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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría:

09/08/2008 GMT 0

Cine Club Diferente “En femenino”

negracubana @ 17:13
El Cine Club sobre diversidad sexual Diferente (CENESEX-ICAIC) dirigido por Frank Padrón, recupera este mes su sede inicial (sala 23 y 12, sita en esas céntricas calles del Vedado) para presentarles el próximo 14 de agosto, a partir de las 8:30 p.m un programa que incluye los filmes:

Ella trabaja (Cuba) de Jesús Hernández (corto documental): sobre la incorporación de trasngéneros a la actividad laboral en  el país ahora mismo.

La bestia (Cuba) de Hilda Elena Vega (corto de ficción): laureado filme presentado en la pasada Muestra de Nuevos realizadores protagonizado por mujeres: fantasías sexuales, infancia, gore, erotismo, violencia … y mucho más.

Jugando a las escondidas (Estados Unidos), de Su Friedrich (docudrama de mediometraje) : Entrevista a lesbianas norteamericanas sobre su infancia, con representación fictiva de esa decisiva etapa, en sus realidades y mitos , recreada por estas mujeres, ya adultas y asumidas hoy, realizada por esta prestigiosa cineasta de cine independiente y experimental.

Presentadora invitada: Lic: María Caridad Cumana, de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

¡Les esperamos!

El centenario de la fundación del Partido de los Independientes de Color. Fotorreportaje

negracubana @ 16:43

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05/08/2008 GMT 0

El significado de un Centenario

negracubana @ 20:32

Por: Fernando Martínez Heredia

El día 7 de agosto hará un siglo que un grupo de cubanos fundó una nueva organización política, el Partido Independiente de Color (PIC), en la calle Amargura 63, en La Habana. Eran activistas negros y mulatos opuestos al racismo que persistía en el país después del fin de la esclavitud (1886) y de la gran gesta nacional del 95 que dio origen a la nación y al Estado republicano. Los negros y mulatos seguían sufriendo la situación social muy desventajosa en que los dejaron la esclavitud y el colonialismo, más la dura marca del racismo.

Los antiguos combatientes mambises y una población humilde que había ganado su ciudadanía no podían conformarse con esa situación.

El objetivo del PIC era organizar la lucha por sus derechos específicos, utilizando las vías legales de expresión, pública y electorales. Sus dirigentes principales fueron el veterano Evaristo Estenoz, el coronel Pedro Ivonet, un héroe mambí de la Invasión y de la campaña de Pinar del Río; Gregorio Surín, Eugenio Lacoste y otros. El PIC, que contó con miles de seguidores a lo largo del país, formuló demandas sociales favorables a toda la población humilde y trabajadora de Cuba y mantuvo ideas nacionalistas frente al imperialismo norteamericano.

El poder burgués neocolonial atacó sin tregua al PIC desde su nacimiento, porque lo amenazaba en el terreno de su hegemonía política bipartidista, liberal-conservadora. Acusados cínicamente de racistas, en 1910 se les declaró ilegales mediante la Enmienda Morúa a la Ley Electoral, y se mantuvo presos durante seis meses a dirigentes y activistas. Hostigados e impedidos de utilizar la vía electoral, optaron por lanzarse a una protesta armada el 20 de mayo de 1912, décimo aniversario de la instauración de la república. El gobierno de José Miguel Gómez movilizó miles de soldados contra ellos, mientras una sucia campaña de prensa los satanizaba. Durante junio y julio fueron asesinados Estenoz, Ivonet y por lo menos tres mil cubanos no blancos, la mayoría en la provincia de Oriente, principal teatro del alzamiento. Una ola de represiones, persecuciones y una intensificación del racismo se extendieron por todo el país. La república oficial celebró el gran crimen y lo sometió de inmediato a un olvido al que se fueron sumando —por la dura necesidad de sobrevivir y labrarse algún ascenso social— la mayoría de los discriminados y dominados en aquella sociedad.

En diciembre pasado el Partido Comunista de Cuba convocó a varias docenas de ciudadanos y constituyó la Comisión para Conmemorar el Centenario del Partido Independiente de Color en el país durante todo este año 2008. En poco más de siete meses se ha realizado una apreciable labor, debida al interés, la actividad y las iniciativas de un grupo de instituciones y numerosas personas, que no enumeraré por evitar el riesgo de los olvidos y porque no hemos terminado este esfuerzo: en realidad estamos ganando fuerzas para que continúe todo el tiempo que sea necesario. Las publicaciones y las filmaciones son productos que quedan al servicio de muchos que no conocemos, que multiplicarán su valor. Pero quiero destacar la gran importancia que tiene un hecho que se ha repetido en todos los eventos y reuniones que se han convocado en estos meses, y que tiene su raíz en las labores de los diez años precedentes. Un público muy numeroso —a veces un gentío— se ha reunido a escuchar, a pedir la palabra y participar, con verdadero fervor más que con atención. Esto es muy loable y alentador; pero también señala carencias, frustraciones y realidades negativas que persisten en nuestro país.

¿Cuál es el sentido último de estas labores de conmemoración? Ante todo, la recuperación de una memoria histórica de las luchas que ha emprendido y mantiene el pueblo cubano. En este caso, la reparación histórica de acabar con el olvido de aquellos hechos de 1908-1912 y la socialización de la comprensión de las realidades y los papeles que ha tenido el racismo en la historia de Cuba ya serán grandes ganancias, que se multiplicarían y harían permanentes si entre todos logramos que se incluyan esos temas en los contenidos de la historia nacional que se enseña en nuestro sistema educacional y en nuestros medios de divulgación, información y formación de opinión pública. Pero un segundo sentido de la conmemoración, ligado íntimamente al primero, es promover y darle aliento y armas a la lucha contra el racismo en la Cuba actual, elusivo pero pertinaz y que registra cierto crecimiento.

Como una modesta contribución al debate de ideas tan necesario para que avancemos frente a este problema de la sociedad cubana, cuya solución es factible y solo depende de nosotros, completo este texto con la intervención acerca del racismo que preparé para el magnífico 7º Congreso de la UNEAC del pasado abril, que no leí allí por el cúmulo de intervenciones valiosas que se suscitaron. Sirva también como homenaje a los que hace un siglo no consideraron que ya se había peleado y obtenido bastante, y siguieron peleando por toda la justicia.

En la lucha contra el racismo existen profundas diferencias entre la posición oficial de la Revolución y las ideas que manejamos nosotros, por una parte, y lo que sucede en la práctica social, por la otra. Tiene gran importancia la dimensión histórica del racismo, como uno de los elementos que participó en la construcción de Cuba como realidad específica, es decir, en el nacimiento y primeros desarrollos de la cultura nacional, y el proceso histórico de las transformaciones, las derrotas y las permanencias del racismo en la cultura cubana hasta hoy. En la actualidad es vital que no nos conformemos con formar parte de una elite consumidora de las mejores ideas, satisfecha con el nivel “superior” que posee, sino que actuemos como institución en la lucha contra el racismo, con la mayor energía y eficacia posibles.

¿Por qué los debates del VI Congreso de la UNEAC, y los innumerables eventos, divulgaciones y conocimientos adquiridos sobre este tema en los últimos años no se generalizan, y no llegan a convertirse en sentido común? ¿Por qué no resulta posible llevarlos a la escala de la sociedad? ¿Por qué no pueden llegar a ser la guía de las instituciones y de las prácticas de nuestro estado para escolarizar e instruir a la población, para divulgar, para entretener educando? Cansa repetir que nuestro inmenso sistema educacional no es un lugar de formación antirracista, y nuestro sistema de medios de comunicación, totalmente estatal, tampoco lo es.

En esta prolongada etapa de firmezas y transiciones al mismo tiempo, en el marco de la lucha por mantener la soberanía nacional y la transición socialista, la justicia social y la viabilidad económica, las diversidades sociales siguen ganando peso, mientras se mantiene la unidad política. ¿Cómo lograr que unas y otra no se contradigan, sino que se complementen y se refuercen? Si miramos la específica cuestión de las razas y el racismo desde esa perspectiva más general, pueden entenderse mejor sus problemas y los caminos de su superación. El racismo hoy, con todo y sus antiguas raíces, está ligado a los efectos que ha tenido la crisis reciente sobre los grupos menos favorecidos de nuestra sociedad; pero también a las necesidades ideológicas de los que aspiran a un regreso mediato al capitalismo, porque el racismo es una naturalización de la desigualdad entre las personas, algo que no se admitiría en Cuba actual si se plantea respecto al orden social. La lucha por la profundización del socialismo en Cuba está obligada a ser antirracista.

Tomado de La Jiribilla

Aclaración de Negracubana: El artículo anterior es posible que contenga términos sexistas, sin embargo por su importancia, en tanto contribuye directamente a rememorar eventos históricos profundamente relacionados con la lucha cubana contra el racismo, he decidido publicarlo en mi bloga. Lamento las molestias que pudiese ocasionar.

02/08/2008 GMT 0

4to Simposio de Hip Hop cubano

negracubana @ 16:59

Amparo no es la madre de sus hij@s

negracubana @ 12:48
Amparo era una joven mujer provinciana. Casada una primera vez, de cuya unión naciera Armando, no sabemos porque decidió dejar aquel matrimonio, -sería el primero pero no último- que marcaría parte de los acontecimientos de la vida de esta mujer, en especial los relacionados con la maternidad.

Mulata de pura cepa, padre chico-cubano y madre criolla, Amparo era de las muchachas más llamativas de San Juan. De piel color canela, y cabello largo (de un crespo dócil que le daba para hacerse peinados rebuscados) tan negro como sus ojos, achinados también. Nariz ancha y boca carnosa que le daban cierta singularidad a su figura esbelta y torneada.

Su mestizaje, procedía de varias generaciones anteriores. Su progenitor, Eustacio (quien, por cierto, participó en la Guerra del 95 bajo el mando del General Antonio Maceo), era hijo de Ramón y Ramona, chino él, africana ella, quienes al pertenecer a un mismo esclavista tomaron, luego de la obtención de su libertad, el nombre y el apellido de su amo (Forteza), suceso implicaría la pérdida infinita de los apellidos originarios de la familia.

Cristina, su madre, era tan mestiza como sus hijas (Amparo, Lucía y Celeste). Su padre, dueño de plantaciones tabacaleras en el oeste del país, se casaría por segundas nupcias con una esclava, una negra africana que, además de parirle, le ayudó a criar a sus hijos (blancos) productos de su primer matrimonio. Dada la próspera situación económica de la familia, la niña Cristina se crió y estudió en el convento de la ciudad cabecera.

Retornando a Amparo, además de Armando tendría otros cuatro hijos. El mayor de ellos, Juan José, fue fruto del paso por la ciudad de Juan Álvarez, un negro habanero que luego de varios meses la abandonaría para siempre sin siquiera reconocer la paternidad del hijo. Juan José, el niño, viviría soñando hasta la edad de 17 años el encuentro con el padre, lo cual se convertiría en su principal razón, junto a querer ver el mar, para viajar a una Habana que solo le prometía incertidumbre.

Papaíto, hombre aparentemente blanco –porque también tenía de carabalí-, se enamoró de la joven Amparo a pesar de los dos hijos y del estado civil casada que sobre ella pesaba. Vivina, Delfín, y Juan Antonio fueron productos de un amor que no se deshizo con la muerte de Mamaíta primero y de Papaíto después. Él se encargaría de criar l@s hij@s de las uniones anteriores de su mujer y los suyos propios, todos en la misma condición, sin distinguir razas, sexos o padre biológico, de hecho Papaíto murió con el deseo de reconocer legalmente a Juan José como hijo suyo, al que, como descendiente abandonado que era, no le fue dado el apellido de su padre; sin embargo el chico supo esperar pacientemente hasta arribar a la mayoría de edad para adjudicarse el Álvarez que legitimaría su identidad personal. Sin embargo, este obstáculo no fue el último que tuvieron que sortear Papaíto y Mamaíta, posteriormente emergería uno que comprometió de por vida el reconocimiento legal de la maternidad de Amparo.

Con dos hijos ya, y al tener a sus tres últimos, la joven se vio impedida de reconocerles pues permanecía casada con el padre del mayor. No sabemos con exactitud si las leyes de la época contemplaban una variante para que pudiese registrar a sus hijos e hija, quizás fue la moral provinciana la que los llevó a decidir que Papaíto les inscribiría con sus dos apellidos –Izquierdo Gener- para, entre otras cosas, no tener que dar explicaciones de porque los chicos y la chica no llevarían el apellido legalmente esperado, una forma de protegerles también de la ilegitimidad que sobre ellos ya pesaba. Consecuentemente, Mamaíta renunció al reconocimiento de sus descendientes, lo cual se traduce en que a pesar de haberle tenido nueve meses en su vientre, de haberle criado, amado y padecido, hoy ella no aparece registrada como su madre en los documentos pertinentes, Juan Antonio, Delfín y Vivina tienen en sus carnet de identidad una rayita en el espacio destinado al nombre y apellidos de la madre.


Especular quizás no sea conveniente, pero como su nieta tengo el derecho de pensar que el “altruismo” de mi Mamaíta, la (nos) traicionaría de por vida, porque es difícilmente comprensible que una mujer haya sido expropiada de la única evidencia certera de su existencia, sus hijos e hijas. Bien lo sabe mi tío Juan Antonio quien de chico, aun cuando sabía lo que decía su documento de identidad, al preguntársele su nombre no dudaba en decir a viva voz Juan Antonio Izquierdo Forteza. A mí que soy su sobrina-hija (mis hermanas, mi hermano y yo le debemos nuestra vida) me queda el dolor de que él, Delfín y Vivina, no son reconocidos legalmente como mis tíos y tía paterna; de manera de que si no me encargo de trasmitir esta historia oralmente –y ahora en mi bloga- mis hijas y las hijas de mis hijas no podrán conocer, a pesar del examen de los documentos de la época, los familiares que les antecedieron.

A ellas, las hijas de mis hijas les dejo acá parte de nuestra propia historia.

24/07/2008 GMT 0

Elizabeth habla sobre su boda con Mónica

negracubana @ 11:45

A Elizabeth y Mónica las conocí en plena faena para terminar una publicación escrita por chicas lesbianas y dirigida a la sociedad cubana en general. Les colaboré con la edición del material y aportándoles unas cuantas más. Ellas, son muchachas que tienen muchas ganas de hacer y que han sorteado diversos obstáculos para poder estar juntas y vivir su amor. Les comparto las palabras de Elizabeth el 17 de mayo del presente año en la celebración por en Día Mundial VS Homofobia.

 

 

 

Mitos y lesbofobia

Por Elizabeth Cabrera, estudiante de sociología de la Universidad de La Habana

Mónica y yo hicimos un trabajo investigativo sobre el nivel de machismo presente en parejas de lesbianas. Nos acercamos al CENESEX en busca de algún estudio previo sobre el tema y nos encontramos con la falta de bibliografía que existe. Pero, nos enteramos de un espacio en el centro donde se reunían mujeres lesbianas.
El primer día que asistimos estaba Mariela Castro junto a otras personas comentando sobre una estrategia educativa que se quería lanzar a través de los medios de comunicación para visualizar el tema de la diversidad sexual.

Por supuesto, inmediatamente nos sentimos interesadas y con ganas de colaborar en lo que pudiéramos. Y hoy estamos aquí en este lugar, haciendo realidad este anhelo de tantas personas y construyendo un camino hacia la búsqueda de la igualdad de derechos para todos y todas.

En Oremi encontré una forma de luchar contra las discriminaciones. Siento que estoy haciendo, que contribuyo y que se puede lograr nuestro objetivo.

La boda

Todo comenzó por una idea de una fiestecita entre amigos donde yo y Mónica nos juraríamos amor eterno y se convirtió en la primera boda de lesbianas, apoyada por una institución cubana. El CENESEX nos brindo su patio interior.

Esa fue la muestra de amor, de compresión, de apoyo más grande que Mónica y yo pudiéramos tener. Ese día en el CENESEX se respiraba amor.



Mitos
Existen muchos mitos alrededor de la mujer lesbiana, incluso más de los que existen para los hombres. Nosotras somos más juzgadas por estar la sociedad sujeta a leyes y costumbres patriarcales. Por ejemplo, una de las cosas que se piensa es que a las mujeres lesbianas no les interesa la maternidad, sin embargo, el derecho a la reproducción asistida, es causa de lucha en muchos países.

Hemos idealizado tanto el papel de la madre que cuando las personas homofóbicas piensan en una mujer lesbiana, no pueden ver a una mujer que ama a su hijo o hija, tanto como lo hace una mujer heterosexual.

La crianza no esta determinada por la orientación sexual de los padres, no es una atracción sexual hacia el esposo del vecino o hacia el novio de la amiga, simplemente son dos personas que se aman que quieren ser parte de la sociedad, que quieren contribuir con ella y que quieren formar a su hijo o hija.

La ley no cuestiona a una mujer heterosexual con problemas de alcoholismo y droga, con malas condiciones de vida, que tiene un hijo y lo que más se escucha de la gente es: “¿Esa está loca, como va a mantener a ese niño?” y siguen conviviendo con el fenómeno en su cuadra.

Otro de los mitos es que una pareja homosexual solo va a criar un hijo con tendencia homosexual y yo me pregunto: ¿cuántos de los homosexuales que estamos aquí somos hijos de homosexuales?

La homosexualidad no es algo que se enseña, no se aprende, no se contagia, es solo una preferencia sexual. Y al aceptarla, lejos de pensar que se pone en peligro la heterosexualidad, vamos a pensar que se van a evitar muchos crímenes, suicidios, fases de aceptación y conflicto entre los hijos y los padres, se van a abrir canales de comunicación que van a crear un acercamiento en las relaciones paterno-filiales.

Acabar con la homofobia es acabar con miedos, distanciamientos entre padres e hijos, discriminación, conflictos laborales, darle la oportunidad a todos y todas a luchar por un futuro de igualdad de derechos y oportunidades para todos, es darnos cuenta que existen otros tipos de discriminación contra las que también debemos luchar. Porque ¿La diversidad es la norma?

Lesbofobia

Hay veces que nos encontramos con personas que toleran a los hombres homosexuales, pero que no aceptan a la mujer lesbiana y eso es reflejo del discurso androcéntrico que sufrimos cada día, que hace ver a los hombres superiores a las mujeres. Por eso es que se afirma que la mujer lesbiana es triplemente discriminada.
A veces vamos por la calle y los hombres se meten con nosotras y nos dicen que si no queremos que nos haga compañía, que lo que nosotras necesitamos es a un hombre, y eso es un tipo de violencia que sentimos a diario y es una de las cosas con las que tenemos que luchar para hacerles ver que somos una pareja y que no necesitamos de terceras personas.

Otra de las cosas que se comenta es que la mujer lesbiana es una mujer masculinizada, y que cosa es estar masculinizada o feminizada, eso es simplemente una construcción que nos crean y una educación, cuando tu vas a la escuela y en la familia te enseñan que las niñas se sientan con las piernas cruzadas y que los varones no y realmente cuando la mujer asume su orientación, o sea como se dice, sale del closet, quizás ya no este intentando ese coqueteo hacia el hombre y eso provoca que ya no sea esa mujer tan femenina como “se quiera que sea” o como quiera la sociedad que sea y creo que eso es uno de los mitos que más nos afectan.
Ese hecho de que nos vean como un hombre o que nos pregunten quién es el hombre y quién, la mujer… No existe un hombre y una mujer, solo son dos personas que se aman y que comparten una vida.
Ver más fotos de la boda de Elizabeth y Mónica

22/07/2008 GMT 0

Cine Club "Diferente"

negracubana @ 14:45
El Cine Club "Diferente"vuelve el próximo 24 de julio a las 8:30 p.m. en el cine Riviera (Calle 23 y Ave. de los Presidentes) con la co-producción anglo-norteamericana Botas Kinky (Kinky Boots - 2005)

Director: Julian Jarrold

Sinopsis: Una travesti rescata a un hombre que, tras heredar la fábrica de zapatos de su padre, necesita diversificar la variedad de su producción si quiere mantener su negocio a flote...


... y recuerden que, después de la película, tenemos debate sobre el tema del filme!

Prosigue su andadura el Cine Club Diferente en La Habana con "Kinky boots"

La próxima oferta del Cine Club “Diferente” será este jueves 24 de julio y abordará el complejo mundo del travestismo mediante el filme anglonorteamericano “Botas Kinky” (Kinky boots), de Julian Jarrold, en la misma sala, hasta tanto se terminen las labores de remodelación del Cine 23 y 12, sede habitual del encuentro, que busca presentar cintas, cuya temática esté relacionada con el mundo de la diversidad sexual.

Cien minutos, cien años de cine. Así podría llamarse de forma alternativa el documental "El celuloide oculto" que, el mes pasado, nos presentó en su ya habitual Cine Club “Diferente” el crítico y escritor cubano Frank Padrón Nodarse. No hay dudas, que Hollywood, a lo largo de esta centuria y algo más, ha tenido oportunidades de acumular glorias y sinsabores. Difícil entonces, ante una producción tan prolífera, que algún tema de esta vida variada y llena de vericuetos, escapara de sus tentáculos y no pasara por su filtro, ya fuera para bien o para mal.

Así pues, "El celuloide oculto" (The Celluloid Closet), coproducción franco-alemana-británico-estadounidense, de 1995 devela, con la maestría del gran arte fílmico, cómo la industria del entretenimiento norteamericano, luego de una relativa y sorprendente ‘liberalidad' en sus primeros años, trató de depauperar la imagen y la autoestima del homosexual, así cómo aquellos realizadores conscientes y necesitados, se montaron en las alas de la metáfora y la sutileza para, al menos discretamente, reflejar en la pantalla grande, la vida de aquellos que escogieron amar de forma diferente.

A través de fragmentos, muchos de ellos censurados en su momento y perfectamente integrados al discurso, Robert Epstein y Jeffrey Friedman repasan con vocación de relojero, los mil y un ejemplos, en que Hollywood ejerció sus ‘buenos oficios' en el tratamiento de este lado de la vida, hasta hace poco silenciado por el main-stream del entretenimiento popular.

No faltan nombres de peso del showbizz, para reafirmar que no siempre la gran industria jugó limpió cuando el asunto era retratar a los homosexuales en pantalla. Entre ellos este ‘talking-heads' nos brinda los testimonios de astros como Tony Curtis, Whoopi Goldberg, Tom Hanks, Shirley MacLaine, Susan Sarandon, Gore Vidal y otros muchos que, al ser asumidamente gay, no podían ver con buenos ojos el mal manejo que de su experiencia vital se hacía.

Tampoco faltan ejemplos de filmes, aparentemente, inocentes que, de forma velada, presentaban situaciones de claras implicaciones homosexuales. Verbigracia Rebeca o Ben Hur, por sólo mencionar dos casos. También abundaron muestras de caricaturas, exacerbaciones, denigración y fatalismo. La lista sería interminable.

Claro quedó para el público, que llenó la espaciosa sala del cine Riviera de la Habana, que tal tratamiento no siempre fue casual, de hecho casi nunca y parecía encerrar unos lineamientos hasta ahora poco claros, pero no por ello menos destructivos.

El debate – parte implícita y fundamental del proyecto de Padrón Nodarse – se trabó a partir de las opiniones del auditorio y de importantes personalidades de la cultura nacional, que además de aquilatar las calidades del producto cinematográfico sometido a su consideración, aprovecharon el momento para la sana catarsis y la reflexión productiva, en torno del fenómeno que allí los había reunido.

Una vez más, Mariela Castro Espín, jefa del Cenesex, concedió la gentileza de su presencia y aprovechando el momento también hilvanó ideas sobre la necesidad de la presencia del gay en los medios, pero siempre a partir de posturas de dignidad.

© Antón Vélez Bichkov-NOTICINE.com

21/07/2008 GMT 0

Las Ciencias Sociales: En Cuerpo de Mujer y con Voz de Hombre. Neoliberalismo epistémico patriarcal

negracubana @ 18:12
Violencia epistémica de género desde el canon de las ciencias sociales • "A nuestro equipo de trabajo le inquietó que una formación en ciencias sociales fuese condición de imposibilidad para pensar el género, es decir que la epistemología y las metodologías de las ciencias sociales colonizaran y neutralizaran las potencialidades subversoras del campo de género"

por Miguel Gil

Las Ciencias Sociales: En Cuerpo de Mujer y con Voz de Hombre

Hoy es difícil negar que los movimientos de mujeres y los feminismos, hayan influenciado el constante crecimiento del acceso de las mujeres a la Universidad y a los mundos de las ciencias sociales en particular. Pero resulta muy polémica la idea de que la participación de más mujeres en la educación superior y en la producción científica haya producido cambios en los modos en que se ejercen las prácticas académicas y de producción de conocimiento o en redefiniciones de los contenidos del conocimiento científico.

Tampoco es evidente que más mujeres estudiando o haciendo ciencia, signifiquen la reorientación de la investigación hacia temas que tomen en cuenta problemas formulados a partir de una experiencia marcada por la diferencia sexual.

Desde hace 5 años vengo desarrollando un trabajo académico y político con perspectiva de género en una Facultad de Ciencias Sociales. He acompañado a las estudiantes durante un ciclo completo de su formación, es decir, desde que ingresaron al primer semestre de sus programas de educación superior, hasta ahora, que están terminando sus trabajos de grado. Varios de ellos fueron elaborados con perspectiva de género.

Durante este lapso de tiempo hubo una situación particular que llamó mi atención: gran parte de las estudiantes encontraban dificultad para conciliar los modos aprendidos de hacer ciencias sociales, con los modos de pensar desde género. Aquellas estudiantes que formulaban un problema de investigación a partir de la problematización de sus experiencias de género, al trabajarlo con las herramientas conceptuales y metodológicas que les da su formación profesional, terminaron perdiendo la perspectiva, extraviándose en los vericuetos de la búsqueda de la verdad científica occidental.

Ello no debería resultar extraño, dado que los conceptos que conforman a las ciencias sociales al parecer no constituyen un lenguaje capaz de nombrar aquellas experiencias que las estudiantes consideran de relevancia para el género. Si bien durante los cinco años de mi ejercicio de la docencia en ciencias sociales, he sido testigo del constante y progresivo aumento del número de mujeres que ingresan a la educación superior, junto a ello, he presenciado el progresivo silenciamiento de las voces autorreflexivas que habíamos logrado en el trabajo con las estudiantes.

Durante los semestres que duró la elaboración de sus trabajos de grado, las estudiantes parecían ser capturadas por unos modos de pensar los problemas, por unas metodologías de investigación y por algunos procedimientos institucionales, que de alguna forma vaciaban el potencial político que movilizaban sus trabajos.

Dichos proyectos, que al comienzo del proceso habían comprometido vitalmente a las estudiantes con sus relaciones de género, redujeron progresivamente el horizonte de observación al mismo tiempo que avanzaban en su formación epistemológica en ciencias sociales. Podría afirmarse que las formas de percibir, significar y representar las realidades de género eran colonizadas en sus imaginarios (concepto que ya ha sido usado en las ponencias durante este evento*).

Fue así como en nuestro equipo de trabajo emergió la inquietud de si podría estar ocurriendo que una formación en ciencias sociales fuese condición de imposibilidad para pensar el género, es decir que la epistemología y las metodologías de las ciencias sociales colonizaran y neutralizaran las potencialidades subversoras del campo de género.

Un recurso alegórico para entender esta problemática lo encontramos en un relato mitológico, el de Piral, quien tiene cuerpo de mujer y voz de hombre. Debido a su ambigüedad corporal es condenada al destierro y enviada hacia una ciudad cuyos habitantes eran ciegos. Allí logra destacarse durante años en la vida pública, debido a su habilidad como oradora, llegando a desempeñarse como respetada consejera. Años después, los habitantes del pueblo recuperan la visión, y al enterarse de que aquella voz que daba consejos coincidía con el cuerpo de una mujer, entran en cólera y la someten a juicio, condenándola a quedar sin voz, despojada de su lengua y su boca. Así mismo establecieron que los consejos e ideas, tantos años aceptados y reconocidos eran un engaño y formaban parte de un plan para destruir su cultura.

La presente ponencia pretende hacer un ejercicio autorreflexivo desde las ciencias sociales y propone algunos puntos para el análisis y el debate de las situaciones antes señaladas. Además promueve algunas perspectivas frente a un problema en el que creemos se juega la integración o la separación radical entre hacer y conocer.

Tendencias Epistémicas Neoliberales

Desde hace más de diez años, en América Latina, el campo de las ciencias sociales ha sido escenario del despliegue de tendencias epistémicas neoliberales. Tales tendencias se identifican con la mirada de un hombre/blanco, masculino/heterosexual, capitalista/patriarcal militar.

Si bien es cierto que tales condiciones de producción del conocimiento social fueron asumidas e institucionalizadas por las Universidades desde hace varios siglos y que ya habían entrado en crisis por las críticas provenientes desde los feminismos y desde los paradigmas de los estudios literarios y culturales de tendencia posestructuralista, no podemos dejar de advertir el hecho de que desde la década de los 90 del siglo XX, en las facultades de ciencias sociales en Latinoamérica se reactualizan y fortalecen ciertas condiciones de pensamiento fundadas en la división binaria de la realidad. Tal reactualización es entendida aquí como parte del despliegue de cierta globalización extendida a los campos de la universidad y de las ciencias sociales.

Dichas epistemes han logrado reposicionarse como hegemónicas mediante la repetición de un doble ejercicio de poder. El primer movimiento al suplir el lugar de enunciación, ocultándose así la localización corpo/política del sujeto y por ende sus marcas de raza lengua, clase, edad, sexo/género etc. Simultáneamente autoproclamándose como única racionalidad capaz de ordenar el mundo y con autoridad para juzgar a cualquier otra.

De esta forma, el canon del pensamiento binario reposicionó en las universidades latinoamericanas esa mirada del mundo, colonizada por las reglas dualistas que sostienen al patriarcado epistémico. Este naturaliza dicho modo de ver, conformándose como dispositivo principal de pensamiento social y a partir del cual se establecen criterios para financiar la investigación y cuyos resultados son la base para dar forma a la política pública.

Actualmente tal regreso latinoamericano a los paradigmas científicos del siglo 19, se legitima a través de la implementación de sistemas nacionales de ciencia y tecnología. Estas entidades se encargan de medir los currículos de los investigadores y de ubicarlos en una escala que privilegia a aquellos que producen conocimientos útiles para ser circulados según la lógica del mercado académico y editorial. De esta forma, se desplaza a la investigación en campos como el del género, que moviliza intereses distintos a los de las meta-narrativas empleadas como “ciencia para el progreso, ciencia para el desarrollo, ciencia para la paz y hasta ciencia para la igualdad de género”.

Así mismo, tales instituciones ordenan e implementan las políticas de investigación en ciencias de nuestros países. (No creo que en Cuba, pero…) En síntesis, desde instituciones articuladas a intereses económicos globales se da forma a los criterios que determinan qué, para qué y quiénes investigan en ciencias.

No deja de ser sospechoso que en algunas regiones de América Latina, como Colombia, el correlato político de dichas tendencias epistémicas se expresa hoy a través de la omnipresencia de su figura presidencial, encarnada en un líder que habla el código de un hombre/blanco, masculino/heterosexual, capitalista/patriarcal militar, cuyo discurso político recicla los temas del siglo 19 latinoamericano como son la paz, la patria, el orden, la obediencia a la autoridad, el cumplimiento del deber, la familia patriarcal como núcleo social y revive para la mujer los valores del “ángel del hogar”, imagen que reactivó en mi país las prácticas más reaccionarias en términos de género.

Paradójicamente, en Colombia no dejamos de sorprendernos cuando se conoció que fueron las mujeres quienes determinaron la reelección del actual gobierno y quienes con más vehemencia idealizan la figura presidencial, cuyo gobierno instaló un régimen social paramilitar, expandido regionalmente a través de las prácticas más machistas que yo haya conocido en el continente y quizás en el mundo. En efecto, justo en el momento en que Colombia pareciera entrar en la línea de lo políticamente correcto en términos de género y justo cuando las mujeres parecieran estar ocupando espacios sociales antes vedados, es cuando se fortalecen cultural y epistémicamente las tendencias patriarcales mas arraigadas.

Dispositivo epistémico colonial y producción de violencia epistémica de genero

La violencia epistémica de género se produce desde un dispositivo cuya lógica determina la alteración, la negación, y en casos extremos, la extinción de los significados de la vida simbólica de un grupo social. Por ejemplo la prohibición de una lengua materna en una nación ocupada, constituye una de las formas extremas de la violencia epistémica.

En su dimensión de género, tal violencia se relaciona con la enmienda, con la revisión y el borrón o la suplantación de los sistemas de simbolización, representación y subjetivación que las mujeres tienen de sí mismas, por ejemplo sus formas de registro y memoria de la experiencia.

Es importante subrayar que estos procesos de violencia simbólica están entrelazados con procedimientos que median, traducen y diluyen esa voz otra. Son procedimientos sutiles que han impuesto el sentido de la traducción, de la enmienda sin marginar a las afectadas. Estos procesos ejercen, por así decirlo, un chantaje cognitivo al plantear la dificultad o la imposibilidad de escuchar la voz otra desde sus modos y desde su cuerpo.

Durante los últimos años se han pronunciado al respecto algunas autoras feministas que relacionan la opresión de la mujer con “el carácter cada vez más «científico» de la sociedad occidental” (Spivak, 1989, Shiva, 1989; Merchant, 1992). Otras autoras no comparten esa visión estructural, pero mantienen una crítica cerrada de las prácticas científicas modernas y de sus efectos cosificantes y de exclusión sobre las mujeres (Haraway, 1991, 1997; Downey y Dumit, 1997).

Siguiendo esa línea de pensamiento procederemos a plantear una rápida genealogía del dispositivo que organiza la violencia epistémica de género en el campo de las ciencias sociales, con el fin de rastrear los modos en que esta adquiere su forma institucionalizada en la Universidad. Nuestra hipótesis es que dicho dispositivo mantiene y reproduce las estructuras propias de la visión eurocéntrica/patriarcal del mundo, al mismo tiempo que captura las posibles líneas de fuga.

La forma epistémica de la violencia de género conllevaría a la destrucción de las condiciones de posibilidad para explicarse el mundo con códigos y referencias propias, inclusive para quienes desde la academia o desde la política pública estudiamos o intervenimos el género. Así mismo dicho dispositivo impediría la emergencia y difusión de epistemologías no binarias, que se desmarquen de las determinaciones del sistema sexo/género y posibiliten conocimientos situados políticamente. (Haraway)

Epistemicidio y Colonización de la Mirada

Genealógicamente y siguiendo las perspectivas poscoloniales, podemos afirmar que el ejercicio de la violencia epistémica de género en América, emerge en Europa a comienzos del siglo XVI, como una de las manifestaciones del proyecto de gobierno imperial español. Este proyecto de dominación encuentra forma bajo la formación del sistema mundo y la expansión colonial de Europa.

Epistémicamente, este proyecto de gobierno exigía que la multiplicidad de modos de pensamiento, es decir, que la diversalidad epistémica de los pueblos del planeta fuera colonizada, traducida y reducida al formato de una serie de diferencias ordenadas jerárquicamente en el tiempo. En consecuencia las “muchas formas de conocer” quedaron integradas a una jerarquía donde el conocimiento científico-ilustrado aparecía en el lugar más alto y adelantado de la escala cognitiva, mientras que todas las demás epistemes eran vistas como su pasado, como la parte más atrasada.

En este esquema la ciencia significaba civilización, mientras que los saberes producidos y practicados por mujeres —junto con el de indios, negros, homosexuales y locos— significaban un estado de barbarie y de atraso, es decir de minoría de edad frente a la adultez alcanzada por la Ilustración.

Una consecuencia relevante de tal proyecto fue que se suplantaron los criterios de validez del conocimiento con criterios de cientificidad del conocimiento. Ello implicó que desaparecieran, que fueran invisibilizadas y/o normalizadas todas otras formas de conocer, que privilegiaban la búsqueda del bien y la felicidad o la continuidad entre sujeto y objeto, entre naturaleza y cultura, o entre hombres y mujeres. De esta maneral, al incidir sobre otras formas de conocimiento, se produjo un epistemicidio: la muerte de los conocimientos alternativos trajo la liquidación o la subalternización de los saberes y que portaban otros grupos sociales, como las mujeres, cuyas prácticas se asentaban en tales conocimientos.

La ciencia y, en particular, las ciencias sociales, asumieron así la condición de ideología legitimadora de la subordinación de las mujeres y constitutiva de la superioridad epistémica masculina para dar cuenta del mundo.

En síntesis, desde el dispositivo epistémico se nos colonizó la mirada a través de la imposición de la idea de que la realidad consta de dos ámbitos ontológicamente separados, promoviendo una separación radical entre lo natural y lo social y entre lo masculino y lo femenino, es decir esencializando la diferencia entre un cuerpo y otro que además pasaba a ser su opuesto. Ello conllevó a entender que la finalidad del conocimiento es la descomposición de la realidad en fragmentos con el fin de dominarla. Esta visión occidental/patriarcal presenta a la naturaleza y a la mujer como el enemigo que hay que vencer para domesticar las contingencias de la vida e instalar el reino del hombre sobre la tierra.

Es en este nicho epistémico que las ciencias sociales encuentran refugio y desde donde se constituyen heredando un imaginario colonial. Los hombres criollos ilustrados, quienes fueron vehículos de esta política del conocimiento, no dudaron en ubicar a las mujeres en el lugar más bajo de la escala cognitiva. Sobre este grupo debía dirigirse la violencia epistémica con el fin de disciplinarlas. El punto aquí es entender que la ciencia no era solamente el lugar de la distancia epistémica de la ciencia frente a la doxa, es decir del conocimiento verdadero frente a la opinión de todos los otros conocimientos, sino también el lugar de la distancia cultural de los hombres criollos frente a las mujeres.

Las Ciencias Sociales y la Universidad como refugios de la Episteme Patriarcal

Las ciencias sociales incidieron sobre la victoria de la episteme científica patriarcal/occidental y se convirtieron en una pieza fundamental para el proyecto de organización y control de la vida humana en América. El nacimiento de las ciencias sociales no es un fenómeno anexo a la organización política definida por el Estado Nación, sino que es una condición de posibilidad de tal organización.

Es necesario generar una plataforma de observación científica sobre el mundo social que se quiere gobernar. Sin el concurso de las ciencias sociales el Estado moderno no se hallaría en capacidad de ejercer control sobre la vida de las personas, de definir metas colectivas a largo plazo, ni de construir y asignar a los ciudadanos una identidad cultural. Las políticas del Estado demandan una representación científicamente avalada sobre el modo en que funciona la realidad social.

Las taxonomías elaboradas por las ciencias sociales no se limitan entonces a la elaboración de un sistema abstracto de reglas, sino que tienen consecuencias prácticas en la medida en que son capaces de legitimar las políticas reguladoras de los Estados. La necesidad práctica que hace emerger las ciencias sociales es la necesidad de ajustar la vida al aparato de producción, disciplinando las energías vitales y orientándolas hacia el beneficio del capital a través del trabajo

Es una idea aceptada que el progreso material de la nación depende de que la Universidad genere cierto tipo de sujetos que incorporen el uso de conocimientos útiles. Dicha idea conlleva el supuesto de que la universidad es la institución que sobre la base de una plataforma absoluta y objetiva determine cuales son las disciplinas científicas y sus respectivos objetos de estudio.

Ello determina, para quienes ejercemos las ciencias sociales, el permanente entrenamiento en un “pensamiento disciplinario” establecido sobre la idea de que los conocimientos tienen jerarquías, especialidades y límites que marcan las fronteras epistémicas que no pueden ser transgredidas. Estas fronteras diferencian entre unos campos del saber y otros. Tal estructura disciplinaria de la episteme recorta ciertos ámbitos del conocimiento definiendo los temas pertinentes a su objeto de estudio. Ello tiene fuertes implicaciones para quienes estudiamos las relaciones de género, porque las disciplinas se espantan ante posibilidad de entender que el cuerpo pueda convertirse en su objeto de estudio. Tal hecho rompería con las fronteras que imposibilitan que percibamos, demos significado y representemos cuestiones relativas al género.

Así, el currículo universitario define los cánones de las disciplinas que actúan como dispositivos de poder, que sirven para fijar los conocimientos en ciertos lugares evitando ciertas perspectivas peligrosas para el establecimiento. La formación profesional que ofrece la universidad, sus organigramas y sus estructuras curriculares, sus programas, así como los textos que circulan, los regímenes de evaluación y el reconocimiento académico de sus docentes apuntan hacia la legítima reproducción de cierta mirada del mundo. La organización disciplinar de la las ciencias sociales constituye así una violencia epistémica de género, en la medida en que los modos de percepción y representación del tiempo y el espacio de las mujeres es silenciado y suplantado por otro marcado por la racionalidad masculina, mantenida por la ciencias sociales tradicionales.

En todos los casos, de lo que se trata es que al articularse al lenguaje binario de las ciencias sociales hegemónicas, las perspectivas de género se vuelven invisibles dentro de los entornos curriculares patriarcales. ¿Por qué no pensar que hombre no es el sexo/género opuesto a mujer sino que son vecinos? ¿El de al lado y no el contrario? Continuar por el mismo camino conduce hacia la recreación del sujeto hombre/ blanco, masculino/heterosexual, capitalista/patriarcal militar.

Es preciso vulnerar y desestabilizar los modelos esencialistas y sexistas de la epistemología dominante, para poder hablar de descolonización de las relaciones de género. Así sea con buenas intenciones, pretender pensar género objetivamente, es decir compartiendo los supuestos de la ciencia occidental/patriarcal, resultaría en un acto de violencia epistémica dado que su racionalidad es la misma del hombre/blanco heterosexual/patriarcal capitalista/militar.

En consecuencia habría que promover miradas que entiendan que ser mujer tiene que ver menos con un cuerpo esencializado y más con un devenir, más con una visión orgánica del mundo en la que naturaleza y humanidad; hombres y mujeres; hacer y conocer formen parte de un todo interrelacionado.

Así mismo, desde la academia es necesario confiar más en los saberes que cotidianamente producen las mujeres para que desde un diálogo entre la academia y esa diversalidad epistémica, emerjan formas de hacer y conocer que puedan ser entendidas como contra violencia y resistencia frente al embate del neoliberalismo epistémico patriarcal, en Latinoamérica.

Con este artículo continuamos una temporada de reflexiones sobre el tema de género y violencia, con trabajos presentados en la pasada edición del Coloquio Internacional Violencia / Contraviolencia en la cultura de mujeres latinoamericanas y caribeñas, organizado, como cada año, por el Programa de Estudios de la Mujer en la Casa de las Américas.

Tomado de La Ventana

El actor Miguel Benavides

negracubana @ 17:45
Ha muerto el pasado 16 de julio —como el poeta Nicolás Guillén— el actor Miguel Benavides, quien representó a Cuba como una fuente viva y diversa del Tercer Mundo

por Nancy Morejón

Siempre decimos que el teatro es fugaz, efímero, a pesar de que su cuerpo existe gracias a un texto escrito por un autor o varios. Es una gran verdad. Un actor no es más que una de sus cuerdas, uno de sus alientos vitales cuya esencia es aún más efímera, más fugaz, más inasible. La vida es también un poco eso mismo; de ahí la grandeza suprema del arte de las tablas. Por estos días, tan sólo ayer, incineramos el cuerpo del actor Miguel Benavides, justo a los tres meses de haber perdido la poesía, la política y la cultura caribeñas a ese grande que fue Aimé Césaire.

La carrera artística de Benavides —médico de profesión— comenzó temprano cuando abandonó su práctica docente, durante los años sesenta, por las tablas, habiendo alcanzado su cumbre cuando encarnaba el personaje del héroe Patricio Lumumba en la pieza teatral Una temporada en el Congo (1973) que dirigiera en La Habana el director Roberto Blanco.

Benavides estaba hecho de bruscos contrastes y muchos de sus personajes estaban construidos a partir de esa característica personal. En una película como Patakín, dirigida por Manuel Octavio Gómez, asumió el protagónico de una comedia musical cuyas sendas de identidad se centraban en un personaje inspirado en la picaresca rumbera de La Habana. Esta obra lo reveló como un excelente comediante cuya fantasía biográfica había nacido de la tradición de nuestros bufos.

Muchos críticos de la época, entre ellos Rine Leal, concedían al talento de Benavides un peculiar sitio en el panorama de la cinematografía nacional. En ese sentido, es importante recordar cómo ha gravitado su peso, por ejemplo,

En la filmografía de un realizador como Sergio Giral; de Rancheador a Maluala hay un espléndido arco en cuyo cenit se dibuja el talento de este creador cuya imagen descuella con gran entrega y oficio no sólo allí sino en infinidad de seriales televisivos de Cuba. Y Cuba siempre formó parte de sus intereses. Fue inolvidable su lectura del ensayo Claves por Rita Montaner, del entonces joven poeta Miguel Barnet, una tarde de 1971, en la cafetería de la Unión de Escritores y Artistas, hoy reconocida como el célebre Hurón Azul.

Curiosamente, durante el último período de su carrera, su trabajo estuvo integrado al elenco de la Compañía Teatral Rita Montaner que ha permanecido vigente durante más de cuarenta años. Benavides buscaba lo cubano en cualquiera de sus manifestaciones. Y como muchos otros teatristas de la época encontró, recreándola, una fuente de inspiración en el lenguaje artístico que naciera en el transcurso de los años treinta. Su condición de actor lo hizo representar el repertorio cubano concebida Cuba como una fuente viva del Tercer Mundo en donde latía esa diversidad india, negra, en fin, mestiza, que impone su sello de identidad a Nuestra América.

Muerto un 16 de julio —como el poeta Nicolás Guillén, cantor de Manzanillo, inolvidable escenario del asesinato de Jesús Menéndez—, el actor Miguel Benavides, hijo de una familia de patriotas de la ciudad de Manzanillo, diseñó su futuro regresando a su tierra natal en donde se esparcieron sus cenizas luego de recibir el cariño y el homenaje no sólo de sus coterráneos sino de todo un público diseminado por toda la Isla, admirador de su obra.

En la bahía que dibujara Benny Moré en el imaginario popular de los cubanos, boga Miguel Benavides, hermoso actor, empujada su barca por los grandes seres que supo encarnar en su mágica y fugaz vida de actor.

Telmary Díaz, poeta de la calle

negracubana @ 16:11
Prefiere el calificativo de poeta de la calle, aunque también el de jazz poet porque la improvisación y libertad del jazz la apasionan. Para muchos, es solo Telmary: “No estoy atrapada por ningún tono ni técnica. Es lo bueno de no haber estudiado música”

por Sarah Moreno

Cuando Telmary Díaz camina por las calles de St. Clair, el barrio de Toronto, Canadá, donde vive desde hace un año y medio, con frecuencia escucha una voz de mujer que grita desde una ventana: "¡Qué equivoca'o!". La frase, que da título a uno de los temas de A diario, su primer CD en solitario, se ha convertido en un himno femenino de rebelión ante aquellos hombres que llegan pintando villas y castillas y después se recuestan y no trabajan.

La cantante cubana, a quienes muchos llaman rapera, aunque ella prefiere el calificativo de ''poeta de la calle'', ha hecho popular el tema en sus conciertos en Canadá, y especialmente en su barrio, donde tradicionalmente han vivido portugueses, italianos y, ahora, muchos cubanos.

''Aquí se celebran unos carnavales con cervezas y cajitas de comida'', informa Díaz, sin poder evitar la comparación con Cuba.

Sentada en el pasillo fuera del apartamento que comparte con su pareja, también músico —para que los ruidos no interrumpan la entrevista telefónica con El Nuevo Herald— Díaz ofrece un paseo por cada uno de los temas de su disco, producido por Roberto Carcasés y Yusa. También echa luz sobre la música cubana más reciente, marcada por uno de los grupos a los que perteneció, Interactivo: "Una nave comandada por Carcassés en la que cada miembro cultiva a su vez una carrera individual".

Rezo, el primer tema que escribió sola en su totalidad, inaugura el disco con una invocación a Elegguá en la voz de Descemer Bueno. ''Los cantos a los orishas son una de las raíces del hip hop cubano, junto al repentismo'', opina Díaz, refiriéndose a los ritmos afrocubanos y a la improvisación de décimas, típica de la música campesina. Para ella, quienes cultivan el género en la isla deben inspirarse en estas manifestaciones autotóctonas y no en los raperos norteamericanos.

Fiesta nació de la amistad. Telmary llegó a casa de Athanai —''el rapero blanco'', como lo llama— en España, y éste la recibió con el saludo: ''Fiesta, para que te la sientas''. "Salió muy orgánicamente. Le dije 'es un coro', y nos encerramos en el estudio y grabamos Fiesta''.

Pa' que vuelva lo escribió de un tirón en una cabina telefónica de Madrid. Dedicado a Frank, un baterista que hoy es su pareja, y enriquecido con el saxofón de Ariel Bringuez, surgió de una noticia desgarradora. ''Me enteré de que se había quedado en Canadá'', recuerda acerca de lo que le comunicó Frank desde el otro lado del Atlántico. "Luego me dijo: 'Sigamos juntos y verás que la vida nos va a unir'''.

Un viejo amor, William Vivanco, la acompaña interpretando Mr. God. Compuesto por ambos, el tema incluye parte de la letra en inglés, idioma que Díaz aprendió cuando estudiaba Lengua y Literatura Inglesa en el Instituto Pedagógico de La Habana.

Marilú, compuesto por Juan Formell, tiene nuevos arreglos de Díaz para A diario y la voz de Mayito Rivera, de Los Van Van. ''Mi mamá se llamaba Marilú, era periodista de Radio Rebelde, y falleció en 1985. Fue amiga de Formell y siempre bailaba esta canción'', comenta la cantante, que desde niña escribía poesía y soñaba con ser periodista como su mamá, aunque también tenía habilidades para las ciencias e incluso llegó a ganar un concurso nacional de Física.

Sueño brujo, con el grupo español Ojos de Brujo, mezcla el flamenco con el hip hop. La fusión apasiona a Díaz, que además de ''poeta de la calle'' acepta llamarse jazz poet porque la improvisación y libertad del jazz la apasionan. Si de algo se precia en sus diferencias con los clásicos intérpretes del hip hop es de tocar siempre con músicos en vivo. También se aparta de la agresividad de la mayoría de las letras.

''Ustedes quieren que me ponga roja y grite. Con mi femineidad voy a lograr que me escuchen igual; equilibrar es la palabra clave'', dice, negándose a imitar a los raperos hombres.

La sensualidad de su voz, los sombreros, pañuelos, turbantes y las prendas artesanales que viste, las mismas que fabricaba con sus manos y que en un tiempo le ayudaron a pagar la renta —en dólares— en Cuba, reafirman que disfruta ser mujer.

''La parte sensual me sale natural. Es lo bueno de no haber estudiado música. No estoy atrapada por ningún tono ni técnica. Soy una persona de palabras'', confiesa.

El gusto por ''actuar'' las palabras cuando canta le ha abierto puertas a filmes como Habana Blues, del español Benito Zambrano, y al más reciente Alborada Carmesí, una película de suspenso colombiana filmada en parte en La Habana por el periodista Luis Hernán Reina.

''Hay un duelo musical entre el Diablo y yo'', adelanta la cantante de su rol en Alborada Carmesí, que probablemente se estrene en septiembre en el Festival de Toronto.

Tomado de La Ventana publicada originalmente en El Nuevo Herald

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