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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Diversidad sexual

25/09/2008 GMT 0

Mar y Luna. La letra compartida

negracubana @ 18:01


Preciosa letra. Aprovecho para actualizar la sección La letra compartida dedicándole esta canción a todas las Luna y las Mar. Que la disfruten!

Mar y Luna
Chico Buarque

Amaron amor urgente,
las bocas saladas por la marejada,
las costas dañadas por las tempestades
en esa ciudad tan distante del mar.

Amaron el amor sereno
de nocturnas playas,
alzaban las faldas
y se luna-amaban de felicidad
en aquella ciudad
tan sin brillo lunar.

Amaron el amor prohibido,
hoy eso es sabido,
todo el mundo cuenta
que una andaba lenta,
grávida de luna,
y otra iba desnuda,
ávida de mar.

Y fueron quedando marcadas,
oyendo las risas,
temblando de frío,
mirando hacia el río
tan lleno de luna
y que continúa
fluyendo hacia el mar.

Y fueron corrientes abajo,
rodando en el lecho
y tragando agua,
flotando como algas,
arrastrando hojas,
abrazando flores
hasta naufragar.

Se fueron volviendo peces,
volviendo almejas,
volviendo espuma,
volviendo arena,
plateada arena
con luna llena,
orilla al mar.

(1980)

23/09/2008 GMT 0

Bisexualidad: orientación incomprendida

negracubana @ 19:01


Por M. PÉREZ, J. J. BORRÁS Y X. ZUBIETA (SOITU.ES)

Hoy 23 de septiembre en se celebra el Día Internacional de la Visibilidad de la Bisexualidad. La FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) organiza actos conmemorando este día. La fecha elegida conmemora la muerte de Sigmund Freud, que dedico parte de su obra a elucubrar sobre este tema. Por vez primera se reivindicó el orgullo bisexual en la Conferencia mundial de la ILGA, en Johannesburgo (Sudáfrica) el 23 de Septiembre de 1999.

Popularmente se dice que es bisexual la persona que tiene prácticas sexuales con personas de ambos sexos. Nos quedamos con esta definición sin entrar en más honduras. Ya que el tema no parece tan sencillo; para muchos investigadores representa un reto el poder definir quién y en qué momento es bisexual, ya que, esta condición puede ser muy variable en una misma persona a lo largo del tiempo. Incluso en el desarrollo evolutivo del ser humano. Muchos juegos sexuales infantiles se realizan en grupo y pueden participar individuos del mismo y/o distinto sexo. En la infancia o adolescencia, ¿cuántas mujeres pueden recordar haber tenido cierta intimidad con una amiga, aunque también le atraían los chicos? ¿Cuántos hombres han tenido cierta intimidad sexual con compañeros, masturbaciones en grupo…? ¿Cuántas personas adultas, que pasan por algún desengaño amoroso con el sexo opuesto, recalan en los amorosos brazos de una persona amiga de su mismo sexo? Sin contar con las personas que se ven privadas de relacionarse con el sexo opuesto al estar recluidas y alivian sus pasiones con compañeros o compañeras de reclusión. ¿Se puede llamar a esto bisexualidad? ¿Es una Bisexualidad circunstancial?

Por otro lado, están las personas que se consideran a sí mismas bisexuales. Esta bisexualidad como opción ha sido la eterna incomprendida, no solo por homosexuales y heterosexuales a los que les cuesta entender esa amplitud de miras en terreno sexual, sino para los propios bisexuales, que contagiados por la dualidad dominante pueden ver su doble opción más como una carga que como una ventaja. Eso hace que a veces se piense que los bisexuales están confusos y que se sienten imprecisos con su orientación sexual; debido a que pueden sentirse agobiados ante la presión de tener que definirse, como si la bisexualidad no pudiera ser una opción en sí misma.

Hemos tenido en consulta personas preocupadas por su condición de bisexuales en busca de una definición más acorde con la dualidad reinante. Muchas veces, acuden influidas por la inseguridad de sus parejas, que se siente desbordadas al tener que competir –en su fantasía– con todo un universo de posibilidades, al considerar que para su pareja bisexual, tanto hombres como mujeres son objeto de deseo. Una mujer decía: "yo puedo competir con otras mujeres, pero no puede darle lo que le da un hombre". A pesar de que, en el caso del que hablamos, su pareja bisexual aseguraba estar enamorado de ella como persona y que no echaba de menos otros amantes.
Una orientación sexual cuestionada

La bisexualidad, especialmente la masculina, ha sido cuestionada por diversos estudios. En una investigación reciente se midió la respuesta genital ante imágenes eróticas masculinas y femeninas. El resultado fue que bastantes hombres que se declaraban bisexuales respondían con mayor contundencia ante las imágenes masculinas. No nos extrañan los resultados de este estudio, debido a que algunos homosexuales egodistónicos, que no aceptan su homosexualidad, pueden definirse como bisexuales para rebajar su nivel de angustia, creando confusión. No se puede olvidar la presión social tan fuerte que ha habido y todavía hay con respecto a la orientación sexual, que ha llevado a que algunas personas no se acepten a sí mismas como homosexuales y prefieran etiquetarse de bisexuales.

Por eso, algunos estudiosos de mente no muy amplia, generalizan y lo meten todo en el mismo saco, atreviéndose a afirmar, que los bisexuales simplemente están pasando por una fase. Que realmente es un inicio de la homosexualidad no asumida. Una salida desesperada para no enfrentarse a su homosexualidad.

Entre los practicantes de la bisexualidad se pueden encontrar a personas que son buscadoras de sensaciones, que tienen curiosidad sexual y no quieren discriminar a nadie de su radio de acción sexual. Además, suelen asegurar que los que no tienen relaciones es por que no se atreven y que se pierden muchas oportunidades. Reivindican al infante perverso polimorfo freudiano y piensan que todos somos en esencia bisexuales, pero que la sociedad nos reprime y encierra en la heterosexualidad y homosexualidad estrictas.
Mitos de los bisexuales

Hay personas esencialmente bisexuales que pueden sentirse muy limitadas al pensar que sólo debieran sentirse atraídas por uno de los sexos; sus emociones y deseos están dirigidos hacia personas, no importa cual sea su sexo. Una mujer contaba que sus fantasías y conductas sexuales variaban dependiendo si su pareja era hombre o mujer. Pero que la intensidad de su deseo y la atracción que sentía era la misma. Se declaraba, además, monógama sucesiva: había convido durante tres años con una mujer y después durante dos, con un hombre, y se declaraba fiel en las dos relaciones, sin echar en falta la presencia masculina o femenina. Afirmaba que sencillamente amaba a personas.

Otro de los mitos es el que los bisexuales son seres asociales, promiscuos insaciables e irreverentes, que no se casan, ni se comprometen. Para nada, los bisexuales están entre nosotros, podemos encontrarlos en las reuniones del colegio como responsables madres y padres de familia. El tener una vida más o menos disipada depende del individuo, no de la orientación sexual.

Algunos estudios señalan que las mujeres pueden sentirse más fácilmente atraídas por personas de su mismo sexo, y aceptar esa atracción. Ciertamente es notorio que para las mujeres resulta más fácil compartir intimidad física. De hecho, si se pregunta a las mujeres, si tuvieran que elegir como compañero sexual a un hombre repulsivo o a una chica guapa, muchas no tendrían reparos en elegir a la chica. Si esta pregunta se la hacemos a los hombres, cambiando el sexo de los protagonistas, seguramente a muchos les resultaría más difícil elegir al chico guapo. ¿Se debe esto al condicionamiento social? La bisexualidad encierra todavía muchas incógnitas.

¿Qué opinas de la bisexualidad? ¿En algún momento de tu vida has deseado a una persona de tu mismo sexo? ¿Has tenido relaciones con alguien que reconociera su bisexualidad? ¿Son las mujeres más bisexuales que los hombres?

Tomado de Soitu

22/09/2008 GMT 0

Yo, la más tremendo

negracubana @ 19:18
Por Frank Padrón

Mañana a las 8:00p.m, la Cinemateca en su sala "Chaplin", dentro de la muestra de cine uruguayo presentará el documental Yo, la más tremendo, sobre el mundo del travestismo en ese país suramericano. Les estoy convocando como una función "extra" del cine Club, claro, sin presentación ni debate, simplemente ver(nos) y apreciar este material que sin dudas será de gran interés.

16/09/2008 GMT 0

Bellaza prohibida en Cine Club “Diferente”

negracubana @ 18:49
Cine Club “Diferente”
Jueves 18 de septiembre, 8:30 p.m.
Cine 23 y 12, Vedado
sobre la bisexualidad
con la proyección del filme:

BELLEZA PROHIBIDA "Stage Beauty" Gran Bretaña-EE.UU (2004) 110 min.
Dir. Richard Eyre
Con: Billy Crudup, Claire Danes, Rupert Everett

Sinopsis: El actor Edgar “Ned” puede fácilmente ser el hombre más deseado de Londres. Toda la audiencia está rendida a sus pies en el teatro donde interpreta personajes femeninos. Pero su suerte cambia inesperadamente…


Crisis de los roles, ¿revolución de los géneros?

Por FRANK PADRÓN

Etiquetas como “lo masculino” o “lo femenino” pierden por día terreno en tanto modelos férreos de comportamiento y patrones no sólo sexuales sino, más ampliamente, sociales. Claro que siempre habrá peculiaridades, pero las características de la vida moderna se encaminan con fuerza arrolladora a la apertura, la hibridación y la amalgama que los propios desafíos socioeconómicos y culturales de estos tiempos significan.

La aparición reciente de un fenómeno como el “metrosexualismo” (hombres que, al margen de sus orientación erótica, cultivan especialmente su imagen, la cual desean refinada y exquisita) o de una apariencia andrógina sobre todo para la mujer (a tono con las dinámicas de la sociedad contemporánea, los imperativos de la moda sobre todo en países tropicales y la pluralidad e incorporación de oficios y profesiones hace un tiempo confinadas al otro género) han contribuido a la reasignación de roles y a la quiebra de valores demasiado ortodoxos respecto a los mismos, lo cual incluye la cama: el descubrimiento y exploración de zonas erógenas otrora tabúes o simplemente insospechadas, tanto para uno como otro miembros de la pareja (sobre todo heterosexual, como se sabe más abocada a las divisiones tradicionales), ha trazado nuevas y creativas alternativas en/para la intimidad conyugal.

Hubo etapas en el arte y la cultura, sin embargo, en que este asunto contempló aristas oficiales; repasando la Historia europea, por ejemplo, nos encontramos con fenómenos como un “obligatorio” travestismo para el teatro: en el siglo XVII a las féminas se les prohibía subir a la escena, de modo que eran sus colegas con pantalones quienes debían asumir tales personajes, hasta que un buen día el rey Carlos II, de Inglaterra, tuvo a bien poner “las cosas en su sitio”, abriendo desde entonces la puerta a la equivalencia de roles con sus respectivos géneros: fue sin dudas un indudable triunfo para el reconocimiento de las potencialidades femeninas en sus proyecciones estética, profesional y social; sin embargo, constituyó un verdadero derrumbe para muchos actores que se habían “especializado” en representar mujeres en las tablas.

De este suceso parte el filme anglo-norteamericano de 2004 Stage Beauty (Belleza prohibida, que algunos han titulado más convencionalmente Belleza del escenario), realizado por Richard Eyre ( Iris ), y para el cual el dramaturgo Jeffrey Hatcher adaptó su propia pieza teatral: el mundo del aplaudido actor Ned Kynaston se viene abajo cuando se hace efectiva la disposición real que lo saca de escena para entronizar en la misma, y convertir en toda una estrella a María, quien fuera su asistente de camerino, aficionada a actriz quien repetía de memoria entre bambalinas los parlamentos de las grandes damas interpretadas por el astro ahora venido a menos: las shakesperianas Desdémona (mujer de Otelo en la tragedia homónima) u Ofelia (la enamorada de Hamlet que perdió la razón y después la vida cuando aquel da muerte a su hermano).

En el filme se discursa mucho sobre arte, concretamente teatral, y se mueven ideas estéticas de diverso signo que conforman polémicas aún vigentes, mas nada tan motivador como las tesis que lanza en torno a los géneros y los roles, comenzando por las motivaciones artísticas del protagonista: un homosexual que no abraza el transformismo femenino en la escena como señal de su tendencia erótica, sino a partir de una convicción ontológica muy superior: para él nadie como la mujer puede expresar la grandeza humana a través de la entrega a la muerte, sea por manos propias o ajenas, de ahí su obsesión por personajes de Shakespeare como los referidos; también resulta interesante la reacción de su amante en la vida real cuando aquel ha caído en desgracia y ha dejado de interpretar esas gloriosas mujeres: cuando le comunica que lo ha dejado por una persona del sexo opuesto le confiesa a la vez que su motivación erótica estaba dada por la representación, no por el ser humano (en este caso, el hombre) que emprendía la puesta: cuando hacían el amor él poseía a esas míticas heroínas, por tanto, ya no le motivaba.

Pero no deja de ser curiosa la búsqueda de la verdad dentro de los laberintos de género por parte de la sustituta: la vestuarista devenida primera actriz, quien desplazó radicalmente al actor-travesti en la preferencia del público tras la imposición real, quiere saber, en un fugaz encuentro erótico, quién es quien en los papeles sexuales, iniciándose una sensual y graciosa escaramuza lúdicra que como sabemos está en cualquier tipo de lance amoroso al margen de su signo y tendencia.

Es entonces donde la cinta juega sus mejores cartas al apostar por una definitiva, lo cual complementa en su desenlace: cuando Ned decide retornar a las tablas ahora haciendo coincidir género y personaje (encarna a Otelo) se da cuenta de que también los grandes sentimientos y las más profundas pasiones trascienden al hombre o la mujer, o sea, también estos últimos pueden amar, morir o matar pero sobre todo vivir a plenitud y trasladar esa fuerza a la escena; cuando él y María se besan al final, y ella le pregunta qué rol juega entonces, si femenino o masculino, él no sabe qué responder, y es que la respuesta nos la ofrece el filme durante toda su bien encaminada puesta en pantalla, y en esos minutos finales lo confirma: es lo humano lo verdaderamente importante, trascendente, el impulso para crear, para hacer arte, para que ello redunde en más altas cotas de espiritualidad y madurez, al margen o más allá de géneros y roles.

La colega valenciana Tonia Pallejá, en su columna de la revista digital La Butaca , no pudo expresarlo mejor refiriéndose a las bondades del filme, para ella infinitamente superior (criterio que comparto) al mucho mejor afortunado a niveles de premios, “fama y aplausos”, Shakespeare in love, con varios oscares de la Academia :

En Belleza del escenario , escribe ella, “(d) iálogos chispeantes e incisivos, personajes con carisma llenos de matices, un manojo de subtramas cohesionadas con agilidad y un desacostumbrado atrevimiento en sus contenidos son las grandes bazas de un film que transita con tino del humor a la tragedia , de lo picante a lo agridulce, manteniéndose siempre a una prudente equidistancia de la charlotada y el blandengue sentimentalismo, para desgranar temas que van desde las envidias y rivalidades profesionales, la popularidad, el arribismo o la imagen pública hasta el travestismo, la bisexualidad, la identidad sexual o la guerra de sexos, pasando por el teatro como arte, negocio y espectáculo sometido al juicio de la crítica, la volubilidad del respetable y los caprichos de las autoridades. Hombres que fingen ser mujeres que fingen ser hombres, hombres que son deseados como mujeres por otros hombres, mujeres que se visten de hombres o que se enamoran de hombres a los que no les gustan las mujeres... Vida dentro del teatro y teatro dentro de la vida, para una película donde las dualidades masculino/femenino y los niveles de representación realidad/ficción mantienen una conversación constante”

Conversación en la cual, sólo agregaría, el verdadero interlocutor es el público, quien al final de la jornada seguramente no dará nunca más demasiado crédito acerca de costumbres, actitudes y comportamientos tradicionalmente atribuidos indistintamente a hombres y/o mujeres.

El Cine Club Diferente sesiona los terceros jueves de cada mes, en su sede del 23 y 12...y recuerde que al final hay debate sobre el tema del filme proyectado.

09/08/2008 GMT 0

Cine Club Diferente “En femenino”

negracubana @ 17:13
El Cine Club sobre diversidad sexual Diferente (CENESEX-ICAIC) dirigido por Frank Padrón, recupera este mes su sede inicial (sala 23 y 12, sita en esas céntricas calles del Vedado) para presentarles el próximo 14 de agosto, a partir de las 8:30 p.m un programa que incluye los filmes:

Ella trabaja (Cuba) de Jesús Hernández (corto documental): sobre la incorporación de trasngéneros a la actividad laboral en  el país ahora mismo.

La bestia (Cuba) de Hilda Elena Vega (corto de ficción): laureado filme presentado en la pasada Muestra de Nuevos realizadores protagonizado por mujeres: fantasías sexuales, infancia, gore, erotismo, violencia … y mucho más.

Jugando a las escondidas (Estados Unidos), de Su Friedrich (docudrama de mediometraje) : Entrevista a lesbianas norteamericanas sobre su infancia, con representación fictiva de esa decisiva etapa, en sus realidades y mitos , recreada por estas mujeres, ya adultas y asumidas hoy, realizada por esta prestigiosa cineasta de cine independiente y experimental.

Presentadora invitada: Lic: María Caridad Cumana, de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

¡Les esperamos!

24/07/2008 GMT 0

Elizabeth habla sobre su boda con Mónica

negracubana @ 11:45

A Elizabeth y Mónica las conocí en plena faena para terminar una publicación escrita por chicas lesbianas y dirigida a la sociedad cubana en general. Les colaboré con la edición del material y aportándoles unas cuantas más. Ellas, son muchachas que tienen muchas ganas de hacer y que han sorteado diversos obstáculos para poder estar juntas y vivir su amor. Les comparto las palabras de Elizabeth el 17 de mayo del presente año en la celebración por en Día Mundial VS Homofobia.

 

 

 

Mitos y lesbofobia

Por Elizabeth Cabrera, estudiante de sociología de la Universidad de La Habana

Mónica y yo hicimos un trabajo investigativo sobre el nivel de machismo presente en parejas de lesbianas. Nos acercamos al CENESEX en busca de algún estudio previo sobre el tema y nos encontramos con la falta de bibliografía que existe. Pero, nos enteramos de un espacio en el centro donde se reunían mujeres lesbianas.
El primer día que asistimos estaba Mariela Castro junto a otras personas comentando sobre una estrategia educativa que se quería lanzar a través de los medios de comunicación para visualizar el tema de la diversidad sexual.

Por supuesto, inmediatamente nos sentimos interesadas y con ganas de colaborar en lo que pudiéramos. Y hoy estamos aquí en este lugar, haciendo realidad este anhelo de tantas personas y construyendo un camino hacia la búsqueda de la igualdad de derechos para todos y todas.

En Oremi encontré una forma de luchar contra las discriminaciones. Siento que estoy haciendo, que contribuyo y que se puede lograr nuestro objetivo.

La boda

Todo comenzó por una idea de una fiestecita entre amigos donde yo y Mónica nos juraríamos amor eterno y se convirtió en la primera boda de lesbianas, apoyada por una institución cubana. El CENESEX nos brindo su patio interior.

Esa fue la muestra de amor, de compresión, de apoyo más grande que Mónica y yo pudiéramos tener. Ese día en el CENESEX se respiraba amor.



Mitos
Existen muchos mitos alrededor de la mujer lesbiana, incluso más de los que existen para los hombres. Nosotras somos más juzgadas por estar la sociedad sujeta a leyes y costumbres patriarcales. Por ejemplo, una de las cosas que se piensa es que a las mujeres lesbianas no les interesa la maternidad, sin embargo, el derecho a la reproducción asistida, es causa de lucha en muchos países.

Hemos idealizado tanto el papel de la madre que cuando las personas homofóbicas piensan en una mujer lesbiana, no pueden ver a una mujer que ama a su hijo o hija, tanto como lo hace una mujer heterosexual.

La crianza no esta determinada por la orientación sexual de los padres, no es una atracción sexual hacia el esposo del vecino o hacia el novio de la amiga, simplemente son dos personas que se aman que quieren ser parte de la sociedad, que quieren contribuir con ella y que quieren formar a su hijo o hija.

La ley no cuestiona a una mujer heterosexual con problemas de alcoholismo y droga, con malas condiciones de vida, que tiene un hijo y lo que más se escucha de la gente es: “¿Esa está loca, como va a mantener a ese niño?” y siguen conviviendo con el fenómeno en su cuadra.

Otro de los mitos es que una pareja homosexual solo va a criar un hijo con tendencia homosexual y yo me pregunto: ¿cuántos de los homosexuales que estamos aquí somos hijos de homosexuales?

La homosexualidad no es algo que se enseña, no se aprende, no se contagia, es solo una preferencia sexual. Y al aceptarla, lejos de pensar que se pone en peligro la heterosexualidad, vamos a pensar que se van a evitar muchos crímenes, suicidios, fases de aceptación y conflicto entre los hijos y los padres, se van a abrir canales de comunicación que van a crear un acercamiento en las relaciones paterno-filiales.

Acabar con la homofobia es acabar con miedos, distanciamientos entre padres e hijos, discriminación, conflictos laborales, darle la oportunidad a todos y todas a luchar por un futuro de igualdad de derechos y oportunidades para todos, es darnos cuenta que existen otros tipos de discriminación contra las que también debemos luchar. Porque ¿La diversidad es la norma?

Lesbofobia

Hay veces que nos encontramos con personas que toleran a los hombres homosexuales, pero que no aceptan a la mujer lesbiana y eso es reflejo del discurso androcéntrico que sufrimos cada día, que hace ver a los hombres superiores a las mujeres. Por eso es que se afirma que la mujer lesbiana es triplemente discriminada.
A veces vamos por la calle y los hombres se meten con nosotras y nos dicen que si no queremos que nos haga compañía, que lo que nosotras necesitamos es a un hombre, y eso es un tipo de violencia que sentimos a diario y es una de las cosas con las que tenemos que luchar para hacerles ver que somos una pareja y que no necesitamos de terceras personas.

Otra de las cosas que se comenta es que la mujer lesbiana es una mujer masculinizada, y que cosa es estar masculinizada o feminizada, eso es simplemente una construcción que nos crean y una educación, cuando tu vas a la escuela y en la familia te enseñan que las niñas se sientan con las piernas cruzadas y que los varones no y realmente cuando la mujer asume su orientación, o sea como se dice, sale del closet, quizás ya no este intentando ese coqueteo hacia el hombre y eso provoca que ya no sea esa mujer tan femenina como “se quiera que sea” o como quiera la sociedad que sea y creo que eso es uno de los mitos que más nos afectan.
Ese hecho de que nos vean como un hombre o que nos pregunten quién es el hombre y quién, la mujer… No existe un hombre y una mujer, solo son dos personas que se aman y que comparten una vida.
Ver más fotos de la boda de Elizabeth y Mónica.
Fotos cortesía de Norma Guillard 

22/07/2008 GMT 0

Cine Club "Diferente"

negracubana @ 14:45
El Cine Club "Diferente"vuelve el próximo 24 de julio a las 8:30 p.m. en el cine Riviera (Calle 23 y Ave. de los Presidentes) con la co-producción anglo-norteamericana Botas Kinky (Kinky Boots - 2005)

Director: Julian Jarrold

Sinopsis: Una travesti rescata a un hombre que, tras heredar la fábrica de zapatos de su padre, necesita diversificar la variedad de su producción si quiere mantener su negocio a flote...


... y recuerden que, después de la película, tenemos debate sobre el tema del filme!

Prosigue su andadura el Cine Club Diferente en La Habana con "Kinky boots"

La próxima oferta del Cine Club “Diferente” será este jueves 24 de julio y abordará el complejo mundo del travestismo mediante el filme anglonorteamericano “Botas Kinky” (Kinky boots), de Julian Jarrold, en la misma sala, hasta tanto se terminen las labores de remodelación del Cine 23 y 12, sede habitual del encuentro, que busca presentar cintas, cuya temática esté relacionada con el mundo de la diversidad sexual.

Cien minutos, cien años de cine. Así podría llamarse de forma alternativa el documental "El celuloide oculto" que, el mes pasado, nos presentó en su ya habitual Cine Club “Diferente” el crítico y escritor cubano Frank Padrón Nodarse. No hay dudas, que Hollywood, a lo largo de esta centuria y algo más, ha tenido oportunidades de acumular glorias y sinsabores. Difícil entonces, ante una producción tan prolífera, que algún tema de esta vida variada y llena de vericuetos, escapara de sus tentáculos y no pasara por su filtro, ya fuera para bien o para mal.

Así pues, "El celuloide oculto" (The Celluloid Closet), coproducción franco-alemana-británico-estadounidense, de 1995 devela, con la maestría del gran arte fílmico, cómo la industria del entretenimiento norteamericano, luego de una relativa y sorprendente ‘liberalidad' en sus primeros años, trató de depauperar la imagen y la autoestima del homosexual, así cómo aquellos realizadores conscientes y necesitados, se montaron en las alas de la metáfora y la sutileza para, al menos discretamente, reflejar en la pantalla grande, la vida de aquellos que escogieron amar de forma diferente.

A través de fragmentos, muchos de ellos censurados en su momento y perfectamente integrados al discurso, Robert Epstein y Jeffrey Friedman repasan con vocación de relojero, los mil y un ejemplos, en que Hollywood ejerció sus ‘buenos oficios' en el tratamiento de este lado de la vida, hasta hace poco silenciado por el main-stream del entretenimiento popular.

No faltan nombres de peso del showbizz, para reafirmar que no siempre la gran industria jugó limpió cuando el asunto era retratar a los homosexuales en pantalla. Entre ellos este ‘talking-heads' nos brinda los testimonios de astros como Tony Curtis, Whoopi Goldberg, Tom Hanks, Shirley MacLaine, Susan Sarandon, Gore Vidal y otros muchos que, al ser asumidamente gay, no podían ver con buenos ojos el mal manejo que de su experiencia vital se hacía.

Tampoco faltan ejemplos de filmes, aparentemente, inocentes que, de forma velada, presentaban situaciones de claras implicaciones homosexuales. Verbigracia Rebeca o Ben Hur, por sólo mencionar dos casos. También abundaron muestras de caricaturas, exacerbaciones, denigración y fatalismo. La lista sería interminable.

Claro quedó para el público, que llenó la espaciosa sala del cine Riviera de la Habana, que tal tratamiento no siempre fue casual, de hecho casi nunca y parecía encerrar unos lineamientos hasta ahora poco claros, pero no por ello menos destructivos.

El debate – parte implícita y fundamental del proyecto de Padrón Nodarse – se trabó a partir de las opiniones del auditorio y de importantes personalidades de la cultura nacional, que además de aquilatar las calidades del producto cinematográfico sometido a su consideración, aprovecharon el momento para la sana catarsis y la reflexión productiva, en torno del fenómeno que allí los había reunido.

Una vez más, Mariela Castro Espín, jefa del Cenesex, concedió la gentileza de su presencia y aprovechando el momento también hilvanó ideas sobre la necesidad de la presencia del gay en los medios, pero siempre a partir de posturas de dignidad.

© Antón Vélez Bichkov-NOTICINE.com

11/07/2008 GMT 0

Otro color para una Cuba rosa

negracubana @ 19:40

Este es un documento que circuló por las redes cubanas luego del 17 de mayo, que reproduzco hoy, aunque no a destiempo porque el debate aun esta sobre el tapete. De todos los escritos (uno de Ruffo, otro de Fowler, etc) para mi este es el más importante, en tanto permite visualizar toda una serie de acontecimientos que aún permancen detrás de bambalinas y de los cuales el autor fue participante y hasta fundador.

Norge Espinosa Mendoza.

1

Parece que en Cuba todo se inicia con la luz de cada mañana. El cubano, atrapado en un ejercicio de recordar que es otra manera del olvido, ha sido una y otra vez víctima de esa ilusión, según la cual determinadas acciones no tuvieron antecedentes. Ahora mismo, cuando se ha desatado el inmenso impacto mediático que tuvo por vez primera en la Isla la celebración del Día Mundial de la Lucha contra La Homofobia, podría creerse que, en efecto, nunca antes hubo gestos en pos de lo que ese día finalmente consiguió: la visibilización y socialización de una comunidad que quiere creerse tal cosa, a pesar de que, para serlo, necesite de algo más que 24 horas de desenfreno libertario.

El acontecimiento ha sido, creo que para bien más que para mal, centro de comentarios, noticias, reportajes y discusiones que la prensa ha acogido o no; pero también ha comenzado a cubrir una zona de urgencias que el gay cubano entendía como vedadas. Lo que ocurrió el 17 de mayo (día en el que tradicionalmente se celebra en el país la Jornada del Campesino: qué dirían de esta confluencia Reinaldo Arenas o Samuel Feijóo); es la punta de un iceberg que llevaba demasiado tiempo sumergido. Como también sucede con mucha frecuencia en Cuba, habrá que ver si somos capaces de seguir mostrando otras partes de esa superficie hasta no hace mucho congelada.

2

Entre 1998 y el 2000 organicé las Jornadas de Arte Homoerótico bajo el auspicio de la Asociación Hermanos Saíz, en la Madriguera, sede de esa institución en La Habana. En esas tres ediciones, que me exigieron un agotador empeño personal, pude hacer coincidir a escritores, pintores, teatristas, cineastas, críticos, etc. Un público que regó la noticia a viva voz, contraponiéndose al silencio y terror de los periodistas que se negaron a difundir el hecho en sus espacios, acudió a ese lugar por tres años consecutivos, para escuchar a Antón Arrufat, Pedro de Jesús López, Arlén Regueiro, Frank Padrón, Luciano Castillo, Mirtha Souquet, Víctor Fowler, Ramiro Guerra, Mercedes Borges, o contemplar obras plásticas de Rocío García, Alexis Alvarez, Reynold Campbell, Raúl Martínez, Servando Cabrera Moreno, Lino Fernández, René Peña o Eduardo Hernández. Nada de eso parece haber sucedido, porque apenas se mencionó ese antedecente en la celebración del pasado mayo. La desmemoria es un buen aliado para algunos, y así, he tenido que escuchar a ciertos personajes apuntarse el supuesto valor de haber sido los iniciadores de este tipo de encuentros mucho después de que aquellas tres jornadas se sucedieran. Tal vez, en lo personal, eso sea lo menos importante. Tal vez, sin embargo, sea algo a considerar con gravedad. Porque lo cierto es que en Cuba, a veces arriesgando más de lo que se cree, hace rato que algunos artistas han apostado por una visión que, desde los extremos del sexo semejante o disidente, incluya los modelos de la homosexualidad en tanto acto posible, junto a todos los otros que, desde una perspectiva de franca inclusividad, componen la imagen de un país que a ratos, a pesar suyo o no, ha debido asumir esas variables de su identidad fragmentada y cada vez menos comprensible desde un margen estrecho de asimilaciones. Las piezas de Raúl Martínez que se mostraron ahora en la Fundación Ludwig de Cuba ya habían sido expuestas en las Jornadas que menciono, gracias a la cortesía infinita de Abelardo Estorino quien nos cedió, además, fragmentos del por entonces aún inédito libro de memorias del destacado pintor, que recorrían los pasillos de varias instituciones sin que ninguna se atreviera aún a editarlo, cosa que no ocurrió sino hasta el pasado año. Y antes fueron expuestas, en vida de Raúl, en Guantánamo, para escándalo de las veladoras de una galería local, mediante los manejos de Jorge Fernández, amigo del pintor que lo convenció de que ya era hora de mostrar esos collages en los que Jeff Stryker era un símbolo de la Conquista, falo inmenso mediante, ante los ojos de la pacatería nacional. O sea, que nada viene de la nada. Me gustaría que fuéramos un poco más elegantes y diplomáticos cuando de fundar se trata. Pasar por alto los riesgos ajenos, el pacto de honestidad que otros han alzado cuando les tocó asumir verdades ardientes, es una costumbre que insistimos por desgracia en mantener viva. He aprendido de mis maestros que reconocer los talentos y atrevimientos ajenos no reduce los nuestros en ningún sentido. Pero ya se sabe, vivimos en un país donde mucha gente tiene el síndrome de Colón.

3

No voy a repetir la historia que ya se sabe; pero un estudioso no se dejaría engañar por el ciclón de turno, y podría afirmar que todo se reorganizó, a la manera de un mapa muy primario, a fines de los 80. Es la época en que se escriben y publican Vestido de novia, y ¿Por qué llora Leslie Caron?: la literatura cubana se plantaba en su coming out, adelantándose sobre el silencio que desde los 60 cayó sobre la expresión de un homosexual cubano. A diferencia de otros contextos, no contamos con una historia detallada o al menos sistemática que nos permita entender al homosexual en la historia de lo cubano como un rostro menos intermitente. Los gays de aquella Cuba sin duda leyeron la edición mexicana de El Homosexual en Norteamérica, firmada por Donald Wester Cory, que apareció en 1951 bajo el sello de Compañía General de Ediciones S. A. y que en verdad estaba firmado por Edgar Sagarin. O tenían tal vez noticias de asociaciones como la Mattachine Society o Daughter of Bilitis. Difícil saberlo, porque es una de las historias no escritas de la Nación en tanto complementos de sujetos y verdades acalladas. La Revolución no aportó el margen de libertad sexual que los 60 acogieron, y tras la llegada de los barbudos, ninguna otra melena o extravagancia fue consentida. La ecuación redujo al homosexual al estado de lacra, de enemigo político. Y como tales, fueron anulados de cualquier visibilidad. No hablo solo de artistas tan notables como Virgilio Piñera o José Lezama Lima, de promotores como José Mario, de poetas como Lina de Feria. Hablo de personas, y las recientes declaraciones con las que Guillermo Rodríguez Rivera quiso responderme a partir de un artículo que escribí sobre el defenestrado grupo El Puente, demuestran la actualidad penosa de algunas de las normas que quisieron disminuir y desaparecer a esa clase de ciudadanos. Pasajes vergonzantes como la UMAP o los insultos propinados durante el éxodo del Mariel no pueden ser borrados ni ignorados, aunque tantas veces se nos quiera hacer creer que a ese pasado no hay que volver los ojos. A mediados de los 80, algo tenía que cambiar. Los homosexuales, junto a rockeros, hippies, reos, prostitutas, y también representantes de otros índices de “desviación”, saltaron a las páginas y obras de una nueva moda de entender la rebeldía como arte. Ya no hubo manera de devolverlos a la sombra. Eran un síntoma de la Cuba que se desperezaba.

La onda expansiva que provocó Senel Paz con El lobo, el bosque, el hombre nuevo, de la cual emanó el filme cubano de mayor renombre internacional, Fresa y chocolate; fue un estremecimiento para el cual muchos estratos del país (especialmente los más conservadores), no estaban preparados. Catorce años tardó esa película, nominada al Oscar, ganadora en Berlín, y poseedora de un récord de espectadores sin igual en la Isla, en llegar a las legitimadoras y morosas pantallas de la televisión nacional. Recuerdo las colas, los empujones, los tumultos que en aquel Festival de Cine de 1993 se arremolinaban ante las salas donde se exhibía el largometraje de Titón-Tabío: se corría la voz de que terminado el evento, no se volvería a proyectar. Afortunadamente, era solo una leyenda, y la retrospectiva del cine almodovariano que colmó los espacios de otra edición del mismo Festival, permitió reconocer ya a ciertos rostros que no ocultaban su anhelo de diferencia entre quienes se dirigían a las proyecciones. Homosexuales evidentes, travestis, enfermos de VIH/SIDA, de las edades más diversas, estaban ahí. Se reconocían en el campo de protección que les brindaba un panorama cultural que comenzaba a examinarlos sin trauma. En pleno tiempo de clandestinajes (el Período Especial hacía que cada noche se volviera una aventura de riesgo extremo), estaban ahí, desafiando a la policía, a los órdenes de cualquier rechazo, sin ánimo de retroceder.

Varios documentales dan fe de ese avance. Tierra de altos contrastes, Cuba llegó a prohijar fiestas populares en los años más duros del Período en las que un CDR animaba sus noches de fiesta revolucionaria con los travestis de la barriada, como se muestra en Mariposas en el andamio. En Santa Clara, El Mejunje ya se había convertido en un punto de referencia ineludible. La pandemia del SIDA había obligado al país, incluso a sus sectores menos progresivos, a promover campañas que incluían la visibilidad de otros tabúes y problemas que también a mediados de los 80 empezaron a entreverse como parte de la Campaña de Educación Sexual que coordinaran, entre otros especialistas, Mónica Krause y Celestino Lajonchere, antecesores de la actual labor del CENESEX. El clímax se alcanzó en el 95, cuando, tras la celebración en el Teatro América, de la gala final de un concurso de travestismo y transformismo, se dictaminó la prohibición de tales acontecimientos. En 1993 llegan a Cuba los primeros representantes de Queer for Cuba, una agrupación de gays y lesbianas norteamericanos que, guiados por Stephanie Davies, intentaron activar una filial del ILGA en Cuba, infructuosamente. Gracias a un atrevimiento mayúsculoel Desfile del Primero de Mayo de 1994 mostró al pueblo cubano por vez primera la bandera del Arcoiris en una manifestación pública de tal alcance: algo que tampoco ocurrió, por vez primera, el pasado 17 de mayo, y si alguien lo duda, puedo remitirlo a las imágenes finales de Gay Cuba, un bien intencionado aunque no siempre contundente documental de Sonja deVries. Curiosamente, a fines de esa década, se vieron más actores que nunca asumiendo roles femeninos en la televisión cubana, siempre dentro del riesgoso ámbito del humorismo. Ulises Toirac como Liudmila, Osvaldo Doimeadiós como la insuperable Margot, y otros que se añaden a una lista que incluye a la zafia Mariconchi de Orlando Manrufo, subrayaban el sentido transgresor de lo que Carlos Díaz o José Milián y Nelson Dorr, en el teatro, ya combinaban con mayor o menor éxito. Almodóvar calificó a Fresa y chocolate como una película “demasiado amable”. El sobrevalorado, aunque importante filme, más allá de las especulaciones excesivas de Rufo Caballero (quien desde su crítica ya quería cubrir de Oscares a Perugorría), había plantado un límite en el que la fisicalidad de los acontecimientos se reducía al verbo y a la amistad: el homosexual cubano había ganado un rostro, pero cargaba con una castidad aberrante. Habría que esperar al 2000 para que otro homosexual cubano dijera, desde las pantallas, el nombre de su deseo. Aunque lo dijera en inglés y recortado contra un paisaje mexicano que remedaba al de la Isla, Reinaldo-Arenas-Javier Bardem lo gritó, antes de que anocheciera.

El eco de lo que el filme de Schnabel desató en Cuba fue inconmensurable, aunque el escándalo, como suele suceder, corriera solo puertas adentro, recordando lo que, en 1984 desencadenó el estreno de Conducta impropia. El filme fue diseccionado, atacado, negado, con el mismo encono con el que el autor de las memorias que lo originaban fuera tratado en vida. Reinaldo Arenas es el cadáver más incómodo de la Literatura Cubana. Su grandeza como narrador es directamente proporcional a su capacidad reactiva. Un estudioso de las letras cubanas, también novelista, se preguntaba en un texto de hace unos años, cuándo podríamos leer El color del verano sin el peso de lo político, sin estremecernos ante sus dispositivos rabiosamente colocados en cada página. La respuesta a esa interrogante vacía es simple: nunca. El día en que podamos leer ese libro indescriptible con tal tranquilidad ya no será más El color del verano, ya Reinaldo Arenas no será el hombre que levantó la venganza a índices de creación insólitos dentro de lo Cubano. Hacernos reconocer que también esa rabia, esa fuerza negadora, esa bomba de tiempo, nos pertenece, es su mejor venganza; dulcificarla o edulcorarla, un acto de inmadurez. Valga para entender eso el golpe en el estómago que representa Seres extravagantes, el brillante documental de Manuel Zayas.

En 1998 se producen acontecimientos más o menos liberadores. Víctor Fowler edita La maldición, una historia del placer como conquista, que recoge momentos de la tradición homoerótica en la literatura cubana, que anuncian un libro mayor y mejor, aunque este nunca se vendió en moneda nacional. También hay gestos regresivos, como la edición de Homosexualidad, homosexualismo y ética humanista, de Felipe Pérez Cruz, que se publica en el 99 y tampoco se pone al alcance del lector en moneda nacional, lo cual, teniendo en cuenta su visión estrecha, es digno de agradecer. Alberto Garrandés, Alberto Abreu, Jesús Jambrina, Alfredo Alonso y Abel Sierra Madero (este último con Del otro lado del espejo, Premio de Ensayo Casa de las Américas 2006, que aún no ha tenido una difusión masiva), van ganando terreno en las ideas que la queer theory ha ido procreando, aunque a su paso por la Isla dos de sus mejores representantes, interesados en lo que aportan los creadores de nuestro país, hayan recibido una suerte de ducha fría por parte de altos funcionarios de nuestra Escuela de Letras. Los libros de Daniel Balderston, José Quiroga o Emilio Béjel, por mencionar solo tres nombres de referencia insoslayable, apenas son comentados o leídos acá, donde viven escritores que ellos analizan con lucidez: Ena Lucía Portela, Pedro de Jesús, Ana Lidia Vega, Mae Roque, Jorge Angel Pérez, etc. Eso pasa en la vida de la cultura. En la vida de la Vida, ¿qué pasaba?

4

En una nación como Cuba ser maricón es algo que exige tener muchos cojones. Más de dos, diría incluso algún travesti de los que se atreve cada noche a hacer sus rondas. La policía es un cuerpo homofóbico que sigue encontrando en el gay una víctima fácil, en la cual descargar siglos de odio a manera de multas y golpes. La inexistencia de lugares donde socializar reduce a ghettos invisibles las trayectorias del homosexual, confinado, junto a otros sectores demasiado “desenfrenados” a deambular de un punto a otro de la ciudad, en riesgo perpetuo de ser encarcelado o penalizado, si bien en la Constitución hace años que el homosexualismo dejó de ser delito. Queda una cláusula, sin embargo, lo suficientemente nebulosa como para dejar las manos sueltas en direcciones no siempre edificantes, casi siempre en contra de las “zonas blandas de la sociedad”, según reza una frase lamentable. Las defensas legales del homosexual cubano no existen, de ahí que me parezca aún ridículo el que tantos aspiren a contraer matrimonio o a adoptar, cuando todavía no poseen, en cuanto a derechos civiles, rango de verdaderas personas que puedan demandar, rebatir y lograr vencer al machismo uniformado. Los avances del CENESEX y del Centro de Prevención de ITS/VIH/SIDA han sido, por lo general estrategias persuasivas que decaen ante la violencia de lo que la noche dice como verdad. De esas noches habrá que buscar datos en libros extranjeros, como Machos, maricones y gays, de Ian Lumsden, porque el fondo de investigaciones de esas instituciones rara vez ha alcanzado la luz pública. No es sino hasta muy poco que aparece una revista cubana sobre sexualidad. Pregúntele a un gay cubano que es la Declaración de Montreal, y verá cuán pocos sabrán de lo que está usted hablándole.

Por todo ello, lo sucedido en el Pabellón Cuba el pasado 17 de mayo tuvo consecuencias y resonancias francamente inusitadas y excepcionales. La cautela, prudencia o límites que el CENESEX ha mostrado en sus acciones previas, ha sido catapultada a una visibilidad extraordinaria. Mariela Castro es el centro de ese impulso, y es una mujer francamente inteligente, que a diferencia de lo que sucede en tantos ámbitos no solo políticos de lo cubano, ha sabido esperar. La paciencia no es una costumbre latina, al menos no con frecuencia, pero sí algo que ella ha sabido manejar con elegancia. Tiene sobre sí, como ventaja de doble filo, su árbol genealógico, pero ella ha conseguido transformar ese ramaje en una plataforma de acción que dirige hacia un sector hasta no hace mucho carente de cualquier clase de amparo. Su propia existencia y su fe en esas coordenadas deja a sus enemigos en una postura difícil, que basa sus ataques en la afirmación de que la sexóloga ha dinamizado todo esto por ser la heredera de quien es. Vuelta de la paradoja: si antes nadie defendía a los gays, había motivos de queja; ahora que alguien asume ese rol tan polémico, hay que anularla y regresar a la posición anterior; imagino que Mariela esté consciente de la crisis que cada proyecto suyo genera en quienes la confrontan. Poco a poco, unificando fuerzas, la hija de Vilma y Raúl ha concentrado empeños que le permitieron armar todo lo que en ese día ocurrió en La Habana, y también en Sancti Spíritus, Santa Clara, Santiago de Cuba y Pinar del Río, con mayor o menor suerte organizativa en cada sitio particular. El día en cuestión tuvo mucho de catarsis, probablemente demasiado, pero era un paso que ya se demoraba y que ya hoy es historia. Los recelos políticos de siempre, dentro y fuera de la Isla, no han dejado de mostrarse. Para nadie es un secreto que ciertos elementos del Partido y la Juventud y otras instancias, pese al apoyo que ellas mismas prodigaron al CENESEX, no miran con buenos ojos tal destape. Se pretexta lo de siempre: “el pueblo no está aún preparado para esto”. Me pregunto si al pueblo se le ha preguntado al respecto, si se le preguntó al pueblo si la política que se erigió, cuando el SIDA tuvo su primer brote en Cuba para aislar a los enfermos, fue consultada con la población que veía alejarse a parientes y amigos hacia los sanatorios como dobles condenados a esa forma de la muerte que es la invisibilidad y el silencio. Ese mismo pueblo acude a ver obras teatrales, plásticas y cinematográficas que abordan el homosexualismo desde hace ya varios años en este país sin agarrarse de las cortinas ni clamar por la sangre de sus mártires ante tal “desafuero”. Ese mismo pueblo, también, demostró sin embargo cuán distinto es el asunto si los implicados en esas historias son representantes de sí mismos. Ese fenómeno retardatario que fue la telenovela La otra cara de la luna demostró no sólo la visión estereotipada que tiene la televisión cubana sobre el homosexual o el seropositivo, sino también cuánto hay que hacer aún para que las acciones a favor de esas personas deje ser una simple mirada conmiserativa. Es hora ya de convocar al mejor talento artístico para recordar a todos que un homosexual es antes que todo una persona, y que como tal, más allá de sus gustos, es que debe ser tratado y representado. Pero la televisión, sobre todo en Cuba, es cosa de otro mundo, y no faltan en ella comentaristas bienintencionados que tratan de convencernos de que el gay y la lesbiana son exactamente eso, personas… aunque no iguales a nosotras, y a las que hay que comprender y tolerar, más que asumir a partir de sus propias dignidades. Ese mismo medio de difusión pudo, al fin, transmitir Brokeback mountain sin que se cayera el mundo al otro día; aunque justo es decir que filmes de esta temática, como Mi vida color de rosa o In the gloaming, ya han ocupado esos espacios con anterioridad. A pesar de que el presentador mande a los niños a dormir antes de hablar a cámara sobre asuntos tan arduos. Que algún día la fiebre de series norteamericanas que invade la cartelera de la TV cubana llegue a incluir temporadas de Queer as Folk o The L Word, es otra cosa. Paciencia, compañeros, ya lo dijo Chan Li Po.

En el Pabellón se habló de acciones contra la transmisión de enfermedades sexuales, se dialogó sobre teatro y homofobia, se organizó una lectura de textos narrativos y poéticos, se presentaron grupos de Teatro Espontáneo. Hubo, a pesar del esfuerzo organizativo, un cierto aire de improvisación inherente a toda primera vez, que no excluyó un determinado concepto del desorden, aunque nunca llegó a rozarse el caos. Me pregunto, por ejemplo, si el espacio abierto y ruidoso donde las personas presentes cumplimentaron su primera necesidad tras tanto silencio: la de socializarse, reconocerse, conocerse y dialogar, era el mejor para los debates y presentaciones, a veces sobre temas muy específicos, que allí se expusieron y que hubieran exigido menos algarabía alrededor. Faltaron nombres importantes y fácilmente localizables en la lectura de escritores, que hubieran debido estar ahí como reconocimiento al compromiso que por años han mantenido con ciertos debates y riesgos. La exposición de Raúl Martínez y Rocío García de la Fundación Ludwig hubiera merecido una galería menos alejada de la mira mayoritaria que conoce o no a esos importantes creadores. La exhibición de materiales fílmicos cubanos sobre el tema pudo ser más destacada y subrayada en todo el programa, aunque esos trabajos, realizados en su mayoría por gente muy joven, han logrado aparecer en eventos y certámenes que, como el propio Festival de Cine Latinoamericano, el Festival de Cine Pobre, la Muestra de Jóvenes Realizadores o el IMAGO, los asumen sin prejuicios, llámense Leo y Julita, Pool with two figures, Ella trabaja y varios más que bien merecen mayor cantidad de espacios para visionaje. Tal y como ha podido tenerlos el mismo espectador cubano para celebrar filmes como Frida, naturaleza viva, Tan de repente, Wilde, Banquete de bodas, El juego de lágrimas, Madame Satá, Priest, G.A.Y, Eduardo II, Nueve reinas, Adiós, mi concubina, XXY, Plata quemada, retrospectivas de Pasolini y Fassbinder, etc. Todo ello, sin embargo, es mejorable, y si se da de nuevo la oportunidad, espero que se convoquen a las personas correspondientes, de acuerdo con sus talentos y verdaderas responsabilidades, y no por estrategias de mera obra de choque, para que la segunda vuelta resulte mejor. Lo más notable del agotador día, en el que ya se sabe cuántas figuras políticas y culturales estuvieron presentes; lo que me llevaré en la memoria, fue la alegría veraz de tantos gays y lesbianas, la emoción con la cual, por fin, sintieron que algo se abría para ellos. Como dije a una periodista extranjera, lo importante sería que el aire de fiesta no tarde un año en repetirse, que el ánimo ahí desatado no se quede en síntoma de mera campaña. Ahora es que debe replantearse todo. La llegada es solamente un punto de partida.

5

“No tener al aparato de Estado como enemigo declarado

(de momento) no elimina la necesidad de enfrentarse cada día al silencio.

Está todo por hacer”.

Alberto Mira, profesor y escritor, activista gay español, 1995.

En el escenario del Cine Teatro Astral está Mimí la Mejicana. O Chantal, o Imperio, o Estrellita, o Samantha, o Kyria, o Farah, Oriana, Cindy o Alina. Son transformistas de la noche habanera. Algunas están vinculadas al CENESEX, otras se ganan la vida en espacios como la Casa de Rogelio, o la Unión Francesa u otros menos visibles. Varias podrían contar anécdotas sobre el explosivo final del Periquitón, la disco gay clandestina más fabulosa de La Habana, donde un policía abofeteó a Jean Paul Gaultier. Para ellas, esta noche es el comienzo de un sueño o el sueño de un comienzo. En ese mismo teatro, rescatado por la Batalla de Ideas y cerrado para acciones que no cuenten con la anuencia de los filtros políticos, ellas doblan canciones de sus ídolos sobre un fondo que es la bandera cubana. Carlos Díaz dirige un espectáculo que las agrupa, por tres horas, y que mantiene al público en sus asientos, devorando cada momento de lo que muchos creyeron imposible: una mezcla de Priscilla, queen of the desert con las Charangas bejucaleñas. En primera fila, están artistas, críticos, funcionarios y Mariela Castro, a quienes las divas de la noche regalan flores con agradecimiento sincero. Vestida con sencillez, que no con galas de revolucionaria de caviar, como dijo alguien con un resentimiento que cancela la posibilidad de otros análisis. La noche del Astral es la culminación de un empeño que debiera mover a unirnos. Sólo que los cubanos, por desgracia, solemos ir muchas veces en una dirección contraria.

A no todo el mundo, dentro de lo que insiste en llamarse una comunidad gay cubana, le agradó la celebración. No falta quien sospeche que todo sea una armazón coyuntural, o el que espera en su casa la disculpa por los maltratos e insultos recibidos. No me asusta reconocer que es comprensible: tanto silencio y desidia se ha acumulado que es difícil drenar ciertas angustias y recuerdos. Lo que no me parece justo es proponer una visión congelada de la historia: veinte años atrás nada de esto sería posible. Los enemigos tradicionales no de Cuba, sino de la Revolución Cubana, parecen removerse con incomodidad al ver que algo que era un arma infaltable en sus ataques comienza a escapársele, y reniegan lo sucedido, sin contar con el entusiasmo de la mayoría que sí se presentó en el Pabellón, para hacer el coming out público más inesperado de la historia de la nación cubana. Negarse a dejar atrás lo que por años nos inmovilizó para avanzar a nuevos estadíos que se nos ofrecen, no es nunca una acción aconsejable. Tan paralizante es creer que todo va a ser resuelto por arte de magia en una cuestión tan ardua como esta, como no aceptar que pueden ganarse diálogos y perspectivas renovadoras sobre este y otros asuntos candentes que en la Cuba de ahora mismo exigen ser rediseñados y discutidos a profundidad. Creo francamente que algo se ha avanzado, si bien insisto en que debe aún procurarse una voluntad mancomunada que rebase los alcances en la esfera de la simple campaña de salud o en la persistencia de los mensajes que procuren una tolerancia poco edificante hacia el homosexual. Hasta hoy hemos tenido elementos dispersos que no alcanzaban a ganar una visibilidad que los reestructura como un corpus de ideas y acciones que confirmen la potencialidad de discursos, proyectos, ganancias no solo reivindicativas sino también polémicas que se superen y diseminen nuevas proyecciones tan críticas como regeneradoras. Ahora que la plataforma está abierta, es el momento de proponer otras dimensiones del logro, dinamitando convenciones que hasta el 16 de mayo, 24 horas antes del suceso que provoca estos párrafos, parecían inamovibles.

Me permito, antes del cierre, una mirada ya exclusivamente personal. Hace veinte años firmé un poema que, a la vuelta de estas décadas, ya ha dejado de ser mío para devolvérseme en las memorias y vidas de sus lectores. Confieso, pese a ello, que descreo no solo de las asociaciones que a fuerza de agrupar homosexuales o cualquier otro orden de minorías, acaban implantando un ghetto que se define, a veces inconscientemente, como un ámbito reductor. Confieso mi recelo antes quienes imaginan al gay cubano como copia mecánica de la comunidad gay que en el primer mundo ha terminado por convertirse en una industria que consume cuerpos y estereotipos tan peligrosos o engañosos como los que el mundo heterosexual ha acuñado sobre nosotros durante siglos. Confieso mis recelos ante el sentido normativo que implican los matrimonios entre personas del mismo sexo, remedo de un ceremonial que el segmento machista y heterosexista ha convertido en uno de sus símbolos más férreos. Confieso mi desconfianza ante la imagen del homosexual como víctima, incapaz de alzarse por sí mismo en defensa de sus derechos y espacios de intercambio orgulloso de ser el cuerpo deseante que es, sin que deban intervenir instituciones formales a protegerlo o justificarlo. Confieso mi incomodidad ante la inveterada costumbre cubana de perder fuerzas en la ejecución de una idea o un proyecto que, una vez anunciado, comienza a desleírse y a perder organicidad. Confieso mi incredulidad ante los escritores, artistas, promotores y demás personas que, tras años de enclosetamiento, quieren aparecer ahora, bajo el golpe coyuntural, como líderes de una causa de la que antes renegaron; así como de los heterosexuales que (por suerte no son todos los casos) ahora parecen sumarse al carro por simple moda. Confieso mi negación rotunda a permitir que el pasado del homosexual en Cuba sea “lavado” mediante maniobras inconsecuentes que eludan la carga de dolor, sacrificio y pérdida que cayó sobre tantos, en busca de una atmósfera edulcorada de lo que no debe dejar de entenderse como un conflicto, aunque podamos ya discutirlo mediante canales progresivos. Confieso mi estado de alerta ante las expresiones que demuestran que, a pesar de lo dicho públicamente, es mucho aún el desdén y la homofobia que operan en los sectores de mayor poder político y civil de lo cubano. Confieso mi escepticismo ante todo esto y más. Pero también dejo claro mi deseo de participar, de estar, de poner mis empeños en el apoyo de una idea que es más que mi propia y exclusiva capacidad para discutirlo todo. Alguna vez, interrogándome sobre las Jornadas de Arte Homoerótico, un escritor cubano me dijo con cierta admiración: “Hay que tener cojones para organizar todo eso”. Para mí crear ese espacio, darle cabida en él a otros creadores, cuyo talento fuera conducido con honestidad hacia la defensa de toda dignidad humana, no fue nunca cosa de cojones, sino algo natural que debía hacerse, y que quise y pude hacer. Desde esa naturalidad es que quisiera participar en el proyecto. En una Cuba que aprende otros matices del rosa. En la que ojalá podamos hacer una película no solo amable sobre el tema, sino atrevida, y cuestionadora. En este país en el que ahora mismo otra telenovela, la de turno, ha vuelto a poner, pocos días después del 17 de mayo y del encuentro en las arenas candentes de Mi Cayito, al homosexual como un estereotipo negativo, demostrando que la batalla no ha hecho más que comenzar. Para muchos de los implicados en estos acontecimientos, lo vivido ha sido emocionante y trascendente. Homosexuales y no homosexuales, seropositivos o no, hombres y mujeres de cualquier generación que se miran ahora mismo en el espejo de lo cubano. Lo conseguido es apenas un primer punto del mapa. Me hubiera gustado pedirles a las estrellas de esa noche en el Astral que, tras los infinitos aplausos que cerraron el espectáculo, no abandonaran sus trajes de luces ni sus maquillajes o pelucas suntuosas, porque esos son sus uniformes de batalla. Y la batalla, insisto, por ellas mismas, por la posibilidad de una y otras Cubas, no ha hecho más que comenzar.

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23/06/2008 GMT 0

El celuloide sale del clóset

negracubana @ 14:06

Cine Club “Diferente”, jueves 26 de junio

Esta vez en el cine “Riviera” )

El celuloide sale del clóset

Para la nueva jornada del cine club Diferente (CENESEX-ICAIC) los jueves finales de cada mes, esta vez en la restaurada sala “Riviera” (23 entre G y H) por reparaciones de su sede habitual (“23 y 12”), y a las 8:30 p.m, el correspondiente a junio ofrecerá la presentación y debate del documental franco-alemán-anglo-norteamericano The Celluloid Closet (El celuloide oculto), de 1995, con dirección y producción de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, el cual, partiendo del exitoso libro escrito por Vito Russo, realiza un exhaustivo y pormenorizado recorrido por el cine (básicamente de Hollywood, aunque mucho más allá) sobre cómo ha leído éste la diversidad sexual desde sus inicios, con el testimonio y criterio de prestigiosos cineastas, guionistas y actores de la industria acerca de ese curioso fenómeno, culpable en buena medida de los estereotipos cimentados durante décadas por tan poderoso e influyente imaginario.
Narrado por la comediante Lily Tomlin, personalidades como Tom Hanks, Shirley Maclaine, Tony Curtis, Susan Sarandon, Whoopi Goldberg o Gore Vidal están presentes junto con otros quizá no tan conocidos pero no menos importantes a los efectos del tema (Harvey Fierstein, Jan Oxenberg, Susie Bright, Armistead Maupin, Barry Sandler, Mart Crowley, Antonio Fargas, Ron Nyswaner, Daniel Melmick, Harry Hamlin , John Schlesinger…) lo significativo es que todos opinan, declaran, analizan al margen de su orientación sexual personal (o por ella misma) acerca del asunto pues , de un modo u otro, han estado vinculados a él , y por tanto tienen mucho de interesante y motivador que declarar ante la cámara, como podrá apreciar el espectador que se enfrente a este valioso filme.

Otro mérito del mismo es su cuidadosa edición, de modo que transcurren 102 minutos sin que apenas nos percatemos: las imágenes (una reserva impresionable de casi todo el cine estadounidense, como decíamos) alternan y/o calzan las intervenciones de los entrevistados de manera no sólo correcta o funcional, sino creadora, por lo cual la carga informativa, didáctica del documental se recibe de manera placentera, entretenida, de modo que no riñe la espesura conceptual (indiscutible) con el buen rato que pasamos, aún cuando con no poca frecuencia inquiete y moleste lo que vemos.
Cómo el cine ha “fabricado” la homosexualidad masculina y femenina a lo largo de su primer centenario, cómo decidió que recibieran el hecho no sólo los espectadores heterosexuales (mayoría a la cual siempre va dirigido en primerísimo término) sino incluso los propios implicados, cómo han evolucionado el pensamiento, la apreciación social, la medicina y la ciencia en torno al tema, y cuáles han sido entonces las mutaciones en el reflejo estético que la pantalla grande ha ido experimentando, son útiles lecciones de este notabilísimo filme que propone algo más que la visibilización: en realidad, una comprensión cabal y vanguardista de ese “amor que (un día, al decir de Oscar Wilde) temió “decir su nombre” y hoy, gracias en buena medida a obras artísticas como ésta, logra incluso gritarlo.

Frank Padrón

21/06/2008 GMT 0

Transexuales, travestis y transformistas, promotoras de salud. Fotorreportaje

negracubana @ 13:48
El jueves pasado se graduaron varias chicas transexuales, travestis y transformistas del taller de formación de promotoras de salud (ITS, VIH y SIDA) que realiza el CENESEX. Acá les va el fotorreportaje.

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