, de la enmienda sin marginar a las afectadas. Estos procesos ejercen, por así decirlo, un chantaje cognitivo al plantear la dificultad o la imposibilidad de escuchar la voz otra desde sus modos y desde su cuerpo.

Durante los últimos años se han pronunciado al respecto algunas autoras feministas que relacionan la opresión de la mujer con “el carácter cada vez más «científico» de la sociedad occidental” (Spivak, 1989, Shiva, 1989; Merchant, 1992). Otras autoras no comparten esa visión estructural, pero mantienen una crítica cerrada de las prácticas científicas modernas y de sus efectos cosificantes y de exclusión sobre las mujeres (Haraway, 1991, 1997; Downey y Dumit, 1997).

Siguiendo esa línea de pensamiento procederemos a plantear una rápida genealogía del dispositivo que organiza la violencia epistémica de género en el campo de las ciencias sociales, con el fin de rastrear los modos en que esta adquiere su forma institucionalizada en la Universidad. Nuestra hipótesis es que dicho dispositivo mantiene y reproduce las estructuras propias de la visión eurocéntrica/patriarcal del mundo, al mismo tiempo que captura las posibles líneas de fuga.

La forma epistémica de la violencia de género conllevaría a la destrucción de las condiciones de posibilidad para explicarse el mundo con códigos y referencias propias, inclusive para quienes desde la academia o desde la política pública estudiamos o intervenimos el género. Así mismo dicho dispositivo impediría la emergencia y difusión de epistemologías no binarias, que se desmarquen de las determinaciones del sistema sexo/género y posibiliten conocimientos situados políticamente. (Haraway)

Epistemicidio y Colonización de la Mirada

Genealógicamente y siguiendo las perspectivas poscoloniales, podemos afirmar que el ejercicio de la violencia epistémica de género en América, emerge en Europa a comienzos del siglo XVI, como una de las manifestaciones del proyecto de gobierno imperial español. Este proyecto de dominación encuentra forma bajo la formación del sistema mundo y la expansión colonial de Europa.

Epistémicamente, este proyecto de gobierno exigía que la multiplicidad de modos de pensamiento, es decir, que la diversalidad epistémica de los pueblos del planeta fuera colonizada, traducida y reducida al formato de una serie de diferencias ordenadas jerárquicamente en el tiempo. En consecuencia las “muchas formas de conocer” quedaron integradas a una jerarquía donde el conocimiento científico-ilustrado aparecía en el lugar más alto y adelantado de la escala cognitiva, mientras que todas las demás epistemes eran vistas como su pasado, como la parte más atrasada.

En este esquema la ciencia significaba civilización, mientras que los saberes producidos y practicados por mujeres —junto con el de indios, negros, homosexuales y locos— significaban un estado de barbarie y de atraso, es decir de minoría de edad frente a la adultez alcanzada por la Ilustración.

Una consecuencia relevante de tal proyecto fue que se suplantaron los criterios de validez del conocimiento con criterios de cientificidad del conocimiento. Ello implicó que desaparecieran, que fueran invisibilizadas y/o normalizadas todas otras formas de conocer, que privilegiaban la búsqueda del bien y la felicidad o la continuidad entre sujeto y objeto, entre naturaleza y cultura, o entre hombres y mujeres. De esta maneral, al incidir sobre otras formas de conocimiento, se produjo un epistemicidio: la muerte de los conocimientos alternativos trajo la liquidación o la subalternización de los saberes y que portaban otros grupos sociales, como las mujeres, cuyas prácticas se asentaban en tales conocimientos.

La ciencia y, en particular, las ciencias sociales, asumieron así la condición de ideología legitimadora de la subordinación de las mujeres y constitutiva de la superioridad epistémica masculina para dar cuenta del mundo.

En síntesis, desde el dispositivo epistémico se nos colonizó la mirada a través de la imposición de la idea de que la realidad consta de dos ámbitos ontológicamente separados, promoviendo una separación radical entre lo natural y lo social y entre lo masculino y lo femenino, es decir esencializando la diferencia entre un cuerpo y otro que además pasaba a ser su opuesto. Ello conllevó a entender que la finalidad del conocimiento es la descomposición de la realidad en fragmentos con el fin de dominarla. Esta visión occidental/patriarcal presenta a la naturaleza y a la mujer como el enemigo que hay que vencer para domesticar las contingencias de la vida e instalar el reino del hombre sobre la tierra.

Es en este nicho epistémico que las ciencias sociales encuentran refugio y desde donde se constituyen heredando un imaginario colonial. Los hombres criollos ilustrados, quienes fueron vehículos de esta política del conocimiento, no dudaron en ubicar a las mujeres en el lugar más bajo de la escala cognitiva. Sobre este grupo debía dirigirse la violencia epistémica con el fin de disciplinarlas. El punto aquí es entender que la ciencia no era solamente el lugar de la distancia epistémica de la ciencia frente a la doxa, es decir del conocimiento verdadero frente a la opinión de todos los otros conocimientos, sino también el lugar de la distancia cultural de los hombres criollos frente a las mujeres.

Las Ciencias Sociales y la Universidad como refugios de la Episteme Patriarcal

Las ciencias sociales incidieron sobre la victoria de la episteme científica patriarcal/occidental y se convirtieron en una pieza fundamental para el proyecto de organización y control de la vida humana en América. El nacimiento de las ciencias sociales no es un fenómeno anexo a la organización política definida por el Estado Nación, sino que es una condición de posibilidad de tal organización.

Es necesario generar una plataforma de observación científica sobre el mundo social que se quiere gobernar. Sin el concurso de las ciencias sociales el Estado moderno no se hallaría en capacidad de ejercer control sobre la vida de las personas, de definir metas colectivas a largo plazo, ni de construir y asignar a los ciudadanos una identidad cultural. Las políticas del Estado demandan una representación científicamente avalada sobre el modo en que funciona la realidad social.

Las taxonomías elaboradas por las ciencias sociales no se limitan entonces a la elaboración de un sistema abstracto de reglas, sino que tienen consecuencias prácticas en la medida en que son capaces de legitimar las políticas reguladoras de los Estados. La necesidad práctica que hace emerger las ciencias sociales es la necesidad de ajustar la vida al aparato de producción, disciplinando las energías vitales y orientándolas hacia el beneficio del capital a través del trabajo

Es una idea aceptada que el progreso material de la nación depende de que la Universidad genere cierto tipo de sujetos que incorporen el uso de conocimientos útiles. Dicha idea conlleva el supuesto de que la universidad es la institución que sobre la base de una plataforma absoluta y objetiva determine cuales son las disciplinas científicas y sus respectivos objetos de estudio.

Ello determina, para quienes ejercemos las ciencias sociales, el permanente entrenamiento en un “pensamiento disciplinario” establecido sobre la idea de que los conocimientos tienen jerarquías, especialidades y límites que marcan las fronteras epistémicas que no pueden ser transgredidas. Estas fronteras diferencian entre unos campos del saber y otros. Tal estructura disciplinaria de la episteme recorta ciertos ámbitos del conocimiento definiendo los temas pertinentes a su objeto de estudio. Ello tiene fuertes implicaciones para quienes estudiamos las relaciones de género, porque las disciplinas se espantan ante posibilidad de entender que el cuerpo pueda convertirse en su objeto de estudio. Tal hecho rompería con las fronteras que imposibilitan que percibamos, demos significado y representemos cuestiones relativas al género.

Así, el currículo universitario define los cánones de las disciplinas que actúan como dispositivos de poder, que sirven para fijar los conocimientos en ciertos lugares evitando ciertas perspectivas peligrosas para el establecimiento. La formación profesional que ofrece la universidad, sus organigramas y sus estructuras curriculares, sus programas, así como los textos que circulan, los regímenes de evaluación y el reconocimiento académico de sus docentes apuntan hacia la legítima reproducción de cierta mirada del mundo. La organización disciplinar de la las ciencias sociales constituye así una violencia epistémica de género, en la medida en que los modos de percepción y representación del tiempo y el espacio de las mujeres es silenciado y suplantado por otro marcado por la racionalidad masculina, mantenida por la ciencias sociales tradicionales.

En todos los casos, de lo que se trata es que al articularse al lenguaje binario de las ciencias sociales hegemónicas, las perspectivas de género se vuelven invisibles dentro de los entornos curriculares patriarcales. ¿Por qué no pensar que hombre no es el sexo/género opuesto a mujer sino que son vecinos? ¿El de al lado y no el contrario? Continuar por el mismo camino conduce hacia la recreación del sujeto hombre/ blanco, masculino/heterosexual, capitalista/patriarcal militar.

Es preciso vulnerar y desestabilizar los modelos esencialistas y sexistas de la epistemología dominante, para poder hablar de descolonización de las relaciones de género. Así sea con buenas intenciones, pretender pensar género objetivamente, es decir compartiendo los supuestos de la ciencia occidental/patriarcal, resultaría en un acto de violencia epistémica dado que su racionalidad es la misma del hombre/blanco heterosexual/patriarcal capitalista/militar.

En consecuencia habría que promover miradas que entiendan que ser mujer tiene que ver menos con un cuerpo esencializado y más con un devenir, más con una visión orgánica del mundo en la que naturaleza y humanidad; hombres y mujeres; hacer y conocer formen parte de un todo interrelacionado.

Así mismo, desde la academia es necesario confiar más en los saberes que cotidianamente producen las mujeres para que desde un diálogo entre la academia y esa diversalidad epistémica, emerjan formas de hacer y conocer que puedan ser entendidas como contra violencia y resistencia frente al embate del neoliberalismo epistémico patriarcal, en Latinoamérica.

Con este artículo continuamos una temporada de reflexiones sobre el tema de género y violencia, con trabajos presentados en la pasada edición del Coloquio Internacional Violencia / Contraviolencia en la cultura de mujeres latinoamericanas y caribeñas, organizado, como cada año, por el Programa de Estudios de la Mujer en la Casa de las Américas.

 
Tomado de La Ventana 

El actor Miguel Benavides

negracubana @ 17:45
Ha muerto el pasado 16 de julio —como el poeta Nicolás Guillén— el actor Miguel Benavides, quien representó a Cuba como una fuente viva y diversa del Tercer Mundo

por Nancy Morejón

Siempre decimos que el teatro es fugaz, efímero, a pesar de que su cuerpo existe gracias a un texto escrito por un autor o varios. Es una gran verdad. Un actor no es más que una de sus cuerdas, uno de sus alientos vitales cuya esencia es aún más efímera, más fugaz, más inasible. La vida es también un poco eso mismo; de ahí la grandeza suprema del arte de las tablas. Por estos días, tan sólo ayer, incineramos el cuerpo del actor Miguel Benavides, justo a los tres meses de haber perdido la poesía, la política y la cultura caribeñas a ese grande que fue Aimé Césaire.

La carrera artística de Benavides —médico de profesión— comenzó temprano cuando abandonó su práctica docente, durante los años sesenta, por las tablas, habiendo alcanzado su cumbre cuando encarnaba el personaje del héroe Patricio Lumumba en la pieza teatral Una temporada en el Congo (1973) que dirigiera en La Habana el director Roberto Blanco.

Benavides estaba hecho de bruscos contrastes y muchos de sus personajes estaban construidos a partir de esa característica personal. En una película como Patakín, dirigida por Manuel Octavio Gómez, asumió el protagónico de una comedia musical cuyas sendas de identidad se centraban en un personaje inspirado en la picaresca rumbera de La Habana. Esta obra lo reveló como un excelente comediante cuya fantasía biográfica había nacido de la tradición de nuestros bufos.

Muchos críticos de la época, entre ellos Rine Leal, concedían al talento de Benavides un peculiar sitio en el panorama de la cinematografía nacional. En ese sentido, es importante recordar cómo ha gravitado su peso, por ejemplo,

En la filmografía de un realizador como Sergio Giral; de Rancheador a Maluala hay un espléndido arco en cuyo cenit se dibuja el talento de este creador cuya imagen descuella con gran entrega y oficio no sólo allí sino en infinidad de seriales televisivos de Cuba. Y Cuba siempre formó parte de sus intereses. Fue inolvidable su lectura del ensayo Claves por Rita Montaner, del entonces joven poeta Miguel Barnet, una tarde de 1971, en la cafetería de la Unión de Escritores y Artistas, hoy reconocida como el célebre Hurón Azul.

Curiosamente, durante el último período de su carrera, su trabajo estuvo integrado al elenco de la Compañía Teatral Rita Montaner que ha permanecido vigente durante más de cuarenta años. Benavides buscaba lo cubano en cualquiera de sus manifestaciones. Y como muchos otros teatristas de la época encontró, recreándola, una fuente de inspiración en el lenguaje artístico que naciera en el transcurso de los años treinta. Su condición de actor lo hizo representar el repertorio cubano concebida Cuba como una fuente viva del Tercer Mundo en donde latía esa diversidad india, negra, en fin, mestiza, que impone su sello de identidad a Nuestra América.

Muerto un 16 de julio —como el poeta Nicolás Guillén, cantor de Manzanillo, inolvidable escenario del asesinato de Jesús Menéndez—, el actor Miguel Benavides, hijo de una familia de patriotas de la ciudad de Manzanillo, diseñó su futuro regresando a su tierra natal en donde se esparcieron sus cenizas luego de recibir el cariño y el homenaje no sólo de sus coterráneos sino de todo un público diseminado por toda la Isla, admirador de su obra.

En la bahía que dibujara Benny Moré en el imaginario popular de los cubanos, boga Miguel Benavides, hermoso actor, empujada su barca por los grandes seres que supo encarnar en su mágica y fugaz vida de actor.

Telmary Díaz, poeta de la calle

negracubana @ 16:11
Prefiere el calificativo de poeta de la calle, aunque también el de jazz poet porque la improvisación y libertad del jazz la apasionan. Para muchos, es solo Telmary: “No estoy atrapada por ningún tono ni técnica. Es lo bueno de no haber estudiado música”

por Sarah Moreno

Cuando Telmary Díaz camina por las calles de St. Clair, el barrio de Toronto, Canadá, donde vive desde hace un año y medio, con frecuencia escucha una voz de mujer que grita desde una ventana: "¡Qué equivoca'o!". La frase, que da título a uno de los temas de A diario, su primer CD en solitario, se ha convertido en un himno femenino de rebelión ante aquellos hombres que llegan pintando villas y castillas y después se recuestan y no trabajan.

La cantante cubana, a quienes muchos llaman rapera, aunque ella prefiere el calificativo de ''poeta de la calle'', ha hecho popular el tema en sus conciertos en Canadá, y especialmente en su barrio, donde tradicionalmente han vivido portugueses, italianos y, ahora, muchos cubanos.

''Aquí se celebran unos carnavales con cervezas y cajitas de comida'', informa Díaz, sin poder evitar la comparación con Cuba.

Sentada en el pasillo fuera del apartamento que comparte con su pareja, también músico —para que los ruidos no interrumpan la entrevista telefónica con El Nuevo Herald— Díaz ofrece un paseo por cada uno de los temas de su disco, producido por Roberto Carcasés y Yusa. También echa luz sobre la música cubana más reciente, marcada por uno de los grupos a los que perteneció, Interactivo: "Una nave comandada por Carcassés en la que cada miembro cultiva a su vez una carrera individual".

Rezo, el primer tema que escribió sola en su totalidad, inaugura el disco con una invocación a Elegguá en la voz de Descemer Bueno. ''Los cantos a los orishas son una de las raíces del hip hop cubano, junto al repentismo'', opina Díaz, refiriéndose a los ritmos afrocubanos y a la improvisación de décimas, típica de la música campesina. Para ella, quienes cultivan el género en la isla deben inspirarse en estas manifestaciones autotóctonas y no en los raperos norteamericanos.

Fiesta nació de la amistad. Telmary llegó a casa de Athanai —''el rapero blanco'', como lo llama— en España, y éste la recibió con el saludo: ''Fiesta, para que te la sientas''. "Salió muy orgánicamente. Le dije 'es un coro', y nos encerramos en el estudio y grabamos Fiesta''.

Pa' que vuelva lo escribió de un tirón en una cabina telefónica de Madrid. Dedicado a Frank, un baterista que hoy es su pareja, y enriquecido con el saxofón de Ariel Bringuez, surgió de una noticia desgarradora. ''Me enteré de que se había quedado en Canadá'', recuerda acerca de lo que le comunicó Frank desde el otro lado del Atlántico. "Luego me dijo: 'Sigamos juntos y verás que la vida nos va a unir'''.

Un viejo amor, William Vivanco, la acompaña interpretando Mr. God. Compuesto por ambos, el tema incluye parte de la letra en inglés, idioma que Díaz aprendió cuando estudiaba Lengua y Literatura Inglesa en el Instituto Pedagógico de La Habana.

Marilú, compuesto por Juan Formell, tiene nuevos arreglos de Díaz para A diario y la voz de Mayito Rivera, de Los Van Van. ''Mi mamá se llamaba Marilú, era periodista de Radio Rebelde, y falleció en 1985. Fue amiga de Formell y siempre bailaba esta canción'', comenta la cantante, que desde niña escribía poesía y soñaba con ser periodista como su mamá, aunque también tenía habilidades para las ciencias e incluso llegó a ganar un concurso nacional de Física.

Sueño brujo, con el grupo español Ojos de Brujo, mezcla el flamenco con el hip hop. La fusión apasiona a Díaz, que además de ''poeta de la calle'' acepta llamarse jazz poet porque la improvisación y libertad del jazz la apasionan. Si de algo se precia en sus diferencias con los clásicos intérpretes del hip hop es de tocar siempre con músicos en vivo. También se aparta de la agresividad de la mayoría de las letras.

''Ustedes quieren que me ponga roja y grite. Con mi femineidad voy a lograr que me escuchen igual; equilibrar es la palabra clave'', dice, negándose a imitar a los raperos hombres.

La sensualidad de su voz, los sombreros, pañuelos, turbantes y las prendas artesanales que viste, las mismas que fabricaba con sus manos y que en un tiempo le ayudaron a pagar la renta —en dólares— en Cuba, reafirman que disfruta ser mujer.

''La parte sensual me sale natural. Es lo bueno de no haber estudiado música. No estoy atrapada por ningún tono ni técnica. Soy una persona de palabras'', confiesa.

El gusto por ''actuar'' las palabras cuando canta le ha abierto puertas a filmes como Habana Blues, del español Benito Zambrano, y al más reciente Alborada Carmesí, una película de suspenso colombiana filmada en parte en La Habana por el periodista Luis Hernán Reina.

''Hay un duelo musical entre el Diablo y yo'', adelanta la cantante de su rol en Alborada Carmesí, que probablemente se estrene en septiembre en el Festival de Toronto.


Tomado de La Ventana publicada originalmente en El Nuevo Herald

18/07/2008 GMT 0

Una conversación inusitada

negracubana @ 14:28
A Marla, la autora de este artículo, la conocí en un postgrado sobre Género y Medios de comunicación. Ella coordina varios talleres interesantes en el Centro Martin Luther King (Jr), y acumula una vasta experiencia en Educación Popular. Les comparto entonces su primera publicación en Cubaliteraria.

Una conversación inusitada

Por Marla Muñoz

Zeta, protagonista de Cien botellas en una pared, ha entablado conmigo un diálogo que quiero compartir. Gira en torno a una manera de observar el racismo en el que reconozco, al menos, una parte de mi visión del asunto.

Entre otras cosas, ella dice: “Podrá parecer raro, pero no. Conozco gente así, que ven a los negros como si fueran bultos (con los chinos pasa lo mismo), siluetas de carbón, imprecisas oscuridades…”.

Yo también creo que es así. Me parece que esa es una de las formas más despiadadas de ese prejuicio, que tiene que ver con la percepción de que “todos los negros son iguales”, lo que, naturalmente, incluye el físico. Dudo que haya quien se atreva a decir que eso no tiene lugar. No importa que la apreciación la rescate una novela, género que coloca al libro del que Zeta es narradora en la esfera de la ficción, y que “ficción”, estrictamente hablando, sea antónimo de “realidad”. No importa.

El racismo contra los negros tiene aquí, como en otros sitios, supongo, muchas maneras de expresarse. Más allá de esa tremenda que Zeta anuncia (o más bien denuncia), en mi opinión la peor es la que lo asocia a la broma, al chiste, porque es la forma más común, la que se recibe y transmite con más deleite, atenida a una supuesta, benevolente y única relación con el carácter nacional, con el choteo criollo, lo que, supuestamente, disminuye su nivel de indecencia. Parece que viene, como todas, además, de hace muchísimos años. En mi memoria al menos, de la época que ciertamente me antecedió (decididamente no soy tan antigua) del vernáculo dúo teatral del gallego y el negrito. Y terca y generosamente se extiende, más allá de la calle y el barrio, que son sus lugares por excelencia, hasta los humoristas de hoy, ya sea en el teatro Mella o en la discoteca El cocodrilo. Con la televisión no se atreve abiertamente, como tampoco se atreven otras cosas, anden o no por caminos necesarios, que no es eso lo que interesa ahora.

En contra de esa primera apreciación Zeta probablemente recuperaría, a través de un personaje que no sea uno de sus amigos, esta frase: “Compadre, si yo tengo montones de amigos negros…”. Pero con seguridad, junto a mí señalaría que esa declaración, que viene de personas blancas y resuena con cierto tonillo justificativo, aunque a primera vista pudiera parecer que da cuenta de un posicionamiento antirracista, es decir, socialmente justo, incluyente, como se dice ahora, no es de tal índole. Si no, ¿por qué un grupo de gente blanca se vale de ella con alguna frecuencia? ¿Por qué nadie dice nunca: “Compadre, si yo tengo montones de amigos blancos”? Entonces, ¿será que la declaración primera encierra una sospecha?, ¿será así? Otra vez creo que sí. Y es Zeta la que anota ahora que “(…) resulta bastante desagradable cuando algún blanco exhibe (sus prejuicios) delante de uno, con tremenda naturalidad, como dando por descontado que uno piensa exactamente lo mismo: que los negros son la peor basura que existe sobre la faz de la Tierra”.

La declaración aludida, que repica generalmente ante una eventual protesta –de lo que la “gordita socarrona” bien pudiera recelar-, sostiene una manera, que me parece muy rara, de hacerse ver no racista. Por ahí va su trotar, disfrazado de inocencia.

La frase, nos guste o no, presenta otra de las maneras en que el racismo se eleva en nuestro entorno social, a pesar de la cantidad de negros y negras que hay en Cuba; no obstante que, como afirmamos, “aquí el que no tiene de congo tiene de carabalí”; más allá de que nunca fue como en los Estados Unidos, por ejemplo; a pesar de que en esta isla nadie se llama a sí mismo afrocubano, sino simplemente cubano; pese a los presupuestos antirracistas que la política nacional ha pronunciado honestamente en oportunidades varias del triunfo revolucionario acá.

Efectivamente, en un trabajo publicado en La Gaceta de Cuba, Alejandro de La Fuente recuerda que: “A sólo tres meses del triunfo revolucionario, Fidel (…) declaró que “El problema de la discriminación racial es, desgraciadamente, uno de los más complejos y difíciles de los que la revolución tiene que abordar…”

Consta en mi memoria, que no soy investigadora social ni nada por el estilo, que de ahí en adelante la voluntad política en ese sentido, como en otras cosas, sería clara y decidida. “El movimiento revolucionario que tomó el poder (…) -sigue diciendo De la Fuente- se identificó rápidamente con la visión popular del llamado problema racial cubano. (...) varios actores sociales y políticos interpretaron el triunfo revolucionario como una oportunidad –quizás la oportunidad- para acabar con el racismo de una vez por todas”. Así creo que fue.

A partir de ahí, o más bien por ahí, el racismo sería “oficialmente” erradicado. No hay duda alguna que la Revolución lo despreció tan honradamente como a muchos otros males sociales heredados. Pero junto a eso, como problema, sería también olvidado en la agenda de debate público. Por lo menos así me parece a mí. Claro que ya no hubo más sociedades de blancos, de negros y de mulatos, cada una por su lado. Cierto que ya los negros y negras no tuvieron que pasearse por sus zonas en los parques de los pueblos. Verdad es que por allá por los años ochenta, en derroche de úkases y orientaciones, se abrieron paso políticas que privilegiaban la contratación y promoción laboral a favor de mujeres, negros y jóvenes, hecho que ahora creo que se llama “acción afirmativa”, bajo el cual, digo de paso, se ponía en discreta evidencia que, como país, todavía nos las veíamos con exclusiones diversas.

Pero la cosa no pasó de ahí, o más bien se detuvo ahí: las orientaciones, las promociones forzadas sustituían el examen –que entre otras cosas tiene que ver con la historia- alrededor de preguntas como estas: ¿por qué mucha gente sigue siendo racista?, ¿por qué también mucha gente quiere seguir “adelantando”?, ¿por qué ante un hecho delictivo perpetrado por un hombre negro se dice: “Tenía que ser”?, ¿por qué a veces hay que aclarar que “es negrito, pero decente”?, ¿por qué María, que es una amiga mía, negra, le dice “mi negrito” a su hijo y yo no le digo “mi blanquito” al mío?

Entonces, ante la ausencia de respuestas a esas y otras preguntas, me parece que esa manera de que el país se valió para arremeter contra el asunto fue carencial. Me parece que no se percató con la hondura necesaria de que se trataba de meterle el pecho a un asunto de cientos de años de vida y, por lo tanto, de profundo enraizamiento nada más y nada menos que en la cabeza de la gente, lugar de donde, como se sabe, es complicado tanto extraer cosas viejas, dadas por sentadas, como inculcar otras que “nos mueven el piso”, lugar de sostén de las certezas aparentes, entre otras.

No recuerdo que hubiera debates intencionados hacia las esencias de esos temas raciales. No los había, al menos, en los ambientes donde yo me movía. No recuerdo que se educara especialmente sobre el particular. En su lugar, eso sí, por aquellos años bastaba que hubiera una indicación, un ligero olorcito a cosa-fea-que-no-se-hace para que la gente se limitara a la hora de poner al descubierto su racismo. Entre revolucionarios, que éramos mayoría, no era bien visto ser racista. Mucho menos hacerlo saber. Eso sí lo sabía perfectamente todo el mundo.

¿Qué hizo entonces la gente con su viejo racismo? Pues lo mismo que con su religiosidad: esconderlo. De la misma manera en que, en casos dados, al llenar una planilla para ingresar al partido se colocaba una crucecita al lado del NO, en la pregunta: “¿Cree en Dios?”. “Total, que más da, si lo que se lleva por dentro sólo uno mismo lo sabe. No hay planilla que lo descubra.” Esa parecía ser la lógica de ese comportamiento.

Porque para un grupo de gente, de gente buena incluso, esas eran mentiras blancas , no dañinas. En el caso de la religiosidad la cosa para muchos y muchas aparentemente iba por aquí: “Yo creo en Dios, y quiero ser militante del partido, porque me reconozco en su programa, porque comparto sus ideas y propósitos, porque serlo es alcanzar el más alto nivel de legitimación de mi posición política. Entonces, ¿qué más da que niegue a Dios en una planillita si eso está dentro de mí, no se ve, no daña a nadie y Dios mismo me lo va a perdonar?”.

Con el racismo la cosa era un tanto diferente, pero también se movía por los escondites. Cierto es que nunca la planilla de marras preguntó si se era o no racista. Pero la gente sabía, ya lo dije, que serlo no era bien visto. Una complicación más se añadía aquí: al ser censurada la religiosidad, también se censuraba la práctica de las religiones llamadas afrocubanas, que a mí me gusta más decirles cubanas de origen africano, las de los negros.

Pero como en todo lo que tiene como asilo al alma, ahí también era fácil mantener la artimaña: “No lo declaro, o más bien me declaro no racista, pero ¡que me voy yo a empatar con ese tipo que es un negro!, ¿será fresco?”. “Si mi hija se casa con un negro, me muero”. Quiere decir que el asunto se resolvía en casa. No había que socializarlo y san se acabó. ¡Total, qué más da!

Así creo que era. También Zeta, mi cómplice en estas notas, se concilia con mi apreciación, a pesar de que su mirada es mucho más joven que la mía. Ella dice que “Mucha gente lo niega, pero en este país hay un racismo (…). Antes, cuando yo era chiquita, se disimulaba un poco. Ya ni eso.”

Ciertamente, antes de los noventa, período el último en que transcurre la historia que ella narra, era así: el racismo se disimulaba más. Yo diría que, en general, se ocultaba deliberadamente lo más posible. Como la religiosidad, estaba privatizado.

El problema es que lo que es de la zona de la subjetividad se privatiza ahí mismo. Por lo tanto, habitualmente sigue en ese lugar, aunque no se vea con los ojos, y cuando le dan un chancecito, vuelve a echarse a andar. Quiere decir que para sacarlo de ahí hay que trasladarlo de lugar y “darle coco”, como bien pudiera decir Zeta. No hay otro modo de exterminarlo.

El contradictorio período especial, entre otras cosas, como se sabe, se ha encargado de desatar desprivatizaciones, muchas de ellas resguardadas en la profunda intimidad personal.
La gente empezó a llenar las iglesias, muchos y muchas se hicieron y se hacen santo. Por ahí fue la cosa en cuanto a la religiosidad. El suceso no fue insólito. Todas las crisis económicas y sociales elevan la religiosidad. Así como algunos pueblos a lo largo de la historia se han convertido a otra religión porque sus dioses anteriores no les respondían, también cuando la sociedad no puede responder a las angustias personales, se vuelve a los dioses, a los santos y al copón bendito. No hay originalidad alguna en lo que pasó con la religiosidad en la Cuba de los noventa, lo que, además, a mí no me parece dañino.

El racismo también se desprivatizó. La apertura que sucedió en algunos terrenos a los pocos años de iniciada la crisis no podía tener resortes que garantizaran que unas cosas entraran y salieran y otras no. La libertad que da jugársela para sobrevivir, que fue lo que nos pasó, desanudó prácticas, sentidos –malos y buenos—que teníamos dentro, y las echó a rodar públicamente otra vez. Ejemplos hay. No es raro que sea así.

Pero lo que no es bueno es que pervivan comportamientos que nada tienen que ver con la idea de sociedad de futuro a la que, yo creo que sinceramente, muchos cubanos y cubanas hemos puesto un empeño tremendo, casi sin recesos para tomar aliento. El chiste racista retoma espacios de lujo en teatros y discotecas cubanas. Negros y negras no los protestan, más bien los ríen y hasta los dicen. El Salón Rosado de La Tropical, como se vio en Suite Habana, es solamente negro, como si al resto de habaneros y habaneras no les gustara bailar.
Sí, hay más parejas interraciales. También hay más blancos y blancas que se hacen santo. Menos mal. Pero más de una persona me ha dicho que Santiago de Cuba –ciudad que visité hace poco luego de más de cuarenta años, y que me pareció que el período revolucionario ha puesto preciosa—está horrible porque “cada vez hay más negros”. ¿Qué quieren?, ¿que haya suecos?

Pero cuidado. Si desprivatizar el racismo nos dio la dolorosa medida de su permanencia, peor aún es privatizarlo. Cualquier privatización en estos campos sociales -de la que las prohibiciones son antecedentes-, lo único que da son posposiciones incómodas y eventualmente peligrosas. Y el tiempo, diga lo que diga Einstein, que no sé bien lo que dijo, no es infinito. Por lo menos no lo es para nosotros y nosotras en esta hermosa isla, una de cuyas cosas más bonitas es, precisamente, su mezclada racialidad.


Una aclaración:

En la contraportada de Cien botellas en una pared se dice: “Tomando como escenario La Habana de los años noventa la protagonista se desplaza por el mundillo artístico y marginal…”. Yo añado: no sé si tan artístico ni tan marginal. No sé si mundo o mundillo. Sí creo que ocurre en ambientes reales. Eso sí. No soy crítica literaria ni ocho cuartos, pero la novela me parece muy divertida y aguda, que una cosa no quita la otra.

El video clip en la mira

negracubana @ 13:51

Por Antonio López Sánchez

Una singular mirada al analizar la imagen de la feminidad y masculinidad en una muestra de alrededor de una docena de videos clips de factura nacional, fue el resultado del acto de defensa del trabajo de Diploma para el grado de Licenciatura en Periodismo de Lirians Gordillo Piña. La estudiante de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana, aportó interesantes observaciones y un sólido esfuerzo investigativo, a partir del estudio de estos materiales audiovisuales.

El trabajo, y su acto de defensa, convocó también a una serie de personalidades del entorno académico y en especial a varios entre nuestros buenos especialistas en materias de género. Son los casos de la Doctora Zaida Capote Cruz, el Doctor Julio César González Pagés, asumiendo las tareas de ejercer como miembros del tribunal, y el crítico y periodista Rufo Caballero, ejerciendo la labor de la oponencia. Para nuestra Editorial de la Mujer, resulta de sumo interés el acercamiento a la visión de una temática como la reflejada en dicho trabajo de Diploma, reforzado además por la presencia de la periodista y especialista en materias de género, la Master Isabel Moya Richard, que fungió en la tutoría.

La tesis Enfoques de género: Una aproximación a la representación social de la feminidad y la masculinidad en el video clip cubano, hace un pormenorizado análisis de algunas de las imágenes y cánones patriarcales habituales en la pantalla musical nacional. El poder androcéntrico, asociado a la belleza dominante del macho y a sus posibilidades económicas, la mujer despersonalizada, como cuerpo objeto del deseo sexual masculino, son sólo algunos de los patrones reiterados en una buena parte de la muestra analizada. Entre otros ejemplos, Lirians Gordillo demostró que hay todavía una serie de cánones patriarcales que se reproducen, a veces incluso de modo inconsciente, en la manera de reflejar las imágenes de hombres y mujeres dentro de esta manifestación creativa.

La heteronormatividad, la permanencia de una visión hegemónica desde la masculinidad, la mujer asociada a características como la mera satisfacción sexual del poder patriarcal y la reiteración de atributos tradicionalmente asociados a la feminidad como la sensualidad, la belleza física, la delicadeza, siempre en función de un erotismo encaminado a la satisfacción del otro, son algunos de los hallazgos que develó este trabajo. A partir del acto de defensa y de las preguntas de la oponencia, así como de las respuestas de la diplomante, se suscitó un variado debate al que se sumó posteriormente el criterio de varios de los integrantes del tribunal.

Es digno de destacar el exhaustivo trabajo metodológico llevado a cabo por la estudiante que en opinión de los especialistas rebasaba la exigencia del grado académico en disputa. Julio César González Pagés, destacó los logros de la investigación y felicitó el esfuerzo realizado por la estudiante Lirians Gordillo, en especial en el manejo de una teoría compleja y poco difundida en nuestro país. Por su parte, Isabel Moya, que también se desempeña como profesora en la Facultad de Comunicación Social, señaló que este estudio abre un camino que debe trascender y despejar la ausencia de trabajos en ese centro académico que aborden desde el uso de las herramientas de las teorías de género, los diversos objetos de estudio que pueden investigarse en nuestro contexto. Hasta el momento, no se habían hecho en esta Facultad investigaciones de este tipo desde la óptica de los futuros comunicadores.

El final del diálogo y las reflexiones suscitadas por este trabajo y su acto de defensa, estuvo en la muy merecida calificación de cinco puntos que aprobaron los miembros del tribunal. Por esa calificación, que abre la puerta de bienvenida a la culminación de sus estudios, nuestras páginas felicitan a la nueva colega y le desean abundantes éxitos en su recién iniciada carrera profesional.

11/07/2008 GMT 0

Otro color para una Cuba rosa

negracubana @ 19:40

Este es un documento que circuló por las redes cubanas luego del 17 de mayo, que reproduzco hoy, aunque no a destiempo porque el debate aun esta sobre el tapete. De todos los escritos (uno de Ruffo, otro de Fowler, etc) para mi este es el más importante, en tanto permite visualizar toda una serie de acontecimientos que aún permancen detrás de bambalinas y de los cuales el autor fue participante y hasta fundador.

Norge Espinosa Mendoza.

1

Parece que en Cuba todo se inicia con la luz de cada mañana. El cubano, atrapado en un ejercicio de recordar que es otra manera del olvido, ha sido una y otra vez víctima de esa ilusión, según la cual determinadas acciones no tuvieron antecedentes. Ahora mismo, cuando se ha desatado el inmenso impacto mediático que tuvo por vez primera en la Isla la celebración del Día Mundial de la Lucha contra La Homofobia, podría creerse que, en efecto, nunca antes hubo gestos en pos de lo que ese día finalmente consiguió: la visibilización y socialización de una comunidad que quiere creerse tal cosa, a pesar de que, para serlo, necesite de algo más que 24 horas de desenfreno libertario. El acontecimiento ha sido, creo que para bien más que para mal, centro de comentarios, noticias, reportajes y discusiones que la prensa ha acogido o no; pero también ha comenzado a cubrir una zona de urgencias que el gay cubano entendía como vedadas. Lo que ocurrió el 17 de mayo (día en el que tradicionalmente se celebra en el país la Jornada del Campesino: qué dirían de esta confluencia Reinaldo Arenas o Samuel Feijóo); es la punta de un iceberg que llevaba demasiado tiempo sumergido. Como también sucede con mucha frecuencia en Cuba, habrá que ver si somos capaces de seguir mostrando otras partes de esa superficie hasta no hace mucho congelada.

2

Entre 1998 y el 2000 organicé las Jornadas de Arte Homoerótico bajo el auspicio de la Asociación Hermanos Saíz, en la Madriguera, sede de esa institución en La Habana. En esas tres ediciones, que me exigieron un agotador empeño personal, pude hacer coincidir a escritores, pintores, teatristas, cineastas, críticos, etc. Un público que regó la noticia a viva voz, contraponiéndose al silencio y terror de los periodistas que se negaron a difundir el hecho en sus espacios, acudió a ese lugar por tres años consecutivos, para escuchar a Antón Arrufat, Pedro de Jesús López, Arlén Regueiro, Frank Padrón, Luciano Castillo, Mirtha Souquet, Víctor Fowler, Ramiro Guerra, Mercedes Borges, o contemplar obras plásticas de Rocío García, Alexis Alvarez, Reynold Campbell, Raúl Martínez, Servando Cabrera Moreno, Lino Fernández, René Peña o Eduardo Hernández. Nada de eso parece haber sucedido, porque apenas se mencionó ese antedecente en la celebración del pasado mayo. La desmemoria es un buen aliado para algunos, y así, he tenido que escuchar a ciertos personajes apuntarse el supuesto valor de haber sido los iniciadores de este tipo de encuentros mucho después de que aquellas tres jornadas se sucedieran. Tal vez, en lo personal, eso sea lo menos importante. Tal vez, sin embargo, sea algo a considerar con gravedad. Porque lo cierto es que en Cuba, a veces arriesgando más de lo que se cree, hace rato que algunos artistas han apostado por una visión que, desde los extremos del sexo semejante o disidente, incluya los modelos de la homosexualidad en tanto acto posible, junto a todos los otros que, desde una perspectiva de franca inclusividad, componen la imagen de un país que a ratos, a pesar suyo o no, ha debido asumir esas variables de su identidad fragmentada y cada vez menos comprensible desde un margen estrecho de asimilaciones. Las piezas de Raúl Martínez que se mostraron ahora en la Fundación Ludwig de Cuba ya habían sido expuestas en las Jornadas que menciono, gracias a la cortesía infinita de Abelardo Estorino quien nos cedió, además, fragmentos del por entonces aún inédito libro de memorias del destacado pintor, que recorrían los pasillos de varias instituciones sin que ninguna se atreviera aún a editarlo, cosa que no ocurrió sino hasta el pasado año. Y antes fueron expuestas, en vida de Raúl, en Guantánamo, para escándalo de las veladoras de una galería local, mediante los manejos de Jorge Fernández, amigo del pintor que lo convenció de que ya era hora de mostrar esos collages en los que Jeff Stryker era un símbolo de la Conquista, falo inmenso mediante, ante los ojos de la pacatería nacional. O sea, que nada viene de la nada. Me gustaría que fuéramos un poco más elegantes y diplomáticos cuando de fundar se trata. Pasar por alto los riesgos ajenos, el pacto de honestidad que otros han alzado cuando les tocó asumir verdades ardientes, es una costumbre que insistimos por desgracia en mantener viva. He aprendido de mis maestros que reconocer los talentos y atrevimientos ajenos no reduce los nuestros en ningún sentido. Pero ya se sabe, vivimos en un país donde mucha gente tiene el síndrome de Colón.

3

No voy a repetir la historia que ya se sabe; pero un estudioso no se dejaría engañar por el ciclón de turno, y podría afirmar que todo se reorganizó, a la manera de un mapa muy primario, a fines de los 80. Es la época en que se escriben y publican Vestido de novia, y ¿Por qué llora Leslie Caron?: la literatura cubana se plantaba en su coming out, adelantándose sobre el silencio que desde los 60 cayó sobre la expresión de un homosexual cubano. A diferencia de otros contextos, no contamos con una historia detallada o al menos sistemática que nos permita entender al homosexual en la historia de lo cubano como un rostro menos intermitente. Los gays de aquella Cuba sin duda leyeron la edición mexicana de El Homosexual en Norteamérica, firmada por Donald Wester Cory, que apareció en 1951 bajo el sello de Compañía General de Ediciones S. A. y que en verdad estaba firmado por Edgar Sagarin. O tenían tal vez noticias de asociaciones como la Mattachine Society o Daughter of Bilitis. Difícil saberlo, porque es una de las historias no escritas de la Nación en tanto complementos de sujetos y verdades acalladas. La Revolución no aportó el margen de libertad sexual que los 60 acogieron, y tras la llegada de los barbudos, ninguna otra melena o extravagancia fue consentida. La ecuación redujo al homosexual al estado de lacra, de enemigo político. Y como tales, fueron anulados de cualquier visibilidad. No hablo solo de artistas tan notables como Virgilio Piñera o José Lezama Lima, de promotores como José Mario, de poetas como Lina de Feria. Hablo de personas, y las recientes declaraciones con las que Guillermo Rodríguez Rivera quiso responderme a partir de un artículo que escribí sobre el defenestrado grupo El Puente, demuestran la actualidad penosa de algunas de las normas que quisieron disminuir y desaparecer a esa clase de ciudadanos. Pasajes vergonzantes como la UMAP o los insultos propinados durante el éxodo del Mariel no pueden ser borrados ni ignorados, aunque tantas veces se nos quiera hacer creer que a ese pasado no hay que volver los ojos. A mediados de los 80, algo tenía que cambiar. Los homosexuales, junto a rockeros, hippies, reos, prostitutas, y también representantes de otros índices de “desviación”, saltaron a las páginas y obras de una nueva moda de entender la rebeldía como arte. Ya no hubo manera de devolverlos a la sombra. Eran un síntoma de la Cuba que se desperezaba.

La onda expansiva que provocó Senel Paz con El lobo, el bosque, el hombre nuevo, de la cual emanó el filme cubano de mayor renombre internacional, Fresa y chocolate; fue un estremecimiento para el cual muchos estratos del país (especialmente los más conservadores), no estaban preparados. Catorce años tardó esa película, nominada al Oscar, ganadora en Berlín, y poseedora de un récord de espectadores sin igual en la Isla, en llegar a las legitimadoras y morosas pantallas de la televisión nacional. Recuerdo las colas, los empujones, los tumultos que en aquel Festival de Cine de 1993 se arremolinaban ante las salas donde se exhibía el largometraje de Titón-Tabío: se corría la voz de que terminado el evento, no se volvería a proyectar. Afortunadamente, era solo una leyenda, y la retrospectiva del cine almodovariano que colmó los espacios de otra edición del mismo Festival, permitió reconocer ya a ciertos rostros que no ocultaban su anhelo de diferencia entre quienes se dirigían a las proyecciones. Homosexuales evidentes, travestis, enfermos de VIH/SIDA, de las edades más diversas, estaban ahí. Se reconocían en el campo de protección que les brindaba un panorama cultural que comenzaba a examinarlos sin trauma. En pleno tiempo de clandestinajes (el Período Especial hacía que cada noche se volviera una aventura de riesgo extremo), estaban ahí, desafiando a la policía, a los órdenes de cualquier rechazo, sin ánimo de retroceder.

Varios documentales dan fe de ese avance. Tierra de altos contrastes, Cuba llegó a prohijar fiestas populares en los años más duros del Período en las que un CDR animaba sus noches de fiesta revolucionaria con los travestis de la barriada, como se muestra en Mariposas en el andamio. En Santa Clara, El Mejunje ya se había convertido en un punto de referencia ineludible. La pandemia del SIDA había obligado al país, incluso a sus sectores menos progresivos, a promover campañas que incluían la visibilidad de otros tabúes y problemas que también a mediados de los 80 empezaron a entreverse como parte de la Campaña de Educación Sexual que coordinaran, entre otros especialistas, Mónica Krause y Celestino Lajonchere, antecesores de la actual labor del CENESEX. El clímax se alcanzó en el 95, cuando, tras la celebración en el Teatro América, de la gala final de un concurso de travestismo y transformismo, se dictaminó la prohibición de tales acontecimientos. En 1993 llegan a Cuba los primeros representantes de Queer for Cuba, una agrupación de gays y lesbianas norteamericanos que, guiados por Stephanie Davies, intentaron activar una filial del ILGA en Cuba, infructuosamente. Gracias a un atrevimiento mayúsculoel Desfile del Primero de Mayo de 1994 mostró al pueblo cubano por vez primera la bandera del Arcoiris en una manifestación pública de tal alcance: algo que tampoco ocurrió, por vez primera, el pasado 17 de mayo, y si alguien lo duda, puedo remitirlo a las imágenes finales de Gay Cuba, un bien intencionado aunque no siempre contundente documental de Sonja deVries. Curiosamente, a fines de esa década, se vieron más actores que nunca asumiendo roles femeninos en la televisión cubana, siempre dentro del riesgoso ámbito del humorismo. Ulises Toirac como Liudmila, Osvaldo Doimeadiós como la insuperable Margot, y otros que se añaden a una lista que incluye a la zafia Mariconchi de Orlando Manrufo, subrayaban el sentido transgresor de lo que Carlos Díaz o José Milián y Nelson Dorr, en el teatro, ya combinaban con mayor o menor éxito. Almodóvar calificó a Fresa y chocolate como una película “demasiado amable”. El sobrevalorado, aunque importante filme, más allá de las especulaciones excesivas de Rufo Caballero (quien desde su crítica ya quería cubrir de Oscares a Perugorría), había plantado un límite en el que la fisicalidad de los acontecimientos se reducía al verbo y a la amistad: el homosexual cubano había ganado un rostro, pero cargaba con una castidad aberrante. Habría que esperar al 2000 para que otro homosexual cubano dijera, desde las pantallas, el nombre de su deseo. Aunque lo dijera en inglés y recortado contra un paisaje mexicano que remedaba al de la Isla, Reinaldo-Arenas-Javier Bardem lo gritó, antes de que anocheciera.

El eco de lo que el filme de Schnabel desató en Cuba fue inconmensurable, aunque el escándalo, como suele suceder, corriera solo puertas adentro, recordando lo que, en 1984 desencadenó el estreno de Conducta impropia. El filme fue diseccionado, atacado, negado, con el mismo encono con el que el autor de las memorias que lo originaban fuera tratado en vida. Reinaldo Arenas es el cadáver más incómodo de la Literatura Cubana. Su grandeza como narrador es directamente proporcional a su capacidad reactiva. Un estudioso de las letras cubanas, también novelista, se preguntaba en un texto de hace unos años, cuándo podríamos leer El color del verano sin el peso de lo político, sin estremecernos ante sus dispositivos rabiosamente colocados en cada página. La respuesta a esa interrogante vacía es simple: nunca. El día en que podamos leer ese libro indescriptible con tal tranquilidad ya no será más El color del verano, ya Reinaldo Arenas no será el hombre que levantó la venganza a índices de creación insólitos dentro de lo Cubano. Hacernos reconocer que también esa rabia, esa fuerza negadora, esa bomba de tiempo, nos pertenece, es su mejor venganza; dulcificarla o edulcorarla, un acto de inmadurez. Valga para entender eso el golpe en el estómago que representa Seres extravagantes, el brillante documental de Manuel Zayas.

En 1998 se producen acontecimientos más o menos liberadores. Víctor Fowler edita La maldición, una historia del placer como conquista, que recoge momentos de la tradición homoerótica en la literatura cubana, que anuncian un libro mayor y mejor, aunque este nunca se vendió en moneda nacional. También hay gestos regresivos, como la edición de Homosexualidad, homosexualismo y ética humanista, de Felipe Pérez Cruz, que se publica en el 99 y tampoco se pone al alcance del lector en moneda nacional, lo cual, teniendo en cuenta su visión estrecha, es digno de agradecer. Alberto Garrandés, Alberto Abreu, Jesús Jambrina, Alfredo Alonso y Abel Sierra Madero (este último con Del otro lado del espejo, Premio de Ensayo Casa de las Américas 2006, que aún no ha tenido una difusión masiva), van ganando terreno en las ideas que la queer theory ha ido procreando, aunque a su paso por la Isla dos de sus mejores representantes, interesados en lo que aportan los creadores de nuestro país, hayan recibido una suerte de ducha fría por parte de altos funcionarios de nuestra Escuela de Letras. Los libros de Daniel Balderston, José Quiroga o Emilio Béjel, por mencionar solo tres nombres de referencia insoslayable, apenas son comentados o leídos acá, donde viven escritores que ellos analizan con lucidez: Ena Lucía Portela, Pedro de Jesús, Ana Lidia Vega, Mae Roque, Jorge Angel Pérez, etc. Eso pasa en la vida de la cultura. En la vida de la Vida, ¿qué pasaba?

4

En una nación como Cuba ser maricón es algo que exige tener muchos cojones. Más de dos, diría incluso algún travesti de los que se atreve cada noche a hacer sus rondas. La policía es un cuerpo homofóbico que sigue encontrando en el gay una víctima fácil, en la cual descargar siglos de odio a manera de multas y golpes. La inexistencia de lugares donde socializar reduce a ghettos invisibles las trayectorias del homosexual, confinado, junto a otros sectores demasiado “desenfrenados” a deambular de un punto a otro de la ciudad, en riesgo perpetuo de ser encarcelado o penalizado, si bien en la Constitución hace años que el homosexualismo dejó de ser delito. Queda una cláusula, sin embargo, lo suficientemente nebulosa como para dejar las manos sueltas en direcciones no siempre edificantes, casi siempre en contra de las “zonas blandas de la sociedad”, según reza una frase lamentable. Las defensas legales del homosexual cubano no existen, de ahí que me parezca aún ridículo el que tantos aspiren a contraer matrimonio o a adoptar, cuando todavía no poseen, en cuanto a derechos civiles, rango de verdaderas personas que puedan demandar, rebatir y lograr vencer al machismo uniformado. Los avances del CENESEX y del Centro de Prevención de ITS/VIH/SIDA han sido, por lo general estrategias persuasivas que decaen ante la violencia de lo que la noche dice como verdad. De esas noches habrá que buscar datos en libros extranjeros, como Machos, maricones y gays, de Ian Lumsden, porque el fondo de investigaciones de esas instituciones rara vez ha alcanzado la luz pública. No es sino hasta muy poco que aparece una revista cubana sobre sexualidad. Pregúntele a un gay cubano que es la Declaración de Montreal, y verá cuán pocos sabrán de lo que está usted hablándole.

Por todo ello, lo sucedido en el Pabellón Cuba el pasado 17 de mayo tuvo consecuencias y resonancias francamente inusitadas y excepcionales. La cautela, prudencia o límites que el CENESEX ha mostrado en sus acciones previas, ha sido catapultada a una visibilidad extraordinaria. Mariela Castro es el centro de ese impulso, y es una mujer francamente inteligente, que a diferencia de lo que sucede en tantos ámbitos no solo políticos de lo cubano, ha sabido esperar. La paciencia no es una costumbre latina, al menos no con frecuencia, pero sí algo que ella ha sabido manejar con elegancia. Tiene sobre sí, como ventaja de doble filo, su árbol genealógico, pero ella ha conseguido transformar ese ramaje en una plataforma de acción que dirige hacia un sector hasta no hace mucho carente de cualquier clase de amparo. Su propia existencia y su fe en esas coordenadas deja a sus enemigos en una postura difícil, que basa sus ataques en la afirmación de que la sexóloga ha dinamizado todo esto por ser la heredera de quien es. Vuelta de la paradoja: si antes nadie defendía a los gays, había motivos de queja; ahora que alguien asume ese rol tan polémico, hay que anularla y regresar a la posición anterior; imagino que Mariela esté consciente de la crisis que cada proyecto suyo genera en quienes la confrontan. Poco a poco, unificando fuerzas, la hija de Vilma y Raúl ha concentrado empeños que le permitieron armar todo lo que en ese día ocurrió en La Habana, y también en Sancti Spíritus, Santa Clara, Santiago de Cuba y Pinar del Río, con mayor o menor suerte organizativa en cada sitio particular. El día en cuestión tuvo mucho de catarsis, probablemente demasiado, pero era un paso que ya se demoraba y que ya hoy es historia. Los recelos políticos de siempre, dentro y fuera de la Isla, no han dejado de mostrarse. Para nadie es un secreto que ciertos elementos del Partido y la Juventud y otras instancias, pese al apoyo que ellas mismas prodigaron al CENESEX, no miran con buenos ojos tal destape. Se pretexta lo de siempre: “el pueblo no está aún preparado para esto”. Me pregunto si al pueblo se le ha preguntado al respecto, si se le preguntó al pueblo si la política que se erigió, cuando el SIDA tuvo su primer brote en Cuba para aislar a los enfermos, fue consultada con la población que veía alejarse a parientes y amigos hacia los sanatorios como dobles condenados a esa forma de la muerte que es la invisibilidad y el silencio. Ese mismo pueblo acude a ver obras teatrales, plásticas y cinematográficas que abordan el homosexualismo desde hace ya varios años en este país sin agarrarse de las cortinas ni clamar por la sangre de sus mártires ante tal “desafuero”. Ese mismo pueblo, también, demostró sin embargo cuán distinto es el asunto si los implicados en esas historias son representantes de sí mismos. Ese fenómeno retardatario que fue la telenovela La otra cara de la luna demostró no sólo la visión estereotipada que tiene la televisión cubana sobre el homosexual o el seropositivo, sino también cuánto hay que hacer aún para que las acciones a favor de esas personas deje ser una simple mirada conmiserativa. Es hora ya de convocar al mejor talento artístico para recordar a todos que un homosexual es antes que todo una persona, y que como tal, más allá de sus gustos, es que debe ser tratado y representado. Pero la televisión, sobre todo en Cuba, es cosa de otro mundo, y no faltan en ella comentaristas bienintencionados que tratan de convencernos de que el gay y la lesbiana son exactamente eso, personas… aunque no iguales a nosotras, y a las que hay que comprender y tolerar, más que asumir a partir de sus propias dignidades. Ese mismo medio de difusión pudo, al fin, transmitir Brokeback mountain sin que se cayera el mundo al otro día; aunque justo es decir que filmes de esta temática, como Mi vida color de rosa o In the gloaming, ya han ocupado esos espacios con anterioridad. A pesar de que el presentador mande a los niños a dormir antes de hablar a cámara sobre asuntos tan arduos. Que algún día la fiebre de series norteamericanas que invade la cartelera de la TV cubana llegue a incluir temporadas de Queer as Folk o The L Word, es otra cosa. Paciencia, compañeros, ya lo dijo Chan Li Po.

En el Pabellón se habló de acciones contra la transmisión de enfermedades sexuales, se dialogó sobre teatro y homofobia, se organizó una lectura de textos narrativos y poéticos, se presentaron grupos de Teatro Espontáneo. Hubo, a pesar del esfuerzo organizativo, un cierto aire de improvisación inherente a toda primera vez, que no excluyó un determinado concepto del desorden, aunque nunca llegó a rozarse el caos. Me pregunto, por ejemplo, si el espacio abierto y ruidoso donde las personas presentes cumplimentaron su primera necesidad tras tanto silencio: la de socializarse, reconocerse, conocerse y dialogar, era el mejor para los debates y presentaciones, a veces sobre temas muy específicos, que allí se expusieron y que hubieran exigido menos algarabía alrededor. Faltaron nombres importantes y fácilmente localizables en la lectura de escritores, que hubieran debido estar ahí como reconocimiento al compromiso que por años han mantenido con ciertos debates y riesgos. La exposición de Raúl Martínez y Rocío García de la Fundación Ludwig hubiera merecido una galería menos alejada de la mira mayoritaria que conoce o no a esos importantes creadores. La exhibición de materiales fílmicos cubanos sobre el tema pudo ser más destacada y subrayada en todo el programa, aunque esos trabajos, realizados en su mayoría por gente muy joven, han logrado aparecer en eventos y certámenes que, como el propio Festival de Cine Latinoamericano, el Festival de Cine Pobre, la Muestra de Jóvenes Realizadores o el IMAGO, los asumen sin prejuicios, llámense Leo y Julita, Pool with two figures, Ella trabaja y varios más que bien merecen mayor cantidad de espacios para visionaje. Tal y como ha podido tenerlos el mismo espectador cubano para celebrar filmes como Frida, naturaleza viva, Tan de repente, Wilde, Banquete de bodas, El juego de lágrimas, Madame Satá, Priest, G.A.Y, Eduardo II, Nueve reinas, Adiós, mi concubina, XXY, Plata quemada, retrospectivas de Pasolini y Fassbinder, etc. Todo ello, sin embargo, es mejorable, y si se da de nuevo la oportunidad, espero que se convoquen a las personas correspondientes, de acuerdo con sus talentos y verdaderas responsabilidades, y no por estrategias de mera obra de choque, para que la segunda vuelta resulte mejor. Lo más notable del agotador día, en el que ya se sabe cuántas figuras políticas y culturales estuvieron presentes; lo que me llevaré en la memoria, fue la alegría veraz de tantos gays y lesbianas, la emoción con la cual, por fin, sintieron que algo se abría para ellos. Como dije a una periodista extranjera, lo importante sería que el aire de fiesta no tarde un año en repetirse, que el ánimo ahí desatado no se quede en síntoma de mera campaña. Ahora es que debe replantearse todo. La llegada es solamente un punto de partida.

5

“No tener al aparato de Estado como enemigo declarado

(de momento) no elimina la necesidad de enfrentarse cada día al silencio.

Está todo por hacer”.

Alberto Mira, profesor y escritor, activista gay español, 1995.

En el escenario del Cine Teatro Astral está Mimí la Mejicana. O Chantal, o Imperio, o Estrellita, o Samantha, o Kyria, o Farah, Oriana, Cindy o Alina. Son transformistas de la noche habanera. Algunas están vinculadas al CENESEX, otras se ganan la vida en espacios como la Casa de Rogelio, o la Unión Francesa u otros menos visibles. Varias podrían contar anécdotas sobre el explosivo final del Periquitón, la disco gay clandestina más fabulosa de La Habana, donde un policía abofeteó a Jean Paul Gaultier. Para ellas, esta noche es el comienzo de un sueño o el sueño de un comienzo. En ese mismo teatro, rescatado por la Batalla de Ideas y cerrado para acciones que no cuenten con la anuencia de los filtros políticos, ellas doblan canciones de sus ídolos sobre un fondo que es la bandera cubana. Carlos Díaz dirige un espectáculo que las agrupa, por tres horas, y que mantiene al público en sus asientos, devorando cada momento de lo que muchos creyeron imposible: una mezcla de Priscilla, queen of the desert con las Charangas bejucaleñas. En primera fila, están artistas, críticos, funcionarios y Mariela Castro, a quienes las divas de la noche regalan flores con agradecimiento sincero. Vestida con sencillez, que no con galas de revolucionaria de caviar, como dijo alguien con un resentimiento que cancela la posibilidad de otros análisis. La noche del Astral es la culminación de un empeño que debiera mover a unirnos. Sólo que los cubanos, por desgracia, solemos ir muchas veces en una dirección contraria.

A no todo el mundo, dentro de lo que insiste en llamarse una comunidad gay cubana, le agradó la celebración. No falta quien sospeche que todo sea una armazón coyuntural, o el que espera en su casa la disculpa por los maltratos e insultos recibidos. No me asusta reconocer que es comprensible: tanto silencio y desidia se ha acumulado que es difícil drenar ciertas angustias y recuerdos. Lo que no me parece justo es proponer una visión congelada de la historia: veinte años atrás nada de esto sería posible. Los enemigos tradicionales no de Cuba, sino de la Revolución Cubana, parecen removerse con incomodidad al ver que algo que era un arma infaltable en sus ataques comienza a escapársele, y reniegan lo sucedido, sin contar con el entusiasmo de la mayoría que sí se presentó en el Pabellón, para hacer el coming out público más inesperado de la historia de la nación cubana. Negarse a dejar atrás lo que por años nos inmovilizó para avanzar a nuevos estadíos que se nos ofrecen, no es nunca una acción aconsejable. Tan paralizante es creer que todo va a ser resuelto por arte de magia en una cuestión tan ardua como esta, como no aceptar que pueden ganarse diálogos y perspectivas renovadoras sobre este y otros asuntos candentes que en la Cuba de ahora mismo exigen ser rediseñados y discutidos a profundidad. Creo francamente que algo se ha avanzado, si bien insisto en que debe aún procurarse una voluntad mancomunada que rebase los alcances en la esfera de la simple campaña de salud o en la persistencia de los mensajes que procuren una tolerancia poco edificante hacia el homosexual. Hasta hoy hemos tenido elementos dispersos que no alcanzaban a ganar una visibilidad que los reestructura como un corpus de ideas y acciones que confirmen la potencialidad de discursos, proyectos, ganancias no solo reivindicativas sino también polémicas que se superen y diseminen nuevas proyecciones tan críticas como regeneradoras. Ahora que la plataforma está abierta, es el momento de proponer otras dimensiones del logro, dinamitando convenciones que hasta el 16 de mayo, 24 horas antes del suceso que provoca estos párrafos, parecían inamovibles.

Me permito, antes del cierre, una mirada ya exclusivamente personal. Hace veinte años firmé un poema que, a la vuelta de estas décadas, ya ha dejado de ser mío para devolvérseme en las memorias y vidas de sus lectores. Confieso, pese a ello, que descreo no solo de las asociaciones que a fuerza de agrupar homosexuales o cualquier otro orden de minorías, acaban implantando un ghetto que se define, a veces inconscientemente, como un ámbito reductor. Confieso mi recelo antes quienes imaginan al gay cubano como copia mecánica de la comunidad gay que en el primer mundo ha terminado por convertirse en una industria que consume cuerpos y estereotipos tan peligrosos o engañosos como los que el mundo heterosexual ha acuñado sobre nosotros durante siglos. Confieso mis recelos ante el sentido normativo que implican los matrimonios entre personas del mismo sexo, remedo de un ceremonial que el segmento machista y heterosexista ha convertido en uno de sus símbolos más férreos. Confieso mi desconfianza ante la imagen del homosexual como víctima, incapaz de alzarse por sí mismo en defensa de sus derechos y espacios de intercambio orgulloso de ser el cuerpo deseante que es, sin que deban intervenir instituciones formales a protegerlo o justificarlo. Confieso mi incomodidad ante la inveterada costumbre cubana de perder fuerzas en la ejecución de una idea o un proyecto que, una vez anunciado, comienza a desleírse y a perder organicidad. Confieso mi incredulidad ante los escritores, artistas, promotores y demás personas que, tras años de enclosetamiento, quieren aparecer ahora, bajo el golpe coyuntural, como líderes de una causa de la que antes renegaron; así como de los heterosexuales que (por suerte no son todos los casos) ahora parecen sumarse al carro por simple moda. Confieso mi negación rotunda a permitir que el pasado del homosexual en Cuba sea “lavado” mediante maniobras inconsecuentes que eludan la carga de dolor, sacrificio y pérdida que cayó sobre tantos, en busca de una atmósfera edulcorada de lo que no debe dejar de entenderse como un conflicto, aunque podamos ya discutirlo mediante canales progresivos. Confieso mi estado de alerta ante las expresiones que demuestran que, a pesar de lo dicho públicamente, es mucho aún el desdén y la homofobia que operan en los sectores de mayor poder político y civil de lo cubano. Confieso mi escepticismo ante todo esto y más. Pero también dejo claro mi deseo de participar, de estar, de poner mis empeños en el apoyo de una idea que es más que mi propia y exclusiva capacidad para discutirlo todo. Alguna vez, interrogándome sobre las Jornadas de Arte Homoerótico, un escritor cubano me dijo con cierta admiración: “Hay que tener cojones para organizar todo eso”. Para mí crear ese espacio, darle cabida en él a otros creadores, cuyo talento fuera conducido con honestidad hacia la defensa de toda dignidad humana, no fue nunca cosa de cojones, sino algo natural que debía hacerse, y que quise y pude hacer. Desde esa naturalidad es que quisiera participar en el proyecto. En una Cuba que aprende otros matices del rosa. En la que ojalá podamos hacer una película no solo amable sobre el tema, sino atrevida, y cuestionadora. En este país en el que ahora mismo otra telenovela, la de turno, ha vuelto a poner, pocos días después del 17 de mayo y del encuentro en las arenas candentes de Mi Cayito, al homosexual como un estereotipo negativo, demostrando que la batalla no ha hecho más que comenzar. Para muchos de los implicados en estos acontecimientos, lo vivido ha sido emocionante y trascendente. Homosexuales y no homosexuales, seropositivos o no, hombres y mujeres de cualquier generación que se miran ahora mismo en el espejo de lo cubano. Lo conseguido es apenas un primer punto del mapa. Me hubiera gustado pedirles a las estrellas de esa noche en el Astral que, tras los infinitos aplausos que cerraron el espectáculo, no abandonaran sus trajes de luces ni sus maquillajes o pelucas suntuosas, porque esos son sus uniformes de batalla. Y la batalla, insisto, por ellas mismas, por la posibilidad de una y otras Cubas, no ha hecho más que comenzar.

03/07/2008 GMT 0

Los pelos. La letra compartida

negracubana @ 11:59


Los pelos

Letra y música: Dúo Obsesión

Pelo suelto y carretera, mira: No hay desriz

me di cuenta que ¿Pa que? si yo no naci asi

el hombre que me quiere me acepta como soy

llevo el afro y pal carajo a donde quiera que voy.

Mi naturaleza rompe patron de belleza

que no me vengan con esas de que pa lucir mas fina

(¿Hay que plancharse la cabeza pa verse mas femenina?)

oyeme no, nananina mis codigos determinan

se van por encima de todos esos esquemas

se encaracola mi pelo y es postura ante la vida

una doctrina que consolida esta imagen que te vengo dando

conmigo duermen mas de 400 años soñando con el hasta cuando!!

el procedimiento te estira el pelo, lo hace mentiroso

opacando lo que naturalmente es hermoso.

Coro:

Parriba los pelos y que crezcan los dreadlocks

a que le guste bien y al que no tambien

Se repite 4 veces.

Segun decreto ley cincuenti-yo

inciso B a mi concierto y aprende que

tu pelo es malo solo cuando muerde

si no quieres el que tienes entonces damelo

No lo mereces!!!

Sigue quemandote el craneo y deja que pasen dos meses

la verdad en forma de raices aparece (siempre)

a veces recibo raras miradas de quienes creen que para estar bien arreglada

necesito tenr la moña estirada, pero nada....

lo nuestro es nuestro y habla por nosotros

por ahi va mi idiocincracia capilar

el aire no me despeina como a Pilar

veo al caminar un mar tiendas que no venden muñecas negras

pero esa es otra historia que contar, por ahora...

Coro:

Parriba los......

Se repite 4 veces.

Identidad siempre dispuesta

Orgullo sale a la palestra

Obsesion dice y demuestra

Conviccion en talla extra

Dime entonces si tu sales o entras

O lo escondes o lo muestras

O te pierdes o te encuentras

Tu piensalo que yo mientras....

voy a seguir en la pelea de "A partir de lo que somos, entonces lo que sea"

Responde:¿Somo o no somo?

(los autores de la letra han decidido no acentuar las palabras) colocados

02/07/2008 GMT 0

No es un asunto personal: apuntes sobre la TV y el manejo de la racialidad

negracubana @ 14:55

Por: Gladys Egües Cantero

Si se habla de la palabra,
los sueños y las imágenes serán también protagonistas
Leyda Oquendo
Hemos vivido tan acuciados por las urgencias
de la agotadora manera de vivir
que casi siempre hemos tenido,
que no está de más detenernos un momento
para mirarnos en el espejo
Guillermo Rodríguez Rivera

De la imagen hay todo un culto. No cabe la menor duda. Cuando pienso que la gran y archifamosa actriz Sarah Berhart durante toda su existencia realizó unas 7000 representaciones teatrales y no alcanzó a llegar a medio millón de espectadores, comprendo por qué esa pantalla doméstica fue santificada prácticamente desde sus inicios.
Definitoria clarinada de su embrujo fue en 1960, cuando en un programa especial con Brigitte Bardot, la gran BB reina indiscutible del glamoursimbol de esos años, acaparó la atención de 30 millones de telespectadores al unísono. Europa quedó a los pies de la T.V. El poder de la pequeña pantalla (¿pequeña?) se define por su avasallante seducción.
Otro dato que revela su hegemónico papel dentro del devenir mediático del mundo actual, donde los medios aparentemente en sí y de por sí proyectan y presentan su realidad, es la repercusión de un solo material audiovisual: La novela brasileña Esclava Isaura, vista por mucho más de 875 millones de personas en unos 130 países. Fenómeno de masas donde se imbrican las redes para hacerlas parecer naturales, democratizantes, antimanipuladoras, pues se apoyan en el derecho a saber, el derecho a ser informado, el derecho a participar de los acontecimientos.
La cifra demuestra como se percibe a la T.V. Su utilización como instrumento imprescindible para la implantación de valores, la expresión de sueños, e ilusiones y, por supuesto, manifestación de una realidad construida por quienes detentan el ejercicio del poder. Porque, reitero: las preferencias tienen vida propia. Se acuña así la frase: lo que no sale por T.V, no existe. Se parte de su entramado mágico para convertirse en un punto de partida, de percepción particular de los valores que condicionan y definen la existencia.
El soporte milagroso de esa pantalla cautivante no mengua, se entrelaza con las nuevas formas, y videos, DVD, HD player, VCD, Internet, portales, revistas especializadas, periódicos tradicionales… Los diferentes soportes confluyen para avalar su primacía. Ella es interactiva. Sus formas, a la manera del inicio de este siglo, le permiten más que pervivir, afianzarse.
Emociones, sentimientos, aspiraciones, deseos… El individuo y la audiencia, los telespectadores, las masas tienen y encuentran la posibilidad de ser, y la vivencian.
Si la segunda mitad del siglo XX garantizó su poder como un medio de conformación de las mentalidades, hoy, casi al finalizar la primera década del XXI, sus métodos se hacen más insinuantes, delicados, sutiles.
Ahí está el mundo de la nanotecnología sirviendo a sus fines. Los resultados científicos cautivan a los seres humanos, los deslumbran. Y también comienzan a ser parte de las ilusiones. Soñar no cuesta, embellece la vida. Indica y traza un sendero de anhelos, pero…
Desde New York, Okinawa, Dinamarca, Caracas, Nigeria u Holanda, jóvenes y adolescentes orgasman con poseer una movible walkman Wg 101, o quizás lleguen a conseguir lo último, ¡la Morp!, el prodigioso brazalete con dispositivos que permiten ver programas de T.V (con los anuncios incluidos), películas, desfiles de modas en vivo, la mejor música del mundo y hasta una visita dirigida al Museo del Louvre… ¡Qué locura! Este material electrónico de alta tecnología y precios prohibitivos es flexible, transparente, hermoso, deseable, con superficie autolimpiable. En fin, está hecho para los elegidos. Quienes lo adquieran pasan a la élite, a ser miembros de ese selecto club de consumidores de lo último. Así integran la cúspide que absorbe y delimita. Sin notar que solo son ensoñaciones…
Una idea de esta visión que ilustra y adoctrina a las multitudes está justamente en lo inofensivo y engañoso del tono. Cualquier persona lo puede adquirir. Está a la venta. Listo para formar parte de la vida.
¡OH, FAMA MARAVILLOSA!
Desde los centros de poder se emiten conceptos sobre la existencia, la comodidad, la belleza, la felicidad… incluso la ampliación de los saberes y la posibilidad de nuevos empleos. El mercado del trabajo se acrecienta y las ganancias, también.
Un solo dato: la aparición de los nuevos equipos electrónicos que incluyen imagen en movimiento y sonido, sustituyeron a los perfumes como objetos de regalos. Destronaron al genérico de mayor consumo en el mundo: el perfume, y desde finales del 2004 comenzó otra era.
Veamos como lo refleja una sola marca líder: La Casa Puig, fundada en 1914, que factura más de 850 millones anuales y vende en 150 países con filiales en 23 de ellos, y cuenta con marcas tan prestigiosas (incluye, administra, distribuye) como Nina Ricci, Yaal, Myrugia, Antonio Banderas, Agatha Ruiz de la Prada, Vittorio Luchino, Rafa Nadal… La multinacional Puig perdió 200 millones en el 2005 y tuvo que reevaluar su estrategia publicitaria y el sistema de ventas.
Sirvan estos apuntes para concretar que la T.V continúa imperando como el medio fundamental de entretenimiento para las amplias mayorías del mundo sin distinción de sexo, razas, credos, clases sociales. Por lo que su papel en la conformación de modelos, roles, paradigmas, resulta incuestionable.
Los procesos comunicacionales potencian una práctica donde la negociación de sentido condiciona y a su vez constituye un condicionante de los pasos históricos, culturales, políticos ideológicos. Vienen con toda la carga del pensamiento dominante, por tanto, su reproducción y construcción simbólica está lastrada por las exclusiones que estas visiones ejercen en la emisión, proyección y resignificación de los mensajes.
Me detengo en la exposición de las imágenes donde desde el propio uso del lenguaje se codifica el entorno.
Una barrera contra el derecho a la información está en el tratamiento tiempo de la noticia. • ¿Cuánto a la Guerra de Irak? ¿Qué tratamiento al terrorismo? ¿Por qué los inmigrantes en el sur de los Estados Unidos pierden la licencia de conducción?
Sin embargo, importa vender una forma de vida rodeada de productos ajustada por conceptos que opaquen las realidades.
2000 millones de seres humanos carecen de electricidad y jamás han hablado por teléfono. 852 millones de seres humanos padecen hambre. Millones de mujeres subalimentadas lloran a diario las muertes de sus hijos por enfermedades absolutamente curables.
Pero los Dioses del Olimpo, los centros de poder muestran, promueven, una realidad otra.
El cabello de la actriz española Paula Echeverría se condiciona con productos L´Oreal. La norteamericana Julia Robert va de bailarinas rosas de D vs G. Las camisetas de Wentworth Meller, el astro de Prision Break, son de Gucci. La cantante latinoamericana Shakira lanza su línea de perfumes en este 2008 El sexsimbol del momento en Europa, el modelo Kartajaran, tiene más de 200 páginas escritas sobre su vida… él impone belleza.
La publicidad comercial acapara más de un millón de millones de dólares. El mundo de consumidores garantiza la ilusión de ser, llegar y participar.
IMAGEN Y GÉNERO
Los paradigmas presentan a gente de fama y famosos, profesionales del éxito fabricado, arquetipos de ensueños. Manejar el fenómeno casi intuitivo del sentido de la imitación consustancial a los seres humanos es un objetivo esencial. La búsqueda de ejemplos se llena con los adecuados a los intereses del sistema. También se sazona con algunas gotas de trasgresión. Así hay color y sabor garantizados. Esa es la mirada triunfadora.
Esta simulada versatilidad, a prueba de registros, no incluye la diferencia. El mundo privilegia la figura eurocéntrica, preferentemente blanca, delgada, flexible y elástica, de cabellos y ojos claros.
Un momento de atención: las maniquíes, el soporte humano del precioso y confortable mundo propuesto tienen características precisas.
• Muchachas muy jóvenes (la edad se convierte en una desventaja). El factor suerte para que las descubran. Un ángulo perfecto del rostro o la silueta para que la maquinaria de embellecimiento se ponga en marcha. 1,80 metros de estatura. Tiene que lucir en la pasarela… 52 kilogramos de peso. No importa la anorexia, ni que sea caribeña, latinoamericana, de EE UU o europea. Ese es el canon. Y todo lo demás: la fábrica de ilusiones puesta en marcha.
El origen es secundario: la chica de brasil tiene que llenar el arquetipo al igual que la de Valencia o Guandong… El mundo tiene que suspirar.
Se habla de la anorexia, la anorgasmia, la terrible falta de autoestima, las tristezas que no cumplir estos parámetros deja en las muchachas de todos los confines. Entonces llegan otros métodos. Por ejemplo, una de las pretendientes a Miss universos de América Latina se hizo 22 operaciones para perfeccionarse, entre ellas afinó la cintura a costa de 4 costillas y remodeló pómulos y pantorrillas.
Ni una reminiscencia de su identidad: la chola andina, la mestiza mexicana, la descendiente oriunda de Guatemala indígena quedarán en el mundo de ensoñaciones y anhelos junto a la gran mayoría de asiáticas y africanas.
Claro, de cuando en cuando el exotismo instaura una negra de ojos enigmáticos, la etiope felina como los tigres de bengala; la mestiza de cuerpo apabullante, la japonesa con la carga histórica del reinado geisha… Ellas matizan y apuntalan la posibilidad de llegar. También, a veces la moda trae ciertas exuberancias (quizás los aires de los pasados años 50…), se rellenan busto, labios y otras áreas.
Esta cárcel de conceptos y pensamientos tiene barrotes de diamantes, guantes de seda de la Casa Dior, trajes de John Galliano, zapatos Manoletes, olores de la Casa Channel y un carro, a precio de ganga, Renault Clio de última generación y con seguro a todo riesgo. El sueño atrapa.
En este lenguaje gestual donde se articulan los conjuros el destino estipula la alucinación: solamente las elegidas llegarán de verdad, serán autóctonas y modernas quienes sigan el rito de estos universos míticos.
Lo más importante: olvidarse de todo lo demás. Los cuentos de hadas futuristas colman el placer de estar y llegar.
Un secreto: las cirugías estéticas para tener senos túrgidos se convierten en el regalo central de las chicas quinceañeras de EU. ¡Padres preparen los bolsillos! 2000 dólares promedio por operación; los implantes van de 300 a 10 000 dólares; claro, dependen de
la extensión y los sitios (cabellos, nalgas, bíceps, muslos, labios, pómulos, pantorrillas)…
Una nueva estética urge. La construcción de universos posibles que decodifiquen el entorno e instalen el caudal del imaginario popular con su representación de lo humano y lo divino en toda su complejidad poliédrica debe constituir un propósito puntual. Mujeres y hombres de esta era tienen que conducir el camino que los desmarque y muestre.
SOS: PELIGRO
Estas notas van dirigidas a un llamado de atención: Fortalecer el sentido de responsabilidad de quienes trabajan en los medios (escritores, guionistas, directores, maquillistas, productores, luminotécnicos…)
En Cuba, este camino se transita. La pantalla doméstica inauguró el verano del 2007 con un canal trasmitiendo las 24 horas del día; otro con 20 y dos con más de 16 horas diarias. Todas las provincias cuentan con telecentros y un horario en que transmiten para todo el país, y más de 20 municipios ya tienen grupos audiovisuales.
La TV de casa debe apuntalar sin mácula los objetivos esenciales en la promoción de los valores que proponemos, ser expresión de la cultura, costumbres, tradiciones y educación de la población y, por supuesto, desde ella constituirse en instrumento para erradicar definitivamente los prejuicios que aún perviven en la sociedad cubana.
Reflejar, mostrar el resultado del esfuerzo colectivo, lo variopinto de nuestra población, socavar las exclusiones y convertirse en puente para que el dominio conceptual sobre estas aristas que forje y sostenga el trabajo de creación artística e informativa en nuestros medios de difusión. Entre los aspectos generales están:
• Mostrar en su complejidad que el papel de la mujer en la sociedad de hoy, tanto en el espacio público como al interior del hogar, para lograr interactuar con las brechas que dificultan la existencia. Visibilizar a la mujer negra. Desplegar las posibilidades para reflejar el ascenso social. Crear audiovisuales con ella como protagonista tal cual sucede ya en nuestra realidad. Balancear positivamente la integralidad racial en locutoras y conductoras. Preparar técnicamente a todos los cuadros para que ángulos, luces, maquillaje, peinados y estilos potencien el atractivo de las no blancas. Cuidar el uso del lenguaje para que las marcas sexistas se difuminen y deje de ser el hombre medida del ser humano. Tarea que conlleva una especialización y dominio gramatical y literario del idioma. Al igual que el respeto en el diálogo. No se trata de una puridad falsa, sino de un intercambio inteligente donde primen educación y cultura. Ser meticulosos en el uso del valor violencia cuando se reflejen los valores y las relaciones inter e intrafamiliares, con mensajes de bien público que apoyen desde la recreación necesaria los arquetipos morales que propugnamos. Los productos comunicativos que muestren aspectos de las religiones afrocubanas deben partir de un estudio metódico para que no sean cultivo ni para la risa ni la marginación, entre otros aspectos.
Desde estas páginas resalto la preocupación y ocupación de la Federación de Mujeres Cubanas en relación al tratamiento de la imagen de la mujer y las diferencias. Desde sus congresos siempre han reflexionados sobre estos temas, haciendo llegar sus apreciaciones a creadores, artistas y al ICRT. Tarea que no por realizada deja de exigir una continuidad perenne.
Uno de los ejemplos es la aceptación del programa Cuando a una mujer, que estuvo entre los más solicitados del verano anterior. A pesar de que aún no es un producto perfecto, sobre todo en el tratamiento de las entrevistas, sí aborda temas imprescindibles para las mujeres y las familias.
Además, la conductora del espacio, negra de piel, proyecta una imagen atinada: pelo laceado unas veces, natural o con trenzas otras, y el maquillaje ha mejorado para resaltar su belleza con todos sus atributos.
Sigue este camino, también la conductora de Entre tú y yo. Y resalta en este empeño que desde el mes de marzo, en la emisión estelar del NTV, un locutor negro, atractivo, con nariz ancha y labios gruesos, participa de la conducción del espacio.
Finalizo estos apuntes. Reitero los planteamientos generales del material Un arcoiris para Gabriela. El análisis de la gente famosa, la singularidad del arquetipo que la prensa internacional muestra para la teleaudiencia de los países llamados del tercer mundo, las apreciaciones sobre cierto mimetismo que anida entre nosotros y algunos de los escollos para superar estas situaciones deben estar presente en la agenda de reflexiones que especialistas del tema, creadores y las instituciones pertinentes desarrollan.
La pequeña pantalla de casa juega un papel esencial en la vida de la población cubana. Ella es consustancial al entretenimiento, ocupa gran espacio del llamado tiempo libre, por tanto, resulta primordial el anclaje, fortalecimiento y desarrollo de los valores que nuestra sociedad promueve para la realización de los seres humanos y de la felicidad.
No se trata de pedir milagros, ni de enfatizar que la T.V sienta que es responsable de estos asuntos, sino de articular convenientemente su papel con los presupuestos del montaje ideológico que muestra cómo la piel define la subjetividad del ideario social cubano y graba la historia del país.
Desacralizar las marcas excluyentes continúa siendo un reto que condiciona nuestra esencia.
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