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Negra cubana tenía que ser
Una mujer negra que no es más otra, es ella misma
bell hooks

Categoría: Diversidad sexual

24/07/2008 GMT 0

Elizabeth, habla sobre su boda con Mónica

negracubana @ 11:45

A Elizabeth y Mónica las conocí en plena faena para terminar una publicación escrita por chicas lesbianas y dirigida a la sociedad cubana en general. Les colaboré con la edición del material y aportándoles unas cuantas más. Ellas, son muchachas que tienen muchas ganas de hacer y que han sorteado diversos obstáculos para poder estar juntas y vivir su amor. Les comparto las palabras de Elizabeth el 17 de mayo del presente año en la celebración por en Día Mundial VS Homofobia

Mitos y lesbofobia

Por Elizabeth Cabrera, estudiante de sociología de la Universidad de La Habana

Mónica y yo hicimos un trabajo investigativo sobre el nivel de machismo presente en parejas de lesbianas. Nos acercamos al CENESEX en busca de algún estudio previo sobre el tema y nos encontramos con la falta de bibliografía que existe. Pero, nos enteramos de un espacio en el centro donde se reunían mujeres lesbianas.

El primer día que asistimos estaba Mariela Castro junto a otras personas comentando sobre una estrategia educativa que se quería lanzar a través de los medios de comunicación para visualizar el tema de la diversidad sexual.

Por supuesto, inmediatamente nos sentimos interesadas y con ganas de colaborar en lo que pudiéramos. Y hoy estamos aquí en este lugar, haciendo realidad este anhelo de tantas personas y construyendo un camino hacia la búsqueda de la igualdad de derechos para todos y todas.

En Oremi encontré una forma de luchar contra las discriminaciones. Siento que estoy haciendo, que contribuyo y que se puede lograr nuestro objetivo.

La boda

Todo comenzó por una idea de una fiestecita entre amigos donde yo y Mónica nos juraríamos amor eterno y se convirtió en la primera boda de lesbianas, apoyada por una institución cubana. El CENESEX nos brindo su patio interior.

Esa fue la muestra de amor, de compresión, de apoyo más grande que Mónica y yo pudiéramos tener. Ese día en el CENESEX se respiraba amor.

Mitos
Existen muchos mitos alrededor de la mujer lesbiana, incluso más de los que existen para los hombres. Nosotras somos más juzgadas por estar la sociedad sujeta a leyes y costumbres patriarcales. Por ejemplo, una de las cosas que se piensa es que a las mujeres lesbianas no les interesa la maternidad, sin embargo, el derecho a la reproducción asistida, es causa de lucha en muchos países.

Hemos idealizado tanto el papel de la madre que cuando las personas homofóbicas piensan en una mujer lesbiana, no pueden ver a una mujer que ama a su hijo o hija, tanto como lo hace una mujer heterosexual.

La crianza no esta determinada por la orientación sexual de los padres, no es una atracción sexual hacia el esposo del vecino o hacia el novio de la amiga, simplemente son dos personas que se aman que quieren ser parte de la sociedad, que quieren contribuir con ella y que quieren formar a su hijo o hija.

La ley no cuestiona a una mujer heterosexual con problemas de alcoholismo y droga, con malas condiciones de vida, que tiene un hijo y lo que más se escucha de la gente es: “¿Esa está loca, como va a mantener a ese niño?” y siguen conviviendo con el fenómeno en su cuadra.

Otro de los mitos es que una pareja homosexual solo va a criar un hijo con tendencia homosexual y yo me pregunto: ¿cuántos de los homosexuales que estamos aquí somos hijos de homosexuales?

La homosexualidad no es algo que se enseña, no se aprende, no se contagia, es solo una preferencia sexual. Y al aceptarla, lejos de pensar que se pone en peligro la heterosexualidad, vamos a pensar que se van a evitar muchos crímenes, suicidios, fases de aceptación y conflicto entre los hijos y los padres, se van a abrir canales de comunicación que van a crear un acercamiento en las relaciones paterno-filiales.

Acabar con la homofobia es acabar con miedos, distanciamientos entre padres e hijos, discriminación, conflictos laborales, darle la oportunidad a todos y todas a luchar por un futuro de igualdad de derechos y oportunidades para todos, es darnos cuenta que existen otros tipos de discriminación contra las que también debemos luchar. Porque ¿La diversidad es la norma?

Lesbofobia

Hay veces que nos encontramos con personas que toleran a los hombres homosexuales, pero que no aceptan a la mujer lesbiana y eso es reflejo del discurso androcéntrico que sufrimos cada día, que hace ver a los hombres superiores a las mujeres. Por eso es que se afirma que la mujer lesbiana es triplemente discriminada.
A veces vamos por la calle y los hombres se meten con nosotras y nos dicen que si no queremos que nos haga compañía, que lo que nosotras necesitamos es a un hombre, y eso es un tipo de violencia que sentimos a diario y es una de las cosas con las que tenemos que luchar para hacerles ver que somos una pareja y que no necesitamos de terceras personas.

Otra de las cosas que se comenta es que la mujer lesbiana es una mujer masculinizada, y que cosa es estar masculinizada o feminizada, eso es simplemente una construcción que nos crean y una educación, cuando tu vas a la escuela y en la familia te enseñan que las niñas se sientan con las piernas cruzadas y que los varones no y realmente cuando la mujer asume su orientación, o sea como se dice, sale del closet, quizás ya no este intentando ese coqueteo hacia el hombre y eso provoca que ya no sea esa mujer tan femenina como “se quiera que sea” o como quiera la sociedad que sea y creo que eso es uno de los mitos que más nos afectan.
Ese hecho de que nos vean como un hombre o que nos pregunten quién es el hombre y quién, la mujer… No existe un hombre y una mujer, solo son dos personas que se aman y que comparten una vida.

22/07/2008 GMT 0

Cine Club "Diferente"

negracubana @ 14:45
El Cine Club "Diferente"vuelve el próximo 24 de julio a las 8:30 p.m. en el cine Riviera (Calle 23 y Ave. de los Presidentes) con la co-producción anglo-norteamericana Botas Kinky (Kinky Boots - 2005)

Director: Julian Jarrold

Sinopsis: Una travesti rescata a un hombre que, tras heredar la fábrica de zapatos de su padre, necesita diversificar la variedad de su producción si quiere mantener su negocio a flote...


... y recuerden que, después de la película, tenemos debate sobre el tema del filme!


P
rosigue su andadura el Cine Club Diferente en La Habana con "Kinky boots"

La próxima oferta del Cine Club “Diferente” será este jueves 24 de julio y abordará el complejo mundo del travestismo mediante el filme anglonorteamericano “Botas Kinky” (Kinky boots), de Julian Jarrold, en la misma sala, hasta tanto se terminen las labores de remodelación del Cine 23 y 12, sede habitual del encuentro, que busca presentar cintas, cuya temática esté relacionada con el mundo de la diversidad sexual.

Cien minutos, cien años de cine. Así podría llamarse de forma alternativa el documental "El celuloide oculto" que, el mes pasado, nos presentó en su ya habitual Cine Club “Diferente” el crítico y escritor cubano Frank Padrón Nodarse. No hay dudas, que Hollywood, a lo largo de esta centuria y algo más, ha tenido oportunidades de acumular glorias y sinsabores. Difícil entonces, ante una producción tan prolífera, que algún tema de esta vida variada y llena de vericuetos, escapara de sus tentáculos y no pasara por su filtro, ya fuera para bien o para mal.

Así pues, "El celuloide oculto" (The Celluloid Closet), coproducción franco-alemana-británico-estadounidense, de 1995 devela, con la maestría del gran arte fílmico, cómo la industria del entretenimiento norteamericano, luego de una relativa y sorprendente ‘liberalidad' en sus primeros años, trató de depauperar la imagen y la autoestima del homosexual, así cómo aquellos realizadores conscientes y necesitados, se montaron en las alas de la metáfora y la sutileza para, al menos discretamente, reflejar en la pantalla grande, la vida de aquellos que escogieron amar de forma diferente.

A través de fragmentos, muchos de ellos censurados en su momento y perfectamente integrados al discurso, Robert Epstein y Jeffrey Friedman repasan con vocación de relojero, los mil y un ejemplos, en que Hollywood ejerció sus ‘buenos oficios' en el tratamiento de este lado de la vida, hasta hace poco silenciado por el main-stream del entretenimiento popular.

No faltan nombres de peso del showbizz, para reafirmar que no siempre la gran industria jugó limpió cuando el asunto era retratar a los homosexuales en pantalla. Entre ellos este ‘talking-heads' nos brinda los testimonios de astros como Tony Curtis, Whoopi Goldberg, Tom Hanks, Shirley MacLaine, Susan Sarandon, Gore Vidal y otros muchos que, al ser asumidamente gay, no podían ver con buenos ojos el mal manejo que de su experiencia vital se hacía.

Tampoco faltan ejemplos de filmes, aparentemente, inocentes que, de forma velada, presentaban situaciones de claras implicaciones homosexuales. Verbigracia Rebeca o Ben Hur, por sólo mencionar dos casos. También abundaron muestras de caricaturas, exacerbaciones, denigración y fatalismo. La lista sería interminable.

Claro quedó para el público, que llenó la espaciosa sala del cine Riviera de la Habana, que tal tratamiento no siempre fue casual, de hecho casi nunca y parecía encerrar unos lineamientos hasta ahora poco claros, pero no por ello menos destructivos.

El debate – parte implícita y fundamental del proyecto de Padrón Nodarse – se trabó a partir de las opiniones del auditorio y de importantes personalidades de la cultura nacional, que además de aquilatar las calidades del producto cinematográfico sometido a su consideración, aprovecharon el momento para la sana catarsis y la reflexión productiva, en torno del fenómeno que allí los había reunido.

Una vez más, Mariela Castro Espín, jefa del Cenesex, concedió la gentileza de su presencia y aprovechando el momento también hilvanó ideas sobre la necesidad de la presencia del gay en los medios, pero siempre a partir de posturas de dignidad.

© Antón Vélez Bichkov-NOTICINE.com

11/07/2008 GMT 0

Otro color para una Cuba rosa

negracubana @ 19:40

Este es un documento que circuló por las redes cubanas luego del 17 de mayo, que reproduzco hoy, aunque no a destiempo porque el debate aun esta sobre el tapete. De todos los escritos (uno de Ruffo, otro de Fowler, etc) para mi este es el más importante, en tanto permite visualizar toda una serie de acontecimientos que aún permancen detrás de bambalinas y de los cuales el autor fue participante y hasta fundador.

Norge Espinosa Mendoza.

1

Parece que en Cuba todo se inicia con la luz de cada mañana. El cubano, atrapado en un ejercicio de recordar que es otra manera del olvido, ha sido una y otra vez víctima de esa ilusión, según la cual determinadas acciones no tuvieron antecedentes. Ahora mismo, cuando se ha desatado el inmenso impacto mediático que tuvo por vez primera en la Isla la celebración del Día Mundial de la Lucha contra La Homofobia, podría creerse que, en efecto, nunca antes hubo gestos en pos de lo que ese día finalmente consiguió: la visibilización y socialización de una comunidad que quiere creerse tal cosa, a pesar de que, para serlo, necesite de algo más que 24 horas de desenfreno libertario. El acontecimiento ha sido, creo que para bien más que para mal, centro de comentarios, noticias, reportajes y discusiones que la prensa ha acogido o no; pero también ha comenzado a cubrir una zona de urgencias que el gay cubano entendía como vedadas. Lo que ocurrió el 17 de mayo (día en el que tradicionalmente se celebra en el país la Jornada del Campesino: qué dirían de esta confluencia Reinaldo Arenas o Samuel Feijóo); es la punta de un iceberg que llevaba demasiado tiempo sumergido. Como también sucede con mucha frecuencia en Cuba, habrá que ver si somos capaces de seguir mostrando otras partes de esa superficie hasta no hace mucho congelada.

2

Entre 1998 y el 2000 organicé las Jornadas de Arte Homoerótico bajo el auspicio de la Asociación Hermanos Saíz, en la Madriguera, sede de esa institución en La Habana. En esas tres ediciones, que me exigieron un agotador empeño personal, pude hacer coincidir a escritores, pintores, teatristas, cineastas, críticos, etc. Un público que regó la noticia a viva voz, contraponiéndose al silencio y terror de los periodistas que se negaron a difundir el hecho en sus espacios, acudió a ese lugar por tres años consecutivos, para escuchar a Antón Arrufat, Pedro de Jesús López, Arlén Regueiro, Frank Padrón, Luciano Castillo, Mirtha Souquet, Víctor Fowler, Ramiro Guerra, Mercedes Borges, o contemplar obras plásticas de Rocío García, Alexis Alvarez, Reynold Campbell, Raúl Martínez, Servando Cabrera Moreno, Lino Fernández, René Peña o Eduardo Hernández. Nada de eso parece haber sucedido, porque apenas se mencionó ese antedecente en la celebración del pasado mayo. La desmemoria es un buen aliado para algunos, y así, he tenido que escuchar a ciertos personajes apuntarse el supuesto valor de haber sido los iniciadores de este tipo de encuentros mucho después de que aquellas tres jornadas se sucedieran. Tal vez, en lo personal, eso sea lo menos importante. Tal vez, sin embargo, sea algo a considerar con gravedad. Porque lo cierto es que en Cuba, a veces arriesgando más de lo que se cree, hace rato que algunos artistas han apostado por una visión que, desde los extremos del sexo semejante o disidente, incluya los modelos de la homosexualidad en tanto acto posible, junto a todos los otros que, desde una perspectiva de franca inclusividad, componen la imagen de un país que a ratos, a pesar suyo o no, ha debido asumir esas variables de su identidad fragmentada y cada vez menos comprensible desde un margen estrecho de asimilaciones. Las piezas de Raúl Martínez que se mostraron ahora en la Fundación Ludwig de Cuba ya habían sido expuestas en las Jornadas que menciono, gracias a la cortesía infinita de Abelardo Estorino quien nos cedió, además, fragmentos del por entonces aún inédito libro de memorias del destacado pintor, que recorrían los pasillos de varias instituciones sin que ninguna se atreviera aún a editarlo, cosa que no ocurrió sino hasta el pasado año. Y antes fueron expuestas, en vida de Raúl, en Guantánamo, para escándalo de las veladoras de una galería local, mediante los manejos de Jorge Fernández, amigo del pintor que lo convenció de que ya era hora de mostrar esos collages en los que Jeff Stryker era un símbolo de la Conquista, falo inmenso mediante, ante los ojos de la pacatería nacional. O sea, que nada viene de la nada. Me gustaría que fuéramos un poco más elegantes y diplomáticos cuando de fundar se trata. Pasar por alto los riesgos ajenos, el pacto de honestidad que otros han alzado cuando les tocó asumir verdades ardientes, es una costumbre que insistimos por desgracia en mantener viva. He aprendido de mis maestros que reconocer los talentos y atrevimientos ajenos no reduce los nuestros en ningún sentido. Pero ya se sabe, vivimos en un país donde mucha gente tiene el síndrome de Colón.

3

No voy a repetir la historia que ya se sabe; pero un estudioso no se dejaría engañar por el ciclón de turno, y podría afirmar que todo se reorganizó, a la manera de un mapa muy primario, a fines de los 80. Es la época en que se escriben y publican Vestido de novia, y ¿Por qué llora Leslie Caron?: la literatura cubana se plantaba en su coming out, adelantándose sobre el silencio que desde los 60 cayó sobre la expresión de un homosexual cubano. A diferencia de otros contextos, no contamos con una historia detallada o al menos sistemática que nos permita entender al homosexual en la historia de lo cubano como un rostro menos intermitente. Los gays de aquella Cuba sin duda leyeron la edición mexicana de El Homosexual en Norteamérica, firmada por Donald Wester Cory, que apareció en 1951 bajo el sello de Compañía General de Ediciones S. A. y que en verdad estaba firmado por Edgar Sagarin. O tenían tal vez noticias de asociaciones como la Mattachine Society o Daughter of Bilitis. Difícil saberlo, porque es una de las historias no escritas de la Nación en tanto complementos de sujetos y verdades acalladas. La Revolución no aportó el margen de libertad sexual que los 60 acogieron, y tras la llegada de los barbudos, ninguna otra melena o extravagancia fue consentida. La ecuación redujo al homosexual al estado de lacra, de enemigo político. Y como tales, fueron anulados de cualquier visibilidad. No hablo solo de artistas tan notables como Virgilio Piñera o José Lezama Lima, de promotores como José Mario, de poetas como Lina de Feria. Hablo de personas, y las recientes declaraciones con las que Guillermo Rodríguez Rivera quiso responderme a partir de un artículo que escribí sobre el defenestrado grupo El Puente, demuestran la actualidad penosa de algunas de las normas que quisieron disminuir y desaparecer a esa clase de ciudadanos. Pasajes vergonzantes como la UMAP o los insultos propinados durante el éxodo del Mariel no pueden ser borrados ni ignorados, aunque tantas veces se nos quiera hacer creer que a ese pasado no hay que volver los ojos. A mediados de los 80, algo tenía que cambiar. Los homosexuales, junto a rockeros, hippies, reos, prostitutas, y también representantes de otros índices de “desviación”, saltaron a las páginas y obras de una nueva moda de entender la rebeldía como arte. Ya no hubo manera de devolverlos a la sombra. Eran un síntoma de la Cuba que se desperezaba.

La onda expansiva que provocó Senel Paz con El lobo, el bosque, el hombre nuevo, de la cual emanó el filme cubano de mayor renombre internacional, Fresa y chocolate; fue un estremecimiento para el cual muchos estratos del país (especialmente los más conservadores), no estaban preparados. Catorce años tardó esa película, nominada al Oscar, ganadora en Berlín, y poseedora de un récord de espectadores sin igual en la Isla, en llegar a las legitimadoras y morosas pantallas de la televisión nacional. Recuerdo las colas, los empujones, los tumultos que en aquel Festival de Cine de 1993 se arremolinaban ante las salas donde se exhibía el largometraje de Titón-Tabío: se corría la voz de que terminado el evento, no se volvería a proyectar. Afortunadamente, era solo una leyenda, y la retrospectiva del cine almodovariano que colmó los espacios de otra edición del mismo Festival, permitió reconocer ya a ciertos rostros que no ocultaban su anhelo de diferencia entre quienes se dirigían a las proyecciones. Homosexuales evidentes, travestis, enfermos de VIH/SIDA, de las edades más diversas, estaban ahí. Se reconocían en el campo de protección que les brindaba un panorama cultural que comenzaba a examinarlos sin trauma. En pleno tiempo de clandestinajes (el Período Especial hacía que cada noche se volviera una aventura de riesgo extremo), estaban ahí, desafiando a la policía, a los órdenes de cualquier rechazo, sin ánimo de retroceder.

Varios documentales dan fe de ese avance. Tierra de altos contrastes, Cuba llegó a prohijar fiestas populares en los años más duros del Período en las que un CDR animaba sus noches de fiesta revolucionaria con los travestis de la barriada, como se muestra en Mariposas en el andamio. En Santa Clara, El Mejunje ya se había convertido en un punto de referencia ineludible. La pandemia del SIDA había obligado al país, incluso a sus sectores menos progresivos, a promover campañas que incluían la visibilidad de otros tabúes y problemas que también a mediados de los 80 empezaron a entreverse como parte de la Campaña de Educación Sexual que coordinaran, entre otros especialistas, Mónica Krause y Celestino Lajonchere, antecesores de la actual labor del CENESEX. El clímax se alcanzó en el 95, cuando, tras la celebración en el Teatro América, de la gala final de un concurso de travestismo y transformismo, se dictaminó la prohibición de tales acontecimientos. En 1993 llegan a Cuba los primeros representantes de Queer for Cuba, una agrupación de gays y lesbianas norteamericanos que, guiados por Stephanie Davies, intentaron activar una filial del ILGA en Cuba, infructuosamente. Gracias a un atrevimiento mayúsculoel Desfile del Primero de Mayo de 1994 mostró al pueblo cubano por vez primera la bandera del Arcoiris en una manifestación pública de tal alcance: algo que tampoco ocurrió, por vez primera, el pasado 17 de mayo, y si alguien lo duda, puedo remitirlo a las imágenes finales de Gay Cuba, un bien intencionado aunque no siempre contundente documental de Sonja deVries. Curiosamente, a fines de esa década, se vieron más actores que nunca asumiendo roles femeninos en la televisión cubana, siempre dentro del riesgoso ámbito del humorismo. Ulises Toirac como Liudmila, Osvaldo Doimeadiós como la insuperable Margot, y otros que se añaden a una lista que incluye a la zafia Mariconchi de Orlando Manrufo, subrayaban el sentido transgresor de lo que Carlos Díaz o José Milián y Nelson Dorr, en el teatro, ya combinaban con mayor o menor éxito. Almodóvar calificó a Fresa y chocolate como una película “demasiado amable”. El sobrevalorado, aunque importante filme, más allá de las especulaciones excesivas de Rufo Caballero (quien desde su crítica ya quería cubrir de Oscares a Perugorría), había plantado un límite en el que la fisicalidad de los acontecimientos se reducía al verbo y a la amistad: el homosexual cubano había ganado un rostro, pero cargaba con una castidad aberrante. Habría que esperar al 2000 para que otro homosexual cubano dijera, desde las pantallas, el nombre de su deseo. Aunque lo dijera en inglés y recortado contra un paisaje mexicano que remedaba al de la Isla, Reinaldo-Arenas-Javier Bardem lo gritó, antes de que anocheciera.

El eco de lo que el filme de Schnabel desató en Cuba fue inconmensurable, aunque el escándalo, como suele suceder, corriera solo puertas adentro, recordando lo que, en 1984 desencadenó el estreno de Conducta impropia. El filme fue diseccionado, atacado, negado, con el mismo encono con el que el autor de las memorias que lo originaban fuera tratado en vida. Reinaldo Arenas es el cadáver más incómodo de la Literatura Cubana. Su grandeza como narrador es directamente proporcional a su capacidad reactiva. Un estudioso de las letras cubanas, también novelista, se preguntaba en un texto de hace unos años, cuándo podríamos leer El color del verano sin el peso de lo político, sin estremecernos ante sus dispositivos rabiosamente colocados en cada página. La respuesta a esa interrogante vacía es simple: nunca. El día en que podamos leer ese libro indescriptible con tal tranquilidad ya no será más El color del verano, ya Reinaldo Arenas no será el hombre que levantó la venganza a índices de creación insólitos dentro de lo Cubano. Hacernos reconocer que también esa rabia, esa fuerza negadora, esa bomba de tiempo, nos pertenece, es su mejor venganza; dulcificarla o edulcorarla, un acto de inmadurez. Valga para entender eso el golpe en el estómago que representa Seres extravagantes, el brillante documental de Manuel Zayas.

En 1998 se producen acontecimientos más o menos liberadores. Víctor Fowler edita La maldición, una historia del placer como conquista, que recoge momentos de la tradición homoerótica en la literatura cubana, que anuncian un libro mayor y mejor, aunque este nunca se vendió en moneda nacional. También hay gestos regresivos, como la edición de Homosexualidad, homosexualismo y ética humanista, de Felipe Pérez Cruz, que se publica en el 99 y tampoco se pone al alcance del lector en moneda nacional, lo cual, teniendo en cuenta su visión estrecha, es digno de agradecer. Alberto Garrandés, Alberto Abreu, Jesús Jambrina, Alfredo Alonso y Abel Sierra Madero (este último con Del otro lado del espejo, Premio de Ensayo Casa de las Américas 2006, que aún no ha tenido una difusión masiva), van ganando terreno en las ideas que la queer theory ha ido procreando, aunque a su paso por la Isla dos de sus mejores representantes, interesados en lo que aportan los creadores de nuestro país, hayan recibido una suerte de ducha fría por parte de altos funcionarios de nuestra Escuela de Letras. Los libros de Daniel Balderston, José Quiroga o Emilio Béjel, por mencionar solo tres nombres de referencia insoslayable, apenas son comentados o leídos acá, donde viven escritores que ellos analizan con lucidez: Ena Lucía Portela, Pedro de Jesús, Ana Lidia Vega, Mae Roque, Jorge Angel Pérez, etc. Eso pasa en la vida de la cultura. En la vida de la Vida, ¿qué pasaba?

4

En una nación como Cuba ser maricón es algo que exige tener muchos cojones. Más de dos, diría incluso algún travesti de los que se atreve cada noche a hacer sus rondas. La policía es un cuerpo homofóbico que sigue encontrando en el gay una víctima fácil, en la cual descargar siglos de odio a manera de multas y golpes. La inexistencia de lugares donde socializar reduce a ghettos invisibles las trayectorias del homosexual, confinado, junto a otros sectores demasiado “desenfrenados” a deambular de un punto a otro de la ciudad, en riesgo perpetuo de ser encarcelado o penalizado, si bien en la Constitución hace años que el homosexualismo dejó de ser delito. Queda una cláusula, sin embargo, lo suficientemente nebulosa como para dejar las manos sueltas en direcciones no siempre edificantes, casi siempre en contra de las “zonas blandas de la sociedad”, según reza una frase lamentable. Las defensas legales del homosexual cubano no existen, de ahí que me parezca aún ridículo el que tantos aspiren a contraer matrimonio o a adoptar, cuando todavía no poseen, en cuanto a derechos civiles, rango de verdaderas personas que puedan demandar, rebatir y lograr vencer al machismo uniformado. Los avances del CENESEX y del Centro de Prevención de ITS/VIH/SIDA han sido, por lo general estrategias persuasivas que decaen ante la violencia de lo que la noche dice como verdad. De esas noches habrá que buscar datos en libros extranjeros, como Machos, maricones y gays, de Ian Lumsden, porque el fondo de investigaciones de esas instituciones rara vez ha alcanzado la luz pública. No es sino hasta muy poco que aparece una revista cubana sobre sexualidad. Pregúntele a un gay cubano que es la Declaración de Montreal, y verá cuán pocos sabrán de lo que está usted hablándole.

Por todo ello, lo sucedido en el Pabellón Cuba el pasado 17 de mayo tuvo consecuencias y resonancias francamente inusitadas y excepcionales. La cautela, prudencia o límites que el CENESEX ha mostrado en sus acciones previas, ha sido catapultada a una visibilidad extraordinaria. Mariela Castro es el centro de ese impulso, y es una mujer francamente inteligente, que a diferencia de lo que sucede en tantos ámbitos no solo políticos de lo cubano, ha sabido esperar. La paciencia no es una costumbre latina, al menos no con frecuencia, pero sí algo que ella ha sabido manejar con elegancia. Tiene sobre sí, como ventaja de doble filo, su árbol genealógico, pero ella ha conseguido transformar ese ramaje en una plataforma de acción que dirige hacia un sector hasta no hace mucho carente de cualquier clase de amparo. Su propia existencia y su fe en esas coordenadas deja a sus enemigos en una postura difícil, que basa sus ataques en la afirmación de que la sexóloga ha dinamizado todo esto por ser la heredera de quien es. Vuelta de la paradoja: si antes nadie defendía a los gays, había motivos de queja; ahora que alguien asume ese rol tan polémico, hay que anularla y regresar a la posición anterior; imagino que Mariela esté consciente de la crisis que cada proyecto suyo genera en quienes la confrontan. Poco a poco, unificando fuerzas, la hija de Vilma y Raúl ha concentrado empeños que le permitieron armar todo lo que en ese día ocurrió en La Habana, y también en Sancti Spíritus, Santa Clara, Santiago de Cuba y Pinar del Río, con mayor o menor suerte organizativa en cada sitio particular. El día en cuestión tuvo mucho de catarsis, probablemente demasiado, pero era un paso que ya se demoraba y que ya hoy es historia. Los recelos políticos de siempre, dentro y fuera de la Isla, no han dejado de mostrarse. Para nadie es un secreto que ciertos elementos del Partido y la Juventud y otras instancias, pese al apoyo que ellas mismas prodigaron al CENESEX, no miran con buenos ojos tal destape. Se pretexta lo de siempre: “el pueblo no está aún preparado para esto”. Me pregunto si al pueblo se le ha preguntado al respecto, si se le preguntó al pueblo si la política que se erigió, cuando el SIDA tuvo su primer brote en Cuba para aislar a los enfermos, fue consultada con la población que veía alejarse a parientes y amigos hacia los sanatorios como dobles condenados a esa forma de la muerte que es la invisibilidad y el silencio. Ese mismo pueblo acude a ver obras teatrales, plásticas y cinematográficas que abordan el homosexualismo desde hace ya varios años en este país sin agarrarse de las cortinas ni clamar por la sangre de sus mártires ante tal “desafuero”. Ese mismo pueblo, también, demostró sin embargo cuán distinto es el asunto si los implicados en esas historias son representantes de sí mismos. Ese fenómeno retardatario que fue la telenovela La otra cara de la luna demostró no sólo la visión estereotipada que tiene la televisión cubana sobre el homosexual o el seropositivo, sino también cuánto hay que hacer aún para que las acciones a favor de esas personas deje ser una simple mirada conmiserativa. Es hora ya de convocar al mejor talento artístico para recordar a todos que un homosexual es antes que todo una persona, y que como tal, más allá de sus gustos, es que debe ser tratado y representado. Pero la televisión, sobre todo en Cuba, es cosa de otro mundo, y no faltan en ella comentaristas bienintencionados que tratan de convencernos de que el gay y la lesbiana son exactamente eso, personas… aunque no iguales a nosotras, y a las que hay que comprender y tolerar, más que asumir a partir de sus propias dignidades. Ese mismo medio de difusión pudo, al fin, transmitir Brokeback mountain sin que se cayera el mundo al otro día; aunque justo es decir que filmes de esta temática, como Mi vida color de rosa o In the gloaming, ya han ocupado esos espacios con anterioridad. A pesar de que el presentador mande a los niños a dormir antes de hablar a cámara sobre asuntos tan arduos. Que algún día la fiebre de series norteamericanas que invade la cartelera de la TV cubana llegue a incluir temporadas de Queer as Folk o The L Word, es otra cosa. Paciencia, compañeros, ya lo dijo Chan Li Po.

En el Pabellón se habló de acciones contra la transmisión de enfermedades sexuales, se dialogó sobre teatro y homofobia, se organizó una lectura de textos narrativos y poéticos, se presentaron grupos de Teatro Espontáneo. Hubo, a pesar del esfuerzo organizativo, un cierto aire de improvisación inherente a toda primera vez, que no excluyó un determinado concepto del desorden, aunque nunca llegó a rozarse el caos. Me pregunto, por ejemplo, si el espacio abierto y ruidoso donde las personas presentes cumplimentaron su primera necesidad tras tanto silencio: la de socializarse, reconocerse, conocerse y dialogar, era el mejor para los debates y presentaciones, a veces sobre temas muy específicos, que allí se expusieron y que hubieran exigido menos algarabía alrededor. Faltaron nombres importantes y fácilmente localizables en la lectura de escritores, que hubieran debido estar ahí como reconocimiento al compromiso que por años han mantenido con ciertos debates y riesgos. La exposición de Raúl Martínez y Rocío García de la Fundación Ludwig hubiera merecido una galería menos alejada de la mira mayoritaria que conoce o no a esos importantes creadores. La exhibición de materiales fílmicos cubanos sobre el tema pudo ser más destacada y subrayada en todo el programa, aunque esos trabajos, realizados en su mayoría por gente muy joven, han logrado aparecer en eventos y certámenes que, como el propio Festival de Cine Latinoamericano, el Festival de Cine Pobre, la Muestra de Jóvenes Realizadores o el IMAGO, los asumen sin prejuicios, llámense Leo y Julita, Pool with two figures, Ella trabaja y varios más que bien merecen mayor cantidad de espacios para visionaje. Tal y como ha podido tenerlos el mismo espectador cubano para celebrar filmes como Frida, naturaleza viva, Tan de repente, Wilde, Banquete de bodas, El juego de lágrimas, Madame Satá, Priest, G.A.Y, Eduardo II, Nueve reinas, Adiós, mi concubina, XXY, Plata quemada, retrospectivas de Pasolini y Fassbinder, etc. Todo ello, sin embargo, es mejorable, y si se da de nuevo la oportunidad, espero que se convoquen a las personas correspondientes, de acuerdo con sus talentos y verdaderas responsabilidades, y no por estrategias de mera obra de choque, para que la segunda vuelta resulte mejor. Lo más notable del agotador día, en el que ya se sabe cuántas figuras políticas y culturales estuvieron presentes; lo que me llevaré en la memoria, fue la alegría veraz de tantos gays y lesbianas, la emoción con la cual, por fin, sintieron que algo se abría para ellos. Como dije a una periodista extranjera, lo importante sería que el aire de fiesta no tarde un año en repetirse, que el ánimo ahí desatado no se quede en síntoma de mera campaña. Ahora es que debe replantearse todo. La llegada es solamente un punto de partida.

5

“No tener al aparato de Estado como enemigo declarado

(de momento) no elimina la necesidad de enfrentarse cada día al silencio.

Está todo por hacer”.

Alberto Mira, profesor y escritor, activista gay español, 1995.

En el escenario del Cine Teatro Astral está Mimí la Mejicana. O Chantal, o Imperio, o Estrellita, o Samantha, o Kyria, o Farah, Oriana, Cindy o Alina. Son transformistas de la noche habanera. Algunas están vinculadas al CENESEX, otras se ganan la vida en espacios como la Casa de Rogelio, o la Unión Francesa u otros menos visibles. Varias podrían contar anécdotas sobre el explosivo final del Periquitón, la disco gay clandestina más fabulosa de La Habana, donde un policía abofeteó a Jean Paul Gaultier. Para ellas, esta noche es el comienzo de un sueño o el sueño de un comienzo. En ese mismo teatro, rescatado por la Batalla de Ideas y cerrado para acciones que no cuenten con la anuencia de los filtros políticos, ellas doblan canciones de sus ídolos sobre un fondo que es la bandera cubana. Carlos Díaz dirige un espectáculo que las agrupa, por tres horas, y que mantiene al público en sus asientos, devorando cada momento de lo que muchos creyeron imposible: una mezcla de Priscilla, queen of the desert con las Charangas bejucaleñas. En primera fila, están artistas, críticos, funcionarios y Mariela Castro, a quienes las divas de la noche regalan flores con agradecimiento sincero. Vestida con sencillez, que no con galas de revolucionaria de caviar, como dijo alguien con un resentimiento que cancela la posibilidad de otros análisis. La noche del Astral es la culminación de un empeño que debiera mover a unirnos. Sólo que los cubanos, por desgracia, solemos ir muchas veces en una dirección contraria.

A no todo el mundo, dentro de lo que insiste en llamarse una comunidad gay cubana, le agradó la celebración. No falta quien sospeche que todo sea una armazón coyuntural, o el que espera en su casa la disculpa por los maltratos e insultos recibidos. No me asusta reconocer que es comprensible: tanto silencio y desidia se ha acumulado que es difícil drenar ciertas angustias y recuerdos. Lo que no me parece justo es proponer una visión congelada de la historia: veinte años atrás nada de esto sería posible. Los enemigos tradicionales no de Cuba, sino de la Revolución Cubana, parecen removerse con incomodidad al ver que algo que era un arma infaltable en sus ataques comienza a escapársele, y reniegan lo sucedido, sin contar con el entusiasmo de la mayoría que sí se presentó en el Pabellón, para hacer el coming out público más inesperado de la historia de la nación cubana. Negarse a dejar atrás lo que por años nos inmovilizó para avanzar a nuevos estadíos que se nos ofrecen, no es nunca una acción aconsejable. Tan paralizante es creer que todo va a ser resuelto por arte de magia en una cuestión tan ardua como esta, como no aceptar que pueden ganarse diálogos y perspectivas renovadoras sobre este y otros asuntos candentes que en la Cuba de ahora mismo exigen ser rediseñados y discutidos a profundidad. Creo francamente que algo se ha avanzado, si bien insisto en que debe aún procurarse una voluntad mancomunada que rebase los alcances en la esfera de la simple campaña de salud o en la persistencia de los mensajes que procuren una tolerancia poco edificante hacia el homosexual. Hasta hoy hemos tenido elementos dispersos que no alcanzaban a ganar una visibilidad que los reestructura como un corpus de ideas y acciones que confirmen la potencialidad de discursos, proyectos, ganancias no solo reivindicativas sino también polémicas que se superen y diseminen nuevas proyecciones tan críticas como regeneradoras. Ahora que la plataforma está abierta, es el momento de proponer otras dimensiones del logro, dinamitando convenciones que hasta el 16 de mayo, 24 horas antes del suceso que provoca estos párrafos, parecían inamovibles.

Me permito, antes del cierre, una mirada ya exclusivamente personal. Hace veinte años firmé un poema que, a la vuelta de estas décadas, ya ha dejado de ser mío para devolvérseme en las memorias y vidas de sus lectores. Confieso, pese a ello, que descreo no solo de las asociaciones que a fuerza de agrupar homosexuales o cualquier otro orden de minorías, acaban implantando un ghetto que se define, a veces inconscientemente, como un ámbito reductor. Confieso mi recelo antes quienes imaginan al gay cubano como copia mecánica de la comunidad gay que en el primer mundo ha terminado por convertirse en una industria que consume cuerpos y estereotipos tan peligrosos o engañosos como los que el mundo heterosexual ha acuñado sobre nosotros durante siglos. Confieso mis recelos ante el sentido normativo que implican los matrimonios entre personas del mismo sexo, remedo de un ceremonial que el segmento machista y heterosexista ha convertido en uno de sus símbolos más férreos. Confieso mi desconfianza ante la imagen del homosexual como víctima, incapaz de alzarse por sí mismo en defensa de sus derechos y espacios de intercambio orgulloso de ser el cuerpo deseante que es, sin que deban intervenir instituciones formales a protegerlo o justificarlo. Confieso mi incomodidad ante la inveterada costumbre cubana de perder fuerzas en la ejecución de una idea o un proyecto que, una vez anunciado, comienza a desleírse y a perder organicidad. Confieso mi incredulidad ante los escritores, artistas, promotores y demás personas que, tras años de enclosetamiento, quieren aparecer ahora, bajo el golpe coyuntural, como líderes de una causa de la que antes renegaron; así como de los heterosexuales que (por suerte no son todos los casos) ahora parecen sumarse al carro por simple moda. Confieso mi negación rotunda a permitir que el pasado del homosexual en Cuba sea “lavado” mediante maniobras inconsecuentes que eludan la carga de dolor, sacrificio y pérdida que cayó sobre tantos, en busca de una atmósfera edulcorada de lo que no debe dejar de entenderse como un conflicto, aunque podamos ya discutirlo mediante canales progresivos. Confieso mi estado de alerta ante las expresiones que demuestran que, a pesar de lo dicho públicamente, es mucho aún el desdén y la homofobia que operan en los sectores de mayor poder político y civil de lo cubano. Confieso mi escepticismo ante todo esto y más. Pero también dejo claro mi deseo de participar, de estar, de poner mis empeños en el apoyo de una idea que es más que mi propia y exclusiva capacidad para discutirlo todo. Alguna vez, interrogándome sobre las Jornadas de Arte Homoerótico, un escritor cubano me dijo con cierta admiración: “Hay que tener cojones para organizar todo eso”. Para mí crear ese espacio, darle cabida en él a otros creadores, cuyo talento fuera conducido con honestidad hacia la defensa de toda dignidad humana, no fue nunca cosa de cojones, sino algo natural que debía hacerse, y que quise y pude hacer. Desde esa naturalidad es que quisiera participar en el proyecto. En una Cuba que aprende otros matices del rosa. En la que ojalá podamos hacer una película no solo amable sobre el tema, sino atrevida, y cuestionadora. En este país en el que ahora mismo otra telenovela, la de turno, ha vuelto a poner, pocos días después del 17 de mayo y del encuentro en las arenas candentes de Mi Cayito, al homosexual como un estereotipo negativo, demostrando que la batalla no ha hecho más que comenzar. Para muchos de los implicados en estos acontecimientos, lo vivido ha sido emocionante y trascendente. Homosexuales y no homosexuales, seropositivos o no, hombres y mujeres de cualquier generación que se miran ahora mismo en el espejo de lo cubano. Lo conseguido es apenas un primer punto del mapa. Me hubiera gustado pedirles a las estrellas de esa noche en el Astral que, tras los infinitos aplausos que cerraron el espectáculo, no abandonaran sus trajes de luces ni sus maquillajes o pelucas suntuosas, porque esos son sus uniformes de batalla. Y la batalla, insisto, por ellas mismas, por la posibilidad de una y otras Cubas, no ha hecho más que comenzar.

23/06/2008 GMT 0

El celuloide sale del clóset

negracubana @ 14:06

Cine Club “Diferente”, jueves 26 de junio

Esta vez en el cine “Riviera” )

El celuloide sale del clóset

Para la nueva jornada del cine club Diferente (CENESEX-ICAIC) los jueves finales de cada mes, esta vez en la restaurada sala “Riviera” (23 entre G y H) por reparaciones de su sede habitual (“23 y 12”), y a las 8:30 p.m, el correspondiente a junio ofrecerá la presentación y debate del documental franco-alemán-anglo-norteamericano The Celluloid Closet (El celuloide oculto), de 1995, con dirección y producción de Rob Epstein y Jeffrey Friedman, el cual, partiendo del exitoso libro escrito por Vito Russo, realiza un exhaustivo y pormenorizado recorrido por el cine (básicamente de Hollywood, aunque mucho más allá) sobre cómo ha leído éste la diversidad sexual desde sus inicios, con el testimonio y criterio de prestigiosos cineastas, guionistas y actores de la industria acerca de ese curioso fenómeno, culpable en buena medida de los estereotipos cimentados durante décadas por tan poderoso e influyente imaginario.
Narrado por la comediante Lily Tomlin, personalidades como Tom Hanks, Shirley Maclaine, Tony Curtis, Susan Sarandon, Whoopi Goldberg o Gore Vidal están presentes junto con otros quizá no tan conocidos pero no menos importantes a los efectos del tema (Harvey Fierstein, Jan Oxenberg, Susie Bright, Armistead Maupin, Barry Sandler, Mart Crowley, Antonio Fargas, Ron Nyswaner, Daniel Melmick, Harry Hamlin , John Schlesinger…) lo significativo es que todos opinan, declaran, analizan al margen de su orientación sexual personal (o por ella misma) acerca del asunto pues , de un modo u otro, han estado vinculados a él , y por tanto tienen mucho de interesante y motivador que declarar ante la cámara, como podrá apreciar el espectador que se enfrente a este valioso filme.

Otro mérito del mismo es su cuidadosa edición, de modo que transcurren 102 minutos sin que apenas nos percatemos: las imágenes (una reserva impresionable de casi todo el cine estadounidense, como decíamos) alternan y/o calzan las intervenciones de los entrevistados de manera no sólo correcta o funcional, sino creadora, por lo cual la carga informativa, didáctica del documental se recibe de manera placentera, entretenida, de modo que no riñe la espesura conceptual (indiscutible) con el buen rato que pasamos, aún cuando con no poca frecuencia inquiete y moleste lo que vemos.
Cómo el cine ha “fabricado” la homosexualidad masculina y femenina a lo largo de su primer centenario, cómo decidió que recibieran el hecho no sólo los espectadores heterosexuales (mayoría a la cual siempre va dirigido en primerísimo término) sino incluso los propios implicados, cómo han evolucionado el pensamiento, la apreciación social, la medicina y la ciencia en torno al tema, y cuáles han sido entonces las mutaciones en el reflejo estético que la pantalla grande ha ido experimentando, son útiles lecciones de este notabilísimo filme que propone algo más que la visibilización: en realidad, una comprensión cabal y vanguardista de ese “amor que (un día, al decir de Oscar Wilde) temió “decir su nombre” y hoy, gracias en buena medida a obras artísticas como ésta, logra incluso gritarlo.

Frank Padrón

21/06/2008 GMT 0

Transexuales, travestis y transformistas, promotoras de salud. Fotorreportaje

negracubana @ 13:48
El jueves pasado se graduaron varias chicas transexuales, travestis y transformistas del taller de formación de promotoras de salud (ITS, VIH y SIDA) que realiza el CENESEX. Acá les va el fotorreportaje.

03/06/2008 GMT 0

Libro sobre tema lésbico

negracubana @ 14:01



El póximo sábado 7 de junio, a las 11:00 am, será presentado, en el habitual espacio de promoción literaria, Sábado del Libro Ánima Fatua novela de la escritora cubana Anna Lidia Vega Serova.

21/05/2008 GMT 0

Revolución quiere decir que la gente viva

negracubana @ 12:57


Por: Rufo Caballero

El sábado 17 de mayo tuvo lugar en Cuba un acontecimiento que hace historia. Sin dudas, hace historia. Pero sucedió no en Cuba, así, en general, sino en el cine-teatro Astral, dirigido por la Unión de Jóvenes Comunistas, y usualmente reservado para asuntos concernientes a la Batalla de ideas. Allí, se desplegó un competente espectáculo de transformistas, bajo la dirección del maestro Carlos Díaz y con la asesoría del Centro Nacional de Educación Sexual.

¿Y?, debiera ser la pregunta. ¿Cuál es la paradoja de que en el espacio consagrado a la Batalla de ideas se exhiba, con toda la naturalidad del mundo, un notable espectáculo de transformistas? Tiempos son de comprender que si de algo tiene que ocuparse la Batalla de ideas es precisamente de saber negociar con la subjetividad, con el mundo de la mentalidad del cubano. Batalla de ideas no son sólo las campañas directamente políticas, sino todo aquello que pueda hacer sentir bien al cubano de a pie; ello es: eliminar barreras artificiales, acabar con las exclusiones y las segregaciones, comprender que todos los sujetos, absolutamente todos, merecen expresarse. Eso es Batalla de ideas, y de las buenas. Con razón y con justicia, entonces, el Astral se vistió de gala, y de gloria.


El espectáculo resultó excesivamente largo, pero fue comprensible: era la primera vez que acontecía, a este nivel de legitimidad pública, semejante acto de justicia social, y por consiguiente, había que gastárselas todas. Y se las gastó el maestro Carlos Díaz, quien ofreció un recio espectáculo, de buen gusto, cálido sin tremendismos, comunicativo sin mayores efectismos. Sobresalió la brillante interpretación de Waldo Franco como Virgilio Piñera, personaje que, en la escena, dijo –admirablemente- algunos de los poemas del gran dramaturgo cubano. Luego, destacó el arte de ese torrente de temperamento y de talento que se llama Abraham o Imperio, como se quiera, en una memorable reinterpretación de un tema de El fantasma de la Ópera . De cerca seguido por las virtudes histriónicas de Samantha de Mónaco, Estrellita, Naomi, Maridalia, y tantas otras, u otros –de poco importa la delimitación-, que hicieron delirar al público, siempre dentro de las normas del respeto y la profesionalidad. El diseño de vestuario fue particularmente creativo, como en el caso de el/la transformista que se vistió de policía, con uniforme metálico, esposas y todo.

La escena era presidida por una enorme y preciosa bandera cubana. Y Carlos, malicioso, con todas las mañas de su oficio, supo intercalar, entre los divismos pop de las transformistas, notables estampas de la cubanidad: la Cecilia Valdés del maestro Gonzalo Roig, un homenaje a Oshún, un guiño a la gracia del teatro bufo cubano, etc. Y era hermoso constatar cómo ese público –donde había de todo, pero abundaba ciertamente el sujeto gay-, común y discriminatoriamente vinculado a la frivolidad, aplaudía a rabiar cuando aparecían algunos de los signos mayores de la cubanía.

Eso demostró que no se nos puede ir un Diego más. Estos, como aquel de la entrañable película de Alea, Tabío y Senel, aman profundamente su país y su cultura, y no hay razón alguna para que nada o nadie los excluya o los ningunee.

El espectáculo fue la culminación de una exitosa jornada cultural contra la homofobia, la transfobia y otras formas de exclusión. Detrás de todo esto, estaba, justo es subrayarlo, una brillante mujer: Mariela Castro, a quien tal vez su humildad le impida percatarse de las páginas que está escribiendo para la historia de este país. Había que ver la emoción con que los transformistas, entre lágrimas, le agradecían, con flores y con abrazos, su obra de ensanchamiento social. Quienes tuvimos el privilegio de asistir esa noche al Astral guardamos el orgullo de haber compartido una noche histórica en la vida de la nación cubana. Pero no sólo Mariela. Todo el CENESEX, institución que encabeza las fuerzas democráticas de una Cuba abierta al cambio; institución sabedora de que Revolución quiere decir que la gente viva, sin odiosas exclusiones, sin pretericiones, sin prohibiciones, sin silencios.

Son muchos los artistas, los intelectuales, los sexólogos, los sociólogos interesados en una Cuba abierta a la vida. Esos intelectuales y artistas son, antes, con absoluto orgullo, cubanos de a pie. Cubanos que han devuelto la esperanza a los suyos, en cuanto al sentido verdadero de la palabra Revolución. Una Revolución no se hizo para zaherir, para sancionar, para olvidar; una Revolución se hizo para que la gente respire, para que la gente se exprese, para que la gente disfrute. El placer y la satisfacción no son enemigos de la Revolución: son aliados; son legítimas ambiciones, allí donde un tiempo sólo se pensó en el sacrificio y la abnegación. Que también, porque la vida no es sólo una noche de lentejuelas, pero deber y placer deben complementarse en la vida de mucha gente ávida de experiencias como esta jornada.

No son tiempos para resabios. No son tiempos para pases de cuenta impropios. No son tiempos para la torcedura de pensar que todo esto es simulacro de la misma oficialidad. Como cuando Fresa y chocolate: palo porque boga y palo porque no boga. Para los extremistas del exilio, era una obra prevista por el régimen; para los extremistas de adentro, era una obra pagada por la CIA. Y justo al medio, como en una carpa en medio del mar, una pieza emancipadora, que abría caminos de comprensión en la vida de los cubanos. Tiempos son de apoyar todo aquello que implique apertura, entendimiento de que una Revolución no es la guillotina al centro de la Plaza –como en aquella gran novela del maestro- sino un grupo de transformistas encima de un escenario. Porque hora es de comprender que el cuerpo de cada cual importa sólo a cada quien, pues el individuo se mide por su grado de contribución al cuerpo social, por el mundo de valores y no por las marcas en el cuerpo físico: por el sentido de la solidaridad, de la fraternidad, del desprendimiento, por la inteligencia, por la cultura.


Obra de inteligencia y de cultura ha sido esta jornada, que incluyó debates, paneles, conferencias, exposiciones. En nombre de los intelectuales cubanos, pero sobre todo de los cubanos sin gloria, de los cubanos roncos y profundos de todos los días, esos que no resisten más el diferimiento y la segregación, me arrogo el derecho de agradecer al CENESEX y a Mariela Castro esta jornada cultural contra la homofobia. Victoria ha sido de la nación cubana. Escrita ha quedado en las mejores páginas de una Cuba que mira al mañana verdaderamente con todos, por el bien de todos, y el diálogo humanísimo entre todos los que, por naturaleza, son diferentes o similares. Diferentes son en la apariencia –una pluma en la cabeza, una camisa de cuadros, una cinta en el pelo-, pero idénticos son en tanto humanos y cubanos.

La cámara me jugó una mala pasada

negracubana @ 12:17

Para lo que sucedería el sábado en el Pabellón Cuba me preparé sobremanera. Alisté mi ropa más cómoda, metí de todo en mi cartera (by the way, que me prestó mi amiga Zule y tiene por colores los de la bandera de la diversidad) me puse mis sandalias más bajitas para ayudar a mi eterno tobillo inflamado. Pero la cámara, que previamente había ajustado, incluída larecarga de baterías, me jugó una mala pasada. No sé ni como ni por qué sólo pude sacar 4 fotos en aquella mañana-tarde-noche que había comenzado a disfrutar un mes antes...

Otro día, cuando logre poner en palabras todo lo que siento, escribiré sobre el sábado 17 de mayo del 2008, uno de los días más memorables que he vivido.


16/05/2008 GMT 0

La diversidad sexual en publicaciones cubanas

negracubana @ 15:07

Con el objetivo de contribuir a la educación de toda la sociedad en el respeto del derecho a la libre y responsable orientación sexual e identidad de género, el CENESEX está coordinando las actividades de la Jornada Cubana por Día Mundial contra la Homofobia, 17 de mayo, lo cual incluye la presentación varias publicaciones.

El libro La transexualidad en Cuba, compilado por Mariela Castro Espín, directora del CENESEX y que conteniene varios aproximaciones a esta realidad sexodiversa. Asimismo, nuevos números de Alma Mater, la publicación de los jóvenes universitarios y Mujeres, la revista de la mujer cubana, serán lanzados en el Pabellón Cuba, sede de las actividades principales, a la una de la tarde en la sala principal de dicho recinto.

Foto tomada de Alma Mater

Entrevistando a la Diversidad. Marianela Tovar: mujer, comunista, lesbiana masculina.

negracubana @ 13:04


Se hablaba de masculinidad, ese era el pretexto que nos reunía de manera formal aquella mañana en el Instituto Internacional de Periodismo. La emoción por el re-encuentro de colegas, la incertidumbre sobre el evento que comenzaba, más la avidez por el tema en cuestión hacía de aquella sesión la esperada para todas las personas presentes. En el programa, un nombre un poco extenso, que a priori parecía no importarme:. Sin embargo, conociendo que Julio Cesar es historiador, supuse cierta complicidad suya al poner como cierre de aquella tarde una ponencia de tal índole.

Resultó que la autora ahora estaba en el estrado e iba a comenzar a presentar su ponencia. A los pocos instantes del comienzo advertí lo que de interesante tenía la información que nos estaba ofreciendo: los manuales de urbanidad de la ciudad de Caracas escritos en el siglo XIX pautaban explícitamente normas de comportamiento relativos a los conceptos de masculinidad y feminidad, ¡increíble, pero cierto! En aquel momento supe que me acercaría a ella para agradecerle por el tema que nos proponía abordar.

La concepción de esta entrevista estuvo exactamente en el segundo en el que me le acerque y ella, Marianela Tovar[*], de manera muy solicita escuchó mis breves y temerosas palabras. De ahí en adelante, comenzamos una relación especial de complicidades, aprendizajes y sinceridad. De este vínculo y de mis preguntas a lo largo de tres días, surgieron estas respuestas.

1. Háblame de tu familia, quienes la forman, desde el punto de vista de roles que lugar tu ocupas en ella.

Mi familia más cercana estaba conformada mi mamá, mi papá, mi hermano, mi hermana y yo, que soy la del medio. También estaban mi abuelo y abuela paterna y mi tío (ya todos han muerto) y se han agregado mis respectivos cuñada y cuñado, mi sobrino y mis sobrinas.

Mi mamá está separada desde hace años de mi papá, así que mi hermana y yo hemos asumido la responsabilidad de proveer y de cuidar a mi mamá. También estoy pendiente de mantener el contacto con mi papá y lo veo con frecuencia. Me imagino que he asumido, inconscientemente, la tarea de cuidar de ellos.

2. ¿Cuáles son los principales legados de tu familia que te hacen reconocerte como miembra de ella?

Los principales legados de mi familia son, en primer lugar, el respeto por la diferencia, por la diversidad. Ellos empezaron por respetarme a mí, sin hacerme preguntas, sin hacer que me sintiera rara (aunque yo sabía que lo era). Creo que más bien trataron de protegerme y, quizá, por eso, sentí que tenían preferencia por mí. No recuerdo haber oído comentarios homofóbicos, racistas o clasistas en la casa, los oía en la calle. Oía comentarios homofóbicos en contra de mi tío, un locutor y actor de televisión conocido. La gente, muy insensible, nos hacía comentarios impertinentes o nos preguntaba acerca de mi tío. En mi casa no se decía nada sobre su vida privada, sólo sé que lo querían mucho. En segundo lugar, en mi casa nos enseñaron a no dejarnos llevar por las apariencias, a no darle importancia excesiva a los bienes materiales. Aunque teníamos una buena situación económica, en mi casa no se hacían gastos innecesarios ni se compraban bienes superfluos. Teníamos las cosas que necesitábamos y no más. Estas y otras cosas hacen que me reconozca como miembra de mi familia, sé que esa parte de mi se la debo a ella. Son legados que valoro mucho y que han nutrido mi formación como persona y como militante.

3. Cuéntame un poco aquellos elementos memorables de tu infancia que de alguna manera explican quien eres hoy en día.

Está pregunta es un poco difícil para mi porque de mi infancia tengo pocos recuerdos claros, es como una gran nube con pequeños espacios luminosos. De esos espacios luminosos recuerdo especialmente dos, que no me parecen que sean especialmente traumáticos o especiales, pero me imagino que debieron tener una importancia particular para que los recuerde.

Recuerdo que durante mi niñez siempre me sentía y actuaba como un niño. Al igual que todas las marimachas, me gustaban los juegos de niños, tenía juguetes marcados socialmente para niños y las niñas me parecían tontas, frágiles y pendientes de nimiedades. Lo irónico era que el uniforme de la escuela era una falda, así que diariamente tenía que vivir con la contradicción de querer ser niño, pero al mismo tiempo se me recordaba que era una niña.

Recuerdo particularmente los carnavales, que yo veía como una oportunidad única de usar disfraces o trajes de niños. Recuerdo una vez, alrededor del tercer grado, yo quería disfrazarme del zorro o de supermán. Me encantaba el zorro por el asunto de las patillas y el bigote. Sin embargo, algo me decía que no debía pedir esos disfraces, que si los pedía era como ponerme muy en evidencia (¡que ingenua!) y que probablemente esto sí preocuparía a mi papá y mi mamá y que quizá cambiarían conmigo. Pero creo que, por sobre todo, me preocupaba por las consecuencias que esto traería dentro de la escuela. Al final, me disfracé de superniña y no sólo me sentí miserable, sino que además, me sentí como una cobarde y una falsa.

Tengo una foto donde en otro carnaval estoy disfrazada de gitana, cuando lo que quería era disfrazarme como mi hermano, de pirata, en la foto estoy muy sonriente. Las niñas y niños somos muy buenos tratando de complacer a los demás.

Recuerdo estos eventos, porque es uno de los pocos momentos de mi temprana infancia donde tengo consciencia de que lo que siento no es aceptado por la sociedad y donde tomo una decisión (ahora pienso que equivocada) que respondía a un mecanismo de defensa, pero que implicaba la represión de mi yo.

Recuerdo varias experiencias de indiferencia y rechazo por parte de los compañeros de clase, pero recuerdo especialmente un cumpleaños, mis padres me organizaron una fiesta en el edificio, creo que yo tenía once años, no recuerdo como estaba vestida. Todo estaba listo, pero ninguno de mis compañeros de clase vino, sólo llegó una amiga que siempre fue mi aliada. Recuerdo que su preocupación y la de mis padres se acrecentaba cuando pasaban las horas y nadie llegaba, hasta que se hizo evidente que nadie más iba a llegar. Después, nadie se disculpó, ya que no lo consideraron necesario. Esa vez, sentí que no fue un acto aislado, que no fue una casualidad, que no fue por azar, sentí que era ignorada y rechazada por un colectivo.

Ahora soy lo que soy, porque las múltiples experiencias de represión y rechazo -de las que mis padres no me podían protegerme- me han llevado a un difícil proceso de aceptación de mi misma y me han hecho más fuerte, más decidida, pero, sobre todo, hicieron que me formara y me politizara.

4. ¿Quién es la persona que más contribuyó a tu formación política?

No fue una sola persona, fueron varias, empezando por mi padre y mamá, quienes por haber sido comunistas, tenían una gran cantidad de libros de autores comunistas y socialistas en la casa. Además, mi papá tenía muchos libros de Kinsey, Hite, Masters y Jhonson, Freud y Reich. Después, en la universidad, me encontré con compañeros que ya tenían formación política, me dieron mucho que leer y me hicieron entender la necesidad de ingresar al partido comunista. Sin embargo, de todas las personas que influyeron en mi formación, debo destacar a un puertorriqueño que fue durante algún tiempo mi compañero. Él tenía una gran formación política, era independentista, había militado en la Liga Socialista en Puerto Rico y en el Partido Laboral Progresista en Estados Unidos. Tenía posiciones políticas muy firmes y siempre trataba de estudiar y de estar actualizado en historia, economía y política. Gracias a él aprendí mucho sobre Puerto Rico. A pesar de ser, lo que diríamos comunista línea dura (por la experiencia una esperaría una mente cerrada), nunca tuvo nunca ningún problema con mi expresión de género ni mi sexualidad y era intransigente en su postura contra la homofobia. Yo lo conocí en los noventa, que fue una década muy difícil para nosotros los comunistas. Me enseñó la importancia del estudio constante, ser firme con los principios, no ser liberal en la política y en la necesidad de la confrontación con los enemigos.

5. ¿Quién es la personalidad política que de alguna manera guía tus pasos?

Son varias las personalidades quienes guían mis pasos, todas del siglo XX: Carlos Marx, Rosa Luxemburgo, Ernesto Che Guevara, Leslie Feinberg. Sin embargo, es Vladimir Ilich Lenin la personalidad que más ha influido en mi práctica política.

6. ¿Cuándo escuchas la palabra revolución, en qué piensas?

En crisis, en ruptura, en movimiento, en constante transformación. Pienso en cambios en el sistema económico, en cambios sociales, en cambios culturales. Cambios en nuestras concepciones del mundo. Pienso en cuestionamiento de nuestros prejuicios, de nuestras ideas, de lo que damos por sentado y sabido. Cambios en nuestros hábitos, costumbres. Cambios en las cosas que más nos afectan, nuestras relaciones personales, en nuestra percepción de la sexualidad. Esto requiere una gran creatividad y esfuerzo, porque implica cuestionarnos a nosotros mismos y amerita abrazar concepciones, que consideramos no sólo extrañas, sino que entran en contradicción con nuestra propia forma de llevar nuestras vidas.

Cuando escucho la palabra revolución pienso en el pasado y en el futuro. En el pasado porque pienso en la Unión Soviética, en la Revolución China, en Cuba. En el futuro, porque pienso en el fin del capitalismo, del patriarcado, en la supervivencia del planeta, en una sociedad mejor, donde desaparezcan las clases sociales, donde desaparezca el racismo, el sexismo, la homofobia, la lesbofobia, la bifobia y la transfobia. Una sociedad donde no se conozca discriminación de ningún tipo. Pienso una sociedad inclusiva, donde se acepte la diferencia. No pienso en una sociedad perfecta y armónica, pero pienso en una sociedad donde los problemas y las luchas serán de otro tipo.

7. ¿Cómo participas de la revolución que sucede hoy en día en tu país?

De diferentes maneras: estoy investigando y escribiendo. Pero, pienso que en este momento, mi participación y contribución al proceso revolucionario que se está desarrollando en Venezuela es, sobre todo, a través de la lucha contra el sexismo y la discriminación contra todos los que por nuestra sexualidad o identidad no encajamos dentro del sistema patriarcal y heterosexual dominante. Esta lucha es parte de un proceso más amplio cuyo objetivo es incorporar el principio de diversidad y, en específico, de diversidad sexual a la lucha por una sociedad definida por la igualdad y la justicia.

Lamentablemente, en la actualidad no milito en ningún partido (pero no soy anti-partido) u organización política, en parte, porque yo soy comunista y no considero que en Venezuela actualmente exista ningún partido u organización política que tenga la organización, la disciplina, la ideología y el trabajo organizativo que esté a la altura de las exigencias de esta etapa del proceso revolucionario. No digo esto por razones individualistas, ni porque me crea superior, simplemente pienso que los partidos de izquierda en nuestro país están a la saga, esperando las directrices del presidente, en vez de estar, junto con lo líderes y lideresas, a la vanguardia, empujando hacia la izquierda, radicalizando el proceso. Por otra parte, un elemento que inevitablemente me aleja actualmente de los partidos y organizaciones, es el sexismo y la homofobia tan arraigada en estos, no voy a desgastarme peleando dentro de las filas del partido. Si entro en un partido, mis fuerzas se concentrarán en una lucha más amplia y otra vez el asunto de la lucha contra el sistema patriarcal y heterocentrista quedará a un lado. En este momento creo que puedo hacer más desde nuestro grupo, estableciendo lazos con otros movimientos sociales, tratando de construir en el día a día una sociedad inclusiva.

8. ¿Cuáles crees que sean los principales asideros de este proceso revolucionario?

Actualmente, los principales asideros del proceso revolucionario son, con todas sus fallas, primero, el creciente proceso de organización de los sectores más pobres de la población venezolana, a través de los consejos comunales, los sindicatos, las organizaciones de mujeres, las organizaciones campesinas, gremiales, comités de tierras, comités de salud y comités de agua, entre tantos otros. Segundo, otro asidero son los programas creados para garantizar a la mayoría de la población acceso a la alimentación, a la salud, a la vivienda y a la educación; una población con sus necesidades básicas cubiertas y educada es un gran apoyo y a la vez la base del éxito del proceso. Tercero, el surgimiento de nuevos liderazgos colectivos individuales locales y regionales, que eventualmente sustituirán a los oportunistas, a los líderes impuestos por las maquinarias de los partidos y a aquellos que nos están a la altura del proceso. El cuarto asidero es la formación política e ideológica; creo que éste es uno de los puntos más débiles del proceso y al que se le debe dar más importancia, ya que en última instancia es el que va a garantizar que la revolución arraigue y se mantenga en el tiempo por encima de las individualidades.

9. ¿Cómo la revolución bolivariana aborda el tema lésbico?

La revolución bolivariana no aborda el tema lésbico, porque las lesbianas hemos sido y seguimos siendo invisibles para la sociedad. Tampoco aborda el tema de la diversidad sexual. Son conocidos los comentarios abiertamente homofóbicos y lesbofóbicos hechos por funcionarios “revolucionarios” prominentes tales como los del Alcalde Mayor de Caracas, Juan Barreto. El presidente Hugo Chávez ha tocado explícitamente el tema de la homosexualidad y ha lo ha hecho en términos cuidadosos y respetuosos, pero obviamente no es un punto central en su agenda.

Sabemos que hay altos funcionarios y funcionarias del gobierno que son homosexuales y lesbianas, pero están dentro del clóset y no hacen de su opción sexual una bandera política. Así que para nosotros y para todo el mundo, es como si fueran heterosexuales, o lo que es peor, como si sintieran que es un punto débil que deben ocultar.

Lamentablemente, no existe una política coherente de Estado con respecto al asunto de la diversidad sexual, lo cual afecta especialmente a las lesbianas, transgéneros y transexuales, quienes hemos sido históricamente estigmatizados, discriminados e invisibilizados.

No obstante, tengo que señalar que el Estado y, en este caso, el gobierno bolivariano, sólo asumirá una política explícita y articulada cuando nosotros, los sexo divers@s, de manera organizada, empecemos a hacer una presión constante y efectiva para que se discuta abiertamente el tema de la diversidad sexual y para que se hable constantemente de este tipo de discriminación y su incompatibilidad con la construcción de una sociedad socialista.

Ahora se está dando una coyuntura especial para nosotros en Venezuela, ya que se está desarrollando todo el proceso de reforma constitucional. Algunas organizaciones y activistas estamos trabajando junto con algunas organizaciones feministas para introducir cambios en la constitución. Pensamos que debe incluirse la no discriminación por orientación sexual, por expresión de género y por identidad de género, que debe modificarse el articulado que define el matrimonio sólo entre un hombre y una mujer, que debe incluirse la posibilidad de que nosotr@s podamos adoptar y pensamos, por supuesto, que debe incluirse la legalización del aborto.

10. Recuerdo que en la presentación de tu ponencia dijiste ante el público que eras una mujer lesbiana, así de manera simple y asertiva, ¿lo hiciste motivada por algo en especial? ¿Esperabas alguna reacción de la gente?

Yo y muchas lesbianas hemos abrazado la consigna lanzada por las feministas de la segunda ola que expresaba “lo personal es político” y es especialmente político en personas que como yo, violentamos las normas del sistema sexual dominante, sustentado en el androcentrismo, el sistema binario de género y en la heterosexualidad obligatoria. Para mí decir públicamente que soy lesbiana es un acto político, es un acto de visibilidad, es una forma de decir hay lesbianas entre ustedes que no se avergüenzan de sí mismas y que hemos decidido dar la cara y, por supuesto, asumir la responsabilidad por adoptar esta postura.

En cuanto a la reacción del público, siempre estoy preparada para el rechazo y para la reacción violenta. Pero en el caso de mi visita a Cuba, yo sabía que no iba a tener este tipo de respuestas, entre otras cosas, porque sabía que de alguna manera estaba entre un grupo de personas que por estar en unas jornadas de masculinidad, tenían ideas de avanzada con respecto a la sexualidad.

En todo caso, siempre que puedo lo hago, para romper con el silencio y para hacernos visibles. Hasta ahora, sólo me he topado con miradas de asco y el rechazo, esto es nada comparado con l oque han experimentado otras lesbianas en el mundo, que la han tenido muchísimo más difícil que yo y aún así no se amedrentan.

11. En Cuba es bastante infrecuente que las personas reconozcan su homo-bisexualidad en público, ¿sucede lo mismo en tu país? ¿Por qué crees que suceda esto en Cuba?

En Venezuela son pocas las personas que reconocen tener una opción sexual diferente a la heterosexual. Somos pocas las personas que reconocemos públicamente nuestras opciones sexuales. Hay miedo a la discriminación, al rechazo, a perder el trabajo. En el caso de nosotras las lesbianas es aún más grave que el de los homosexuales, ya que una gran mayoría ha optado por mantenerse en el clóset. Pienso que los que menos se reconocen públicamente son los bisexuales, porque ellos son doblemente discriminados: por los heterosexuales por ser infieles, “promiscuos” y por muchos homosexuales y lesbianas que los consideran promiscuos, traidores, indefinidos y oportunistas. Hay una gran incomprensión e intolerancia hacia los bisexuales.

Los militantes sólo logramos reunir a grandes cantidades de personas en la marcha del Orgullo de la Diversidad Sexual, pero fuera de este evento, que no tiene ningún contenido político explícito y se limita al aspecto de la celebración, no logramos que números considerables de personas sexo diversas vayan a las distintas actividades políticas que organizamos.

Lamentablemente, esta situación nos ha afectado mucho, porque parecemos un grupo débil y sin una voz colectiva. Hasta que una gran cantidad de la población sexo divers@ entienda que es necesario salir del clóset y organizarse para luchar contra todo tipo de discriminación, no vamos a lograr cambiar la forma como nos percibe la sociedad y no podemos esperar muchos cambios en la política del Estado.

12. ¿Crees que el reconocimiento de la identidad lésbica-gay en público propicia la visibilización de la homosexualidad en nuestras sociedades patriarcales y por tanto a disminuir la discriminación?

El reconocimiento de nuestra opción sexual, expresión de género e identidad de género, no necesariamente está vinculada con su expresión pública. Muchas personas saben quienes son, pero no salen del clóset por miedo a las consecuencias. La visibilización no es posible sin la exposición pública, que es el primer acto político, entre muchos. Para nosotr@s un punto inicial fundamental es hacernos visibles para contrarrestar los esfuerzos de la sociedad de hacernos invisibles, ya que si no somos visibles, para la sociedad no existimos, y, por ende, se refuerza la supuesta existencia de la heterosexualidad como única opción posible, por ser la única visible. La visibilización es importante, primero, porque le manda un mensaje positivo a otras personas sexo diversas, ya que les hace saber que no están sol@s y que hay personas que no tienen miedo y asumen posiciones de liderazgo. La visibilización puede contribuir a disminuir la discriminación abierta, pero no la elimina, como se ha comprobado en otros países. La visibilización contribuye a sensibilizar al resto de la sociedad y es un importante instrumento de pedagogía política.

13. De manera similar dijiste pertenecer a Contranatura, ¿de que se trata?

Contranatura es una organización venezolana, fundada en febrero del 2003, con sede en la Universidad Central de Venezuela, dedicada al estudio, la discusión y la acción vinculados con la diversidad sexual humana. Está integrada por personas cuya unidad como equipo es precisamente la diversidad sexual y de perspectivas que representan.

El propósito específico de Contranatura es contribuir con la ampliación de los espacios de debate, discusión y difusión relacionados con la sexualidad humana en toda su complejidad. Así, nuestros proyectos fundamentales son la investigación, la divulgación (ya sea editorial, educativa o publicitaria) y cualquier tipo de desarrollo y aplicación de programas de mediano o gran impacto social.

Contranatura ha realizado diversas actividades, entre las que se pueden mencionar: sesiones semanales de discusión teórica de lecturas pertinentes al tema del género y la diversidad sexual; la elaboración de una página web con información sobre las actividades del grupo y la publicación de artículos, entrevistas y reseñas de libros sobre el tema (www.contranatura.iespana.es); realizamos las llamadas Tertulias de Diversidad Sexual que se hacen en algunos Cafés de Caracas; organizamos las II Jornadas Universitarias de Diversidad Sexual en la Universidad Central de Venezuela y, además, hemos realizado recitales de poesía, lecturas públicas de cuentos y conferencias, entre otras actividades.

Nuestro equipo de trabajo aborda sus actividades partiendo de los más variados puntos de vista. En efecto, asumimos que la diversidad sexual está siempre relacionada con los aspectos biológicos, psicológicos, sociales, históricos, culturales, económicos, políticos, filosóficos, éticos y hasta estéticos de la condición humana.

De manera general, la sociedad occidental moderna ha asumido que cualquier práctica, orientación, discurso o ideología asociada con la sexualidad alternativa, distinta a la hegemonía heterosexual, representa una amenazante distorsión contra la naturaleza humana. Dentro de esta ideología androcéntrica y heterosexista se define como contranatural cualquier comportamiento o identidad sexual, incluso aquéllas divergentes dentro de la misma heterosexualidad, que supongan un atentado normativo o ético contra lo impuesto en la sociedad. Mas allá de representar simplemente una ideología generalizada, ésta conlleva una posición política y ética que instala y legitima la discriminación y la intolerancia frente a la diversidad sexual. No existe nada contranatural en la diversidad sexual, al menos que la sociedad lo designe o condene como tal.

Contranatura asume precisamente una posición contraria a esta visión. Consideramos que todo hecho sexual humano incorpora elementos tanto culturales como naturales, tanto sociales como culturales, por lo que su referencia de la sociedad y los valores en los que está inserta que de sus propias condiciones intrínsecas y/o biológicas. Invitamos a través de nuestra denominación a reflexionar críticamente sobre los asuntos de la diversidad de género y de la sexualidad dentro de un contexto social e intelectual más amplio e incluyente. Pretendemos pensar desde esta posición, nuestra exclusión o inclusión, nuestra participación desde la diferencia en el mundo en que vivimos.

14. Hablando de masculinidades: ¿por qué lesbiana masculina?

16. ¿Tal denominación legitimaría o no el modelo patriarcal genérico?

17. ¿Podemos entonces entender que la masculinidad también puede anclar en cuerpos de mujeres? (¿ Negra, te parece que responda estas tres en una?)

En realidad se debería de hablar de masculinidades en plural, porque las lesbianas no expresamos nuestra masculinidad de forma única y bajo un solo modelo. Existen varios tipos de masculinidades, que son reconocidas y percibidas por la diversa población de lesbianas de manera diferente, dependiendo de la edad, de la clase social y del grupo etnoracial al que pertenecemos.

Pero es verdad que cuando se habla de masculinidad, se asume automáticamente que se hace mención de los hombres. Se hace una conexión mecánica entre un cuerpo sexuado (hombre) y un género (masculino). Desde esta perspectiva, tal como afirma la teórica estadounidense Judith Halberstam, la masculinidad en el hombre aparece como la verdadera, la real y la masculinidad en la mujer aparece como una mala copia de esa “normal” relación entre sexo y género expresada en la fórmula: hombre/masculino/heterosexual.

La visión generalizada que existe acerca de las lesbianas masculinas, es la de mujeres que reproducimos los roles de género, somos simples reproductoras del estereotipo binario de género. Para la sociedad, somos mujeres frustradas que deseamos ser hombres o a somos una mala imitación de un “original” masculino. Según este enfoque esencialista y estigmatizador, nosotras nos negamos y nos desprendemos de nuestra feminidad original, para asumir una posición de poder (masculina) dentro de una relación de pareja, en donde reproducimos las relaciones de dominio y sometimiento que existen dentro de las parejas heterosexuales.

Yo creo que nosotras las lesbianas masculinas, igual que otras expresiones de género no conformistas, ponemos al descubierto tal como afirma la activista Riki Wilchins al género como un sistema de significados que, a través de complejos mecanismos, hace que nos (re)conozcamos y, a la vez, nos hace socialmente (re)conocibles como hombres/masculinos y mujeres/femeninas. En nosotras se produce una constante fractura entre nuestro cuerpo sexuado socialmente, nuestra propia sensación y expresión de género y las expectativas sociales sobre nuestro género. Las lesbianas masculinas no somos meras reproductoras de estereotipos, exponemos los mecanismos de funcionamiento y las contradicciones del modelo de género dominante.

La persistencia de la masculinidad en la mujer, a pesar de la constante y abierta coerción social –que a veces llega a la violencia–, es una prueba de verdadera resistencia contra la conformidad de género: hombre/masculino y mujer/femenina. Sin embargo, también es cierto que la persistencia de la masculinidad en la lesbiana no es sólo expresión de la inconformidad de género, es la comprobación de la veracidad del estereotipo de la mujer masculina.

A lo largo de todos los años de represión sexual y de género, las lesbianas masculinas hemos dado la cara y hemos pagado las consecuencias, siendo discriminadas, siendo golpeadas y hasta siendo violadas. Pero, ninguna de las formas expresas o sutiles en que se ha manifestado la represión, ha logrado hacer que nos conformemos y performemos el género que se espera socialmente de nosotras.

Las lesbianas masculinas somos cuestionadas por los hombres y mujeres heterosexuales, por las feministas, por los homosexuales y por las propias lesbianas. Todos y todas quieren feminizarnos, todos y todas quieren disciplinarnos, todos y todas exigen que nuestra expresión de género esté acorde con nuestro sexo “biológico”. En fin, todos y todas nos enseñan las buenas maneras del género e intentan completar el trabajo que no pudieron hacer nuestros familiares.

Se nos acusa de sentirnos como hombres, de ser una mera copia de los hombres. Sentirse hombre, es una necesidad y demanda legítima, pero no es nuestro caso, es un tema que compete a los transexuales masculinos. Tampoco entendemos qué se quiere decir cuando se afirma constantemente que somos una copia de un original masculino, no comprendemos que quieren expresar algunas lesbianas cuando nos señalan y dicen, “para eso estoy con un hombre de verdad”. ¿Es que existe un original de cada género? ¿Dónde está? Y, si es verdad que existe uno, entonces, fallamos en nuestro objetivo, ya que ninguna mujer nos considera “verdaderos” hombres y ningún hombre nos considera “verdaderos” hombres. Si es cierto, como nos dicen, que queremos imitar a los hombres para adquirir un poco del poder masculino, entonces nos equivocamos de estrategia, pues sólo hemos conseguido el rechazo generalizado de hombres y mujeres y sólo hemos experimentado la hostilidad en todas sus variantes.

Todas y todos, aún aquellas y aquellos que creen que no tienen problemas con su género, corren constantemente el riesgo de incumplir con las expectativas sociales de género, todas y todos corren el riesgo de no copiar bien el “original”. La mujer de la clase trabajadora, la mujer indígena, la mujer afrodescendiente, la mujer con sobrepeso, en fin, todas las mujeres que no cumplen con el modelo de feminidad hegemónico son invisibilizadas y cuestionadas constantemente.

Pero es interesante percatarse que incluso las feministas y lesbianas feministas que entienden el género como una construcción social, cuando se pone en entredicho el sistema binario, se unen al coro de voces que nos condenan y reprimen, que quieren que entremos en razón y dejemos de odiar nuestro propio cuerpo, que dejemos de copiar el modelo masculino, dejemos de reproducir los roles heterosexuales y nos aceptemos a nosotras misma como mujeres.

Muchas lesbianas nos rechazan porque echamos por el suelo su proyecto asimilacionista, que busca que la sociedad trate a las lesbianas como mujeres normales, indistinguibles de las heterosexuales. En cambio, las lesbianas masculinas somos un constante recuerdo de la forma como todas las lesbianas somos vistas por la sociedad, les recordamos a todas que por mucho que se esfuercen, siempre seremos consideradas como anormales, como raras, inconformes con el destino asignado al género femenino. Las lesbianas masculinas además, somos políticamente incorrectas, porque hacemos que el resto de la sociedad confirme el estereotipo de que todas las marimachas son lesbianas y, lo que es peor, que todas las lesbianas son marimachas.

Lamentablemente muchas feministas, creen que es su deber atacarnos, desenmascararnos, sin darse cuenta que están poniéndose del lado de aquellos que siempre han defendido y justificado los roles naturales de la mujer.

Pero, ¿por qué causamos tanta molestia e incomodidad las lesbianas masculinas? La respuesta es simple: porque todas y todos estamos inmersos en la ideología de género dominante. Todas hemos asumido como algo natural que la mujer debe ser femenina. El problema es que la lesbiana masculina con su sola presencia cuestiona la construcción binaria del género, pone en entredicho la esencialidad del concepto de hombre y de mujer.

Cierta concepción esencialista forma parte el discurso de muchas feministas y estudiosas del género. Conciben la masculinidad y la feminidad como la expresión sociocultural de cada uno de los dos sexos biológicos, adoptando, sin querer, las mismas posturas esencialistas que pretenden desmontar en sus trabajos. El razonamiento es de carácter teleológico, un cuerpo sexuado debe construirse en un género determinado. Toda expresión de género que entre en contradicción con el cuerpo sexuado que le corresponde, es percibido como una anormalidad.

En nuestras sociedades se tiende a invisibilizar, a cuestionar o en el peor de los casos a castigar a aquellas personas cuyos cuerpos son sexualmente ambiguos, cuyo género entra en abierta contradicción con el sexo asignado socialmente o cuyo género no puede ser claramente registrado y calificado. Toda expresión de género confusa o ilegible es automáticamente transformada en una versión desmejorada, caricaturesca y distorsionada del modelo binario: hombre/masculino y la mujer/femenina. Por eso, las masculinidades femeninas producen incomodidad a todas y todos aquellos que no las pueden registrar dentro de las normativas de género.

Las lesbianas masculinas, como todas las personas que violentan las normas de género dominantes, no sólo ponemos en evidencia los coercitivos mecanismos sociales que se ponen en funcionamiento para construir la identidad de género, sino que exteriorizamos la artificialidad y la violencia ejercida para mantener y reproducir la relación “natural” entre un cuerpo sexuado, un género y una sexualidad.

El rechazo generalizado que existe en la sociedad hacia la masculinidad femenina se debe a que cuestiona la naturaleza de la feminidad y el modelo de masculinidad hegemónica: vinculada al poder, fálica, blanca, heterosexual, sustentada en la pareja monogámica y en la familia nuclear.

Las masculinidades lesbianas no pueden ser definidas como una identidad coherente y estática. La sociedad registra nuestro cuerpo como el de una mujer, pero no nos sentimos como tales, nuestra expresión de género es masculina, pero no queremos ser hombres, es sólo que nuestro cuerpo sexuado no se corresponde con nuestra expresión género. En este sentido, se manifiestan varias fisuras que impiden que nos (re) conozcamos y la sociedad nos (re) conozca.

Pero todo régimen, por más estricto que sea, no puede impedir la aparición de pequeñas resistencias y transgresiones. Nosotras somos una manifestación de esas pequeñas transgresiones, cada vez que una persona nos mira de manera desaprobatoria, nos mira con odio, cada vez que nos insultan o se ríen de nosotras, es un reconocimiento público de que estamos resquebrajando su percepción del mundo, que estamos cuestionando su ideología del género. Le estamos recordando que existimos personas que no queremos ser normales, que no nos conformamos, que no nos asimilamos.

Somos la expresión de esas transgresiones y resistencias cotidianas, aún cuando éstas no se hayan materializado en un discurso teórico y político. Esta resistencia tiene un doble carácter, al cuestionar con nuestra sexualidad, la heterosexualidad obligatoria y al cuestionar con nuestra apariencia y comportamiento el sistema de género binario. La lesbiana masculina no sólo representa un golpe en la cara de la masculinidad hegemónica, sin también desmonta la artificialidad de la feminidad.

Sin embargo, nadie se sustrae de la ideología de género, por tanto, no se le puede recriminar a la marimacha porque se comporta de forma masculina, porque reproduce el envés del sistema binario de género. Todas y todos somos un producto social, incluso aquellas que nos resistimos a los esquemas, tenemos que recurrir a los referentes que conocemos. Es importante tener esto en cuenta para no caer en cierto individualismo voluntarista que marca el actual activismo de muchos jóvenes del movimiento genderqueer en Estados Unidos. Según esta concepción y tras una lectura sesgada de Judith Butler, sólo bastaría con que existan suficientes personas que no encajan con las normas de dominantes para desestabilizar el actual régimen binario de género.

Individualmente no vamos a cambiar este sistema fundamentalista de género, por esta razón debemos formarnos, debemos organizarnos, debemos convertir nuestra resistencia individual en una acción coordinada con objetivos políticos claros. Debemos establecer alianzas con otras organizaciones y movimientos que luchan por el cambio social, especialmente con las feministas. Pero sobre todo, debemos entender que nuestra actividad política debe estar vinculada a la producción teórica, al estudio, al constante análisis y cuestionamiento del sistema capitalista y del patriarcado.

Ya es hora de que se deje de ver a las lesbianas masculinas como traidoras de las mujeres y como traidoras del movimiento feminista. Primero, porque no podemos traicionar una construcción de género con el que no nos sentimos identificadas, y segundo, no somos antifeministas, porque nuestro discurso teórico y político viene de la tradición del movimiento feminista. Sólo queremos, al igual que muchas feministas, que deje de manejarse una concepción restringida y apolítica del cuerpo, del sexo y del género.

Es necesario aproximarse al tema de las personas que somos (de)generadas o no entramos en la normas sexuales dominantes con un pensamiento crítico, que tenga como base fundamental el principio de diversidad. Este debe ser un objetivo de todas y todos: heterosexuales, homosexuales, lesbianas, bisexuales, transgéneros, transexuales, intersexuales y otras personas no conformes. Un buen comienzo para construcción de ese pensamiento radical, sería además de debatir sobre la anormalidad de otras y otros, empezar a cuestionar nuestra propia normalidad.

15. ¿Notas o no cierta discriminación en el término?

El término lesbiana masculina, trata de recoger las variadas contradicciones y fracturas que se registran en la percepción personal y social del género, de nosotras las lesbianas que no queremos adoptar el género que la sociedad nos trató de imponer desde antes de nacer. Un lenguaje que conforma y a la vez está integrado por el sistema binario de género dominante, no puede sino recurrir a su vez a la denominación binaria. Si una persona no es femenina, entonces es masculina, no pareciera que existiera la posibilidad de salirse de esa representación binaria, que incluso se extiende a los objetos de la vida cotidiana. En realidad, el desprecio, la discriminación se deja traslucir en el lenguaje de la vida cotidiana en términos como marimacha, machorra y se manifiesta en las propias expresiones escogidas por las mismas lesbianas para denominarnos: camioneras, machitos. Términos que en algunos casos son abiertamente clasistas (camioneras) o que nos las encasillan en un referente masculino negativo (machito).

El término machorra, camioneras y machitos está marcado por un problema de clase, dado que la gran mayoría proviene de la clase trabajadora y la policía del género es mucho más rígida en las capas medias y altas. Notamos que mientras se sube en la escala social la lesbiana masculina va desapareciendo, se va lavando, se va invisibilizando, se va normatizando.

El caso es que el lenguaje es expresión de una cultura, de una visión de mundo, podemos cambiarlo o también podemos usar los términos existentes, darles la vuelta y convertirlos en un arma política. Me gusta usar para denominarme el término lesbiana masculina o marimacha, porque quiero, al igual que otr@s, transformar esta denominación despectiva e insultante, en una cargada políticamente, vindicativa. Una forma de decir, Sí, soy marimacha ¿y qué?, no me insultas, ese nombre no me humilla, al contrario, me enorgullece, porque bastante me ha costado no conformarme. Díganme marimacha porque no voy a cambiar y es mejor que te vayan acostumbrando…

18. ¿Qué crees del uso de la terminología creada desde la heterosexualidad (por ejemplo pasivo-activo) para abordar la homosexualidad, serían pertinentes en tu opinión?

No son pertinentes, pero lamentablemente nosotras no vivimos en una burbuja de aire y fuimos formadas dentro de la ideología sexual dominante, así que es un poco difícil que no la reproduzcamos, sobre todo en el lenguaje. Esa es la terminología con la que se pretendía denominar las relaciones sociales y sexuales entre hombres y mujeres. Desafortunadamente, muchas de nosotras no sólo adoptamos de forma acrítica esta terminología para categorizar a las personas, sino que establecimos relaciones de este tipo, reproduciendo las relaciones de dominio y sumisión propias del patriarcado.

Recuerdo mi sorpresa y molestia cuando me preguntaron por primera vez quién era la activa y la pasiva dentro de mi relación ya que algunas lesbianas no podía registrarnos (siempre me han gustado las mujeres masculinas). Como en esa época no frecuentábamos el ambiente, no conocíamos la terminología. Pensábamos inocentemente que con el sólo hecho de que dos mujeres estuvieran juntas, se estaba cuestionando el sistema patriarcal. La experiencia me ha enseñando que las cosas son tan simples y que nuestra percepción del mundo y de la sexualidad inevitablemente está imbuida dentro de la ideología dominante.

La terminología pasiva-activa, intenta recoger de manera muy esquemática los roles sociales, afectivos y sexuales asumidos por algunas parejas. No uso los ni me manejo en los términos pasiva-activa. No es el tipo de relación que yo he construido o quiero construir, pero tampoco me voy a poner a condenar a aquellas que se sienten representadas en esta terminología, no se puede tener una aproximación de la sexualidad tan mecánica y pensar que la verdad nos pertenece a nosotras (por lo general, las intelectuales) y que debemos meter a las demás en cintura. Nadie está exenta de reproducir las relaciones de poder en la vida privada y mucho menos en la cama. Hay personas que son consideradas socialmente activas y son pasivas en la cama, así como ha personas socialmente pasivas que son activas en la relación de pareja y en la cama. Nadie es completamente pasiva, ni completamente activa. La realidad es más compleja y aquí aplica aquello de que las apariencias engañan.

En tal caso, el cambio radical de nuestras relaciones sociales, no se va producir de la noche a la mañana y mucho menos convirtiéndonos, al igual que muchos heterosexuales, en policías y agentes represores de aquellas personas que no entran dentro de nuestros patrones de lo que es políticamente correcto y aceptable. En esto tenemos que tener mucho cuidado, porque ya existen homosexuales y lesbianas que quieren ser considerados normales y cuestionan y les cierran las puertas a todas las personas sexo divers@s que ponen en entredicho su proyecto y que no entran dentro de esta nueva homonormatividad.

[*] Marianela Tovar, mujer venezolana, comunista, historiadora, escritora, lesbiana, participa del colectivo Contranatura