Libro sobre tema lésbico


Por: Rufo Caballero
El sábado 17 de mayo tuvo lugar en Cuba un acontecimiento que hace historia. Sin dudas, hace historia. Pero sucedió no en Cuba, así, en general, sino en el cine-teatro Astral, dirigido por la Unión de Jóvenes Comunistas, y usualmente reservado para asuntos concernientes a la Batalla de ideas. Allí, se desplegó un competente espectáculo de transformistas, bajo la dirección del maestro Carlos Díaz y con la asesoría del Centro Nacional de Educación Sexual.
¿Y?, debiera ser la pregunta. ¿Cuál es la paradoja de que en el espacio consagrado a la Batalla de ideas se exhiba, con toda la naturalidad del mundo, un notable espectáculo de transformistas? Tiempos son de comprender que si de algo tiene que ocuparse la Batalla de ideas es precisamente de saber negociar con la subjetividad, con el mundo de la mentalidad del cubano. Batalla de ideas no son sólo las campañas directamente políticas, sino todo aquello que pueda hacer sentir bien al cubano de a pie; ello es: eliminar barreras artificiales, acabar con las exclusiones y las segregaciones, comprender que todos los sujetos, absolutamente todos, merecen expresarse. Eso es Batalla de ideas, y de las buenas. Con razón y con justicia, entonces, el Astral se vistió de gala, y de gloria.
El espectáculo resultó excesivamente largo, pero fue comprensible: era la primera vez que acontecía, a este nivel de legitimidad pública, semejante acto de justicia social, y por consiguiente, había que gastárselas todas. Y se las gastó el maestro Carlos Díaz, quien ofreció un recio espectáculo, de buen gusto, cálido sin tremendismos, comunicativo sin mayores efectismos. Sobresalió la brillante interpretación de Waldo Franco como Virgilio Piñera, personaje que, en la escena, dijo –admirablemente- algunos de los poemas del gran dramaturgo cubano. Luego, destacó el arte de ese torrente de temperamento y de talento que se llama Abraham o Imperio, como se quiera, en una memorable reinterpretación de un tema de El fantasma de la Ópera . De cerca seguido por las virtudes histriónicas de Samantha de Mónaco, Estrellita, Naomi, Maridalia, y tantas otras, u otros –de poco importa la delimitación-, que hicieron delirar al público, siempre dentro de las normas del respeto y la profesionalidad. El diseño de vestuario fue particularmente creativo, como en el caso de el/la transformista que se vistió de policía, con uniforme metálico, esposas y todo.
La escena era presidida por una enorme y preciosa bandera cubana. Y Carlos, malicioso, con todas las mañas de su oficio, supo intercalar, entre los divismos pop de las transformistas, notables estampas de la cubanidad: la Cecilia Valdés del maestro Gonzalo Roig, un homenaje a Oshún, un guiño a la gracia del teatro bufo cubano, etc. Y era hermoso constatar cómo ese público –donde había de todo, pero abundaba ciertamente el sujeto gay-, común y discriminatoriamente vinculado a la frivolidad, aplaudía a rabiar cuando aparecían algunos de los signos mayores de la cubanía.
Eso demostró que no se nos puede ir un Diego más. Estos, como aquel de la entrañable película de Alea, Tabío y Senel, aman profundamente su país y su cultura, y no hay razón alguna para que nada o nadie los excluya o los ningunee.
El espectáculo fue la culminación de una exitosa jornada cultural contra la homofobia, la transfobia y otras formas de exclusión. Detrás de todo esto, estaba, justo es subrayarlo, una brillante mujer: Mariela Castro, a quien tal vez su humildad le impida percatarse de las páginas que está escribiendo para la historia de este país. Había que ver la emoción con que los transformistas, entre lágrimas, le agradecían, con flores y con abrazos, su obra de ensanchamiento social. Quienes tuvimos el privilegio de asistir esa noche al Astral guardamos el orgullo de haber compartido una noche histórica en la vida de la nación cubana. Pero no sólo Mariela. Todo el CENESEX, institución que encabeza las fuerzas democráticas de una Cuba abierta al cambio; institución sabedora de que Revolución quiere decir que la gente viva, sin odiosas exclusiones, sin pretericiones, sin prohibiciones, sin silencios.
Son muchos los artistas, los intelectuales, los sexólogos, los sociólogos interesados en una Cuba abierta a la vida. Esos intelectuales y artistas son, antes, con absoluto orgullo, cubanos de a pie. Cubanos que han devuelto la esperanza a los suyos, en cuanto al sentido verdadero de la palabra Revolución. Una Revolución no se hizo para zaherir, para sancionar, para olvidar; una Revolución se hizo para que la gente respire, para que la gente se exprese, para que la gente disfrute. El placer y la satisfacción no son enemigos de la Revolución: son aliados; son legítimas ambiciones, allí donde un tiempo sólo se pensó en el sacrificio y la abnegación. Que también, porque la vida no es sólo una noche de lentejuelas, pero deber y placer deben complementarse en la vida de mucha gente ávida de experiencias como esta jornada.
No son tiempos para resabios. No son tiempos para pases de cuenta impropios. No son tiempos para la torcedura de pensar que todo esto es simulacro de la misma oficialidad. Como cuando Fresa y chocolate: palo porque boga y palo porque no boga. Para los extremistas del exilio, era una obra prevista por el régimen; para los extremistas de adentro, era una obra pagada por la CIA. Y justo al medio, como en una carpa en medio del mar, una pieza emancipadora, que abría caminos de comprensión en la vida de los cubanos. Tiempos son de apoyar todo aquello que implique apertura, entendimiento de que una Revolución no es la guillotina al centro de la Plaza –como en aquella gran novela del maestro- sino un grupo de transformistas encima de un escenario. Porque hora es de comprender que el cuerpo de cada cual importa sólo a cada quien, pues el individuo se mide por su grado de contribución al cuerpo social, por el mundo de valores y no por las marcas en el cuerpo físico: por el sentido de la solidaridad, de la fraternidad, del desprendimiento, por la inteligencia, por la cultura.
Obra de inteligencia y de cultura ha sido esta jornada, que incluyó debates, paneles, conferencias, exposiciones. En nombre de los intelectuales cubanos, pero sobre todo de los cubanos sin gloria, de los cubanos roncos y profundos de todos los días, esos que no resisten más el diferimiento y la segregación, me arrogo el derecho de agradecer al CENESEX y a Mariela Castro esta jornada cultural contra la homofobia. Victoria ha sido de la nación cubana. Escrita ha quedado en las mejores páginas de una Cuba que mira al mañana verdaderamente con todos, por el bien de todos, y el diálogo humanísimo entre todos los que, por naturaleza, son diferentes o similares. Diferentes son en la apariencia –una pluma en la cabeza, una camisa de cuadros, una cinta en el pelo-, pero idénticos son en tanto humanos y cubanos.
Con el objetivo de contribuir a la educación de toda la sociedad en el respeto del derecho a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género, el CENESEX está coordinando las actividades de la Jornada Cubana por Día Mundial contra la Homofobia, 17 de mayo, lo cual incluye la presentación varias publicaciones
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Foto tomada de Alma Mater
Se hablaba de masculinidad, ese era el pretexto que nos reunía de manera formal aquella mañana en el Instituto Internacional de Periodismo. La emoción por el re-encuentro de colegas, la incertidumbre sobre el evento que comenzaba, más la avidez por el tema en cuestión hacía de aquella sesión la esperada para todas las personas presentes. En el programa, un nombre un poco extenso, que a priori parecía no importarme:. Sin embargo, conociendo que Julio Cesar es historiador, supuse cierta complicidad suya al poner como cierre de aquella tarde una ponencia de tal índole.
Resultó que la autora ahora estaba en el estrado e iba a comenzar a presentar su ponencia. A los pocos instantes del comienzo advertí lo que de interesante tenía la información que nos estaba ofreciendo: los manuales de urbanidad de la ciudad de Caracas escritos en el siglo XIX pautaban explícitamente normas de comportamiento relativos a los conceptos de masculinidad y feminidad, ¡increíble, pero cierto! En aquel momento supe que me acercaría a ella para agradecerle por el tema que nos proponía abordar.
La concepción de esta entrevista estuvo exactamente en el segundo en el que me le acerque y ella, Marianela Tovar[*], de manera muy solicita escuchó mis breves y temerosas palabras. De ahí en adelante, comenzamos una relación especial de complicidades, aprendizajes y sinceridad. De este vínculo y de mis preguntas a lo largo de tres días, surgieron estas respuestas.
Mi familia más cercana estaba conformada mi mamá, mi papá, mi hermano, mi hermana y yo, que soy la del medio. También estaban mi abuelo y abuela paterna y mi tío (ya todos han muerto) y se han agregado mis respectivos cuñada y cuñado, mi sobrino y mis sobrinas.
Mi mamá está separada desde hace años de mi papá, así que mi hermana y yo hemos asumido la responsabilidad de proveer y de cuidar a mi mamá. También estoy pendiente de mantener el contacto con mi papá y lo veo con frecuencia. Me imagino que he asumido, inconscientemente, la tarea de cuidar de ellos.
2. ¿Cuáles son los principales legados de tu familia que te hacen reconocerte como miembra de ella?
Los principales legados de mi familia son, en primer lugar, el respeto por la diferencia, por la diversidad. Ellos empezaron por respetarme a mí, sin hacerme preguntas, sin hacer que me sintiera rara (aunque yo sabía que lo era). Creo que más bien trataron de protegerme y, quizá, por eso, sentí que tenían preferencia por mí. No recuerdo haber oído comentarios homofóbicos, racistas o clasistas en la casa, los oía en la calle. Oía comentarios homofóbicos en contra de mi tío, un locutor y actor de televisión conocido. La gente, muy insensible, nos hacía comentarios impertinentes o nos preguntaba acerca de mi tío. En mi casa no se decía nada sobre su vida privada, sólo sé que lo querían mucho. En segundo lugar, en mi casa nos enseñaron a no dejarnos llevar por las apariencias, a no darle importancia excesiva a los bienes materiales. Aunque teníamos una buena situación económica, en mi casa no se hacían gastos innecesarios ni se compraban bienes superfluos. Teníamos las cosas que necesitábamos y no más. Estas y otras cosas hacen que me reconozca como miembra de mi familia, sé que esa parte de mi se la debo a ella. Son legados que valoro mucho y que han nutrido mi formación como persona y como militante.
3. Cuéntame un poco aquellos elementos memorables de tu infancia que de alguna manera explican quien eres hoy en día.
Está pregunta es un poco difícil para mi porque de mi infancia tengo pocos recuerdos claros, es como una gran nube con pequeños espacios luminosos. De esos espacios luminosos recuerdo especialmente dos, que no me parecen que sean especialmente traumáticos o especiales, pero me imagino que debieron tener una importancia particular para que los recuerde.
Recuerdo que durante mi niñez siempre me sentía y actuaba como un niño. Al igual que todas las marimachas, me gustaban los juegos de niños, tenía juguetes marcados socialmente para niños y las niñas me parecían tontas, frágiles y pendientes de nimiedades. Lo irónico era que el uniforme de la escuela era una falda, así que diariamente tenía que vivir con la contradicción de querer ser niño, pero al mismo tiempo se me recordaba que era una niña.
Recuerdo particularmente los carnavales, que yo veía como una oportunidad única de usar disfraces o trajes de niños. Recuerdo una vez, alrededor del tercer grado, yo quería disfrazarme del zorro o de supermán. Me encantaba el zorro por el asunto de las patillas y el bigote. Sin embargo, algo me decía que no debía pedir esos disfraces, que si los pedía era como ponerme muy en evidencia (¡que ingenua!) y que probablemente esto sí preocuparía a mi papá y mi mamá y que quizá cambiarían conmigo. Pero creo que, por sobre todo, me preocupaba por las consecuencias que esto traería dentro de la escuela. Al final, me disfracé de superniña y no sólo me sentí miserable, sino que además, me sentí como una cobarde y una falsa.
Tengo una foto donde en otro carnaval estoy disfrazada de gitana, cuando lo que quería era disfrazarme como mi hermano, de pirata, en la foto estoy muy sonriente. Las niñas y niños somos muy buenos tratando de complacer a los demás.
Recuerdo estos eventos, porque es uno de los pocos momentos de mi temprana infancia donde tengo consciencia de que lo que siento no es aceptado por la sociedad y donde tomo una decisión (ahora pienso que equivocada) que respondía a un mecanismo de defensa, pero que implicaba la represión de mi yo.
Recuerdo varias experiencias de indiferencia y rechazo por parte de los compañeros de clase, pero recuerdo especialmente un cumpleaños, mis padres me organizaron una fiesta en el edificio, creo que yo tenía once años, no recuerdo como estaba vestida. Todo estaba listo, pero ninguno de mis compañeros de clase vino, sólo llegó una amiga que siempre fue mi aliada. Recuerdo que su preocupación y la de mis padres se acrecentaba cuando pasaban las horas y nadie llegaba, hasta que se hizo evidente que nadie más iba a llegar. Después, nadie se disculpó, ya que no lo consideraron necesario. Esa vez, sentí que no fue un acto aislado, que no fue una casualidad, que no fue por azar, sentí que era ignorada y rechazada por un colectivo.
Ahora soy lo que soy, porque las múltiples experiencias de represión y rechazo -de las que mis padres no me podían protegerme- me han llevado a un difícil proceso de aceptación de mi misma y me han hecho más fuerte, más decidida, pero, sobre todo, hicieron que me formara y me politizara.
4. ¿Quién es la persona que más contribuyó a tu formación política?
No fue una sola persona, fueron varias, empezando por mi padre y mamá, quienes por haber sido comunistas, tenían una gran cantidad de libros de autores comunistas y socialistas en la casa. Además, mi papá tenía muchos libros de Kinsey, Hite, Masters y Jhonson, Freud y Reich. Después, en la universidad, me encontré con compañeros que ya tenían formación política, me dieron mucho que leer y me hicieron entender la necesidad de ingresar al partido comunista. Sin embargo, de todas las personas que influyeron en mi formación, debo destacar a un puertorriqueño que fue durante algún tiempo mi compañero. Él tenía una gran formación política, era independentista, había militado en la Liga Socialista en Puerto Rico y en el Partido Laboral Progresista en Estados Unidos. Tenía posiciones políticas muy firmes y siempre trataba de estudiar y de estar actualizado en historia, economía y política. Gracias a él aprendí mucho sobre Puerto Rico. A pesar de ser, lo que diríamos comunista línea dura (por la experiencia una esperaría una mente cerrada), nunca tuvo nunca ningún problema con mi expresión de género ni mi sexualidad y era intransigente en su postura contra la homofobia. Yo lo conocí en los noventa, que fue una década muy difícil para nosotros los comunistas. Me enseñó la importancia del estudio constante, ser firme con los principios, no ser liberal en la política y en la necesidad de la confrontación con los enemigos.
5. ¿Quién es la personalidad política que de alguna manera guía tus pasos?
Son varias las personalidades quienes guían mis pasos, todas del siglo XX: Carlos Marx, Rosa Luxemburgo, Ernesto Che Guevara, Leslie Feinberg. Sin embargo, es Vladimir Ilich Lenin la personalidad que más ha influido en mi práctica política.
6. ¿Cuándo escuchas la palabra revolución, en qué piensas?
En crisis, en ruptura, en movimiento, en constante transformación. Pienso en cambios en el sistema económico, en cambios sociales, en cambios culturales. Cambios en nuestras concepciones del mundo. Pienso en cuestionamiento de nuestros prejuicios, de nuestras ideas, de lo que damos por sentado y sabido. Cambios en nuestros hábitos, costumbres. Cambios en las cosas que más nos afectan, nuestras relaciones personales, en nuestra percepción de la sexualidad. Esto requiere una gran creatividad y esfuerzo, porque implica cuestionarnos a nosotros mismos y amerita abrazar concepciones, que consideramos no sólo extrañas, sino que entran en contradicción con nuestra propia forma de llevar nuestras vidas.
Cuando escucho la palabra revolución pienso en el pasado y en el futuro. En el pasado porque pienso en la Unión Soviética, en la Revolución China, en Cuba. En el futuro, porque pienso en el fin del capitalismo, del patriarcado, en la supervivencia del planeta, en una sociedad mejor, donde desaparezcan las clases sociales, donde desaparezca el racismo, el sexismo, la homofobia, la lesbofobia, la bifobia y la transfobia. Una sociedad donde no se conozca discriminación de ningún tipo. Pienso una sociedad inclusiva, donde se acepte la diferencia. No pienso en una sociedad perfecta y armónica, pero pienso en una sociedad donde los problemas y las luchas serán de otro tipo.
7. ¿Cómo participas de la revolución que sucede hoy en día en tu país?
De diferentes maneras: estoy investigando y escribiendo. Pero, pienso que en este momento, mi participación y contribución al proceso revolucionario que se está desarrollando en Venezuela es, sobre todo, a través de la lucha contra el sexismo y la discriminación contra todos los que por nuestra sexualidad o identidad no encajamos dentro del sistema patriarcal y heterosexual dominante. Esta lucha es parte de un proceso más amplio cuyo objetivo es incorporar el principio de diversidad y, en específico, de diversidad sexual a la lucha por una sociedad definida por la igualdad y la justicia.
Lamentablemente, en la actualidad no milito en ningún partido (pero no soy anti-partido) u organización política, en parte, porque yo soy comunista y no considero que en Venezuela actualmente exista ningún partido u organización política que tenga la organización, la disciplina, la ideología y el trabajo organizativo que esté a la altura de las exigencias de esta etapa del proceso revolucionario. No digo esto por razones individualistas, ni porque me crea superior, simplemente pienso que los partidos de izquierda en nuestro país están a la saga, esperando las directrices del presidente, en vez de estar, junto con lo líderes y lideresas, a la vanguardia, empujando hacia la izquierda, radicalizando el proceso. Por otra parte, un elemento que inevitablemente me aleja actualmente de los partidos y organizaciones, es el sexismo y la homofobia tan arraigada en estos, no voy a desgastarme peleando dentro de las filas del partido. Si entro en un partido, mis fuerzas se concentrarán en una lucha más amplia y otra vez el asunto de la lucha contra el sistema patriarcal y heterocentrista quedará a un lado. En este momento creo que puedo hacer más desde nuestro grupo, estableciendo lazos con otros movimientos sociales, tratando de construir en el día a día una sociedad inclusiva.
8. ¿Cuáles crees que sean los principales asideros de este proceso revolucionario?
Actualmente, los principales asideros del proceso revolucionario son, con todas sus fallas, primero, el creciente proceso de organización de los sectores más pobres de la población venezolana, a través de los consejos comunales, los sindicatos, las organizaciones de mujeres, las organizaciones campesinas, gremiales, comités de tierras, comités de salud y comités de agua, entre tantos otros. Segundo, otro asidero son los programas creados para garantizar a la mayoría de la población acceso a la alimentación, a la salud, a la vivienda y a la educación; una población con sus necesidades básicas cubiertas y educada es un gran apoyo y a la vez la base del éxito del proceso. Tercero, el surgimiento de nuevos liderazgos colectivos individuales locales y regionales, que eventualmente sustituirán a los oportunistas, a los líderes impuestos por las maquinarias de los partidos y a aquellos que nos están a la altura del proceso. El cuarto asidero es la formación política e ideológica; creo que éste es uno de los puntos más débiles del proceso y al que se le debe dar más importancia, ya que en última instancia es el que va a garantizar que la revolución arraigue y se mantenga en el tiempo por encima de las individualidades.
9. ¿Cómo la revolución bolivariana aborda el tema lésbico?
La revolución bolivariana no aborda el tema lésbico, porque las lesbianas hemos sido y seguimos siendo invisibles para la sociedad. Tampoco aborda el tema de la diversidad sexual. Son conocidos los comentarios abiertamente homofóbicos y lesbofóbicos hechos por funcionarios “revolucionarios” prominentes tales como los del Alcalde Mayor de Caracas, Juan Barreto. El presidente Hugo Chávez ha tocado explícitamente el tema de la homosexualidad y ha lo ha hecho en términos cuidadosos y respetuosos, pero obviamente no es un punto central en su agenda.
Sabemos que hay altos funcionarios y funcionarias del gobierno que son homosexuales y lesbianas, pero están dentro del clóset y no hacen de su opción sexual una bandera política. Así que para nosotros y para todo el mundo, es como si fueran heterosexuales, o lo que es peor, como si sintieran que es un punto débil que deben ocultar.
Lamentablemente, no existe una política coherente de Estado con respecto al asunto de la diversidad sexual, lo cual afecta especialmente a las lesbianas, transgéneros y transexuales, quienes hemos sido históricamente estigmatizados, discriminados e invisibilizados.
No obstante, tengo que señalar que el Estado y, en este caso, el gobierno bolivariano, sólo asumirá una política explícita y articulada cuando nosotros, los sexo divers@s, de manera organizada, empecemos a hacer una presión constante y efectiva para que se discuta abiertamente el tema de la diversidad sexual y para que se hable constantemente de este tipo de discriminación y su incompatibilidad con la construcción de una sociedad socialista.
Ahora se está dando una coyuntura especial para nosotros en Venezuela, ya que se está desarrollando todo el proceso de reforma constitucional. Algunas organizaciones y activistas estamos trabajando junto con algunas organizaciones feministas para introducir cambios en la constitución. Pensamos que debe incluirse la no discriminación por orientación sexual, por expresión de género y por identidad de género, que debe modificarse el articulado que define el matrimonio sólo entre un hombre y una mujer, que debe incluirse la posibilidad de que nosotr@s podamos adoptar y pensamos, por supuesto, que debe incluirse la legalización del aborto.
10. Recuerdo que en la presentación de tu ponencia dijiste ante el público que eras una mujer lesbiana, así de manera simple y asertiva, ¿lo hiciste motivada por algo en especial? ¿Esperabas alguna reacción de la gente?
Yo y muchas lesbianas hemos abrazado la consigna lanzada por las feministas de la segunda ola que expresaba “lo personal es político” y es especialmente político en personas que como yo, violentamos las normas del sistema sexual dominante, sustentado en el androcentrismo, el sistema binario de género y en la heterosexualidad obligatoria. Para mí decir públicamente que soy lesbiana es un acto político, es un acto de visibilidad, es una forma de decir hay lesbianas entre ustedes que no se avergüenzan de sí mismas y que hemos decidido dar la cara y, por supuesto, asumir la responsabilidad por adoptar esta postura.
En cuanto a la reacción del público, siempre estoy preparada para el rechazo y para la reacción violenta. Pero en el caso de mi visita a Cuba, yo sabía que no iba a tener este tipo de respuestas, entre otras cosas, porque sabía que de alguna manera estaba entre un grupo de personas que por estar en unas jornadas de masculinidad, tenían ideas de avanzada con respecto a la sexualidad.
En todo caso, siempre que puedo lo hago, para romper con el silencio y para hacernos visibles. Hasta ahora, sólo me he topado con miradas de asco y el rechazo, esto es nada comparado con l oque han experimentado otras lesbianas en el mundo, que la han tenido muchísimo más difícil que yo y aún así no se amedrentan.
11. En Cuba es bastante infrecuente que las personas reconozcan su homo-bisexualidad en público, ¿sucede lo mismo en tu país? ¿Por qué crees que suceda esto en Cuba?
En Venezuela son pocas las personas que reconocen tener una opción sexual diferente a la heterosexual. Somos pocas las personas que reconocemos públicamente nuestras opciones sexuales. Hay miedo a la discriminación, al rechazo, a perder el trabajo. En el caso de nosotras las lesbianas es aún más grave que el de los homosexuales, ya que una gran mayoría ha optado por mantenerse en el clóset. Pienso que los que menos se reconocen públicamente son los bisexuales, porque ellos son doblemente discriminados: por los heterosexuales por ser infieles, “promiscuos” y por muchos homosexuales y lesbianas que los consideran promiscuos, traidores, indefinidos y oportunistas. Hay una gran incomprensión e intolerancia hacia los bisexuales.
Los militantes sólo logramos reunir a grandes cantidades de personas en la marcha del Orgullo de la Diversidad Sexual, pero fuera de este evento, que no tiene ningún contenido político explícito y se limita al aspecto de la celebración, no logramos que números considerables de personas sexo diversas vayan a las distintas actividades políticas que organizamos.
Lamentablemente, esta situación nos ha afectado mucho, porque parecemos un grupo débil y sin una voz colectiva. Hasta que una gran cantidad de la población sexo divers@ entienda que es necesario salir del clóset y organizarse para luchar contra todo tipo de discriminación, no vamos a lograr cambiar la forma como nos percibe la sociedad y no podemos esperar muchos cambios en la política del Estado.
12. ¿Crees que el reconocimiento de la identidad lésbica-gay en público propicia la visibilización de la homosexualidad en nuestras sociedades patriarcales y por tanto a disminuir la discriminación?
El reconocimiento de nuestra opción sexual, expresión de género e identidad de género, no necesariamente está vinculada con su expresión pública. Muchas personas saben quienes son, pero no salen del clóset por miedo a las consecuencias. La visibilización no es posible sin la exposición pública, que es el primer acto político, entre muchos. Para nosotr@s un punto inicial fundamental es hacernos visibles para contrarrestar los esfuerzos de la sociedad de hacernos invisibles, ya que si no somos visibles, para la sociedad no existimos, y, por ende, se refuerza la supuesta existencia de la heterosexualidad como única opción posible, por ser la única visible. La visibilización es importante, primero, porque le manda un mensaje positivo a otras personas sexo diversas, ya que les hace saber que no están sol@s y que hay personas que no tienen miedo y asumen posiciones de liderazgo. La visibilización puede contribuir a disminuir la discriminación abierta, pero no la elimina, como se ha comprobado en otros países. La visibilización contribuye a sensibilizar al resto de la sociedad y es un importante instrumento de pedagogía política.
13. De manera similar dijiste pertenecer a Contranatura, ¿de que se trata?
Contranatura es una organización venezolana, fundada en febrero del 2003, con sede en la Universidad Central de Venezuela, dedicada al estudio, la discusión y la acción vinculados con la diversidad sexual humana. Está integrada por personas cuya unidad como equipo es precisamente la diversidad sexual y de perspectivas que representan.
El propósito específico de Contranatura es contribuir con la ampliación de los espacios de debate, discusión y difusión relacionados con la sexualidad humana en toda su complejidad. Así, nuestros proyectos fundamentales son la investigación, la divulgación (ya sea editorial, educativa o publicitaria) y cualquier tipo de desarrollo y aplicación de programas de mediano o gran impacto social.
Contranatura ha realizado diversas actividades, entre las que se pueden mencionar: sesiones semanales de discusión teórica de lecturas pertinentes al tema del género y la diversidad sexual; la elaboración de una página web con información sobre las actividades del grupo y la publicación de artículos, entrevistas y reseñas de libros sobre el tema (www.contranatura.iespana.es); realizamos las llamadas Tertulias de Diversidad Sexual que se hacen en algunos Cafés de Caracas; organizamos las II Jornadas Universitarias de Diversidad Sexual en la Universidad Central de Venezuela y, además, hemos realizado recitales de poesía, lecturas públicas de cuentos y conferencias, entre otras actividades.
Nuestro equipo de trabajo aborda sus actividades partiendo de los más variados puntos de vista. En efecto, asumimos que la diversidad sexual está siempre relacionada con los aspectos biológicos, psicológicos, sociales, históricos, culturales, económicos, políticos, filosóficos, éticos y hasta estéticos de la condición humana.
De manera general, la sociedad occidental moderna ha asumido que cualquier práctica, orientación, discurso o ideología asociada con la sexualidad alternativa, distinta a la hegemonía heterosexual, representa una amenazante distorsión contra la naturaleza humana. Dentro de esta ideología androcéntrica y heterosexista se define como contranatural cualquier comportamiento o identidad sexual, incluso aquéllas divergentes dentro de la misma heterosexualidad, que supongan un atentado normativo o ético contra lo impuesto en la sociedad. Mas allá de representar simplemente una ideología generalizada, ésta conlleva una posición política y ética que instala y legitima la discriminación y la intolerancia frente a la diversidad sexual. No existe nada contranatural en la diversidad sexual, al menos que la sociedad lo designe o condene como tal.
Contranatura asume precisamente una posición contraria a esta visión. Consideramos que todo hecho sexual humano incorpora elementos tanto culturales como naturales, tanto sociales como culturales, por lo que su referencia de la sociedad y los valores en los que está inserta que de sus propias condiciones intrínsecas y/o biológicas. Invitamos a través de nuestra denominación a reflexionar críticamente sobre los asuntos de la diversidad de género y de la sexualidad dentro de un contexto social e intelectual más amplio e incluyente. Pretendemos pensar desde esta posición, nuestra exclusión o inclusión, nuestra participación desde la diferencia en el mundo en que vivimos.
14. Hablando de masculinidades: ¿por qué lesbiana masculina?
16. ¿Tal denominación legitimaría o no el modelo patriarcal genérico?
17. ¿Podemos entonces entender que la masculinidad también puede anclar en cuerpos de mujeres? (¿ Negra, te parece que responda estas tres en una?)
En realidad se debería de hablar de masculinidades en plural, porque las lesbianas no expresamos nuestra masculinidad de forma única y bajo un solo modelo. Existen varios tipos de masculinidades, que son reconocidas y percibidas por la diversa población de lesbianas de manera diferente, dependiendo de la edad, de la clase social y del grupo etnoracial al que pertenecemos.
Pero es verdad que cuando se habla de masculinidad, se asume automáticamente que se hace mención de los hombres. Se hace una conexión mecánica entre un cuerpo sexuado (hombre) y un género (masculino). Desde esta perspectiva, tal como afirma la teórica estadounidense Judith Halberstam, la masculinidad en el hombre aparece como la verdadera, la real y la masculinidad en la mujer aparece como una mala copia de esa “normal” relación entre sexo y género expresada en la fórmula: hombre/masculino/heterosexual.
La visión generalizada que existe acerca de las lesbianas masculinas, es la de mujeres que reproducimos los roles de género, somos simples reproductoras del estereotipo binario de género. Para la sociedad, somos mujeres frustradas que deseamos ser hombres o a somos una mala imitación de un “original” masculino. Según este enfoque esencialista y estigmatizador, nosotras nos negamos y nos desprendemos de nuestra feminidad original, para asumir una posición de poder (masculina) dentro de una relación de pareja, en donde reproducimos las relaciones de dominio y sometimiento que existen dentro de las parejas heterosexuales.
Yo creo que nosotras las lesbianas masculinas, igual que otras expresiones de género no conformistas, ponemos al descubierto tal como afirma la activista Riki Wilchins al género como un sistema de significados que, a través de complejos mecanismos, hace que nos (re)conozcamos y, a la vez, nos hace socialmente (re)conocibles como hombres/masculinos y mujeres/femeninas. En nosotras se produce una constante fractura entre nuestro cuerpo sexuado socialmente, nuestra propia sensación y expresión de género y las expectativas sociales sobre nuestro género. Las lesbianas masculinas no somos meras reproductoras de estereotipos, exponemos los mecanismos de funcionamiento y las contradicciones del modelo de género dominante.
La persistencia de la masculinidad en la mujer, a pesar de la constante y abierta coerción social –que a veces llega a la violencia–, es una prueba de verdadera resistencia contra la conformidad de género: hombre/masculino y mujer/femenina. Sin embargo, también es cierto que la persistencia de la masculinidad en la lesbiana no es sólo expresión de la inconformidad de género, es la comprobación de la veracidad del estereotipo de la mujer masculina.
A lo largo de todos los años de represión sexual y de género, las lesbianas masculinas hemos dado la cara y hemos pagado las consecuencias, siendo discriminadas, siendo golpeadas y hasta siendo violadas. Pero, ninguna de las formas expresas o sutiles en que se ha manifestado la represión, ha logrado hacer que nos conformemos y performemos el género que se espera socialmente de nosotras.
Las lesbianas masculinas somos cuestionadas por los hombres y mujeres heterosexuales, por las feministas, por los homosexuales y por las propias lesbianas. Todos y todas quieren feminizarnos, todos y todas quieren disciplinarnos, todos y todas exigen que nuestra expresión de género esté acorde con nuestro sexo “biológico”. En fin, todos y todas nos enseñan las buenas maneras del género e intentan completar el trabajo que no pudieron hacer nuestros familiares.
Se nos acusa de sentirnos como hombres, de ser una mera copia de los hombres. Sentirse hombre, es una necesidad y demanda legítima, pero no es nuestro caso, es un tema que compete a los transexuales masculinos. Tampoco entendemos qué se quiere decir cuando se afirma constantemente que somos una copia de un original masculino, no comprendemos que quieren expresar algunas lesbianas cuando nos señalan y dicen, “para eso estoy con un hombre de verdad”. ¿Es que existe un original de cada género? ¿Dónde está? Y, si es verdad que existe uno, entonces, fallamos en nuestro objetivo, ya que ninguna mujer nos considera “verdaderos” hombres y ningún hombre nos considera “verdaderos” hombres. Si es cierto, como nos dicen, que queremos imitar a los hombres para adquirir un poco del poder masculino, entonces nos equivocamos de estrategia, pues sólo hemos conseguido el rechazo generalizado de hombres y mujeres y sólo hemos experimentado la hostilidad en todas sus variantes.
Todas y todos, aún aquellas y aquellos que creen que no tienen problemas con su género, corren constantemente el riesgo de incumplir con las expectativas sociales de género, todas y todos corren el riesgo de no copiar bien el “original”. La mujer de la clase trabajadora, la mujer indígena, la mujer afrodescendiente, la mujer con sobrepeso, en fin, todas las mujeres que no cumplen con el modelo de feminidad hegemónico son invisibilizadas y cuestionadas constantemente.
Pero es interesante percatarse que incluso las feministas y lesbianas feministas que entienden el género como una construcción social, cuando se pone en entredicho el sistema binario, se unen al coro de voces que nos condenan y reprimen, que quieren que entremos en razón y dejemos de odiar nuestro propio cuerpo, que dejemos de copiar el modelo masculino, dejemos de reproducir los roles heterosexuales y nos aceptemos a nosotras misma como mujeres.
Muchas lesbianas nos rechazan porque echamos por el suelo su proyecto asimilacionista, que busca que la sociedad trate a las lesbianas como mujeres normales, indistinguibles de las heterosexuales. En cambio, las lesbianas masculinas somos un constante recuerdo de la forma como todas las lesbianas somos vistas por la sociedad, les recordamos a todas que por mucho que se esfuercen, siempre seremos consideradas como anormales, como raras, inconformes con el destino asignado al género femenino. Las lesbianas masculinas además, somos políticamente incorrectas, porque hacemos que el resto de la sociedad confirme el estereotipo de que todas las marimachas son lesbianas y, lo que es peor, que todas las lesbianas son marimachas.
Lamentablemente muchas feministas, creen que es su deber atacarnos, desenmascararnos, sin darse cuenta que están poniéndose del lado de aquellos que siempre han defendido y justificado los roles naturales de la mujer.
Pero, ¿por qué causamos tanta molestia e incomodidad las lesbianas masculinas? La respuesta es simple: porque todas y todos estamos inmersos en la ideología de género dominante. Todas hemos asumido como algo natural que la mujer debe ser femenina. El problema es que la lesbiana masculina con su sola presencia cuestiona la construcción binaria del género, pone en entredicho la esencialidad del concepto de hombre y de mujer.
Cierta concepción esencialista forma parte el discurso de muchas feministas y estudiosas del género. Conciben la masculinidad y la feminidad como la expresión sociocultural de cada uno de los dos sexos biológicos, adoptando, sin querer, las mismas posturas esencialistas que pretenden desmontar en sus trabajos. El razonamiento es de carácter teleológico, un cuerpo sexuado debe construirse en un género determinado. Toda expresión de género que entre en contradicción con el cuerpo sexuado que le corresponde, es percibido como una anormalidad.
En nuestras sociedades se tiende a invisibilizar, a cuestionar o en el peor de los casos a castigar a aquellas personas cuyos cuerpos son sexualmente ambiguos, cuyo género entra en abierta contradicción con el sexo asignado socialmente o cuyo género no puede ser claramente registrado y calificado. Toda expresión de género confusa o ilegible es automáticamente transformada en una versión desmejorada, caricaturesca y distorsionada del modelo binario: hombre/masculino y la mujer/femenina. Por eso, las masculinidades femeninas producen incomodidad a todas y todos aquellos que no las pueden registrar dentro de las normativas de género.
Las lesbianas masculinas, como todas las personas que violentan las normas de género dominantes, no sólo ponemos en evidencia los coercitivos mecanismos sociales que se ponen en funcionamiento para construir la identidad de género, sino que exteriorizamos la artificialidad y la violencia ejercida para mantener y reproducir la relación “natural” entre un cuerpo sexuado, un género y una sexualidad.
El rechazo generalizado que existe en la sociedad hacia la masculinidad femenina se debe a que cuestiona la naturaleza de la feminidad y el modelo de masculinidad hegemónica: vinculada al poder, fálica, blanca, heterosexual, sustentada en la pareja monogámica y en la familia nuclear.
Las masculinidades lesbianas no pueden ser definidas como una identidad coherente y estática. La sociedad registra nuestro cuerpo como el de una mujer, pero no nos sentimos como tales, nuestra expresión de género es masculina, pero no queremos ser hombres, es sólo que nuestro cuerpo sexuado no se corresponde con nuestra expresión género. En este sentido, se manifiestan varias fisuras que impiden que nos (re) conozcamos y la sociedad nos (re) conozca.
Pero todo régimen, por más estricto que sea, no puede impedir la aparición de pequeñas resistencias y transgresiones. Nosotras somos una manifestación de esas pequeñas transgresiones, cada vez que una persona nos mira de manera desaprobatoria, nos mira con odio, cada vez que nos insultan o se ríen de nosotras, es un reconocimiento público de que estamos resquebrajando su percepción del mundo, que estamos cuestionando su ideología del género. Le estamos recordando que existimos personas que no queremos ser normales, que no nos conformamos, que no nos asimilamos.
Somos la expresión de esas transgresiones y resistencias cotidianas, aún cuando éstas no se hayan materializado en un discurso teórico y político. Esta resistencia tiene un doble carácter, al cuestionar con nuestra sexualidad, la heterosexualidad obligatoria y al cuestionar con nuestra apariencia y comportamiento el sistema de género binario. La lesbiana masculina no sólo representa un golpe en la cara de la masculinidad hegemónica, sin también desmonta la artificialidad de la feminidad.
Sin embargo, nadie se sustrae de la ideología de género, por tanto, no se le puede recriminar a la marimacha porque se comporta de forma masculina, porque reproduce el envés del sistema binario de género. Todas y todos somos un producto social, incluso aquellas que nos resistimos a los esquemas, tenemos que recurrir a los referentes que conocemos. Es importante tener esto en cuenta para no caer en cierto individualismo voluntarista que marca el actual activismo de muchos jóvenes del movimiento genderqueer en Estados Unidos. Según esta concepción y tras una lectura sesgada de Judith Butler, sólo bastaría con que existan suficientes personas que no encajan con las normas de dominantes para desestabilizar el actual régimen binario de género.
Individualmente no vamos a cambiar este sistema fundamentalista de género, por esta razón debemos formarnos, debemos organizarnos, debemos convertir nuestra resistencia individual en una acción coordinada con objetivos políticos claros. Debemos establecer alianzas con otras organizaciones y movimientos que luchan por el cambio social, especialmente con las feministas. Pero sobre todo, debemos entender que nuestra actividad política debe estar vinculada a la producción teórica, al estudio, al constante análisis y cuestionamiento del sistema capitalista y del patriarcado.
Ya es hora de que se deje de ver a las lesbianas masculinas como traidoras de las mujeres y como traidoras del movimiento feminista. Primero, porque no podemos traicionar una construcción de género con el que no nos sentimos identificadas, y segundo, no somos antifeministas, porque nuestro discurso teórico y político viene de la tradición del movimiento feminista. Sólo queremos, al igual que muchas feministas, que deje de manejarse una concepción restringida y apolítica del cuerpo, del sexo y del género.
Es necesario aproximarse al tema de las personas que somos (de)generadas o no entramos en la normas sexuales dominantes con un pensamiento crítico, que tenga como base fundamental el principio de diversidad. Este debe ser un objetivo de todas y todos: heterosexuales, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgéneros, transexuales, intersexuales y otras personas no conformes. Un buen comienzo para construcción de ese pensamiento radical, sería además de debatir sobre la anormalidad de otras y otros, empezar a cuestionar nuestra propia normalidad.
15. ¿Notas o no cierta discriminación en el término?
El término lesbiana masculina, trata de recoger las variadas contradicciones y fracturas que se registran en la percepción personal y social del género, de nosotras las lesbianas que no queremos adoptar el género que la sociedad nos trató de imponer desde antes de nacer. Un lenguaje que conforma y a la vez está integrado por el sistema binario de género dominante, no puede sino recurrir a su vez a la denominación binaria. Si una persona no es femenina, entonces es masculina, no pareciera que existiera la posibilidad de salirse de esa representación binaria, que incluso se extiende a los objetos de la vida cotidiana. En realidad, el desprecio, la discriminación se deja traslucir en el lenguaje de la vida cotidiana en términos como marimacha, machorra y se manifiesta en las propias expresiones escogidas por las mismas lesbianas para denominarnos: camioneras, machitos. Términos que en algunos casos son abiertamente clasistas (camioneras) o que nos las encasillan en un referente masculino negativo (machito).
El término machorra, camioneras y machitos está marcado por un problema de clase, dado que la gran mayoría proviene de la clase trabajadora y la policía del género es mucho más rígida en las capas medias y altas. Notamos que mientras se sube en la escala social la lesbiana masculina va desapareciendo, se va lavando, se va invisibilizando, se va normatizando.
El caso es que el lenguaje es expresión de una cultura, de una visión de mundo, podemos cambiarlo o también podemos usar los términos existentes, darles la vuelta y convertirlos en un arma política. Me gusta usar para denominarme el término lesbiana masculina o marimacha, porque quiero, al igual que otr@s, transformar esta denominación despectiva e insultante, en una cargada políticamente, vindicativa. Una forma de decir, Sí, soy marimacha ¿y qué?, no me insultas, ese nombre no me humilla, al contrario, me enorgullece, porque bastante me ha costado no conformarme. Díganme marimacha porque no voy a cambiar y es mejor que te vayan acostumbrando…
18. ¿Qué crees del uso de la terminología creada desde la heterosexualidad (por ejemplo pasivo-activo) para abordar la homosexualidad, serían pertinentes en tu opinión?
No son pertinentes, pero lamentablemente nosotras no vivimos en una burbuja de aire y fuimos formadas dentro de la ideología sexual dominante, así que es un poco difícil que no la reproduzcamos, sobre todo en el lenguaje. Esa es la terminología con la que se pretendía denominar las relaciones sociales y sexuales entre hombres y mujeres. Desafortunadamente, muchas de nosotras no sólo adoptamos de forma acrítica esta terminología para categorizar a las personas, sino que establecimos relaciones de este tipo, reproduciendo las relaciones de dominio y sumisión propias del patriarcado.
Recuerdo mi sorpresa y molestia cuando me preguntaron por primera vez quién era la activa y la pasiva dentro de mi relación ya que algunas lesbianas no podía registrarnos (siempre me han gustado las mujeres masculinas). Como en esa época no frecuentábamos el ambiente, no conocíamos la terminología. Pensábamos inocentemente que con el sólo hecho de que dos mujeres estuvieran juntas, se estaba cuestionando el sistema patriarcal. La experiencia me ha enseñando que las cosas son tan simples y que nuestra percepción del mundo y de la sexualidad inevitablemente está imbuida dentro de la ideología dominante.
La terminología pasiva-activa, intenta recoger de manera muy esquemática los roles sociales, afectivos y sexuales asumidos por algunas parejas. No uso los ni me manejo en los términos pasiva-activa. No es el tipo de relación que yo he construido o quiero construir, pero tampoco me voy a poner a condenar a aquellas que se sienten representadas en esta terminología, no se puede tener una aproximación de la sexualidad tan mecánica y pensar que la verdad nos pertenece a nosotras (por lo general, las intelectuales) y que debemos meter a las demás en cintura. Nadie está exenta de reproducir las relaciones de poder en la vida privada y mucho menos en la cama. Hay personas que son consideradas socialmente activas y son pasivas en la cama, así como ha personas socialmente pasivas que son activas en la relación de pareja y en la cama. Nadie es completamente pasiva, ni completamente activa. La realidad es más compleja y aquí aplica aquello de que las apariencias engañan.
En tal caso, el cambio radical de nuestras relaciones sociales, no se va producir de la noche a la mañana y mucho menos convirtiéndonos, al igual que muchos heterosexuales, en policías y agentes represores de aquellas personas que no entran dentro de nuestros patrones de lo que es políticamente correcto y aceptable. En esto tenemos que tener mucho cuidado, porque ya existen homosexuales y lesbianas que quieren ser considerados normales y cuestionan y les cierran las puertas a todas las personas sexo divers@s que ponen en entredicho su proyecto y que no entran dentro de esta nueva homonormatividad.
Como parte de la Jornada Cubana por el Día Mundial contra la Homofobia, CENESEX te invita a:CINE CLUB “DIFERENTE”: Premiere del filme “BENT” (Desviado) / Gran Bretaña-Japón/ 1997/ 105'Dir. Sean Mathias/ Int. Clive Owen, Lothaire Bluteau, Ian McKellen, Jude Law/ Para mayores de 16 años.
Presentación: Frank Padrón
Día: Miércoles, 14 de mayo del 2008
Hora: 8:00 p.m.
Lugar: Cine 23 y 12, Vedado, La Habana
Sinopsis: Max es enviado a Duchau, un campo de concentración bajo el régimen nazi. Intentando ocultar su personalidad gay, prefiere asumir la insignia amarilla (que marca a los judíos), antes que la rosa. Hasta que conoce a otro prisionero llamado Horst.
Se inaugura el Cine Club “Diferente”, espacio educativo y de debate sobre temas relacionados con la sexualidad, que se realizará los últimos jueves de cada mes en el Cine 23 y 12.
Crítica, películas y documentales
Jueves 3, 10 y 17 de abril, 4:00 p.m.
Centro Hispanoamericano de Cultura, Malecón esq. Prado
Ciclo dedicado al tema de la diversidad sexual
3 de abril: Drama Juego de lágrimas/Dir. y guión: Neil Jordan/Irlanda/Año 1992/Int.: Tony Slattery, Sthepen Rea, Miranda Richardson/Jim Broadbent, Jaye Davidson, Forest Whitaker, Birdie Sweeney, Adrian Dunbar. Premio Oscar al mejor guión original.
La organización terrorista IRA secuestra a un soldado británico. Durante el confinamiento, el prisionero entabla amistad con Fergus, uno de los terroristas, y le pide que si finalmente lo matan vaya a ver a su novia. Más tarde, Fergus, huyendo de sus compañeros, acude al pub donde trabaja Dil, la novia del soldado británico.
10 de abril: Comedia dramática Transamérica/ Dir y guión: Duncan Tucker/Int.: Felicity Huffman, Kevin Zegers, Graham Greene y Burt Young.
Un transexual hombre, a pocas semanas de su programada operación de cambio de sexo, cambia su vida al recibir una noticia sobre el hijo que tuvo antes. El muchacho está en un reformatorio por prostitución de taxiboy en New York, y su padre decide buscarlo para llevarlo a California.
17 de abril: Drama Mi vida en rosa/Dir.y guión: Alain Berliner y Chris van der Stappen/ Francia-Bélgica-Reino Unido/1997/Int.: Michèle Laroque (Hanna), Jean-Philippe Écoffey (Pierre), Hélène Vincent (Élisabeth), Georges Du Fresne (Ludovic) y Daniel Hanssens (Albert)
Ludovic es un niño de siete años que está convencido de ser una niña. El desconcierto de sus padres se unirá al rechazo por parte del vecindario y del colegio donde asiste a clase. El convencimiento de Ludovic provocará que se vaya aceptando su diferencia.

Aunque en un inicio estuve un poco perdida, quizás porque mi ponencia se encontraba en una sesión que no tenía que ver con ella, casi al final, en una especie de taller con vista al futuro, fue que entendí cuál era la dinámica y sobre todo los motivos que nos reunieron a hombres (los menos) y mujeres (las más) en aquel evento.
Soy franca cuando reconozco que iba con unas ganas inmensas de hablar de las NTICs y sobre todo de ciencia y metodología feminista, a propósito del trabajo que redacte para el modulo de la maestría que curso y que más se apegaba a este tema. Pues se acabó el evento y no pude reflexionar en alta voz ni tampoco escuchar a mis colegas sobre estos temas.
Por otra parte, me tocó dar una respuesta coherente ante la incomprensión de dos de las ponencias presentadas por mis colegas de Cuba. Una donde se aseveró que aunque el niño “afeminado” y la niña “marimacha” podrían a llegar a resolver su problema (“que no es un trastorno”, dijo la especialista) si a partir de la terapia con la familia podemos lograr que sus identidades de género se acerquen a su rol de género. Personas sexodiversas presentes en el evento me hicieron llegar sus malestares en tanto el discurso anterior continua patologizando la diversidad sexual, lo cual, haciendo un análisis poco profundo, nos podría estar hablando a que en el plano cognitivo asumimos discursos que luego se contradicen o con nuestras visiones personales o con nuestros propios intereses. ¿De lo contrario que necesidad habría de proponer un tratamiento para algo que no es un trastorno? ¿O es que no estamos convencid@s y mas allá de lo que dicen las úlitmas revisiones de la CIE seguimos sintiendo y, más grave aun, pensando como en los años sesenta?. Para colmo, se vinculó este no-trastorno-pero-si-problema con el funcionamiento familiar; no se muy bien a que se estaba haciendo referencia, pero solo recuerdo que mi madre era feliz porque yo era una nena que podía hacer fuerza y siempre estaba dispuesta para subirme en una escalera; ella ya iba por el sexto de sus hijas e hijos y le parecía muy cooperador el hecho de que yo no necesitase de un varón para ayudarle en muchas cosas.
De manera similar, nuevamente la diversidad sexual y específicamente las mujeres nos sentimos “tocadas” desde el desconocimiento o cuando un especialista (hombre) dio como un hecho, intentando explicar qué sucede para las mujeres que prefieren a otras mujeres, que nuestra sexualidad no es genital. Aquí si me quedé en “belén con los pastores” y, en un intento por comprender mejor, interpele al colega preguntándole qué evidencia tenía de ello, si era a partir de su consulta de terapia sexual (porque es un psiquiatra que a ello se dedica) o si era a partir de la bibliografía o algo así. En aquel momento lo más me preocupó es como solemos hablar de lo que desconocemos. Antes habíamos tenido que oír su ponencia en la que, a modo de ver, culpabilizó a las mujeres de la impotencia de los hombres, en tanto por mas de 10 minutos expuso los mitos, creencias y prejuicios que en su opinión portan las mujeres y que, de alguna manera, fuerzan y compulsan a los hombres a tener un buen desempeño sexual.
Ambos incidentes me hicieron pensar en la heteronormatividad que invisibiliza la diversidad sexual, de género y humana; y sobre todo el mal hábito que tenemos de considerar lo normal (entendido por mi como un criterio estadístico, ser normal es estar debajo de la campana) como lo legitimo y como nos empoderarnos desde allí para dejar pasar por alto que dentro del público que nos oye puede estar la persona en cuestión; y sobre todo como la ciencia ha transitado, en varias ocasiones, por los desagradables caminos de la injusticia y la discriminación, legitimando conductas de superioridad entre unos y otros seres humanos.
Ayer, durante el concierto de mujeres raperas, todas recordamos a Las Krudas. Aprovecho que aun tengo la buena sensación en mi piel, aquella que me produjo el volver a escucharlas, para compartirles algo de lo que esta en myspace.com.
Un momento especial, cuando las chicas raperas le pusieron en hombros nuestra bandera a la MADRE de Las Krudas.
Krudas Cubensi es una collectiva mujerista.
"Por la gente buena, por las femeninas del mundo y la paz y nuestras madres, por la resistencia de culturas matriarcales, de estructuras matriarcales, de reservas matriarcales, de costumbres matriarcales, para continuar la eterna lucha por equilibrar la vida."
Olivia Prendes
"No hay verdadera revolución sin mujeres"
Odaymar a Cuesta.
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